¡Hola, chicas! Obviamente no hay excusas que valgan y no les haré perder el tiempo con ellas, solo mencionaré que aunque amo escribir, la vida me ha llevado por otros senderos, sin embargo, una personita me ha recordado el deber que tengo aquí y la promesa que realice hace mucho tiempo.
Ustedes y esta historia, se merece un final, así que aquí lo tienen.
¡Disfrútenlo!
Dedicado especialmente para Lore. Espero que busques nuevamente esta historia y puedas leer este final que es para ti. ¡Gracias por continuar leyendo a pesar del tiempo! Y sobre todo, espero que sea de tu agrado.
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Estaba nuevamente a salvo, en casa. Hermione despertó poco a poco y fue consiente de los poderosos brazos que la tenían prisionera, manteniéndola caliente por dentro y por fuera. Si bien ya estaba acostumbrada a ello, el acto de amor que habían compartido la noche anterior, había terminado por calentar todos los rincones de su corazón que en su momento habían estado llenos de dolor y desilusión. Podía ver a través de las cortinas como apenas se alzaba un nuevo amanecer, pero ella no podía estar más feliz. Finalmente se sentía completa de nuevo.
No se trataba solo del placer, que era más que alucinante, sino de la conexión de sus almas. Del sentimiento de pertenencia y de estar finalmente completa y en el lugar donde pertenecía, en los brazos de Draco.
Podía continuar intentando engañándose, pero no tenía caso. Amaba a ese hombre como la primera vez y si había una oportunidad de que estuvieran juntos, pensaba tomarla.
De repente, sintió como los fuertes brazos que le servían de almohada se tensaban al despertar. Estaba a punto de volverse con una sonrisa, cuando él siseó enfadado.
-¡Maldita sea!-
Se congelo al escucharlo y cerró los ojos cuando lo sintió moverla con cuidado y abandonar la cama rápidamente. Solo levanto los parpados cuando lo escucho bajar por las escaleras de madera y fue ahí donde observo que la única ropa en el suelo era la suya. Había huido.
Mordió su labio con fuerza y se tragó las lágrimas. No necesitaba ser adivina para saber lo que pasaba. Era obvio que Draco se arrepentía de lo que había sucedido entre ambos. Seguramente había hecho un esfuerzo titánico por estar con ella, todo en nombre del bebé de ambos, pero la realidad lo había sobrepasado.
El ruido de un motor llego por la ventana y finalmente se ahogó en incontables sollozos. Draco no la amaba y jamás lo haría, ¿Por qué no lo entendía de una vez? Era una tonta por haberse hecho ilusiones de nuevo. Si en tres años no había conseguido que él sintiera lo mismo por ella, ¿Qué la hacía pensar que semejante milagro podía pasar?
Una pequeña patada de su bebé la volvió a la realidad y se secó bruscamente las lágrimas, no podía permitirse tal debilidad. Comprendía que Draco intentaba hacer lo mejor para su hijo, pero ella no necesitaba su sacrificio.
Incluso admitía que lo amaba tanto, que jamás permitiría que hiciera algo así, pues algún punto en el futuro, terminaría con la esencia del hombre que amaba.
Y ella no pensaba consentirlo. Tenía que ser fuerte por ambos y salvarlos de un futuro miserable.
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Draco volvió dos horas después, lanzando maldiciones por el retraso y cargado de bolsas. Esperaba fervientemente que Hermione no hubiera despertado, pues aún tenía la esperanza de acurrucarse con ella en la cama, sin embargo, apenas puso el primer pie en la casa, quedo claro que las cosas no serían así.
Una maleta sospechosamente parecida a la suya, descansaba justo en el centro del recibidor, y si su percepción no lo engañaba, parecía que estaba llena. Entrecerró los ojos y dejo su carga en el banco de la entrada, mientras elevaba la voz.
-¡Hermione!-
La encontró en la cocina, sentada en la pequeña mesa con las manos alrededor de una taza de té. Su expresión lo asusto, pues parecía una muñeca sin vida.
-Buenos días.-contestó tranquilamente. Eso solo hizo que sus nervios se crisparan aún más.
-¿Qué demonios significa esa maleta en el vestíbulo?-
Se encogió de hombros y dio un sorbo de té.
-No estaba segura si volverías por ella o enviarías a alguien a recogerla. Como fuera, decidí ahorrarte tiempo y empacar todas tus cosas. -
-¿Has bajado tu sola esa maleta? ¡Acaso estás loca!-gritó enfadado-. Podrías haberte hecho daño.-
Ella dio un respingo, como si no hubiera contemplado la posibilidad, pero después cuadro nuevamente los hombros.
-Pero no fue así. No tienes de nada de qué preocuparte, puedes irte sin mortificaciones.-
-¿Irme?-las aletas de su nariz se ensancharon al tomar aire con fuerza, ¿Qué demonios había sucedido en su ausencia para que ella actuara así?-. Eso podrás desear señorita, pero ahora mismo te digo esto…-se inclinó sobre la mesa, hasta que sus ojos estuvieron a la misma altura-. No habrá poder sobre la tierra que me haga abandonar esta casa. No, mientras tú estés aquí.-
Hermione enarcó una ceja.
-¿Yo? ¿O tu hijo? Sé que en este momento es lo mismo, pero no será así dentro de un par de meses, así que ¿Por qué no esperas hasta entonces? Por lo pronto nos podemos comunicar por medio de nuestros abogados.-
-¡Abogados!-no pudo controlarse y golpeo las palmas sobre la mesa-. ¿Acaso te estás escuchando? ¿Quieres lastimarme?-
-¡Claro que no!-ella abrió los ojos sorprendida.
-¡Pues es justo lo que estás haciendo! ¡Conoces mi historia, yo te la conté! Sabes cómo mis padres lucharon como tiburones por mi custodia en los tribunales, no porque me quisieran, sino por el dinero. Mi madre estaba dispuesta a gastarse toda la fortuna familiar y mi padre jamás lo habría permitido. ¡Pero ninguno de ellos me quiso! ¡Jamás! ¿Acaso pretendes que pase lo mismo con mi hijo? ¡Eso no lo permitiré!-
Ella se llevó las manos a la boca y negó fervientemente con la cabeza.
-¡No, Draco! Lo siento, me has malinterpretado. Las cosas no son así. Me refiero a las visitas que tendrás, cuando lo visitarás y todo eso…-
-Hermione, explícame ahora mismo de dónde demonios sacas esa idea de las visitas después de lo que paso anoche.-
Fue como si ella se cerrara ante sus ojos, la expresión de muñeca volvió a su semblante.
-¿Es obvio, no? Es la única solución para nuestra situación.-
Finalmente, comprendió lo que intentaba hacer y se llenó de rabia.
-Ni siquiera lo intentes.-dijo al ver su expresión.-No te atrevas a minimizar lo que ha pasado entre nosotros.-
-¿Te refieres al sexo?-
Draco apretó los labios con fuerza.
-Me refiero a esto.-dijo y la tomó por asalto. Se acercó hacia ella y la tomo en brazos, para besarla profundamente. Hermione intentó morderlo como una gata acorralada, pero disfruto del desafío y continúo besando su boca, acariciando su cuerpo, ajeno a sus intentos por alejarlo. Era suya, solo suya y era momento de que se diera cuenta.
No se detuvo hasta que la sintió floja en sus brazos, sus manos en su cuello, ya no apartándolo, sino acariciando, sin embargo, su voz lo desarmo.
-¿Por qué me haces esto?-preguntó con voz llorosa.
Abrió los ojos para ver su rostro empapado de lágrimas.
-Cariño…-
-Esto no puede continuar, Draco. No es bueno para mí, ni para el bebé.-
-Lo último que quiero es lastimarte.-
-Sin embargo es lo que ojos castaños eran tristes-. ¿No lo entiendes? No podemos estar juntos.-
-¿Por qué no?-
Hermione se detuvo de pronto y lo miro a los ojos.
-Te haré una pregunta y quiero que me contestes con sinceridad. Sé que no es necesario recordarte que dijimos que diríamos la verdad costare lo que costare.-
-Está bien, pregunta.-
Ella tomó aire y se lanzó del vació.
-¿Por qué viniste hasta aquí, Draco? ¿Fue por el bebé? ¿Por tu conciencia? ¿Por tu responsabilidad? Piensa profundamente dentro de ti y cuando tengas la respuesta, sabrás porque no podemos estar juntos. Si me permites, necesito ir a la playa a tomar aire fresco.
Se marchó dejándolo solo, mientras sus palabras martilleaban su cerebro. ¿Por qué había venido? ¿Por qué había abandonado todo en la ciudad, negocios, clientes, amigos? ¿Por qué no le interesaba en lo más mínimo su imperio?
Por ti.
La confesión que surgió en su mente lo dejo paralizado. Era verdad, él había venido por ella, porque la extrañaba, porque era imposible estar sin su presencia. ¿Cómo diablos había podido estar tan ciego? Ella era lo único que necesitaba, que quería.
Recordó las palabras que había escapado de sus labios la noche anterior y volvió a sentir dentro de sí que era lo correcto.
Su vida no era nada sin ella, tan solo algo vacío, algo sin sentido.
Había ido exclusivamente por ella. Por supuesto, su hijo era un hermoso regalo, pero lo era porque sería ella quien se lo daría. Y a cambio, ya sentía un amor infinito hacia él y sabía que lo protegería con su vida.
Sin embargo, Hermione era su vida misma. Pensó en esos ojos castaños que lo habían embrujado desde la primera vez que los había visto y se dio cuenta de la verdad que su corazón siempre había sabido. La amaba, hacía mucho tiempo que había caído en la trampa del amor, pero había estado completamente ciego, confundiendo ese hermoso sentimiento con placer y deseo y ahora debido a eso estaba a punto de perderla.
No, se prometió en silencio. Eso no iba a ocurrir.
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Silenciosas lágrimas se deslizaban por sus mejillas y aunque intentaba consolarse, diciéndose que era lo mejor, el dolor era el mismo. Había perdido la percepción del tiempo y no tenía idea de si habían transcurrido tan solo diez minutos o una hora desde que había dejado al hombre que amaba.
La idea de volver y encontrar vacía la casa, hacía que su corazón se estremeciera, pero intentaba convencerse de que era lo mejor.
De repente, dos poderosos brazos rodearon su cintura.
-Draco, ¿pero qué…-
La levanto sin esfuerzo alguno y la coloco sobre su regazo, ambos sentados sobre la arena.
-Me volví loco cuando desapareciste.-
Ella levanto la cabeza, incrédula.
-¿Cómo?-
-Peine toda la ciudad en tu busca y cuando nos dimos cuenta que saliste del país me quise volver loco. Me enferme de preocupación al pensar que estabas sola y me necesitabas. En mi cabeza desfilaban toda clase de tragedias que te podían suceder. Había sentido el sentimiento anteriormente, cuando me alejaba de ti por algún negocio, pero trataba de tranquilizarme sabiendo que estabas a salvo, que te estaba cuidando. Pero en esos instantes, perdí la cordura. Por supuesto que al mismo tiempo, me culpe terriblemente por lo que había pasado entre ambos. Deje de dormir y comer. Lo único que deseaba era encontrarte, pero cuando los días se convirtieron en semanas y después en meses, llegue a perder la esperanza.
-Draco…-Hermione se llevó las manos a la boca, mientras gruesas lágrimas rodaban por sus ojos.
Él las acaricio amorosamente.
-No te digo esto para que sufras, sino para que comprendas, que durante todo ese infierno solo pensaba en ti. El bebé también estaba ahí, pero como algo lejano, irreal. No ayudo para nada el leer que es común que las mujeres pierdan a los bebés en los primeros tres meses de embarazo. Así que como ves, no tenía ninguna garantía de que continuaras embarazada. Lo único que sabía era que necesitaba encontrarte por mi propia salud mental.-
-¿De verdad?-
-De verdad, te juré que honraría la promesa que nos hicimos y lo estoy cumpliendo. Es la completa verdad. Entiendo que tengas miedo. Creo que quizás anoche me precipite, pero te juro que no podía soportar más el no tenerte.-
Ella mordió su labio inferior.
-¿Entonces porque te enfadaste?-
Draco frunció el ceño.
-¿De qué hablas?-
-Está mañana. Te escuche maldecir y después saliste corriendo de la cama.-
-¿Es por eso que actuaste de esa forma?-preguntó incrédulo. Su cara de culpabilidad lo dijo todo, aunque no la dejo hablar-¡Gracias a Dios!-murmuró abrazándola con fuerza.
-Mmm…, ¿estás bien?-
-Mejor que nunca, amor.
Hermione se quedó congelada.
-¿Qué dijiste?-
Draco sonrió de forma arrogante.
-Te voy a mostrar el motivo por el que salí corriendo-moviéndola suavemente, metió la mano dentro de su bolsillo y extrajo una pequeña cajita negra. Hermione perdió el aliento-. Era mi deseo que cuando despertaras ya estuviera adornando tu dedo, por eso maldije al quedarme dormido en lugar de ir por ella. Ahora me doy cuenta que fui un poco arrogante.-con manos torpes y sin saber cómo, finalmente logro abrirla para revelar un delicado anillo engarzado con un pequeño diamante. Era perfecto.-Hermione Granger-dijo clavando sus ojos en los la mujer de mi vida, tú, solo tú. Sé que he sido un imbécil todo este tiempo, pero quiero que sepas una cosa.-sus ojos grises brillaban como plata aunque nuestro hijo no estuviera dentro de ti, nada cambiaría lo que siento por ti, solo acelero las cosas, ¿de verdad piensas que te hubiera permitido dejarme? Jamás. Te amo y deseo que seas mi esposa. ¿Me concederías ese honor?-
Ella perdió el aliento, eran las palabras que tanto había soñado.
-Sí, Draco. Seré tu esposa.
Y justo en ese momento, ambos corazones finalmente volvieron a ser uno solo.
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Por supuesto, la ceremonia resulto todo un desafió. Hermione deseaba algo pequeño e íntimo y Draco, gritarle al mundo que esa mujer era suya y que le cortaría la cabeza a cualquier imbécil que se acercara a ella.
Finalmente, llegaron a un acuerdo. Se llevó a cabo una íntima ceremonia en donde Ron y la Sra. Wesley fueron sus invitados de honor, pero las fotos de su enlace estuvieron en todos los periódicos disponibles del mundo junto con la noticia de su próxima paternidad. Además, se incluyó una amenaza de que cualquier comentario negativo hacia la madre de su hijo sería tomada como una grave afrenta al imperio Malfoy y habría represarías. De esa forma, cada artículo se aboco en recalcar la belleza de la madre y el amor entre ambos.
Hermione se sorprendió de que Draco deseara que todo el mundo supiera de su relación y más aún de su hijo. Se había prometido ser paciente con él, pero la estaba sorprendiendo enormemente, como cuando comenzó a usar su anillo de bodas.
-Significa que soy tuyo, por supuesto que lo voy a usar.-
El decidir donde residirían habían sido más fácil, Draco se había encogido de hombros y dicho:
-Decide donde te gustaría que creciera nuestro hijo.-
Después de mucho pensarlo, había decidido quedarse en Londres, donde encontraron una hermosa mansión a las afueras de la ciudad con amplios jardines y a solo media hora del avión privado para cuando Draco necesitara viajar, algo que resulto un poco inútil puesto que no se separó de ella en ningún momento durante su embarazo. Aludía que ya se había perdido lo suficiente, aunque la realidad era que le encantaba ver como su embarazo crecía día a día.
Le encantaba ayudarla a levantarse de la cama por las mañanas y cuando tomaba siestas, también cumplir sus más mínimos antojos y hacerle el amor, lenta y cuidadosamente, asegurándole que amaba cada parte de su precioso cuerpo. No escondía el obvio orgullo que sentía por su paternidad, al contrario, Hermione creía que si se lo permitía, le colgaría un letrero en el vientre que dijera: Propiedad de Draco Malfoy.
Él jamás se quejó por todos los cambios que tuvo que realizar en el manejo de sus empresas, simplemente lo hizo, puesto que la hermosa sonrisa de su esposa era recompensa suficiente por ello y Hermione lo amaba aún más por ello.
El parto resultó toda una experiencia. Si bien Draco se había empeñado en contratar a los mejores especialistas para la preparación del nacimiento de su primer heredero, nada lo había preparado para la realidad. Ni todas las malditas clases de pre-parto, ni los libros que había leído, nada.
Fueron más de doce horas de parto, donde se mantuvo al lado de su esposa, ayudándola en lo que podía. Tomando su mano y alentándola a continuar. Limpiando su sudor y observando el poder y la fuerza que guardaba su pequeño cuerpo.
Había sentido un terror inimaginable, al darse cuenta que no importaba quien era él ni todos sus millones, la madre naturaleza seguía su curso y a pesar de todas las comodidades que les podía brindar el mejor hospital de Londres, no podía controlar el dolor que sufría su esposa, ni apresurar el parto.
Él, que no reconocía que había algo más poderoso que si mismo, se encontró rogándole a un Dios que no sabía si existía que todo saliera bien, pues de lo contrario no sabía si podría seguir viviendo.
Cuando finalmente después de un exhausto proceso, le colocaron a su hijo en sus temblorosos brazos, había jurado que su corazón explotaba de amor. Se dio cuenta al instante que estaba dispuesto a dar su vida por ese pequeño, al igual que por su esposa. Era una pequeña copia suya, con el cabello casi rubio albino y la piel pálida, también parecía haber heredado su voz de mando pues gritaba con una fuerza insospechada.
He hizo una solemne promesa:
-Te prometo por mi vida, que seré un buen padre Julius, siempre estaré ahí para cuidarte y protegerte. Nunca te faltara nada, ni mi amor ni compañía, te lo juro, hijo mío.-beso tiernamente su cabecita.
Cuando levanto la cabeza para ver a Hermione, ella le regalo la sonrisa más hermosa que había visto en su vida.
-Te amo, Draco.-
-Y yo a ti, cariño. Lo lograste.-
-No amor, lo logramos.-habían pasado duras pruebas para llegar a ese momento, pero todo había valido la pena-. Ahora enséñame a nuestro hijo, que por lo visto, tiene tus pulmones.-
Draco sonrió.
-Nena, eso sin lugar a dudas lo saco de ti.
FIN
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Espero que les haya gustado! Estaba un poco atorada con esta parte, así que espero que haya sido lo que imaginaban. Realice también un epílogo, pero no estoy segura si subirlo:
Era muy común que Draco tuviera en sus piernas al pequeño Julius, sentado a la cabecera de la imponente mesa de granito mientras dictaba órdenes. Julius era lo suficientemente inteligente para saber que su padre estaba ocupado y por ello, se dedicaba a jugar con sus bloques mientras su atronadora voz sonaba encima de su cabecita rubia.
Este es un pequeño contenido del mismo y se sitúa dos años después, si les gustaría leerlo, por favor déjenmelo saber, si por el contrario, creen que la historia así está bien, también me gustaría saberlo. El epílogo ya está escrito por lo que no tendrían que esperar otro montón de años para que lo suba.
Nuevamente una disculpa y espero que disfruten lo que escribo.
Saludos a todos.
Sakura-lu28
