El demonio camina en un sendero de tinieblas, arrastrando al humano y al ángel hacia un abismo de oscuridad. Llegan los monstruos con arcos y flechas, y ellos, espalda con espalda pretenden desafiar las puertas del infierno
.
"Eres la oscuridad y eres el miedo, pero no me importa"
.
.
Brasas ardientes se abren paso alrededor de mí, amenazando con hundirme en el infierno que se ha desatado. Recorro los pasillos a toda velocidad, esquivando los escombros que llueven desde todas direcciones. Aun así no me detengo, debo salir de aquí. Los pequeños brazos que se enroscan alrededor de mi cuello me recuerdan que mi vida no es la única que está en juego.
Observo el rostro aniñado y temeroso que busca refugio en el espacio debajo de mi mentón. Sus labios están apretados con fuerza al igual que sus párpados, no obstante, no hay ningún indicio de que vaya a llorar como la cría que es. Ella sólo cierra sus ojos y acepta su destino, dejando su vida en mis manos. No es valentía, sino resignación. Viéndola, mi mente me tortura con el recuerdo de un rostro sonriente cubierto de pecas.
Ella me recuerda a Deku.
Logro esquivar los últimos escombros, la explosión de la guarida de los Ocho Preceptos hace que todo se transforme en algo peor que el infierno y la onda expansiva me lanza varios metros en el aire.
— ¡Oye, mocosa, agárrate! —Grito mientras me propulso con mis brazos, impulsándome lejos del fuego, del peligro y de los idiotas de La Liga. Debo esconderla antes de que la encuentren. Antes de que descubran que los he traicionado. Si muero, nadie podrá protegerla.
— ¡Onii-chan, cuidado! —ella grita en mi oído. Alzo la vista por encima de mi hombro lo suficiente para apreciar a Dabi detrás de mí. Él lanza una llamarada de su fuego azul y apenas tengo tiempo de esquivarlo, propulsándome hacia la base de un edificio en ruinas.
— ¿A dónde vas, Black Vacuum? —Grita Dabi detrás de mí, hay una sonrisa enorme en su cara, maniática y espeluznante.
Maldición. Esto es jodidamente malo. Lo último que necesito ahora es que empiecen a cuestionarme, o a juzgarme. No necesito que me pongan en la mira y sé que salvar a esta mocosa del ataque de La Liga hacia los Ocho Preceptos fue un craso error, pero… Ella estaba allí, en un agujero de esa asquerosa guarida, llena de vendas como una muñeca rota. Tenía una mirada triste y despedazada. Una mirada igual a la que tenía Deku la noche que lo perdí. Por increíble que parezca, sentí como si Deku me estuviese poniendo a prueba y tuve que salvarla… Por él.
— ¡Tendrás que dar unas cuantas explicaciones, Bakugô! —Dabi sigue gritando a mis espaldas, pero lo ignoro. Sus carcajadas llegan hasta aquí como si la distancia fuese mínima.
Ah, definitivamente odio a este sujeto.
—Será mejor que no te sueltes —le digo a la mocosa al tiempo que produzco explosiones más potentes. Ya que uso mis manos de propulsores, no la puedo sostener como debería. Ella entiende esto y se aferra con sus pequeños brazos y piernas.
El calor, el agotamiento, el dolor de mis heridas y el aturdimiento; todo se confabula de pronto para hacerme caer de las alturas. Caigo en un callejón lleno de bolsas de basura, rodando por el suelo hasta que mi espalda colisiona con una pared.
Demonios, me duele todo. Suelto una maldición potente y un gruñido, pese a esto, estoy aliviado de que la mocosa no tenga ni un rasguño. Tuve tiempo de envolverla con mis brazos mientras caíamos.
— ¿Te lastimaste? —aun así me aseguro de que no tiene alguna herida de la cual no me haya percatado. Ella, en respuesta, sacude su cabeza enérgicamente.
Asiento y comienzo a caminar.
No se suponía que terminara ejerciendo de héroe una vez más, aunque ya es tarde para arrepentirme. Acabo de ganarme de enemigos a una de las peores organizaciones criminales que existen, y si Dabi me delata, también tendré a Tomura y la Alianza de Tarados detrás de mi trasero.
—Espero que estés contento —le digo a la imagen de Deku dentro de mi cabeza, que no deja de sonreírme con alegría y tal vez un pizca de orgullo—. Ésta será la última vez, te lo advierto, maldito nerd. Ahora soy un villano.
Deku asiente sin apartar su sonrisa, como si se dirigiera a un niño que alardea sobre lo grande que es cuando apenas sabe atarse las agujetas. Odio que me mire así, porque en el fondo sé que tiene razón. No soy ni héroe ni villano.
No pertenezco a ningún lugar.
—Onii-chan, ¿estás bien?
—Estupendo. Ahora cállate. —Mascullo. La mocosa me mira como si hubiese perdido la cabeza, pero la ignoro.
La noche cae sobre nosotros con una frialdad estremecedora y el espesor aplastante de una neblina. La humedad que circunda los callejones entre los edificios me provoca escozores en la nariz, pero lo soporto, aprovechando la poca visibilidad para mantenernos ocultos. Entre las brumas y el silencio que caracteriza la madrugada, cuido que mis pasos sean sigilosos y como un felino atravieso cada callejón sin dejar al descubierto mi presencia. A pesar de esto, llevo a la mocosa en brazos por si, de pronto, es necesario salir volando a toda velocidad. Logré perder a Dabi, pero no sé por cuánto tiempo.
Ella tampoco ha dicho nada en todo el camino. Confía en mí a pesar de que soy un extraño, se aferra como si fuese su último rayo de esperanza y algo cálido se instala en mi sistema.
Pese a esto, sé que no puedo cuidarla. Debo permanecer en la Alianza de Tarados hasta que logre mi objetivo. Hasta que All For One me devuelva a Deku. Sólo entonces podré mandarlo todo al carajo, vivir con Deku lejos de aquí y, tal vez, llevarnos a Eri.
Claro, esto sólo será posible si Dabi mantiene la boca cerrada. No creo que me delate porque busca algo de mí, algo que aún no sé de qué se trata. No importa. Si pretende chantajearme, sólo tengo que reventarlo hasta que no quede nada más que huesos. Estoy harto de estar en la mira de ese imbécil.
Mantendré a la mocosa oculta hasta que Deku vuelva. No confío en nadie lo suficiente como para hacerle partícipe de mis planes, pero conozco a alguien que cuidará de ella y no hará preguntas.
Alzo la vista a la acogedora casa de dos plantas. Mi cuerpo entero tiembla y se llena de nostalgia. He pasado tan buenos momentos aquí y esa realidad ahora se siente tan lejana. Desearía, entre muchas cosas, volver a esos días. Mi adolescencia ha quedado atrás, mis amigos, las bromas. Los días junto a esos idiotas ahora no son más que viejas memorias que debo eliminar cuanto antes.
Sin emociones, no habrá dudas.
Toco en la madera con mis nudillos. Aprieto los dientes por la anticipación y trago el bulto que se construye en mi tráquea. Eri me mira un instante para después mirar a la puerta. Desearía poder decirle que todo estará bien, que aquí estará a salvo y que cuando cumpla mis planes volveré por ella. Pero no puedo, porque no sé si regresaré vivo esta noche.
No puedo hacerle promesas que no estoy seguro de poder cumplir.
Poco después la puerta se abre. Por la saliente aparece un rostro familiar que, al verme, pierde todo el color de su cara. Sus ojos son saltones por un segundo y la palidez se acentúa en cuanto ve la niña en mis brazos.
— ¿B-Bakugô?
Hago un gesto, que es una mezcla entre una sonrisa y una mueca.
—Necesito tu ayuda.
La nieve escuece sobre las zonas desnudas de mi piel, estaqueando el frío en mis huesos. Aun así lo soporto y no digo nada al respecto. Después de todo, Kirishima, que está igual de desabrigado que yo, tampoco se ha quejado. Me limito a aparcar la moto junto al pequeño arroyo que circunda la zona rural al pie de la montaña.
El idiota no ha dicho ni una palabra en todo nuestro recorrido, él se limita a bajar del vehículo cuando yo también lo hago, entregándome el casco. Espera de pie en medio del camino mientras arrastro la moto hacia los arbustos para esconderla. Fukushima es un lugar desolado en esta época del año, pero es necesario mantener un perfil bajo y una motocicleta como la mía llamaría demasiado la atención. Lo mejor será caminar hasta la plaza.
Cuando termino de atar la cadena, vuelvo junto a Kirishima, que me espera con las manos en los bolsillos, sus ojos clavados en el suelo. Me está esquivando, tal vez porque tiene miedo de lo que pueda decirle. No obstante —y a pesar de que realmente no quiero hacerlo— debo contarle toda la verdad. Si después de saberlo todo, él pretende seguir a mi lado, será por su propia decisión.
Se nos aproxima una tormenta.
Chisaki nos perseguirá hasta el mismísimo infierno como un perro de caza porque sólo yo conozco el paradero de la mocosa.
—Hay un mercado no muy lejos de aquí. Podemos conseguir algo de comida.
Kirishima asiente una vez y me sigue en silencio. Atravesamos las pequeñas casas de madera cubiertas de escarcha. El susurro del pequeño río es todo lo que amortigua el crujido de mis botas al enterrarse en la nieve. Debido al clima, muy pocas personas salen de sus casas. Es la razón por la cual escogí este sitio. Es perfecto para esconderse.
Aun así, hay algo en el aire que no sé identificar, pero que me sofoca. Es una sensación extraña, el ambiente se siente denso como si el aire se hubiese contaminado de suciedad. Es asqueroso respirar. El molesto espesor a nuestro alrededor me enoja a niveles inesperados, me siento expuesto.
No sé qué se trata todo esto, pero no me gusta.
— ¿Qué querías decirme, bro? —Kirishima trota hasta alcanzarme y se detiene en frente de mí para bloquearme el paso—. ¿Tiene que ver con Deku?
—Ya te dije que sólo yo puedo decirle Deku —lo rodeo sin decir nada más, continuando con mi marcha. Este no es el sitio adecuado para hablar. Ni siquiera es buena idea estar aquí. De no ser porque necesitamos suministros, habría descartado por completo la idea de bajar hasta el pueblo.
Hay un silencio ensordecedor a nuestro alrededor. La misma desolación que antes me parecía tan provechosa, ahora es algo inquietante. El hecho de que no haya absolutamente nadie mirando, a pesar de sentir ese molesto cosquilleo en la nuca, me saca de quicio.
Kirishima se impacienta, vuelve a bloquearme el paso y me sostiene los hombros para detenerme. Le disparo una mirada de advertencia, la molestia arrastrándose por mi sistema. Miro sus manos y él me suelta de inmediato, como si mi piel quemara.
—Lo siento, pero ahora necesito saber.
—Aquí no —digo entre dientes.
—Vamos, hermano, sólo… —él agacha la cabeza, sus puños están cerrados y su labio hundido debajo de sus afilados dientes—, necesito saber si estoy haciendo lo correcto. Después de ver lo que le pasó a Mamá Midoriya, yo… siento que…
— ¿Dudas de mí? —pregunto, alzando una ceja.
—Sí, quiero decir, ¡no! Confío en ti. Pero…
—No lo hagas. No soy una persona de fiar.
—Eres mi hermano.
—Lo era. —Enfatizo, mirándolo directamente a los ojos.
Trato de ignorar la pesadez que me amarga y el cosquilleo que se instala en mis palmas. Esta desagradable agitación… algo está pasando, sólo que no puedo identificar qué. Tenemos que darnos prisa.
— ¿Qué quieres decir?
—Éramos hermanos, Eijiro. Ya no. —Lo vuelvo a rodear en un afán de continuar con el recorrido, pero él agarra mi hombro y usa su Quirk para inmovilizarme.
Alzo la mirada para mirarlo de soslayo.
—Explícate.
Definitivamente, él no es muy listo. Agarro su brazo con ambas manos y tiro de él con fuerza.
— ¿¡B-Bakugô!? —chilla en cuanto sus pies se separan de la tierra.
El Quirk de Kirishima de desactiva cuando vuela por encima de mí hasta que golpea el suelo con su espalda, soltando un quejido y una maldición. Suelto su brazo, acercándome hasta que mis botas golpean su cabeza. Él gime adolorido mientras sostiene su hombro lastimado. Lo observo en silencio, esperando a que deje de llorar como un crío.
— ¿Dejarás de tocarme las pelotas?
—Sólo quiero saber.
—Dije que te lo explicaría todo, pero no agotes mi paciencia.
— ¿Qué paciencia? —gruñe, quejándose mientras se incorpora lentamente.
—Exacto —digo, pasando encima de él para seguir caminando. Lo escucho maldecir a mis espaldas y gritarme unos cuantos insultos. Antes de darme cuenta está nuevamente a mi lado, refunfuñando y pisando fuerte para hacerse notar.
Idiota.
Andamos en silencio por un kilómetro aproximadamente. Ninguno de los dos emite ningún sonido. Kirishima porque no quiere molestarme de nuevo y yo porque a pesar de todo sigo sintiendo algo raro. Esto me inquieta por el resto de nuestro recorrido hasta que llegamos a la pequeña plaza en medio del pueblo. Hay una fuente congelada en el centro y las inmediaciones están llenas de negocios. Los restaurantes y los bares estarán abiertos hasta la mañana, pero algunas de las tiendas ya están cerrando.
Comenzamos a atravesar la plaza, que por suerte para nosotros está vacía. Tenemos todo este espacio para nosotros, nadie nos molestará ni podrá escucharnos, pese a esto estoy más alerta que antes cuando comienzo a hablar.
—Primero, debes saber que ya no puedo llevarte a casa. Nunca más. —Digo de forma indiferente, aunque honestamente estoy lejos de serlo.
Kirishima se detiene de inmediato, me giro para observarlo, percatándome que sus ojos parecen que saldrán disparados de sus cuencas.
— ¿Qué?
—No me disculparé.
— ¿De qué estás hablando? —una sonrisa temblorosa circunda su cara, como si realmente no supiese qué expresión ubicar en su rostro.
Suspiro, porque sé que esto será difícil de explicar. Porque sé que esto será como tragar piedras. Y porque a pesar de todo me preocupa lo que este imbécil siente. La culpa de haberlo involucrado en medio de todo esto me corroe de adentro hacia afuera.
Porque hasta ahora no me había detenido a pensar en las consecuencias.
—Cuando Chisaki nos atacó, sólo se me ocurrió escapar con mi Quirk Espacio-Temporal. Aunque no lo parece, tuve que transportarnos al futuro.
— ¡¿Qué?! —Explota—. ¡No puede ser, hermano! ¡No me jodas! ¿¡Estamos en tu tiempo!?
—No. Estamos en el mismo año, sólo que unos meses en el futuro. —Mantengo mi expresión relajada mientras le explico—. ¿No te has preguntado por qué nieva tanto? Estamos cerca de la Navidad, zopenco.
— ¿N-Navidad? No jodas, bro. ¡No jodas! Estábamos a principio de año. —Tartamudea y sacude su cabeza, rehusándose a aceptar la verdad.
Trato de aligerar el tema con algún comentario sarcástico, pero de pronto parece que será algo fuera de lugar. En vez de eso sigo caminando, debatiéndome si realmente esto es una buena idea.
Kirishima me sigue de cerca, así que continúo—: Pude simplemente habernos transportado a otro lugar, pero Chisaki nos habría encontrado. En otro tiempo, sin embargo, tal vez le sea más difícil.
—Sí, comprendo. Comprendo todo eso. ¿Pero por qué no podemos volver? Tal vez…, no lo sé, cuando se vaya el peligro.
—Es demasiado peligroso. Estoy seguro de que Chisaki tiene hombres por todos lados, buscándonos. No cabe duda de que estarán alrededor de tu casa. Si vuelves, pondrás en peligro a tu familia. ¿Quieres que les pase lo mismo que a la madre de Deku?
— ¡No!
—Entonces será mejor que te olvides de ellos.
El semblante de Kirishima es algo indescriptible y permanece callado por el resto del camino. A pesar de que anda en silencio detrás de mí, puedo imaginar la explosión de emociones que se ha desatado en su cabeza. Le tomará un tiempo procesar toda la información.
Una vez que entramos a la primera tienda, me permito observarlo por el rabillo del ojo. Increíblemente su cara muestra algo neutral. Trato de descifrarlo mientras reviso mi respaldo económico. Tengo poco efectivo, pero alcanzará para lo esencial. Puedo cocinar, tal vez logre hacer comida por tres días. Después pensaré qué hacer.
Podría simplemente robar la tienda, no es una mala idea y tendríamos una buena reserva, pero ni a Deku ni a éste imbécil les agradaría. Debo portarme medianamente decente si no quiero que me teman.
Compro algunos kilos de pollo, verduras, una bolsa de arroz y una botella de salsa picante. Kirishima me sigue por los corredores de la tienda como un cachorro extraviado, su mirada perdida en el vacío y sus labios apretados, como si estuviese a punto de decirme algo pero no se atreve.
— ¿Tardarás mucho en superarlo?
—Estoy bien —dice, pero sus ojos están ausentes.
—Sólo supéralo. Eventualmente tendrías que dejar a tu familia atrás. —Miro mis manos como si fuesen la cosa más asquerosa del mundo—. Yo tuve que hacerlo de la peor forma.
Él alza la cabeza para mirarme, su boca hecha un mohín. — ¿Peor que esta? Lo dudo. Ni siquiera pude despedirme.
—Bueno, Deku tampoco pudo despedirse de su madre. Así que bienvenido al club —suelto de forma mordaz, metiendo bruscamente una lata de puré de tomates en la canasta.
— ¿Tú lo hiciste?
—Sí. Soy afortunado, ¿no te parece? —Digo, con una hiriente ironía en mi voz—. Pude decirle adiós a mi vieja antes de matarla... Mi viejo no corrió con la misma suerte. Murió antes de que pudiera abrir la maldita boca para decir algo.
—No estás hablando en serio —el rostro de Kirishima se llena de horror. No me sorprende. He hablado de la muerte de mis padres con tal naturalidad desde hace tanto tiempo, que honestamente ya no me afecta.
Esto es lo que el mundo de los villanos ha hecho de mí.
Me acuclillo en frente de una estantería de sazones. Analizo detalladamente cada frasco antes de meterlo en la canasta. Mi silencio inquieta a Kirishima. No necesito palabras para hacerle saber que no estoy mintiendo, mucho menos bromeando. Y no me detengo ahí, sino que le cuento todo lo demás:
—Después de la muerte de Deku, me uní a los villanos. —Palabras carentes de emoción se me escapan. Toda mi atención está centrada en los frascos de sazón mientras lo suelto todo con indiferencia—. Ellos eran los únicos que podían darme el poder para recuperarlo. Después de un desliz de mi parte, comenzaron a dudar de mí. Me acusaron de que en el fondo seguía siendo un héroe y me exigieron que les demostrara que ya no había vuelta atrás para mí. Maté a mis padres para probarlo. Esa misma noche tú trataste de detenerme. Te interpusiste en mi camino, hiciste lo posible por hacerme volver. Y yo te asesiné.
Hay un alivio divino que viene a mí en cuanto termino de contarlo todo. El silencio de Kirishima, por otra parte, me deja una sensación de hielo en el cuerpo. El terror se instala en mi interior, se acentúa en mi estómago y me provoca unas horribles ganas de vomitar. Se siente como si un nido de arañas se revolucionara dentro de mi pecho.
A estas alturas, ni siquiera comprendo por qué necesito ser honesto después de mentir por tanto tiempo. Tampoco entiendo por qué me importa lo que Kirishima esté pensando. Todo esto me confunde y me lleva a una pregunta que llevo haciéndome desde hace mucho tiempo.
¿Por qué lo busqué?
¿Por qué lo involucré?
Podría simplemente haber ignorado su existencia en este tiempo y seguir adelante con mi plan inicial.
Pero cuando trato de responderme, no me agrada la respuesta.
Trataba de salvarlo. Si no hubiese intervenido, Kirishima habría conocido a mi yo joven y, tal vez, habrían entablado una amistad. No obstante —conociéndome— mi versión inútil se habría hecho inestable por la desaparición de Deku. Tal vez ya lo es. Si en algún punto de su camino él se topa con Kirishima, ¿lo habría asesinado como yo lo hice?
No lo sé. A pesar de que debería saber la respuesta, no tengo la menor idea de cómo reaccionará mi versión inútil a continuación. Las probabilidades de que se vuelva alguien incluso peor que yo, no son nulas.
Y si Kirishima trata de detenerme una vez más…
Tal vez sólo quería mantenerlo a salvo, sabiendo de antemano que eso es un craso error. O sólo tal vez, estaba buscando la manera de castigarme, de martirizarme en cada momento cada vez que veo su cara, para torturarme con el recuerdo de su sangre en mis manos.
Ya sea para salvarlo de mí o para penitenciarme por lo que hice, involucré a Kirishima en un infierno en el cual no debería estar metido. Por eso debe saber la verdad. Debe saber a lo que enfrenta y tomar una decisión. Sea lo que sea, decida lo que decida, será porque está seguro de lo que hace.
Alzo la cabeza para verlo de soslayo. Aunque hago el esfuerzo casi inhumano de permanecer indiferente e inflexible, por dentro me estoy desmoronando y definitivamente no quiera que vea esa parte de mí, así que disimulo mis temores con una pantalla de frialdad mientras sigo revisando las estanterías.
Kirishima tiene la cabeza gacha, su cabello rebelde y todo desordenado apenas me deja ver su expresión. Percibo, además, que tiene los puños apretados y que todo él es un descontrol de temblores. Separo los labios para agregar algo más, pero entonces Kirishima, en silencio, se da la vuelta y se larga por el pasillo.
Me levanto del suelo para verlo partir. Él no gira en ningún momento, sólo sigue caminando hasta que desaparece en la esquina al final del corredor. La sensación que me deja la visión de su espalda instala un agujero en mi pecho…, no importa.
Es lo mejor.
Me detengo un instante en la acera. Creo que he podido comprar todo lo que necesitamos, incluyendo algo de ropa para Deku. No puede seguir usando sólo mi camiseta con este clima azotándolo. La peor parte es que no sé qué haremos cuando se nos terminen los suministros. He gastado todo mi efectivo y desgraciadamente ese maldito Nerd no es nada tonto. Si trato de mantenernos a base de robos, tarde o temprano se dará cuenta.
¿Debería conseguir un empleo?
No. Eso es absurdo. Con Chisaki persiguiendo nuestros traseros, no podríamos quedarnos mucho tiempo en un sitio.
¿Qué debería hacer?
El ruido de un motor me saca de mi propia cabeza. Una patrulla se acerca despacio e irremediablemente me tenso. No creo que alguna autoridad de por aquí me reconozca, pero estoy listo para mandar a volar el auto al menor atisbo de amenaza. El vehículo se detiene justo en frente de mí con las luces rojas y azules iluminando la oscuridad de la calle; la puerta se abre y por la saliente se asoma una cabeza cubierta de cabello rojo.
Alzo una ceja. Honestamente no sé qué pensar.
— ¿Qué significa esto? ¿Piensas arrestarme? —es lo primero que me viene la mente. Aunque es un intento de broma ligera, no puedo evitar que la duda se filtre a través de mis palabras.
Kirishima también alza una ceja, aunque hay un pequeño deje de burla en el gesto de su cara.
— ¿Te parece?
— ¿Por qué vienes en una patrulla?
—Porque se me antojó —cierra la puerta y se recuesta en ella, cruzando los brazos sobre su pecho, ahora su ceño está fruncido—. Tranquilo, bro. —Dice irónicamente—. Sólo necesitaba tiempo para pensar. El hecho de saber que tú me asesinaste aún me molesta, ¿sabes? Pero no, no pienso traicionarte.
Ruedo los ojos ante la intensidad en su voz. Hay un poco de resentimiento, pero al mismo tiempo, socarronería. Sólo Kirishima puede hacer una mezcla como esa.
—Entonces ya lo superaste. Bien por ti. —Recojo las bolsas y me dispongo a marcharme, sin embargo me detengo cuando él comienza a hablar en un tono ronco y acusador.
—Eres un tipo malditamente cínico, ¿lo sabías? —Me giro para decirle algo, pero él continúa sin darme oportunidad—. Pero eres alguien que admiro y te seguí hasta aquí porque quise. ¿Eres un villano? Bien. No me importa. Yo también lo seré. Prometí que los protegería a ti y a Deku. Es de hombres tener palabra.
—Es Izuku.
—Como sea. —Hace un gesto desdeñoso para restar importancia y rueda los ojos—. Yo no soy el Kirishima de tu tiempo. No pienso detenerte, Katsubro. Pienso ayudarte.
Me quedo de pie, interiorizando toda esta mierda confusa. De todas las reacciones que imaginé que tendría, esta es la única que nunca se me pasó por la cabeza. Entrecierro los ojos, analizando la estúpida sonrisa en su cara.
— ¿Por qué estás dispuesto a llegar tan lejos? Te mentí.
—Pero ahora fuiste honesto. Me trajiste hasta aquí para contármelo todo y además me diste la oportunidad de escoger. ¡Eso es de hombres! Por eso, después que mi cabeza se enfriara, pensé que lo único que quería hacer era seguir a tu lado… como tu hermano.
¿Eso es un maldito sonrojo?
El aire se me escapa en un instante. Me quedo quieto, escuchando cada verborrea de este imbécil, creyendo que definitivamente es un estúpido ingenuo. Tengo ganas de reventarlo, de sacarlo de mi vista para que deje de hacerme sentir… como la mierda. Sin embargo, no hago ni una cosa ni la otra. Sólo reduzco la distancia entre nosotros y una vez que estoy a su lado, le doy un firme golpe en el hombro. Lo suficientemente fuerte como para que le duela.
—Deja de hablar tanta mierda y vámonos. Deku está solo.
—Claro, hermano. —Dice mientras hace un gesto de dolor y se masajea el hombro.
— ¿De dónde sacaste la patrulla? —pregunto una vez que estamos adentro. Entonces, observo por el espejo retrovisor que el asiento de atrás está lleno de bolsas—. ¿Y qué hay ahí?
Kirishima enciende el motor antes de decir—: Unos polis me detuvieron para hacerme preguntas cuando salí a caminar. Ahora están inconscientes en el callejón de allá atrás. —Él suelta una risita entre dientes cuando dice esto último, como si el recordar los hechos le hiciera gracia—. Tomé su auto y pensé que necesitarías ayuda con los suministros. Sé que te estabas conteniendo para no alarmarnos a Deku y a mí. Pero no te preocupes, bro. Te ayudaré en lo que haga falta, y Deku no tiene por qué enterarse.
—O sea, que robaste una tienda.
Suprimo una carcajada cuando él asiente con su cabeza. Jodidamente no lo puedo creer. Es como si los papeles se hubiesen invertido.
Kirishima no deja de sorprenderme.
En nuestro recorrido de vuelta al sendero, él parlotea sin frenos sobre su gran hazaña. El entusiasmo en su voz a la hora de contarme con lujo de detalles su pequeña aventura robando la tienda me deja un poco impresionado. Escuchándolo, me doy cuenta de que realmente ha cambiado. Se ha vuelto un criminal por mi culpa y lo peor de todo, es que está orgulloso de serlo.
—Será mejor que yo continúe en la moto —digo una vez que estoy fuera del vehículo. Kirishima no se mueve del asiento—. Lleva los suministros a la cabaña. Después tendremos que deshacernos de la maldita patrulla si no queremos ser rastreados. ¿Recuerdas el camino?
—Vamos, Katsubro, no soy tan tonto. —Resopla.
—Está bien. Entonces nos vemos arriba. —Cierro la puerta de un golpe y me dirijo hacia mi propio medio de transporte.
Kirishima sube por el sendero pisando el acelerador a todo lo que da. Yo lo sigo de cerca, vigilando que no choque contra un árbol o algo así. A estas alturas, lo menos que puedo hacer es cuidar su espalda.
Nunca creí que terminaría influenciándolo tanto.
Él camina por un sendero peligroso sin saber lo que en verdad significa ser un villano.
Sacudo la cabeza, alejando esos pensamientos mientras el viento me golpea en la cara, incrustando copos de nieve en mi piel que rápidamente se transforman en gotas heladas. La humedad en mi rostro es por culpa de este maldito clima, estoy seguro de eso. Limpio el líquido que moja mis pómulos con mi antebrazo y me centro en el camino.
Nos detenemos en el sendero que circunda la cabaña. Rápidamente me apresuro a tomar las bolsas del auto, intercambiando un par de empujones con el idiota en nuestro recorrido hasta la entrada. El ardor de mis córneas ha desaparecido por completo. Abro la puerta, tratando de no hacer demasiado ruido. Deku aún debe estar dormido.
Todo en penumbras, a excepción de la luz azulada que se cuela por las ventanas. Dejo las bolsas en el suelo, sintiendo algo extraño en el ambiente. No sé exactamente de qué se trata, pero es como si el aire oliese distinto, como si la atmósfera fuese más pesada. Mis pasos en el suelo de madera se escuchan como estruendos en mis oídos y apenas soy consciente de la respiración nerviosa de Kirishima.
Esta sensación… es la misma que sentí cuando llegamos al pueblo. En algún punto dejé de sentirla, pero ahora se siente incluso con más fuerza. Mi cuerpo entero reacciona a la invasión, al sentimiento de frialdad y al escozor que deja toda mi piel en alerta.
— ¿Deku? —Atravieso el salón de la entrada con pasos cuidadosos. Escucho algo como un quejido, también sollozos y lo que parece ser cuero rompiéndose, o una bolsa de agua siendo explotada—. Deku. —Vuelvo a llamar, pero sigo sin tener respuesta.
—Hermano…
Pego un dedo a mis labios para indicar a Kirishima que cierre la boca. Esto no me gusta nada. Mi corazón palpita a mil por segundo y me estremezco ante una mancha oscura en el suelo.
Temo lo peor.
Corro por el pasillo siguiendo las ocho marcas alargadas que están dibujadas en el suelo, como huellas de dedos.
Mi cerebro está detenido por el pánico, pero la revelación de que parecen ser marcas de arrastre no se despega de mi pecho. El mundo entero parece que está ardiendo. Creo que he dejado de respirar, o de lo contrario estoy respirando tan rápido que apenas puedo notarlo.
— ¡Deku!
Con el pulso revolucionado dentro de mi cuerpo, sigo el camino de sangre en el suelo, derribando todo lo que se interpone en mi camino. Exploto la pequeña mesa con una lámpara en la esquina del corredor, abriéndome paso hasta la cocina y… me hielo ante la visión en frente de mí.
Deku está ahí, sentado a horcajadas sobre alguien. No parece estar herido, pero todo su cuerpo está lleno de ese asqueroso líquido orgánico. Mis pupilas lo recorren lentamente, arrastrándose por todo el grotesco escenario. Deku gira la cabeza sólo un poco, lo suficiente para verme a los ojos con una mirada llena de terror. Sus mejillas manchadas de sangre están inundadas de lágrimas y sus labios tiemblan sin dejar de emitir mugidos inentendibles.
—K-Kacchan…
—Deku, ¿qué has hecho? —Pregunta Kirishima en cuanto llega a la escena y se detiene a mi lado.
Él niega con su cabeza. Está en un estado de shock alarmante. Su cuerpo tenso, sus manos aferradas con fuerza a un cuchillo enterrado en el torso del sujeto sobre el que está sentado. Abre la boca para decir algo, pero sólo balbucea sin decir nada al final.
Entrecierro los párpados, con mis labios sellados clavo la vista en el cadáver debajo de Deku. El tipo viste con un traje oscuro y unas botas para la nieve. Su cabello sucio por las manchas de sangre es de un color rubio opaco y no parece ser muy alto. No puedo ver su rostro porque tiene una máscara con forma de pico muy parecida a la de Chisaki.
Eso lo explica todo, es uno de sus hombres.
Doy un par de pasos hasta Deku, probando el terreno, Kirishima se queda paralizado detrás de mí, asimilando la alucinante situación. Por otra parte, Deku no se pierde de vista ninguno de mis movimientos mientras trato de acercarme lentamente, sus manos siguen aferradas al cuchillo como lo haría un náufrago a la tabla.
—Kacchan, y-yo no quería… él…
—Lo sé —doy otro paso hasta él, haciendo lo posible porque no entre en pánico. Puedo notar que en realidad no se ha dado cuenta de lo que acaba de hacer. Una vez que interiorice el hecho de que ha matado a alguien, su mente se romperá. Tengo que evitarlo a toda costa—. Ven aquí, suelta eso.
—No, no, no, no, no, no… —sacude su cabeza más fuerte, negando con firmeza la realidad que se abre paso en su mente.
Deku deja de agarrar el cuchillo con una de sus manos y sacude uno de los hombros de aquel sujeto.
—Despierta —solloza, sacudiéndolo con más fuerza—, ¡despierta por favor!
El sujeto no responde y, debido a las sacudidas, su máscara se desprende de su cabeza, revelando su identidad.
— ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHH!
Deku grita al tiempo que se aleja del cadáver y de mí. Yo, en cambio, me congelo justo donde estoy, apenas escuchando el jadeo de Kirishima y el resto de los gritos de Deku.
Soy yo.
O mejor dicho, es mi maldita versión infantil.
Deku se aovilla contra la pared, sus manos vuelan a su cabeza y recoge sus rodillas hasta su pecho. Grita desgarradoramente, balanceándose hacia adelante y atrás sin apartar la vista del cadáver. El cuchillo aún está en su mano derecha.
Apenas salgo del shock, hago el amago de acercarme, pero de pronto el suelo comienza a temblar bajo mis pies.
El tiempo se detiene por un cuarto de segundo y la única reacción que tengo es lanzarme inmediatamente sobre Deku para protegerlo justo antes de que todo nuestro alrededor… estalle.
[Fin del primer Arco]
Lloro! He tardado 84 años en actualizar y DEFINITIVAMENTE no estoy convencida con el capítulo. Tantos problemas de redacción, tantas palabras repetidas, quiero morir ;-;
Oficialmente me he quedado sin neuronas. Que historia más difícil, cielos! Me pregunto por qué me complico tanto la vida. Lo más chistoso de todo esto es que originalmente iba a tener sólo dos capítulos. Iba a ser una mierda muy corta, pero gustaba la trama y fue creciendo dentro de mi cabeza cada vez más y más y… lo más seguro es que tendrá cerca de 12 capítulo y puede que incluso más ¬¬
Alguien que me mate ahora mismo!
Hay, perdón por tantas quejas. El capítulo está hecho desde hace días, pero no me convencía esto o lo otro y al final lo subí sin que terminara de convencerme.
A pesar de toooodo eso, espero que lo hayan, al menos, entendido. Ni siquiera espero que lo hayan disfrutado -_-||
En fin, este es el Fin dl Primer Arco. No piensen que la historia se acaba aquí, se acerca el Segundo Arco que además será el final. Ya estoy trabajando en los detalles, porque créanme, esta mierda se complica. Imagínense que el KatsuDeku no es la única pareja que habrá, pero bueno, me rehúso a hacer más spoilers.
¿Opiniones? ¿Teorías? O.o
PD: No me canso de decirlo porque honestamente no termino de acostumbrarme a fanfiction. Gente, si quieren ver esta historia en wattpad, sean bienvenidos. Ahí subo vídeos y fotos con relación a ella, además de que tengo más fics de esta temática que tal vez podrían gustarle.
He intentado poner el enlace, pero no aparece después, así que simplemente pueden poner en el buscador de wattpad el nombre de mi perfi, o el de esta historia. Mi perfil es "Mirai97" ^^
Bye!
