¿Cómo anda eso? Espero que bien. Ya estamos en el octavo capítulo de Resonancias, vamos bastante bien por el momento. Espero que hayan disfrutado el último capítulo, vamos con las reviews: Sulla: Gracias! Aquí está el chapter, dsifrutalo! L: Gracias! Jajaja esa era la idea. Me alegro de que te haya gustado! Ghost iv: De nuevo gracias por tu review! Te juro que no te esperas lo que viene (o quizás si :/... bueno, ya verás jaja) enjoy! more-chan: Ya llegó el capítulo! Estoy seguro de que te va a gustar jaja metitus: Para decirte la verdad la escena de los pepinos es de la que más me gustan del fic,yo igual me cago de la risa de imaginarme la cara de Rukia jaja. inupis: saludos! *Fran: Disculpa por no haberte respondido el capitulo pasado, me apavé y se me paso :/ Gracias, trato de siempre mantener a los personajes fieles a la realidad. Espero que este capítulo te guste.

Ya, no les quito más tiempo y les dejo con el capítulo.


Mientras Ichigo terminaba de disfrutar su helado, sintió de pronto un par de golpes en su mochila (bueno, la de Keigo, pero para el caso es lo mismo). Sin muchas ganas, abrió levemente el cierre, y no le sorprendió para nada ver salir a un oso de peluche, moviéndose desesperadamente.

- ¡Uff! Pensaba que nunca volvería a respirar – suspiró Kon, aliviado.

- Kon, eres un peluche, tu no respiras – dijo Ichigo, con una gota en la cabeza.

- ¡Hey! Podrías al menos ser un poco más amable al decirlo – protestó el peluche.

Ichigo se limitó a mirarlo con el ceño fruncido – A todo esto, ¿se puede saber que haces aquí, Kon?

- Bueno, no tenía nada mejor que hacer, y no quería perderme la paliza que Nee-san te va a dar – respondió el osito.

Ichigo sonrió. – Ya quisieras.

Capítulo 8: Inesperado

Rukia en ese momento se encontraba en el techo de la residencia Kurosaki, completamente concentrada con los ojos cerrados. - ¡Lo tengo! – dijo de pronto. Había dado con la ubicación de Ichigo mediante el uso de los listones espirituales. Sonriente, se disponía a bajar de un salto cuando un grito la sobresaltó, casi haciéndole perder el equilibrio.

- ¡Eh, Rukia-chan! ¿Qué haces ahí?

- ¡Ah, Isshin-san! – respondió Rukia, tratando de normalizar su ritmo cardiaco. No es nada, sólo estaba tomando aire – dijo, avergonzada ante su patética excusa.

- ¡Ah, claro! Así deben hacerlo los chicos de ahora – murmuró Isshin. - ¡Disfruta el aire, Rukia-chan! – gritó, antes de entrar a la casa.

Rukia suspiró aliviada. Definitivamente debía tener más cuidado. Se dispuso a bajar de un salto del techo, empezando a correr en dirección al centro comercial. – Me las vas a pagar, Ichigo, ya verás. – susurró.

- ¡Que sí!

- ¡Que no!

- ¡Que sí, te digo!

- ¡Que no, cabeza de chorlito!

- ¡Kon, idiota, ¿cómo mierda quieres que te diga que me gustan las mujeres? – gritó exasperado Ichigo.

- ¡¿Cómo esperas que me crea eso? ¡Te la pasas peleando con Nee-san, no pescas a Orihime y apuesto a que ni siquiera has besado a una mujer! ¡Quizás deberías juntarte con ese tal Yumichika y hacer tus cosas con él, porque es obvio que ni con Nee-san ni con Orihime nunca pasará nada! – gritó el oso de peluche. Ichigo y Kon se encontraban en las afueras del mall, y afortunadamente para Ichigo y su reputación, no había nadie cerca por el momento.

- Kon, te juro que te vas a tragar tus palabras – dijo Ichigo, molesto.

-¡¿Y qué quieres que piense, si andas haciendo miembros con la comida? – le respondió Kon.

- ¡Ese era un caso especial, idiota!

- ¡Tu lo encontraras "especial", homosexual!

Ichigo estaba a punto de golpear al peluche hasta cansarse, pero de pronto sintió una presión espiritual conocida, y cambió de idea. Con un simple puñetazo, hizo que la cápsula espiritual saliese del peluche, atrapándola.

- ¿Qué tal el almuerzo, enana? ¿Te chupaste los dedos? – dijo Ichigo, dándose vuelta para mirar a la recién llegada con una sonrisa.

Rukia, por su parte, miraba a Ichigo con una cara de odio absoluto. – ¡Muy gracioso, idiota! ¡Ahora por tu culpa, no podré volver a comer mi comida favorita sin pensar en… eso! – dijo, sonrojada.

Ichigo soltó una risita. Ahora la enana se hacía la inocente. - ¿Y? ¿Qué tiene? Deberías agradecerme, apuesto a que ahora vas a disfrutar mucho más el plato, ¿no te parece? Estoy seguro de que vas a saborear el pepino como nunca, Rukia – terminó, con una sonrisita.

Ante esto, Rukia no aguantó más y conectó un golpe en la cara del pelinaranja, quien cayó al suelo. Rukia le iba a mandar otro golpe, pero se detuvo al escuchar algo que parecían… ¿sollozos?

- ¿Por qué hiciste eso, Nee-san? – preguntó Kon, en el cuerpo de Ichigo. – No te he hecho nada, ¿tanto me odias? – se quejó, con ríos de lagrimas saliendo de sus ojos.

Rukia se quedó de piedra ante esto. ¿En qué momento…? Inmediatamente se dio vuelta, solo para ver al shinigami sustituto sacarle la lengua antes de desaparecer usando shunpo.

- Idiota – murmuró la pelinegra, a la vez que tomaba una píldora espiritual, saliendo de su gigai. Sin molestarse siquiera a decirle algo a Chappy, utilizó el shunpo para seguir al adolescente.

- … Rukia-san está realmente enojada, ¿pyon?

- …Así parece…

Ichigo saltaba de edificio en edificio, completamente despreocupado. No le importaba lo que Rukia pudiese hacer, y en caso de que se volviera demasiado psicótica siempre podía usar su bankai y así aumentar su velocidad drásticamente.

- ¡Deja de huir, Ichigo, y da la cara como un hombre! – gritó Rukia, quien seguía de cerca al pelinaranja.

- ¡¿Para qué, para que otro hombre venga y me golpee? – gritó de vuelta Ichigo. Aquella fue la gota que rebalsó el vaso.

- ¡Arremolina, Sode no Shirayuki! – gritó Rukia.

- ¡¿Qué…? – alcanzó a decir Ichigo.

- ¡Danza inicial, Tsukishiro! - gritó la pelinegra, utilizando su zanpakutou.

Ichigo alcanzó a moverse justo a tiempo para evitar la mayor parte del ataque de Rukia, pero aun así una parte le afectó, y sus pies quedaron congelados en el acto.

- ¡Mierd…! – soltó Ichigo antes de caer de espaldas, incapaz de moverse.

Rukia saltó hacia Ichigo y este, desesperado, se puso a blandir a Zangetsu como loco. Para esquivarlo, Rukia tuvo que levantar sus pies en el aire, perdiendo el equilibrio y cayendo encima de Ichigo. - ¡Ah, mierda! – soltó ante la caída. Luego del aparatoso aterrizaje, Rukia estaba encima del pelinaranja, con una pierna a cada lado, una mano encima de su pecho y la otra sosteniendo su espada. Sin embargo, Rukia no parecía muy interesada en preocuparse por su posición.

- ¡Ajá! ¿Tus últimas palabras, zanahoria? – preguntó, mientras colocaba a Sode no Shirayuki en el cuello de Ichigo, sonriendo sádicamente.

Ante eso, Ichigo estaba acojonado a más no poder, pero su orgullo le impidió dar una respuesta racional. Total, si iba a morir, lo iba a hacer con dignidad.

- Vaya, ¿con que así querías tenerme? – preguntó sonriente, mirando a los ojos a Rukia. Esta simplemente le devolvió la mirada, confundida. – En serio, no tengo problema en que estés encima de mí, pero bastaba con pedirlo, no era necesario inmovilizarme, enana – sonrió.

Rukia entonces miró hacia abajo, y recién entonces pareció darse cuenta de lo comprometida de su posición. Rápidamente sus mejillas se tornaron de un color rojo brillante, mientras volvía a mirar al adolescente.

- Bueno, ya que me tienes así, ¿Qué vas a hacer, Rukia? – preguntó Ichigo, mientras su mano derecha se aventuraba y acariciaba el muslo de la pelinegra. Esta lo miro con una cara de absoluta incredulidad. ¿Qué creía que estaba haciendo? Y de algún modo, no podría reunir la fuerza para detenerlo, su caricia se sentía bien después de todo… Ichigo simplemente miraba sonriente, mientras internamente temblaba. Se le había pasado la mano, ahora si era hombre muerto. Sin embargo, no tuvo tiempo para seguir pensando al sentir unos labios pegarse a los suyos. Abrió los ojos desmesuradamente, y vio a Rukia besándolo, con los ojos cerrados. Alcanzó a reaccionar, y llevó su mano derecha a la mejilla de Rukia, acariciándola suavemente mientras cerraba los ojos y se dejaba llevar por la sensación. Justo cuando iba a empezar a profundizar el beso, la sensación desapareció repentinamente. Rápidamente abrió los ojos, para ver que Rukia no estaba por ningún lado. Ichigo parpadeó un par de veces, hasta que cayó en la cuenta de que Rukia debió de haber usado shunpo.

- Mierda… - suspiró, mientras se pasaba una mano por el cabello.

- … ¿Tan malo soy besando?

Rukia iba saltando de tejado en tejado, sonrojadísima. De algún modo había logrado reaccionar, y a lo único que atino en el momento fue a escapar. Se maldijo interiormente. ¿Por qué justo cuando más lo estaba disfrutando tuvo que cortar el momento? y, ¿Cómo demonios le iba a explicar a Ichigo lo del beso? Después de todo, ella fue quien lo inició. No pudo evitarlo, el idiota era tan atractivo cuando era arrogante… Ya vería que le decía a Ichigo, ahora mismo rogó por que los shinigamis estuvieran prontos a llegar y así poder distraer su mente con otra cosa al menos durante unos minutos.


Sí, lo sé, es corto (pero llenador $%). No se preocupen, que el próximo capítulo está en camino.