De rey León, a Gatito salvaje
Los personajes son de Stephanie Meyer. La historia es completamente mía.
Summary: Un buen día, Edward Cullen decide escapar de lavida de lujos que ha llevado; nunca imaginó que buscando su destino encontraría el verdadero amor...
– ¿Dónde vives?, te llevo –ofrecí
– Por ahora... en ninguna parte –susurro...
–... entonces vendrás conmigo –
Capitulo 20: Al Descubierto
Bella POV
Incómodo.
Esa simple palabra resumía a la perfección el ambiente de casa durante las últimas dos semanas. Tal como se lo había pedido, Edward no me había presionado absolutamente en nada; no había intentado besarme o abrazarme, tampoco intento sacarme conversación en ningún momento.
Se había pasado todos estos días haciendo lo posible por ser invisible a mi presencia. Nuestras interacciones consistían en pequeños intercambios de saludos y despedidas inocentes. Todas las mañanas encontraba una nota pegada en el refrigerador, donde me avisaba que había tenido que ir temprano al trabajo. Estaba casi segura de que Emmett no lo necesitaba antes de las siete de la mañana... especialmente cuando el taller abría hasta las nueve.
Cuando teníamos que recoger a Lexy en el taller, parecía que siempre estaba ocupado y, cuando por fin salía del trabajo y llegaba a casa, era yo la que o bien estaba demasiado ocupada con mis deberes, o prácticamente había terminado desmayada en mi cama.
La verdad es que ninguno sabía cómo actuar con el otro, en estos momentos. No podía culparlo por querer estar más ocupado, en lugar de dejar que la mente divagara, sobre toda esta maldita situación. Pero otra parte de mi estaba decepcionada de que no hubiera intentado nada, una parte de mi quería que tratara de robarme un beso y me pidiera perdón para que, de ese modo yo pudiera perdonarlo y que siguiéramos juntos.
Todas las cartas estaban sobre la mesa. Edward Cullen, hijo de un empresario multimillonario de bienes raíces, que toda su vida había estado rodeado de eventos de alcurnia y gente poderosa, ese era el Edward que estaba viviendo en mi casa. Después de que me dijera la verdad sobre quién era, me había ido a dormir intentando dejar todo el dolor y el sentimiento de traición atrás. Desde luego, había sido un esfuerzo en vano. No había llorado, pero si había estado pensando en todo hasta altas horas de la madrugada.
Aunque me costara todo mi orgullo admitirlo, me había visto en la patética necesidad de buscar información sobre él en Internet. Evidentemente cuando eres así de famoso, no hay cabida para la privacidad. Edward me había dicho la verdad después de todo, sus padres eran asquerosamente ricos y él había estado trabajando para la compañía familiar hasta que, sorpresivamente había desaparecido. Rosalie era su hermana menor y por lo general aparecían en eventos sociales juntos; ella oficialmente estaba en un año sabático, libre de toda responsabilidad.
Desde luego había sido una estupidez pensar que no encontraría información sobre su pasado romántico. Edward había tenido varias relaciones cortas, hasta que se topo con una mujer llamada Victoria Stone, a quien había conocido desde la universidad. Habían estado juntos desde ese tiempo, hasta hacia unos dos años, cuando él había decidido terminar la relación.
– ¿Por qué diablos lo buscaste? No te entiendo – Alice estaba cruzada de brazos, intentando parecer molesta.
Era martes de lo que serían ya tres semanas sin que Edward y yo habláramos. Había dejado a Ness y Lexy en casa, y me había encaminado a la de Alice y Jasper. En esta ocasión Jazz estaba en casa pero nos dio la apropiada privacidad para hablar tranquilamente. Cuando llegué el me recibió, me dio un leve abrazo y se fue al refugio de su estudio.
En este momento Alice y yo estábamos en su patio trasero, tomando una enorme taza de café.
– No pensé que saldría algo bueno de buscarlo, pero tenía que saber la verdad –
– Edward te dijo la verdad Bells – suavizo su gesto.
Sentí una opresión en el pecho y desvié la mirada, escuché a Alice suspirar de forma exagerada.
– Vamos, sé que tienes algo que decir, así que sólo suéltalo – intentó sonreír, pero el humor no llego a sus ojos.
– Tú lo sabías –
Alice no dijo nada, apreté los dientes con frustración.
– Conoces endemoniadamente bien a Rosalie, así que estoy muy segura que sabias quien es Edward. Sabias que me estaba mintiendo, y no me lo dijiste ¡Soy tu mejor amiga! ¿O eso ya no vale nada? –
– Eres mi mejor amiga Bells, y sabes que te quiero como si fueras mi propia hermana. Pero ¿no crees que era algo que no me correspondía decir? – no dije nada – Se que no estás contenta con las mentiras, en especial de las personas a las que quieres, pero no creía que todo esto fuera algo que yo tuviera derecho a decir. Y ya sé que odias admitir cuando alguien más tiene la razón, pero voltea un segundo los papeles – la miré, sin entender qué demonios trataba de decirme.
– Yo no le mentí sobre quien soy –
– No, pero le ocultaste cosas por un buen tiempo. Imagina como te habrías sentido si le hubiera dicho a Edward todo lo que paso en Arizona, con tu madre y Ness. O si yo le hubiera confesado que te acostaste con Emmett. –
Abría la boca y volví a cerrarla, procesando lo que acababa de decirme. De acuerdo, no me habría gustado nada que Alice le dijera algo a Edward sin consultármelo antes.
Al me pellizcó levemente el brazo, para llamar mi atención.
– La verdad es que, pensé que también estarías molesta conmigo –
– Lo estoy – me crucé de brazos, imitando su postura anterior.
– ¿Y porque no dejaste de hablarme? –
Intenté no sonreír.
– Bien... tengo que hablar con alguien ¿no? –
Mi amiga también intentaba ocultar su sonrisa.
– Tienes una hermana, podrías hablar con ella –
Rodé los ojos con dramatismo.
– Las hermanas pueden ser un fastidio, en especial cuando solo te dicen lo genial que debe ser tener un novio estúpidamente rico –
Ambas reímos por eso. La absoluta verdad era que me resultaba endemoniadamente difícil enojarme con Alice, especialmente cuando me conocía tan bien. Tome un pequeño trago de café y estiré las piernas hasta que sentí que se relajaban mis músculos.
Alice jugueteaba con su taza, haciéndola girar despacio. Descansó su mejilla sobre la palma de la mano y me vio.
– Hablando en serio ¿Qué pasará con esto Bella? Quiero decir, no pueden estar enojados por siempre, sin tomar una decisión definitiva al respecto –
– La verdad es que no se qué hacer – me miró, levantando una ceja, rodé los ojos de nuevo – Claro que no quiero que terminemos. Estoy muy segura de que Edward me gusta bastante, pero no sé como esto pueda funcionar a partir de ahora –
– ¿No crees que estas exagerando un poco? Quiero decir si, no es agradable lo que paso, pero es algo muy parecido a lo tuyo con Emmett. No creo que sea el fin del mundo, si ambos lo discutieran como dos adultos civilizados y lo dejan atrás –
– No me refiero específicamente a que no fuera honesto conmigo... y hablando de Emmett ¿Cómo es que Edward está tan bien con él, después de que le dijera que salimos juntos, pero se puso como un loco conmigo? –
– Ellos hablaron sobre lo que paso entre ustedes, y sobre Emm y Rosalie. Parece que las cosas ya están más que aclaradas entre ellos – rodo los ojos – hombres ¿Quién demonios los entiende? –
Sonreí por eso, por lo menos no había logrado que Edward renunciara a su trabajo con Emmett.
– Estas evadiendo el tema, ¿a qué te refieres con que lo suyo no funcionará? –
Alice esperó a que continuara hablando. No sabía cómo decir esto, sin que pareciera una total estupidez.
– Yo no... Si él y su familia tienen tanto dinero y poder, obviamente hay ciertas expectativas –
– ¿Expectativas? – Alice frunció el seño, sin entender a donde quería llegar.
– Me refiero a que... ¿viste alguna vez a esa chica con la que salía? –
– ¿Victoria Stone? – asentí – Si, inicio como modelo hace unos años, y ahora tiene su propia agencia de modelaje. Es todo un éxito, según parece. Creo que incluso le ofreció trabajo a Rose, pero ella opto por la moda en lugar de enseñar modelaje –
– ¡Exacto! Ella es completamente exitosa, tiene su propia empresa y se mueve en los mismos círculos donde Edward creció. Además, ya sabes... es muy bonita –
Alice levanto las manos y se cubrió la cara con ellas, pero pude ver entre sus dedos que estaba intentando no reírse de mí. Malditas mejores amigas.
– Dime ¿necesitas de nuevo esa plática sobre autoestima? –
Bufé. Fastidiada por toda esta mierda.
– ¡Vamos Al! Edward es en serio guapo y sexy hasta la médula. Suma a todo eso que descubro que tiene tanto dinero, que el noventa porciento de la población femenina se deshace por él ¿no crees que alguna parte de mi, tenga derecho a preguntarse estas cosas? ¡Sólo mírame! Soy la personificación viviente de chica común –
– ¿Quieres que te diga, que veo cuando te miro? –
– ¿Alguien que va directo al manicomio? – se rió por mi comentario.
– Veo a una chica fuerte y hasta cierto punto inocente, que no teme a enfrentar la vida y lo que ésta pueda ponerle enfrente. Veo a un ser bello y lleno de bondad, capaz de proteger a quien lo necesita; a una chica hermosa, que es lo suficientemente tonta para no darse cuenta de la belleza que posee, no sólo por fuera. Veo a alguien independiente y de corazón muy grande. – me quede boquiabierta, sorprendida y alagada por sus palabras – Y pienso que Edward ha visto todo eso y mucho más en ti. A él no le interesa si tienes un negocio propio o si tienes mucho o poco dinero... si pudieras darte cuenta de la forma en que te mira Bells, es como un hombre que ve por primera vez un atardecer. No creo que tengas que preocuparte por alguna especie de competencia, no necesitas competir por Edward, el te eligió a ti –
Me paré y la abracé fuerte ¿podía tener alguien más suerte con su mejor amiga? Alice era mi familia, y yo siempre le estaría agradecida, por estar conmigo.
– Maldita sea panquecito, no puedo estar molesta contigo después de eso –
– ¡Deja de llamarme así! – no sonada en absoluto molesta.
Volví a sentarme en mi silla, mi mundo comenzaba a girar como era debido. Sólo tenía que arreglar las cosas con Edward y todo volvería a la normalidad. Estaba segura de que el llegaría hasta muy tarde hoy, y no sabía si mi cuerpo resistiría lo suficiente como para esperarlo despierta; pero quizás mañana después de salir del bar, podríamos coincidir y terminar con todo esto.
Tal vez todos tenían razón, y el que me hubiera mentido fuera solo una pequeñez. Quiero decir, no es como si me hubiera ocultado que estaba casado y con tres hijos; la simple verdad es que no había querido que nadie lo tratara diferente por ser quien era y, hasta cierto punto no lo culpaba. Estaba muy segura que de haber sabido quien era, no me hubiera atrevido a coquetear con él, por miedo a que me rechazara ¿Quién sabe? quizás esto había pasado justo como tenía que ser.
– Por Dios santo ¡vuelve! –
Parpadeé hasta que volví de mis pensamientos. Alice parecía en serio molesta, ella detestaba que no le prestara atención cuando hablaba.
– Perdón, ¿Qué decías? – le sonreí inocentemente.
– Te pregunté si habías hablado con Emmett o Rosalie –
– Hable con Rose la semana pasada. A Emmett no le interesó mucho que ella le hubiera mentido, supongo que pensó que estaban a mano, después que le confesará lo que él y yo habíamos tenido. Ahora que todo está aclarado Emm está feliz y ella también. –
– Me alegro por ellos, ¿Qué tal los trabajos finales? –
Gemí con frustración.
– Dime algo ¿Cuándo terminaste la universidad hace un año, también sentías que morirías de estrés? –
– Sólo un poquito, sabes que tengo súper poderes y nada puede estresarme –
– Huhmm... Creo que lo que tienes es un Jasper que te mantiene calmada –
Ambas reímos por mi comentario, estaba muy segura de que Jasper había sido el motivo por el que Alice no se había vuelto loca, en su último año como estudiante. Jasper si que tenía el don de calmar a las personas, en especial a alguien tan acelerada como Alice.
– Creo que ya debo irme. Todavía tengo muchos deberes que terminar y, espero poder atrapar a Edward para arreglar esto –
Alice se levanto para acompañarme hasta la puerta. Me dio un pequeño abrazo y un beso en la mejilla.
– Mucha suerte, ya verás que todo se arreglara en cuanto hablen de esto –
– Gracias Al. Me despides de Jasper, no quisiera molestarlo mientras trabaja –
Alice sonrió.
– Si piensas que terminar los estudios es difícil, imagina evaluar a todo un grupo de adolescentes alocados –
Todavía estaba sonriendo, cuando subí a mi auto. Hablar con Alice había sido mucho más productivo de lo que había pensado. Ya me sentía más tranquila respecto a Edward y sobre cómo podríamos solucionar todo esto. ¿Por qué diablos no había intentado escucharlo, en lugar de solo pensar en que me había mentido? Probablemente por la misma razón por la que él no había entendido de razones, cuando yo le hable sobre todo el asunto con Emmett.
Comenzaba a pensar que los dos éramos un poco idiotas, tendríamos que reaccionar de una forma un poquito más madura, en futuras ocasiones.
Cuando entré a casa me inundó el delicioso aroma a especies. Ness sabía manejarse muy bien en la cocina, si lo de ser artista no funcionaba, definitivamente tendríamos que explotar su don para la comida.
Se asomo para verme desde la cocina, sonriendo.
– ¡Hey Bells! Ya casi está todo listo –
Lexy agito su manita a modo de saludo, estaba de espaldas a nosotras y de nuevo parecía muy concentrada en el libro para colorear. Al parecer los dotes artísticos de Ness, se le daban también a mi pequeña sobrina. Me quede viéndola por un minuto, ya no tenía la complexión de una niña pequeña; sus brazos y piernas ya estaban larguiruchos. No, definitivamente ya no podía llamarla "mi pequeña"; pronto dejaría el preescolar y tendríamos que lidiar con las nuevas aventuras de su crecimiento. Diablos, no quiero imaginar cómo será vivir de nuevo con una adolescente Swan.
– ¿Qué hay en el menú de hoy? –
– Prepárate para entumecer tus papilas con mucho picante – levante una ceja.
– ¿Mexicana? –
Ness asintió sonriendo.
– Tenemos guacamole, una salsa picante y ¡tacos! –
Sonreí también
– ¿Desde cuándo saber hacer tacos? –
Ness se encogió de hombros, como si fuera experta en comidas extranjeras, de toda la vida. El leve rubor en sus mejillas arruino su postura sabionda.
– Lexy quiso mexicana... y busque la receta en línea –
Solté una enorme carcajada por eso.
– Me alegra saber que no moriremos intoxicadas por tacos – volteo a ver a Lexy, para asegurarse que no estuviera viéndonos y me levanto el dedo medio. Sonreí de nuevo – Creo que iré a ponerme algo más cómodo –
Había subido dos escalones, cuando me detuve en seco.
– ¿Edward está en casa? –
– Todavía no – se giro a verme – ¿Hablarás por fin con él? –
– Algo así –
Sólo levantó los pulgares, en señal de aprobación.
Me puse un pantalón de pijama y me quite los tennis. Estaba nerviosa como los mil demonios, no sabía cómo decirle a Edward que lamentaba toda esta estupidez y que, ahora entendía que no era tan grave. Esperaba de todo corazón que si ambos nos disculpábamos, todo quedaría atrás y podríamos continuar justo donde nos habíamos quedado.
Hacía más de una hora que habíamos terminado de comer el delicioso menú mexicano de Ness, cuando escuche ruidos en la planta baja. Ness y Lexy se habían ido con Jake a un paseo nocturno, desde que mi hermana había decidido dejar de fingir que no tenían algo, últimamente pasaban mucho tiempo juntos.
O quizás sólo había pensado que sería una gran idea dejarnos solos, para que Edward y yo pudiéramos hablar tranquilamente.
Escuché sus pasos lentos, desde la sala de juegos de la planta alta. Su andar era pesado, como si no tuviera ánimos de seguir caminando; el corazón me dio un vuelto cuando sus ojos entraron en mi campo visual. Abrió mucho los ojos, aparentemente no esperaba encontrarme despierta.
– Hola –
Edward pareció confundido por un segundo, luego una pequeña pero triste sonrisa le atravesó el rostro.
– Hola Bella... ¿Qué tal va todo? –
– Bien, ¿y el trabajo? –
– Tedioso – frunció el ceño y apretó con un puño algo que, hasta ese momento no había notado que llevaba en las manos – Me daré una ducha –
Dejo lo que ahora entendía que era un periódico arrugado sobre el mueble de la televisión, y sin esperar alguna respuesta de mi parte, se metió en el baño. Me quede quieta unos segundos, hasta que escuché el ruido de la regadera.
Me pare sin hacer mucho ruido y revise el periódico que estaba viendo. El alma casi se me cae a los pies, era la sección de casas y departamentos en renta.
No pude esperar a que saliera de la ducha y me fuí corriendo a mi habitación. Edward iba a irse, estaba buscando un lugar en donde quedarse porque, toda esta situación había sido demasiado para él. Sentía que me dolía el pecho, pequeños pinchazos me taladraban el corazón y no me sentía lo suficientemente fuerte o egoísta, como para pedirle que se quedara. Si estas, casi tres semanas, habían hecho que el tomara esa decisión, no podía obligarlo a quedarse.
Por mucho que me destrozara el corazón, tendría que dejarlo partir. Me sentía devastada y molesta por todo ¿cómo habíamos dejado que esto se nos fuera tanto de las manos?
. . . . . . . . . .
Era miércoles y me encontraba a mitad de una de mis clases. No había podido dejar de pensar en Edward y que quería vivir en otro lugar; tampoco había tenido el valor de preguntarle algo, y ni siquiera me había atrevido a contárselo a Ness. No quería pedirle que se quedará si no estaba contento conmigo, pero otra parte de mi quería salir corriendo directo al taller de Emmett, y pedirle a Edward que olvidáramos todo y se quedara.
Mordí el bolígrafo con fuerza. Esto era una total idiotez, no podía obligar a Edward a tomar ninguna decisión, pero tampoco podía quedarme sentada esperándolo. Si, sentía por él algo que nunca antes había sentido; pero tampoco podía pretender cambiar toda mi vida y el rumbo de esta, por cuidar que permaneciera a mi lado.
Si Edward prefería marcharse y no intentar algo conmigo, eso sería todo. Había superado ya muchas cosas en mi vida, ¿Qué tan difícil podía ser superar a un hombre guapo, inteligente, endemoniadamente sexy, encantador, tierno, protector y que me quería?
– Esto es una estupidez –
– Señorita Swan, ¿tiene algo que aportar a la clase? –
Aparentemente no había hablado tan bajo como yo pensaba, y la señora Saunders me miraba con mala cara y una ceja tan levantada que parecía una extensión del nacimiento de su cabello.
Miré de reojo el pizarrón, "mercado local contra mercado nacional" estaba escrito con marcador negro, en el centro de éste.
– Sólo me preguntaba ¿qué alcance podríamos tener como locales, al competir contra alguien con alcance a nivel nacional? Evidentemente podríamos contar con el factor de conocer el área y su manejo en el mercado, pero carecemos de la experiencia de alguien que ha conocido otras partes y, por ende tiene puntos de vista distintos. ¿Dependerá todo únicamente de lo que nuestro cliente quiere, o es que en todo momento debemos considerar las variantes externas? –
La señora Saunders parecía tan sorprendida por mi respuesta, como lo estaba yo. Al parecer mi subconsciente estaba algo atento a la clase.
– Hay que recordar que, para que nuestro trabajo como relaciones públicas o publicistas sea de calidad, siempre debemos llevar de la mano lo que el cliente solicita, pero sin olvidar los factores externos. Eso será la clave para ofrecer un servicio completo e impecable. Señorita Swan, vista al frente –
Solo asentí, avergonzada de que algunos compañeros soltaran pequeñas risitas por la llamada de atención.
Debía concentrarme, este era mi último año como estudiante y contaba con que varios de mis maestros me pudieran otorgar cartas de recomendación, para cuando aplicara laboralmente en alguna empresa.
Me entretuve al final de mi última clase, en una acalorada y amena plática con varios compañeros, sobre los mejores programas de diseño para logos y marcas. Cuando por fin salí del enorme edificio, encontré a Ness sentada en una banca, cerca de donde habíamos estacionado. Estaba hablando por teléfono, supuse que con Jake.
– ¿Lista? –
Ness asintió sonriendo. Caminamos en silencio hasta mi auto y salimos disparadas a la carretera.
– No vayas al taller, Jake pasará por Lexy –
– Bien –
Sentí los ojos de Ness clavados en mí. Cuando nos tocó una luz en rojo me giré a verla, sin entender qué demonios quería.
– ¿Te puedo ayudar en algo? –
– Pensé que querrías pasar por el taller, para ver a Edward – me giré para ver al frente. Ness suspiró – Entonces no hablaron anoche –
Apreté el volante con fuerza. Pensé en decirle lo que había pasado, después de todo Ness y yo jamás habíamos tenido secretos; pero decirlo en voz alta significaba hacerlo real, y no quería que lo fuera.
– Me quedé dormida y no pudimos hablar –
– Bien, seguro pueden platicarlo hoy, cuando salgas del bar – asentí, sin mucho ánimo – Jake me llamó, me invitó a quedarme hoy en su casa con Lexy ¿te importa, o prefieres que esté en casa contigo? –
Apreté levemente su rodilla, e intenté sonreírle para tranquilizarla.
– No seas tonta, ve con Jake y diviértanse. Yo estaré bien, además estaré en el bar prácticamente toda la noche –
– Bien, pero si me necesitas sólo llámame –
Sabía que, al igual que con Alice, no era fácil que pudiera engañar a Ness. Pero también sabía que ella me entendería, y me daría mi espacio.
No quise que mi hermana preparara la comida, así que pedimos una pizza. Comimos hasta casi reventar, mientras Ness y yo hablábamos sobre la escuela y los trabajos finales. Me alegraba de todo corazón que intentara distraerme con las pequeñas tonterías que pasaban en sus clases, con sus compañeros.
– ¿No crees que es un poco raro que Lauren, no haya intentado cortarte la cabeza después de lo que hicimos? –
Ness estaba de rodillas frente a mi guardarropa, intentando encontrar una falda tubo a cuadros verde y negro, que en algún momento me había regalado.
Me pase distraídamente la blusa negra, de mangas cortas y con un pronunciado escote, por la cabeza.
– No creo que sea bueno, que su venganza este durando tanto en llegar. ¿Qué tan capaz crees que sea, de hacer algo ilegal? –
– Lauren es fanática de poner a la gente en ridículo, no de ponerse ella misma en una situación comprometedora. Dudo que haga algo como estropearte el coche, pero estoy segura que hará todo lo que este a su alcance por fastidiarte en exceso ¡Aquí estas! – su grito de victoria, hizo que diera un pequeño brinco, frente al espejo.
Me arrojo la falda y la deslicé rápidamente por mis piernas. Me paso un par de botas largas, casi hasta la rodilla y de tacón alto . Ness me indicó con la mano que girara, para que pudiera verme con toda la ropa lista para ir al bar.
– Creo que estás muy guapa– escuche una pequeña vibración. Ness saco del bolsillo trasero de sus pantalones, su celular y levando un dedo para indicarme que esperara. Sonrió – Justo a tiempo, Jake acaba de llegar. Será mejor que me vaya –
Asomó la mitad del cuerpo, fuera de mi habitación.
– ¡Lex, Jake está afuera! ¡Hora de irse cielo! –
Me acerqué para abrazar a mi hermana. Intenté de todo corazón que no viera lo preocupada que me sentía, no era mi intención arruinarle la noche.
– Pasen una linda noche y salúdame a Jake–
– Cuídate, y avísame cuando llegues a casa ¿sí? – asentí.
Jake había pedido faltar ese día, para poder salir con Lexy y mi hermana. Sabía que Ness preferiría que Jake estuviera custodiando el bar, siempre que o tuviera que trabajar, pero ella tenía que entender que no podía detenerme de ir al trabajo, solo porque Jake no estaría ahí.
Pensé en dejar un mensaje para pedirle a Edward que me esperara despierto, pero nuevamente sentí que sería forzar demasiado las cosas. Aun estaba esperando que, por algún designio de la vida, todo tomara su curso natural. Hoy el bar parecía demasiado intranquilo. La fila estaba mucho más larga que los últimos días, a pesar de que faltaba aún un buen rato para abrir.
– Disculpa – una voz masculina me detuvo a unos pasos de la entrada.
Era un chico, quizás unos dos años mayor que yo. Era rubio y llevaba el cabello largo, sujeto en una cola de caballo pegada a la nuca. No supe porque, pero no me daba buena espina, sin embargo intenté ser amable y sonreírle.
– ¿Puedo ayudarte en algo? –
– Si, mis amigos y yo acabamos de llegar a la ciudad. Nos hablaron sobre este bar, pero no tenemos idea de si es un buen lugar para pasar el rato ¿has venido antes? –
– Oh, en realidad yo trabajo aquí. Es un gran lugar, a pesar de que lo diga yo. Hay buena música y es uno de los lugares que cierra más tarde, en toda la ciudad – intente de todo corazón, que mi sonrisa no fuera demasiado forzada.
El chico sonrió de vuelta.
– ¡Eso suena fantástico! Nos quedaremos entonces, gracias –
– No hay problema, nos vemos –
Entre tan rápido como pude. El chico no se había portado de forma extraña y no me miró más de lo necesario, por lo que en realidad no entendía la reacción que tuvo mi cuerpo hacia él. Quizás de verdad comenzaba a volverme loca. Salude a los demás al llegar, guardé mis cosas y me prepare mentalmente para las siguientes horas.
Tal como había sucedido las noches anteriores, el lugar estuvo a reventar. Hubo algunas peleas pequeñas y Seth se vio en la necesidad de trabajar el doble, para suplir a Jake. Sin embargo pudimos lograr mantener todo bajo control. Tuve que recordarme varias veces durante la noche, que debía concentrare en lo que hacía. ¡Diablos! La maldita situación con Edward, de verdad estaba consumiendo todo el espacio en mi cabeza, de verdad necesitaba resolverlo esa misma noche.
Bastantes horas después, dimos por terminada nuestra pesada jornada. Una vez que todo estuvo algo en orden, tomamos el dinero y caminamos a paso cansado hacia el pequeño lugar a modo de armario que teníamos, para sacar nuestras bolsas, chaquetas y demás.
– Bien chicos, gracias por otra exitosa noche. – Leah buscaba algo en su bolso, mientras hablaba – Huhmm ¿alguno podría prestarme sus llaves, para cerrar? Creo que olvide las mías –
Tanya comenzó a rebuscar también en su pequeño bolso negro.
– Tengo aquí mis llaves, porque no se van ya. Creo que puedo cerrar sola – todos dudaron un poco. Tuve que rodar los ojos por eso – ¡Vamos! No siempre esta Jake aquí, soy perfectamente capaz de cerrar, sin un altanero mejor amigo gigante, cuidándome la espalda –
Seth soltó una enorme carcajada por eso.
– Bien bien, mujer fuerte e independiente. Pero ten cuidado ¿sí? – Sam parecía en serio preocupado.
– Desde luego. Que descansen chicos –
Todos salieron a paso tranquilo. Me acerque a la puerta y corrí el pasador, para estar más tranquila. Estoy muy segura de no haber durado más de cinco minutos en tomar mi bolso, sacar el celular y las lleves y acercarme a la puerta.
En realidad, me distraje sólo medio segundo, para confirmar que Ness o incluso Edward no me hubieran enviado algún mensaje o llamado, mientras trabajaba. Lo siguiente que supe fue que al levantar la vista, el chico rubio estaba parado frente a mí, sonriendo y con una pistola en la mano derecha...
Espero que estén bien, y de todo corazón que les guste el capítulo y que continúen por aquí conmigo.
Nos leamos muy pronto.
¡Besos de vampiro... de lobito y abrazos de Emmett para todos!
Atte:
..dayaaBlack...
¿Reviews?
