Epílogo
La reunión con el consejo había sido, para variar, nada novedosa. Arturo mantuvo su atención en sí mismo tratando de concentrarse ante las soluciones que proponía el consejo para levantar al reino: incrementar los impuestos pero sin afectar a los intereses de los nobles, que la magia es malvada e incrementar las políticas de cero tolerancia a la magia para demostrar que Camelot seguía siendo fuerte y que ningún evento como el de los druidas se volviera a repetir.
Arturo se detuvo en una de las ventanas mirando hacia la plaza de la ciudadela donde el cráter que le recordaba lo sucedido estaba siendo finalmente arreglado sustituyendo la roca quemada por una nueva.
'Los druidas' pensó el rey mientras recordaba ese extraño suceso.
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Flashback
Habían pasado apenas tres días desde la derrota de Morgana y los ánimos en la Corte del Rey Arturo no habían mejorado. La muerte de la bruja alegraba completamente a su gente, pero al mismo tiempo muchos sentían lo mismo por la pérdida de Merlín.
Traidor, monstruo, enemigo de Camelot, escoria, demonio y muchas otras expresiones circularon sobre su sirviente haciendo hervir la sangre del rey al ver como su amigo era calumniado incluso cuando les salvó la vida a todos; y al mismo tiempo lo hacían sentirse avergonzado y culpable al saber que él alguna vez usó esas para describir a un hechicero. ¿Cuánto tuvo que soportar Merlín todos esos años hasta que él, Arturo, terminó por apuñalarlo exiliándolo y quebrando su amistad?
La reunión del consejo no estaba llegando a ningún lado. Lord Morcant había pasado los últimos minutos del tiempo despotricando contra la magia y sus usuarios. "Francamente, no veo porque este aire de tristeza, Señor. Debería alegrarse de la muerte de dos hechiceros" dijo el noble.
"Uno de esos hechiceros era un notable servidor de la Casa Pendragon, Lord Morcant, salvó miles de vidas, incluyendo la tuya" replicó molesto Lord Geoffrey de Monmouth dirigiéndose con desagrado a su compañero.
"Un traidor, querrás decir, una abominación" continuó Morcant.
Arturo estaba bastante furioso, ¿esa miserable excusa de ser humano se atrevía a hablar así de Merlín? ¿Del hombre que le salvó la vida? El rey estaba a punto de gritarle a ese hombre cuando Gwen se le adelantó.
"¡Debería cerrar la boca Lord Morcant!" gritó enfurecida la reina "¡Está vivo gracias a que la magia protegió su deshonrosa piel!"
"Mi lady" replicó sorprendido el noble ante el repentino arrebato de la reina "El hombre era un hechicero, francamente no veo el porqué…"
"Es claro que no ve más allá de su nariz, Lord Morcant, más valía la vida de Merlín que la de un hombre tan desagradecido como usted" continuó enfurecida la reina.
Antes de que Arturo pudiera replicar, se abrieron las puertas del consejo entrando apresuradamente uno de los caballeros que se inclinó rápidamente frente a los reyes y a los nobles que se vieron sorprendidos ante la audacia del hombre de interrumpir el consejo.
"Sir Kay, ¿qué motivo te trae para interrumpir esta reunión?" interrogó Arturo sorprendido por la llegada del caballero.
"Lamento interrumpir, Señor, pero llegaron mensajeros solicitando una audiencia inmediata con el rey".
"¿No podías esperar para dar ese mensaje?" interrumpió molesto uno de los concejales.
"Señor" continuó Sir Kay dirigiéndose hacia el rey "la audiencia la solicitan los druidas".
Arturo y Gwen se encontraban sentados en sus tronos sorprendidos por la llegada de los druidas, no podían siquiera adivinar que podrían desear. Arturo hace tiempo había hecho las paces con ellos y había respetado el tratado al dejarlos vivir libres sin perseguirlos, ¿qué podrían querer de ellos?
Al igual que durante la audiencia de la hechicera Ana, los caballeros de la Mesa Redonda se encontraban ubicados hasta el frente cerca de los reyes, seguidos de los demás caballeros y de los miembros de la Corte que cuchicheaban temerosos de la llegada de los emisarios.
Las puertas de la habitación se abrieron dejando pasar a un grupo de cinco personas que vestían con túnicas beige bastantes sucias. El más alto y el que precedía al grupo era un hombre cerca de los cuarenta años y de cabellos grises con un rostro serio y una mirada amable. Arturo lo recordó de cuando fue a buscar la Copa de la Vida; sin embargo, no reconoció a los demás miembros del grupo.
Una vez que llegaron hasta el frente, los cinco druidas se hincaron ante los reyes mirando hacia el suelo solemnemente. Sorprendido, por el acto de sumisión, Arturo habló:
"Saludos, druidas y bienvenidos a Camelot. ¿Quiénes son y que desean?"
"Agradecemos sus palabras, majestad" dijo el líder del grupo "Somos los caudillos de los clanes druidas de estas tierras. Mi nombre es Iseldir del clan del Halcón. Éstos son mis compañeros, Elac del clan del Oso, Nolo del clan del Lobo, Turin del clan del Salmón y Vrisa del clan del Zorro" presentó Iseldir.
"Lamentamos irrumpir en estas horas de duelo para Camelot, Señor. Pero así como usted, nosotros también las compartimos, es por eso, que en nombre de nuestros clanes hemos venido a solicitarle que nos permita el acceso a la ciudad para presentar nuestros respetos al joven brujo que terminó con la amenaza de la bruja Morgana" pidió solemnemente Iseldir mirando a los reyes.
Arturo se sorprendió ante la petición que le estaban haciendo, al mismo tiempo que la Corte volvía a murmurar una y otra vez ante la osadía de los druidas, de éstos hechiceros, de pedir la entrada a la ciudad.
¿Por qué? ¿Acaso Merlín tenía tratos con los druidas? Él nunca lo mencionó 'Él nunca mencionó muchas cosas' pensó amargamente el rey al darse cuenta que todavía había mucho que desconocía de su amigo y tal vez nunca sabría.
"¿Conocían a Merlín? Nunca supimos que tuviera tratos con su pueblo" preguntó la reina sorprendida.
"Conocíamos al brujo que ustedes llaman Merlín, pero por otro nombre. Rara vez sino es que nunca llegamos a tratarlo personalmente" dijo Iseldir.
"Entonces, ¿por qué desear presentar sus respetos a un hombre al que no conocías?" preguntó Arturo intrigado por los motivos de los druidas.
Iseldir miró con curiosidad al rey como si tratara de ver en lo más profundo de su alma. Arturo empezó a sentirse incómodo por la intensidad de la mirada del caudillo, haciendo caso omiso de su incomodidad y enmascarándola Arturo respondió con la misma intensidad hasta que Iseldir pareció entender y bajó la mirada.
"El joven brujo hizo mucho por todos, tanto por los pueblos mágicos como por los no mágicos. Él sembró las semillas de la paz para todos, por desgracia, no está aquí para verlas crecer y florecer. Es el deseo de nuestra gente que no se pierda todo lo que hizo" dijo Iseldir.
Arturo miró asombrado al caudillo como había hablado sobre Merlín con tanto respeto y fervor. Los demás caudillos aunque no habían hablado exhibían en su mirada y postura la misma resolución que Iseldir respaldando cada una de las palabras de su compañero.
Arturo miró a la Corte. Las reacciones eran mixtas, había quienes claramente estaban disgustados por la presencia de los druidas y horrorizados por su solicitud; mientras que otros miraban con consideración y tranquilidad sin temor ante la nula amenaza que representaban estos hombres.
"No puedo darles una respuesta inmediata a su solicitud en este momento. Mañana mismo les daré mi respuesta. Por mientras pueden descansar aquí en algunas de las habitaciones del castillo".
"Agradecemos su invitación, Señor. Pero no queremos importunar ni causar molestias" dijo Iseldir consciente de las reacciones de la Corte "Si no le molesta, regresaremos con nuestra gente para volver mañana".
"Muy bien" dijo Arturo "Recuerden que la magia sigue prohibida en el reino, Iseldir".
"Descuide Rey Arturo, respetaremos su ley, tiene mi palabra" dijo el caudillo mientras se levantaba y salía de la Sala junto con sus cuatro compañeros tan silenciosos como llegaron.
"La Corte puede retirarse" dijo el rey adelantándose a los cortesanos quienes se inclinaron respetuosamente abandonando la Sala, quedándose únicamente los miembros de la Mesa Redonda quienes se voltearon a ver a su rey.
Después de la batalla, los miembros de la Mesa Redonda habían estado molestos con Arturo. Finalmente habían entendido que había pasado entre el rey y su sirviente y la razón de su despido y el ahora claro destierro que pasó su amigo; y aunque ninguno lo culpaba por la pérdida de Merlín como Arturo se culpaba a sí mismo, no podían evitar estar resentidos ante la actitud que tomo el rey contra un amigo de tantos años.
"Bien princesa, ¿qué vas a hacer?" dijo Gwaine sin verlo precisamente.
"No lo sé" le contestó Arturo sumido en sus pensamientos tratando de asimilar todo lo que se había dicho durante la audiencia.
"Me parece que la solicitud es genuina y que no vienen con malas intenciones" dijo tranquilamente Gwen tomando la mano de su esposo.
"Pienso igual que la reina" dijo León "Reconocí a Iseldir. Él me salvó la vida con la Copa de la Vida. Si albergara malas intenciones contra Camelot me hubiera dejado morir".
"Conocí muchos druidas en el pueblo en el que crecí. Son pacíficos y honrados, no albergan traición alguna" dijo Percival.
"Vaya Percival, eso fueron ¿qué? ¿Tres oraciones? Rompiste tu propio récord" rió Gwaine dándole un suave puñetazo a su amigo.
"Pero, ¿qué tiene que ver Merlín con ellos?" preguntó Elyan.
"Señor" llamó Gaius de repente mirando seriamente a Arturo.
Arturo se sorprendió de ver a Gaius de pie junto con ellos. Desde que Merlín los dejó, Gaius apenas había querido salir de sus cámaras. Cumplía con su deber de médico como era su costumbre, pero de una manera tan mecanizada, pareciendo que había envejecido de golpe tras la pérdida de su pupilo. Arturo se sintió mal, él alejó a Merlín, el joven que era un hijo para Gaius, y ahora estaba muerto por culpa del rey.
"¿Gaius?" reconoció Arturo.
"Déjalos pasar. Deja que los druidas presenten sus respetos, no les niegues ese derecho".
"Gaius, ¿sabes algo de la relación entre…ellos?" preguntó Arturo.
Gaius suspiró lleno de tristeza. "Sí, la conozco. Pero no la diré. No hoy, no ahora, aún es demasiado pronto. Pero lo que te dijeron era verdad".
Arturo miró brevemente a sus caballeros, a su reina y a su médico de la corte, todos esperando su resolución. Los había escuchado, ahora el debía decidir qué hacer. Internamente todavía le molestaba el asunto de la magia, a pesar de haber visto la trascendental diferencia entre Morgana y Merlín revelándole la dolorosa verdad con respecto a todo lo que le enseñaron. Sentía que no estaba en su derecho negarles a los druidas esta única petición. Él sabía lo que tenía que hacer.
Arturo se encontraba en las escalinatas del palacio con sus mejores ropas junto con Guinevere y los caballeros esperando la llegada de los druidas. Detrás de él se encontraban los miembros del consejo, en su mayoría, molestos por la decisión del rey. Para ablandarlos, habían acordado con Iseldir y los caudillos que por ningún motivo se hiciera magia dentro de la ciudad, de lo contrario serían encarcelados inmediatamente, para gran disgusto de la reina y de la Mesa Redonda.
La marcha era silenciosa, cientos de personas cruzaban en ese momento la ciudad. Hombres y mujeres de distintas edades, todos vestidos con túnicas beige, avanzaban silenciosamente con sus capuchas puestas dirigiéndose hacia el patio de la ciudadela. Los caudillos se adelantaron saludando respetuosamente a los reyes y dando vuelta hacia su gente se integraron a la multitud seguidos de los reyes y sus caballeros al borde del cráter.
Fue Iseldir quien comenzó a cantar en la lengua de la Antigua Religión. Arturo sintió un repentino escalofrío mientras instintivamente tomaba el pomo de su espada siendo tranquilizado por la mano de la reina que lo veía sonriéndole tranquilizadoramente.
Arturo se calmó viendo que no había ningún brillo dorado en los ojos de los druidas, pronto se percató que parte de los druidas estaban entonando el canto y callaron. Elac retomó el canto seguido de su gente; posteriormente lo hicieron Nolo, Turin y Vrisa junto con sus respectivos clanes, finalmente todos los druidas entonaron el canto todos juntos mientras jóvenes doncellas se acercaban lanzando pétalos de flores al cráter. Era un canto hermoso a pesar de que nadie más que ellos lo entendían. Guinevere empezó a llorar nuevamente, Arturo la tomó en brazos y la sostuvo mientras su esposa seguía derramando su dolor.
Fue en ese momento cuando de repente el cráter brilló intensamente. Los druidas callaron bastante sorprendidos retrocediendo sin entender que estaba sucediendo. Del suelo se levantó una esfera luminosa bastante brillante de un color blanco azulado con tonos dorados. Arturo se sorprendió, él reconocía la esfera de hace tantos años, la luz a su salvación en una oscura cueva.
Los druidas se hincaron con reverencia ante la luz, como si fuera de la realeza. La esfera brilló cada vez más intensa deformándose en la figura de un halcón en pleno vuelo, desapareciendo de repente. Nadie se movió ni supo que decir ante lo sucedido.
"¿Qué están esperando? Han incumplido la ley con esa exhibición de magia, aprésenlos" gritó conmocionado uno de los miembros del consejo.
Los caballeros dudaron mirando a su rey mientras se dirigían sin saber cómo proceder contra tantos hechiceros reunidos. "¡Alto!" gritó el rey a sus caballeros, mirando asombrado hacia los caudillos druidas.
"¿Alguno de ustedes hizo eso?" preguntó el rey.
Los caudillos se levantaron negando con las cabezas todavía asombradas ante lo que habían presenciado.
"No, Rey Arturo" dijo Iseldir "Ningún miembro de nuestros clanes es capaz de hacer algo así. Eso fue…algo más que sólo magia" dijo el caudillo sin apartar la vista del cráter al igual que sus compañeros.
"Rey Arturo" habló de pronto Elac "No es la primera vez que presencia eso, ¿verdad?"
"No, no lo es" dijo el rey pensando en su aventura con esa esfera y lo que podía significar esto.
"Es momento de irnos" dijo amablemente Vrisa inclinándose hacia los reyes "Muchas gracias, Majestad, por esta oportunidad".
"Nos volveremos a ver, Señor" dijo Nolo mientras se inclinaba hacia el rey.
"Si necesita algo, estamos a su disposición, Señor" dijo Turin fríamente haciendo una reverencia un poco más corta hacia Arturo.
"Iseldir, ¿por qué hacen eso? Después de todo lo que ha pasado entre nuestras gentes" preguntó el rey sorprendido de los druidas.
Iseldir cerró los ojos y suspiró. "Como dije, Señor, las semillas de la paz y el futuro ya fueron sembradas. Ahora nos toca dejar que mueran o que florezcan" mirando nuevamente al rey, sonrió "Tal vez no todo esté perdido" se inclinó y se alejó del rey junto con sus compañeros y los clanes, alejándose silenciosamente de la ciudad.
Fin del flashback
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'¿Qué era esa luz?' pensó Arturo sentado en las escaleras del palacio como lo hizo hace tantos años junto a Merlín después de recuperar Camelot de Morgana y del Ejército Inmortal. 'Se sentía como… ¿podrá ser?' reflexionó Arturo sintiéndose nuevamente deprimido, pero había algo más, otro sentimiento ¿esperanza?
"No te esfuerces en pensar tanto, princesa. Te vas a lastimar".
Arturo salió de sus pensamientos mirando bastante molesto a Gwaine. "Gwaine, te he dicho más de una vez que no me faltes al respeto llamándome princesa" regañó el rey.
"Cierto" dijo Gwaine llevándose la palma de su mano a la frente y abría los ojos simulando darse cuenta de su error "Mil disculpas, reina".
Arturo puso los ojos en blanco con cansancio, sabía que nunca llegaría a nada si discutía con él. "¿Necesitabas algo?" preguntó el rey un tanto molesto por la interrupción de su caballero díscolo.
"La verdad, no" dijo el caballero sentándose en las escaleras mirando hacia el cráter que estaba arreglándose.
"¿Entonces?" volvió a hablar Arturo.
"Simplemente hay algo que tengo que decirte, no es que te lo merezcas saber, pero no es tu culpa lo que sucedió" dijo el caballero sin ver a Arturo.
"¿Qué?" saltó Arturo bastante sorprendido.
"Incluso si no lo hubieras desterrado, él hubiera hecho cualquier cosa por salvarte. Siempre fue un idiota desinteresado con una completa falta de auto conservación" dijo melancólicamente el caballero.
Arturo guardó silencio agradeciendo las palabras de consuelo de Gwaine, pero aún así no podía evitar sentirse completamente culpable. Aunque su caballero tenía algo de razón, todo esto pudo salir de manera diferente. Merlín no hubiera luchado sólo con Morgana, pudo tener apoyo de sus amigos, pudo tener algo por lo que regresar, al final, simplemente Arturo dañó su amistad, su vínculo.
'Eso fue…algo más que sólo magia… Tal vez no todo esté perdido' Las palabras de Iseldir volvieron a sonar en su mente recordando nuevamente la esfera de luz mientras el rey continuaba viendo hacia la plaza de la ciudadela.
