Capítulo 21
Merlín miraba el cielo desde la ventana de su casa en Ealdor. Había pasado un mes desde que Arturo había descubierto su magia obligándolo a tomar "unas largas vacaciones" en su pueblo natal. Un mes en el que no había sabido nada de Camelot ni de sus amigos.
Durante su estancia en Ealdor, Merlín había pasado su tiempo trabajando en el campo sembrando y vigilando los cultivos, además de ayudar a su madre en sus labores como sanadora del pueblo. El duro trabajo mantenía la mente ocupada del joven evitando pensar en sus problemas; sin embargo, una vez que terminaba el trabajo todo regresaba nuevamente, llenando su mente de miles preguntas y dudas atormentándolo.
¿Cuándo había sido el momento para hablar? Había repasado una y otra vez los días previos a su destierro intentando definir cuál hubiera sido el momento idóneo para revelar su magia. Pareciera que la situación de la hechicera Ana había sido el momento indicado. Había visto a Arturo y a Gwen dudar y reflexionar su defensa sobre las bondades de la magia. Habían dudado del prejuicio que inculcó Uther durante tantos años. Arturo le preguntó porque simpatizaba con Ana; tal vez esas fueron sus oportunidades, debió de aprovechar la duda y mostrar quien era en realidad.
Merlín suspiró de nuevo mientras trataba de no continuar sumergiéndose en el tormento y en la oscuridad del pasado, aunque el presente no era mucho más amistoso. Recientemente la semilla de la duda y la desconfianza empezaba a crecer en él. Había recibido una carta por parte de Gaius, pero no había ninguna proveniente de Gwen, de Gwaine o los caballeros que él llamaba amigos.
Sospechaba que Arturo había anunciado la verdad, así que seguramente los demás lo odiaban y desconfiaban de él. Sin embargo, la carta de Gaius había terminado con esos temores, al parecer el rey no había revelado su secreto a los demás, y que se había encerrado en sí mismo.
Conociendo a Arturo tal y como lo hacía, seguramente estaba siendo un completo idiota haciendo pasar un mal rato a todos a su alrededor. Merlín suspiró mientras sentía una punzada de culpabilidad por la conducta del rey. De haberse revelado a tiempo y como debía ser, los demás no estarían sufriendo el desquite de ese idiota.
Había esperado recibir algún mensaje por parte de sus amigos y no sentirse olvidado o desplazado, pero no había sido así; incluso esperaba que un día despertaría y se encontraría con Gwaine, quien había decidido ir a buscarlo e inmediatamente pensaba que era mejor que no lo hiciera, no tendría que mentirles o causar más dolor, además el lugar de Gwaine era en Camelot, no junto a un hechicero.
El recuerdo de Lancelot inundó la mente de Merlín. Él había sido unos de sus amigos más cercanos desde que se conocieron en Camelot hace tantos años, y él mantuvo su amistad incluso cuando descubrió su magia, la cual mantuvo en secreto también. Pero él se había ido, él había muerto como muchos otros que habían llegado a conocer su secreto, porque no fue lo suficientemente rápido para salvarlos.
Día a día, la desesperación crecía lentamente en el corazón del brujo al nivel de que temió que nunca vería a Albión formado, que en lugar de haber ayudado a construirlo como era su destino, simplemente lo había destruido por completo, tal vez la magia si era un azote en este mundo como tantas veces había asegurado Uther.
Merlín recostó su cabeza sobre sus manos mientras seguía viendo hacia el cielo, viendo pasar las nubes arrastradas por la suave brisa que soplaba en el exterior y a las aves volando libres en el cielo. 'Me pregunto, ¿qué se sentirá ser tan libre como las aves?' pensó melancólicamente el joven brujo 'Sin magia, sin un destino, sin ser responsable de tantas muertes y dolores'.
Así lo encontró Hunith cuando entró a la casa cargando una cesta llena de verduras, hierbas y un poco de carne para la cena, además de algunas flores que había recolectado para adornar y traer un poco más de color a su vivienda. Hunith suspiró, su hijo se había ido derrumbando poco a poco y no estaba totalmente segura de que más hacer por él.
Merlín apenas prestó atención a su madre mientras colocaba una vasija de barro llena de agua y empezaba a arreglar las flores en la mesa donde Merlín estaba recostado. Hunith tarareó mientras se dedicaba a su tarea; era una pequeña melodía que solía cantarle a su hijo cuando era pequeño y se encontraba desanimado o triste.
Una pequeña sonrisa afloró en el rostro de Merlín mientras escuchaba la canción de su madre, conteniendo un poco la negatividad que lo afecta en estos días. Merlín cerró los ojos sintiéndose en calma. Súbitamente, el joven abrió los ojos de golpe, tenía un mal presentimiento que poco a poco se estaba convirtiendo en un profundo miedo. Rápidamente se puso de pie y salió de su casa a toda prisa.
"¿Merlín?" llamó Hunith mientras iba tras su presuroso hijo que corría hacia el bosque.
Su magia vibraba indicándole peligro. Arturo y los demás estaban en problemas, y no podía ignorarlo, tenía que regresar a Camelot inmediatamente. "Wend mé geond windhreose oþ Camelot" dijo instintivamente el conjuro, nunca antes había usado un hechizo de transporte pero éste no era momento de preocuparse por ello.
Merlín sintió su magia actuar tras sentir el destello dorado en sus ojos y supo que había tenido éxito en cuanto el viento comenzaba a arremolinarse a su alrededor y sentía un tirón en su cuerpo elevándolo en el aire mientras la vista del bosque de Ealdor desaparecía. No escuchó el llamado de su madre.
"¡Merlín!" gritó Hunith deteniéndose asustada y preocupada mientras veía a su hijo desaparecer junto con el torbellino que había conjurado, dejando el bosque en silencio. "Por favor, hijo mío, ten cuidado" pidió Hunith mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas y un mal presentimiento llenaba su corazón de dolor y angustia.
