Bienvenidos nuevamente. Ya saben, espero que hayan disfrutado el capítulo y todo eso. Vamos con las reviews: L: Gracias! Jajaja me parece bien, por aquí también me vendrían bien algunos efectos, a ver si ayudan a la historia jaja. more-chan: Jajaja me alegro de que te haya gustado! Ya ves, el fic recién empieza, todavía queda un montón por delante, en serio, lo mejor está por venir ;) Y gracias, en serio, haré todo lo posible para que valga la pena. Ghost iv: paciencia, joven padawan, ya verás que se trae Rukia entre manos jajaja gracias por la review! jessy moon 15: Yo también! Jajajaja $% puede ser, todo puede ser en esta vida. Gracias! usinha-chan: Gracias! Por supuesto que continuaré con esto. kaoru240: Gracias! La dura, me alegro que te guste! See, igual es como raro, pero siempre pensé que este fic sería como "El lado B" de Bleach, el que no mostraban en el manga. También me divertí caleta escribiendo la parte de la revista jaja. Con respecto al beso, sólo espera, ya vas a ver, y respecto al limón… quien sabe. fran: Aquì esta la conti, y si, la cultura definitivamente la lleva jaja.

Ahora, si están preparados, daremos inicio a la secuencia de lanzamiento. Les pedimos que se abrochen los cinturones y mantengan las manos y pies dentro de la nave en todo momento. Nuestro destino es el planeta Bleach. Despegue iniciándose en 5… 4… 3… 2… 1.


Capítulo 6: ¿Rutina?

Finalmente había llegado. Tanto Ichigo como Rukia habrían deseado posponer lo más posible este momento, pero el tiempo avanza inexorablemente, y finalmente el momento había llegado. Ambos estaban seguros de que no podía haber nada peor en el mundo que tener que enfrentarse a esta situación, y no estaban tan equivocados.

Finalmente era lunes. Era hora de volver al instituto.

Ichigo se levantó de su cama, bostezando. Otro día más de colegio le aguardaba, y él no estaba precisamente emocionado ante la perspectiva. Miró el reloj y vio que marcaba las seis de la mañana. Desperezándose, se encaminó hacia la ducha. Una vez dentro, empezó a ducharse, mientras se preparaba para un nuevo día.

Rukia, por su parte, también se había levantado, y estaba terminando de hacer su cama cuando escuchó el sonido del agua cayendo en el baño. Frunció el ceño. ¿Por qué Ichigo tenía que acaparar el baño en las mañanas? Ella, como mujer, debería poder usarlo primero, era más difícil arreglar y peinar su cabello que aquel montón de pelo desordenado que siempre llevaba Ichigo. Mientras, para no malgastar el tiempo, se dispuso a desayunar. Un poco de leche, una naranja y un pan serían suficientes. Ya comería más cuando estuviera en el instituto. Mientras mordisqueaba el pan, se puso a pensar en sus compañeros de la Sociedad de Almas. Todos ellos habían venido, como ella, al mundo de los vivos, debido al movimiento que ejecutaría Aizen en cualquier momento. Justo mientas terminaba su leche, Rukia vio a Ichigo bajando las escaleras, con su pelo aún húmedo y con el uniforme ya puesto. Sin esperar más, se dirigió al baño, ya era hora.

- Buenos días, enana.

- Buenos días, fresita.

Ichigo soltó un bufido. Rukia se comportaba como siempre, algo que indudablemente lo aliviaba. No quería tener que pasar por una situación similar a la de ayer si podía evitarlo. Mientras esperaba a que Rukia se terminara de duchar, decidió tomar desayuno también. Sin pensarlo mucho, se preparó una leche con chocolate, junto a un pan con manjar y un jugo de durazno. Mientras tomaba desayuno, vio como Kon, su "querida" alma modificada se sentaba junto a él en la mesa.

Alzando una ceja, Ichigo inquirió – ¿Qué haces aquí, Kon? ¿Qué es lo que quieres?

El peluche lo miró seriamente, una expresión no muy frecuente en él. - ¿Qué crees? Te vengo a preguntar qué es lo que vas a hacer respecto a Nee-san – le dijo.

- ¿Por qué debería hacer algo respecto a Rukia? – Ichigo levantó una ceja. - ¿Hay algo que no sepa y que debería saber?

- ¿Qué estás diciendo, Ichigo? ¡No me digas que te olvidaste! – dijo el peluche, agitando los brazos.

- ¿Olvidarme? ¿De qué estás hablando, Kon?

- ¡Me refiero a cuando besaste a Nee-san, idiota! – gritó el peluche.

El pelinaranja se quedó congelado en su sitio, incapaz de articular palabra. - ¡¿QUE YO QUÉ?

- Ichigo, no sé cómo te puedes haber olvidado, si la besaste ayer mismo… en la madrugada, quiero decir.

La mente de Ichigo trabajaba a toda máquina. ¿Ayer en la madrugada? Eso fue cuando estaba… bueno, mareado… y justamente un momento del cual no recordaba nada. – No sé de que hablas, Kon…

- Realmente estoy empezando a pensar que eres más idiota de lo que creía. ¿No te acuerdas que llegaste en la madrugada? Nee-san estaba durmiendo, y creo que dejaste caer el bolso que traías, no lo sé, la cosa es que nos despertaste. Luego Nee-san te preguntó si estabas bien y te ayudó a acostarte… y después le diste un beso. Parecías algo enfermo, así que supongo que por eso Nee-san no te dijo nada. – terminó Kon.

El dolor de cabeza que había abandonado al pelinaranja parecía estar a punto de volver. El… ¿Había besado a Rukia? ¿Por qué ella no le había dicho nada? Obviamente podía ir y preguntarle: "Hey enana, ¿De casualidad recuerdas si nos hemos besado últimamente?" pero no le parecía una buena idea en absoluto. Suspiró. ¿Ahora que debía hacer? ¿Fingir que no sabía y seguir como siempre o hacer algo al respecto? Realmente no tenía idea, en cualquier caso tendría bastante tiempo para pensar que hacer al respecto en el instituto.

- No te preocupes, yo veré que hago, Kon. – le dijo al peluche. Este le respondió rápidamente - ¡Más te vale que no lastimes a Nee-san, o te las verás conmigo! – Ichigo sonrió. Justo en ese momento Rukia bajaba las escaleras, ya vestida. – Bueno, Ichigo, ¿Nos vamos? – Ichigo asintió. – Nos vemos, Kon. – Este respondió animadamente – ¡Nos vemos, Nee-san! ¡Adiós, Ichigo!

Tanto Ichigo como Rukia caminaban tranquilamente por las calles de Karakura que separaban la casa del pelinaranja del instituto. Un silencio poco habitual, pero apacible, se cernía entre ellos. Cada uno estaba sumido en sus propios pensamientos, agradecidos del silencio reinante. Ichigo todavía repasaba la conversación de ayer y en cómo le ayudaba a comprender mejor a la shinigami. Por su parte, Rukia estaba preocupada de cómo estarían sus compañeros shinigamis, a quienes vería en el instituto. Luego de un leve intervalo de tiempo, llegaron a las puertas del establecimiento, y ambos, a su modo, se colocaron sus máscaras. Ichigo y su actitud huraña y despreocupada, y Rukia y su inocencia fingida. Tan pronto llegaron a su sala, su grupo de amigos los saludaron.

- ¡Rukia-san! ¡Estás espléndida hoy! – dijo Keigo, a la vez que se abalanzaba sobre la pelinegra. Sin embargo, antes de alcanzar su objetivo, fue detenido por el brazo de Ichigo, que se interponía entre él y la shinigami.

- Agradece que hoy ando de buen humor y que te agradezco lo del fin de semana, idiota – sonrió Ichigo, a la vez que liberaba a Keigo de su agarre.

- ¡Hola, Kuchiki-san, Ichigo! – saludo Mizuiro, alegremente.

- ¡Buenos días, Kojima-kun, Asano-san! – saludó Rukia.

- Hey, Mizuiro – saludó Ichigo. – ¿Y Chad? – preguntó.

- No sé, no lo he visto… quizás no venga – respondió Keigo.

- Buenos días. – dijo Chad, quien en esos momentos entraba a la sala de clases.

- Eh, Chad, ¿porqué llegas tan tarde? – inquirió Mizuiro.

- Tuve… que hacer unas cosas. – Los chicos suspiraron, sabían que no sacarían más información que esa.

- Ya veo… ¡Eh, chicos, buenos días! – Ichigo saludó al grupo de "adolescentes" que entraban al salón.

- Buenos días – coreó el grupo de Renji, Rangiku, Toshiro, Ikkaku y Yumichika.

- ¿Cómo estás, idiota? – preguntó Renji, mientras saludaba al pelinaranja. - ¿Se puede saber por qué estas de tan buen humor hoy?

- No es nada, es sólo que este día soleado me anima – sonrió Ichigo.

- Hey, Rukia, ¿Cómo estás? – la saludó Rangiku. - ¿Qué tal tu fin de semana?

- Bien, gracias. – respondió la pelinegra. - ¿Qué hay del tuyo?

- Bastante interesante, debo decir. Orihime me enseñó a hacer unos panqueques con mayonesa y ají, ¡estaban deliciosos! – dijo la rubia, con estrellas en los ojos. Ante su comentario, todos tragaron saliva, realmente no podían imaginarse la comida sin empezar a sentirse mal.

- ¡¿Cómo están, chicos? – saludó una alegre Tatsuki.

- ¡Buenos días! – también saludó Orihime, que la acompañaba.

- Buenos días – corearon los chicos que estaban conversando. Ikkaku estaba enfrascado en una discusión con Yumichika, Renji molestaba a Ichigo, Mizuiro y Keigo estaban ocupados discutiendo sobre unas chicas que habían visto el fin de semana, mientras Chad escuchaba, y Rangiku junto con Rukia, Orihime y Tatsuki comentaban la novela de moda en esos momentos. Era un día como todos.

Ichigo se encontraba junto a Mizuiro, Chad y Keigo en el techo del colegio, cada uno disfrutando su comida. Las horas de clases de la mañana habían pasado bastante rápido, y el tan anhelado almuerzo había llegado.

- ¿Qué tal amaneciste el domingo, Ichigo? – preguntó Keigo, con una sonrisita.

- No preguntes – contestó Ichigo – no recuerdo la última vez que tuve un dolor de cabeza así.

- Jajaja, en serio Ichigo, llegué a pensar que no llegarías a tu casa. Es una suerte que Mizuiro y Chad te hayan acompañado, o si no capaz que todavía estarías perdido – sonrió su amigo.

- ¿Ah sí? – preguntó Ichigo, mientras miraba a sus dos amigos. – No me acuerdo, ¿en serio estaba tan mal? – preguntó.

- Jajaja, Ichigo, eso sería decir poco – sonrió Mizuiro. – Te tuvimos que cargar desde la casa de Keigo hasta la tuya, y un par de veces estuviste a punto de caerte. – se rió. – ¿Entonces supongo que no recuerdas lo que te dijimos acerca de Rukia-san, no?

- ¿De qué hablas?

- Te dijimos que actuaras, Ichigo, o si no alguien podría quitártela – sonrió Chad, a la vez que Ichigo, sorprendido, lo mirara.

Algo dentro de la mente de Ichigo hizo click. Ahora todo tenía un poco más de sentido. Si le sumamos a la influencia del alcohol un consejo como ese de parte de tus amigos… sin olvidar tus propios sentimientos, podemos obtener algo como… un beso. Así que Kon decía la verdad después de todo. Les comentaría a sus amigos acerca de su situación con Rukia, pero no se le ocurría ningún motivo convincente para explicar la presencia de Rukia en su casa a las cinco de la mañana, y mejor ni pensar en decirles que vivía con él. Eso definitivamente significaría su perdición.

De pronto, Renji y Uryuu se acercaron hacia el grupo de chicos, uniéndose a la conversación.

- ¿De qué hablan? – preguntó el Quincy, a la vez que se instalaba y empezaba a disfrutar su almuerzo.

- No es nada – dijo Ichigo lanzándole una mirada a sus amigos que gritaba "Ni se les ocurra mencionar una palabra". – Sólo comentábamos que tal estuvo el fin de semana.

- Entonces, idiota – sonrió Renji. – Cuéntanos, ¿Qué tal tu fin de semana?

- Pues… tengo que admitir que bastante bien – contesto Ichigo, encogiéndose de hombros. – Estuvo bastante entretenido, claro que el domingo tuve que lidiar con un leve dolor de cabeza – terminó, sonriendo.

- ¿Ah sí? Vaya, quien lo diría, el pequeño Ichigo ya se emborracha, estoy tan orgulloso de ti, pequeño – le dijo Renji a la vez que palmeaba amistosamente el hombro del pelinaranja, a la vez que este se volteaba a mirarlo con una expresión de incredulidad absoluta. - ¿Quieres decir que tu también…?

- ¿Me he emborrachado? Claro que si, idiota, ya perdí la cuenta – sonrió Renji, con una mirada nostálgica en el rostro. Ichigo, por su parte, todavía se encontraba sorprendido ante los descubrimientos que había realizado los dos últimos días. Los shinigamis tenían sexo, se emborrachaban… ¿Qué más harían? ¿Consumirían drogas? Con este pensamiento, Ichigo sonrió. Realmente todavía le quedaban muchas cosas por hacer.

- Así que estuviste de juerga el fin de semana, Kurosaki – comento Uryuu. – Podrías al menos haber invitado – mencionó, mientras se ajustaba los lentes.

- Fue algo que surgió de improvisto, Ishida – respondió Ichigo. – Aunque no entiendo para qué hubieses querido ir, creía que no te gustaban ese tipo de actividades – finalizó, con una leve sonrisa y un deje de sarcasmo en la voz.

- Por supuesto que me interesan ese tipo de juntas, Kurosaki, es solo que no lo ando pregonando – contestó Uryuu, con algo de molestia. Ichigo simplemente suspiró, y Keigo reanudó la conversación.

- Entonces, Ishida, Renji, ¿estarían interesados en acompañarnos a una salida a la disco este fin de semana? – les preguntó, a la vez que mordisqueaba el baguette con queso que era su almuerzo.

- Por supuesto – contestó el Quincy, sin despegar los ojos de su comida.

- Claro, será entretenido. ¿Las chicas también van? – preguntó Renji.

- Claro. Estoy seguro de que Rukia-san querrá ir, y tu puedes convencer a Rangiku-san, ¿no? – preguntó Mizuiro.

- No será necesario. Rangiku tiene un sexto sentido que le permite detectar a todas las fiestas en un radio de 10 kilómetros – sonrió el pelirrojo – Estoy seguro de que también ira.

Ichigo suspiro, mientras terminaba su almuerzo. Una salida a la disco, ¿eh? Eso significaba que tendrían que juntarse y… hacer la previa. Sonrió. Este fin de semana se ponía interesante.

Rukia estaba junto a las chicas en el patio del instituto, disfrutando su almuerzo. Mientras Rangiku, Tatsuki, Orihime y Chizuru estaban sentadas bajo la sombra de un árbol, Rukia estaba subida en una rama del mismo, comiendo el arroz con pescado que era su almuerzo.

- Eh, Rukia, ¿Qué vas a hacer este fin de semana? – preguntó Tatsuki.

- Hhmph – respondió Rukia, con la boca llena. Tragó el trozo de carne que estaba masticando y respondió – Ehh… no tengo ningún plan ahora mismo, ¿por qué?

- Es que escuché que Keigo prestaría su casa para juntarse y de ahí ir a la disco este finde – dijo Tatsuki. – Lo más seguro es que invite a todo el mundo, entonces es para que supieras.

Rukia hizo una nota mental de preguntarle a Ichigo que era una disco, y sonrió – Gracias Tatsuki, lo tendré en cuenta.

- ¡Y Orihime-chan irá, ¿cierto? – gritó Chizuru, mientras abrazaba por detrás a la pelinaranja, ganándose un puñetazo por parte de Tatsuki.

- Nunca aprendes, ¿verdad? – suspiró esta, a la vez que se sobaba la mano.

- ¡No me rendiré hasta hacer mía a Orihime! – exclamó Chizuru, con un hilito de sangre cayendo desde su nariz.

Rukia, Tatsuki y Rangiku suspiraron. Algunas cosas nunca cambiaban.

- Hey, ¿alguien ha visto a Toshiro? – preguntó Ichigo. Ya era la hora de salida del instituto, afortunadamente para ellos las horas de la tarde habían transcurrido bastante rápido.

- No, ahora que lo mencionas, no lo he visto en todo el día – respondió Rangiku, pensativa – Me pregunto adonde estará el capitán Hitsugaya.

- El capitán debe estar bien, apuesto a que simplemente no estaba de humor para venir hoy – apuntó Renji. O quizás simplemente se quedó dormido, después de todo, nadie sabe adónde se queda a dormir.

Ichigo suspiró – Díganle que al menos se digne a venir a clases, está bien que sea capitán pero tampoco es para tanto.

El grupo había llegado a la intersección en que se separaban, cada uno con su grupo. Ichigo y Rukia hicieron señas con la mano a sus amigos, mientras se dirigían a la residencia Kurosaki. Ambos caminaron en un silencio confortable, hasta que Rukia decidió romperlo.

- Ey, Ichigo – preguntó la pequeña shinigami. - ¿Qué es una disco?

Ichigo parpadeó - ¿No sabes? – dijo, incrédulo.

- ¿Crees que te preguntaría si supiera, idiota?

Ichigo recordó el incidente con la revista, y estuvo a punto de sacárselo en cara, pero prefirió guardar silencio. Su orgullo aún no se reponía por completo. Suspiró. – Las discos son lugares de entretenimiento para jóvenes, así que ahí ya partimos mal – sonrió maliciosamente. Si las miradas mataran, Ichigo estaría muerto y enterrado tras la mirada furibunda que Rukia le dedicó. – Son lugares adonde los jóvenes se juntan a bailar, tomar, fumar, y en general, a pasarlo bien.

- Entonces ya estamos mal, fresita, si son lugares para pasarlo bien dudo que dejen entrar a alguien tan amargado como tu – dijo la pelinegra, con sarcasmo en la voz.

Ichigo simplemente le mandó una mirada llena de odio antes de continuar su explicación. – Como iba diciendo, también creo que una disco no sea un lugar que tu hermano apruebe especialmente – dijo, sonriendo nuevamente.

- ¿De qué hablas?

- No te preocupes, ya lo descubrirás. De todos modos mejor ni me molesto, sé que aunque intente convencerte de no ir a un lugar así, terminarás yendo de todos modos.

- Idiota, puedo cuidarme sola – dijo Rukia mientras miraba con el ceño fruncido al pelinaranja. A veces le molestaba tanto su actitud sobreprotectora.

Ante eso, Ichigo hizo algo que descolocó a Rukia. Sonrió ampliamente, mirando con algo que parecía… ¿cariño? a la shinigami. Rukia se preguntó si acaso no necesitaría lentes, o algo por el estilo.

- Por supuesto que sé que puedes cuidarte sola, enana. – sonrió Ichigo. – Ahora dime, ¿qué diferencia hace eso para que deje de protegerte?

Rukia se quedó sin palabras ante la respuesta del adolescente. Ichigo sonrió, mientras entraba a la casa y subía las escaleras hacia su habitación. Rukia suspiró, malhumorada. El hecho de que Ichigo (a veces) actuase de una forma tan madura simplemente hacía las cosas más difíciles. ¿Por qué simplemente no podía ser un idiota inmaduro todo el tiempo? Mientras se sacaba los zapatos, siguió pensando en lo que sentía en ese momento. ¿Pudiese ser… que se estuviese enamorando de Ichigo?


Bueno, eso sería por el día de hoy. Vamos a ver en qué continúan los siguientes capítulos, a ver qué rumbo le doy a la historia. En caso de que no hayan leído las respuestas a las reviews, estoy pensando en hacer que este fic sea relativamente largo, así que todavía quedan bastantes capítulos y situaciones por venir.

Ahora, por favor permanezcan sentados hasta que el capitán haya apagado la señal de abrochar cinturones y la nave esté completamente detenida. Los teléfonos celulares pueden ser utilizados a partir de este momento, sin embargo los aparatos electrónicos deben permanecer apagados hasta que la nave esté completamente detenida. En nombre de DDI Airlines, miembro de la alianza OneFictionWorld y de la tripulación me despido de los pasajeros que acá desembarcan, y les agradecemos su preferencia. Ha sido un agrado tenerlos a bordo, gracias, y buenas tardes.