Capítulo 18

Merlín despertó agitado. Había soñado que durante su ausencia Camelot había sido atacado, Morgana se sentaba en el trono de Arturo y sus amigos aparecían acusándolo de abandonarlos y traicionarlos.

Era el tercer día después de abandonar su hogar, no faltaba mucho para llegar a Ealdor, estaría allá antes del medio día. Merlín se levantó y se dirigió a un pequeño río para lavarse la cara y llenar su cantimplora.

El viaje había sido demasiado tranquilo, sin ataques de bandidos o de bestias, demasiado tranquilo para lo caótica que se había vuelto su vida pensó Merlín mientras comía un poco de pan y fruta de sus provisiones. Merlín se puso en camino, a pesar de todas las penas y tristezas que habían aparecido repentinamente, la idea de ver a su madre le daba consuelo, después de tanto tiempo, iba poder verla, lástima que no fuera en las mejores circunstancias.

Saliendo del bosque, en lo alto de la loma, Merlín finalmente vio a Ealdor, su pueblo. Parecía que nada había cambiado a pesar del pillaje y daño que sufrieron a manos Agravaine y los Southron que los habían perseguido hasta aquí destruyendo casas, quemando campos y asesinando. Pero sin importar que, el pueblo siempre volvía a levantarse.

Merlín caminó entre las pequeñas calles del pueblo mirando de un lado al otro lo que lo rodeaba, a pesar del tiempo que estuvo fuera y de los cambios que había sufrido Ealdor, todavía lo recordaba y sentía que reconocía cada detalle. Los lugareños lo miraron pasar reconociendo al joven que había ido a Camelot y ahora regresaba, algunos lo saludaron, Merlín les reconoció dando una sonrisa.

Su casa se encontraba en el extremo de la aldea, cerca del bosque que daba a las cuevas donde se tuvieron que ocultar. La casa parecía no haber cambiado del todo, hecha de adobe y madera con una puerta de madera que daba a la calle principal, el huerto de su madre en pie, no tardaría en dar sus primeros frutos.

Merlín se acercó a la puerta disponiéndose a entrar cuando Hunith, su madre, la abrió sorprendiéndose de encontrar a su hijo en Ealdor cuando ella lo creía en Camelot ayudando a Arturo en ser rey.

"¿Merlín?" preguntó incrédula y feliz al ver a su hijo nuevamente abrazándolo.

"Hola madre" respondió Merlín sonriéndole.

Hunith se dio cuenta que algo estaba mal con Merlín, conocía perfectamente a su hijo como para saber que algo andaba mal, su sonrisa, aunque seguía siendo tan radiante, no era congruente con sus ojos, ese brillo tan característico de los vivaces ojos de su niño había desaparecido.

"Vamos, pasa" dijo Hunith mientras sacaba un par de vasos y los llenaba con agua.

Merlín se sentó frente a su madre como siempre lo había hecho, su vista paseo alrededor de la casa que no había cambiado después de tanto tiempo. "Veo que Ealdor se recuperó después de la última vez que estuve aquí" dijo Merlín de repente.

"Conoces a la gente del lugar, no importa que adversidades enfrentemos, siempre salimos adelante. Aunque de no ser por la ayuda del sucesor de Cenred, el Rey Lot, y del Rey Arturo hubiéramos pasado bastantes penurias" dijo Hunith sin perder de vista como los ojos de su hijo se oscurecían ante la mención del nombre del rey de Camelot.

"Me alegra saber que nada ha cambiado aquí" dijo Merlín sonriendo a pesar de todo, Ealdor era su casa y siempre le alegraba visitarlo, a pesar de que generalmente no fuera en las mejores circunstancias.

"Sabes, prepararé tu favorito" dijo Hunith sonriendo alegremente tratando de animar a su hijo. Merlín sonrío y por un momento, esa chispa brilló nuevamente en los azules ojos de su hijo para la alegría de Hunith. Ya hablaría con Merlín después, ahorita necesitaba hacer sentirlo como en casa.

"No es necesario que te molestes, madre" dijo humildemente Merlín mientras sentía que el peso que cargaba se aligeraba un poco.

"No es ninguna molestia" dijo Hunith en un tono que no admitía discusiones "Por mientras, porque no vas y traes algunas zarzamoras y frambuesas, me pareció ver algunas en el bosque" le dijo mientras le guiñaba un ojo.

Merlín miró boquiabierto a su madre, "¿En serio me estás pidiendo lo que creo que me estás pidiendo?" preguntó incrédulo el brujo mientras sonreía traviesamente. Hunith simplemente le lanzó una pequeña risa mientras salía buscar el conejo y algunas verduras que necesitaría para la cena.

-oOo-

El bosque de Ealdor siempre había sido uno de los lugares favoritos de Merlín durante sus años en la aldea. Era silencioso y tranquilo, tan lleno de vida y de recuerdos. De pequeño acostumbraba venir con su madre para buscar leña, setas, hierbas y frutos o a jugar con Will.

A veces se escapaba de sus deberes y venía al bosque a perder el tiempo o simplemente a buscar una golosina. Pero lo más importante, oculto en la naturaleza era donde podía jugar con su magia. Hacía levitar las cosas, hacía crecer flores o creaba mariposas, era cuando se sentía libre. Fue una de esas ocasiones que Will descubrió su magia.

Merlín recordó ese momento. Él se encontraba acostado viendo pasar las nubes en un pequeño claro del bosque, cuando un viento empezó soplar llevándose las hojas de los árboles, semillas y pétalos de las flores del lugar. Merlín simplemente hizo surgir su magia haciendo que el material que arrastraba el viento se detuviera y empezaran a girar en un lugar, alrededor de él y formando figuras e imágenes en conjunto. Cuando terminó escuchó un pequeño jadeo y se dio cuenta que Will simplemente lo había visto todo, pero en lugar de temerlo o espantarse, lo encontró entretenido y lo aceptó. Las cosas no cambiaron entre ellos, sólo fueron mejores.

Merlín sintió una punzada de dolor en cuanto llegó al claro donde todo había sucedido. El claro parecía congelado en el tiempo, no tenía cambios. A partir de ese día, ese era el lugar de reunión de Will y Merlín, su lugar.

Cerca de ahí crecían algunos arbustos de bayas, Merlín se acercó a ellos, tal y como había pensado, no había frutos, no era temporada. "Beraþ foldwæstmas þá beger" susurró Merlín mientras sus ojos destellaban oro. Las flores empezaron a crecer en los arbustos a un ritmo acelerado, siendo sustituidos inmediatamente por bayas maduras de colores muy brillantes.

Suspirando, Merlín empezó a cosechar las bayas que había hecho crecer. Usar su magia siempre lo animaba; sin embargo, en esta ocasión no tenía el mismo efecto que en otras ocasiones, al final fue su don lo que lo había llevado a esta situación. Irónico, el don que recibió para proteger a Arturo fue lo que lo llevó a alejarse de él. Una vez concluido su trabajo, con una cesta llena Merlín decidió recostarse en el claro para ver pasar las nubes preguntándose si todo estaba en orden en Camelot. Tal vez Arturo ya les había contado a todos y lo odiaban. Merlín suspiró tristemente.

-oOo-

La cena estuvo deliciosa, no recordaba haber tenido una cena así desde hace mucho tiempo. Francamente, el sazón de su madre era incomparable, en Camelot, la comida que preparaban para los banquetes y los reyes eran "dignas de un rey" pero, en opinión de Merlín, no llega a la calidad de las que preparaba su madre.

La cena fue tranquila, Hunith le platicaba sobre lo que había pasado en la aldea desde que recuperaron Camelot, como la vida había mejorado un poco desde que Lot subió al trono y lo ponía al tanto de sus vecinos y amigos. Mientras la cena avanzaba, Hunith se dio cuenta que el estado de ánimo de Merlín estaba un poco mejor, la pena que cargaba desde que llegó aún estaba en los ojos de su hijo aún no se había ido por completo.

Una vez que terminaron el guiso, Hunith sirvió dos platos con abundantes bayas para Merlín, siempre fueron sus favoritas, en más de una ocasión tuvo que tratar a Merlín de niño porque comía demasiadas, incluso lo llegó a ver usando su magia para hacer crecer los frutos. Hunith sonrió con nostalgia ante esos recuerdos.

"¿Qué?" preguntó Merlín mientras comía sus bayas.

"Nada" contestó tranquilamente Hunith aún sonriendo "sólo recordaba algunas anécdotas tuyas de pequeño"

"Oh" dijo Merlín divertido "no te referirás a mis constantes problemas de indigestión por comer tantas bayas, ¿verdad?"

Hunith río. "No pude evitar recordar esos momentos" dijo Hunith con una mirada burlona "especialmente aquella vez que íbamos en el mercado y tú de repente…"

"¡Madre! Por favor, estamos comiendo" dijo Merlín mientras se ruborizaba hasta las orejas y miraba su plato de bayas.

"Oh, Merlín" rió Hunith. De repente, muy seria, Hunith levantó la mirada y le dijo:

"Merlín, ¿qué pasó en Camelot?"

"¿Cómo sabes que algo sucedió?" preguntó Merlín bastante sorprendido.

"Soy tu madre, Merlín. No puedes esconderme esas cosas" dijo tranquilamente Hunith mientras miraba a su hijo. "No has sido tú mismo desde que llegaste".

"Madre, yo…" dudó Merlín mientras veía a su madre y sentía que el breve sentimiento de alegría que lo había embargado durante la cena lo abandonaba poco a poco. Él no quería hablar, era demasiado doloroso hacerlo. Hunith esperó pacientemente, sabía que si él no quería hablar, no lo haría y ella no lo presionaría.

"Hubo una emboscada" empezó Merlín bajando la mirada "Arturo casi era asesinado por uno de los bandidos, y no pude evitarlo, reaccioné instintivamente para salvarlo, y él me vio" dijo Merlín con la voz muy tensa.

'Oh, no' pensó asustada Hunith, ella sabía el castigo por usar la magia en Camelot, si Merlín estaba aquí significa que él estaba huyendo, estaban en peligro. Siempre confió en el vínculo que compartía su hijo con el rey, que cuando Merlín revelara quien era, el rey no tendría problemas en aceptarlo.

"Sin embargo, el me dio un indulto" prosiguió Merlín con su historia "Debía abandonar mi magia o dejar Camelot hasta que lo hiciera" terminó Merlín mientras nuevas lágrimas volvían a correr.

Hunith se levantó y corrió a abrazar a su hijo mientras suspiraba aliviada, todavía había esperanza, Merlín no estaba en peligro de muerte, él no tendría una vida de proscrito como lo fue el destino de Balinor, su padre.

"Merlín, mírame" dijo Hunith. Merlín volteó a ver los ojos azules de su madre encontrando calidez, amor y ternura hacia él; tan opuestos a los que encontró en los del rey. "Escúchame, esto es sólo una adversidad en el camino que ambos están recorriendo. Pronto, Arturo recapacitará y entenderá todo lo que has hecho por él y por fin entenderá cual es su camino, abandonando el que quisieron trazar para él".

"Pero, ¿si sólo me ve como un monstruo o un traidor?" preguntó lloroso Merlín mientras recordaba la mirada del rey y recordaba sus errores y fracasos del pasado.

"No lo digas, ni creas algo como eso. Jamás" dijo Hunith molesta "Merlín, no eres un monstruo, eres tan humano como Arturo o como yo. Has elegido proteger, salvar y sanar con tus dones en lugar de dañar y destruir como otros lo han hecho. Eres un buen hombre, Merlín".

"¿Y si él no llega entenderlo?" siguió un poco más tranquilo tras las palabras de consuelo de su madre pero con el mismo temor e inseguridad.

"Entonces, él no sería Arturo ni el amigo que es" dijo Hunith "Ten confianza, su amistad es única y nada podrá contra ella, ni siquiera el prejuicio ni el odio" le comentó dándole una pequeña sonrisa de ánimo.

"Gracias, madre" sonrió ligeramente Merlín.

"Creo que es hora de dormir" dijo Hunith mientras veía el cielo a través de la ventana de la casa "Tómate todo el tiempo que necesites" dijo mientras preparaba una cama para su hijo, rezando por él. Sentía que algo estaba por ocurrir y tanto Arturo como Merlín debían de hablar y perdonarse mutuamente lo más pronto posible.