Capítulo 15
Merlín suspiró. Había pasado una semana desde aquella cacería. Arturo lo había relevado de sus deberes y le había ordenado permanecer en sus cámaras y que no saliera de la ciudad. Había pensado que esto sería durante un par de días en lo que se enfriaba el temperamento del rey; ahora parecía que su arresto nunca terminaría.
Al tercer día después de la revelación había ido a buscar a Arturo con la esperanza de que le diera la oportunidad de explicarse, desgraciadamente, no tuvo suerte. El rey era más obstinado ante este asunto, no podía culparlo del todo y tampoco podía enojarse completamente con él. Durante las visitas, el rey apenas lo miraba y antes de que pudiera decir algo lo despedía bastante irritado por su sola presencia amenazándolo con enviarlo a los calabozos si volvía a desobedecerlo.
Merlín había soportado con anterioridad los malos tratos, las burlas y el enojo del rey, pero esto era otro asunto, nunca antes había tenido que soportar su desprecio y odio. Había imaginado este escenario con anterioridad; sin embargo, no sabía lo duro que sería. Por más que intentara distraerse ayudando a Gaius a preparar les remedios para sus pacientes o apoyándolo en tratar a los pacientes que llegaban, nada podía distraerlo de su estado de ánimo.
Casi no había visto a los demás caballeros, sus amigos, algunas veces Gwaine había ido a visitarlo, al parecer el Rey Idiota les estaba haciendo pasar un mal rato, estaba de tal humor que al parecer ni los caballeros ni Gwen podrían sacarlo de ese estado.
Hasta cuando duraría esto, Gaius y Kilgharrah le habían dicho que confiara en Arturo y en su destino, pero por cómo iban las cosas, dudaba que Arturo entrara en razón y lo perdonara por esto. Para entretenerse había considerado practicar su magia; sin embargo, la idea de continuar haciéndolo a pesar de que ya se había descubierto lo hacía sentir culpable de seguir traicionando a su amigo.
Merlín decidió salir un momento de su habitación para estirar un poco las piernas. Gaius no estaba en sus cámaras, había salido a realizar sus rondas para asegurarse de que sus pacientes se encontraran bien. Aburrido, Merlín decidió tomar uno de los libros del médico con la esperanza de entretenerse o distraerse, así que procedió a pasar las páginas al azar sin prestar mucha atención a lo que estaba viendo.
En ese momento, se abrió la puerta y entró un guardia "El rey solicita tu presencia inmediatamente en sus cámaras". Merlín se levantó inmediatamente con el corazón latiéndole aceleradamente, finalmente hablaría con Arturo.
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Arturo estaba sentado en su escritorio con la barbilla recargada sobre sus manos reflexionando sobre la decisión que había tomado, sólo esperaba que fuera la correcta, por el bien de su amistad con su sirviente.
"Adelante" dijo rápidamente el rey incorporándose al escuchar que llamaban a la puerta.
Merlín estaba muy nervioso cuando entró a las cámaras de Arturo, había repasado una y otra vez su historia sin omitir detalles, si quería arreglar las cosas con Arturo, debía ser completamente honesto, no más mentiras. Merlín miró atemorizado hacia donde se sentaba su amigo quien mantenía una expresión pétrea.
"¿Quería verme señor?" dijo Merlín.
Arturo tragó saliva un tanto molesto. Detestaba toda esa formalidad en Merlín, él no era así, nunca le importó si no utilizaba el protocolo esperado para un sirviente, siempre lo trato como una persona, como un ser humano. Sin embargo, Arturo se tuvo recordar que el hechicero no era en realidad el amigo que alguna vez creyó que era manteniendo su expresión estoica.
"Sí. He estado pensando sobre los eventos de la semana pasada" empezó Arturo "y esto no puede continuar, la magia está prohibida bajo pena de muerte en Camelot".
Merlín abrió los ojos con miedo, ¿Arturo había decidido sentenciarlo a muerte? "Señor, si me permite…"
"Silencio" dijo el rey fríamente, le había molestado bastante ver como su "amigo" lo miraba con temor, tenía miedo de él, de Arturo, ¿cómo podía ser? Eso era tan antinatural pensó. 'Pero él no es natural, tiene magia' dijo una voz en su mente. "Sin embargo, estoy dispuesto a darte una oportunidad, hechicero".
Merlín se relajó un poco, ¿una oportunidad? Arturo lo iba dejar explicarse. "Abandona tu magia" dijo de repente Arturo cortando las esperanzas de Merlín para enmendar esto.
Merlín no pudo evitar quedarse con la boca abierta mientras veía a su amigo tras escuchar su condición. Él no podía dejar su magia como si nada, no era como Gaius o cualquier otro usuario de magia que podía elegir dejar de usarla en cualquier momento de su vida, él era un brujo, nació con magia, era algo natural en él, era mágico, era como si le pidieran que viviera sin respirar.
"¿Y bien?" dijo impaciente el rey.
"No puedo" dijo finalmente Merlín mientras se le humedecían los ojos "esa es una condición u orden que no puedo cumplir".
"Bien" dijo Arturo manteniendo su fachada a pesar de que por dentro gritaba de enojo y molestia por la estupidez de Merlín, ¿acaso todos los hechiceros eran iguales? ¿Su sed de poder valía más que su vida? Tal vez la corrupción de Merlín a causa de su magia ya estaba avanzando.
"Si esa es tu decisión, no me dejas otra alternativa. Debes abandonar Camelot" dijo Arturo, apenas logrando ocultar el dolor de su voz y desviando la mirada de los ojos de su amigo que ya no podía contener las lágrimas.
"Arturo, por favor, sólo escúchame déjame explicarte…" empezó Merlín mientras las lágrimas corrían por su rostro.
"No me interesa" lo interrumpió Arturo con la misma expresión de piedra "tomaste tu decisión, ahora acepta las consecuencias. Por una vez en tu vida no seas un cobarde" terminó Arturo.
"Arturo" dijo Merlín, pero ya no sabía que decir, él tenía razón, era un cobarde, no podía decirle la verdad, no podía defender su caso, su destino, su amistad. No quedaba nada, silenciosamente se dio la vuelta para salir de la habitación.
Antes de salir, escuchó al rey "Vuelve si recuperas la cordura" Merlín se detuvo un momento, como si decidiera decirle algo, pero sin poder hallar su voz nuevamente, salió de las cámaras del rey.
Arturo vio salir a su amigo, esperando que cambiara de opinión, que se hubiera detenido para decirle que se arrepentía y que había reconsiderado su decisión, lo que sea, pero él simplemente abandonó sus cámaras silenciosamente. "Por favor" dijo silenciosamente el rey mientras escuchaba los pasos de Merlín alejándose de sus cámaras, esperando que algún día este desastre se arreglara.
