Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro.

Incantation

Capítulo 2 Reencuentros.

Al poner el primer pie en el Santuario, aun cobijado en la oscuridad de la madrugada al borde del amanecer, un aire de paz y plenitud se percibió en los alrededores para Ikki. La paz nuevamente reinaba en la Tierra bajo ninguna imposición, eran tiempos de paz.

Luego entonces avanzo por el desértico Santuario y en su camino, en medio de la nada, aun apartado de los Templos Sagrados, observo la silueta de Jabu y Marín quienes totalmente desconcertados observaban hacia ellos.

Confundido y curioso, Ikki hizo camino hacia ellos y lentamente hizo notar su presencia ante si que totalmente sorprendidos de su regreso como el primer santo de bronce que lo había hecho desde la batalla de Hades, le recibieron.

- ¡Ikki! -comento la amazona de Águila. -Has vuelto.

-Marín, Jabu…-contestó secamente.

- ¡Que alegría verte vivo Ikki! -soltó Jabu con sinceridad. - ¿Los demás santos han venido contigo?

El moreno negó y les refuto. - ¿Qué ha sucedido con Athena?

-Se ha encerrado en el Salón Papal desde ayer, y ha sellado la puerta con su cosmos, nadie sabe nada de ella. Sin embargo…Seiya ha despertado de la maldición de Hades y al parecer los Santos de oro han regresado también.

- ¡¿Eso es cierto?!-soltó con extrañeza al percatarse que lo dicho por aquella diosa que se le había aparecido frente a la tumba de Esmeralda era verdad. Luego entonces Ikki le pregunto a Marín dónde podía ver a Seiya para comentarle lo que había vivido en la Isla Muerte y ella le guio hasta su cabaña donde al penetrar, ambos santos se quedaron mirando fijamente diciéndose con sus ojos y suave sonrisa cómplice que aún tenían batallas por recorrer juntos y que, de alguna manera, los dos se alegraban de verse vivos tras los Elíseos.

Seika abandono la habitación de Marín con Kiki a petición de Pegaso y dejo completamente a solas a Ikki con Seiya, quien le sonrio amargo al verle.

- ¿Cómo estás, Seiya?

-Preocupado, no sé qué ha sucedido con Athena, me había dado unas horas para disfrutar de la presencia de mi hermana junto a mi desde que desperté porque ella así me lo había pedido, pero quiero ir a buscar a Athena al Salón Papal y reencontrarme con ella. -contestó Pegaso quitándose las cobijas de su torso y cuerpo sumamente herido y sentándose al borde de la cama.

-Entiendo.

- ¿Y Hyoga, Shun y Shiryu, sabes algo de ellos, Ikki? - cuestionó el Pegaso con cierto miedo de la respuesta.

-No lo sé, pero supongo que al igual que nosotros, han vuelto a algún lugar de la Tierra. No tardaran en venir aquí y reunirse para saber que ha sucedido, además puedo sentir el cosmos de mi hermano a una distancia cercana, pronto vendrá.

-Bien, ahora que estas aquí, quisiera pedirte que me acompañes al salón Papal, Ikki por favor. -objetó Seiya poniéndose de pie con suma dificultad y aunque el mareo y el temblar de su cuerpo le indicaban descanso, Pegaso no cedió.

-De acuerdo, despejemos dudas sobre Athena ahora.

-x-

Seiya salió con Ikki de la cabaña viendo a Seika y Kiki fuera de ella. Su hermana no dudo en acercarse al ver a su hermano de pie y desaprobar el haberse levantado, invitándole a volver a la cama y descansar. Seiya lentamente retiro su presencia y le acaricio los cabellos castaños indicándole que volvería tan pronto viera a Athena junto a Ikki y ante la seguridad que despedían los ojos de Pegaso, Seika no pudo detenerle.

Luego entonces Seiya le indico a Kiki que cuidara de ella hasta su regreso y tras ver al joven santo de Aries afirmarle, comenzó su camino hacia los Templos junto a Ikki.

-x-

Seiya e Ikki ascendieron al Primer Templo y ahí en medio del pasillo hacia la salida a Tauro observaron la Mith Cloth de Mu centellar con un cosmos cálido. Asombrados por tal descubrimiento, Ikki y Seiya continuaron su camino por cada uno de los doce Templos donde un evento semejante ocurrió en cada uno de ellos.

Hasta que al ascender las escalinatas de Piscis y presentarse en aquella puerta que daba al Salón Papal se encontraron con la enorme puerta completamente sellada por el cálido cosmos de Athena.

Seiya toco la puerta e intento abrirla, pero nada sucedió. Intento de una y otra manera golpearla, comenzando a angustiarse al ver que Athena ni si quiera dejaría que él, su santo más cercano la abriera y grito su nombre frustrado.

Fue hasta que Ikki coloco sus dedos en la amplia madera que una extraña "energía" rompió el sello de cosmos de Athena y la puerta se abrió ante la sorpresa de ambos santos.

Curiosos por aquel extraño evento, se adentraron al salón y al entrar la sorpresa les abrumo. Los cuerpos de aquellos trece santos de Oro se encontraban reposando aun en un sueño sobre unas planchas de mármol con sus cuerpos cubiertos por únicamente por una túnica blanca y en un estado de reposo que les mantenía dormidos hasta que sus cuerpos lastimados volvieran a recuperarse.

Seiya e Ikki se aproximaron a ellos y se aseguraron de que sus cuerpos eran totalmente reales, con sus cosmos apagados y emanando su propia temperatura vital.

Aquellos santos estaban tan asombrados que poco repararon en la presencia que se formaba lentamente en un halo de luz frente a ellos. Ante ellos, la misma dama que se había presentado con Ikki en la Isla Muerte les miraba divertida ante el gesto de cautivación que mostraban aquellos hombres por la resurrección de sus compañeros.

- ¿Quién eres tú? -pregunto Seiya y de inmediato se puso a la defensiva junto a Ikki.

-Soy Hebe, diosa de la juventud. -la diosa sonrio al presentarse. -Luces sorprendido caballero de Pegaso, ¿cierto?

- ¿Así que ha esto te referías cuando dijiste que algo había cambiado en el Santuario? -comento Ikki hacia la castaña, dejando extrañado a Seiya al ver que claramente la conocía.

-En efecto Ikki, ustedes los santos de Athena que perecieron en la batalla de Hades, han sido perdonados, gracias al sacrificio de Athena.

-Ikki, ¿la conoces?-pregunto de inmediato Seiya sin dejar de estar a la defensiva.

-Sí, esta mujer apareció frente a mí en la tumba de Esmeralda y me indico que debería volver al Santuario. -objeto Ikki confundido y luego volvió a la diosa a su frente. - ¿De qué sacrificio de Athena hablas?

La dama les atendió. -Athena ha sacrificado su vida terrenal y recuerdos frente a su padre Zeus a cambio del perdón de sus almas con los dioses. Ella ahora permanece en el Olimpo, en su Templo, sin embargo, en su mente ustedes… ya no existen para ella.

- ¡¿Qué dices?! -grito Seiya asombrado por la revelación.

-Su diosa Athena bebió agua del Rio Lete, el rio del olvido, el mismo rio que atraviesan los muertos en el Hades que tienen su ascenso hasta los campos Elíseos, ese líquido que alivia de cualquier pena, dolor o borra alegrías y recuerdos del pasado de un alma humana para que llegue a la paz infinita en su estancia en el Eliseo o incluso el Olimpo.

-Ahora ella les ha olvidado y jamás volverá a recordarles ni volverá al mundo terrenal…a menos que…

La diosa guardo silencio y cerro sus ojos ante la mirada intrigada de ambos santos que miraban sin entender.

- ¡¿A menos que, ¡¿qué dímelo?!-le ordeno Seiya con determinación a la diosa, quien sonrio complacida ante la braveza de Seiya.

-A menos que ustedes vayan al Olimpo con mi ayuda, ya que sus almas aún no han muerto ni son dioses para pisar aquellas Tierras sagradas, y una vez que se reencuentren ahí, sin forzarles a nada, hagan que les recuerde en menos de un día entero. -comento la diosa. -Solo así, rompiendo la promesa hecha a mi Padre por la propia voluntad de la diosa, ustedes podrán traer de vuelta la presencia de la reencarnación de Athena.

Seiya se quedó vacío ante lo dicho. -Y lo mismo sucederá contigo Ikki…-el fénix alzo su mirada hacia la dama cuando esta le nombro. -Te entregaré la vida de Esmeralda nuevamente si tú haces que te recuerde en el trascurso de ese día, la liberare y permitiré que vuelva aquí en el mundo terrenal contigo, ese será mi regalo para ti.

- ¡¿Qué dices?!

La diosa sonrio ante la conmoción provocada en el fénix por sus palabras.

-Una vez te hice la oferta de que pudieras volverla a ver, ahora te la hago nuevamente y te prometo su liberación de Olimpo si accedes acompañarme. Si esta vez me rechazas y tú también Seiya, no volveré jamás a presentarme frente a ustedes. Créanme soy su única esperanza para hacerlas volver.

- ¿Por qué quieres ayudarnos? -cuestionó Pegaso a la diosa.

-Tengo mis razones caballero, pero de algún modo, sé que es lo correcto. -acertó a decir la diosa estirando su báculo en forma de vasija hacia ellos. - ¿Entonces, aceptaran la oferta?

Ikki y Seiya compartieron una última mirada preguntándose si debían intentarlo o no. Al final ambos asintieron pues no tenían otra opción, tenían que arriesgar. -Bien.

La diosa sonrio complacida. -Pero debo advertirles que… si llegaran a pasar el límite de tiempo que mi cosmos les permite permanecer en el Olimpo sin ser reconocidos como humanos y si un dios les reconociera y decidiera acabar con ustedes, yo no intercederé y su alma se disolverá en el tiempo y espacio y jamás podrán volver a la Tierra, es el todo por el todo caballeros.

Seiya dudo un instante ante la promesa que le había hecho a Seika de volver con ella, sin embargo, también era un santo de Athena y a su vez, Saori, la mujer que habitaba en su corazón y que también era su diosa, le necesitaba. -Lo hare.

-Seiya…-soltó Ikki asombrado.

- ¿Iras conmigo, Ikki? -pregunto el castaño viendo como entre la confusión, el fénix posaba su mano en su hombro y le correspondía.-Bien.

-Ya veo, si es así, toquen el agua que caerá de mi báculo y bébanla, es el "néctar de los dioses" y en un abrir y cerrar de ojos estarán en el interior de mi Templo, en el Olimpo.

La diosa estiro el báculo y lo coloco horizontalmente dejando que un hilo de agua cristalina y centellante cual estrellas brillantes cayeran en el suelo en aquel salón papal disolviéndose en el aire. Seiya fue el primero en hacerlo y sin dudar, coloco sus manos en forma de cuna, metiéndolas en el agua que caia y sorbió el agua del báculo, luego Ikki le imito y en instantes, ambos se sintieron totalmente livianos, como si sus almas abandonaran su cuerpo y una calma infinita les llenara de júbilo y quietud, volviéndoles ligeros y fuera de si.

-x-

Luego entonces, Seiya lentamente abrió los ojos en un parpadeo y al hacerlo, observo que ya no se encontraba en el Salón Papal, si no en un bello Templo griego de enormes columnas de mármol y preciosas piedras preciosas y flores con olivos adornando el salón. A su lado, Ikki volvió en sí y sentando en el suelo como él, lentamente abrió los ojos percatándose de lo que había sucedido. La diosa no había mentido, ahora se encontraban en el Olimpo.

Ambos santos se alzaron del suelo y se observaron la piel y manos que destellaba una aura y brillo blanco completamente extraño similar al que Hades, Poseidón y la misma Athena mantenían cuando alzaban sus cosmos y sus cuerpos antes heridos, parecían sentirse perfectos y ligeros cual hoja al viento.

-Me alegra que despertaran…-soltó la diosa con diversión sentada desde una enorme silla de mármol tras de ellos. -No hay que perder mucho tiempo, vayan a cambiarse las ropas por algo más apropiado. -objeto la diosa al ver a ambos santos con sus ropas comunes.

- ¿De qué hablas? Dijiste que nos llevarías hasta Athena y Esmeralda…-objeto Seiya desconfiado.

-Y lo haré, pero si no mal recuerdo, ustedes no tienen muy buena relación con los dioses, y si les reconociera alguno por la apariencia y decidiera arrancarles la cabeza por sus faltas antes que realicen su encomienda, nada podría yo hacer para evitarlo por mucho que intente cubrir sus cosmos con mi protección.

- ¿Entonces que se supone que haremos?

La dama se alzó de la silla y avanzo hasta ellos. -Athena y Esmeralda no se encuentran en mi Templo, si no en una celebración en el Templo de Zeus junto a todos los dioses. Es necesario ir ahí y así ustedes podrán empezar su labor, pero para ello deben usar ropa de alguno de nuestros sirvientes para que se pierdan entre la multitud y algún antifaz, como el que usualmente usamos los dioses en este tipo de celebraciones… Así nadie podrá reconocerles, y dependerá de ustedes llegar hasta ellas y hacer todo lo posible por que les recuerden.

-Entiendo. -soltó Seiya.

Enseguida, detrás de ellos una bella doncella de cabello rubio y peplo les señalo una habitación en las que ambos santos podrían encontrar ropa más adecuada a la ocasión.

-Apresúrense, no tenemos tiempo. -ordeno la diosa mientras veía a ambos jóvenes avanzar hacia aquella habitación y sonreía discreta.

En una cama, un par de túnicas blancas griegas de un hombro descubierto, con preciosos adornos de oro como cinturón y broche en el hombro, un par de diademas de olivos y sandalias les esperaban a ambos santos. Fénix y Pegaso se desnudaron instante y colocaron sobre su piel aquella sencilla vestimenta, percibiéndose simpáticos ante la manera en como lucían, cual "dioses griegos" pues no eran ropas que alguna vez en su vida se hubiera atrevido a usar menos, siendo orientales.

Una vez vestidos, ambos santos salieron de la habitación y la misma doncella que les había indicado el lugar para cambiarse, les entrego un antifaz de plata que solo cubría la parte superior de su rostro a cada uno.

La diosa al verles se sorprendió, ambos hombres lucían como bellos "sirvientes", incluso cual dioses con aquellas ropas y aura divina que ella misma les había otorgado. Satisfecha, asintió para ellos aprobando su estado y les invito a seguirle, mientras ella misma se colocaba su antifaz personal en el camino.

-Vamos…

Ambos santos emergieron del Templo escoltando a la diosa hacia preciosos campos luminosos donde la belleza era inaudita ante sus ojos. Los colores en el cielo lucían cual arcoíris multicolor en tonos violetas anaranjados y el suelo en sus pies se concibia como si de nubes se trataran a cada paso. Frente a ellos a escasos pasos de andar, una enorme cascada que sobresalía junto a un vasto e imponente Templo los sorprendió a ambos santos. Era el Templo de Zeus.

Los santos vieron a algunas ninfas y doncellas corretear por los alrededores en su camino mientras las magias de las flores del sendero hacían lo propio cambiando de color según continuaban su paso. Minuto a minuto la diosa y santos se aproximaron hasta la entrada del enorme Templo y ahí, al penetrar la sorpresa les inundo más sus cuerpos.

Cientos, quizás miles de personas se encontraban en aquel sitio, desde siervos, doncellas atendían a sus señores y damas, dioses disfrutando y bebiendo vino sentados en enormes sillas de mármol, otros más divinos tocando sus sinfonías sonriendo ante el deleite musical que provocaban en las ninfas que gustaban cautivar. Todo lo que en leyendas se imaginaron, se encontraba frente a sus ojos. La pupila se inundó para ambos santos que confundidos no supieron exactamente qué hacer ni a donde ir.

La diosa entonces les invito a seguirles hasta una orilla donde había un diván de mármol dispuesto para ella y escoltarla como parte de su servicio. La diosa se sentó en él y de inmediato algunas doncellas se aproximaron a ella ofreciéndole uvas y vino.

Enseguida, una preciosa mujer de largos cabellos rizados le llamó la atención a la diosa recién llegada, acercandose a ella y analizo las dos nuevas compañías que le seguían.

-Hermana…-soltó con orgullo la rubia hacia la otra. -Has tardado en llegar y ahora veo por qué. -soltó con diversión la diosa rubia mientras se mordía los labios ante los confundidos Ikki y Seiya. - ¿Otra vez has escogido a un par de amantes humanos?, vaya que estos no son tan jóvenes como acostumbras, pero lucen exquisitos.

-Ilitia, diosa de la discordia, como siempre tan imprudente y vulgar. -la castaña le sonrio sarcastica. -Si te da tanta envidia puedes ir por los tuyos, yo no presto mis juguetes, ahora lárgate y déjame disfrutar de la fiesta.

-Que intolerante Hebe…-soltó la diosa e irritada se dio la media vuelta haciendo suspirar de molestia a la dama.

Hebe entonces les hablo a los santos detrás suyo. -Ya hice lo prometido, ustedes deben terminar el resto, vayan y encuéntrenlas. Y recuérdenlo santos, al término de esta celebración, si no han podido lograr que vuelva su recuerdo o son descubiertos, su alma se disolverá en la nada. Les deseo suerte, caballeros de Athena.

Ikki y Seiya asintieron y observaron cada rincón del lugar tratando de encontrar a aquellas jóvenes que tanto buscaban. Entonces algo ocurrió.

Los ojos de Fénix se iluminaron cuando reconoció entre todas ellas junto a una columna a su Esmeralda. Ikki parpadeo un par de veces tratando de asegurarse que no era una visión ante sus ojos, los cuales se sonrojaron al verla, tan bella y sonriente, con aquel peplo y cabello rubio decorado por perlas sirviendo vino con delicadeza. Era como una ilusión divina.

-Esmeralda….

Ikki balbuceo su nombre aun absorto por la sorpresa y lentamente se hizo camino hasta ella entre la multitud sintiendo como a cada paso que daba el corazón se aceleraba cada vez más. El tiempo se hizo eterno para él.

Ahí estaba ella, entre algún par de doncellas más pero destacaba entre todas. Ikki quería correr a sostenerla, a abrazarla como si nadie mas existiera y decirle cuanta felicidad sentía al verla, cuanto tiempo le había hecho falta y lo mucho que la amaba, pero se contuvo para no parecer loco y peor aún, ser descubierto en aquel lugar y morir sin ella. Subió un par de escalinatas y entonces la vio perderse en uno de los pasillos de enorme Templo, alejándose de la fiesta. Ikki la siguió un par de metros mientras ella se perdía en una habitación contigua del Templo en busca de vino para llenar aquella jarra que sostenía en sus manos. Ikki entonces se quedó hipnotizado a ella, quien se quedó al filo de la puerta de la habitación, viéndola servir más vino con quietud. Ikki lentamente penetro la oscura habitación apenas iluminada por un rayo de luz sintiendo como su aliento se extinguía cada paso. Por fin la tenia cerca, a suspiros de si.

-Esmeralda…-susurro el moreno, escuchando el retumbar de sus pasos huecos y de pronto, la bella doncella se giró a enfrentarle. Ikki se congelo a escasos metros de ella y sintió como dos lagrimas caían de sus ojos. La dama le sonrio cálida y asintió a su llamado.

- ¡¿Eres tú… ¡¿Esmeralda?!-soltó totalmente incrédulo el fénix, pues tras muchos años de asimilar su muerte, jamás imagino que la tendría nuevamente ante él.

-Ese es mi nombre, ¿cuál es el suyo? -ante la pregunta de la doncella, Fénix cayo en cuenta en lo dicho por la diosa Hebe.

El santo poso sus manos en los delgados hombros de la dama que le sonreía mientras él conmocionado, pronunciaba:

- ¿No me recuerdas?, soy Ikki, Ikki el chico que conociste en la Isla de la Reina Muerte…

La bella rubia comenzó a reír divertida ante lo dicho y negó con la cabeza.

- ¡Que tonterías dice señor! -soltó la rubia ante la conmoción. -Yo siempre he estado aquí, con mis señores dioses y mi señora Hebe, no sé qué es lo que dice.

El santo la sostuvo con más fuerza y volvió a pronunciarle. -Por favor Esmeralda, sé que me recuerdas…-la confusión y asombro se reflejó en el rostro de Esmeralda. -Mírame a los ojos, dime que puedes verme, soy yo, Ikki de Fénix, soy Ikki… mi amor.

- ¡¿Qué?!-soltó la doncella mientras sonreía divertida ante lo que parecía una broma.

-x-

Seiya se quedó sorprendido ante la escena que habían presenciado sus ojos ante el abandono de su amigo fénix siguiendo a una bella doncella rubia y sonrio para sí. Ikki había encontrado a la persona que buscaba. Ahora dependía de él y solo él, ir en busca de Saori.

Seiya observo lentamente cada rincón del lugar, sin embargo, comenzó a desesperarse al ver que a diferencia de Ikki, él no parecía tener éxito.

-No la veo…-le susurro con fuerza Pegaso hacia la diosa castaña, sentada frente a él.

-Ella está aquí Pegaso, es su celebración.

- ¿Celebración?

-Así es, de vuelta al Olimpo.

Seiya se quedó perplejo ante la confesión. Sabía que ya tenía todas las de perder con esa sentencia, la atención de toda la multitud se centraría en Saori, por lo que un encuentro con ella y privado seria sumamente difícil. Pero ella estaría ahí, eso era seguro, así que nada le rendiría para llegar a ella.

-Seiya, mira en la entrada. -objeto en segundos la diosa castaña. Pegaso entonces obedeció y ahí, preciosa, con aquel peplo ceñido a su cintura por aquel corset de oro, adorno en su cabeza cual pavoreal y su báculo Nike a su lado, la bella dama hizo su aparición con un antifaz que cubría la mitad de su rostro.

El rostro de Seiya se ilumino al verla, era ella, Saori. Lucia preciosa, tal como recordaba y sonreía divertida al ver los aplausos que la multitud daba a su paso al verla caminar. Seiya quiso ir inmediatamente hacia ella, pero Hebe le detuvo posicionando su báculo frente a él y le negó.

-Aun no es tiempo Pegaso, te descubrirás solo y todo será en vano, se paciente y prudente, la oportunidad para que hables con ella aparecerá, ahora solo obsérvala desde lejos y no la pierdas de vista.

Seiya apretó sus puños y lentamente los destenso, pues sabía que la diosa tenía la razón, ahora las miradas estaban completas en ella. Y suspiro mientras la veía preciosa saludar a todos y cada uno de los invitados divinos hasta llegar a un sillón de mármol cerca de aquella enorme águila de mármol que representaba a Zeus, quien al parecer no estaba presente en aquel evento.

La dama se sentó en la silla y de inmediato, un hombre semejante a Julián Solo se aproximó a ella y le beso la mano entregándole una bella rosa blanca, siendo obvio aquel coqueteo descarado hacia ella. Educada, la diosa sonreía y atendía las palabras de aquel dios mientras algunas que parecían diosas murmuraban ante la incredulidad que aquella diosa que había faltado tanto a los dioses estuviera de aquella manera tan libertina y soberbia disfrutando de tanta atención de los varones. Seiya volvió a fastidiarse, deseaba con todo el corazón poder usar sus Meteoros y volar a aquellos dioses lejos de la presencia de Athena, sin duda ninguno era digno de ella. O quizás eso se repetía en sí mismo pues no soportaba la idea que ella fuese de alguien más que no fuera él. Porque la amaba, con cada pensamiento, con cada tristeza o alegría, con el fondo de su alma, él le pertenecía y ella a él, ese había sido su destino.

Hebe entonces busco con la mirada a su dios cómplice en la fiesta y al encontrarlo, fijo su mirada en él hasta que él le recibió. Hermes le asintió a Hebe y alzo su copa hacia ella en señal que su plan estaba funcionando a perfección.

Luego entonces el dios de cabellos verdes, se alzó de su sillón de mármol donde disfrutaba de la atención y caricias de un par de doncellas y se hizo camino hasta donde se encontraba Athena.

-Seiya, tu momento se presentará ahora, hazlo bien.

- ¿Qué? -pronuncio el santo confundido y vio a la diosa castaña ponerse de pie e invitándole a tomar su mano dejando a un lado su báculo.

Hermes se arrodillo frente a Athena, perspicaz e incluso pasando de largo la demás presencia de aquellos dioses que tanto le abrumaban con su atención.

-Mi señora Athena, sería un honor si me concediera un baile con su infinita gracia.

-Hermes…-sonrio Saori hacia el dios y se puso de pie ante la sorpresa de todos, pues le simpatizaba el dios. -De acuerdo.

El dios de ojos verdes sonrio y la hizo levantarse con él sosteniendo suavemente su mano, para después gritar a los invitados y músicos.

-Por favor su atención, haremos un baile en honor a nuestra hermana Athena, quien desee acompañarnos, puede venir gustoso a hacerlo.

Los invitados comenzaron a despejar la parte de en medio del vasto salón para permitir que las parejas que deseaban bailar se aproximaran a la pista e hicieran lo propio.

Seiya entonces lo entendió, tomó la mano de Hebe y avanzo con la diosa de la juventud hasta la pista viendo como decenas de parejas más lo hacían de igual forma.

-Espero sepas bailar…-soltó con broma la castaña hacia el Pegaso, que ligeramente ruborizado, asintió lentamente. -Atento Seiya esta es tu oportunidad.

Las arpas comenzaron a resonar junto a un par de violines perfectamente guiados junto a la sinfonía de las cuerdas de aquellos siervos que atendían como músicos, en una vibrante y animada melodía, que hizo mover delicadamente los cuerpos de aquellas presencias divinas y elegidos del Olimpo al ritmo del vaivén sensorial.

Cada pareja comenzó a perderse en la magia de la sinfonía, sonriendo entre si y haciendo girar a sus parejas al ritmo que las arpas lo invitaban a hacerlo. Seiya estrecho su cuerpo al de Hebe y ambos continuaron avanzando hasta aquella dirección donde se encontraba Hermes y Athena, girando una y otra vez, al igual que sus peplos que bailaban al aire en cada movimiento.

Fue entonces que un trapicheo en la sinfonía se hizo presente y se invitó al cambio de parejas en el circuito. Hebe y Hermes se miraron entre si y se buscaron el uno al otro, acercando a Seiya y Saori limitándolos a recibirse a ambos como pareja en el baile. Y así sucedió, en un giro Hermes y Seiya cambiaron de parejas y Seiya y Saori bajo aquel antifaz, por fin se reencontraron.

Athena se sobresaltó cuando el amplio brazo de Seiya la atrapo de la cintura y la sujeto completamente hacia su cuerpo dejándola momentáneamente sin aliento mientras ambos giraban al ritmo de la melodía. Los preciosos ojos azules de la diosa se clavaron en los castaños de Seiya, quien la miraba con aquella ternura y devoción que solo ella podía provocar en él haciéndola temblar aun sin saber por qué.

Era la mirada preciosa, taciturna y profunda de aquel "sirviente" del Olimpo lo que por alguna razón le había conmovido a aquella diosa.

-Athena…-murmuro con dulzura el Pegaso mientras la sujetaba a su cuerpo, haciéndola girar. La diosa entonces se sintió estremecer preguntándole antes que sus ojos se sonrojaran.

- ¿Quién eres tú? –comentó la diosa con suavidad.

-Soy Seiya, Seiya de Pegaso, ¿no me recuerdas?

Aquel nombre provoco un escalofrió en la pelilla, quien abrió aun más sus ojos ante la revelación. En un último acorde finalizando la canción, Seiya la sostuvo de la cintura y al alzo un instante en los aires para después dejarla descender lentamente al suelo sin dejar de clavarle aquella mirada tan suya. La música entonces se detuvo y los aplausos se hicieron resonar deteniendo sus pasos. Los ojos azulados de Athena entonces dejaron escapar un par de lágrimas, abrumándola a pesar de no saber exactamente por qué. Las emociones propias se descontrolaron.

Entonces ella no pudo resistirlo y a pesar del tumulto que mantenía su atención en ella como protagonista de la celebración, Saori salió corriendo de la pista, huyendo a un lugar más tranquilo para calmar sus nervios.

-Saori…-murmuro Pegaso y de inmediato corrió tras ella mientras Hermes y Hebe sonreían ante su travesura viéndoles huir de las miradas. Estaba hecho su plan y las cosas estaban por cambiar.

Continuará…

Gracias por leer a cualquiera que se haya perdido por aquí… Y a Camilo,Bonnie Blutler y Cristal Libra, por darse un tiempo para escribir y animarme, aprecie mucho sus palabras porque no han sido días buenos, entre perdidas familiares y días tristes, escribir me alivia el alma poquito y saber que me acompañan en este sendero de imaginación lo hace aun más disfrutable. Espero les guste la conclusión de este fic cortito.

Ilitia es diosa de la discordia, hermana de Hebe (Juventud), Hefestos( Fuego y armas) y Ares (Guerra), hijos todos de Zeus y Hera( matrimonio).

Para el baile me inspire en la canción W.E. - Charms (Abel Korzeniowski), es preciosa.