Y aquí está el cuarto capítulo. Ojalá que la espera no haya sido tan insoportable jaja. Ya llegamos al cuarto capítulo de esta historia, y quiero aprovechar para agradecer a todos aquellos que han sido tan amables de dejar un review con su opinión acerca de este fic, y también a aquellas personas que la han agregado a sus alertas o a favoritos, de verdad, muchas gracias. También a aquellas que simplemente leen sin dejar review ni nada por el estilo, el simple hecho de que se tomen el tiempo para leer (y, espero, disfrutar) esta historia ya es suficiente. No quiero obligar a nadie a dejar algún review si es que está muy ocupado, o si simplemente le da flojera postear, pero quiero que sepan que un par de líneas significan mucho, así que de antemano les agradezco. Ah, y les recuerdo que utilicen la técnica descrita en el primer capítulo, así disfrutan más la historia. Creo que ya me extendí lo suficiente en esta intro, así que les dejo con el capítulo.
Capítulo 4: El Juego
Un mazo de cartas se encontraba desparramado con sus cartas dadas vuelta alrededor de un vaso de whiskey vacío. Al lado del vaso, había una hoja de cuaderno suelta, con unas palabras garabateadas en ella, referentes al valor de cada carta. Por ejemplo, un dos significaba cascada, un tres significaba frase antes de tomar, y así cada carta. Keigo, Ichigo, Mizuiro y Chad se encontraban sentados alrededor de la mesa central, cuadrada, cada uno en un lado de ella. Al centro se encontraba el vaso y las cartas.
- Está bien, Ichigo es el primero en sacar – dijo Keigo.
- Bueno – dijo Ichigo. Sacó una Jota de trébol, lo que significaba…
- Hmm, veamos… sip, "Nunca Nunca". – dijo Mizuiro.
- ¿"Nunca Nunca"? – inquirió Ichigo. Nunca había escuchado nada por el estilo.
- Sí, Nunca Nunca. – respondió Keigo. – Es un juego para sacar información de quien quieras. Tú dices "Yo nunca nunca…" y lo que quieres saber de esa persona. Aquella persona que haya hecho lo que tú dijiste tiene que tomar. Por ejemplo, si yo digo "Yo nunca nunca he bebido alcohol…" tengo que tomar, y ustedes también. ¿Entendiste?
- Si, por supuesto. A ver, veamos… - Ichigo se puso a pensar en algo que siempre haya querido saber sobre sus amigos, pero que nunca haya preguntado. De pronto, una idea le vino a la mente. – Creo que lo tengo. Yo nunca nunca… he querido tener algo con Orihime. – finalizó. Rápidamente se sorprendió al ver a sus tres amigos tomar de sus vasos de Vodka Naranja. – Guau, ¿incluso tú, Chad? - preguntó rápidamente.
- Sí – respondió este. – No se puede negar que Orihime es bastante linda – continuó. – Aunque, a decir verdad, nunca te ha quitado los ojos de encima – finalizó, sonriendo levemente.
Ichigo se sorprendió de lo incómodo que se sentía al escuchar eso. Sin embargo, Keigo no lo dejó seguir pensando.
- ¿Qué hay de ti, Ichigo? ¿De verdad nunca te gustó Orihime, ni siquiera un poco? – dijo, con una expresión de incredulidad en el rostro – Para mí que estás ciego, amigo. ¿No la has visto? Si está buenísima – completó. – De verdad, Ichigo, ¿estás seguro de que no eres de la acera de enfrente? – le preguntó, mientras se alejaba levemente de él, con una expresión ahora de incomodidad.
- ¡Claro que no, idiota! – gritó Ichigo, un poco más fuerte de lo que pensaba. - ¡Sólo porque tenga un par de pechos grandes no tiene que necesariamente gustarme! – dijo, con el ceño fruncido.
Keigo, sin embargo, no parecía muy convencido. Para evitar mayores problemas, Mizuiro se apresuró a sacar la siguiente carta. Un dos de corazones.
- ¡Cascada! – gritó Keigo, entusiasmado. – Para el que no sepa, se trata de que todos tenemos que empezar a tomar al mismo tiempo, sin parar. Cuando Mizuiro decida detenerse, entonces después el que esté a su lado, en este caso, Chad, puede dejar de tomar. Una vez que el termine, recién yo puedo dejar de tomar, y así. Eso quiere decir que si alguien decide tomarse su vaso al seco, el resto no tiene más opción que esperar hasta que quien este al lado deje de tomar, o a que su vaso se termine – sonrió. – Bueno, ¿empezamos?
- Claro – dijo Mizuiro, asintiendo – Una, dos… ¡tres! – dijo, a la vez que los cuatro se llevaban sus vasos a la boca y empezaban a tomar.
…
- Bueno chicas, el día estuvo genial, nos veremos pronto – dijo una sonriente Tatsuki, mientras ella, Rangiku, y Orihime se despedían de Rukia. Luego de ir y comprar ropa, se habían dirigido a comer unos helados y a cotillear sobre personas que conocían. Luego de todo eso, había llegado la hora de despedirse. Orihime y Rangiku se dirigían a la casa de la primera, mientras Tatsuki les acompañaba de camino a la suya. Rukia, por su parte, volvía a la casa de Ichigo.
- ¡Nos vemos, chicas, cuídense! – gritó Rukia mientras hacía señas con la mano. Luego de perderlas de vista, empezó a caminar de vuelta a la casa de su compañero pelinaranja. Realmente se había divertido más de lo que creía posible junto al trío de chicas, lo que la había sorprendido gratamente. Mientras caminaba, no pudo evitar pensar en Ichigo. Se preguntó si ya estaría en la casa, o si aún estaría junto a sus amigos en el mall. Pronto lo sabría de todas formas, ya que estaba a punto de llegar a la residencia Kurosaki.
- Hey, Rukia-chan – la saludó cordialmente Isshin. – Ya llegaste, pasa.
- Gracias, Isshin-san – le respondió con una sonrisa la pelinegra. El padre de Ichigo podía llegar a llegar a ser desesperante a veces, pero siempre le sacaba una sonrisa con sus tonterías. Luego de entrar y sacarse las zapatillas, Rukia se dirigió al cuarto de Ichigo, para saludarlo.
- ¡Eh, Ichigo! – Estoy en cas… - no terminó la frase, al ver que el pelinaranja no se encontraba por ningún lado. Miró el reloj y vio que marcaban las nueve – Bah, que raro… ya es tarde, ¿no se supone que Ichigo ya debería haber vuelto?
- Por si acaso, hoy Ichigo no va a dormir aquí – le informó Isshin, mientras pasaba por ahí. – Me dijo que se iba a quedar a dormir donde un amigo, así que no lo esperes hasta mañana – dijo tranquilamente.
Rukia, por su parte, se encontraba algo sorprendida. Nunca antes Ichigo se había quedado a dormir adonde alguien más, que ella supiera. Lo más cercano a eso fue cuando se fue a entrenar con los Vizards, pero nada como quedarse a dormir en la casa de algún amigo. Rukia supuso que no debería estar tan sorprendida, después de todo, en el fondo Ichigo seguía siendo un adolescente normal y corriente. Suspiró, mientras se estiraba en la cama del pelinaranja. De pronto, se le pasó por la mente que esta era su oportunidad para descubrir qué cosas escondía Ichigo en su habitación. De un salto se puso de pie, mientras se dirigía a revisar el cajón más cercano a ella. Sonrió maliciosamente. Esto iba a ser interesante.
…
- Ehh… ¡ess un rey de trébol! Jajajaja – A Mizuiro el alcohol ya le estaba empezando a afectar, ya modular era una tarea mucho más difícil de lo que normalmente sería. Sin embargo, no era el único afectado por los grados de la bebida. Chad estaba más hablador que de costumbre, Keigo también se sentía algo mareado, pero en quien se notaba más el efecto era en Ichigo. El pelinaranja se encontraba de un buen humor excepcional, también mucho más hablador que de costumbre, y con una clara tendencia a reírse de cualquier cosa, algo también compartido por sus amigos.
- Jajaja, Mizzuiro, hommbre, estás borrassho – sonrió fraternalmente Ichigo, a la vez que palmeaba el hombro de su amigo – Por ciertto, qué se hacía con el rrey? – preguntó, por segunda vez en la noche.
- Icchigo, idiota, ¿no te acuerddas? – Preguntó Keigo – Te dijje que ccada vez que saliera un rrey había que pponer un poco del trago de tu vasso en el del centro – dijo, como si fuera algo que hasta un bebe debiera saber.
El vaso en cuestión ahora estaba totalmente lleno, una mezcla de Vodka, jugo de naranja, Ron, Coca-Cola y Sprite. En otras palabras, una bomba.
- ¡Uuuuuhh! – Dijo un emocionado Keigo – ¡El vvaso ya se llenó! ¡El próximo que saqque un rrey tendrá que tommarse el vaso al secco! – dijo, con lágrimas de emoción en los ojos.
- Jajaja, compadezzco a essa pobre alma – sonrió Mizuiro, a la vez que Chad sacaba un As de corazones.
- Parece que todos tendremos que tomar – dijo Chad, a quien el alcohol, a pesar de haberlo mareado, no había afectado sus facultades comunicativas tanto como a los otros.
- ¡Salud, chicos! – dijo Ichigo, mientras levantaba su vaso en el aire, chocándolo con los vasos de sus amigos. – Al seco, por usstedes – terminó, mientras apuraba su vaso casi lleno de Ron con Sprite hasta el fondo.
- ¡Salud! – corearon los demás, mientras tomaban largos tragos de sus propios vasos.
- Me toca – dijo Keigo, ahora sacando una carta. – Una jota de diamante – sonrió.
- Eh chiccos, essperenme, voy al baño – dijo Ichigo, a la vez que se levantaba de la mesa. Luego de dar un par de pasos, sin querer, se golpeó la rodilla en la punta del sofá de Keigo - ¡Ah, mierda! – soltó. Por su parte, los chicos se pusieron a reír estruendosamente.
- ¡Jajajajaja, eh, Ichigo, trata de no romper mi baño, porffa! – dijo entre risas Keigo. Ichigo, contrario a como hubiese reaccionado normalmente, también se echó a reír.
- Jajaajaja, puta sorry, error de cálculo – dijo, antes de reanudar su trayecto hacia el baño.
- Jajaja, nunca había vissto a Icchigo tan mal – comentó Mizuiro.
- Con qué mmoral, Mmizuiro – le respondió Keigo – tu tambiénn estás toddo ebrio – le dijo.
- Jajaja – se rió el aludido, sin darse cuenta de que Keigo hablaba en serio.
Por su parte, Ichigo, luego de vaciar su vejiga (le había costado un mundo mantenerse quieto y no dejar el baño hecho un desastre) se estaba lavando las manos, y mojándose la cara. – Dios, si que estoy mmal – murmuró. Su cara era un desastre, tenía los ojos rojísimos y más encima la expresión de su rostro no ayudaba en nada. Se mojó nuevamente la cara, frotando enérgicamente, y salió del baño.
- Ichigo, esspero que no te hayas cargaddo nadda de mi baño, ¿escuchasste? – sonrió Keigo.
- Nah – dijo Ichigo, mientras se volvía a sentar en la mesa.
- Bueno, me ssalió una jota, así que… nunca nunca – sonrió Keigo. Había usado el tiempo que Ichigo se demoró en el baño para pensar que cosa iba a preguntar. – A mí nunca nunca… me ha gustado, ni me gusta, Rukia-chan – terminó, sonriente, a la vez que se llevaba su vaso a los labios.
…
- ¡Atchoo! – estornudó Rukia. – Vaya, en serio no hay nada interesante aquí – suspiró. Ya había terminado de revisar la pieza de Ichigo y no había encontrado nada fuera de lo común, lo más interesante eran un par de revistas de ropa y de estilo que el chico tenía guardadas. Nada incriminador con lo cual pudiese chantajearlo después. Ya se iba a dar por vencida cuando se dio cuenta que no había revisado la mesita de noche que Ichigo tenía al lado de su cama. La abrió y empezó a revisar. – Veamos… audífonos… lápices, un par de papeles viejos… un manga… y… ¿una caja? – Se extrañó – ¿Ichigo toma pastillas? – se preguntó mientras abría la caja, que ponía "LifeStyles". Para su sorpresa, en su interior no contenía pastillas, si no que una tirita de unos envoltorios cuadrados de aluminio, con una forma circular dentro de ellos. – ¿Qué es esto? – se preguntó con curiosidad.
…
Ichigo, a pesar de todo el alcohol en su organismo, durante un leve instante pensó en que debería haber golpeado a Keigo por haber preguntado eso. Y más aún luego de ver que Chad y Mizuiro también se llevaron sus vasos a la boca, y bebieron sendos tragos. No pudo terminar de enojarse, en todo caso, cuando se vio tomando un largo trago del vaso de Vodka con Sprite que tenía en la mano.
- ¡Lo sabía, te lo dije Mizuiro! – gritó emocionado Keigo al ver que su amigo bebía, signo inequívoco de que había dado en el clavo. – Y dime, Isshigo, ¿dessde cuanddo? – preguntó, con una sonrisa en la cara.
Ichigo se encogió de hombros. – No lo ssé, Keigo, simplemente pasó – dijo, con media sonrisa – Aunque, pa' decirte la verrdad, no creo que tenga nadda con ella – finalizó.
Sus tres amigos se vieron sorprendidos con el comentario. - ¿No? ¿Y por qué? ¿No acabbas de decir que Rukia te ggusta? – le preguntó Mizuiro.
- Si, si la encuentro linda y esso, pero es que no creo que ella quiera tenner algo conmigo – finalizó Ichigo.
- No lo ssé, sabes, hoy cuanndo estábamos en el mall vi a Rukia mirándote cuanddo te estábamos mostrando lo que habbía en la mmochila – le dijo Mizuiro – Y cuando noss esstabamos yendo salió corriendo, parecce que no quería que la vieras – finalizó Mizuiro.
- Ahh, no la vi – comentó Ichigo. – En todo casso, no creo que haya sido algo immportante. Oye, a toddo esto, ¿qué hora ess? – preguntó.
- Deja ver… son veinte para las cinco – respondió Chad.
- ¿A quién le toca sacar ahora? – preguntó Mizuiro.
- Ehh… a Ichigo, creo – contestó Keigo.
Ichigo se inclinó y alcanzó una carta. De pronto, tuvo un mal presentimiento. Su estómago se encogió al ver un rey de corazones devolverle la mirada desde la carta.
Nadie hizo ningún ruido durante un par de segundos, hasta que…
- ¡JAJAJAJA! ¡Ichigo, deberías ver tu cara! ¡Jajajaja! – empezó a reírse descontroladamente Keigo, al ver el rostro descolocado del pelinaranja.
- Jajajaja, puta Ichigo, ya es oficial, no nos vemos hasta pasado mañana – le dijo animadamente Mizuiro, palmeándole el hombro a su amigo. Chad se limitaba a sonreír con la situación.
- Bueno, Ichigo, ¿listo para esto? – le preguntó Keigo. Ichigo, por su parte, sonrió levemente. – Claro, eso no se pregunta – dijo, mientras levantaba el vaso con la mezcla. Lo miró detenidamente durante unos segundos, y respiró profundamente. Era mejor acabar de una vez por todas con esto. Así, sin más, Ichigo se llevó el vaso a la boca, y de dos largos tragos, se bebió el contenido. Tanto Keigo como Mizuiro de inmediato aplaudieron y vitorearon la hazaña, mientras Chad observaba a Ichigo, por cualquier cosa. Este tenía los ojos apretados por el sabor, pero los abrió a los pocos segundos, con una gran sonrisa en el rostro.
- ¿Eso es todo? Pff, tráeme algo fuerte la próxima vez – dijo, con una sonrisa socarrona.
Ante eso, los chicos se relajaron e iban a reanudar el juego, pero de pronto, el celular de Keigo empezó a sonar.
- ¿Quién carajo será a essta hora? – refunfuñó Keigo, a la vez que contestaba. - ¿Sí? Sí, soy yo Keigo… aah, eres tú... jajaja, no, no hago nada – rió algo nerviosamente. – Si, si… ¡¿Qué? ¡¿Ahora? ¿Me estás jodiendo?... – Los chicos empezaron a mirar a Keigo con algo de preocupación. – Sí… sí, por supuestto…. Que estoy bien, joder – murmuró entre dientes – Si, ya, nos vemos. – Keigo cortó rápidamente y miro a sus amigos con una cara de aprensión.
- ¿Qué sucede, Keigo? – preguntó Ichigo, al ver la cara grave de su amigo.
- Cammbio de plannes, chicos – dijo Keigo, nerviosamente. – Tenemos veinte mminutos antes de que mis viejos y mi hermanna lleguen, así que ayudennme un poco a ordennar esto y después se van antes de que lleguen, porfa – rogó.
Con un suspiro, los tres se pusieron de pie, con mayor o menor dificultad, a la vez que empezaban a ordenar la mesa y los muebles. – Eh Ichigo, llévate mi mochila con lo que queda de ron, porffa – le pidió Keigo. – Si lo dejo acá me pillann seguro, y si esso pasa olvídense de futuras juntas – dijo, con un atisbo de sonrisa.
Ichigo suspiró, resignado – Esta bien, Keigo. – Cuando se dio vuelta para seguir ordenando, Keigo depositó la botella de ron con Coca-Cola, todavía llena hasta la mitad en la mochila que Ichigo se llevaría, junto al ejemplar de la Playboy, ya que quería deshacerse de cualquier evidencia, y no creía que a Ichigo le molestara demasiado, después de todo, era una Playboy gratis.
Luego de diez minutos, al terminar, Ichigo se dirigió hacia el sofá de Keigo para recoger su chaqueta, pero calculó mal, se resbaló y estuvo a punto de irse de bruces al suelo, pero afortunadamente para él, Chad alcanzó a sujetarlo antes de que se partiese la cara.
- Ichigo… estas mal de verdad, será mejor que Mizuiro y yo te acompañemos a tu casa – le dijo Chad, con algo de preocupación.
- No… no ess… necesario que me acompañenn… - dijo un cabizbajo Ichigo – Esstoy bien, no passa nada… - y para demostrarlo, intentó pararse en un pie, y estuvo a punto de caerse de nuevo si no es sujetado, ahora por Keigo.
- Jajaja, pues será mejor que dejess que Chad y Mizzuiro vayann contigo, o capaz que ni des con tu casa, jajaja – le dijo Keigo, fraternalmente.
- Hmm… - fue la única respuesta de Ichigo.
Chad y Mizuiro se miraron, y entre los dos empezaron a sostener a Ichigo – Nos vemos mañana, Keigo – se despidió Chad.
- Chhao. – le respondió Keigo, a la vez que cerraba la puerta. – Uff, eso estuvo cerca. Un poco más y mis viejos me desscubren – suspiró.
….
Luego de varias cuadras de caminata, los tres chicos ya casi llegaban a la casa de Ichigo. Chad se decidió a preguntarle si realmente estaba "bien" o si necesitaba botar algo del alcohol ingerido. Después de todo, el último vaso no era nada una simple cerveza.
- Eh, Ichigo.
- … ¿Qué? – le preguntó el pelinaranja, mientras levantaba la cabeza para mirad a Chad.
- ¿Estás seguro de que estas bien así? En serio, si te dan ganas de vomitar, vomita nomás, da lo mismo. – le dijo, para asegurarlo. – De veras, si quieres te llevamos a ese árbol o algo así y botas toda la mierda.
- No pasa na… no te preocupes – le dijo Ichigo, de nuevo cabizbajo. – Esstoy bien así, de veras.
Chad, aunque no parecía muy convencido, decidió dejar el asunto ahí.
- Ya llegammos, Ichigo. – le dijo Mizuiro. Ichigo se separó de sus amigos y, lentamente, se dirigió hacia la puerta. Luego de un leve esfuerzo, logró sacar la llave de la casa de su bolsillo, y cuidadosamente, la introdujo en la cerradura. Procurando hacer el menor ruido posible abrió lentamente, y al ver la casa totalmente a oscuras y en calma, suspiró, algo más tranquilo. Al menos estaba lo suficientemente sobrio como para no despertar a toda la casa. Se dio vuelta, y se despidió de sus amigos.
- Eh, Mizuiro, Chad, gracias por acompañarme – les dijo, con una débil sonrisa. – Les debo una.
- No es nada, Ichigo, nos la vamoss a cobrar en la próxima junnta – sonrió Mizuiro. – Y… espabila con respecto a Rukia-san – le susurró. – Estoy sseguro de que también quiere tener algo contigo – le sonrió nuevamente su amigo.
- Mizuiro tiene razón, Ichigo – complementó Chad. – Nunca sabes lo que puede pasar, mejor le dices antes de que sea tarde – terminó.
Ichigo, esta vez, sonrió completamente. Sabía que podía contar con sus amigos cuando los necesitara. – Lo pensaré. Cuídense, chicos. – les dijo, mientras se despedía. Una vez que se fueron, lentamente, y tratando de hacer el menor ruido posible, se sacó las zapatillas y se dirigió escaleras arriba, hacia su cuarto. Al llegar, su sorpresa fue mayúscula al encontrar a Rukia durmiendo apaciblemente en su alcoba. Normalmente le hubiese gritado para que saliera inmediatamente de su cama, pero en su estado, y a esa hora, esa idea ni se le cruzó por la cabeza. Gruñendo levemente, dejó caer la mochila de Keigo al suelo, olvidándose de que en su interior contenía la botella de Coca-Cola. Al caer, la mochila hizo un ruido seco, no muy fuerte, pero si lo suficiente como para despertar a Rukia.
- Hmm… - bostezó ella, mientras se daba vuelta en la cama - ¿Quién es? ¿Qué hora es? – dijo, mientras se incorporaba, frotándose los ojos.
Ichigo, shockeado, no podía creer su mala suerte. Justo cuando estaba en su peor estado la enana tenía que verlo. Trató de quedarse quieto y pasar inadvertido, pero sin mucho éxito.
- ¿Ichigo, eres tú? – preguntó la ojivioleta.
Dándose por vencido, Ichigo respondió de mala gana – Hmm.
- ¿Qué hora es? Pensaba que llegarías más tarde – le dijo Rukia, ya completamente despierta.
- Deben ser como las cinco y media – respondió Ichigo, cortante. No quería que su lengua lo traicionase y le indicase a Rukia que se encontraba algo ebrio, no quería ni imaginar el escándalo que podría armar la shinigami.
- ¿Ichigo? ¿Estás bien? Suenas un poco raro – le dijo Rukia, con algo de curiosidad.
Mierda, lo que le faltaba. Ichigo terminó de quemar su paciencia en ese momento. – No me passa nada que te importe, Rukia. Ahora, ¿podrías ssalir de mi camma? – le dijo, sin poder ya disimular su pronunciación.
Rukia lo miró durante unos largos segundos, antes de levantarse de la cama, sin decir ni una palabra. En la oscuridad, Ichigo no pudo ver la sonrisa que se había formado en sus labios.
- Eh, Ichigo… - le preguntó la shinigami, en un tono de voz suave - ¿Estuviste bebiendo, de casualidad?
¡Mierda, mierda, mierda! Ichigo no sabía que decir ante eso. Parecía que todo se empeñaba en salir mal en ese momento. – Sólo tomé un par de cervezas, nada más – murmuró.
La sonrisa de Rukia se ensanchó en ese momento. – Ichigo, ¿necesitas ayuda para acostarte? – le preguntó, inocentemente. Ichigo quedó totalmente descolocado ante eso, y en parte debido al alcohol, se sonrojó profundamente. - ¿Qué…? ¡¿Qué tonterías dices, Rukia? – tartamudeó. – ¡Puedo acostarme solo, deja de decir estupideces! – terminó, dando vuelta su rostro, pero Rukia ya había alcanzado a ver su sonrojo. Suavemente avanzó hacia él, lo tomó del brazo y lo depositó en la cama, cubriéndolo levemente con las sábanas.
- Ru… Rukia – Ichigo se encontraba sin palabras, quizás estuviera peor de lo que pensaba. ¿La Rukia que conocía estaba siendo suave… y tierna? ¿Con él? De pronto empezó a pensar que quizás todo fuera un sueño, así que no le dio más vueltas. Rukia, luego de dejarlo acostado, hizo ademán de irse, pero Ichigo evitó que se fuera.
- Eh… Rukia, ven un momento, por favor… - le pidió Ichigo. Rukia se devolvió hasta quedar al lado del adolescente. - ¿Qué pasa, Ichigo?
En ese momento, Ichigo no estaba seguro de si lo que vivía era real, o simplemente una fantasía causada por el alcohol. Tener a Rukia tan cerca… nunca antes había sentido su fragancia como en ese momento. Y, casi sin pensarlo, se inclinó hacia el rostro de Rukia, y la besó. Suavemente, apenas un contacto entre sus labios. Inmediatamente se separó de Rukia, con el mayor sonrojo de su vida. No quiso mirar su rostro, por miedo a su reacción, pero si se hubiese atrevido, hubiese visto la cara de sorpresa que tenía la shinigami. – Gracias por todo, Rukia. – susurró, antes de volverse a acostar y hundir la cabeza en su almohada. Si de verdad acababa de besar a Rukia, esperaba que al menos le tuviera un poco de lástima y esperara hasta el día siguiente para matarlo. Rukia, lentamente, se dirigió hacia la puerta del armario, introduciéndose suavemente en él. Como Ichigo, aún no asimilaba completamente lo sucedido.
- De nada, Ichigo – dijo, en un susurro inaudible. – Cuando quieras.
Y llegamos al final del cuarto capítulo. Espero sus comentarios, alabanzas, dudas, sugerencias, peticiones de lemon y demases. See you soon.
