Sé que merezco que me golpeen u-u tengo más que claro que he dejado este fic de lado sólo para terminar con ''Maka vuelve a casa'' :c lo siento mucho u.u
Pero bueeeno, aquí está el capítulo catorce :D espero que sea de su agrado n.n
Y una cosa quería mencionarles: Este Fic lo inicié escribiendo en primera persona, contando la historia Kid, pero he decidido cambiar esto a escribirlo en tercera persona omnisciente :D ya que es más fácil escribirlo de este modo.
Sin más: ¡READING WAS SAID!
*Soul eater no me pertenece
*Capítulo 14: 'CELEBRACIÓN DEL DÍA DEL PADRE''
El shinigami se despertó temprano por la mañana a eso de las nueve y media. Se estiró en la cama desordenando las sábanas y empujando sin querer la almohada, dejándola caer al suelo. Inmediatamente se levantó y ordenó el desorden. Rascó su cabellera con su mano izquierda y guió sus pasos hacia el baño. Se había dispuesto a darse una ducha para refrescarse.
Ese día para él era importante. Al salir del baño fijó su vista al calendario: catorce de Junio. Aquello significaba una sola cosa: la celebración a los padres en la escuela de Jumbiie. No pudo evitar que una sonrisa se dibujara en su rostro y bajó rápidamente las escaleras para prepararse el desayuno.
Ya tenía todo planeado. Se presentaría en la escuela unos minutos antes de lo estipulado. Hablaría con su profesora encargada para explicarle la situación y tomaría asiento en donde le dijesen. Incluso había pensado en comprar un bello racimo de rosas rosadas para entregárselas a Jumbiie. Si tenía prácticamente los mismos gustos de su madre, también le gustarían las rosas de ese color.
Al terminar de desayunar empezó a ordenar la simetría de su casa y posterior a eso se dirigió hacia Shibusen. Aquel día se encontraba muy animado, tenía ganas hasta de hacer el papeleo, cosa que detestaba hacer. Aprovechó la situación y sus ganas y partió. Saludó a su honorable padre y éste le correspondió.
-Buenos días, hijo~ amaneciste animado hoy ¿a qué se deberá eso?- parecía insinuarle algo. Se acercó a su hijo y con sus grandes dedos le pellizcó en estómago.
-¿A-ah qué te refieres, padre?
-¿Acaso has conocido a una chica?- el gran shinigami movía sus cejas mientras empezaba a molestar a su hijo invadiendo su espacio personal. Kid inmediatamente cambió su rostro de felicidad a seriedad. Shinigami-sama al notar tal repentino cambio de su hijo prefirió desistir.-Lo siento, hijo.
Kid prefirió cambiar el ambiente para no trabajar en aquel ambiente tenso. Hizo como si no había escuchado lo anterior.
-Hoy saldré más temprano del trabajo, padre. Tengo cosas que hacer en la tarde.-Su sonrisa volvió a asomarse y no pasó desapercibido por su padre. Éste prefirió no darle importancia al asunto. Tampoco pensó en preguntarle, su hijo era bastante impredecible.
Prosiguieron con los papeleos hasta que la hora tan ansiada por el pequeño shinigami llegó. Kid se despidió y se retiró de Shibusen. En los pasillos saludó a los docentes y al personal y como de humo se tratase, desapareció.
Hizo memoria para recordar el local de flores que solía frecuentar cuando estaba con Crona. La última vez que entró a esa tienda fue hace ocho años, para el funeral de su amada. Antes de ello solía ir todas las semanas y compraba las rosas rosadas más bellas y perfectas que podía ver. Siempre le escribía una notita en un papel perfumado y lo escondía entre las rosas para luego aquel racimo estar en brazos de Crona.
Después del funeral jamás pasó por esa tienda, no había motivo alguno de hacerlo. Ni siquiera de pasada. En ese momento pensó que ocho años son muchos y que quizá el local haya cerrado o cambiado de ubicación y él ni idea tenía. Rogó porque ahí estuviera aún. Al doblar en la calle y quedar frente al local, éste se impresionó. Seguía ahí y no había cambiado casi nada. El color de la pintura, los marcos de las ventanas y toda la mobiliaria era lo único que había cambiado. Sin embargo seguía siendo el mismo anciano quien las vendía. Aún ocupaba sus mismos lentes gruesos, el color de su cabello seguía siendo igual de blanco, sólo se le notaba aún más las arrugas.
Kid entró al local, esperando que aquel anciano le recordara. Habían pasado ocho años, las probabilidades eran bajas. Pero él fue un cliente muy habitual en aquellos años, alguien difícil de olvidar.
El anciano le trató como a cualquier otro cliente. Kid se desconcertó pero ni siquiera se molestó en decirle quien era y que lograse recordarle. Compró las mismas rosas rosadas y una nota. El anciano le ofreció un lapicero para que pudiese escribir, Kid no se lo aceptó y de su bolsillo de la camisa sacó una pluma. Era él después de todo y siempre había sido así.
Introdujo la nota entre las rosas y partió hacia la escuela de Jumbiie.
Al llegar al gran portón se revisó primero. No quería dar una mala impresión en la escuela de Jumbiie. Guió sus ojos hacia sus zapatos y verificó que no hubiese ni una sola mancha en ellos. Sacó su mini espejo de plata del bolsillo y se retocó el cabello, el viento lo había agitado un poco y por último se fijó que su camisa estuviese dentro del pantalón y no fuera. Al terminar se aclaró la garganta y tocó el timbre. Inmediatamente una señorita de no más de 25 años se asomó por el portón. Llevaba sus cabellos tomados en una cola, tenía pecas en las mejillas y vestía con un delantal verde oscuro que llegaba hasta un poco más abajo de las rodillas. Kid le explicó que era un apoderado que asistiría a la reunión de los cursos. Inmediatamente la señorita abrió el gran portón para darle el paso a Kid, sin embargo no volvió de cerrarlo: ya era más o menos la hora en que todos los padres hacían presencia.
La señorita lo guió hasta la sala y le dejó con la profesora jefe de Jumbiie. Ésta se le acercó con rostro de extrañeza. En su vida como profesora ha visto a muchos padres en el establecimiento tanto en las reuniones como por otros motivos de visita, pero a él nunca lo había visto. Intentó sonreír y le preguntó por su nombre, aunque ya mas menos sabía de quién se trataba.
-Death The Kid. Es la primera vez que visito la escuela. Vengo a acompañar a Jumbiie.- no se mostró ni simpático pero tampoco como una persona de pocos amigos.
La profesora no le preguntó nada más. No era de su incumbencia si él era su padre o no. No quería meterse en problemas con el hijo de Shinigami-sama. La maestra le explicó cómo sería el procedimiento y en donde debiera sentarse a esperar.
Ya pasado unos diez minutos todos los padres estaban presentes y sentados en sus respectivos puestos. La sala estaba adornada con globos de diversos colores, habían mesas a los costados con comida chatarra, música ligera para niños y muchos dibujos de los estudiantes pegados en las paredes. Muchos padres entraban en conversación puesto que ya se conocían. Kid estaba solo, tranquilo y quieto, sin siquiera moverse. Era como si nadie supiera quien era él. Quizá si lo supieran pero nadie prefería acercársele a preguntar qué hacía él por ahí.
Por dentro estaba inquieto, nervioso, aunque él sabía disimularlo muy bien. Era la primera vez que asistía a ese tipo de reuniones y aunque la maestra le haya explicado el procedimiento de todo, él no sabía que carajos hacer. Estaba emocionado a pesar de toda la inquietud, celebraría una fecha muy importante en su vida, y quizá además de ser la primera también sería la última. Sólo debía enfocarse en divertirse y disfrutar con Jumbiie ya que esto también era por ella.
La maestra tomó la palabra para decirle a los padres que los niños ya estaban por ingresar a la sala. Ellos debían esperarlos en sus puestos y los pequeños se sentarían a su lado. Todos los padres se acomodaron en sus sillas a esperar.
Afuera los niños se encontraban formados por orden de lista. Los pequeños hablaban fuerte y con mucha alegría. Esa celebración la hacían todos los años y siempre era igual, por lo mismo sabían que la pasarían de lo mejor.
Jumbiie estaba callada y su mirada fija en el suelo. Sabía que su abuelo no estaba adentro, Marie le había explicado con anterioridad que trabajaría para el día de la reunión y que por desgracia no podría acompañarla. No había razón para estar ahí parada fuera de su sala si no tenía a quién celebrar. Por ella se hubiera quedado en casa, llorando quizá en su habitación o dibujando a un hombre desconocido tomado de la mano de ella, pero su abuela le había obligado a asistir.
La maestra en práctica les llamó la atención a todos para que pudiesen ingresar a la sala con sus respectivos padres. Les recalcó el orden y fue así como en fila entraron los pequeños.
Kid desde su puesto vio ingresar a los pequeños. Su corazón dio un vuelco de alegría y nervios. Apretó el racimo de rosas y miró atento, buscando a su pequeña pelirosa.
Cuando entraban los chicos, estos corrían hacia sus padres y los abrazaban, posterior a eso tomaban asiento. Jumbiie ya había entrado a la sala, miraba el suelo y sin ninguna expresión ni emoción, no miraba quien tenía enfrente, sólo caminaba hacia su puesto, se sabía el camino de memoria. Lo haría hasta con los ojos cerrados.
Al divisarla, el corazón de Kid comenzó a latir de forma desenfrenada y una sonrisa se le dibujó en el rostro. No entendía la expresión de la pequeña pero no dejó de sonreír. Jumbiie alzó su cabecita y no dio crédito a lo que había visto: tenía a Kid frente suyo y con un ramo de rosas rosadas.
Jumbiie abrió los ojos y cubrió su boca con ambas manos. Corrió hacia él y le abrazó.
-¡Kid! Por Dios, ¿qué haces tú aquí?~-le preguntó aún emocionada.
-He venido a acompañarte, Jumbiie. No quería que estuvieras sola en un momento tan importante como éste.
Los ojos de Jumbiie se humedecieron y cerró sus ojos con fuerza para evitar llorar. Al abrirlos dejó ver una sonrisa de felicidad.
Ella esperaba compartir ese momento con su padre, pero que Kid estuviese allí era casi perfecto, como si ya no importara la existencia de su padre ausente.
-Muchas gracias Kid~- volvió a sonreírle. Era feliz y él amaba esa sonrisa.
Kid le entregó el racimo de rosas a Jumbiie y ésta lo estrechó en sus brazos
-Puedo imaginar que te gusta mucho el color rosa, ¿no, pequeña?-Habló con seguridad Kid. Jumbiie le miró con las rosas en sus brazos y le respondió.
-¿Sabes? además del amarillo, mi otro color favorito es el negro. Me gustan mucho las rosas negras~ aunque me abuela dice que eso está mal.
Kid parpadeó unos instantes antes de hablarle. Está demás decir que a él también le gustaba el color negro. Le fascinaba ese color neutro, sino, no lo llevaría siempre en sus prendas. Por él, siempre le hubiera comprado rosas negras a Crona, la vez en que lo hizo Marie le obligó a Crona a que las arrojase a la basura. Desde aquel día siempre le compró rosas rosas, no sólo para no incomodar a Marie, ese color era uno de sus favoritos, además del amarillo, claro.
-Que curioso saberlo.-Le respondió Kid. Era feliz, había encontrado otra cosa en común con su hija.
Kid la sentó en sus piernas y le besó la frente. Por último la acurrucó entre sus brazos.
La reunión había empezado y las maestras funcionaron como garzones y acercaban las bandejas de comida hacia los padres y niños. La sala estaba llena de voces, risas y risotadas. Luego la profesora jefe tomó la palabra y dio un discurso emotivo para los padres presentes. Por parte de las profesoras, cada padre recibió un pequeño presente. Se trataba de un llavero fabricado por ellas mismas y en él decía: Te quiero, Feliz día Papá.
Kid observó que Jumbiie miraba atento el llavero. Quizá se preguntaba qué haría con él. Era mejor preguntarle a ella si lo quería o si lo podía conservar.
-Jumbiie, ¿quieres que te lo devuelva? o...- guardó silencio un poco.
-o?
-¿Puedo conservarlo?-terminó su pregunta.
-¿De veras lo quieres?
-Por supuesto. Es un bello recuerdo.
Jumbiie sonrió y volvió a abrazar a Kid. Le dijo que estaría bien si lo conservaba.
Kid sacó inmediatamente sus llaves del bolsillo y agregó el nuevo llavero a ellas. Las movió para ver como lucían y Jumbiie sonrió. Agradecía todo lo que él hacía por ella.
La profesora en práctica alzó la voz para que le prestasen atención.
-Padres, acabamos de entregarles nuestro regalo a ustedes. Ahora es el turno de los niños: en estas clases ellos han preparado con mucho cariño y dedicación su obsequio para ustedes. Espero lo disfruten.
Los niños prosiguieron a entregar sus regalos a sus padres. Jumbiie tenía los suyos en sus manos, junto con las rosas que le había dado Kid. Los estrechó aún más contra su pecho, como si no quisiera mostrárselos a él.
Kid miró aquella escena y pensó que esos regalos que ella había hecho no le correspondían a él. Por más que fuera su padre, ella no lo sabía y por ello no tenía el derecho de recibir aquellos obsequios.
Estuvo a punto de hablar y mencionarle a Jumbiie que estaría bien que guardase los obsequios y que por estar ahí, no le daba derecho a recibirlos. Sin embargo ella habló antes que él.
-Cada año siempre le preparo unos obsequios a mi padre para esta fecha. Los guardo todos en una caja bajo mi cama. Cuando mi padre aparezca le entregaré la caja para que tenga todos los regalos que le he hecho~ -le explicó con cierto gozo en sus palabras. En ese momento Kid sintió tal curiosidad por saber qué cosas le ha preparado todos esos años. Quería ver el contenido de la caja y llevárselos a su casa. Algún día lo haría, cuando se dispusiera a decirle la verdad a Jumbiie.
-Jumbiie, creo que debes guardar estos obsequios en la caja, junto con los otros.-Le aconsejó Kid.
La pelirosa le miró a los ojos y habló.
-Lo sé pero...por alguna razón quiero darte estos.- Jumbiie le extendió los regalos para que Kid los cogiera.
Kid se impresionó y ni le pudo responder. Jumbiie no sabía por qué quería entregarle sus regalos a él y Kid creía saber el por qué. Una parte de ella sabía que estaba junto a su padre.
El joven Shinigami recibió los regalos y le agradeció a la pequeña Jumbiie.
-Sólo son unos chocolatitos, una carta y un dibujo~ no son la gran cosa.-Le explicó Jumbiie.
-Para mi Jumbiie, esto es muy importante. Los has hecho tú y con mucho cariño, estos obsequios tienen un gran valor sentimental.
Jumbiie le sonrió y le abrazó.
-Gracias por estar aquí, Kid.
Pasó la tarde y la reunión finalizó. Los niños estaban cansados y sus padres los llevaban tomados de la mano. Kid llevaba a Jumbiie arriba de sus hombros, sosteniéndola de las piernas. Jumbiie tenía sus manos sobre los cabellos de Kid, desordenándolos un poco.
Kid le había mencionado que la llevaría a casa y ésta no objetó en lo absoluto, era tarde y estaba cansada. Llegaría a su casa directo a la cama.
Marie les sintió venir y antes de que Kid golpease la puerta ella la abrió haciéndolos pasar. Jumbiie se despidió y se dirigió a su habitación mientras que Marie invitó a Kid a una taza de café.
-Dime, Kid ¿cómo la pasaste?- Marie sopló el café de su taza antes de beber de ella.
Kid alejó su taza de sus labios y respondió.
-Jamás creí que asistiría a una reunión de este tipo. Desde que murió Crona jamás me he planteado tener una familia y más hijos.
-¿Osea que ya reconociste que Jumbiie es tu hija?
-Por supuesto, Marie-san, lo asimilé desde hace ya mucho tiempo.
Marie sonrió y volvió a darle un sorbo a tu taza de café. Cuando recibió a Jumbiie en sus brazos cuando era una bebé, siendo abandonada por Kid, jamás pensó que así iba a ser su futuro.
Se acercaron a la puerta y Kid se despidió de Marie, estaba por retirarse a su casa. Sabía en donde ya poner los obsequios de Jumbiie, dentro del velador izquierdo a su cama. Ahí los tendría a salvo junto a unas pertenencias de Crona que él había guardado luego de su muerte.
Así termina el capítulo 14 :3
Disculpen la demora, me tomó como tres días hacer este capítulo -.- cada día avanzaba un poco. Quiero recordarles queridos que no dejaré incompleto este fic como nigún otro fic, por si las dudas :3
Espero les haya gustado *-*
No olviden dejar sus review~ :D ya saben que pasa si no me llegan ;D
Los quiero muuuucho *3* muuchos besotes para ustedes~ nos vemos en el siguiente capítulo
LyTha Shinigami...
