En la secundaria Juban, como ya se ha dicho, Byakuya y Kagura Kuraidesu estudian ahí. Ya iba a ser la hora de la entrada, y la jovencita caminaba directamente a su salón, ignorando como el mal ejemplo de su hermano se quedaba vagando por ahí. Estaba a punto de entrar cuando escucho unas voces femeninas, nombrando a Bankotsu.

Eso le llamo la atención, y fue sigilosamente tras esas voces. Escuchaba a las chicas hablar y emocionarse, hablaban de cosas tontas, cursis, y muy apuradas que no se les entendía bien, aunque Kagura solo quería saber si su novio estaba ahí.

Efectivamente estaba ahí, y coqueteando con esas chicas. Se decepciono, otra vez. Pero ya era el colmo, en vez de enojarse, solo guardo silencio y volvió a clases como si nada.

Bankotsu también pertenecía a la clase, y cuando entro ahí y saludo a su pareja, ella le ignoro, lo cual dejo intrigado al muchacho.

En todo el día, Kagura lo evadía y le era indiferente. Salía con una excusa y otra, ignorando los reclamos de Bankotsu. Apartándolo de su vista, el joven azabache también se enojó por la apatía y por qué no sabía porque se comportaba de manera grosera con él.

La noche había llegado, estaban todos reunidos en la mesa familiar disfrutando de la cena. Kagura sin darse cuanta estaba seria más de lo que acostumbraba y no reía ni hacia bromas como habituaba hacer cuando sus hermanos comenzaban a platicar sobre asuntos de la escuela y demás.

Todos lo notaron, pero nadie dijo una sola palabra. (Casi) todas las miradas se fijaron en el padre de la familia, Naraku, en señal de que debía hablar con ella. Kikio también se lo había mencionado

Apenas la cena termino, Kagura fue directo a su habitación, hoy no había sido un día bueno, y probablemente mañana tampoco lo sea. Se tiró a su cama, boca abajo mirando a la nada, pensando lo "cornuda" que se sentía. Lo inferior que era a otras chicas que Bankotsu prefería coquetear antes que ella, y como podría salir de esta. Ya no tenía ganas de perdonarlo, siempre le hacía lo mismo.

El padre de la muchacha se acercó a la puerta de su habitación. Toco una vez y llamo.

Kagura no esperaba que alguien se acercase, así que rápidamente se levantó y se acomodó un poco, gracias al cielo que aún no había llorado.

-Kagura, hija, ¿puedo pasar? –pregunto el desde afuera.

La chica castaña abrió la puerta, dejando pasar a su padre. Ambos se sentaron en la cama.

-¿Qué sucede?

-no... no es nada importante- respondió ella con tristeza.

-sí, si es algo. Mírate, no te ves bien, algo te afecta, y ese algo no me agrada. Puedes contármelo, voy a ayudarte en lo que pueda, siempre debes tener confianza en mí.

-nada de otro mundo... Es... es... Bankotsu.

-¿otra vez?

-sí, ya estoy cansada de él y su manera de ser, quiero alejarlo de mi sin que me duela pero no sé cómo.

-ese tipo de hombres no convienen para nada, y ya te lo había dicho... no te preocupes, no tiene nada especial, en cuanto encuentres a una persona que valga la pena, ni siquiera existirá... olvidarlo será fácil y hasta entonces, que no durara mucho tiempo, no sufras por ese imbécil ¿de acuerdo? –sonrió.

-si... gracias, papá.-lo abraza feliz, y sonríe mas cuando es correspondida.

Sí que necesitaba ese tipo de ánimos. Quizá no era el corazón lo que le dolía, sino el orgullo. Más relajada, pudo dormir esa noche.

Mientras, a la hora de la cena, en la mansión de los Taisho...

La familia disfrutaba de su comida y compañía, y nadie se veía preocupado, quizá sí, un poco la señora Taisho. Quien no se animó a hablar sobre sus dudas frente a sus hijos, guardo silencio. Cuando terminaron la cena, los niños subieron a sus habitaciones. Los adultos quedaron solos tomando unas copas de vino tinto.

-¿sucede algo, cariño? –pregunto Inuyasha a su pareja.

-ah... nada, mi cielo...-respondió Ahome- ... ¿hoy vino tu hermano, no?

-eh... si, hoy vino a visitarme, no sé lo que quería, hablaba mucho, sobre sus incoherencias y bla, bla, bla. Qué bueno que lo mencionas, porque casi lo olvido, en unos 20 minutos debo ir a hablar con él. Solo te dejare a la misma advertencia; ni tu ni los niños deben acercarse a él, es muy peligroso, déjenme a mí tratar con él. Sabes que esta... chiflado, que la cabeza no le funciona bien.

-sí, mi cielo, lo se... ¿nunca...has pensado en internarlo en un hospital psiquiátrico?

Aquella pregunte le hiso pensar al empresario, su esposa tenía razón. Debería internarlo, ya que era más peligroso que bebé jugando con granadas. Lo había pensado más de una vez, pero lo necesitaba para los tipos de trabajo que estaba organizando, y Ahome no sabía nada de esto. Por nada del mundo debía enterarse. Nunca sospecharía algo así de él, y lo que quería mantener así. No podía internarlo, porque necesitaba que hiciera los trabajos sucios, que el mismo disfrutaba hacer, para quitarse la competitividad de encima, y claro, sin sospechas, se inventaba cualquier cuento sobre, la perdida, quiebra o desaparición de la competencia u otras.

-si...-se decidió responder luego de unos segundos- lo he pensado, varias veces... pero... tengo miedo. Sabes, que además de loco, es astuto, siempre he temido, de que si yo lo encerrara, el escapara y quisiera cobrar venganza, no querría que nada malo les pasase a ustedes... nada. Que me haga algo a mí, podría soportarlo, pero él sabe que tu... y los niños son mi debilidad... A sí que no sé qué hacer... además... el "se está portando bien" por ahora...

Ahome le vio no muy convencida. Pero decidió dejar las cosas así.

Inuyasha realmente tuvo que hacer magia para disimular la cortada que Sesshomaru le había hecho en la cara. Con un poco de maquillaje, rogo en que su mujer no lo notase. Y así fue, casi...

Pasaron las diez, y el jefe importante (ósea Inuyasha) llego a la temporal residencia de su hermano. Un hermoso terreno, en una mini mansión, ventanales de vidrio, luces por todos lados, y muy lujoso. Entrada rodeada de la flora por todos lados. Muy bonito, Inuyasha acompañado de su asistente Miroku, entraron al lugar en su vistoso vehículo negro. Sesshomaru los esperaba afuera sentado en la escalera de la casa, estaba vestido de negro, con sus gafas oscuras (a pesar de que era de noche) y fumando.

-wow, aquí viene el padrino, siempre tan puntual –dijo incoherentemente sarcástico mientras se levantaba y caminaba hacia los hombres sacándose las gafas y tirando su cigarrillo terminado.

-Sesshomaru, seré breve. Mañana, tendrás una camioneta disimulada en el estacionamiento privado del centro. Nadie transita por allí, así que pasaras desapercibido. Vigilaras los movimientos de los chicos dentro de ella, con las cámaras jaqueadas de los lugares en donde entorna cada uno, en tiempo real. Elige a uno, y secuéstralo. Luego lo llevaras a la base en Egipto, y ahí empiezas a realizar tu trabajo. Por vía video llamada contactaremos con Naraku. Es importante, que hasta que yo no te diga, no dañes a la criatura, tendrá que ser en el momento apropiado ¿entendiste?

-wowowowow ¿Por qué? ¿Por qué no tortúralo en vivo y en directo frente al bastardo de Naraku? Me gusta esa idea ¿Por qué no actuar? No hay que tenerles piedad. Tal palo, tal astilla, son iguales al desgraciado de Kuraidesu.

-tu hazme caso. El plan va a salir mejor de lo que te imaginas, ¿ok? Cuando yo te de la señal, cuando te dé el permiso, vas a "actuar" como tú sabes, como solo tú sabes hacer.

-jajá, sabía que no te entrometerías con el hijo de alguien, un hijo que no ha hecho nada contra ti. ¿Es por eso, cierto?

-¿harás el trabajo o tengo que llamar a otro profesional? –preguntó irritado Inuyasha.

-JAJAJAJAJA-estalló de risas Sesshomaru- no, no hay otro más profesional que yo, y hare lo que dices solo para que dejes de quejarte, no soporto tus lloriqueos. Espero que llegue ese momento. Ya sabes cual...-miro maliciosamente a su hermano.

-ya veremos...-suspiro.- mañana, temprano, Miroku va a venir a buscarte, él y otros de "los hombres" te van a acompañar mañana. En Egipto ya te espera el resto de la brigada. Y una vez a la, te mandare la cifra que le vas a sacra a ese maldito.

-excelente... Y cuando me envíes el número, no seas generoso.-dijo sin quitar su sonrisa, y sacaba otro cigarrillo.

-mañana sin demoras –repitió Inuyasha mientras se daba la vuelta y se marchaba al Lamborghini (marca de auto) junto a su asistente.

Sesshomaru, solo prendió el cigarrillo y vio como el auto desaparecía en el horizonte. Sonrió de lado y entro a la casa.