Hace 17 años, Katsu Watanabe le daba un beso en la frente a su hija en su habitación repleta de juguetes y marionetas. A la pequeña solo le quedaba aceptarlo, su padre tenía trabajo y por muy triste que la pusiera, tenía que irse por otros tres meses.
–Papá, no quiero que te vayas.
Katsu sintió un vacío en el corazón al escuchar a su niña diciendo eso.
–Papi tiene que trabajar, cariño. Prometo que regresaré. ¡Con más juguetes!
Habían pasado la última semana paseando, fueron al muelle, la hizo pasear en su barco. Hubo un festival en Numazu, en el cual el marine favorito de You les regaló a su hija y a su esposa dos peluches que ganó en los juegos que estaban ahí. Vieron los fuegos artificiales, You estaba sobre los hombros de su padre y él estaba tomando la mano de su madre. Su esposa sabía que iba a irse por un tiempo largo otra vez e intentó disfrutar lo más que pudo los días que tuvo junto a él. Siempre que él partía, ella estaba siempre velando por él, eran una pareja feliz cuyo único problema quizá era que la distancia les impedía pasar más tiempo juntos.
–Papá, ¿lo prometes con el meñique?
–Claro, será una promesa del meñique.
–Te voy a extrañar mucho, papá.
–Oh vamos, no es para tanto. Estaré de vuelta cuando menos te lo esperes. Permíteme contarte un cuento antes de que cierres tus ojitos, ¿está bien?
–Sí, por favor.
El hombre de altamar se enterneció frente a la dulzura de su pequeña hija y pasó de lucir siempre imponente a mostrar su lado más cómico y sensible mientras narraba su historia; con tal de que ella pudiera irse con una sonrisa a dormir.
–Zensoku senshin...
–Yousoro!
–¡Esa es mi marinerita!
Ya era algo tarde y ella se quedó profundamente dormida. Le puso la frazada encima y fue a despedirse de su esposa.
–Eres el mejor esposo y padre del mundo.
–Oh vamos, no digas eso, me sonrojas.
–Te vamos a extrañar. Mucho.
Él se acerca y le da un beso.
–Debo irme, Emmie–le susurró suavemente
–Lo sé. Cuídate, cariño.
Luego de un largo abrazo, él va hacia la puerta dejando un sentimiento extraño en su amada. Se siente como si algo estuviera mal. Siente como si tuviera unas palabras más que decirle, pero no sabe qué es. Y simplemente lo ve salir.
En algún momento, mientras su barco estaba en altamar, Katsu miraría a las estrellas y sentiría el peso del mundo sobre su alma. Dos semanas después, en el diario local de Numazu, se publicó una nota sobre el hundimiento del barco en el que iba el padre de You.
Emmie leería la noticia y no haría más que llorar durante todo el día. You no lo entendía del todo, pero cuando pasados tres meses su padre no regresaba y había un altar de él en la casa, por fin pudo entender que su padre había dejado este mundo. Fue a su cuarto y su llanto no se hizo esperar.
En ese momento, un alegre joven disfrutaba de la vista nocturna de Tokyo desde lo alto de un rascacielos. Hace unos meses había estado en un festival en una región costera y se quedó perplejo cuando una niña de ojos azules lo saludó. Nadie podía verlo, así que eso era muy extraño. Katsu y Emmie aún no llegaban a la cima de la colina, You había llegado primero, lo saludó y se fue. Vio si por ahí no había nadie más y en efecto así era. Después en la noche se quedó a observar el festival y el espectáculo de fuegos artificiales y a lo lejos pudo ver a la misma niña junto con su familia. A la par que pensaba en lo bonito que sería tener una familia, su sorpresa por el hecho de que la niña lo haya visto aún no cesaba. Se podría decir que se sentía un poco solo, y le tenía un poco de envidia a You. Solo atinó a sonreír e intentar dejar de pensar en tan curioso evento. Unos días después, fue a dar una vuelta por el vasto océano. Era una travesía que solo él podía darse el lujo de disfrutar, alternándose entre el cielo y el agua.
A lo lejos, vio un barco y se acercó al mismo, y quedó un poco sorprendido al ver a alguien que había visto hace poco: se trataba de nada menos que el padre de You.
Después de irse de ahí, estuvo deambulando por otros lugares, siempre pensando en lo que había pasado en Numazu.
Mirando la ciudad desde lo alto, podía sentir que era muy pequeño en comparación al mundo. Bajó volando para acercarse con las personas y escucharlos y contemplarlos. Muchos sufrían, otros estaban muy contentos. Él, quien no sabía quién era, ni por qué existía, había asumido desde hace muchos años que su propósito en este mundo era complacer los deseos de la gente de buen corazón que se cruzaba en su camino. Nadie le había dicho lo contrario y estaba satisfecho con ese destino de tal manera que no se atrevió a buscar otras posibilidades para sí mismo. Vivía para los demás.
–Qué extraño ruido.
Hace ya un buen rato que está escuchando algo. Y sabe muy bien que quien lo hace no está cerca, ese ruido viene de muy lejos.
–Ya... No llores por favor.
Cansado de oir lo que ahora ha comprobado que es un llanto, va directo en dirección hacia el sonido. En el camino se sorprende cuando se ve regresando a donde había estado hace poco. El llanto no es fuerte, pero persiste en su cabeza y se siente un poco de desolación al escucharlo. Acercándose cada vez más, llega por fin a la costa de Numazu, y finalmente a la ventana de la pequeña You, quien llora porque su padre nunca más va a regresar junto a ella.
Él la mira un momento.
–Ah... ¡Tú eres...!
Sí, ella fue quien aparentemente pudo verlo. Al ver los juguetes y las marionetas que estaban en su habitación, pensó en algo para animarla.
–¡Ya sé! Es algo tarde y debería tomar esto como un sueño, no creo que haya problemas después.
De las puntas de sus dedos salieron pequeños hilos de un color azul brillante y con ellos tomó posesión de sus juguetes. Entonces, empezó el espectáculo de marionetas más impresionante y hermoso que ella vería y también sería la única espectadora. Fue un musical interpretado por las marionetas acerca de los marines. Si bien no pudo hacerla sonreír, por lo menos logró calmar su llanto. Lo que él no sabía es que ella podía verlo claramente ahí manipulando sus juguetes, y que a partir de ahí, jamás podría olvidarlo. Así es como se conocieron Sam y You.
