Hola! ¿me extrañaron? Well~ Well~ voy a explicar el por qué de mi ausencia. Me fui con mi familia de vacaciones al Sur de mi País; (en realidad no quería ir xD) asique no piensen que había muerto o peor, que dejé este Fic aun lado. ¡No podría hacer eso! a todos ustedes les gusta, ¿cómo lo se? pues...estas leyendo esto ¬w¬

Sin más: ¡READING WAS SAID!

*Soul Eater no me pertenece y casi este Fic tampoco*


~Capítulo anterior~

''-¿tan rápido? ¿no quieres quedarte un momento más con ellas? parecías divertirte.

-jeje sii pero yo quiero estar contigo~

Sonreí y le acaricié sus cabellos rosados.

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-K-kid! Mírame~ me estoy columpiando!-decía con felicidad. No dejaba de sonreír.

-Lo sé, Jumbiie. Así se hace!

-Mas fuerte, Kid! Quiero llegar un poco más arriba!-inmediatamente comencé a empujarla aún más.

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-¿Me disculpas un momento? Debo hacer unos llamados.

-Por supuesto, Kid.

Me alejé de ella y me dispuse a realizar aquellos llamados urgentes. Estaba decidido en hacer realidad todos sus sueños sin importarme nada.''


*Capítulo 6: 'TODO UN DÍA CONTIGO: EN EL PARQUE DE DIVERSIONES Y UNA DISCUCIÓN'~

Volví a la mesa en la que estábamos los dos. Me encontré con que Jumbiie ya había terminado su helado. Me senté a su lado y le dije:

-Ya volví. Perdona si tardé.

-No te preocupes~ la estamos pasando bien, ¿no?

-Hablando de eso- miré la hora de mi reloj. Las 8:14 hr. ya estaba comenzando a ocultarse el sol para dar paso a la luna. volví a levantarme de mi asiento para continuar.- te tengo una sorpresa. ¿Quieres venir conmigo?

Ella me observó curiosa por saber qué era. Se podía apreciar en sus bellos ojos azules oscuros.

-Kid, no deberías molestarte tanto por hacer este día más perfecto y divertido. Estoy feliz de que estés aquí y eso lo hacer perfecto~

-Lo sé. Pero de todas formas te encantará.

No pudo seguir discutiendo conmigo y se dispuso a seguirme. Salimos de la Heladería y tomamos un transporte. Mi acompañante se sentó en el lado de la ventana para mirar el exterior, era bueno que conociera un poco la Ciudad en la que vive. Cuando nos comenzamos a acercar a nuestro destino, le pedí que se cubriera los ojos. Ella no entendía y me preguntó del por qué debía hacerlo, a lo que yo solo le respondí:

-Si no lo haces no sera sorpresa.

Inmediatamente se llevó las manos a sus ojos. Nos bajamos del transporte- obviamente la ayudé a bajar puesto que tenía sus ojos cubiertos- y caminamos un poco. Tenía mis manos en sus hombros para guiarla, mientras ella preguntaba a cada instante en dónde ivamos.

-¿a dónde vamos, Kid?.- Me preguntó con los ojos aún cubiertos.

-A hacer uno de tus sueños realidad.-Le respondí con una sonrisa.- Ahora puedes abrirlos, dulzura.- Sacó sus manos y su rostro mostraba impresión.

-¡No puede ser!

Desde el lugar en que estábamos podían verse todos los juegos que formaban parte del parque de diversiones. Entre ellas, la montaña rusa, el carrusel, y el más importante: la rueda de la fortuna. Entramos rápidamente y nos formamos en la fila esperando nuestro turno de subir al juego. Mientras esperábamos, le compré un algodón de azúcar para matar el tiempo.

Finalmente llegó nuestro turno. Nos sentamos en una cabina, nos pusieron todas las medidas de seguridad y el encargado del juego ya nombrado bajó una palanca y comenzamos a subir lentamente. Jumbiie miraba emocionada hacia abajo mientras subíamos. Comentaba que mientras más subíamos, más pequeños se veían las personas.

Llegamos a la parte más alta y el encargado detuvo el movimiento de la máquina. Nos quedamos en silencio observando todo el alrededor. Aquella vista me recordaba mucho a Shibusen. Solía mirar la Ciudad por las ventanas de las aulas y desde la entrada. No creí que desde aquí también se podía apreciar la Ciudad por completo. Quizá por lo mismo ella quería estar en la cima de la Rueda de la Fortuna.

Jumbiie miraba desde arriba todo lo que había debajo de ella. Estaba contenta esperando el final.

-Kid, ¿por qué haces todo esto?.-

-Porque yo, Jumbiie, voy a hacer realidad todos tus sueños.- De sus bellos ojos azules salieron lágrimas. De mi bolsillo saqué mi pañuelo y con delicadeza sequé sus lágrimas.- No tienes porque llorar.

-Llo-lloro por-porque tu has hecho tanto por mi. Me has dado tantas cosas y yo no te he dado nada.- Tomé su barbilla y la hice mirarme a los ojos.

-Jumbiie, me has dado algo muy importante para mí. Y lo valoraré por siempre.-Nos abrasamos con cariño, y luego escuchamos las explosiones.

Los fuegos artificiales eran como flores de diversos colores que brillaban en el cielo nocturno. Hasta quedé sorprendido de lo hermoso que era verlo. Miré a Jumbiie y vi que en sus ojos habían lagrimas. Ella era feliz. Y me complacía que yo la hice feliz. Se acercó más a mi y me abrazó.

-Es hermoso, muchas gracias, Kid.- Le correspondí el abrazo y le continué la charla.

-No hay de que. Sólo quiero que seas feliz, por eso haré todo lo que esté a mi alcance para lograrlo.

Continuamos viendo los fuegos hasta que finalizaron. La máquina volvió a funcionar y nos bajamos. Ya eran las 9:30 hrs y nos dispusimos a volver a su casa. Tomamos otro transporte que nos alejó de un cumplido sueño de Jumbiie.

Pude notar que estaba cansada, tenía sueño y se apoyó en mi brazo para descansar un poco. Mientras, yo le acariciaba sus mechones rosados, extrañaba hacer eso.

Cuando estaba en esas situaciones con Crona, solía también acariciarle el cabello. Ella decía que le gustaba porque le relajaba mi movimiento de dedos en su cabellera. Podíamos estar así por horas hasta que se quedaba dormida, yo no me cansaba de hacerlo. Me gustaba mucho sus finos cabellos rosas, eran suaves y de ellos emanaban una deliciosa fragancia a lavanda cada vez que el viento soplaba a su alrededor.

El día de su entierro, antes de cerrar el cajón para ya no abrirlo más, toqué por ultima vez su cabello, deseando que en el aire pudiera sentir ese encantador olor a lavanda. Pero no fue como quería. Sólo se podía sentir el aroma de la tierra y el cesped húmedo por la lluvia. Acaricié unas cuantas veces más su pelo y serré el cajón.

Miré por la ventana del autobus y noté que ya estábamos llegando a su casa. Desperté a Jumbiie y nos bajamos.

Marie-san nos recibió con alegría. Algo muy típico en ella. Nos preguntó cómo la habíamos pasado a lo que Jumbiie respondió:

-¡Muy bien! Kid hizo realidad uno de mis sueños~- Respondió casi a gritos por la emoción que aún tenía.

-¿uno de tus sueños, Jumbiie? ¿cual?

-¿recuerdas cuando te dije una vez que quería subirme a una rueda de la fortuna de noche y ver los fuegos artificiales? ~

-¡No me digas que te subiste a uno de esos juegos, por favor!- Ambos nos sorprendimos de aquella inesperada reacción por parte de Marie. Parecía más preocupada que enfadada.

-Pu-pues s-si. ¿Qué t-tiene de malo?-preguntó tímida e insegura.

-Jumbiie, cuando me hablaste de ese sueño la primera vez, te dije que no te subirías a esos juegos porque eran muy peligrosos, ¡pudiste caer!

-¿y cual es la diferencia?- volvió a preguntar. Esta vez en forma inaudible, sin embargo llego a nuestros oídos.

-¿a qué te refieres con eso, Jumbiie?- le pregunté agachándome para quedar a su altura. pero ella ni me miró, tenía su vista clavada en el suelo desde que hizo aquella pregunta.

-Cuál es la diferencia de caer y morir,que morir en algún futuro no lejano.

Ambos nos inmutamos. No podíamos creer lo que acababa de comentar. No debería opinar de esa forma siendo una niña. Nos miramos a los ojos con Marie por unos instantes. Seguíamos atónitos por aquella lógica que ella tenía de su vida. Ademas, pude notar que el pecho de Marie comenzó a temblar, aguantaba las lagrimas pero aún así, tenía los ojos empapados. Por mi parte, me entristecí el que haya salido aquel tema que nos lastima a todos.

Inmediatamente Jumbiie levantó su cabeza impresionada de lo que acababa de decir. Tal vez no tenía planeado hacerlo, quizá sólo lo pensó, pero lo dijo de todas formas. Comenzó a emitir ruidos silenciosos en forma de arrepentimiento, pero aquello no sirvió. Hasta yo me avía molestado un poco.

-¡Jumbiie!...-Gritó Marie-san en forma de reto.

-y-yo lo si-siento...- murmuró por lo bajo. Aún con arrepentimiento.

-¡Sabes que no me gusta tocar ese tema! ¡¿Por qué desobedeces?!

-T-tampoco es un tema que se pueda evitar, abuela!-Subió el tono, formando así una discusión.

-¡Guarda silencio, Jumbiie!- volvió a gritar y esta vez, con las lagrimas que no pudo retener. Por lo que entendí, a Marie le duele tocar aquel tema de la futura muerte de Jumbiie, por eso lo evita y procura que ni Jumbiie lo mencione. Pero tal y como ella dice: No es un tema que se pueda evitar. Es un tema que, por muy doloroso que sea, no se puede ignorar.

-¿P-por qué no dejas que sea feliz en lo poco que me queda de vida?- Marie guardó silencio por un momento.-Kid se ha dedicado inmensamente en eso para que cuando llegue aquel inevitable día, me valla en tranquilidad.- Mencionó esto ultimo mirándome. Yo me estremecí. ¿Cómo se dio cuenta de mis verdaderas intenciones? Volví a quedar inmutado.

-Por e-eso quiero da-darte las gracias, K-kid.- Sus lagrimas recorrían sus rosadas mejillas. Mis ojos se llenaron de lágrimas también. Pero no se desbordaron. No quería llorar. Pero vi a Marie-san, ella estaba destrozada. Y el verla así me hacía sentir culpable por haber llevado a Jumbiie a los juegos. Sin embargo ella debió guardar silencio de todas formas. Aquel tema nos lastimaba a ambos, y eso ella lo sabía, debía ser empatica, ponerse en nuestro lugar y entender que, en algunos casos, es mejor quedarse callado para no herir a los demás.

-Jum-Jumbiie...-Mencionaba con la voz quebrada a pesar de estar llorando. Se notaba que ya no quería seguir con aquella discusión.

-¡Es injusto que no me dejes vivir!

-¡Jumbiie basta!- Terminé explotando y le grité. Ella se sorprendió e inmediatamente me observó con un rostro apenado por mi reto. Marie también me observó estupefacta. Creo que ninguna de las dos se imaginaría que llegaría a reaccionar así.

-k-kid...-

Sólo suspiré para continuar:- Sé empatica, por favor y trata de entendernos. El tema no puede ser ignorado, pero recordarlo produce dolor e impotencia, ¿acaso crees que es fácil aceptar algo así?- El retar a un pequeño no me acentuaba bien, creía que nunca lo haría. Pero en este caso era necesario. Si no tuviese ninguna relación con Jumbiie, no me atrevería regañarla de esa manera, pero, aunque no niegue, soy su padre y aquello me da todo el derecho.

-Kid-kun- pronunció una impresionada Marie.

-K-kid...y-yo...- Sus lagrimas volvieron a caer. Quizá ahora entendía un poco el cómo nos sentíamos todos. Trató de hablar pero Marie la interrumpió:

-Jumbiie- Habló mas calmada- ya es muy tarde. por favor vete a dormir.- La pequeña emitió un pequeño llanto, anunciando que volvería a llorar. Noté que serró sus ojos con fuerza para evitarlo y pronunció:

-B-buenas noches...-y se largó corriendo a su habitación. Yo suspiré y Marie se sirvió un baso de agua fría. Lo necesitaba. Nos sentamos en el living para conversar un poco.

-De verdad, lo siento por haberla llevado a la rueda de la fortuna, Marie-san.-Me disculpé apenado.

-No te preocupes, está bien. Es solo, que me preocupé por ella. Ya sabes, uno siempre se preocupa por sus seres amados y, creo que exageré.- Hacía unas lentas pausas para respirar y tratar de calmarse.- Hiciste bien en llevarla allí, es lo que ella quería, ¿no?- Yo solo asentí.- Voy a decirte una cosa, Kid.

-La escucho.- Ella hizo una pausa, y volvió a mirarme con una sonrisa materna.

-Eres un gran padre.-Volví a estremecerme.

-Y-yo...yo n-no...-trataba de hablar claro, pero solo balbuceaba.

-jeje...no puedes negarlo, tu eres su padre. Estas presente en su vida ahora.

-P-pero us-ustedes son...- Marie interrumpió y oración.

-Nosotros somos sus abuelos.

-S-si pero ustedes la criaron, le dieron todo lo que necesitó. Yo jamás estuve en su vida antes.-Decía excusándome.

-Pero ahora lo estas, Kid.- Su sonrisa de: yo tengo razón me hacía poner en duda lo que siempre creí.-Además, tu le estas dando algo muy importante, algo que necesita: Paternidad.- me insistió. Yo bajé la cabeza y hablé.

-Dolor y Paternidad, más bien.. Este día no fue mas bien lo que esperaba. No quería que se sintiera triste al momento de regañarla. No quiero causarle dolor.

-Es inevitable, Kid. Ningún padre es perfecto. Pero aun así, vas por un buen camino.-Me volvió a sonreír. Me quedé pensativo de aquella conversación. Miré la hora: era tardísimo.

-Marie-san, debo irme. Ya es tarde.- Ambos nos pusimos de pie y me llevó hacia la puerta.

-Suerte con la misión de mañana, ten mucho cuidado, Kid.-Le sonreí y me marché.

-Hasta luego, .

Caminé por las calles solitarias de Death City. No había nadie a mi alrededor puesto que ya era muy tarde. Me detuve y mire hacia el cielo buscando una explicación.

-Dime Crona, ¿estoy haciendo todo bien? La verdad, creo que no sé lidiar con esto.-Solté una sonrisa de nostalgia. -Dime, ¿no crees que no es ya muy tarde como para ser ahora su padre?- pero como era de esperar, no hubo respuesta.