*Soul eater no me pertenece


*Capítulo 24 'IDEAS MÁS CLARAS'

Eran las diez de la mañana y Jumbiie yacía sentada en pijama sobre su cama. Había terminado de desayunar y estaba leyendo uno de los libros de Kid le había regalado hace ya varios días. El viento entraba por su ventana y movía las páginas, perdiendo así la concentración de lo que leía. Bueno, tampoco es que estuviera concentrada leyendo.

Jumbiie estaba pensando en su madre. Aún tenía cosas por desglosar, cosas por entender y, en el estado en que se encontraba, era todo más difícil aún; y esta vez Kid no podía ayudarle. Jumbiie tenía unos pocos recuerdos de la vez en que entró a la habitación de su madre y vió ciertos objetos y fotografías que serían clave para su descubrimiento. Ella tenía que volver allí.

Pero, ¿cómo hacerlo? esa vez fue más fácil, no estaba tan mal de salud como lo estaba ahora. Tendría que ser bien cuidadosa para no ser descubierta, y esta vez no podía fallar.

La pequeña Jumbiie cerró el libro y lo dejó bien acomodado en el velador de su cama. Se destapó de las sábanas y bajó los pies de la cama. Se quedó sentada, aguardó unos segundos y respiró.

-Tranquila, Jumbiie.- Se susurró a si misma.-Todo saldrá bien.

Volvió respirar y de un saltó se puso de pie. Se mantuvo quieta sin dar un solo paso. Miró su silla de ruedas y luego hacia la puerta de su habitación.

-Debo ir caminando.-

Dió pasos lentos e inseguros hasta que logró llegar a la pared y se afirmó de ésta. Abrió lentamente la puerta y ojeó un poco. Su abuela estaba en la cocina algo ocupada, quizás no se daría cuenta, pensó. Cerró la puerta tras de si y caminó a pasos lentos y siempre afirmándose de las paredes hasta que llegó a la habitación de su madre. Tragó saliva y no dudó en abrir, entró y cerró rápidamente la puerta, dejándose apoyar en ella, todo ese ejercicio le había agotado.

Miró las cuatro paredes de la pieza y dió unos pasos.

-Igual a como la vi la vez pasada.-La pequeña rascó su cabeza y volvió a hablar.-Bueno tampoco deberían haber cambios.

Se dirigió a buscar la caja del closet, aquella caja que mantenía pertenencias valiosas de su madre y de contenido que le sería útil para aclararse un poco. Sacó la caja y la abrió. Estornudó por el polvo que yacía dentro de ésta y agitó su mano en el aire como para quitar el residuo de éste. Tomó los álbumes de foto que ya había ojeado y volvió a mirarlos. Miraba detalladamente las fotografías y ahora sentía que podía entenderlas un poco más. Tomó en sus manos otro álbum y lo miró hasta que llegó a cierta parte en que sólo habían fotos de Kid con su madre. Ese álbum lo dejó a parte y tomó otro que estaba más a fondo de la caja, un álbum que no había alcanzado a ver la vez pasada. Lo tomó en sus manos y respiró, preparándose par lo que podía llegar a ver. Lo abrió y pudo ver fotos de su madre embarazada. Siguió dando vueltas a las páginas y las demás fotos eran del mismo contenido: Crona embarazada con Kid de su lado.

En las primeras fotos se podía ver a Crona con un poco de vientre, ya mientras avanzaba con las páginas podía apreciar un cambio del tamaño de su barriga. En las fotos se podía ver a Kid tomándola de la mano, sujetando con ambas manos el vientre de Crona y también fotos más comprometedoras.

Jumbiie soltó un suspiro y rascó sus ojos. Trató de calmarse, ya sentía su pulso más rápido. Cerró sus ojos con fuerza y prosiguió.

Cuando llegó a la última página del álbum lo cerró con cuidado y lo dejó junto al otro. Volvió a mirar la caja y encontró un montón de cartas abiertas. Jumbiie las tomó todas y ojeó sus sobres. Eran de papel fino, colores oscuros y de diseños peculiares. Ya sabía en quién pensar.

Sin dudarlo juntó todas las cartas y las metió dentro de un álbum. Luego tomó todo aquello y con cuidado se puso de pie. Caminó hacia la puerta de la habitación y la abrió con mucho cuidado evitando meter ruido alguno. Asomó su cabeza y luego salió completamente de ésta. Caminó de ligeros saltos hasta que llegó a su habitación y cerró su puerta. Estaba impresionada por lo que acababa de hacer, no se creía capaz de eso y sin embargo ahí estaba, en su pieza sintiéndose una criminal con un montón de cartas y fotos que seguramente ella no debería revisar.


Eran las once y media de la mañana y Death the Kid se paseaba por los pasillos de su mansión con una taza de café de grano en sus manos. Daba pequeños sorbos para evitar quemarse la boca y miraba detalladamente la decoración de su casa. Observaba que todo se encontrara simétrico, buscando alguna imperfección llegaría a demorarse toda la mañana y hasta la tarde si se lo proponía.

Kid detuvo su paso cuando llegó a una puerta en específico. Observó la talladura de la madera y el brillo de la perilla. Se acercó a esta y tocó suavemente la puerta. Guió su mano hacia el pomo y la abrió. Se adentró a la habitación de a poco y se detuvo para observar su alrededor: Había una cómoda de color blanco, las cortinas de las ventanas eran blancas, los cuadros eran de animales tales como osos pequeños, gatos y conejos. Había un andador con juguetes encima, Una gran alfombra de color blanca con el dibujo de una media luna. En una esquina había un cofre repleto de juguetes para niños y en el centro de la habitación había una cuna con mantas de color blanca, al igual que sus cojines y claro, al igual que todo lo que había en ésta.

Kid se acercó a la cuna y tomó un cojín, era bastante esponjoso y suave. Sonrió para luego dejarlo en el mismo lugar en donde estaba. Tomó asiento en una silla que había al lado de la cuna y meditó.

Recordó los primeros meses de embarazo de Crona, cuando tomaron la decisión de no ir a las ecografías para ver el sexo de su bebé. Si bien no tenían la edad, ellos dos estaban preparados para recibir al bebé que estaba en camino. Cuando ya la noticia había sido confirmada y había dejado de ser un rumor, cuando ya todo Shibusen se había enterado que el hijo de Shinigami-sama iba a ser padre, decidieron formalizar aún más su relación y prepararon una habitación para el bebé en la mansión de Kid. Habían tomado la decisión también de que apenas naciera, Crona se iría de casa de sus padres para irse vivir junto a Kid en la mansión y ser la familia que deseaban. Ya todo estaba planeado.

Lo que les complicó un poco a ambos fue elegir la decoración del cuarto. En un inicio, Kid mantenía la idea de usar colores oscuros para todos los accesorios a lo que Crona siempre se oponía diciéndole:

-¿Y si es una niña y no le gusta el color negro?

Kid suspiraba y le explicaba a su novia que lo más seguro era que fuese un niño ya que por ser heredero de Shinigamis, siempre las descendencias tienden a ser varones, explicándole a Crona que nunca supo del caso de un shinigami tener a una niña por hija.

Pero Crona siempre fue llevada a sus ideas.

-No me importa la ascendencia ni descendencia. No usaremos colores oscuros que luego puedan causarle susto a nuestro bebé.

-¿Y piensas entonces en colores rosas?, sería todo una pérdida de tiempo hacer que la decoración fuera para una niña si llegáramos a tener un niño.-Le intentaba convencer.

Kid se levantó de la silla y dejó escapar una risa al recordar esas frecuentes discusiones que tenían por definir una simple decoración. Volvió a tomar un sorbo de su café y dijo:

-Blanco.

-Será blanco, Kid, la decoración las cortinas, todo será blanco.-Kid le miró un tanto en desacuerdo.

-¿Estás segura?

-Sí, y así no discutiremos más sobre este asunto jiji- le dedicó una sonrisa tímida.- si llega a ser niña o niño, el color blanco estará bien. Además, Kid, todo aquí en tu casa es negro, hagamos que la pieza de nuestro bebé sea distinta~

El entusiasmo de Crona hizo que Kid terminara por aceptar su derrota.

-Está bien, el color blanco no está nada de mal.

Kid dió unos cuantos pasos y se retiró de la habitación sin antes darle un último vistazo. Suspiró y susurró el nombre de Crona antes de cerrar la puerta desde afuera.


Un montón de hojas yacían esparcidas por toda la cama de Jumbiie, cartas y fotografías de Kid y Crona juntos por todo el suelo. Eran tantas que cuando terminaba de leer una y cogía otra, terminaba botando al suelo sin querer otras cuantas. Su respiración estaba agitada y no daba crédito a todo lo que veía y toda la información procesada en ese momento.

Cuando ya leyó la última carta, cuando vió la última foto, se dejó caer en su cama agarrándose la cabeza con ambas manos. Miraba el techo pensando y analizando desde el inicio, desde cuando Kid llegó a su vida inesperadamente. Dejó caer un suspiro y se calmó para luego pronunciar su nombre en susurros:

-Kid.