–Pues... ¿Por dónde empezamos? Mmm, creo que sería bueno iniciar diciéndote que no estás loco. De hecho, es irónico que sientas que esa señorita es parte de tu imaginación. El hecho de que hayas cedido a la posibilidad de que su existencia sea real y me lo hayas contado da muestra que, por muy loco que fuera para ti, notabas que era muy díficil que se tratase de un simple sueño. ¿Qué crees que hace que, a pesar de que no estés loco, hayas podido creer algo así?

–No lo sé.

–Muy simple: siempre, no en tu memoria, sino en tu corazón, sabías que ella sí existía. Tus recuerdos han sido distorsionados, pero como suelen decir por ahí, uno puede olvidar las acciones de una persona, pero nunca lo que le hizo sentir. Se llama You, ¿no? Espera, ya recuerdo, se llama You Watanabe.

–¿Como sabes mi nombre?

–Oh, qué lindura, un peluche preguntando eso. Ciertamente esto es muy extraño. Pues yo los conozco a ustedes dos. Y podría decir que la razón por la que de alguna manera te aferraste a ella, es porque en el pasado formaste el vínculo más importante de tu vida con ella. Ohhh, ¿te sonrojas? ¡Ja! ¿Enamorado de un peluche? Estos jóvenes de hoy...

–¡Solo somos amigos!–Dijeron en coro.

–Esta bien, tranquilos muchachos. Ah, ¿donde me quedé?

–Algo que llama mi atención es que dijiste que es irónico que yo pensara en You como un sueño.

–¡Ah, sí! Como decía, has podido mantener al menos la sensación de que ella existe. Pero hay otro factor que ayuda. Esto último es muy díficil de creer: la razón por la que digo que esto es irónico es debido a que, en teoría, eres tú quien no debería existir.

Hay silencio en el departamento. Sam luce extrañado, confundido. El peluche está jugando con el Sawyer. Esas palabras suenan como las que diría alguien que tiene odio hacia ti, y el joven periodista mentiría si dice que no le afectó escucharlo. Es más, es como si hubieran revivido un antiguo dolor, como si le hubieran dicho antes lo mismo. Esas palabras, junto a ese sentimiento de tristeza, le hicieron creer que sí era así.

–Disculpa, no quise ofender. Lo que sigue a continuación es aún más difícil de creer. Oh, antes de continuar, quería esclarecer cualquier duda sobre mi identidad. Soy Rodrigo Edwards,...

–Eso ya lo sé.

–...miembro de la Agencia.

–¿Eh?

–Tal y como oyes. Y esos dos que iban tras de ti en tu "sueño" no son más que mis colegas. Nunca, ni tú ni la señorita, estuvieron en peligro.

–Yo se lo dije, pero no me hizo caso, parecia que huía de algo muy malo. En cuanto a mí, puedo decir que me trataron muy bien. Desayunamos y comimos juntos, los dos fueron muy educados.

–Puedo entender eso. ¿Sabes por qué no te asustas de mí y sí de ellos? No se debe a que seamos amigos como podría parecer. Si no me equivoco es por la insignia que ellos traían en el pecho. Eso también es una sensación que has conseguido mantener. Tú tienes una concepción de lo que eso significa, pero ella no piensa igual. Ese símbolo es de la Agencia, es nuestra insignia.

–En realidad, no tenía idea de quiénes son, solo me asusté al verlos.

–Y por huir de ellos y no dejarlos hacer su trabajo tu amiga casi muere. Esa es la razón por la que me vi forzado a intervenir. Pero tranquilo, no te culpo de esto, quizá en tu situación yo haría lo mismo.

–Por cierto, muchas gracias por salvarla.

–Sí, ¡muchas gracias! Yousoro~

–No hay de qué. Terminemos con la explicación. Ya que sabes quién soy realmente, entonces las cosas se hacen más fáciles de entender. En la Agencia nos encargamos de mantener la paz y el orden y como organización solíamos estar muy bien. Sin embargo, hace unos años notamos una anomalía, ocurrió un desfase, un desequilibrio, algunas cosas empezaron a distorsionarse. Por ejemplo, ciertas personas empezaron a desaparecer, y el clima de algunos lugares se vio afectado de manera súbita. ¿Quieres saber qué lo causaba?

–¿Quién?

–Tú, Sam.

–Esta vez si te estas pasando, no bromees y explícame a qué te refieres con eso.

–No es broma. Cuando estuvimos tratando de averiguar qué era lo que estaba pasando en nuestro mundo descubrimos una nueva forma de vida y una amenaza evidente para nosotros.

Ya era casi de madrugada, pero la curiosidad invadía a Sam, tanto así que no podía dormir, y quería escuchar cuanto antes la explicación de Rodrigo.

–En resumen, te descubrimos a ti. Tenemos dos teorías sobre ti: una es que vienes de un mundo alterno con leyes físicas diferentes a las nuestras, otra es que apareciste en algún momento mucho más antiguo que la misma Tierra y desarrollaste tus habilidades hasta el punto de poder manipular la realidad. Resultaste ser una amenaza debido a que podías afectar algunas cosas de nuestro entorno que es pecado manipular: cosas como hacer que un tren vuele, hacer bailar muñecos. Aunque pueda parecer divertido, para nosotros tú afectabas la materia de manera letal.

–Entonces, ¿qué soy?

–La mejor respuesta que puedo dar a esa pregunta sería: un ente superior. No mentiré, al principio, al vernos en peligro, intentamos de manera abrupta matarte, cosa que no resultó.

–Ohhh...

Eso sonaba aún más extraño, Sam se reconocía como alguien que no buscaba ni quería tener problemas con nadie. Escuchar esas palabras lo afectó. Watanabe-san miraba al cielo estrellado de Tokyo desde la ventana del apartamento número 701 y se sentía muy feliz de haber salido de allí, no prestaba mucha atención a lo que los otros dos decían, extendió sus felpudas "manos" y dijo para sí misma unas palabras que provenían de lo profundo de su memoria: "Chika-chan, este es nuestro milagro. ¡Aqours! ¡Sunshine!". Abrió los ojos y pensó en lo que acababa de pasar por su mente... "Chika-chan es un nombre muy bonito. ¡Oh, no he olvidado! Pero sigo sin entender quién es, solo sé que es alguien a quien no podría olvidar nunca". Mirando a la ciudad, y habiendo confirmado su existencia, pensó: "Nos volveremos a ver". Con una sonrisa y el corazón rebosando de esperanza volteó a ver a Sam quien no parecía estar disfrutando de la conversación.

–¿Pasa algo?

–No, nada. Tranquila.

Mientras You pensaba en sus recuerdos, Rodrigo había terminado de explicarle su situación:

–No podíamos hacerlo, simplemente ni te podíamos tocar. Es entonces cuando me decidí a intentar dialogar contigo y te pedí que dejaras de alterar el flujo de la realidad. En ese momento, lo recuerdo muy bien, dijiste secamente pero con mucha amabilidad: "Está bien, no hay problema". Y así quedó tu situación, dejamos de seguirte pero no de investigarte, muestra de ellos es el hecho que después de mucha investigación pudimos desarrollar este guante que me permitió poner el alma de You a salvo.

–Todo eso que dices resulta difícil de creer, en serio. Tengo muy en claro quién soy, tengo recuerdos de mi existencia como una persona normal, ¿y ahora vienes tú a decirme estas cosas?

–Pues... Fui yo quien te puso esos recuerdos. Esta explicación se va a alargar más, amigo mío.