Capítulo 9

Arturo se encontraba sentado en su escritorio. La discusión con Merlín del día de ayer y la de esta mañana todavía resonaba en la mente del joven rey, dándole un dolor de cabeza. '¡Un indulto! ¡Quiere que le dé un indulto! ¡A una hechicera!' pensó el rey mientras presionaba suavemente el puente de su nariz. '¿En qué estaba pensando ese idiota? Es una hechicera, ¿quién sabe qué males traería?' continuó con esa línea de pensamiento, '¿Y si no hiciera mal y sólo se dedicara a curar? Los druidas son sanadores no lastiman a la gente. Aún así, no se puede confiar que la magia no la corromperá'.

Arturo no dejaba de pensar en estos últimos días, algo estaba sucediendo y eso tenía que ver con ese idiota. Algo más para agregar a todo el enigma que era su amigo, parecía que lo conocía y súbitamente se daba cuenta de que no era así. Pensamientos y opiniones como las de Merlín, eran alarmantes, pero parecían ser tan ¿convincentes? ¿Auténticos? Aunque, tal vez en realidad se deba únicamente al buen corazón de su amigo y a su capacidad de ver lo bueno en las personas, ¿no? Merlín conocía los peligros que representaba la magia, había visto los horres que traía, entonces simplemente esa opinión favorable era a causa de su amabilidad, no podría ser otra cosa reflexionó el rey. Él tenía que cumplir con la ley ¿correcto?

Arturo estaba tan absorto en sus reflexiones sobre la magia, la hechicera y Merlín que no se percató cuando Gwen entró a la habitación, dirigiéndole una mirada pensativa, la reina se acercó y poniéndole una mano en el hombro empezó a llamarlo.

"Arturo"

"…"

"¡Arturo!"

"Guinevere, ¿todo está bien? ¿Qué hora es?" preguntó distraído.

"Cerca de medio día. ¿No deberías estar listo? ¿Dónde está Merlín?" le preguntó la reina.

"Le ordené que se abstuviera de estar en la ciudad hasta después de la ejecución. Si por una vez hace lo que se le ordena, debe de estar buscando hierbas para Gaius" contestó llanamente el rey.

"Arturo, ¿qué te preocupa?" dijo perceptivamente la reina.

"La ejecución" dijo Arturo mirando a su esposa.

"¿Qué piensas?" cuestionó la reina

"No lo sé. No creo que la hechicera haya tenido malas intenciones, si no ¿por qué aceptó tan fácilmente el veredicto? Parecía saber lo que le esperaría" dijo Arturo.

"¿Y qué sientes qué es lo correcto?" siguió la reina.

Dando un suspiro, Arturo dijo "que no merece la muerte, Guinevere".

"Ya sabes lo que deberías de hacer Arturo" dijo sonriendo la reina.

"Guinevere, ¿cómo puedo siquiera pensar en indultarla? ¡Es una hechicera!" dijo el rey exasperado.

Gwen guardó silencio. Sabía que Arturo se estaba enfrentando toda una vida de enseñanza y prejuicio contra la magia y aquellos que la practicaban. Aunque su esposo jamás lo aceptaría, la opinión de Merlín tenía un fuerte peso sobre él. Ella no podía decirle que hacer, él debía decidir por su cuenta.

"Arturo, sea lo que decidas, sabes que te apoyaré" dijo Gwen abrazando y besando a su esposo.

"No sé qué haría sin ti Guinevere" sonrió Arturo.

Sonriendo, le dijo "antes de que vayas a hacer algo, deberías de cambiarte y prepararte".

-oOo-

La corte se había reunido en la Sala del Trono nuevamente, los murmullos de los nobles llenaban toda la habitación. Algo estaba por suceder, el rey estaba demasiado serio y callado, mirando a las puertas, esperando para la audiencia.

Las puertas se abrieron dejando pasar a un par de guardias y a la hechicera Ana, que miraba a todos con evidente confusión. ¿Su ejecución no iba a ser pública? ¿Había necesidad de humillarla frente a todos?

Cuando se detuvieron los guardias frente al trono, Ana levantó la mirada hacia el rey, quien la miraba fijamente, ninguna emoción se podía leer en su rostro, por lo que no podía adivinar lo que le esperaba.

"Después de mucho meditarlo he decidido reconsiderar tu sentencia" los murmullos de incredulidad y molestia de los cortesanos se alzaron. Ana no podía creerlo, el rey ¿había cambiado de opinión? "Se te perdonará la vida y a cambio deberás de abandonar la práctica de la hechicería" terminó Arturo.

"Me rehusó señor. La magia es todo lo que soy, no podría dejarla" dijo Ana tragando saliva, pero llena de orgullo.

"Reconsidera tu decisión. Te estoy dando la oportunidad de vivir" continuó Arturo.

"No tengo nada que reconsiderar" siguió Ana, mirando de manera desafiante y orgullosa al rey.

"Muy bien. Proseguiremos con la ejecución" dijo secamente Arturo.