Bienvenidos al tercer capítulo de mi historia. Espero que hayan disfrutado los capítulos hasta ahora. Todavía estoy pensando en cómo continuar la historia, así que cualquier comentario, duda o sugerencia son bien recibidos. Sin más preámbulos, vamos a lo que nos convoca. Nos vemos del otro lado del capítulo.


Capítulo 3: El Centro Comercial

Rukia se encontraba exhausta luego de haber corrido las varias cuadras desde la casa de Ichigo hasta el centro comercial. A poco camino, se había encontrado con un Hollow mediano, y por algún motivo, no quiso molestar a Ichigo, así que ella misma se encargó de él. A pesar de estar completamente recuperada con sus poderes al máximo, se demoró más de lo esperado. Definitivamente aquellos meses de inactividad le habían pasado la cuenta, por lo cual apuró el paso hacia su destino. Una vez dentro, se sentó e intentó recuperar algo el aliento, ignorando algunas miradas curiosas debido a lo cansada que se encontraba. Justo antes de pararse, vio a lo lejos a un inconfundible pelo naranja. Recordando que ambos iban al mismo destino, estuvo a punto de acercarse a hablarle, pero prefirió quedarse en su sitio y observarle. Después de todo, casi nunca había tenido la oportunidad de ver como se comportaba Ichigo cuando ella no estaba cerca. Observó que Ichigo miraba pensativamente a un grupo de chicas que conversaban animadamente, también lanzándole algunas miradas, aunque Ichigo parecía no darse cuenta. Extrañamente, Rukia se sentía algo molesta con la actitud de las chicas. Sentía algo parecido a la rabia cuando miraba a todas esas chicas mirar a Ichigo, obviamente hablando de él, y a este, sin mostrar reacción alguna. ¿De verdad era tan ingenuo para no darse cuenta, o simplemente lo hacía para parecer más cool enfrente de ellas? Ninguna de las dos opciones le gustaba. Pero de pronto se dio cuenta de que lo que estaba sintiendo se parecía sospechosamente a… celos. ¿Ella, una Kuchiki, celosa? La simple consideración de algo así era ridícula. Pero aun así, eso no disipaba aquel sentimiento en su interior. Se disponía a irse cuando vio a los amigos de Ichigo llegar, y mostrarle algo que estaba en el interior de una mochila, a lo que Ichigo se mostró sorprendido. Se preguntaba de qué podría tratarse cuando se dio cuenta de que se dirigían hacia donde estaba ella, seguramente hacia la salida. Sin perder tiempo, se escabulló para que no pudieran verla. Sin embargo, no notó que Mizuiro alcanzó a divisarla antes de que se fuera.

Rukia, sin perder tiempo, se dirigió al punto de reunión acordado con las chicas, un café Starbucks que se encontraba en el mall. Ellas, por su parte, ya estaban instaladas cuando Rukia llegó.

- Hey Rukia, al fin llegaste – la saludó Tatsuki.

- Hola chicas, ¿cómo están? – saludó cordialmente Rukia, dándole un beso en la mejilla a cada una.

- Ahora mismo estábamos hablando acerca de ti, Rukia – dijo una sonriente Rangiku.

- ¿Ah, sí? – se sorprendió Rukia, no tenía idea de que podrían haber estado hablando.

- Claro que si – repuso Tatsuki – No creerás que vas a escapar para siempre, ¿verdad?

A Rukia le cayó una gotita por la cabeza. Ya entendía de qué iba todo esto.

-Tatsuki tiene razón, Rukia – dijo una sonriente Rangiku – Así que dinos, de una vez por todas ¿Qué hay entre tu e Ichigo?

Minutos después, las chicas caminaban por una tienda de ropa del centro comercial, Rukia aún con las mejillas encendidas. ¿Por qué tenían que suponer que había algo más que una simple amistad entre ella e Ichigo? Eran amigos, eso era todo. Aunque cuando volvió a recordar a Ichigo, sus mejillas se encendieron aún más. ¿Por qué justamente ahora se les había ocurrido molestarla? Suspiró, derrotada. Quién sabe…

Quizás tuvieran algo de razón después de todo.

Tatsuki, mientras tanto, observaba la cara sonrojada de Rukia, divertida. Todo había surgido como una simple broma, pero parecía que, sin querer, habían dado en el clavo. Por su parte, Orihime se limitaba a caminar en silencio junto a las demás chicas, sumida en sus propios pensamientos. ¿Realmente su amiga Rukia sentía algo por Ichigo? Después de que se lo hubiesen explicado (*), ahora entendía mucho mejor lo que significaba que tanto ella como Rukia tuviesen sentimientos parecidos hacia Ichigo, lo que quería decir que solamente una de ellas podría cumplir su objetivo, mientras que la perdedora se tendría que resignar a ver a Ichigo con la otra. No quería tener que pasar por eso, quería a Ichigo, y apreciaba a Rukia. ¿Cómo poder evitar alguna situación como aquella?

Luego de caminar un poco, tanto Rukia como Orihime fueron sacadas bruscamente de sus pensamientos, luego de escuchar un agudo grito por parte de su compañera Rangiku. Ambas miraron simultáneamente a ver cuál era la causa del alboroto, y lo comprendieron casi instantáneamente.

Ante ellas se erguía, imponente, el montículo con la ropa interior más impresionante que jamás hubieran visto.

- AAAAAAAHHHH! ¡Alguien golpéeme, por favor, es demasiado bueno para ser verdad! – Continuaba chillando una emocionada Rangiku - ¡AUCH! No era en serio – hizo un puchero. Tatsuki la había tomado un poco demasiado literalmente.

- Oh, vaya, lo siento, lo hice sin pensar – dijo una ruborizada Tatsuki.

- No importa, olvídalo – dijo una ya totalmente recuperada Rangiku – ¡Mejor concentrémonos en el tesoro que tenemos en frente! – dijo, con estrellas en los ojos.

Internamente, cada una de las chicas le tuvo que dar la razón. Había demasiada ropa, y demasiado barata como para dejar pasar esta oportunidad. Casi sin pensarlo, y al unísono, Rangiku, Orihime y Tatsuki escogieron unas tres prendas cada una y fueron corriendo hacia los probadores. Rukia, estupefacta, se quedó mirándolas fijamente.

- ¡Rukia-san, apúrate, trae unas prendas y ven a probártelas! – gritó desde dentro de los probadores una entusiasmada Orihime.

Solo ahí Rukia pareció reaccionar - ¡Ah, ya voy! – dijo mientras apresuradamente se disponía a coger unas prendas y a caminar hacia los probadores. Esto iba a resultar más interesante de lo que pensaba.

Por su parte, cierto pelinaranja no la estaba pasando tan bien. Después de haber terminado con las cervezas, se habían puesto a consumir el ron, mezclado con Coca-Cola, cada uno con su vaso. Sado y Mizuiro estaban absortos jugando póker en la mesa, mientras Ichigo y Keigo se entretenían en el PlayStation jugando un popular videojuego de fútbol.

- ¡Qué pasa, vieja! – Gritó un emocionado Keigo, a la vez que lograba superar a la defensa de Ichigo en el juego - ¡Hace mucho tiempo que no juegas, Ichigo, te estoy dando una paliza! – dijo socarronamente.

- Cállate, idiota – gruñó un molesto Ichigo. Le molestaba sobremanera perder en cualquier cosa, hasta en un videojuego. – Ya verás, sólo estoy calentando… - Keigo no lo dejó terminar.

- ¡Uuuuy señores, está solo frente al portero, va a disparar, lo tiene ahí mismo…. GOOOOOOOOOOOOOOLLLLL, GOOOLAAAZOOOOOO! – Gritó con toda la fuerza de sus pulmones, a la vez que golpeaba el hombro de Ichigo, a modo de reto - ¿Qué pasó, ah? Mejor dejas de "calentar" y juegas en serio, o te voy a llenar la canasta – sonrió ampliamente.

Ante esto la vena que había aparecido en la frente de Ichigo parecía estar a punto de reventar. Utilizando toda su fuerza de voluntad, suspira profundamente y apura el vaso de ron que tenía a su lado de un solo trago. Frunciendo levemente el ceño, se dispuso a reanudar el juego.

- ¡Eh, Keigo, el ron se acabó y ni siquiera estamos prendidos! – gritó un concentrado Mizuiro, sin despegar los ojos de sus cartas. – All In. – dijo, mientras apostaba todas las fichas que tenía, un montón nada despreciable, y daba vuelta sus cartas, un Kaiser y un diez de espadas. Las cartas en la mesa eran un as de corazones, un diez de corazones, un cinco de trébol, un cuatro de pica y un dos de diamante.

- Hmm – murmuró Chad, a la vez que revelaba sus cartas. Se trataba de un par de ases, uno de trébol, y otro de diamante.

- ¡NOOOOO! – gritó un desconsolado Mizuiro. - ¿Cómo es posible que me ganes justo cuando me haya ido All In, cuando había ganado los cinco juegos anteriores? ¡No es justo! – reclamó.

- Mala suerte, Mizuiro – dijo un impasible Chad.

- Eh, Chad, Mizuiro, si ya terminaron de jugar vayan al negocio de la esquina y traigan Vodka o algo, no podemos seguir si no tenemos nada para consumir – dijo un concentrado Keigo.

- Ya vamos… vamos Chad, el negocio está como a dos cuadras – dijo Mizuiro, mientras él y Chad salían por la puerta.

- ¿En qué estábamos?... Ah sí, te estaba dando tu paliza – dijo un sonriente Keigo.

- No te sobres mucho, idiota, el partido aún no termina – gruñó Ichigo.

Por su parte, las chicas se encontraban disfrutando como nunca. Rangiku y Orihime estaban entretenidas buscando entre las tallas de sujetadores más grandes, mientras Tatsuki y Rukia buscaban en las de menor talla, ambas algo celosas internamente.

- ¿Crees que tenga que ver con la comida? – Le susurró Tatsuki a Rukia – He oído que si comes mucho pollo es posible que crezcan un poco más… - terminó, algo sonrojada.

Rukia, por su parte, se encontraba pensativa. Nunca se sintió acomplejada ni nada por el estilo, pero tenía que reconocer que al encontrarse al frente de tales pesos pesados se sentía un poco… incómoda. – No lo sé, no he oído nada así. En todo caso, todavía te queda tiempo para crecer, no te preocupes. – le dijo a Tatsuki, tranquilizadoramente. Ella por su parte no podía decir lo mismo, es decir, ya había tenido tiempo de sobra, pero al transcurrir el tiempo más lentamente en la Sociedad de Almas, nunca se había preocupado de algo así. Era cosa de fijarse en Yoruichi, quien había tenido tiempo de desarrollarse de sobra en cien años.

Luego de su pequeña conversación, Rukia se dirigió a los probadores para ver qué tal le quedaba una fina pieza de encaje que le había llamado la atención. Mientras caminaba hacia allá para probársela, todas las chicas se reunieron afuera de los probadores mientras esperaban a Rukia.

- Eh, Orihime, ¿encontraste algo que te gustara? – le preguntó Tatsuki a su amiga.

- Sí, me llevo esta – dijo la aludida mientras mostraba un bikini de color rojo con bordados. - ¿Tu llevas algo? – le inquirió a su amiga.

- Nah, no encontré nada que me gustara – dijo Tatsuki encogiéndose de hombros. - ¿Qué hay de ti, Rangi…? – no alcanzó a terminar, pues esta estaba completamente tapada de una montaña de diferentes conjuntos.

- No te preocupes, solo llevo estos – dijo, sin darle importancia. Tatsuki y Orihime simplemente observaban con una gota en la cabeza.

- Eh, Rukia, ¿estás lista? – le preguntó la rubia.

- Si, ya voy – respondió Rukia, mientras terminaba de observar que tal le quedaba la prenda. Se trataba de una pieza de encaje negro, que la hacía sentirse muy confiada al usarla… uno nunca sabe si se necesita seducir a alguien, sonrió.

Al salir, se dirigió a pagar las prendas que iban a adquirir junto a las chicas, y levantó una ceja levemente al ver el montón de ropa que Rangiku cargaba. Ya conocía los hábitos de compra compulsivos que poseía la shinigami, aunque nunca dejaron de sorprenderla por completo.

- Eh, chicos, ¿que les parece si jugamos a algo? – dijo un ya más animado Keigo.

- ¿De qué se trata? – preguntó Ichigo, con algo de curiosidad.

- Ponemos este mazo de cartas y si, por ejemplo, sale un rey, tomamos todos, si sale un cuatro hay que decir una frase antes de tomar y así… - respondió Keigo.

- Dale, suena divertido – respondió animadamente Mizuiro.

Lo que ninguno de ellos sabía era que esto sería simplemente el principio de la noche.


Y bien, al fin me decidí a continuar esto. Con respecto al juego, en realidad existe, y aquí es llamado "Cultura Chupística". Se trata de, como se menciona, de poner un mazo de cartas dadas vuelta, y dependiendo de la carta que sea sacada, el juego que vendrá. Por ejemplo, penitencias, toman solamente las mujeres, toman los hombres, cascada (destructor), frase antes de tomar (intenten decir "Por una copa de vino me descorazonaría" después de unos cuantos ron y vodka jaja), etc.

Con respecto a la historia, seguiré viendo en qué continúa, así que esperen, que ya viene. Nos vemos en el próximo capítulo.