Capítulo 2

'…De ti depende el decidir si serás tú el que tomará la riendas del futuro o simplemente dejarás que sea el futuro el que se encargue de ti. Elige sabiamente'.

Las palabras de Kilgharrah resonaron una y otra vez en la mente de Merlín. La advertencia era clara, pero aún así las consecuencias de su elección eran incontables. Había considerado una y otra vez hablar con Arturo y revelarle su mayor secreto; sin embargo, la posible reacción del rey lo atemorizaba y preocupaba. Podría ser que lo aceptara y su amistad no se viera dañada, pero durante todo el tiempo de haberse conocido, Merlín no pudo evitar mentir sobre su magia y su participación en las distintas aventuras en las que habían participado.

Sabía que de decirle la verdad, Arturo se sentiría traicionado y considerablemente herido. Merlín había visto el dolor que había sufrido tras las mentiras y traiciones del difunto rey Uther Pendragon con respecto a la verdad sobre su nacimiento, el origen de Morgana, quien durante la mayor parte de su vida la conoció como la pupila del rey que al final resultó ser su media hermana que se volvió contra su familia y amigos, oscureciéndose y deseando el trono y la destrucción de todos los que alguna vez se preocuparon por ella. La alianza entre su tío Agravaine y Morgana que llevó a la captura de Camelot a manos de la bruja y el ejército Southron. Descubrir a su esposa, en ese entonces prometida, engañándolo con Lancelot, o mejor dicho la Sombra de Lancelot, traída desde la muerte por Morgana con el objetivo de dañar a Arturo y destruir las posibilidades de Gwen para llegar al trono.

Cada vez que podría ser el momento indicado para hacerlo, el destino daba un giro de 360° endureciendo el corazón del rey nuevamente ante la magia y aquellos que la practicaban. Aunque la paz establecida con los druidas fue una señal y un avance para cumplir el destino de ambos y la aceptación de la magia, la reacción de Arturo frente a las mentiras y los errores cometidos por su sirviente no parecía augurar un destino prometedor.

La idea de recibir una sentencia de muerte o un destierro era cada vez más persistente en su mente y nada agradable, disminuyendo las ganas del brujo de revelarse ante sus amigos. Súbitamente, se percató que el tiempo había continuado y que el medio día se estaba acercando, y por tanto, estaba retrasado para llevarle el almuerzo a tiempo a su amo. Maldiciendo por lo bajo, Merlín empezó a correr de regreso a la ciudad, no estaba seguro de si era el tiempo o el día para revelar su magia a su amigo, pero de lo que si estaba seguro, es que cuando ese día llegará, no sería mientras el rey estuviera hambriento.

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"Llegas tarde"

"Disculpa, señor", contestó Merlín mientras se esforzaba por llegar a la mesa de la habitación de Arturo sin tirar o derramar el almuerzo del rey por todo el suelo. "Estaba ocupado".

"Bien, espero que hayas avanzado en tus tareas del día. Considerando que no estuviste hoy para la sesión de entrenamiento", dijo Arturo, claramente molesto por la ausencia de su sirviente y que haya tenido que soportar a George aunque sea por una pequeña parte del día.

"Ah, sí. Sobre eso…"

"Merlín, no has hecho nada de lo que te encargué para este día, ¿estoy en lo cierto?" interrumpió Arturo. "Espero que por tu bien, termines tus tareas de hoy junto con algunas otras nuevas, o de lo contrario pasarás la próxima semana en el cepo. Mientras tanto, limpia mis cámaras".

"Estaban bien esta mañana cuando te traje tu desayuno" se quejó Merlín mientras se detenía a observar el desastre que eran las cámaras reales "¿Cómo es que se encuentran en este estado si no estuviste toda la mañana aquí?"

"Tal vez se verían bien si te esforzaras por cumplir tu trabajo en lugar de postergarlo" regañó el rey claramente divertido mientras hacía enojar a su sirviente.

"Imbécil".

"Idiota".

Arturo tomó su almuerzo en silencio mientras Merlín se dedicaba a arreglar las cámaras reales. No fue después de unos minutos que Arturo se percató que su sirviente trabajaba en silencio y no parloteaba de cualquier cosa como era su costumbre. A pesar de que siempre se quejaba de cuanto hablaba Merlín, el silencio del sirviente era extraño. Algo lo estaba preocupando.

A pesar de su posición como rey, Arturo no pudo evitar preocuparse también por su criado, difícilmente lo admitiría, pero hace tiempo que ambos habían superado las barreras existentes entre amo y sirviente y se había forjado entre los dos una amistad y un sentimiento de confianza mutuo. La intranquilidad de su sirviente simplemente lo inquietaba.

"Merlín" llamó Arturo.

"¿Qué pasa?" contestó Merlín, claramente había notado el sutil tono de preocupación por parte de Arturo.

Arturo se detuvo momentáneamente mientras pensaba como abordar esta situación, nunca había sido bueno para tratar con emociones o los problemas de los otros, era un rey, no tenía porque preocuparse por las inquietudes de un sirviente. "Es hora de irnos. Tenemos una reunión con el consejo, a la que vamos tarde por tu culpa". Podría preguntarle a su sirviente que le pasa después.

Merlín no pudo evitar gemir. Esas reuniones siempre eran tan largas, tediosas y cansadas. Tenía que estar de pie con una jarra en mano asegurándose que la copa de Arturo se mantuviera llena, mientras escuchaba a esos nobles discutiendo sobre los impuestos, el grano y sus privilegios.

-oOo-

Claramente esta era una venganza por parte de Arturo. Merlín sabía que el rey detestaba estas reuniones tanto como él, así que también tenía que hacerlo sufrir. Sin embargo, mientras se encontraba de pie en la pared escuchando sobre los agravios que los bandidos estaban haciendo a las rutas de comercio, el brujo no pudo evitar volver a pensar en la advertencia de Kilgharrah de esta mañana. ¿Podría ser que algo grande estaba por suceder y era necesaria la revelación? ¿O simplemente Kilgharrah desesperaba por la llegada de Albión? El dragón ya le había advertido en más de una ocasión, tal vez sería prudente hacerle caso esta vez. Pero antes de tomar una decisión, hablaría con Gaius, el médico siempre había sabido que decirle y guiarlo ante estos momentos de duda.

Merlín detuvo sus reflexiones al percibir que Arturo lo estaba llamando para que volviera a llenar su copa, y a juzgar por la mirada exasperada que le estaba lanzando, tenía bastante tiempo esperando la atención de su sirviente.

Rápidamente, Merlín se acercó para llenar la copa de su amo, quien simplemente rodó los ojos con evidente irritación, a su lado Gwen no pudo evitar darle una sonrisa amable y divertida ante la distracción de su amigo y la irritación de su esposo.

Molesto por la torpeza de Merlín, Arturo se perdió el momento que el lord había terminado su discurso y que todos los demás miembros del consejo lo miraban esperando su respuesta. Por debajo de la mesa, Gwen llamó su atención tomándolo de la mano y dirigiendo su mirada a la reunión. Sorprendido, el rey dijo:

"Muy bien. ¿Hay algún otro asunto pendiente por discutir?"

Tanto Gwen como Merlín no pudieron evitar sonreír divertidos ante la evidente falta de atención de Arturo para el discurso previo del concejal y la irritación de éste por la falta de atención del rey a su discurso. Antes de que el lord pudiera hablar, Sir León se adelantó.

"De hecho lo hay, señor"

"Bien Sir León, ¿qué es?" preguntó Arturo.

"Recibimos un mensaje por parte de la Reina Annis. Parece ser que Morgana ha sido vista al norte de su reino".