Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.
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¡Hooooola de nuevo!
He intentado traeros el capítulo lo antes posible, espero que os merezca la pena la espera. Muchas gracias por todos vuestros comentarios no solo sobre el fic sino entendiendo que me haya retrasado un poco estas últimas semanas. ¡Sois MARAVILLOSAS! No me canso de decíroslo.
Unas cositas para aclarar el tema de los capítulos (Al final os aclaro unas dudas que me habéis dejado en los comentarios):
Este es el ÚLTIMO CAPÍTULO DE LA HISTORIA, pero no acaba aquí. Queda el EPÍLOGO y uno o dos OUTTAKES. Os debo el de Caius que muchas me pedisteis y el otro os dejo a vuestra elección si lo queréis. He pensado en hacer alguna cosita desde un JacobPOV a ver si así podéis acabar de dar forma a la historia completamente. Creo que tenemos la versión de todos menos la suya sobre lo que ha pasado entre Bella y Jake.
Sin más os dejo con Edward ;)
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TE SOSTENDRÉ SIEMPRE
EPOV
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Yo también te quiero, y ahora te doy diez minutos para que te cambies el traje y saques la moto del garaje, tenemos un fin de semana por delante del que disfrutar cariño.
Miraba a Bella mientras gestionaba la reserva en el Salish Lodge & Spa y no lo creía aún. Necesitaba que alguien me pellizcara para comprobar que esto me estaba pasando de verdad.
Desde que me compré mi primera moto había aprendido a vivir esta pasión en solitario y ahora llegaba ella y nuevamente me enseñaba cómo de especial era. Había planeado todo un fin de semana por una ruta de carretera.
Solos nosotros, la moto y la carretera por delante.
El paraíso para mí.
No debía haber sido fácil para ella planear esta escapada. Llevaba dos semanas llena de trabajo. No le estaba siendo nada fácil adaptarse a la dirección de los restaurantes en solitario, además la publicidad que habíamos hecho para la inauguración del Fantasía había surgido efecto y estaban saturados de demanda haciéndole un poco más complicado de gestionar este nuevo rol en su empresa.
El maldito de Black la había dejado tirada cuando más lo necesitaba.
La mañana después de nuestra reconciliación había llamado a Cauis. No iba a pasar un segundo más sin saber qué narices había pasado. A las seis y media de la mañana estábamos sentados en mi despacho poniéndonos al día y a los cinco minutos de empezar ya estaba que echaba humo por la boca.
¡Imbécil aprovechado!
No hay nada peor que quien hace daño creyéndose inocente de todo. Y eso era lo que le pasaba al imbécil de Black. Desde su amor egoísta a Bella no se daba cuenta que solo estaba empujándola hacía el precipicio laboral. En mi vida me había sentido tan agradecido a nadie como lo estuve ese día con Caius. Se había dedicado durante todo el mes que estuve separado de Bella a protegerla y mirar, única y exclusivamente, por y para ella. Quizás Black debería aprender un poco sobre el concepto de amistad sana y desinteresada que sí sentía Caius por Bella, no como él.
Por suerte Bella estaba libre de él. Dolida pero sanando.
Y aunque, el que Black ya no estuviera a su alrededor, me daba paz a ella la llenaba de trabajo. A veces llegaba tan cansada a su apartamento que no escuchaba ni el timbre cuando se quedaba dormida. Un día me asustó tanto al no abrir la puerta ni responder mis llamadas que desde entonces decidió darme una copia de las llaves.
Aunque no sin cierto temor, habíamos dado más pasos en nuestra relación en estas dos semanas que en todos los meses que estuvimos juntos antes de nuestro pequeño break, al que Bella seguía insistiendo en llamar ruptura.
¡Cabezota dramática!
Como si supiera que estaba pensando en ella se giró para reglarme una hermosa sonrisa mientras la recepcionista seguía rellenando nuestros documentos. Yo había ido a buscar un mapa y preguntar por un par de cosas que quería hacer por la zona.
La cara de Bella lucía cansada pero feliz aunque de vez en cuando veía un destello de tristeza… casi como de miedo cuando me miraba. Incluso algunas noches me había despertado por su voz llamándome entre sueños… Sabía que solo necesitaba tiempo y adaptarse a todos los cambios que estaban sucediendo en su vida para que cada vez estuviera más segura y que se diera de una maldita vez que ni yo ni nosotros nos íbamos a ninguna parte.
-¡Lo tengo todo! – Llegó emocionada la mujer que había vuelto a llenar de luz mi vida – ¿Y tú? – me preguntó mientras se acomodaba a mi lado y dejaba su cabecita justo debajo de mi barbilla para darle un beso.
-Mapa y ruta marcada. Solo me faltabas tú y ya estás aquí, así que no necesito nada más. – le dije haciendo que sus ojos se llenaran de un brillo al que me estaba comenzando a hacer adicto.
-La habitación está en la tercera planta y me han dicho que tiene vista a la cascada – me explicó mientras yo cargaba las maletas para dirigirnos a nuestra posada por esta noche.
-¿Sabes que Emmet y yo nos obsesionamos un verano con Twin Peaks? No sé cuántas veces llegamos a ver los capítulos – le expliqué mientras esperábamos al ascensor.
-Sí, lo sé – comentó con esa cara de ratoncillo sabiondo que ponía cuando sabía que estaba en ventaja. – Quizás he sobornado un poco a Emmet a base de Cheesecake para que me lo contara. – aclaró mientras se encogía de hombros.
Agradecía que Bella hubiera calculado bien el tiempo y no se nos hubiera hecho de noche antes de llegar. Habíamos conducido algo más de treinta y cinco minutos desde Seattle hasta las Cataratas Snoqualmine. Eran bastante famosas por esa serie y ahora veía que no era mera casualidad. Bella realmente había pensado al detalle esta escapada. No bromeaba cuando me había insistido en que quería pasar tiempo de pareja conmigo. Habíamos salido poco después del mediodía, justo cuando Bella me había enviado el mensaje para que fuera a casa y, aunque parándonos en varios sitios para hacernos fotos, habíamos llegado a media tarde. Lo que nos había permitido ver la zona con un poco de calma antes de acercarnos al hotel para descansar.
Según me había explicado esta sería nuestra primera parada. Mañana saldríamos hacia el Monte Rainer. Los trabajadores del hotel me acababan de informar que había una carretera de curvas espectacular para hacer en moto que nos llevaría hasta allí. Aprovecharíamos que el tiempo nos acompañaba para disfrutar del viaje. Bella a pesar de no ser una enamorada de las motos había gozado del trayecto y a mí me encantaba sentirla cerca todo el rato.
Entramos a la habitación y era realmente espaciosa y muy bonita. Supongo que lo habrían reformado hace poco porque tantos los muebles como el estilo de la estancia se veían muy modernos aunque con el toque de calidez que suelen tener estos refugios en medio de la montaña.
Lo primero que llamaba la atención de la habitación era la enorme cama y la chimenea delante de ella. Con un pequeño cheslong delante de la ventana, por la que efectivamente podías admirar a las famosas cataratas.
-No pienso salir de esta habitación en la vida – escuché que decía Bella.
La entendía, la sensación de paz te invadía desde que ponías un pie dentro y las vistas daban la sensación que estabas en el paraíso.
-Espero estar invitado a ese particular retiro que acabas de proyectar en tu mente – le dije mientras dejaba caer las maletas al suelo para cogerla en brazos.
Puse mis manos alrededor de sus caderas y tiré de ella hasta que estuvo colgada con sus piernas alrededor de mi cintura. Poco a poco avancé hasta la cama dónde la dejé caer suavemente para trepar por ella y quedar ambos encarados.
-Te quiero mucho. No sé cómo agradecerte todo lo que has hecho por mí este fin de semana… - le dije mientras la besaba intentando demostrar todo el amor que sentía por ella.
-Pero si solo hemos comenzado… - se quejó con un poco de aturdimiento – Pero si quieres agradecérmelo puedes seguir con lo que estabas haciendo – sugirió mientras tiraba de mi cabeza para volver a besarnos.
Nuestros labios comenzaron con una caricia suave, pero a medida que nuestras manos iban colándose entre la ropa y tirando de nosotros más y más cerca, todo se convirtió en una lucha por intentar no ceder ante los avances del otro, aunque era imposible. No había nada que me excitara más que Bella.
-Mi amor – escuché que Bella jadeaba debajo de mí mientras intentaba sacarme la camisa que llevaba.
La ayudé encantando mientras aprovechaba y hacía lo mismo con su blusa.
Me dediqué a deleitarme con la piel nívea de su cuello dejando besos esparcidos hasta llegar a sus senos, dónde su sujetador, aunque precioso, corrió la misma suerte que el resto de su ropa.
-Edward – volvió a gemir Bella ante mis besos en sus pezones mientras se arqueaba dándome mejor acceso a su cuerpo y a su suave piel.
Continué con mi labor hasta que sentí como tiraba de mí y con un movimiento rápido nos daba la vuelta quedando completamente a su merced.
Nada podía antojárseme más maravilloso.
Bella sentada a horcajadas sobre mí se tomó su tiempo para acariciar mi piel con sus manos encendiéndome como solo ella sabía hacer. Era como si el tiempo se parara, todo fuera a cámara lenta calentándome, preparando a mi cuerpo para el máximo placer.
Sus ojos casi negros, oscurecidos por la pasión, buscaron los míos y cuando se encontraron todo estalló. No sé si fui yo quién tiró de ella o Bella quién vino a mi encuentro pero nuestras bocas volvieron a encontrarse en un feroz beso.
Nuestras caderas chocaban una contra otra igual que nuestras lenguas y nuestras manos corrían a nuestros pantalones para liberarnos de la molesta ropa.
Sentí como Bella se separaba de mí para ayudarme a deslizar mis pantalones y zapatos fuera y ella hacía lo mismo con su ropa restante regalándome un sensual espectáculo.
-Maldita sea Bella…. Eres espectacular, mi amor – le dije intentado sonar coherente pero lo único que podía sentir era mi interior creciendo por las ganas de estar dentro de ella.
Bella volvió a mí deslizándose sigilosamente por todo mi cuerpo y quedándose sentada nuevamente a horcajadas con nuestros cuerpos desnudos.
Piel con piel.
-No te detengas… ahora no Bella – le supliqué haciendo que en su cara apareciera una mueca diabólica.
¡Joder solo quería estar con ella!
Pero Bella decidió hacerme sufrir un poco más llevando su boca a mi piel, dejando besos distraídos, chupando y mordiendo mi pecho. Bajando poco a poco hacía el sur, hasta mi más que preparado pene.
Sentí sus manos y sus labios en él haciéndome perder completamente el sentido. Era maravillosa, pero realmente necesitaba estar en su interior. Casi no habíamos tenido tiempo de estar juntos durante estas semanas debido al trabajo y yo la echaba demasiado de menos. Así que con toda la delicadeza que pude conseguir en ese momento la aparte de mí provocando que un gruñido de enfado saliera de los labios de la mujer de mis sueños.
-Más tarde seré todo tuyo, mi amor – le prometí haciendo que su cara se transformara.
-Es una promesa – sentenció mientras me dejaba apoyarla en la cama y yo volvía a colocarme entre sus piernas.
-¿Condones? – le pregunté.
Cada vez los usábamos menos porque Bella se controlaba con las pastillas anticonceptivas, pero siempre llevaba conmigo y siempre le daba la opción a Bella de decidir. Cuidarla era mi prioridad.
-Hoy no, quiero sentirte cariño – me dijo con la voz entrecortada.
Y con esa afirmación entré en ella haciéndonos gemir a ambos ante la mejor de las sensaciones que podíamos compartir. Estos momentos de intimidad entre Bella y yo eran siempre inolvidables. Sin nada más que nosotros dos, dispuestos a consumirnos el uno en el otro. Con una sola máxima que era de disfrutarnos.
-Edward – susurró Bella en un gemido mientras nuestros cuerpos se movían rítmicamente a una velocidad insana.
No era el único que tenía sed de ella.
Sentí como sus manos me reclamaban y no dudé ni un minuto en ir a su encuentro. Sus labios sí que eran un manjar.
Me separé de ella para coger aire y continuar impulsándonos hacía el orgasmo.
-Eres hermosa…. Eres todo lo que necesito para ser feliz, mi amor – le dije mientras sentía como sus paredes se contraían a mi alrededor haciéndome complicado formar palabras.
-Edward – chilló mientras sus piernas se envolvían en mi cintura apretándome más a ella. –
-Mírame Bella… - le ordené al ver que cerraba sus ojos al acercase su orgasmo.
Ella abrió sus ojos y los clavó en los míos llevándonos a los dos al delirio.
Caí encima de Bella sin poder aguantar más mi propio cuerpo. Ella me acogió con sus brazos laxos mientras recuperábamos la respiración. Nuestros corazones estaban acelerados.
Salí de Bella con cuidado y me tumbé a su lado. Bella se acurrucó en mi costado pasando sus pequeños brazos a través de mi cuerpo para abrazarme y quedar hechos un nudo de piernas, nuevamente.
-Te quiero mucho – declaró mientras dejaba un largo beso sobre mi corazón.
-Y yo… no te imaginas cuánto – admití justo antes de sumirnos en la calma que siempre sentía cuando la sostenía entre mis brazos.
Mis dedos acariciaban suavemente la espalda de Bella cuando noté que su respiración se hacía cada vez más profunda. Se había quedado dormida.
Aproveché para observarla. Cuando dormía parecía que su rostro rejuvenecía diez años y era una niña. Sin las preocupaciones. Sin las prisas que la acompañaban últimamente.
Cuando me explicó que iba a ocuparse ella sola de todo me alegré porque sabía que era plenamente capaz de hacerlo, pero tuve miedo que el tiempo acabara por consumirla. Pero Bella estaba decidida a vivir su vida y había hecho unos cuantos cambios que le dejaban tiempo para ella. Era un equilibrio que le estaba costando sudor conseguir, pero parecía empeñada en conseguirlo y solo Dios sabe que cuando a Bella se le mete algo entre ceja y ceja no hay nada que la pueda parar.
Vi que pasaban las ocho de la tarde y a desgana me separé de ella para pedir algo al servicio de habitaciones. A Bella le encantaría bajar al restaurante, pero estaba agotada y lucía con tanta paz estirada en la cama que no me atrevía a despertarla.
Pedí las especialidades de la casa y me fui a asear intentando no hacer mucho ruido.
El baño era igual de espacioso y moderno que el resto de la habitación. Mi mente inmediatamente decidió que uso le daría a ese maravilloso jacuzzi. Una llamada para que nos subieran una botella de champan y todo estaría solucionado.
Después de asearme y vestirme salí a esperar al servicio de habitaciones fuera. No quería que despertaran a Bella, sin contar que la cama quedaba a la vista desde a puerta y no pensaba dejar que nadie viera a Bella desnuda sin su consentimiento.
No tardaron mucho en llegar.
Al volver a entrar en la habitación escuché a Bella murmurar en sueños. Solía hacerlo, especialmente los días que algo la preocupaba o cuando estaba muy cansada. Sonreí al recordar cómo me asusté la primera noche que viví sus particulares charlas nocturnas.
-Edward… no te vayas… Edward – la escuché llamarme angustiada e inmediatamente me dirigí a la cama.
Su gesto estaba arrugado en una mueca.
-Mi amor… Bella despierta – la llamé mientras apartaba el pelo que cubría su cara.
-¡Edward! – me dijo cuándo al despertarse me vio saltando a mis brazos. –
-¿Qué te ha pasado mi vida? – Le pregunté preocupado, no era la primera vez que reaccionaba así.
- Nada… no es nada, de verdad – intentó alejarse pero no la dejé. –
-Bella no me engañes. Te pasa algo… desde hace unas semanas notó que de vez en cuando tienes esta reacción… ¿Qué está pasando? – insistí seguro. No la dejaría marcharse sin una respuesta.
Bella me miró dudosa.
-Bella soy tu pareja para todo… no solo para lo bueno. Quiero y necesito que me cuentes también lo que te aflige. Si puedo hacer algo lo haré y si no me limitaré a estar a tu lado para apoyarte. – reiteré.
-A veces tengo miedo… - confesó algo que ya me había dicho varias veces… y yo siempre lo había atribuido a los cambios que estaban ocurriendo con el Fantasía y el Sublime.
-¿A qué? – pregunté confuso.
-A que algo nos vuelva a separar de nuevo… sin que podamos evitarlo… yo… no sé… te quiero mucho y a veces me siento muy vulnerable – me explicó relajándome que solo fuera eso lo que le pasara.
Solo eran miedos debido a todo lo que acabábamos de pasar. Bella siempre había sido una persona independiente y no había dejado entrar a mucha gente a su vida, lo que estaba sintiendo era exactamente lo que yo sentía… Solo que a ella le costaba más de afrontar porque nunca se había permitido apoyarse en nadie.
-Ven aquí tontita – dije mientras tiraba de ella para apoyarla en mi pecho mientras me acomodaba en el respaldo de la cama. – Yo me siento igual que tú, pero en eso se basa el amor, En sentirte vulnerable pero a pesar de ello confiarle todo tu ser a la otra persona. Nosotros no seremos menos. No te puedo prometer que el destino nos guarde alguna mala pasada, pero sí puedo prometerte que lucharé por ti, por nosotros, mi amor. Siempre – le declaré haciendo que levantará su rostro esperanzado hacía mí.
-Siempre. – afirmó esta vez sin rastro de inseguridades en su cara o su mirada. Solo había resolución en ella. – Te quiero, no lo olvides por favor. – me pidió haciendo que mi corazón se expandiera ante sus inseguridades.
Si ella supiera cuanto la amaba y cuan dispuesto estaba a no dejarla alejarse.
-No lo haré – le volví a asegurar aun sabiendo que Bella no le importaban las palabras sino los actos.
Tenía toda la vida para demostrárselo.
Bella me sonrió genuinamente antes de besarme.
-¿Eso que huelo es comida? – preguntó remolonamente y con voz dulce cuando nos separamos.
-No hay manera de engañarte – me reí cuando sus ojos se llenaron de emoción.
Bella y la comida. Eso sí era una historia de amor digna de ser contada pensé divertido mientras la veía enrollarse en las sabanas y salir torpemente de la cama para dirigirse a la mesa dónde había dejado la comida antes de que ella me llamara en sueños.
…
La tenue luz del día se filtraba por el gran ventanal de la habitación. Era una pena que tuviéramos que marcharnos hoy mismo porque tenía ganas de desaparecer del mundo real con Bella durante algo más que un breve fin de semana.
Me giré para ver a Bella boca abajo. Con sus pies enredados en las sabanas y su pelo hecho una madeja desastrosa. Nunca me cansaba de verla así. Completamente relajada, saciada y descansando a mi lado.
-Mi amor… Buenos días – le susurré acercándome a ella dejando besos por su cara hasta conseguir que abriera sus ojos.
-Mmmmmm- murmuró remolonamente Bella mientras giraba su rostro para el otro lado – Cinco minutos más. – pidió.
-Bella tenemos ponernos en marcha… es tarde y si no te quedarás sin desayuno – intenté tentarla con el rico manjar que servían en este hotel.
-Hombre…. Si me lo pintas así – volvió a balbucear cansada pero esta vez sí se giró para regalarme una sonrisa. – Buenos días – acabó diciendo.
-Ahora sí… buenos días – me acerqué para darle un breve beso antes de cogerla en brazos para darnos una ducha juntos. Así ahorraríamos agua aunque no sé si tiempo.
Cuando bajamos a desayunar solo quedaba un matrimonio mayor en el comedor central, y aunque un poco justo de tiempo no nos pusieron ningún inconveniente en darnos nuestros más que suculentos platos.
Bella estaba poniéndose un poco de sirope en sus tortitas ante mi mirada divertida cuando una mujer con el pelo completamente blanco y arrugas en su piel que contaban la historia de su vida se acercó hasta nuestra mesa con una tierna sonrisa en su cara.
-Me recuerdas a mi nieta… - se dirigió a nosotros haciendo que Bella dejara de cubrir sus desayuno con el dulce – Ella insiste en bañar de sirope las pobres tortitas – explicó haciendo sonrojar a Bella y reír a mí que estaba más que acostumbrado a esta manía de mi chica.
A Esme le iba a dar un soponcio cuando lo viese por primera vez, estaba seguro. Ella que había sido dentista siempre estaba pendiente del dulce que comía. Y de repente con esa imagen en mi mente tuve ganas de que se conocieran… Que mi madre que tanto había sufrido por mi conociera a quién me había devuelto la alegría.
Pronto.
-Mi abuela me decía lo mismo – escuché como Bella le contestaba a la anciana con dulzor en su voz – Mi nombre es Bella Swan y él es Edward Cullen. – nos presentó.
-Hacéis una pareja adorable – nos admiró – Mi nombre es Jane y ese de allí es mi Jon… Sabéis tendríamos vuestra edad cuando vinimos a la zona por primera vez y desde entonces cada año hemos vuelto… ¿Es vuestra primera vez aquí? – preguntó.
-Sí, de hecho es nuestro primer viaje juntos – expliqué emocionado al pensar en Bella y yo haciendo de esto un ritual como habían hecho ellos. No creo que a su edad pudiéramos venir en moto como esta vez, pero algo inventariamos.
-Algo me dice que no será el último – nos dijo haciéndonos sonreír con su bondad – No os entretengo más jóvenes. Disfrutad mucho, se os ve muy buenas personas y estoy segura que os lo merecéis este descanso – acabó despidiéndose de nosotros.
-Vaya, parece que nos ha visto cara de viajeros enamorados – me comentó divertida Bella.
-¿Así que es así como te sientes? – pregunté en el mismo tono que ella acercándome hasta tenerla a centímetros de mí.
Bella como siempre que entrabamos en este juego sonrió de lado y me miró con un brillo pícaro en su mirada. Adoraba estos momentos con ella.
-Y que tú me lo preguntes… - contestó rodando los ojos – Que me tienes soñando desde que te conocí. – admitió acortando la distancia que nos separaba para juntar nuestros labios.
Cuando nos separamos me quedé contemplando a la mujer que tenía delante. Me parecía irreal que ayer dudara que algo nos pudiera separar. En este instante solo podía pensar en nuestro futuro y en todo lo que habíamos superado hasta llegar aquí.
Yo había comenzado con ganas de mirar al futuro pero con un pie aun en mi pasado. Había conseguido hacer la paz conmigo y mis recuerdos y finalmente me daba la oportunidad única y exclusivamente de desear construir una vida con Bella a mi lado.
Y ella… Bella había dado tantos pasos que casi parecía una persona diferente a la que me pedía que guardáramos nuestra relación para nosotros dos.
¡Mi chica testaruda!
-¿Y ahora por qué me miras así? – me preguntó al ver que pasaba mucho rato mirándola sin decir nada.
-Estaba pensando en lo mucho que te quiero y lo afortunado que soy que te hayas cruzado en mi camino – le confesé haciendo que todo su rostro se iluminara.
-Eres un encantador de serpientes…. Y me tienes incondicional e irrevocablemente enamorada – me dijo esta vez levantándose de su silla para tirarse impulsivamente a mis brazos.
-Es mutuo, mi amor – admití no sólo para Bella sino para mí.
No había verdad más clara en mi vida, últimamente, que estaba terriblemente enamorado de Bella.
-Deberíamos irnos – me dijo Bella después de acabarse sus tortitas.
Recogimos rápidamente las pocas cosas que habíamos sacado de las maletas la noche anterior y una vez liquidamos la reserva con el hotel pusimos rumbo al parque nacional del Monte Rainer. Cuando llegamos anoche estuve preguntando a unas cuantas personas y todas ellas me comentaron que había una carretera de curvas mágnifica para hacer en moto que nos llevaría hasta la preciosa montaña con unas vistas deliciosas. Así que aprovecharía que Bella se sentía cómoda y segura con este medio de transporte que habíamos traído para disfrutar de mi moto. Este era otro cambio que había aportado Bella a mí vida. Ahora podía compartir esta diversión con ella. Ya era mucho más que cualquier persona a la que había conocido.
-¿Dispuesta a hacer unas curvas?- pregunté una vez me aseguré que tenía el casco y la chaqueta que la protegerían bien puestos.
-Contigo como piloto, siempre. – me contestó segura haciéndome sentir feliz con tan poco. –
-Pues agárrate fuerte, mi amor. – dije antes de arrancar.
Tardamos más de lo esperado en llegar al pequeño refugio de montaña que teníamos reservado porque Bella se había empeñado en parar a cada rato para hacer fotos. Estaba encantada y se la veía tan entusiasmada que solo había conseguido que yo me emocionara aún más si cabe con este fin de semana juntos.
-Bienvenidos al Monte Rainer – nos dijo un muchacho joven al que se le estaba cayendo la baba con Bella… Aunque no podía culparlo yo estaba en las mismas que él.
-Gracias – le contestó Bella alegremente mientras recogía las llaves de la pequeña cabaña y un mapa del complejo para no perdernos –
-Algún día te darás cuenta del efecto que tienes en las personas – le comenté a Bella mientras pasaba un brazo por su hombro y nos encaminábamos juntos por el bosque hasta nuestra casita-
Ella solo rodó los ojos ante mi comentario y supongo que ahí residía su magia. Tenía un poder que te atraía pero ella no lo usaba conscientemente, ella simplemente era luz.
Aprovechamos el buen tiempo que hacía para salir a dar una vuelta por el increíble paisaje de la zona. En un momento de despiste de Bella salí a preparar una pequeña sorpresa. Ella no era la única que podía organizar alguna sorpresa este fin de semana.
-¿Dónde estabas? – me preguntó Bella cuando volví a reunirme con ella en la puerta del refugio dónde me esperaba dispuesta para empezar nuestra pequeña ruta por el bosque.
-He ido a comprar agua y algunos frutos secos para el camino – le dije rápidamente mientras señalaba la mochila que llevaba colgando de mi espalda.
-¡Oh, bien pensado! – me dijo antes de ponerse en marcha.
Caminamos durante casi más de una hora por los caminos boscosos. Llenos de piedras, charcos y mucha naturaleza. Era abrumador respirar aire puro acostumbrado a la contaminación de Seattle.
Nos sentamos al borde de una pequeña cascada en la que no parecía haber mucho tránsito de gente.
-Me recuerda a Forks – me dijo Bella mientras se estiraba en el suelo sin importarle quedar llena de tierra o trozos de raíces en su pelo.
-¿Lo echas de menos? – le pregunté mientras la imitaba tumbándome junto a ella. No era tan cómodo como parecía cuando lo había hecho Bella.
-No mucho. – contestó rotundamente – En Seattle he construido mi vida y eso es algo que no hubiera conseguido en Forks nunca – me explicó mirándome a los ojos – Además… Tú conociste a mi madre… ¿Tú crees que alguien puede vivir con ella cerca sin volverse loco? – me preguntó riéndose.
René Swan era una persona peculiar, pero nadie le podía negar que se preocupaba por su hija. Incluso en el poco rato que había compartido con ella el día de la inauguración del Fantasía todo su interés se había centrado en saber de ella…. No por el mero hecho de cotillear sino por conocer qué ocurría en la vida de su única hija. Eran la noche y el día, algo que no le pasaba con su padre con quien casi juraría que podían entenderse sin hablar.
-Eres una mentirosa, en el fondo los adoras – le dije mientras le acariciaba la cara.
- Eso lo dices porque solo has compartido una noche con René… tú espera que te coja confianza… Aterrador, créeme – me volvió a tomar el pelo.
Esto era lo más mágico de todo. Bella hablando de futuro sin temblar o buscar excusas. Dando por hecho cosas tan simples como conocer a nuestras respectivas familias.
Nosotros.
-Por ti lo soportaría – le dije haciéndole soltar una carcajada.
Ojalá pudiera congelar este momento con Bella. Los dos relajados. Pendientes única y exclusivamente de nosotros. En calma.
Bella se levantó sentándose mientras contemplaba el agua cayendo. Sin pensármelo dos veces me puse detrás de ella y la atraje hacia mí hasta que estuvo reposando su cuerpo y cabeza en mi pecho.
-Me gustaría parar el tiempo y tenerte así siempre…. Sentirte así siempre… como si nada pudiera con nosotros – me dijo con una sonrisa soñadora en su rostro.
A diferencia de anoche cuando se había despertado alterada y con miedo de su sueño, esta vez podía jurar que lo que sentía en su voz era anhelo. Ganas de un futuro juntos.
Era tan diferente verla confesar su amor sin ningún temor. Para mí no había sido fácil estar separado de ella durante tanto tiempo. Siempre había confiado en la profundidad de lo que sentíamos, pero cada vez estaba más seguro que para ella había sido mucho peor. Aunque con seguridad en nuestra relación seguía filtrándose ese temor a que todo se desvaneciera.
Sabía que solo requeriría tiempo que Bella diluyera por completo esas ideas. El futuro era nuestro, estaba seguro.
-Te pienso tomar la palabra y después no te vas a poder arrepentir – le respondí mientras ella se reía y se acurrucaba en mis brazos. – ¿Qué te parece si celebramos que tus deseos y los míos son los mismos? – le pregunté haciendo que se girara de golpe hacia mí sorprendida y emocionada.
Me estiré para acercar la maleta que había traído conmigo durante la excursión para sacar una pequeña cestita que me habían preparado con dos pequeñas botellas de champan con sus copas incorporadas para que fueran más fácil de beber, unos sándwich y algo de frutas maceradas de postre.
Cuando nos habíamos registrado había visto que ofrecían pequeñas cestas de picnic para llevar, así que me había animado a pedir que me preparan una un poco más romántica de la que ofrecían normalmente.
-¿Qué es todo esto? – preguntó al verme colocar todas las cosas a un lado. - ¿Cuándo lo has preparado?
- No pensarás que eres la única que puede preparar sorpresas – le respondí mientras le pasaba su botellita de champan. –
-Ya veo que no – contestó Bella feliz. - ¿Y por qué brindamos? – me preguntó haciéndose la distraída.
-Por nosotros. Por nuestro futuro juntos. Por ti mi amor, que un día te cruzaste en mi camino para reglarme una nueva vida. – le confesé haciendo que su sonrisa se ensanchara tanto que temía que le dolieran sus pequeños mofletes de tanto sonreír.
Era mi reflejo.
Bella chocó nuestras copas y bebió un corto trago. Apartando su bebida del medio se acercó a mí y acortó la distancia entre nosotros tan lentamente que dudaba que estuviera moviéndose.
Cuando solo aire nos separaba, Bella llevó sus dedos a mi barbilla acariciándome suavemente, casi distraídamente hasta que llegó a mis labios dónde se dedicó a dibujarlos como si el tiempo fuera un capricho, como si tuviéramos la eternidad para dedicarnos el uno al otro, sin prisas. Poco a poco, como si a cámara lenta sucediera todo, fue entreabriendo sus labios acercándolos a los míos mientras sus ojos se cerraban.
Cuando nos encontramos nuestros labios explotaron. Intenté mantener la calma, pero con Bella nunca ganaba. Ella volvía mi mundo y mis sentimientos del revés y conseguía que la paciencia se esfumara.
Necesitaba tenerla cerca así que mis manos fueron a sus caderas para acercarla a mí mientras seguíamos intentando dominar el beso.
¡Bendita lucha!
Fui subiendo mis manos por su lado, dejando un camino de caricias mientras ella se separaba y besaba mi mandíbula casi con devoción. Cuando llegué a su cuello mis manos se enredaron en su suave melena castaña consiguiendo así volver a atraer su atención a mí.
Nos miramos durante un instante.
Jadeantes.
Con los labios rojos de la pasión que no podíamos ocultar.
-Te amo – declaró Bella en un susurro.
Y por una vez las palabras sobraron. No había nada ni nadie que me hiciera dudar de sus sentimientos. Su mirada profunda y brillante era la mejor declaración de amor que me podía reglar.
-Yo también. – le aseguré, porque aunque mi chica era más de actos nunca me cansaría de declararle ni a ella ni al mundo lo mucho que la quería.
Juntamos nuestras frentes intentando absorber la intensidad del momento. Tomándonos nuestro tiempo, al fin y al cabo este fin de semana era todo para nosotros. No teníamos ni prisa ni nada mejor que hacer que estar el uno con el otro recuperando el tiempo perdido.
Comenzando a escribir nuestra historia como nos había dicho ese matrimonio mayor esta mañana.
-Edward sabes que vas a tener que llevarme en brazos si me bebo toda esa botella. – Me dijo Bella después de un rato en silencio, separándose un poco de mí – No hay manera que baje de de esta montaña sin caerme si me bebo mi botella de champan – se explicó ante mi desconcierto haciéndome reír.
-Te sostendré siempre – sentencié sabiendo que así sería.
** FIN **
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NA:
Dos aclaraciones a dos comentarios, que al no tener cuenta en FF no puedo contestarles por privado:
Cathy: Edward tiene 30 años y Bella 28.
Me: Tomo nota de lo que me has dicho, siempre me tomo vuestras críticas como algo constructivo para aprender ;) Solo un par de cosas que me gustaría matizar. No acabo de entender a qué te refieres cuando dices que no tengo en cuenta a Edward en la historia…. Si contamos los POV, Edward tiene un total de 12 capítulos y Bella 13 (el prólogo fue para Jacob). Creo que Edward sí está considerado en esta historia. Sobre lo de cortar algunas escenas de intimidad… es posible, pero si son importantes para la historia las suelo retomar en el siguiente capítulo (y antes de comenzar la nueva trama acostumbro, de una manera u otra, hacer saber la versión del otro protagonista) y otras las dejo para que las creéis vosotras en vuestra mente porque si no los capítulos se me harían eternos (a nivel de páginas). Dicho lo cual, tomo nota de vuestros comentarios. Nadie nace enseñado y menos en este aspecto que escribo de manera completamente amateur ;)
¿Os ha gustado? Espero que sí. He querido acabar con algo de tiempo juntos, ahora sí sin ninguna preocupación más que ellos dos.
Nos vemos en el epílogo. ¿Alguna apuesta sobre qué puede ser?
Nos leemos en el próximo,
Saludos ;)
