Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

[**]

.

¡Hoooola de nuevo!

Con un poco de retraso os traigo el último capítulo del FIC. Me hace mucha ilusión cerrar esta historia. Me lo he pasado en grande escribiéndola, y como siempre me pasa es una sensación curiosa… Estás contenta por acabar y poder cerrar bien la trama pero a la vez da mucha pena el hacerlo.

Siempre os lo he dicho, no solo durante este FF sino durante todos los que he escrito, QUIERO DAROS MILLONES DE GRACIAS. Yo llevaba años, incluso antes de hacerme cuenta, leyendo muchos fics y nunca me había animado a escribir nada y desde que lo hice con NUEVA VIDA no he parado y es prácticamente mérito vuestro que estáis siempre al otro lado apoyándome y dejándome palabras tan y tan bonitas.

Os quiero dar las gracias personalmente a todas las que habéis seguido o dejado un comentario, es casi como si os conociera después de todos los comentarios que habéis dejado sin faltar capítulo tras capítulos…. Muchas de vosotras en casi todas mis historias (no sólo ésta) y otras que nos leemos por primera vez. A todas vosotras GRACIAS, SIN VOSOTRAS ESTA EXPERIENCIA NO VALDRÍA TANTO LA PENA:

Jane Bells, Diannita Robles, Debynoe, Loquibell, Lidia, Torrespera172, mrs puff, cavendano13, Jimena, Debynoe12, Sandy56, Cathy Melania, Andre22twi, erizo ikki, Cat, OnlyRobPatti, Alejandra, Pera l.t, Flor Mcarty, Marme, Vicky, Vero, Ana, Cary, .58, Chikkita y por supuesto a todos los guest que no me han dejado su nombre para poderlos mencionar.

Ahora sí, os dejo con el epílogo.

.

EPÍLOGO: SIMPLEMENTE

BPOV

.

Contemplaba el paisaje que parecía congelado en el tiempo.

Habían pasado cuatro años desde que mis ojos vieron por primera vez esta cascada y todo seguía igual, incluso a pesar de la terrible mano del hombre que estaba acabando con buena parte de nuestros bosques. Parecía que la naturaleza y el aire puro podían más que cualquier fuerza humana.

Habíamos vuelto a escaparnos, como llevábamos haciendo cada año desde la primera vez, a Salish Lodge & Spa. Cada vez que hacíamos la reserva de la habitación me venía a la mente de la dulce Jane que nos había explicado como ella y su marido lo habían convertido en un ritual. Edward había conducido tantas veces por esas carreteras de curvas con su adorada motocicleta que mi estómago ya no se encogía cada vez que virábamos de un lado o al otro.

Muchas cosas habían cambiado durante estos últimos años pensé mientras me sentaba en la butaca que había al lado del gran ventanal que presidía la habitación y contemplaba a Edward durmiendo enredado entre las sabanas.

Éramos dos personas completamente distintas y a pesar de sonar un poco pretenciosa, éramos mejores.

Nos costó un poco dar el paso de irnos a vivir juntos, a pesar de estar siempre metidos en casa de uno o del otro. El primer año de relación fue probablemente el período en el que más cambios había sufrido en mi vida y me costó mucho adaptarme. Al final, una madrugada después de llegar, nuevamente, a las tantas de la noche del Fantasía me encontré las maletas de Edward en el comedor.

-Me he cansado de ir arriba y abajo. Ya era hora que alguien tomara la decisión y con este gato tuyo es imposible que fueras tú a que se mudara a mi apartamento – me explicó Edward espachurrado en el sofá mientras veía una reposición de un partido de básquet y Croshshancks lo vigilaba atentamente desde el otro brazo del sofá.

Intentamos que mi gata se habituara a la casa de Edward pero fue realmente imposible…. Comenzaba a tolerar la presencia de mi chico así que nos resignamos con ese pequeño paso. A día de hoy…. Bueno, no son los mejores amigos pero ya no hay miradas asesinas cuando comparten habitación. Supongo que es un progreso.

A parte de eso, todo fue bastante más sencillo de lo que pensé, incluso temí, en un primer momento. Edward y yo encajamos muy bien y supimos adaptarnos a los ritmos locos de trabajo que ambos teníamos, siempre sacando tiempo libre para disfrutar.

En estos cuatro años me había resultado imposible encontrar un instante en el que me arrepintiera de las decisiones que tomé cuando finalmente cogí las riendas de mi vida.

Los restaurantes iban maravillosamente bien. Edward y Caius seguían llevando su gestión económica desde su empresa y eso ya me quitaba suficientes quebraderos de cabeza. Y más ahora que me había quedado con La Bella Italia. Edward me dijo que Antonella y Piero habían decidido jubilarse y una cadena de comida rápida se había interesado en el local. Una parte de mí alma se rompió al escucharlo. Ese restaurante era maravilloso. Su comida te hacía viajar a Italia sin necesidad de haber estado allí jamás, y además, tenía un valor sentimental para mí, era el sitio en el que Edward y yo habíamos tenido nuestra primera cita. Así que había aprovechado los beneficios del Fantasía y el Sublime para hacerme con mi tercer local y conseguir mantener la esencia de sus antiguos propietarios.

Edward y Caius seguían al pie de cañón con Volturi & Cullen Assessment. No tardaron en posicionarse como la empresa de referencia en la ciudad como siempre quisieron. Era una locura entrar en las oficinas y verlas bullir con toda la actividad. Y aunque ellos eran dos genios, tenían mucha suerte de tener a Tanya como tercera pieza del puzle. Les sacaba parte del trabajo sin ni tan siquiera pedirlo y les ponía firmes cuando era necesario. Edward siempre había visto el potencial en su antigua secretaria, y sin ninguna duda, no se había equivocado.

-Vaya…. Ya notaba yo que tenía mucho espacio en la cama – murmuró Edward soñoliento mientras se restregaba los ojos.

Se había dado la vuelta y me miraba aun con los ojos hinchados y su pelo hecho un nido de pájaros.

-Eso tiene rápida solución – le respondí contenta antes de salir corriendo para lanzarme sobre él.

-Auch – se quejó, por el placer de hacerlo, cuando caí encima de él. Edward estaba demasiado fuerte para que mi peso le hiciera algo. Seguramente fuera yo quien pagara las consecuencias de mi impulso con algún moratón mañana.

-Quejica – le reté a la vez que le daba un beso en esos labios que se habían convertido en mi hogar.

-Tienes demasiada energía y yo muy poca. Estoy en desventaja – me dijo mientras me atrapaba en sus brazos y nos acurrucábamos en la cama. - ¿A qué hora te has levantado? – me preguntó mientras dejaba besos distraídos por sus pectorales.

-Cuando ha salido el sol… ayer nos olvidamos de correr las cortinas – expliqué.

-Sí, bueno estaba mucho más interesado en ti que en esas insípidas cortinas – se burló mientras me acercaba nuevamente. – No todos los días consigo que me des el sí quiero. – acabó dulcemente.

-Sí, supongo que esa es una buena excusa – bromeé con él.

Edward había insistido mucho... Muchísimo en que quería casarse conmigo. Yo fui un poco más reacia y no porque no lo quisiera, solo él sabe cuánto lo quiero… Pero no veía la necesidad de que en pleno siglo XXI, tener que formalizar nuestro amor de esa manera, pero él siguió insistiendo hasta ayer.

Salimos de Seattle bien pronto por la mañana. Nos cogimos todo el viernes libre para tener más horas de relax, como siempre hacíamos, y cuando llegamos al hotel, fuimos a dar un paseo por el pueblo. Se había convertido en nuestra rutina. Cuando estábamos aquí era como si nuestra vida en la ciudad se difuminara y solo existiéramos nosotros dos.

Había un pequeño restaurante que hacía mi boca agua y Edward, que ya me conocía, sabía que cuando había comida de por medio mi razonamiento se nublaba me propuso matrimonio. Todas mis barreras cayeron al ver el anillo sobresaliendo y perfectamente resguardado en el postre de chocolate, fui incapaz de negarle nada. Lo que nunca pude imaginar es que esa misma tarde pasaría a ser la mujer de Edward Cullen.

Al parecer, Edward no tenía ninguna intención de perder el tiempo.

Cuando acabamos de comer me llevó al ayuntamiento local y nos casamos esa misma tarde. Edward había hecho los trámites las semanas previas. Según me explicó llevaba bastante tiempo ideando su plan y la última vez que vinimos de visita, hace ya casi seis meses, hizo todas las averiguaciones preparando todo lo necesario para no tener ningún impedimento una vez obtuviera mi sí.

-¿Qué hubieras hecho si te hubiera dicho que no? – le pregunté levantando la cabeza de su pecho y mirándolo.

Edward se sorprendió por mi pregunta pero después sonrió de medio lado.

-Ambos sabemos que con ese postre de chocolate no podía fallar – me contestó presumido haciéndome indignar –

-¡Edward! Te lo pregunto en serio – le repliqué dándole un pequeño manotazo en su estómago.

-Eh, eh, estás muy violenta esta mañana – se quejó dramáticamente mientras se reía y me atrapaba más estrechamente en sus brazos impidiéndome el movimiento. – No lo hubieras hecho. – declaró seguro captando nuevamente mi atención.

-Pretencioso – sentencié para hacerle explicarse.

-Me quieres – afirmó seguro, como si hubiese declarado que la tierra se mueve – Y sé que aunque no es tu prioridad me quieres y quieres hacerme feliz… Así como tampoco supone una gran diferencia ni para bien ni para mal no te ibas a negar. – me explicó acertando en su deducción.

Era cierto que el matrimonio nunca había sido una prioridad para mí. Nunca he sido de esas niñas que sueñan con su vestido o con "su gran día" pero si eso hacía feliz a Edward estaba feliz de hacerlo por él.

Edward me había enseñado que en las relaciones no se trata de ganar o perder, sino de ser feliz y hacer feliz a la persona que te acompaña. Eso es lo que nos deja la vida. Lo que nos llevaremos cuando todo acabe y si Edward era feliz con algo tan sencillo como un matrimonio yo no iba a ser la que se opusiera tercamente.

-Sabes… hubo un tiempo en el que esa explicación hubiese hecho que mi mente explotara, pero tienes razón… Simplemente te quiero – le di la razón.

-Simplemente – declaró divertido antes de atrapar mi cara para besarme como solo él sabía hacer.

Sentí como nos giraba, aun sin apartar nuestros labios, quedando encerrada entre el colchón y su cuerpo. Nuestros cuerpos se amoldaban y acomodaban casi instintivamente. Era mágico.

-Porque de eso de ser padres…. Ya lo dejamos mejor para otro día, ¿no? – me preguntó divertido.

-¡Edward Cullen no tienes remedio! – bromeé con él mientras lo atraía hacía mi de nuevo. Mejor que tuviera su boca ocupada.

Estaba segura que algún día seríamos padres, pero seguía queriendo disfrutar de él. Nosotros dos y nuestros amor únicamente.

Un poco más…. Sólo un poco más.

*.*.* FIN *.*.*

.

[**]

.

NA:

Espero que os haya gustado tanto como a mí me ha gustado escribirlo.

Os debo el Outtake de Caius, no se me olvida, pero no sé cuándo lo podré subir. Os prometo que en cuanto lo tenga lo tendréis ;)

Muuuuchisimos saludos.

Y como siempre, nos leemos en el próximo ;)