Capítulo 19

Arturo miraba hacia la puerta de su habitación. Se supone que debía revisar los reportes de la semana sobre el resultado de las patrullas y las propuestas de nuevos impuestos para discutirlo en la siguiente reunión del consejo; sin embargo, él no podía concentrarse en sus deberes.

Hoy se cumplía un mes desde que descubrió la magia de Merlín, su traición, y pronto sería un mes desde que abandonó Camelot. Arturo suspiró, las cosas no habían estado nada bien para él desde entonces.

Guinevere se había molestado bastante con Arturo por tomar una decisión así sin consultarla antes con ella, no entendía que lo había llevado a querer deshacerse de su amigo. Él se negaba todavía a decirle lo que en verdad había pasado, lo cual sólo le había ocasionado que ella se molestara mucho más con él.

Aunque ya no lo presionaba para que hablara, había todavía tensión entre ellos. Los caballeros también habían tomado partido para mostrar su descontento por su decisión. Durante los entrenamientos se excedían intentando gastar al rey, ninguno hablaba contra él, a excepción de Gwaine quien no perdía la oportunidad de echárselo en cara, pero el enojo persistía en ellos.

Arturo no estaba totalmente seguro de porque no les había dicho la verdad. Él confiaba en todos ellos, en su Mesa Redonda, habían estado con él durante los días más oscuros de Camelot cuando Morgana usurpó el trono, pero para esto, él no encontraba el valor de hablarlo. Sentía que era deber de Merlín contarlo. Pero eso sólo era la esperanza de que Merlín regresaría, esperanza que era cada vez más débil.

'Ese idiota, incluso cuando no está aquí siempre tiene que complicar todas las cosas' pensó irritado el rey mientras trataba de enfocarse en su trabajo evitando pensar en las relaciones traicioneras y las mentiras que parecían seguirlo.

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'¡Un mes! Ya está por cumplirse un maldito mes y la princesa no quiere ceder' pensó molesto Gwaine mirando el techo de su habitación. No importaba que ni lo que dijeran los demás, si Merlín, su mejor amigo se fue, todo era por culpa de Arturo, no importa que tanto se excusara diciendo que le dio unas estúpidas vacaciones, todos sabían la verdad. Lo había mandado al exilio, solo decidió deshacerse de él.

Había considerado en más de una ocasión abandonar la ciudad e ir a buscarlo y averiguar qué demonios había pasado entre ellos y traerlo de regreso a casa a como diera lugar, su lugar y deber era en Camelot, no lejos de ahí. Desgraciadamente, él no podía abandonar solo así sus deberes.

Nunca antes le había importado esas tonterías del deber y el honor del caballero, si alguien le hubiera dicho hace tantos años que haría de su vida el ser un caballero y servir a un noble, él seguramente se habría reído en su cara.

Odiaba a la nobleza, tan idiotas y creídos, creyendo ser superiores a todos los demás; jamás habría servido a un noble y mucho menos a un rey. Nunca, hasta que conoció a Merlín y, aunque no lo admitiría, a Arturo. Ambos le habían mostrado que no todos los de la nobleza eran unos idiotas, que existían aquellos con ideales por los que luchar dándole sentido a su ya caótica vida. Por eso, no podía abandonar simplemente así, no sentía que fuera correcto dejarlos, aunque tal vez, lo idiota y arrogante que se había vuelto fuera una buena razón para reconsiderar.

Gwaine cerró los ojos nuevamente intentando tranquilizarse, abriéndolos rápidamente mientras fruncía el ceño. Necesitaba un trago urgentemente se dijo al incorporarse y calzarse sus botas, saliendo rápidamente para ir al Sol Naciente.

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"Gwaine" llamó Percival.

El caballero se detuvo al pie de la escalera, girándose hacia la escalinata del castillo donde su amigo se encontraba. "¿Qué?" dijo el pícaro caballero un poco malhumorado ante la interrupción de sus planes.

'Maldita sea' pensó Gwaine viendo a su amigo. Aunque Percival era bastante callado y no hablaba mucho más que para decir lo correcto, él había aprendido a reconocer su lenguaje corporal y predecir lo que pensaba hacer o decir. El gran caballero lucía relajado pero había una pequeña tensión en sus hombros y se encontraba bastante derecho, con una expresión seria pero sus ojos indicaban que estaba armando una divertida estrategia mientras observaba al caballero pícaro. Gwaine sabía lo que venía, deberes de caballero.

"Reunión de la Mesa Redonda" dijo tranquilamente el gran caballero mientras miraba a su amigo.

"Sabes, no tengo ánimos ahorita. Dame unas dos horas y unos cuantos tarros y los alcanzaré" dijo descaradamente Gwaine, no deseaba tener que tratar con asuntos políticos ni oficiales en ese momento, y sobre todo estando tan sobrio como se encontraba en ese momento.

"Gwaine, puedes ir caminando o a rastras" dijo Percival mirando a su amigo. No sería la primera vez que tenía que llevar a la fuerza al caballero, lo más humillante para Gwaine fue cuando Percival tuvo que cargarlo y llevárselo como un fardo al hombro desde la taberna hasta la reunión.

Gwaine suspiró molesto mientras seguía a su amigo por el pasillo, él no quería volver a pasar por otro momento como ese con Percival. Cuando llegaron a la Sala de la Mesa Redonda, ya se encontraban ahí los demás caballeros, sólo faltaban Arturo y Gwen.

"Bien" dijo el indecoroso caballero tomando asiento y poniendo sus pies sobre la mesa "¿la princesa piensa unirse a nosotros?" preguntó molesto al descubrir que el rey todavía no había llegado.

"Gwen fue a buscarlo" dijo tranquilamente Elyan que estaba recargado en una de las ventanas "ella fue la que organizó esta reunión".

Gwaine miró sorprendido al hermano de la reina. "¿En serio? ¿Por qué?" preguntó el caballero, por lo general era Arturo el que se encargaba de convocar estas reuniones, que Gwen lo hiciera era seguramente a espaladas de su esposo. De repente sus ojos se iluminaron al adivinar lo que quería la reina.

"Creo que sabes la respuesta como todos los aquí presentes" dijo León desde su asiento "Lady Guinevere desea una intervención para poner en cintura y hacer entrar en razón a nuestro rey".