Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro.

Incantation

Capitulo Final 3 de 3. Esperanza

Seiya corrió detrás de Saori sin si quiera importarle las demás miradas que les siguieron en su huida de aquella pista de baile tras la diosa. Y la vio correr entre un amplio pasillo de columnas de mármol en aquel enorme Templo de Zeus hasta adentrase a una habitación. Sin miramientos, Seiya cruzo la habitación como lo había hecho ella y en el fondo pudo ver un balcón donde tras una cortina de seda translucida, la diosa apoyada en él, dejaba caer un par de lágrimas sin razón, quitándose el antifaz en su rostro y lanzándolo al suelo, frustrada. Y es que extrañamente las emociones la habían arrebasado al bailar con "aquel hombre" de mirada chocolate, provocándole escalofríos.

¿Por qué sentía tan familiaridad y ese sentimiento de nostalgia al enfrentarse a ese hombre del baile?, se dijo a sí misma la diosa de la sabiduría visiblemente frustrada al no poder recordar nada en su mente y tener pensamientos vacíos.

De pronto, el retumbar de unos pasos en la vacía habitación sorprendieron a la diosa y a su espalda, dos brazos la acorralaron contra el balcón, percibiendo como un tibio cuerpo en su espalda le sujetaba con su peso, removiendo con su respirar sus lacios cabellos en la nuca, haciéndole erizar.

Bruscamente, Athena se giró para enfrentarle, pero al reconocer a "aquel hombre del baile", quedo completamente inerte entre aquella prisión de brazos.

-Athena, ¿no me reconoces? -pronuncio el castaño removiendo un instante su brazo y arrancándose de un tajo aquel antifaz en su rostro. La diosa comenzó a sentir aquel vaivén agitado de su pecho y se centro en la preciosa mirada chocolate del santo que le atravesaba como daga con su brillo. Un escalofrío de pies a cabeza le recorrió con su mirar y quieta, le atendió.

Seiya no se detuvo y atrevido poso su mano lentamente en la mejilla de la diosa.

-Mírame Athena, soy yo Seiya.

La diosa sintió extremadamente cálida aquella caricia en su mejilla acunada y cerro sus ojos un instante disfrutando de ella, tierna y dulce como una suave pluma errante en su piel. Y se dejó embriagar por el exultante placer de sentirle. Sin embargo, pronto la razón volvió a ella y en un movimiento violento, alejo la mano de Seiya de su mejilla y le abofeteo con la suya, desconcertándolo. Seiya aguardo su mirada al suelo, totalmente confundido, mas no sintió dolor por aquel ataque.

-Eres osado, ¡¿cómo te atreves a tocarme y acosarme de esta manera?!-soltó la diosa tratando de librarse de aquella prisión en el cuerpo de Seiya. - ¡Soy una diosa y tu un simple sirviente!

Seiya sonrió para sí, aquel momento esa actitud le recordaba la época en la que Saori le trataba peor que la miseria misma en su regreso de Grecia, tan altanera y orgullosa como recordaba, por lo que aquellas acusaciones o palabras despectivas no le eran de importancia ni causaban dolor.

- ¡Aleja tus manos de mi ahora o te castigare, deseo volver al salón ahora! -ordeno la pelilla haciendo sonreír sarcástico a Seiya, quien le negó y sin contenerse, jalo firme de la cintura y la apretó a la suya entre leves forcejeos.

-No, no te dejare ir hasta que me escuches…

- ¡Suéltame! -grito la diosa con firmeza.

-Saori, mírame, soy yo Seiya, tu caballero de Pegaso, aquel niño huérfano que conociste en el orfanato Kido, aquel al cual despreciaste tantas veces y que con el tiempo fue adentrándose a tu corazón, aquel que te ha protegido con la vida misma porque te ama con toda el alma, aquel que daría la vida con tan solo verte feliz, él que nunca va a dejarte por más que le niegues que se quede a tu lado.- la dama dejo de forcejear escuchando atenta cada palabra mientras sus ojos asombrados se rozaban de incipientes lagrimas.-Porque te amo, lo sabes.

Aquellas palabras desconcertaron a la diosa completamente, haciendo que su mirada brillara centellante para él. - Si tan solo pudieras recordarme, sé que puedes hacerlo, sabes bien que vivo en tu corazón y que nunca me olvidaras así que, ¡mírame! Y si no es cierto, dime que no es así, que no me amas y que no importo nada para ti…solo así te dejare ir y me iré sin importar nada más.

La dama comenzó a temblar al estar sujeta de aquella manera y con toda aquella serie de afirmaciones que el Pegaso desvelaba para ella. Entonces dudo, ¿por qué ese hombre le hablaba de una historia que ella no conocía, pero que le desconcertaba tanto?

Athena titubeante, solo atino a reafirmar. - ¡¿Qué tonterías dices?, yo nunca te he visto, ¿acaso estás loco?!

-No es una locura, tú lo sabes bien.

- ¡Suéltame! -gritó la dama sin poder comprender como sus pensamientos estaban completamente en blanco y sus emociones hechas trizas.

- ¡Saori!

De pronto las intensidades de sus movimientos comenzaron a ser más fortuitas por lo que Seiya no supo que más hacer e impulsivo como era, no se limitó y empujo sus labios hacia la diosa, quien, sorprendida, sintió la cálida boca de Pegaso apresar la suya apasionadamente. La diosa siguió forcejando unos segundos más ante la preciosa caricia y lentamente comenzó a dejarse llevar por la atrapante delicadeza de Seiya. Él era delicadeza y emoción, escalofríos y un subidón al alma con tan solo el sentir de sus labios, ¿acaso ese hombre era todo aquello que afirmaba?

El santo dejo de apretar la cintura de la dama, pero continuo con su cobijo sintiéndole la curva espalda con la yema de sus dedos y ella cerro sus ojos percibiendo aquel mar de cosquilleo que aquel beso le provocaba. Seiya bailo entre sus labios, moviendo su nariz de un lado a otro mientras la diosa dejaba escapar un par de lágrimas de sus ojos ante la mezcla de emoción, dulzura y placer que sentía en aquella boca.

De pronto, todo se hizo difuso y etéreo para ella.

-x-

Hermes soltó a Hebe de la pista de baile tras ver el murmullo de los dioses a su alrededor, así como el correr de Seiya tras Athena y travieso, corrió hasta una de las columnas, perdiéndose hacia alguna de las habitaciones mientras la multitud aclamaba con fuerza el motivo de la desaparición repentina de la diosa anfitriona de la fiesta. Poseidón, Hefestos, Ares y un sinfín de dioses más se levantaron de sus asientos y comenzaron a removerse inquisitivos en búsqueda de la diosa ausente mientras Dionisio, el dios del vino, suplicaba la calma de los presentes y el continuar de la fiesta.

Hebe entonces comenzó a ponerse nerviosa al ver a un par de dioses adentrase hacia los pasillos donde había desaparecido Athena… pronto descubrirían a Seiya.

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Cuando Ikki pronuncio aquellas palabras para Esmeralda con lágrimas en sus ojos ante su reencuentro, la confusión la abrumo. La joven rubia solo quiso tomar la jarra con néctar e huir de la habitación ante "el desconocido", sin embargo, Ikki le negó sosteniéndola de los brazos mientras sus ojos húmedos le rechazaban su partida con la cabeza.

-Esmeralda, mi amor, escúchame vine por ti, a llevarte a la Tierra conmigo- la rubia suspiro sin entender. -Tu alma esta prisionera aquí en los Elíseos, y yo quiero llevarte de vuelta conmigo a la Tierra, vamos, solo tienes que recordarme, sé que aun habito en tu mente, así que esfuérzate, soy yo Ikki. - el fénix la sujeto de los hombros con firmeza haciéndole temblar y con suma dulzura, le objeto.

-Piensa en mí un instante amor mío, solo hazlo.

Esmeralda le miro unos segundos fijamente a los ojos, sin embargo, no pudo más que encontrar vacío en ellos.

- ¡Suélteme ahora o gritare por ayuda! -negó la rubia tratando de huir del agarre del santo. Ikki se resistió al saber claramente que la perdía, y ansioso, tiro al suelo la jarra en manos de Esmeralda de un manotazo y la atrajo con fuerza a su cuerpo. - ¡Esmeralda!

La jovencita asustada comenzó a golpear el pecho de Ikki, quien adolorido por su rechazo dejaba a sus ojos descargarse de frustración e impotencia al no poder traer de nueva cuenta su recuerdo. Ikki podía soportarlo todo, las más duras batallas en guerra, pero no así el rechazo de a quien tanto amaba.

- ¡Suéltame! -la rubia comenzó a sollozar humedeciendo las ropas griegas del santo, quien la soltó lentamente mientras ella se empujaba lejos de él.

-Esmeralda.

Detrás de ellos, la puerta de la habitación se azoto e Ikki se giró hacia su espalda, notando una presencia haciéndoles compañía entre las sombras de aquella habitación oscura.

Alerta, se preparó para atacar, posicionando a Esmeralda a su espalda y pretendiendo protegerla ante cualquiera.

- ¿Quién eres tú? - pregunto Ikki viendo a la presencia descubrirse lentamente de entre las sombras.

-Esa dama tras de ti te ha dicho varias veces que la sueltes, ¿Qué acaso los humanos son tan presuntuosos para venir a lastimar a nuestras damas ante nuestras narices? - soltó con una risa divertida aquel hombre recién llegado, dejándose ver completamente. Para su sorpresa, aquel no era otro que Hermes.

- ¡Ella no te pertenece! -grito furaco el fénix apretando su puño con ira ante el dios.

-Ah, ¿no y a ti si, mortal? -soltó el dios con sarcasmo. -Mírala ahí, tras de ti, muerta de miedo porque te desconoce. -Ikki miro un instante a Esmeralda detrás suyo, quien nerviosa veía la escena. Y era cierto, el terror al verle se dibujaba en el rostro de Esmeralda. Ikki se asombró ante el hecho.

-Ahora jovencita, dime tú, ¿con quién de los dos te quieres quedar en la habitación? -pregunto Hermes con absoluta serenidad hacia la rubia doncella. Esmeralda no dudo y sin pensarlo, corrió hacia Hermes, posicionándose detrás suyo ante la mirada congelada y absorta del fénix.

La voluntad de Ikki se quebró al ver el rechazo de Esmeralda totalmente incrédulo.

- ¡Esmeralda! -murmuro Ikki viendo a su amada ahí, detrás del dios completamente desconcertada por la situación y buscando su protección.

- ¿Ves humano mortal?, ella es mía y lo será por siempre. -Hermes complacido ante la decisión de la doncella, el tomo de la muñeca, jalándola y la posiciono a su frente, abrazándola frente a la mirada de Ikki.

- ¡Cállate! -grito Ikki completamente enloquecido de ira. El dios aún más sagaz, alzo sus dedos y los dejo resbalar por la mejilla y cuello de Esmeralda que comenzaba a temblar por aquellas caricias extrañas que el dios que jamás le había propinado.

-La hare mía, una y otra vez hasta que me canse y profanare su cuerpo precioso cuando este día acabe y tu desaparezcas. -soltó el dios divertido ante la ira de Ikki.

- ¡Suéltala ahora maldito! -grito Ikki sin poder contener más sus emociones y furico, lanzo su puño contra el dios, quien, en un solo movimiento de su mano, lo hizo caer al suelo totalmente abatido. Por mucho que su cosmos se alzara, sin armadura y en dominios del Olimpo, el santo no era rival para un dios.

- ¡No! -grito Esmeralda haciendo que el santo aun en el suelo, sumamente dolido y con el cuerpo totalmente acalambrado del dolor ante el ataque del dios, sintiera alivio en su pecho al escucharla. La dama entonces comenzó a tener visiones borrosas al ver a aquel moreno tendido en el suelo.

El dios alejo a Esmeralda de si y avanzo lentamente hasta Ikki, posando su pie sobre su cabeza y aplastándola contra el mármol del suelo mientras el santo sollozaba y gruñía de dolor.

- ¡Despídete humano! -soltó el dios con total seriedad. -Morirás frente a tu amada, como deseas.

Ikki exclamo un grito con sumo dolor. - ¿Ves? Después de todo soy un ser piadoso, te dejare ver lo que más quieres en el mundo antes morir y te iras al Hades con esa imagen en mente.

- ¡Esmeralda! -gritó Ikki estirando su mano adolorida hacia la imagen borrosa de la rubia, quien en un rincón veía aterrada la escena. Esmeralda entonces comenzó a sollozar ante lo que veía y en un parpadeo, una imagen volvió a su mente. Era Ikki, de la misma manera en el suelo muchos años atrás y en ella, el fénix estaba completamente lastimado mientras un hombre de mascara febril lo golpeaba con fuerza. Esmeralda se dejó caer al suelo abrumada por la imagen y se llevó sus manos contra su cabeza viendo aquellas imágenes dolorosas correr por su mente. Y entonces una llego de golpe. Era ella con el cuerpo sangrante mientras los felinos y cálidos ojos de Ikki la sostenían con fuerza, tratando de que no apagara sus ojos. Lentamente sus suspiros se fueron consumiendo y la última imagen de sus ojos había sido la mirada triste y profunda de Ikki mientras un "te quiero" se quedaba quieto en su último aliento. Esmeralda, entonces lo reconoció. Era Ikki, la persona que más había amado.

-Buen viaje mortal y no te preocupes, ella te alcanzara pronto. -objeto el dios peliverde apretando aún más el rostro de Ikki al suelo. - Será una lástima que no estés para proteger a esta doncella más, sobre todo cuando haga una fiesta con su cuerpo hasta matarla de dolor.

- ¡No! -grito Ikki completamente furico y comenzó a alzar su cosmos nuevamente ante el asombro del dios. Hermes se alejó unos pasos y sorprendido por la tenacidad del caballero, observo al fénix aferrarse al último ápice de vida con tal de defender a su amada. Entonces algo sucedió. Como en cámara lenta, la presencia de Esmeralda paso a lado del dios y corrió hacia Ikki, gritando su nombre mientras se abalanzaba al santo herido.

- ¡Ikki! -soltó la dama abrazándose con fuerza al pecho del santo mientras esté completamente desconcertado la recibía. - ¡Ikki te recuerdo, Ikki!

- ¡Esmeralda! -Ikki le acaricio sus cabellos un instante, disfrutando del calor de su abrazo y la miro una última vez a los ojos ante a la sorpresa del dios. -Perdóname Esmeralda.

-Ikki.

Sin dudar, el moreno la posiciono detrás suyo y se dispuso a atacar al dios nuevamente.

- ¡Maldito! -soltó con rencor el fénix posicionándose para dar su ataque mortal "La ilusión de Fénix".

El dios entonces bajo la guardia y le dio la espalda súbitamente a Ikki, bajando la mirada.

-Fue suficiente.

El japonés completamente desconcertado, pero aun desconfiado, le grito. - ¡¿Qué quieres decir maldito?!

El dios volvió a reír, aunque más sosegado.

-Yo no voy a pelear contigo Ikki, pues ya has liberado el alma de tu amada.

- ¡¿Qué?!-exclamo Ikki totalmente confuso.

El dios sonrió para sí. - Lo siento Ikki, tuve que ponerte en esta situación o Esmeralda jamás hubiese recordado nada de ti. -habló el dios y ladeó su cuerpo para sonreírle amable. -Ahora todo depende de él otro mortal para que ambos puedan completar su tarea aquí en él Olimpo, sin embargo…

De pronto, la puerta de aquella habitación se abrió violentamente interrumpiendo al dios y trayendo la presencia de la diosa Hebe a la habitación.

- ¡De prisa Hermes, van a descubrir a Pegaso, acompáñame, sabes bien que debemos hacer! -la diosa compartió una mirada con el otro dios y a su vez, miro a Ikki y Esmeralda juntos comprendiendo lo que había sucedido.

-Me alegro por ustedes, no se separen partir de ahora.- soltó al diosa con una sonrisa amarga y luego volvió a mirar a su hermano.-Demonos prisa, no hay tiempo, deben estar en el salón principal.

-Si.

Hermes comenzó avanzar hacia la salida junto a Hebe mientras Ikki aun incomprensible por la situación, les seguía junto a Esmeralda.

-x-

De pronto, Seiya en aquel salón, se alejó suavemente de los labios de Saori regalándole un último suspiro y abrió en pequeños parpadeos lucidos sus ojos chocolates enfrentándose con la empapada mirada de la diosa, quien le miraba sin entender.

-Seiya…-suspiro ella haciendo que el corazón del moreno se detuviera un instante y sonriera suave para ella. Athena descendió la mirada y vio en su mente, la armadura de Pegaso y detrás suyo la sombra de un hombre similar al que estaba a su frente.

- ¿Me recuerdas, Saori, me recuerdas?

-Eres Seiya…-musito aun confusa.

Tan pronto termino de decir aquellas palabras, la puerta de la habitación se abrió detrás suyo y Pegaso se giró a observar a un dios penetrar la habitación.

Una amplia y sordica sonrisa de dibujo en un hombre de cabellos oscuros y ojos rojos como si de la sangre misma se hablará. Su presencia sola, podía hacer sentir terror ante la profundidad de sus ojos reveladores. Imponente dio un par de pasos dentro de la habitación y con el solo alzar de sus dedos, hizo alzar a Seiya a los aires y azotarse con fuerza contra el suelo frente a la sorpresa de Athena.

-Por fin ante mis ojos, el caballero que se atrevió a profanar a Poseidón, aquel que humillo a Eris, Abel y al mismo Hades…-sonrió el dios con diversión al ver al japonés tendido en el suelo.

-El caballero de Athena, Pegaso.

El dios sonrió al ver retorcerse de dolor a Seiya y sin poderse sostenerse para ponerse de pie.

-Sabía que algún día vendrías por ella, Pegaso, aunque esto ha sido demasiado pronto, ¿Quién te ha ayudado?

Seiya tendido en el suelo, quiso volver a ponerse de pie, pero ante la caída y estremecimiento por todo su cuerpo sentía que todos sus huesos se habían hecho trizas sin fuerza suficiente para lograrlo. Y es que sin armadura y ante un ataque como ese, su cuerpo parecía tener contados los segundos frente a aquel violento dios.

- ¡Ares! -grito Athena acercándose a la escena a escasos pasos de Seiya.

-Athena.

- ¡No interfieras! -gritó el dios hacia la dama. -Él es mi venganza por la deshonra los dioses, esa misma que no recuerdas.

- ¡Maldito! -gruño Seiya aun tendido.

El dios entonces formo una lanza de luz en su mano y se posiciono junto a la cabeza de Seiya en el suelo y la alzo sonriendo mientras pensaba en como estallaría en mil pedazos el cuerpo de aquel profanador de dioses ante sus ojos. Por fin lo que tantos dioses habían deseado, la venganza que necesitaba seria cobrada ante sus ojos.

-Esto es para ti Athena…míralo muy bien. -objeto el dios sonriendo por lo que ocurriría.

Athena entonces sintió un escalofrío en su piel e impulsada por su corazón, corrió hacia el cuerpo de Seiya, cubriéndolo con el suyo ante el ataque de Ares.

- ¡No te atrevas Ares! -el dios detuvo su ataque final un instante y sonrió ante la escena sosteniendo con fuerza aun su lanza sobre la figura de la diosa.

-Aléjate de él ahora o te atravesare a ti también Athena- soltó el dios de gruesa voz. - Y sabes bien el gusto que me daría eso.

- ¡Hazlo entonces, yo no voy a permitir que manches de sangre el Templo de mi padre y menos la de este santo!

- ¡Athena! -grito el dios desdibujando su sonrisa para enfurecer su rostro. El dios no lo pensó más y con su brazo libre golpeó el rostro de Athena lanzándola a un lado de Seiya. Con el camino libre, Ares alzo su lanza y la echo nuevamente sobre Seiya, sin embargo, cuando la punta de ella estaba por tocar el primer cabello de la cabeza de Seiya, la mano del dios se quedó completamente quieta, mientras una energía completamente fuerte y dominante le hacía abrumarse de desconcierto.

- ¡No puede ser! -grito el dios mientras su fuerza se desvanecía y lo hacía caer al suelo arrodillado. Athena totalmente abrumada, avanzo a gatas por el suelo y corrió a sujetar a Seiya mal herido.

En aquel momento Hermes, Hebe, Ikki y Esmeralda penetraron a la habitación observando desconcertados la escena de los dioses y siendo deslumbrados por la intensa luz que comenzaba a formarse en la habitación.

-Basta…

El desconcierto se dibujó en el rostro de Athena y Ares mientras a su frente una luz de inmensa luminosidad se presentaba ante ellos, dejando una imagen luminosa en blanco. De aquella luz emanaba una energía sumamente poderosa, cálida pero que inspiraba obediencia y sumisión para cualquiera a su alrededor.

-Padre…-objeto Athena hacia la luz mientras sus ojos se iluminaban con desconcierto. -Eres tú.

-Athena…-respondió la sublime voz y de inmediato, cambio su modulación dirigiéndose al dios arrodillado.

- ¡Ares!, te has atrevido a usar tus dones en este paraíso de calma y paz, incluso alzaste tu mano contra la misma Athena. -soltó la luz con omnipresencia. -Además te has tomado la atribución de castigar a los mortales que solo yo he de tener. ¿Acaso lo has olvidado?, soy yo la omnipotencia, soy yo la voz de la verdad y la justicia y ni si quera tú, un hijo mío pasara frente a mis designios. Ares, esto no es digno de un descendiente de mi esencia, no y debo castigarte.

-Pero Padre…-relamo el dios. -Este hombre nos humillo, a los dioses, a tus hijos y hermanos, ¿acaso no ves lo que sucederá si lo dejamos vivo?, los humanos se reirán de nosotros, los dioses seremos iguales a ellos, no habrá temor de ellos, ni respeto, nos creerán semejantes, por favor Padre, ¡ellos son la miseria misma!

-Ares, hermano…-la cálida voz de Athena se hizo resonar.-La diferencia entre ellos y nosotros es que nosotros existimos gracias a ellos.- interrumpió la diosa abrazando el cuerpo de Seiya contra el suyo.-Para guiarlos y vigilarlos a cada paso así como velar su camino., ellos nos regalan su fe, esperanza y amor en cada oración, confían en nosotros para aliviarlos cuando tienen dolor y pena, para superar cada dificultad cuando se sienten solos y para redimirlos cuando han perdido su camino en sus malos actos. Su vida es muy corta a diferencia de la nuestra y es nuestro deber darles un sentido a ella, que disfruten de las alegrías y penas, de los contrastes de la vida y esencia, así como las maravillas que hay ante sus ojos y corazón. -objeto Saori con determinación. - ¿Lo has comprendido?, no es con temor que debemos ganar su respeto, si no con amor y esperanza, guiándolos día a día por su buena conciencia espiritual y personal.

-Athena eres…- sin esperarlo, la figura del dios de la guerra se disolvió en el aire entre esferas de luz mientras la diosa miraba a la luz frente así.

-Ares… tu cuerpo ha ido a descansar ahora. -afirmo la diosa con tranquilidad. -Ojalá encuentres la paz que necesitas.

-Athena te he escuchado, y sentí cada una de tus lágrimas en este Templo. -soltó la voz de la luz tras la desaparición de Ares. - ¿Tanto los amas, tan triste te hace perderles?

-Si Padre, ellos lo son…todo para mí.

-Entonces vuelve a la Tierra a vivir el corto tiempo que te falta para volver de nuevo aquí…aun puedo esperar un poco más porque tu alma este a mi lado, observando y vigilando el mundo en este tiempo y espacio. Pronto habremos de reencontrarnos en un parpadeo de luz, Athena.

-Padre…gracias.

La luz comenzó a hacerse más fulminosa ante la mirada de Athena sujeta al cuerpo de Seiya y los demás presentes y pronto todo lo que estaba a su alrededor, se cubrió por aquella luz, tal cual si hubiese sido un sueño del cual habría que despertar.

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Saori abrió los ojos en un lento parpadeo y aspiro una bocanada de aire completamente desconcertada tras la visita del dios de la omnipresencia. Curiosa, observo momentáneamente a su alrededor y en segundos, supo plenamente en donde se encontraba; estaba en el interior de su salón privado en el Santuario y reposado en sus piernas, dormitaba Seiya totalmente inconsciente.

Athena al verlo, abrió los ojos desmesuradamente de preocupación y removió al santo tratando de reanimarle.

- ¡Seiya! -grito la dama aquel nombre y entonces se dio cuenta…sus recuerdos habían vuelto, y su mente estaba intacta. Las lágrimas se agolparon en sus ojos y volvió a remover al santo en sus piernas. Por fin la pesadilla había terminado.

-Seiya…

Lentamente, Pegaso abrió sus ojos ante el calor que emanaba la diosa y sonrió suavemente hacia ella mientras sus lágrimas caían sobre rostro.

-Seiya…-le dijo la dama con la máxima ternura que aquellos ojos azulados podían darle a Pegaso mientras le acariciaba la mejilla.

-No llores Saori…-murmuro el santo fatigado y completamente rendido. La dama soltó una risita entre lágrimas y le hundió sus manos en los flequillos castaños del santo.

-Te amo…

El santo sonrió ante lo dulce que aquellas palabras habían resonado para él y lentamente comenzó a reincorporarse del suelo junto a ella. Esas dos simples palabras le habían devuelto toda la vida a pesar de su cansancio. Entonces el santo la atrapo suavemente entre sus brazos y la miro con suma ternura.

-Y yo a ti, Saori, eternamente.

Pronto, sus labios se fusionaron en una caricia ansiosa, dejándoles deleitarse de la suavidad y terciopelo de sus labios, ahogando sus suspiros en cada respiración, dejando atrás esos desiertos de soledad y miedo, de guerras, pena y dolor y llenando esos espacios de esperanza y cálido amor.

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Pronto, Saori y Seiya salieron de la habitación y la sorpresa les abrumo cuando al llegar al Salón Papal, los cuatro caballeros de bronce les esperaban con una sonrisa. Ellos les correspondieron al reencontrase y ocultos entre Shun y Shiryu, destaco la mirada tímida de una dulce jovencita rubia junto a Ikki.

Seiya sonrió hacia su compañero y cómplice vio como Fénix le asentía, dándole entender que toda aquella aventura en el Olimpo había sido un éxito y también una realidad.

Los cinco entonces continuaron su avance hacia la salida del Salón hacia la puerta donde observaron los doce santos de oro esperando por noticias de ellos al igual que Marín, Kiki, Shaina, Jabu y la misma Seika.

Seiya y Saori se sonrieron entre si ante la esperanza de vuelta en sus vidas y se sujetaron la mano en una caricia tierna. Por fin todo había acabado.

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Meses mas tarde tras aquel suceso, una bella ceremonia se llevó a cabo en las afueras del Santuario, cerca de Rodorio. Un grupo pequeño de santos se encontraban frente a un pequeño Templo en honor a Hera celebrando lo que parecía una boda.

Un hombre moreno galante de armadura azulada y una bella doncella rubia con cabello adornado con flores compartían un delicado beso mientras sus amigos celebraban en aplausos aquella unión.

-Esmeralda…mi amor. -soltaba con una risa tierna Ikki sujetando a su amada de sencillo vestido blanco a su cintura mientras los delgados brazos de ella colgaban de su cuello. -Por fin, soy feliz a tu lado.

-Ikki…-la dama conmovida, le sonrió preciosa y dejo derramar un par de lágrimas de felicidad ante la confesión. - Te amo, Ikki.

Ikki suave, atrapo los labios de la dama entre los suyos percibiendo la revolución de cosquillas ante la mágica sensación mientras cerraba sus ojos y percibía como el vacío que por años cargo en su pecho, se aliviaba como bálsamo en tan solo un beso.

Eran tiempos nuevos de felicidad.

Lejos de ahí, a un par de metros de distancia de ellos, dos presencias se hicieron aparecer ocultos entre los Templos y al ver aquel beso del santo y doncella, sonrieron cómplices entre sí. Su travesura había funcionado.

-Me alegro por ellos, sin su ayuda jamás hubiéramos parado las ambiciones de Ares.

-Cierto Hebe, es bueno saber que al menos por ahora, habrá un poco de paz.

-Volvamos ahora…mi Padre debe está preguntando por nuestra ausencia.

-Así es Hebe, es tiempo de continuar.

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La noche pronto atrapo a la preciosa diosa de la Sabiduría en la habitación de su privado tras haber asistido a aquella boda bajo su bendición de Esmeralda e Ikki, y ahí en aquel balcón que daba la preciosa postal a los Doce Templos, se quedó perdida.

Pronto, una presencia sumamente conocida para ella, lentamente se aproximó anunciándolo con el retumbar hueco de sus pasos y sujeto de la cintura a la diosa al no tener ninguna mirada intrusa. Athena echo su cabeza sobre el hombro de Pegaso y ahí, con su delicioso calor que solo se atrevía a regalarle, ambos observaron las bailantes constelaciones.

-Quisiera vivir eternamente para protegerte Athena.

La diosa sonrió ante la confesión y agrego. -Ya lo haces, Pegaso, vives eternamente en mi corazón y eso es suficiente…tu alma conmigo siempre esta y de mí nunca se apartará.

-Te quiero…

-Y yo a ti, siempre.

Fin…

¡Pues esto es todo lectorcitos! Ojala les haya gustado este pequeño fanfic de mitología, gracias por su apoyo hoy siempre, besitos cósmicos y gracias por su compañía en estas lecturas!