Caminando hacia el trabajo, y luego de la intensa experiencia de la mañana, me di la libertad de contemplar el paisaje a mi alrededor. Puedo ver niños jugando sin sentir las preocupaciones de la vida adulta, sonriendo, corriendo, con inocencia y admiración por el mundo que los rodea. Claro que ha de ser sorprendete, ¿quién puede olvidar lo mucho que se sorprendía de todo cuando sólo era un niño? Ah, mi infancia, vaya que fue muy bonita, no recuerdo casi nada de esos tiempos, pero aunque sea así, las emociones que sentí son imborrables. Un mar, dos chicas, una que siempre se traía el uniforme de marine de su padre y se llevaba un buen castigo cada vez que hacía eso, y otra que creó una comida... No sé si llamarlo así, lo que sí recuerdo es la grandísima indigestión que nos dio por comer mandarinas asadas. Fue de lo más raro... ¿Qué es todo esto? Una sensación de vacío en mi pecho... Debo apuntar esto rápido, se me va a olvidar, debo sacar una libreta, ah, ¡no tengo tinta! No puede ser, lo olvido todo, ¡una tienda! Rápido.
-¡Un lapicero por favor!
-Esta bien joven, nada más calmese por favor.
-¡Por favor, el lapicero!
Se me olvida todo, se me olvida, ya tengo el lapicero en mano, pero no puedo recordar qué iba a escribir, pongo mi mano dispuesto a poner en el papel lo que sea que venga a mi mente y... Lo olvidé.
Vaya, soy un tonto, un baboso, un idiota, debí estar prevenido desde lo de la mañana, pero no, nuevamente vienen a mi mente estos fugaces recuerdos y se me olvidan. ¡Ah, estoy molesto conmigo mismo!
Le pago a la señora el bolígrafo y me pongo en camino hacia la redacción. Rodrigo está esperandome ahí. Él es tres años mayor que yo, es fotógrafo y siempre vamos a tomarnos un jugo y un postre antes de salir a buscar noticias para nuestro director sediento de primicias. Él ya lleva cuatro años de experiencia, mientras que yo apenas empiezo.
-Buenos días.
-Oh, buenas. ¿Qué tal? ¿Aún tienes sueño? Acostúmbrate de una vez, esto es el pan de cada día para un hombre de prensa.
-¿Parezco tener sueño?
Estoy seguro que me veo muy alerta y despierto después de lo que me pasó.
-Pues no, pero esas ojeras no te las quitas ni con el café más cargado del mundo.
¡Ohh, mis ojeras! Ahora que recuerdo, casi no he dormido. Mi amigo y colega se reía y sentí que debía hablar con él sobre mi situación.
-No he estado durmiendo por culpa de unos sueños extraños.
-¿Uhm...? ¿Pesadillas?
-No, nada que ver. Es algo difícil de explicar, necesito que tomes en serio este asunto.
Pude ver que su expresión apenas cambió.
-Cuentame
Ya habíamos terminado nuestra merienda cuando empecé a platicarle sobre mis sueños y como las cosas habían empezado a cambiar en ellos desde el intento de asesinato del Señor Matsuura. Parecía no entender y se veía confundido y extrañado. Cuando terminé y esperaba una carcajada, se puso serio y dijo:
-¿Lo dices en serio?
-Sí.
Y empezó a reírse. Se rió un buen rato, me estaba arrepintiendo de haberle contado, cuando me dijo:
-Te creo, Sam, pero no puedo evitar reírme, sé que es serio, pero también suena absolutamente ridículo.
En ese momento llegó nuestro jefecito y nos encargo un trabajo.
-Buenos días muchachos, el día de hoy, sábado, quiero novedades en espectáculos. Les recuerdo que tienen programada una entrevista con la gran artista Kotobuki Tsumugi, vayan y hagan un buen trabajo, ¿sí?
Oh,vaya, ¡esto es un gran honor! La gran Kotobuki Tsumugi es una reconocida tecladista, oportunidades y experiencias como esta son la razón del por qué llegué a este trabajo.
-¿Qué tanto piensas, eh? Apúrate Sam, no voy a esperar todo el día, esa belleza me espera, te apuesto a que obtengo su número.
-Ya voy, ya voy.
