Capítulo 16
Las lágrimas seguían corriendo por el rostro de Merlín mientras caminaba por los pasillos del castillo sin saber perfectamente a donde ir. 'Debes abandonar Camelot' la sentencia de Arturo resonaba una y otra vez en la mente del brujo, así como su desprecio.
Esto no podía ser, las cosas no debían ser así. ¿Había perdido su oportunidad de hacer las cosas bien? ¿A esto se había referido Kilgharrah con dejar que el futuro se encargara de él? ¿Cómo se cumpliría el destino si Arturo no lo quería aquí en Camelot? ¿Cómo sobreviviría él ante la constante amenaza de venganza de tantos hechiceros?
Merlín se detuvo en uno de los pasillos mientras jadeaba intentando calmarse, pero el dolor era tan intenso que nuevas lágrimas volvían a rodar por sus mejillas. Mucho tiempo se había dicho una y otra vez que cuando Arturo se enterara de la verdad, él escucharía y que a pesar del dolor y de la magia, él sabría que su amistad era auténtica. Pero no había sido así, el rey se había negado a escucharlo.
'No me interesa' las palabras de su amigo habían perforado hasta lo más profundo de su corazón. Esto era todo, no tenía ya un propósito, su magia no tenía propósito, no tenía ya nada para continuar. Sólo hasta ese momento, entendió cuan profundamente la influencia de Uther se había arraigado en el corazón del joven rey.
Fue demasiado ingenuo al creer que la sombra de Uther se había debilitado en estos años permitiendo que el rey sea su propio hombre. Había subestimado los efectos de la Purga sobre las nuevas generaciones. Lo peor de todo, éstos eran sus propios errores, pensó sombríamente Merlín.
Durante mucho tiempo tuvo que mantenerse en la línea de los Pendragon para proteger a su amigo y cumplir con su deber de nacimiento, y lo único que había logrado era dañar a Arturo hasta el nivel de que dudaría de él, de la magia, rechazándolo. Nunca antes había sentido con tanta fuerza que la magia era una maldición para todo el que lo rodeara.
Merlín levantó la mirada dándose cuenta que había llegado al pasillo que conducía a las cámaras del médico, Merlín corrió lo más rápido que podía, tenía que hablar con Gaius, despedirse de él y prepararse para regresar a Ealdor.
Las cámaras del médico se encontraban vacías, Gaius no había regresado de sus rondas en la ciudad. Estaba solo. Merlín se dirigió a su habitación, tropezando con los escalones. Tenía que empacar. Saldría a primera hora de la mañana.
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Silencio. Es lo que había en las cámaras del rey en ese momento. No había un sirviente molesto que lo mantuviera distraído de las presiones del reino, que lo alentara y que lo hiciera sentirse en compañía de un amigo.
Merlín se iría, no había otra opción. Arturo no podría verlo morir, no de una forma lenta y cruel por acción del fuego o de manera rápida por la decapitación. Un escalofrío recorrió la espalda del rey ante la sola idea de tener que ejercer la ley contra su ex-sirviente.
El destierro era un mejor destino, en verdad esperaba que Merlín no estuviera tan lejos de la redención, pero claramente se había equivocado. 'Ridículo, soy el rey, la pérdida de un sirviente no debería afectarme' pensó amargamente el rey. Pero en el fondo sabía que se mentía a sí mismo. Merlín no era un sirviente cualquiera, era su amigo.
O eso él creyó, todo había sido una mentira. ¿Las traiciones y las mentiras nunca terminarían? De todas las personas, jamás imaginó que sería Merlín el que le haría como eso. Siempre estuvo junto a él, alentándolo… ¿para qué? ¿Era una estratagema para tomar el trono? ¿Para manipularlo?
Una vez más la magia le había arrebatado alguien muy cercano y querido. ¿Esa maldición nunca terminaría? Arturo entendió el dolor y el derrumbe de su padre tras la traición de Morgana. Sentía que caería en cualquier momento en la locura por el dolor y el vacío que estaba sintiendo.
Vacío, se sentía vacío, hueco. De algún modo su sirviente se llevaba una parte de él en su destierro, de alguna manera se sentía a la deriva, sin un completo sentido de orientación, ¿qué camino tomar? '¡No! Debo ser fuerte, por el amor a Camelot no puedo flaquear. Soy el Rey. Mi deber es para con mi gente. Había que tomar medidas contra la hechicería' se dijo Arturo tratando de encontrar algún sentido.
"¿Arturo?" llamó de repente una suave voz.
Arturo se giró para encontrar a Guinevere a su lado mirándolo preocupada. "¿Qué está pasando?" dijo la reina sintiendo un dolor en su pecho ante la visión decaída de su esposo.
"No pasa nada, Guinevere. No tienes de que preocuparte" respondió Arturo monótonamente. 'Maldita sea, ahora tengo que mentirle. Incluso así la magia sólo trae más dolor y miseria' pensó el rey. Él no podía decirle a su esposa lo que había descubierto sobre Merlín. Ellos habían sido mejores amigos desde el primer día del hechicero en Camelot, no podía hacerla sufrir así.
"Arturo, por favor, háblame" pidió Gwen mientras abrazaba a su esposo intentando consolarlo y ayudarlo a abrirse.
"Hablaremos después" respondió secamente Arturo.
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Merlín había terminado de empacar sus pertenencias. Había guardado sus túnicas en su bolso junto con el dragón de madera que le había regalado su padre, Balinor antes de morir. Había limpiado su habitación, dejándola como nunca había estado durante su estancia en Camleot.
Cuando terminó, Gaius todavía no había regresado. Salió de su habitación y tomó asiento en la mesa donde el médico y el joven se sentaban para comer y hablar sobre las aventuras, dificultades y amenazas que Camelot sufría constantemente,
Cuando Gaius entró a sus cámaras, lo primero que vio fue a su afligido pupilo. Sabía que algo grave había pasado. Había visto con anterioridad a su niño afligido, triste, molesto, pero lo que estaba ante él, era algo más. Era la derrota en persona.
"Merlín" llamó suavemente mientras se sentaba enfrente del brujo "¿qué pasó?" preguntó mientras levantaba levemente su ceja y veía con preocupación y dolor a su pupilo.
"Arturo" dijo suavemente Merlín "él me desterró de Camelot…hasta que decida abandonar la magia" continuó el joven mientras se le cortaba la voz al repetir el castigo de su amigo, sabiendo que nunca terminaría.
"Oh, muchacho" dijo Gaius mientras se levantaba y abrazaba a su pupilo. No sabía que más decir, él había alentado la esperanza de que Arturo se sobrepondría al legado de Uther, que su amistad y su vínculo sería más fuerte que el prejuicio.
Merlín lloró una vez más, esta sería la última vez que estaría con el médico, con su mentor, con su padre. "Ya verás que pronto entrará en razón" le dijo al joven. Arturo dejó una oportunidad con la esperanza de que Merlín regresara, no todo estaba perdido. Ambos se necesitaban, ambos eran dos caras de la misma moneda.
