CAPITULO 3: A LA GRANDE LE PUSE CUCA
Volvieron los tiempos de lluvias y con eso las ganas de escribir esta historia deprimente, vana, abrumadora, tan vacía como el número de lecturas que tiene, pero eso no me impide continuar, en mis sueños se aparecen Acnologia y God Serena, vestidos de payasos, pidiéndome que actualice, que continúe con sus aventuras. No sé cuanto pueda seguir así, o si solo terminando otro capítulo pueda descansar un poco. Las voces tal vez se vallan y pueda retomar mi vida. No, yo no tengo vida. Solo soy un espectador que tiene que explicarles la locura en que se está convirtiendo esta historia,
Así que tratemos de retomar donde nos quedamos: Acnologia tiene una nueva meta, aprender a actuar. Pudiera sonar extraño pero para una persona que siempre ha hecho su voluntad, es difícil pretender ser alguien más. No se confundan con su aspecto bárbaro, por algo llego a ser el rey de los dragones y en su tiempo fue un mago excepcional que tuvo a los libros como principal aliados en su camino. Lamentablemente con el tiempo fue un hábito que perdió y si había leído alguna novela clásica, su vida de ermitaño sociópata lo había alejado del mundo moderno. Por lo que ahora se ha convertido en un gusano de biblioteca, no un gusano literal, eso sería ilógico, pero lo de la biblioteca si lo es.
Serena se levanto como cualquier día normal, solo para encontrarse la sorpresa de que hay un gran boquete en la pared de su sala y en medio varios estantes de libros que tenían una etiqueta pegada en la cual se podía leer: "Biblioteca pública de Nueva York". En el suelo yacía Acnologia en posición de flor de loto, con unos lentes de fondo de botella y un libro muy cerca de su rostro.
— Ok, voy a tratar de entender la situación.— Dice God Serena después de ver el desastre que hay en su sala. – Fuiste a la biblioteca más importante de esta ciudad, te robaste unos estantes completos y, ¿los trajiste al departamento?—
— Así es.—
—¿Por qué?—
— No me gusta que me vean leer.—
— ¿Es por tus lentes gigantescos?—
— Pensé que eran mágicos, se los robe a una señora con capa.— Acno tira los lentes y trata de aclarar su vista mientras hace muecas.
— Eso explica porque estás leyendo libros de maternidad.— Tras las palabras de God, el buen cara tatuada deja discretamente el libro en el suelo y busca otro que leer. – Toma este, Romeo y Julieta, es un clásico y han hecho muchas obras de esto. Además hay muerte.—
— No se hable más. Y sobre el hueco en la pared— Acnologia aun no acaba de hablar cuando se da cuenta que Serena esta frente a él con dos cuchillos y una mirada asesina. – Oye tranquilo viejo, todo tiene solución, Steve el vagabundo ya contacto a unos trabajadores para que lo arreglen.—
—¿Qué?, no, no, vengo a contarte mis nuevos planes para el día de hoy.— Serena baja los cuchillos antes de comenzar un malentendido. – Comenzare mi propio negocio de comida rápida.—
— ¿Te refieres a comida que corre muy rápido?, o, a comida que se digiere a velocidades tan extremas que después de comer tienes que ir al baño, o mejor aún, es comida que ha trascendido los límites del tiempo y el espacio y ahora posee una clase de sabiduría que es difícil de comprender para nosotros.— Acnologia comienza a hiperventilar como niño pequeño en dulcería.
— Admito que todo eso suena genial, pero no. Hoy iremos a al parque central en mi nuevo vehículo.— God Serena le explica los detalles de cómo adquirió hace poco tiempo una casa móvil adaptada para servir comida en cualquier lado a donde vallan.
Salen del edificio y tras caminar unas cuadras el hombre de las coletas sigue hablando de cómo su genialidad lo llevó a esa idea, por su puesto Acnologia no está escuchando una sola palabra ya que está inmerso en el libro que le provoca diferentes gestos a lo largo del trayecto.
— ¡Y aquí esta!, el God—o—Movil.— Fuera de un taller de pintura esta una casa rodante, adecuada con una pequeña cocina en la parte de atrás, pintada de negro con llamas al frente. Solo le hace una seña al encargado para saludarlo e indicarle que ya recogerá su vehículo, aunque este señor calvo y de mostacho, tiene cara de molestia al ver al buen Serena de nuevo.
Ambos entran al vehículo y por primera vez desde que salieron del departamento, Acno suelto el libro para admirar el interior, pero su instinto lo delata mientras olfatea alrededor.
—Aquí no hay comida.—
— Claro que no, tenemos que ir al supermercado.—
— Un día fui supermercado que está aquí cerca, no terminó bien.— Acnologia vuelve a sonreír con cara de psicópata.
— Que bueno que me lo dices, iremos a otro entonces.— God Serena salta al asiento del conductor y rápidamente enciende el motor haciendo rugir al God—o—móvil cual vehículo de carreras. –Adiós amigo.— Le grita al dueño del taller al irse a toda velocidad, este solo hace ademanes y a lo lejos termina diciendo algo que termina en la palabra "madre".
— ¿Qué fue lo que te dijo el artesano pintor de la localidad?—
— No lo sé, no entiendo a veces lo que habla, pero ahora es cosa del pasado, en marcha al supermercado.— God Serena señala al horizonte con una mirada de entusiasmo.
Ambos fenómenos se abrochan los cinturones como personas educadas que son, aunque el vehículo se mueve como energúmeno por la abarrotada ciudad. La historia del pintor mexicano y su odio por God a pesar de trabajar para él, es algo peculiar, pero debe ser contada en otra ocasión.
Mientras tanto el hombre de las coletas sigue las instrucciones de su GPS y Acnologia continúa con su lectura que le produce indescriptibles sentimientos ya que los gestos que hace no pueden registrarse como normales. Varios minutos después, llegan a una pequeña tienda donde surten todo tipo artículos para la elaboración de comida, bueno al menos es lo que Serena hace, Acnologia solo toma cosas al azar y las arroja al carrito. Al finalizar God paga con los últimos dólares que le quedan y salen con bastantes bolsas de mandado.
Es la hora perfecta para estacionarse cerca de una de las entradas del parque central de Nueva York y no es el único carro de comida que hay en el lugar, pero eso no le preocupa a God Serena ya que el confía en sus habilidades culinarias, pero desconfía un poco en las de su amigo de larga melena así que lo le encarga cortar verdura.
Esté, ni tardo, ni perezoso lo hace de manera hábil mientras continua con el libro frente a él, básicamente lo que hace es correcto, solo con reconocer la forma de la verdura con su mano, sabe lo que es y cómo debe actuar. Serena ve esto y trata de confiar en él, y decide darle un par de tareas nuevas como pedirle algo que no tenga a la mano. Así poco a poco empieza a tener todo listo para la gente que se acerca curiosa a leer algunos productos del menú.
Hamburguesas Alvarez: todo un imperio de sabor.
Hot—dog hibrido: con ocho tipos de salchichas a escoger.
Torta traicionera: para darle la espalda al hambre.
Burritos slayer: entrenados para vencer al más grande antojo.
God—god sexy wáter: Agua de frutas de diferentes sabores incluida con una foto y un autógrafo de su encantador cocinero.
Este último producto era el menos popular pero al ser la única bebida disponible no les quedaba más que comprarla. Al probarla se daban cuenta que era buena, incluso la comida superaba sus expectativas, solo que algunos no disfrutaban de tener el rostro de Serena en su vaso, peor aún, a veces les ofrecía tomarse una foto con él, cosa que nadie había pedido.
A pesar de esto y una que otra bofetada de las señoritas, el negocio de Serena se volvió prometedor, con Acnologia concentrado en el libro y haciendo labores al mismo tiempo no tiene que preocuparse porque asuste a alguien o peor aun destruya el lugar, pero como nos ha enseñado la historia, la confianza es un arma de doble filo, una simple acción como pedirle que le pase un ingrediente embotellado como el aceite, hace que Acnologia tome el primer envase que encuentra ya que no lo puede distinguir por su forma como con las verduras. No sé quien fue más tonto de los dos al no percatarse de lo que hacían.
Hasta la fecha no se sabe que fue lo que se mezclo con la comida, solo tiempo después se pudo especular que provenía de los productos de limpieza, el caso es que minutos después de que hubo este tremendo descuido, el negocio de comida rápida comenzó a llenarse de gente pero no por las deliciosas creaciones, si no por un malestar provocado en el estomago de los clientes.
— Hey hombre conejo, tus burritos me dieron diarrea.— Grita un hombre furioso al acercarse agitando un burrito en su mano.
— Gentil caballero, es bien sabido que la comida Mexicana tiene esa peculiaridad.— Serena le contesta amablemente mientras continua preparando bocadillos.
— ¡Tú no eres mexicano, yo también me enferme, cabrón!— Una señora con sombrero y bigote se une a los gritos.
— Señora no sea grosera o Jesús la va a castigar.— El cocinero mantiene la calma ante los reclamos de la gente.
— Mi bebé tiene cólicos y depresión.— Dice otra señora al fondo.
— Ese no es un bebé, es un cachorro rasurado.— Ahora si tiene que poner un poco de atención a lo que está pasando.
— No son los únicos afectados, la hamburguesa imperial tenía un cabello rojo.— Otro hombre le reclama a God Serena pero el solo levanta una ceja en señal de ironía al ver que es el único pelirrojo del lugar.
— Señor, no debería comer sin camisa, es un lugar público.—
— Esos son puros pretextos, queremos nuestro dinero.— Los reclamos no se hacen esperar y la multitud se reúne alrededor del camión y poco a poco comienzan a agitarlo endurecidamente, un par de antorchas ya se han prendido, no para iluminar el ocaso que llega, si no para comenzar una cacería como es acostumbrado entre el público fácil de ofender.
— Alto, alto, podemos llegar a un arreglo.— Les dice God mientras trata de detener todas las cosas que se tambalean o caen dentro del camión.
Pero como el rugido de un león, la multitud calla al escuchar al rey de los dragones gritar enfurecido. Acnologia se levanta del pequeño asiento y mira a todos por la ventana, con un aura asesina.
— Ya basta.— Grita mientras azota el libro de Romeo y Julieta contra la parrilla. — Es que no han aprendido nada de la historia, la violencia no es la solución. Si queremos vivir en un mundo mejor, debemos tratarnos como hermanos.— Acnologia ah sufrido un cambio repentino y ahora se ve como un ser de paz, iluminado por el amor al prójimo. Incluso una paloma blanca se ha postrado en su hombro.
— ¡Aquí tienes tu mundo mejor! – Tras el grito entre la gente, se ve un vaso de God—god Sexy Water sabor sandia con kiwi impactándose directo contra el rostro del nuevo y reformado Acnologia, despertando al monstruo que lleva dentro.
— Ahora si ya valieron.— La furia del rey está a punto de comenzar un nuevo apocalipsis, las bóvedas del infierno se abrirán y los cuatro jinetes del apocalipsis vendrán a segar las almas de los que osaron ofender al mismísimo rey de los dragones.
Cuando el caos está por comenzar, el sonido de las llantas del camión de comida hace alejar a las personas cercando haciendo una abertura para poder escapar. El que esta al volante es God Serena tratando de salvar su vehículo, que a toda velocidad se aleja del lugar, mientras Acnologia pelea contra algunos que se quedaron colgando del camión con antorcha en mano.
— ¿Qué haces, voy a acabar con ellos?— Le grita al deshacerse del último y se acerca a los asientos delanteros.
— No voy a permitir que destruyas el camión, puedes saltar y regresar a darles su merecido.— Serena maneja a toda velocidad mientras esquiva los vehículos que van a menor velocidad.
— No, tienen que recordar el lugar donde marcaron su final.— Acno jala a un lado el volante haciendo que se mueva descontroladamente y tras atravesar una valla, se meten al parque central destruyendo bancas y arboles en su camino. Diferentes objetos del camión caen tras dejar la puerta trasera abierta y para complementar el escenario, el libro que había dejado en la parrilla comienza a incendiar el interior dejando un rastro de artículos en llamas sobre el pasto.
Ahora incluso Acnologia se ve preocupado por su vida al perder el control del vehículo y junto a Serena presionando el freno inútilmente ya que trata de impedir que se vallan directo a un lago lleno de patitos. Pero era imposible, el mismo recipiente que enfermo a la gente, estaba atravesado en el pedal que hubiera impedido que tras saltar un pequeño montículo de tierra, hiciera que salieran despedidos directo al agua.
Poco a poco el God—o—Movil comienza a hundirse y no hay rastros de los pasajeros ya que están ocupados dándose puñetazos bajo el agua, pero naturalmente la falta de oxigeno los obligo a salir.
Mientras se dirigen a la orilla del rio hay varios curiosos acercándose a ver el accidente y a la lejanía se escuchan sirenas en camino. Al llegar a tierra ambos se tiran boca arriba en el pasto, escurriendo y jadeando. Pero de pronto comienzan a reír los dos, naturalmente su risa siempre es algo perturbadora.
— Me debes un camión Acnologia.—
— Mañana mismo vendré y lo sacare del agua.—
Ambos se sientan y ven como salen burbujas del agua pero ya es casi imperceptible porque la noche ha llegado y el alumbrado del parque no es suficiente.
— Hace mucho que no me divertía tanto.— Le dice Serena.
El cara tatuada solo ríe un poco más.
— Pero esto no lo olvidare.— A pesar de ser un bufón, God Serena a veces puede ser aterrador al lanzar una mirada destellante, iluminada por la cólera que lo invade.
— Esta bien G—Man, de seguro el hombre que lo arreglo podrá hacerlo de nuevo.— Este le da una palmada y tras esto ambos se alejan caminando.
— Y dime, ¿en serio ese libro te hizo reflexionar sobre la violencia?— A God le llamo la atención el cambio de humor tan repentino solo con leer un libro.
— Naaaa, en realidad solo me dolía el trasero de estar sentado todo el día, no tenía ganas de discutir con la gente.—
— ¿Y qué te pareció?—
— Me dieron ganas de vomitar con tanto romance. Necesito algo de violencia pero lo único que conseguí hoy fue pisar un inocente patito en el lago.—
— En realidad fue un pedazo de mierda, espero que te limpies los pies antes de entrar a la casa.—
— Me alegra saber eso, me gustan los patitos.— Así, tras esta declaración tan extraña de Acnologia, ambos regresan a su departamento.
En el trayecto se han detenido a comprar algo de cenar y platican sobre lo violenta que es la gente últimamente. Es la segunda vez en una semana que se forma una trifulca por su culpa, aunque ellos no creen que sus acciones sean las causantes.
Por fin han llegado y Acnologia es el primero que se apresura en entrar, a pesar de que no se limpió los pies como se le ordenó. God Serena esta por seguirlo pero se detiene al escuchar una voz detrás de él.
— Disculpa, me podrías ayudar con una dirección.—
El se gira al escuchar una angelical voz, es una chica alta, de figura atlética, de jeans ajustados y una blusa de tirantes, y como es común en estas historias, tiene un corte de cabello lindo, corto, que resalta sus facciones, pero de un color verde muy peculiar.
God "catatónico" Serena se queda inmóvil observándola sin poder gesticular palabras, viendo como si esta bella mujer fuera iluminada por los mismísimos destellos celestiales, o eso cree el, en realidad solo está frente a ella babeando y tratando de gesticular alguna palabra. Ella solo lo mira raro y vuelve a intentar obtener algo de información.
— Me llamo Brandish y soy nueva en esta ciudad, solo necesito saber cómo llegar a este lugar.— Ella le señala un mapa que tiene en la mano pero no logra obtener una respuesta coherente.
En la cegada mente de Serena cree que está teniendo una conversación con ella, pero a los ojos de cualquier espectador solo está haciendo el ridículo.
— Ok.— Ella no hace más que mirarlo raro. — Gracias de todos modos.— Ella se aleja rápidamente y se pierde en el pasillo de los departamentos. Tras esto el pobre Serena logra salir de su trance y trata de recapitular que pasó.
— ¿Pasa algo?, sonaba como si alguien metiera un perro y un gato en tu boca y tratara de dar un discurso motivacional.—
—Acnologia, no lo vas a creer, pero acabo de conocer a la que será la madre de mis hijos.— El rostro de God Serena está iluminado y no es por el foco en el techo, acaba de ser flechado. – Se llama Brandish.—
Y así, el buen Serena siente como si entrara a la casa cargado por querubines sonrientes, que tocan el arpa y cantan rebosantes de alegría, aunque en realidad es Acnologia que lo está jalando de los pies y le cuenta sus planes para la cena, ya que este se ha desmayado en la puerta.
