Capítulo 23
Merlín apareció en uno de los bosques cercanos a Camelot. Nunca antes había hecho un hechizo de transporte, así que no esperó el repentino cansancio que sentía y el encontrarse desorientado después de su viaje.
Una vez más calmado y reconociendo su ubicación, el joven brujo corrió en dirección a la ciudad. Conforme el bosque terminaba y los árboles empezaban a disminuir permitiendo ver el cielo, Merlín notó las columnas de humo que se elevaban de la ciudad así como los gritos de los ciudadanos. Con el corazón acelerado por el miedo ante la visión que podría encontrar, Merlín apresuró el paso hasta llegar a las murallas de la ciudad.
La ciudad parecía estar intacta sin daños en el exterior, además de haber notado que no había la presencia de ningún ejército como en los ataques anteriores. Merlín se apresuró hasta lograr escabullirse dentro de la ciudad por una de las entradas aprovechando el pánico y el caos.
El Pueblo Bajo era un completo pandemónium, la gente corría por todos lados tratando de escapar del infierno que era la ciudad al mismo tiempo que llamaban buscando familiares y amigos. Las calles principales se encontraban llenas de personas, dificultando el acceso del brujo al castillo.
Merlín bordeó por las calles adyacentes y callejones buscando una ruta hacia el castillo. No había enemigos visibles, eso sólo significaría que quien sea que estuviera atacando a Camelot debía haber llegado hasta el castillo.
El camino fue mucho más complicado de lo esperado para Merlín, los incendios se habían empezado a esparcir bloqueando varias de las rutas obligándolo a retroceder y buscar otro camino. Merlín desesperaba, el temor que se había apoderado de él en Ealdor seguía incrementándose y no podía acercarse lo suficiente a su objetivo.
"Byre!" dijo Merlín enviando una corriente de viento abriendo el camino a través de las llamas al mismo tiempo que buscaba apagar los incendios a su alrededor.
Merlín logró entrar finalmente a la plaza de la ciudadela para encontrar los cuerpos de los caballeros caídos durante el ataque, mientras que todavía muchos otros, ya agotados, se mantenían de pie luchando contra las armas hechizadas. "Betȳnaþ" susurró el brujo haciendo caer las armas. Los caballeros sorprendidos de que el hechizo se hubiera detenido vieron asombrados como el antiguo sirviente del rey corría a toda velocidad hacia el enemigo.
Finalmente los vio, Morgana estaba de pie frente a Arturo, Gwen y los demás caballeros con dos espadas lista para asesinar al rey. "Déjalo en paz, Morgana" gritó Merlín deteniéndose y dejando que su magia en ebullición se expandiera por su cuerpo lista para atacar.
Morgana detuvo su ataque sorprendida por la llegada del sirviente. Viéndolo ahí de pie, la bruja rió. "¡Merlín! ¡Qué alegría que hayas venido! Me estaba preguntando dónde se encontraba la mascota de mi hermano".
Merlín no respondió evaluando la situación. Ninguna de las presas de Morgana se había movido a pesar de la distracción de la bruja, los caballeros mantenían sus armas, lo más seguro era que la bruja los tenía inmóviles por medio de su magia.
Morgana manejaba en su mano derecha una espada oscura que rebozaba de una magia oscura y tan repugnante haciendo querer retroceder al brujo asqueado por esa visión; y en la izquierda 'Maldición' pensó Merlín al darse cuenta que Morgana sostenía a Excalibur.
Tenía que quitarle la espada a como diera lugar antes de que descubriera el verdadero poder de esa arma, nadie más que Arturo debía de empuñarla. Merlín empezó a rodear lentamente a la bruja obligándola a mantener su vista en él, alejándola de sus amigos.
"Vete de Camelot, Morgana, mientras aún puedas salvar tu vida" dijo fríamente Merlín mientras lamentaba a lo que había llegado la joven de tan buen corazón que fue.
Morgana rió mirando a su antiguo amigo. "Oh, Merlín. Eres tan patético intentando fanfarronear así. No eres más que una molestia, sólo un simple sirviente" gritó la bruja.
"Si no soy nada, ¿cómo explicas que haya sobrevivido a ti durante tanto tiempo?" continuó Merlín sin quitar su atención de la bruja, preparándose para atacar.
"¡Sólo ha sido suerte! ¡Nada más que eso!" gritó la bruja mirándolo con odio.
"Ástryce!" gritó Merlín tomando con la guardia baja a Morgana que salió volando y caía pesadamente en el suelo. "On mé" gritó levantando la mano nuevamente para recibir a Excalibur.
"¡Tienes magia!" gritó Morgana incrédula viendo a Merlín empuñando la espada del rey.
"Sí, la tengo" dijo Merlín.
"¡TRAIDOR! ¡BASTARDO, TRAIDOR!" gritó enloquecida la bruja "¿Has tenido magia y has estado sirviendo a nuestros asesinos todo este tiempo? ¡Todo este tiempo has estado conspirando contra mí!"
"No soy un traidor Morgana, tú sí. Decidiste usar tu magia egoístamente y con fines crueles para usurpar un derecho que no te correspondía aliándote con Morgause mucho antes de que desaparecieras con ella".
"¡SOY LA LEGÍTIMA REINA DE CAMELOT!"
"¡NO LO ERES!" tronó Merlín sorprendiendo a la bruja dando un paso hacia atrás ante la autoridad que ejercía "Y la prueba se encuentra durante el tiempo que tomaste Camelot. Demostraste ser un tirano lleno de soberbia, una asesina, la digna hija de Uther Pendragon"
"¡NO SOY COMO ÉL!" aulló la bruja mientras corría y atacaba a Merlín tratando de atravesarlo con su espada. Los ojos de Merlín destellaron rápidamente haciendo correr lentamente el tiempo para esquivar el ataque de la bruja y golpear con Excalibur el arma de su enemiga mientras gritaba "Bregdan anweald deorc nægling".
Sorprendida, Morgana vio como su espada se fragmentaba en miles de pedazos que se desintegraron en el aire tras colisionar con Excalibur que se mantuvo intacta y sin ningún daño.
Merlín lanzó la espada hacia Arturo quien se mantenía quieto atado por el hechizo de Morgana viendo el enfrentamiento entre el hechicero, no, Merlín y su hermana. Excalibur rodó y ligeramente cayó junto al rey cortando el hechizo de retención de Morgana.
"Scildan" dijo Merlín levantando su mano hacia sus amigos elevando un escudo dorado alrededor de ellos. Gwen y los caballeros se levantaron poco a poco una vez que el embrujo de Morgana había desaparecido viendo sorprendidos y temerosos como su amigo se enfrentaba a la bruja.
"Forbaerne! Ácwele!" gritó enfurecida la bruja convocando una bola de fuego de color verde oscuro, casi negro lanzándolo hacia Merlín, quien respondió nuevamente conjurando otro escudo para defenderse.
Morgana repitió el mismo conjuro una vez más para atacar a Merlín quien contestó con el mismo hechizo. Ambas bolas de fuego colisionaron generando una gran oleada de fuego que Morgana rápidamente concentró en un torbellino de fuego que lanzó contra su contrincante.
"Miere torr sweoloþhat" exclamó Merlín deshaciendo la columna de fuego en un fuerte estallido que hizo perder el equilibrio tanto a él como a Morgana.
"Stefnas forbindaþ" gritó la bruja levantando la mirada hacia su enemigo. Miles de raíces salieron de debajo de la piedra atando al brujo asfixiándolo mientras lo elevaban. Merlín gritó de dolor intentando zafarse ante el hechizo de Morgana quien sonreía viendo su inminente victoria.
"GreÓt! Andfeng" dijo Merlín con los ojos llorosos ante la falta de aire en sus pulmones. La piedra que cubría el patio empezó a levantarse y a volar en dirección a Morgana quien se vio sorprendida y golpeada mientras los escombros la cubrían y aplastaban.
"Brecdan" finalmente Merlín dijo quebrando las raíces conjuradas por su contrincante. Cayendo al suelo con un golpe sordo, Merlín empezó a toser mientras trataba de recuperar el aliento.
"Dynge" exclamó Merlín con la voz ronca mirando hacia el cielo que comenzó a oscurecerse y a llover con tanta fuerza sobre Camelot apagando los incendios de la ciudad. Súbitamente, los escombros salieron volando mientras Morgana se ponía de pie con heridas visibles en su rostro y cargada de odio.
"¡Suficiente! Admito que eres fuerte, pero estás lejos de compararte conmigo. Soy una Alta Sacerdotisa de la Antigua Religión, nadie puede compararse con mi poder".
Con los ojos brillando y mirando hacia el cielo Morgana gritó "Heofonfyr! Hlynre!" convocando varios relámpagos sobre Merlín. El brujo simplemente levantó la mano deteniendo los rayos que empezaron a girar a su alrededor sin herirlo ante la horrorizada mirada de Morgana.
"No eres la primera Alta Sacerdotisa a la que me enfrento Morgana" dijo Merlín lanzando los rayos hacia Morgana que rápidamente convocó un escudo protegiéndose del ataque. El impacto fue tal que el escudo se desintegrando arrojando a la bruja al suelo.
"¿¡TÚ!?" gritó de repente Morgana entendiendo las palabras de su oponente "¿¡Tú mataste a mi hermana!?" chilló Morgana.
Merlín bajó la mirada tristemente, confirmando el hecho. Morgause era una peligrosa enemiga, nunca quiso matar a nadie, pero no podía dejar que hiriera a su familia, a su hogar ni a su destino. Lamentaba el haber llegado a ese punto, no se arrepentía pues había hecho lo que debía hacer para proteger a sus seres queridos, justo como en este momento. Éste era el final y Merlín lo sabía.
"Ic i þe bebiede ābredwie dimnes und bilhete andsaca æt mín beorht ond broforscipe" dijo Merlín solemnemente levantando sus manos hacia Morgana. Al mismo tiempo, su magia comenzó a proyectarse a su alrededor en un brillante y puro halo dorado lleno del deseo de proteger a todos de la maldad de Morgana.
"Ābricþ mín andsaca forræda ond hit fordēmeþ his gemynd æt forgitelnes" cantó Morgana llenando su conjuro con todo el odio y el deseo de venganza que la embargaba. Sus ojos brillaron de un dorado anaranjado mientras volutas verde oscuro se elevaban arremolinándose alrededor de la bruja.
Ambos hechizos colisionaron a la vez generando una esfera de magia pura, los verdes oscuros de Morgana y los dorados de Merlín giraban una y otra vez cada vez más rápido hasta que la esfera resplandeció de un color blanco intenso.
Ambos brujos mantuvieron la esfera dirigiendo toda su energía y su fuerza de voluntad tratando de mandarla contra su enemigo. A su alrededor, los sobrevivientes de la batalla miraban sorprendidos y con temor el combate entre ambos titanes, dos seres que no podían ser naturales ni humanos, tan poderosos y a la vez tan diferentes.
Merlín estaba agotado, había usado demasiado de su magia durante el combate y apenas sentía que podía mantener el control de la esfera. Sin perder la concentración de su duelo, el brujo era consciente de que esa esfera no tardaría en explotar destruyendo todo a su alrededor, nada podría sobrevivir a eso. Perder no era una opción.
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El escudo de Merlín seguía en pie protegiendo a los reyes y a los caballeros, durante el desarrollo del duelo nunca había flaqueado. Merlín era poderoso, verdaderamente poderoso para mantener el escudo y mantener un duelo con Morgana.
Nunca antes hubieran esperado esto de Merlín, su amigo, aquel sirviente idiota, torpe, amable y extraordinariamente leal, era un poderoso hechicero que competía con la fuerza de Morgana sino es que tal vez fuera más poderoso que ella.
Elyan había conocido a Merlín tras haber sido rescatado de las garras de Cenred y Morgause en el castillo Fyrien, y fue cuando vio que el sirviente era más de lo que dejaba ver. Corrió a salvar a un completo extraño por su amiga y por su amo. Tan desinteresado y siempre listo para dar una mano a quien lo necesitara como cuando él se encontraba poseído por el espíritu del druida. Y ahora él estaba aquí, protegiendo a un grupo de personas a quienes se les enseñaba desde pequeños a odiar a la magia. Un acto tan desinteresado como el de Merlín no podía provenir de un malvado hechicero.
Percival miraba seriamente el duelo de los hechiceros. No tenía mucho de conocer a Merlín como los demás. Al principio él era solo el torpe sirviente del príncipe heredero de Camelot que había perdido el trono a manos de su media hermana. Pero Percival veía más de lo que decía, había visto el vínculo de amistad que existía entre Arturo y su sirviente quien jamás flaqueó en su lealtad. Merlín no era malvado, la magia no era malvada, él lo sabía desde hace mucho, el joven hechicero era valiente para haberse quedado y defender a un reino que lo mataría en el acto.
León tenía casi tanto el mismo tiempo de conocer a Merlín que el que tenían los reyes a su lado. Respetaba a Merlín por su lealtad y valor que rivalizaba con el de los caballeros cuando vio que el joven sirviente acompañaba a su amo para enfrentar al dragón; pero no fue hasta después de recuperar Camelot de manos de las brujas y su ejército inmortal que empezó a llamarlo amigo. Ahora, esa persona que creía conocer era un poderoso hechicero. Desde joven se le enseñó que la magia era malvada y que ningún hechicero merecía vivir. Durante sus años de servicio el cazó y persiguió hechiceros y druidas; sólo dudó de sus creencias tras ser sanado por los druidas con la Copa de la Vida. Merlín luchó a su lado contra Morgana, regresó y continuó como sirviente del rey y amigo de los caballeros, y ahora estaba aquí nuevamente luchando por salvarlos. Merlín no era malvado.
Gwaine no podía despegar la vista del duelo desde que había comenzado, había intentado cruzar el escudo para ayudar a su amigo sólo para ser repelido en cuanto había colisionado con él. Estaba molesto, su mejor amigo estaba luchando sólo contra esa perra y él no podía hacer nada por apoyarlo. Había sospechado hace tiempo que Merlín podía tener algo de magia después de su primer encuentro en la taberna o cuando en las patrullas Merlín salía sin ningún rasguño y todos sobrevivían con tanta suerte. 'Ese idiota desinteresado' pensó '¿por qué no confió en mí? Cuando salga de esto ahora sí no se podrá escapar de una visita a la taberna, hay mucho de qué hablar y tanto por hacer'. No importaba la magia, Merlín siempre sería Merlín.
Gwen miraba a su amigo con los ojos enrojecidos. Finalmente todo el enigma que era Merlín se empezaba a resolver por sí solo, él era un hechicero. Un poderoso hechicero que había vivido cerca de diez años en un reino que lo hubiera sentenciado a morir si lo hubieran descubierto. Una pequeña lágrima circuló por el rostro de la reina al imaginar el tormento y la soledad con la que había vivido todo este tiempo sin poder confiar o mostrar quien era en realidad, y a la vez se sintió tan abrumada por la humildad de su amigo porque siendo tan poderoso él prefería servir a los demás. 'Oh Merlín, ¿cuánto daño te hemos causado inconscientemente?'. Merlín jamás podría ser como Morgana, él jamás seguiría ese retorcido camino que su antigua amiga había trazado para ella misma.
Arturo estaba de pie viendo el combate. Las dudas se habían ido en cuanto Merlín recuperó Excalibur para él y conjuró el escudo que los estaba protegiendo de Morgana. Cuando el escudo se levantó una sensación de protección y calidez lo envolvió contrastando con la oscuridad y frialdad que provenía del poder de Morgana. 'Soy un completo idiota como para haber creído que él podría ser igual a Morgana' pensó el rey sintiendo como la vergüenza lo invadía al darse cuenta que había desconfiado de su mejor amigo hasta el punto de expulsarlo de su hogar. Ahora podía entender porque su amigo había permanecido ocultándose durante tanto tiempo. Arturo no merecía contar con Merlín, no era digno de que alguien como él le haya ofrecido su completa y sincera amistad.
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Merlín se empezaba sentir cada vez más débil tenía que terminar con este duelo lo antes posible. El brujo sintió como la sangre empezaba a manar de su nariz al mismo tiempo que la de Morgana también sangraba. Ambos estaban al límite de sus fuerzas.
"Se acabó Morgana" dijo Merlín con tristeza "Ya es hora de que esta locura termine".
Morgana rió mientras veía a su enemigo con una oscura sonrisa. "Merlín, siempre un idiota. ¿Crees de verdad que moriré? No eres nadie como para matarme, sobreviviré para sentarme en mi trono, pero tú no lo verás, no estarás ya aquí" dijo la bruja confiada de su destino.
"Te equivocas Morgana. No te sentarás en ningún trono, ni tu ni yo estaremos aquí y lo sé bien porque yo soy tu destino".
Morgana abrió los ojos completamente asustada dándose cuenta que Merlín no estaba fanfarroneando, ningún hechicero sería capaz de mantenerse al nivel de ella, de una Alta Sacerdotisa. "¡No!" jadeó Morgana completamente asustada entendiendo finalmente quien era Merlín "¡No puedes ser él".
"Lo soy, Morgana" dijo Merlín con la voz completamente dolorida y llena de tristeza.
"¡Puedes detener esto!" gritó asustada la bruja "¿Sacrificarás todo?"
"Morgana, no hay futuro para ninguno de los dos" dijo Merlín mientras las lágrimas corrían nuevamente por sus ojos. Bastaba saber que Arturo y los demás estarían a salvo. Sólo lamentaba no haber podido haberles dicho la verdad por sí mismo y ocasionarles tanto dolor.
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'Perdónenme'
Arturo se sobresaltó al escuchar claramente la voz de Merlín en su mente, al igual que todos los demás que se encontraban bajo el escudo. La voz del brujo sonaba tan triste y rota, era más que una disculpa, era una despedida.
"¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡Merlín!" gritó Gwaine mientras golpeaba una vez y otra vez el escudo con su espada hasta que se quebró. 'Esto no puede estar pasando' lloró Gwaine viendo hacia su amigo.
"Scildan Camelotians! Ástryce!" gritó Merlín.
"¡MERLÍN!" gritó Arturo.
"¡NOO!" lloró Gwen.
La esfera de magia explotó al recibir una nueva oleada de magia. Llamas doradas envolvieron a ambos luchadores en una poderosa columna dorada, mientras todo Camelot temblaba. La pared exterior del castillo se cuarteó al mismo tiempo que los cristales del palacio explotaban. Arturo y los demás fueron derribados por la fuerza de la explosión.
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El cielo retumbaba, la tierra temblaba, el viento callaba y las aguas se alzaron furiosas al recibir toda esa intensa cantidad de magia. Lejos de Camelot, en las montañas y el bosque, Kilgharrah y Aithusa rugían su dolor.
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En Ealdor, Hunith se encontraba sentada en la entrada de su casa viendo hacia donde había ido su hijo, Camelot. Tenía los ojos enrojecidos y llenos de preocupación por su hijo. 'Él estará bien, siempre lo está' pensó fervientemente. Hunith escuchó un pequeño chillido, levantando la mirada hacia el cielo, vio pasar volando un halcón.
