Capítulo 17
Era temprano cuando Merlín decidió levantarse, apenas había logrado dormir en toda la noche. Ésta fue su última noche en el castillo, en Camelot. El reino que había llegado a amar y aceptar como su hogar, donde toda su vida había dado un giro completo, donde existió un propósito para él, y ahora no había nada.
Lentamente se cambió la ropa de dormir por su túnica azul, pantalones y chaqueta marrón, sus viejas botas y su pañuelo rojo en el cuello. Merlín sonrió con tristeza, él vistió así cuando salió de Ealdor rumbo a Camelot, y ahora lo hacía nuevamente para abandonarlo y volver a su pueblo natal.
Tomando su mochila de viaje, Merlín se volteó para ver por última vez su habitación. Silenciosamente salió de su habitación. Las cámaras de Gaius todavía estaban un poco oscuras, aunque poco a poco se iba filtrando la luz del amanecer. El médico ya lo estaba esperando, mirando con tristeza al joven que había sido como un hijo para él mientras le entregaba un paquete con comida para el viaje y un último abrazo.
"Nos volveremos a ver" dijo Gaius con tanta seguridad que Merlín momentáneamente lo creyó; sin embargo, dicho sentimiento pronto desapareció al recordar la condición de su regreso.
Apenas alcanzando a sonreír, Merlín secó rápidamente sus ojos que habían vuelto a humedecerse y salió de las cámaras del médico. Había decidido irse lo más pronto posible para evitar la multitud del pueblo y levantar sospechas o rumores. Lamentaba no haberse despedido de Gwen y de los caballeros, pero hacerlo sería demasiado doloroso, habría preguntas y el no se sentía capaz de seguir mintiendo o de decirles la verdadera razón de porque se iba, no soportaría otra reacción igual a la de Arturo.
Las calles de Camelot se mantenían vacías, no había ni un alma en todo el Pueblo Bajo; parece ser que la suerte lo acompañaba al nivel de que ni se llegó a topar con las patrullas, Merlín cruzó las puertas sin que le preguntaran o sospecharan que algo estaba mal. Poco después de cruzar una parte del bosque, Merlín subió a una pequeña colina y se volteó para ver como el sol se levantaba sobre Camelot. Una lágrima solitaria corrió por su mejilla mientras daba la vuelta y se encaminaba hacia Ealdor, retomando el mismo camino que hace tantos años había recorrido.
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Arturo estaba despierto mirando el dosel de su cama. A su lado, Guinevere dormía acurrucada junto a él, lucía tan pacífica y ajena a lo que estaba por venir. Arturo la envidiaba, deseaba estar como ella, en la ignorancia sobre el secreto de Merlín.
El rey cerró los ojos respirando profundamente, y se dejó sentir la lenta respiración de su esposa mientras calmaba sus agitados nervios. No estaba seguro de cómo reaccionar a lo que vendría. El joven rey había sido educado y entrenado para mantener el control sobre sus emociones, 'un rey siempre debe estar bajo control' se recordó. Había tomado una medida necesaria por el bien de Camelot, no podía hacer la vista gorda por nadie, ni siquiera por Merlín; y aún así, aquí estaba, sintiendo que no tenía control sobre la situación ni sobre sí mismo.
Arturo vio que una pequeña luz se iba filtrando a través de las cortinas de su habitación. El sol estaba saliendo. Era el día, Merlín se iría. Todavía mantenía la esperanza de que Merlín apareciera en sus habitaciones y le diría que había reconsiderando su magia y que le pediría perdón por su falta y que retomaría sus deberes como sirviente personal del rey.
El canto de la alondra llenaba el aire matutino, anticipándose al creciente vocería de los ciudadanos mientras la ciudad volvía lentamente a la vida. Gwen abrió los ojos lentamente mirando a su esposo que seguía mirando hacia el dosel de la cama.
"Buenos días" dijo alegremente con una sonrisa.
"Buenos días Guinevere" dijo Arturo tratando de responder con una sonrisa que aparentara tranquilidad y confianza.
Gwen frunció el ceño, sabía cuando Arturo trataba de engañarla aparentando estar bajo control; el rey lucía demasiado cansado, las ojeras le indicaban que no había dormido en toda la noche.
"No pudiste dormir en toda la noche" dijo la reina, era más una afirmación que una pregunta.
"Tenía mucho en que pensar" contestó el rey.
"¿Quieres hablar de ello?" preguntó Gwen.
"Después, Guinevere, después" dijo el rey.
Gwen volvió a fruncir el ceño molesta, mientras se levantaba de la cama y comenzaba a arreglarse. Por alguna razón, Arturo había decidido cerrarse y no hablar sobre lo que lo estaba molestando. El rey había estado actuando extraño, como lo hacía siempre que algo lo molestaba, algo que tuviera que ver con sus emociones; y eso tenía que ver con Merlín.
Desde que los dos se habían peleado hace una semana, ninguno de ellos había actuado como su yo habitual, Merlín lucía siempre deprimido y apenas se dejaba ver; mientras que Arturo siempre estaba molesto y actuando como un idiota con sus sirvientes y con los caballeros. Más de una vez habían ido a hablar con ella esperando que interviniera y aplacara a su marido, y a todo él se negó a escucharla. Sea lo que sea que estuviera pasando debía terminar, aunque tuviera que encerrar a esos dos en un calabozo o en una habitación, ellos tenían que hablar.
"Has estado demasiado malhumorado, Arturo. ¿No crees que es hora de que tú y Merlín arreglen sus problemas?" dijo decididamente Gwen.
"Si algo está mal, es todo culpa del sirviente" dijo Arturo furioso.
Gwen se quedó estática un momento, nunca antes lo había escuchado ser tan despectivo con Merlín o con cualquier otro de los sirvientes; incluso con George, a pesar de que Arturo detestaba al hombre, todavía le mostraba respeto y tolerancia, jamás lo denigró. Y aquí estaba él hablando así de su mejor amigo.
"Iré a hablar con Merlín" dijo Gwen molesta.
"Deberías darte prisa. Se iba a ir" dijo Arturo sin poder esconder su furia ante la última decisión de Merlín.
"¿Qué quieres decir?" preguntó asustada la reina.
"Le dije que… se tomara unas vacaciones" respondió Arturo tratando de controlar su temperamento.
Gwen miró boquiabierta a su esposo. Algo estaba mal. Sin saber porque, Gwen salió apresuradamente de sus habitaciones. Arturo la vio salir, pero no fue capaz de llamarla, no podía decirle, no en este momento.
Gwen corrió apresuradamente por los pasillos esquivando a los sirvientes y a los nobles que dirigían miradas curiosas hacia su soberana. A ella no le importó su completa ausencia de decoro ni su imagen mientras corría rápidamente hacia las cámaras de Gaius. Tenía un mal presentimiento, sentía que si no hablaba pronto con Merlín para enmendar la amistad entre su esposo y su amigo, ya no lo vería de nuevo.
"¡Merlín!" llamó exaltada la reina entrando sin tocar a las cámaras del médico. Gaius se encontraba sentado con las manos entrelazadas descansando sobre su mesa de trabajo. El médico miraba hacia el frente sin ver nada en particular.
"Mi lady" saludó tristemente a la agitada reina.
El pecho de Gwen subía y bajaba rápidamente mientras sus ojos escudriñaban rápidamente la habitación tratando de ver una señal de su amigo. "Gaius, ¿dónde… dónde está Merlín?" preguntó temerosa.
Gaius negó levemente con la cabeza, Arturo debió haberle dicho que Merlín se iría. Gwen empezó a llorar mientras se sentaba frente a Gaius. "Gaius, ¿qué pasó? Arturo me dijo que le había dado unas vacaciones a Merlín. Pero no lo creo, hay algo más, ¿no es cierto?" preguntó llorosa la reina.
"Temo que el problema entre los dos es más grande de lo que imaginamos. Ambos necesitan un tiempo para reflexionar y poner en orden sus mentes" dijo Gaius tratando de calmar a la reina.
"Volverá, ¿correcto?" preguntó Gwen, a pesar de que temía saber la respuesta.
Gaius no contestó, simplemente volvió a dirigir su mirada a nada en particular mientras ambos se daban mutuo apoyo en silencio.
