Chavas, esta de más decir lo apenada que estoy por no poder actualizar, no solo esta, si no mis demás historias, lo lamento mucho de verdad, pero la causa de esto es que mi abuelito se encuentra muy enfermo. Estuvo internado en el hospital y ahora ya lo dieron de alta, cuenta con 83 años, entonces espero que entiendan que no tengo cabeza para nada mas.
Aun asi, espero que disfruten de esto.
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Hermione sonrío tumbada en la arena sintiendo como la fresca brisa alborotaba sus cabellos, alzo el rostro y contemplo el cielo azul y despejado, para después desviar su vista hacia el mar. Ese era ahora su nuevo hogar. Un lugar perfecto donde su hijo podría crecer y donde ambos podrían formar una nueva vida.
Se había instalado en una pequeña ciudad al este de Londres, un lugar acogedor y hermoso con vista al mar, donde las personas eran amables, atentas y trabajadoras. Y lo que mas le gustaba era su mínimo contacto con el mundo exterior, no era tan ingenua como para pensar que Draco iba a estar buscándola cuando ciertamente seguro estaba brincando de alegría, pero no quería correr el riesgo, él había dejado bien en claro lo que pensaba de su bebe y ella esperaba haberle dejado un mensaje igual de claro al abandonarlo. No quería volver a verlo en su vida.
Una sombra nublo su vista al recordar al hombre que había amado tanto y que la había decepcionado. Negó con la cabeza, ya no tenia ninguna caso pensar en eso, no cuando estaba decidida a decir adiós al pasado y hola al futuro. Una pequeña patadita la devolvió al presente. Sonrío y acaricio su abultado vientre.
-Se mueve.-informo emocionada.
Una mano masculina se poso en su vientre y un atractivo rostro lleno de pecas le devolvió la sonrisa.
-Eso esta muy bien, será futbolista.-aseguro el hombre.
Hermione le sonrío a Ron, pensando que seguramente todos los hombres pensaban eso cuando sabían que él bebe que venia en camino seria varón ¿Draco también lo hubiera hecho? Negó con la cabeza, no tenia caso pensar en lo que jamás seria. Miro de perfil al hombre que estaba a su lado y no pudo evitar sonreír.
Ron era el medico de la ciudad, un hombre amable, inteligente, generoso pero también un Don Juan de primera. La Sra. Wesley, su madre, a menudo bromeaba diciendo que se lanzaba sobre cualquier cosa que llevara falda, lo cual no era una exageración, como su propia experiencia así lo constataba. Había intentado conquistarla con su innato encanto y seguramente lo hubiera hecho si no hubiera sido porque su corazón pertenecía a alguien más, como se lo había comunicado, él había sonreído y le había guiñado un ojo, diciendo:
-Creo que mi corazón sobrevivirá.-
Después de eso habían iniciado una extraña pero bonita amistad cuando el le había ofrecido trabajo como recepcionista en el consultorio, ya que su madre estaba demasiado cansada como para seguir ayudándolo y sin saber como se había convertido en el hermano mayor que siempre había deseado, era cariñoso y protector con ella y esa actitud había aumentado cuando supo que estaba embarazada. Podía dar la imagen de ser un play boy, pero ella había comprobado que detrás de esa mascara estaba un hombre sensible y cariñoso que mostraba su forma de amar de diferentes maneras, con un abrazo, un beso en la frente o un apretón de manos, simples actos que demostraban mas que las palabras.
Le encantaba charlar con él, era la clase de persona alegre que podía hacer reír a cualquiera en un instante, pero también sabia cuando estar en silencio, como durante los paseos matutinos que daban por la playa, sin decir nada, tan solo caminando uno al lado del otro perdidos cada uno en sus pensamientos.
-Vamos es hora de marcharnos, seguramente mama ya debe de estar esperándonos.-
Hermione asintió con una sonrisa, la Sra. Wesley era una agradable mujer que se había convertido en una segunda madre para ella, le había rentado la preciosa casa de campo en la que había vivido hasta hacia dos años, cuando la enfermedad del corazón que sufría se había agravado y Ron la había obligado a mudarse con él, donde podía cuidarla y estar pendiente de su salud.
Era dulce y amable con ella. Hermione sabia que su estadía en el pequeño lugar había despertado el interés de la gente, era obvio dado que no era común que una bonita joven se mudara de repente y su embarazo seguramente también causo habladurías, aunque por supuesto que ni la Sra. Wesley ni Ron permitieron que la molestaran o la incomodaran con preguntas absurdas. Hermione sonrío un poco, ellos se habían convertido en su familia, aunque sabia que ese vacío que sentía en el corazón, nadie podría llenarlo nunca.
Ron la ayudo a ponerse de pie, le tomo la mano y emprendieron el camino. De pronto se quedo quieta haciendo que Ron también se detuviera, una extraña sensación de que alguien la estaba observando se apodero de ella.
Volvió la cabeza y observo atentamente, Ron la miro con una ceja enarcada mirando en la misma dirección que ella.
-¿Sucede algo?-pregunto curioso. Hermione negó con la cabeza.
-No, no es nada, solo mi imaginación.-
Ron sonrío y la abrazo, besando su cabeza.
-Había olvidado que leí en alguna parte lo paranoicas que son las mujeres embarazadas.-
Hermione sonrío feliz ante la broma. Le dio un pequeño golpe en las costillas, a lo que él río. Era por eso por lo que se llevaban tan bien, Ron era un hombre alegre que era capaz de sacarle una sonrisa y a pesar de que la vida le había dado unos cuantos golpes eso no había menguado su buen humor.
Se apoyo en su brazo y caminaron de regreso por la vereda, saludaron a unos cuantos vecinos que les desearon buenos días y al final entraron en la casa Wesley, la última de la calle principal enfrente del consultorio, pintada de color blanco y azul, tan acogedora por fuera como por dentro después de que la Sra. Wesley le había dado su toque.
-Sra. Wesley.-saludo Hermione al ver a la mujer ya entrada en edad terminando unas tortitas en la cocina.
La mujer sonrío y abrazo a Hermione.
-¿Y bien como te has sentido? No creo que este bien que camines tanto todos los días.-
Ron negó con la cabeza con una sonrisa, ayudando a Hermione a tomar asiento.
-El ejercicio es bueno para el embarazo mama.-
-Va tu que sabes.-dijo la mujer con un gesto de la mano. Ron rió un poco.
-Oh seguramente nada. El que sea medico no cuenta ¿verdad?-
-Podrás ser medico, pero no mujer. Tú no sabes como es que se siente una cargada con 20 kilos de más. ¡Si lo sabre yo, se tiene que ser mujer para saber!-
Hermione no lo pudo resistir y río al ver la cara de incredulidad de Ron. La mujer también rió y comenzó a servir el desayuno. Cuando terminaron Ron se despidió de ambas con un beso y se marcho al consultorio, Hermione lo acompañaría mas tarde. A medida que su embarazo había progresado Ron le había ido quitando trabajo, a Hermione no le había gustado la idea, pero después tuvo que agradecerle ya que comenzaba a sentirse más cansada y había comenzado a tomar siestas en la tarde. En contra de las protestas de la Sra. Wesley, la ayudo a limpiar la cocina y después ambas se instalaron en la sala para continuar tejiendo unas prendas que estaban haciendo para el bebe ahora que sabían que seria niño.
Ron se lo había comunicado hacia una semana cuando le había hecho el eco, Hermione no había podido mas y había comenzado a llorar como hace tanto tiempo no lo hacia a causa de la emoción. El la había consolado y Hermione sin poder resistir más le había contado todo, desde cómo había conocido a Draco, su relación, hasta como lo había abandonado. El se había puesto a despotricar en contra de Draco Malfoy y fue entonces cuando él comprendió porque cuando ella comenzó a trabajar para él, le pidió que le pagara en efectivo y no subiera su archivo medico a la red.
No albergaba esperanzas de que él la buscara, pero sabia que si se decidía a hacerlo, podía encontrarla fácilmente, tenía el dinero y el poder suficiente para lograrlo, y ella no quería arriesgarse.
La Sra. Wesley detuvo su labor y se puso de pie.
-¿Quieres un poco de limonada querida? Hace demasiado calor.-Hermione asintió y se puso de pie para ayudarla, pero de pronto la vista se le nublo y las piernas se le doblaron.-¡Hermione!-grito la Sra. Wesley ayudándola a sentarse.-¿Estas bien?-
Hermione no contesto, sentía como le faltaba el aire. La Sra. Wesley tomo el teléfono y en menos de 5 minutos Ron apareció. Cargo a Hermione y la llevo a la habitación de invitados que estaba en el primer piso y le hizo un examen medico.
-Tranquila, te subió la presión, eso es todo.-
-¿Mi bebe esta bien?-pregunto Hermione angustiada.
-El bebe esta en perfecto estado, tan solo necesitas descansar. Estas en el quinto mes de embarazo y ahora necesitas mayor reposo y tomar mas líquidos.-
-¡Te lo dije!-acuso la Sra. Wesley a Ron. Hermione sonrío ante el reproche de la mujer.
-Estoy bien Sra. Wesley ya lo escucho, tan solo necesito descansar.-
-Oh pero vaya que lo vas a hacer, ¡yo misma me voy a ocupar de eso! No vas a mover ni un músculo de aquí.-aseguro con vehemencia.
-Pero...-comenzó Hermione, no podía abusar de su hospitalidad y quedarse ahí, quisiera o no admitirlo, la mujer también estaba enferma del corazón y no debía tener mas preocupaciones.
-Nada querida, te vas a quedar aquí donde yo pueda vigilarte de cerca, no quiero ni pensar en lo que podría pasar si te sientes mal en mitad de la noche, la casa esta demasiado lejos y además tu estarías sola.-
-Mama tiene razón Hermione.-dijo Ron.
-Lo se, pero es que...-intento decir.
-¿Pretendes tenerme con el Jesús en la boca, llena de preocupación?-pregunto la mujer incrédula, sabiendo bien que su técnica de manipulación estaba surtiendo efecto.
Hermione busco con la mirada a Ron pidiendo ayuda, pero él se limito a reír en voz baja y a guiñarle un ojo, rendida suspiro, sabia bien que nada ganaba luchando con una fuerza de voluntad como la de la señora Wesley.
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-Señor...-llamo un hombre asomando la cabeza a través de la doble puerta de ébano de la oficina, tratando inútilmente de que no le temblara la voz.
-Creí dar la orden explicita de que no se me molestara.-reprocho Draco tranquilamente con un tono suave y mortal.-¿Qué es tan importante que no puede esperar?-
El hombre trago en seco, para nadie era un misterio que el humor del jefe de la empresa había cambiado drásticamente en los últimos meses. De hecho, si uno tenia el mínimo sentido común se alejaba de él, era una cuestión de supervivencia. Sus ojos grises, fríos de por si, podían adquirir una cualidad de hielo, haciendo sentir el roce frío del miedo en la columna vertebral. Una sola mirada con esos ojos grises hacían que el más valiente temblara, era una mirada iracunda que escondía una feroz furia y que te helaba la sangre, ¿a quien iba dirigida? nadie lo sabia, tan solo esperaban que Draco Malfoy no encontrara a esa persona.
Se asemejaba a un león enjaulado, con el cuerpo siempre en tensión y el rostro duro e implacable, cuando entraba a las oficinas parecía un cuerpo sin alma que iba y venia, sin ver ni oír, parecía cansado y demacrado, hastiado de todo, podía ir todos los días a la empresa, pero extrañamente parecía que eso no le importaba mas, había delegado sus ocupaciones a sus subordinados y no se había escuchado de ningún trato reciente. Incluso su mera presencia desde hace más de tres meses en Londres despertaba sospechas, ya que su principal capital estaba en Nueva York. Muchos decían que quizás estaba en medio de algo importante, pero otros dudaban diciendo que se estaba volviéndolo loco.
-Acaba de llegar un mensaje urgente.-dijo mostrando un sobre amarillo, tratando de que no le temblara la voz. No tuvo mucho éxito.
-Déjalo y márchate.-
El hombre se apresuro a cumplir las órdenes, dejo el pesado sobre arriba del escritorio de caoba y salio rápidamente del despacho, suspirando aliviado.
Draco miro desinteresadamente el sobre, no le importaba lo que decía, no le importaba nada. Su mirada se desvío de nueva cuenta hacia la impresionante vista que se dejaba admirar, pero él veía sin ver. En su mente tan solo estaba presente la imagen de unos sedosos cabellos castaños y unos preciosos ojos marrones.
Cerró los ojos y los abrió de nueva cuenta, observando distraídamente su reflejo en el cristal de las ventanas. Sus ojos estaban vacíos ¿también eso se había llevado ella? Se bebió de un solo trago el whisky que se había servido, sintiendo como el vino quemaba su garganta.
Se alegro, al menos aun podía sentir algo.
Apretó con fuerza la copa de vino, reviviendo lo que había sentido cuando había entrado al apartamento y lo había encontrado vacío. Una sensación vacía, muerta, agonizante, como si una gélida mano le hubiera parado el corazón dejando solo la sensación de perdida. Había dejado de respirar pensando que era un sueño, una pesadilla. Pero no había sido así. Y ese sentimiento exento de emoción se había apoderado de él.
Ella de verdad se había marchado, llevándose a su bebe y dejándolo solo. La ya acostumbrada furia que sentía retorno más fuerte y poderosa que nunca.
El tenia la culpa, él y solo él.
¿Cómo había podido ser tan estupido y no ver la verdad? Ella jamás lo había engañado y él la acuso de lo peor. Bien, lo estaba pagando en carne propia. Su mente se negaba a pensar en otra cosa que no fueran las lágrimas que ella derramo la última vez que la vio.
¿Estaría bien?
Esa pregunta martillo su cerebro a través de la bruma del alcohol que intentaba menguar su cerebro, el solo pensar que podía estar sola y necesitando ayuda hacia que un dolor se formara en la base de su estomago.
Se había marchado, de verdad se había ido para siempre. El que albergara la esperanza de que al volver al apartamento ella estaría ahí, era totalmente inútil, su corazón se estrujaba dolorosamente al entrar cada día al lugar y encontrarlo vacío.
Había contratado a las mejores agencias de investigadores del mundo y no le habían podido decir más de que él mismo había averiguado. Ella había sacado su dinero del banco y había abordado un avión a Londres, para cuando esa información llego a sus manos ya no podía hacer nada, después de que el avión aterrizo nadie sabia nada de ella.
En el instante en que había descubierto que se había marchado había pensado que los guardaespaldas que había dispuesto para ella la habían seguido. Error, cuando se contacto con ellos, le informaron que estaban afuera del apartamento y que no la habían visto salir. ¿Cómo hacerlo cuando ella salido por la puerta de atrás a bordo de un taxi que la llevo del banco al aeropuerto? El solo pensar en como ella había actuado, utilizando el teléfono de recepción sabiendo que verificaría las llamadas del apartamento, utilizando otro nombre al registrarse en la aerolínea y eludiendo a los guardaespaldas le decían algo que se negaba a creer: ella no volvería.
Y por estupido que sonora, él no podía hacerla volver. ¿Cómo hacerlo cuando no sabia donde estaba? Podía contar con innumerosas influencias en todo el mundo y el dinero suficiente para encontrarla, pero no había nada, una sola pista, ni un lugar donde buscar.
Ella no tenía familia, su padre había muerto cuando tenia apenas ocho años de edad y su madre se había hecho cargo de su crianza y su educación. La mujer había fallecido hacia cinco años a causa de un cáncer terminal. Así que Hermione se había quedado sola en el mundo a los dieciocho años. No tenia a quien acudir, lo cual hacia que se quisiera volver loco. Ella podía estar en cualquier parte.
Se sentía impotente y vulnerable sabiendo que no podía hacer nada, tan solo esperar y mantener viva una esperanza que cada día durante esos cuatro meses se iba extinguiendo, apretó con fuerza la copa de cristal y la lanzo hacia la pared tan solo por el simple placer de escuchar como el cristal se rompía en mil pedazos.
Miles de fragmentos brillantes cayeron al piso y él supo algo que su mente se negaba a creer: que su corazón también estaba roto, destruido.
Suspiro y se sobo las sienes sabiendo que las ganas que sentía de volver a casa se convertirían en un dolor insoportable cuando la encontrara vacía, tratando de al menos postergar un poco esa agonía tomo el sobre amarillo que había sobre el escritorio.
Lo abrió y su corazón dejo de latir.
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-Pretendes que me asesinen ¿cierto?-acuso con una extraña y engañosa expresión seria en el rostro. Hermione le guiño un ojo juguetonamente y Ron río en voz baja.-Oh mi Dios, eres una bruja Hermione Granger.-
Muy a su pesar Hermione sonrío y acomodo su cabeza en el hombro masculino. La Sra. Wesley había cumplido su promesa, la había obligado a pasar todo el día en cama y ahora que la luna adornaba el cielo y ella se había ido a dormir, había salido sigilosamente de su habitación y había amenazado a Ron con matarlo si no la acompañaba a respirar un poco de aire fresco.
Lo más lejos que la había dejado ir era a la parte trasera de la casa, así que ahí estaban ambos, sentados en un gran columpio cubiertos por la oscuridad de la noche. No importaba realmente, estaba contenta admirando como la luna reflejaba sus rayos plateados en el mar. De repente un estremecimiento la recorrió de pies a cabeza y tembló involuntariamente.
Ron frunció el seño y la abrazo.
-Tienes frío, es mejor que entremos.-
Hermione asintió, pero no le dijo que esa sensación de estar siendo observada se había apoderado de nuevo de ella, miro el mar suave y calmo y soltó un suspiro de alivio viéndose a salvo, después de todo no tenia nada que temer. Imprescindiblemente un bostezo abandono sus labios.
Ron soltó una carcajada.
-Vamos dormilona, estas cansada.-
Hermione no lo rebatió, podía haber estado todo el día descansando, pero aun así la idea de tenderse en la cama le pareció irresistible, restregó su ojo infantilmente y en un acto que no se esperaba, Ron la cargo en brazos. Soltó un gritito y lo abrazo por el cuello para no ir a dar al piso.
-Bruto.-dijo mirándolo furiosamente.
El le dirigió una sonrisa de oreja a oreja.
-Tan solo un poco pequeña.-
Ella sonrío y se apoyo en su hombro perdiéndose lentamente en el mundo de los sueños, sin saber que unos preciosos ojos grises escondidos en la profundidad de la noche ardían en llamas.
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Estaciono el carro, apago el motor y se quedo quieto, sin mover un solo músculo, sus ojos clavados en la casa de dos pisos estilo colonial. ¿Así que lo había abandonado por esto? Apretó con fuerza el volante, no, mejor dicho por "él".
Aspiro y suspiro, tenia que tranquilizarse, el dejarse llevar por la furiosa ira que corría por cada vena de su cuerpo no lo iba a llevar a ninguna parte. Tenía que pensar y concentrarse, aunque en esos momentos le parecía casi imposible.
La imagen que había presenciado la noche anterior seguía grabada a fuego en su memoria. El solo recordar como "él" la había tomado en brazos y como ella lo había abrazado era suficiente para calentarle el cerebro.
Eso sin contar con las fotografías que había recibido. Imágenes que decían más que mil palabras.
Era impresionante como los sentimientos de las personas podían cambiar tan drásticamente, la alegría que lo había embargado al abrir el sobre y ver la fotografía había sido una sensación completamente extraña para el, tan fuerte, tan poderosa.
Ella estaba bien.
Aparecía sonriendo de perfil, observando el mar y acariciando su abultado vientre. Ahora era interesante el saber que lo que sentía distaba mucho de asemejarse a la alegría o a un sentimiento al menos positivo. Ella no había perdido el tiempo. ¡No claro que no! Maldición...que ganas de romper, quebrar, deshacer tenía.
Nunca se había dejado manejar por lo que sentía, sin embargo sus primitivos instintos de matar a Ron Wesley no habían cesado en toda la noche que había pasado en vela, si a caso, su mente solo había procesado la idea de las diferentes formas en que podía hacerlo sufrir hasta pedir clemencia.
Podía parecer tranquilo, un visitante en el lugar, había llegado el día anterior después de recibir la información del investigador privado y se había instalado en el único hotel del lugar, no había podido esperar y no lo había hecho. El saber que ella solo había estado a cinco horas de distancia, hacia que una gran frustración se apoderara de él, así como también un sentimiento de vulnerabilidad que no le agradaba en lo mas mínimo.
Cerró los ojos, era suficiente análisis por el momento, relajo el cuerpo lentamente tratando de estar tranquilo, pero sabia que a la menor provocación saltaría como un tigre salvaje.
Y por supuesto esa provocación no se hizo esperar.
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Soltó un gran suspiro al estar fuera de la casa, pero después frunció el seño.
-Creo que me voy a volver loca.-
Ron sonrío y negó con la cabeza, tomando un rizo castaño que le caía sobre el hombro y colocando detrás de la oreja femenina.
-Tómalo como unas vacaciones.-dijo divertido.
Hermione frunció más el seño y le saco la lengua. La Sra. Wesley se había negado en rotundo a que fuera al consultorio, alegando que era mejor que reposara hasta que estuviera totalmente recuperada. Por supuesto no contó para nada el que ella le hubiera asegurado que estaba perfectamente.
-Oh vamos bruja.-dijo Ron abrazándola.-Con suerte y un poco de manipulación al estilo Wesley mama te dejara salir mañana.-
Hermione soltó una carcajada ante su descaro y le dio un beso en la mejilla.
-Creo que te amo.-Ron le guiño un ojo y se despidió. Después de que Ron se marcho entro de nueva cuenta a la casa, apenas se hubo cerrado la puerta, el timbre sonó.
Frunció el seño, la canosa cabeza de la Sra. Wesley apareció por la puerta de la cocina.
-Dios mío, ¿Qué habrá olvidado?-pregunto con un bufido, puso los ojos en blanco y volvió a perderse dentro de la habitación.
Hermione rió en voz baja y abrió la puerta con una gran sonrisa en el rostro.
La cual desapareció al ver a la persona que estaba frente a ella.
Un gritito abandono sus labios, abrió los ojos de par en par y olvido como respirar, su mano se aferro a la perilla de la puerta pues era consiente de que sus pies habían dejado de sostenerla.
Después de tanto tiempo ahí estaba él.
¿Era un sueño, una ilusión o una simple broma cruel del destino? No creía poder soportar el despertar una vez más y darse cuenta que estaba soñando.
Pero no, no lo era.
Los ojos grises que se clavaban en ella como rayos láser la estremecieron de pies a cabeza, después de todo lo que había pasado aun tenia ese efecto en ella. Era él.
Se miraron a los ojos y ella instintivamente llevo su mano a su vientre, protegiendo a su bebe.
Podía sentir emanar de él una profunda y devastadora violencia, podía parecer calmado, simplemente de pie a unos cuantos pasos de ella, pero la rigidez de sus músculos y sus labios apretados lo desmentían. Su ira era monumental y podía sentir una fría explosión de furia. El aire a su alrededor venía cargado de venganza, de amenaza, de promesa de muerte.
Hermione trago en seco, el mensaje de sus ojos era claro: el juego no se había terminado.
Lentamente sintió como un fuerte dolor nacía en su cabeza, no pudo pensar nada más, todo comenzó a dar vueltas y de pronto se vio sumergida en la oscuridad, su cuerpo cedió a la presión y espero sentir el frío del suelo, al contrario de eso unos brazos de hierro la sostuvieron sobre un fuerte pecho.
Un suave olor a menta la hizo temblar.
Entonces, a punto de la inconciencia, se dio cuenta de la situación:
Draco la había encontrado.
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