Hola chicos :D Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen y esta pequeña historia surgió de mi imaginación y espero les guste y la disfruten tanto como yo disfrute escribiéndola, bueno comencemos…
Una novia falsamente verdadera
Capítulo 3
El día ha amanecido frío, nublado y gris, pero seguía siendo un maravilloso domingo. He planeado todo perfectamente para darle a Sakura la mejor cita de su vida y seguir con mi plan de mostrarme ante ella, no como el amigo de su hermano, sino como un hombre que está loco por ella.
Seguramente, ella debe pensar que me he metido completamente en mi papel, pero realmente estoy haciendo las cosas que siempre quise hacer con ella. Intercambiar mensajes para saber de su día, contarnos chistes malos… ¡Incluso discutimos acerca de la nueva historia de Yanagizawa! Que, por cierto, es bastante caliente y llena de acción.
—Lo que daría por poder cumplir alguna de esas cosas… Maldito Okami suertudo —susurro sin detenerme.
Mi plan no está basado solamente en dejar de ser invisible ante ella, en realidad quiero que ella me conozca y vea al Shaoran real que no ha podido ver estos años por enmascararme bajo una cortina de familiaridad. Por eso no pierdo oportunidad para mandarle mensajes demostrándole cuan especial es para mí… Y llegué a pensar que no estaba logrando mucho, hasta anoche.
Después de haberle enviado un mensaje de buenas noches, ella me respondió con un "Estoy ansiosa por verte" y obviamente me sentí feliz.
—Y eso que no sabes lo que tengo preparado para ti —digo riendo y sigo caminando por el parque hasta que la veo.
Es realmente un acontecimiento que Sakura Kinomoto llegue a tiempo a algo y eso demuestra que realmente está emocionada por esto. Punto para mí por no haber sucumbido a sus ruegos para decirle de que trata la cita.
«Si quieres lograr algo con una mujer, mátala del suspenso» pienso riendo y me acerco con cuidado hasta ella.
—Esto sí que es extraño de ver —digo detrás de ella, haciéndola brincar—. Siempre llegas tarde a todos lados y hoy llegaste primero.
—Casi me matas del susto —dice colocando su mano en el pecho, aun así, no disimulo mi sonrisa traviesa—. Y eso no es cierto, en mi trabajo soy muy puntual —dice fingiendo estar ofendida, pero luego saca su lengua infantilmente y río—. ¿Y bien? ¿A dónde iremos hoy para nuestro curso intensivo?
—Quería invitarte a tu primera cita romántica. —Le guiño un ojo y rápidamente se sonroja—. Un picnic en el parque, el cine y la tan ansiada copa de helado… pero estamos en febrero y el frío no nos dejará hacer el picnic.
Sonrío ampliamente cuando veo la sorpresa reflejada en su cara. Recuerdo claramente el día que la escuché hablar de eso con su amiga. Estaba emocionada por su primera cita y yo malditamente celoso al escucharla hablar. Aquel día decidí quedarme a dormir en casa de Touya, solo para saber cómo le había ido en su maravillosa y romántica cita, pero luego me arrepentí cuando la vi llegar con el ceño fruncido y reteniendo las lágrimas. Ella no quiso hablar con nadie, ni siquiera con Touya y eso lo enfureció más, pero logré calmarlo y, como un par de viejas chismosas, espiamos a Sakura mientras hablaba con Daidoji. Al parecer, el sujeto no había cumplido sus altas expectativas y para colocarle la cereza al pastel, trató de propasarse con ella, ganándose un golpe en la nariz por parte de ella. En ese momento me sentí completamente orgulloso porque mis clases de defensa personal habían sido de utilidad. Niego con la cabeza al volver al presente y paso mi mano por su cintura haciéndola brincar.
—No eras muy discreta cuando hablabas con Daidoji —le digo y vuelve a sonrojarse.
—Entonces… —dice, tratando de aclarar su garganta y vuelvo a sonreír.
«No he parado de sonreír desde que esto comenzó» pienso alegre.
—Cocinaré para ti en mi casa, aprovecharemos para realizar nuestro curso y después podemos ir al cine y comer tu ansiada copa de helado.
—¡¿Sabes cocinar?!
—¿Ves? Aun no te he mostrado varias cosas de mí —le digo.
—¿Y qué sabes cocinar?
—Prácticamente de todo, pero los postres no se me dan bien… —rasco mi nuca un poco avergonzado, porque ella es una experta en esa área, y me daría pena darle de comer un dulce hecho por mí… eso podría matarla.
—Bueno, yo soy muy buena con los postres, pero todo lo demás se me da mal.
—Entonces podemos intercambiar lecciones uno de estos días. —Le guiño un ojo y nuevamente se sonroja.
«Estamos sensibles hoy» pienso y procedo a realizar la primera prueba.
Tomo su mano con suavidad y entrelazo nuestros dedos. Ella no se aleja, ni me rechaza, pero comienza a temblar como una hoja. No me preocupa, más bien, me siento satisfecho porque todo esto lo estoy causando yo.
La jalo con delicadeza y caminamos por las calles de Tomoeda, con nuestras manos entrelazadas como lo hace cualquier pareja. Sakura está completamente sonrojada, pero ha dejado de temblar y hasta tiene una diminuta y linda sonrisa en sus labios que me enternece. No puedo saber con claridad que piensa, pero por lo menos no se le hace desagradable caminar así conmigo.
Entramos al supermercado y comenzamos a buscar los ingredientes que necesitaremos para cocinar, pero al notar como varias mujeres se nos quedan mirando, mi cuerpo se tensa ¿No me pueden dar un respiro?
Escucho a Sakura resoplar a mi lado y pienso en poner en práctica de nuevo el truco que usamos para alejar a Nakamura… Es un buen truco, funciona y me permite estar cerca de ella.
—Lo siento… —digo en tono bajo y ella me mira confundida.
—¿Por qué te disculpas?
—Voy a tener que usar el mismo truco que usamos en mi oficina, por eso me disculpo. —Paso mi mano por su espalda y la atraigo hacia mí—. Esas mujeres de verdad me asustan.
Ella se carcajea maravillosamente y eso me fascina. Sakura tiene una risa melodiosa que endulza a cualquiera. No es estruendosa, ni chillona… es simplemente perfecta.
Al dejar de reírse, se acerca a mí y, colocándose de puntillas, deja un beso suave en la comisura de mis labios, dejándome con ganas de más.
—Creo que si estuvieras solo te secuestrarían para violarte. En especial la señora que está cerca de los vegetales.
—Mejor acabemos esto rápido porque en verdad siento que tiene vista de rayos X.
La jalo de la mano y al terminar de elegir todo lo necesario, pagamos en la caja y salimos del supermercado. La guío por las calles hasta que llegamos a mi edificio. Sakura ha estado aquí millones de veces, pero por primera vez estaremos solos… y ruego a Dios que me permita mantener el control y no termine con ella… en mi cama.
Cuando llegamos a mi piso, bajamos del ascensor y al abrir la puerta del apartamento, la dejo pasar primero. Obviamente, había limpiado y ordenado lo poco que estaba fuera de su lugar, porque siempre me he caracterizado por ser un hombre ordenado… a diferencia de ella que es como un torbellino adorable.
—Bien, voy a comenzar con esto —le digo, señalando las bolsas—. Puedes explorar lo que quieras, pero no revises la segunda gaveta de la izquierda de mi closet, allí está mi ropa interior.
—Prefiero observarte cocinar —dice, sentándose en el desayunador—. Y mientras lo haces, podemos empezar con nuestro "intensivo".
—Bien, esto será interesante.
Saco los vegetales de la bolsa y los lavo mientras le explico las reglas. Se trata de una sesión de veinticinco preguntas personales para ver cuánto sabemos de cada uno y, como yo propuse la dinámica, empezare con las preguntas.
—¿Lista, preciosa?
—Dispara —dice emocionada.
—Primera pregunta ¿Cuándo es mi cumpleaños?
Pregunta fácil y es obvio que la contestara bien.
—13 de julio.
—Siguiente ¿Cuál es mi color favorito?
Otra pregunta sencilla y la respuesta demasiado obvia.
—El verde.
—Bien, vas muy bien —le digo sonriendo con confianza—. ¿Cuál es la comida que no me gusta?
Esta vez duda un poco más y tarda en responder. Siento un poco de decepción porque son cosas que cualquier amigo de años sabría del otro.
—¿La comida picante?
—Suertuda —le digo, entrecerrando mis ojos, pero en realidad me siento aliviado—. ¿Mi comida favorita?
—¿Cuenta el chocolate?
—No —digo riendo y ella se une a mí.
Tengo un grave, grave problema con el chocolate. Soy un adicto y lo reconozco, pero no me importa. Hago bastante ejercicio para poder darme el placer de comer chocolate todos los días y no engordar.
Ella se nota pensativa y disimuladamente, aprieto mis puños. Solo íbamos por la pregunta cuatro y ella duda mucho. Eso demuestra cuán poco interés ha puesto en mí durante todos estos años.
—Las croquetas —dice de repente y estoy realmente sorprendido—. Lo sé porque siempre las dejas de último. Al principio pensé que no te gustaban porque las apartabas y comías primero todo lo demás, pero luego me di cuenta que disfrutas mucho comiéndolas, no importa de lo que sean siempre que sean croquetas.
—Esa es mi chica —digo emocionado y ella se sonroja.
«Mierda… podría besarla»
Continuamos con las demás preguntas y sorprendentemente, Sakura solo falla en cinco preguntas, lo cual no está nada mal. En verdad, estoy impresionado.
—Bien, Li. Veamos cuánto sabes de mí —dice tronando sus dedos—. Mi cumpleaños.
—1 de abril.
—Mi color favorito —dice sonriendo con malicia, quizás pensando que no le atinare.
«Pero te tengo una sorpresa, cariño. Tú has sido el centro de mi atención por los últimos años»
—Te gusta el ce-les-te. —Me mira como si estuviera loco y sonrío—. Te he observado más de lo que crees.
Sonrojada a más no poder, aclara su garganta y prosigue.
—La comida que más odio.
—La comida picante —digo seguro y es algo que me enorgullece, porque en eso somos parecidos.
—¿Y la que más me gusta?
—La pizza, específicamente la primavera —digo y le señalo la pizza que estoy preparando ahora.
Continuamos hasta que ya solo falta la pregunta número veinticinco… Y obviamente no he fallado ni una.
—Bien, última pregunta —dice y yo le sonrió—. ¿Cuál es mi número de teléfono?
Mi sonrisa se amplia y recito su número de memoria. Ella está sorprendida y yo orgulloso porque no he fallado ninguna de las preguntas. Conozco perfectamente a mi chica y eso la tiene anonadada.
—¿Cómo lo hiciste?
¡Oh! Bueno, eso es muy vergonzoso de explicar así que huyo por la derecha y le echo la culpa a Touya. En realidad, Sakura no ha cambiado su número desde los dieciocho años, cuando le regalaron su primer celular y como un idiota enamorado memorice su número desde entonces. Supuestamente había sido solo por si acaso lo perdía, pero hoy en día sé que lo hice porque me dio la gana de hacerlo y porque era el número de la chica que me gustaba.
—¿Y ahora?
—En esta ocasión, vamos a decir lo que hemos observado del otro y debemos responder acorde a eso. —Al ver su confusión, decido comenzar para enseñarle—. Cuando estas apenada, sueles jugar con tus manos y yo…
—Cuando está apenado, sueles rascar tu nuca.
Eso es sencillo, pero me hace sentir bien que lo haya notado.
—La única forma de ver tu ceño fruncido es cuando estas frustrada con algo —digo, colocando mi dedo lleno de harina entre sus cejas.
—Y tu cuando estas frustrado, alborotas aún más tu cabello —dice muy segura de sí misma.
—Bien. —No puedo evitar sonreír porque esto me está revelando que no he sido tan invisible para Sakura como creía—. Eres muy despistada, pero cuando se trata de tus alumnos te enfocas y eres muy detallista.
Ella duda un poco y es entendible, porque ella jamás me ha visto en mi entorno de trabajo.
—Cuando dibujas tus planos… te concentras tanto que ignoras todo a tu alrededor… —dice jugando con sus manos y me sorprende.
Estoy impactado, realmente Sakura me ha notado y lo demuestra cuando nuestra actividad continua, mientras termino con las pizzas.
Todos estos años pensé que para ella, Li Shaoran era el amigo de Touya, pero es increíble lo mucho que me conoce. Quizás no sabía todo de mí, pero si lo suficiente para hacerme ver que realmente no le soy indiferente, y si eso no era así entonces que alguien me explique que significa que hasta sepa cuál de mis orejas suelo rascarme cuando estoy nervioso.
—Creo que tenías razón, nos conocemos bastante bien —digo, sacando las pizzas del horno—. Lo único que nos falta es ganar un poco de confianza para que no estés nerviosa cuando este cerca de ti.
Ella se sonroja y yo le doy una sonrisa ladeada, obviamente su sonrojo se intensifica por diez.
Decido dejarla tranquila de momento, mientras acomodo la mesa. La invito a sentarse conmigo y le sirvo vino para brindar por nuestro noviazgo falso… de momento.
—¿Qué tal la pizza?
Muerde el primer bocado, pero no emite veredicto. Me tengo bastante confianza, pero es la primera vez que ella prueba mi comida y no puedo evitar sentirme un poco nervioso, lo que me lleva a rascar el lóbulo de mi oreja derecha… Maldita maña.
Ella me mira y parece pensar las palabras para decirme lo que piensa…
«Mierda, no le gusto»
—Es la primera vez que pruebo algo así de bueno —dice, metiéndose otro pedazo a la boca, y suelto el aire que retuve sin darme cuenta—. ¿Considerarías hacerme pizzas por encargo de ahora en adelante? Prefiero pagarte a ti que a la pizzería que queda cerca de mi casa.
Sonrío por su ocurrencia y niego con mi cabeza.
—Solo haré pizzas para ti cuando sean momentos especiales.
—¡Eres malvado, Shaoran! Soy tu novia y debes consentirme.
¡Diablos! Aunque todo esto es una mentira, eso se escuchó malditamente genial.
—La próxima vez, me toca a mí probar tus postres —digo mordiendo mi pedazo de pizza.
«Me han quedado mejores» pienso y vuelvo a morder.
—Ya has comido de ellos, los pasteles de cumpleaños de Touya los hago yo —dice confundida.
—Pero no has hecho uno especialmente para mí…
Apoyo la mejilla en mi mano y me dedico a mirarla. Sí me preguntaban hace una semana si iba a estar aquí, en mi casa, compartiendo una cena a solas con Sakura, me hubiera reído a carcajadas, pero aquí estamos… juntos.
Sakura parece sentirse intimidada por mí y desvía su mirada. Al levantarse de su silla, mis ojos la siguen mientras se mueve por la sala hasta las fotografías que tengo. Solo tengo fotos de las personas importantes para mí, mi familia, mis amigos… y obviamente ella. La veo detenerse y me levanto para ver lo que ella está mirando. Sonrío al notar que se trata justamente de las dos fotografías donde ella aparece.
—Esta fue en nuestra graduación de la preparatoria —digo y ella da un pequeño brinco—. Y esta otra es de mi graduación en la universidad.
La veo sacar una cadena que cuida muy celosamente y no deja que nadie vea. Muchas veces le he preguntado a Touya qué es lo que cuelga del cuello de Sakura y que ella cuida tanto, pero el muy maldito solo ríe y me dice que es algo muy valioso para ella y que solo sabré de eso cuando ella me lo quiera enseñar.
No puedo evitar estirar un poco mi cuello para saciar mi curiosidad y… lo que veo, me deja boquiabierto.
—Aun lo tienes —digo casi en un susurro.
Ella se gira hacia mí y ahora es más visible aquello que cuelga de la cadena. Se trata de mi viejo segundo botón de la preparatoria. A pesar de ocultarlo nuevamente dentro de su ropa, no puede disimular el hecho de que lo ha guardado todos estos años.
Mierda. No solo se trata de haberlo guardado, Sakura lo cuida celosamente como si fuera un valioso tesoro para ella y… realmente eso me conmueve.
—Dijiste que era para la buena suerte. —dice, temblando como una hoja, mientras me acerco más a ella—. Tenías razón, aunque en cosas del corazón no me ha servido mucho que digamos…
—Puede que comience a ayudarte a partir de ahora. Tenía un motivo oculto cuando te lo di. —Le guiño un ojo y termino encerrándola entre mi cuerpo y la repisa.
El día que le di el botón, lo hice con toda la intensión de mostrarle que me gustaba, pero ella no comprendió la indirecta y yo tampoco se lo aclaré. Pero al verlo colgado de su cuello, me hace ver que yo soy muy importante para ella y no pienso dejar que las cosas se oscurezcan entre nosotros, no más cosas a medias. El hecho de que Sakura no me haya visto como hombre todos estos años no solo fue su culpa, yo también soy culpable.
—Ahm… de…deberíamos… tu sabes… el cine… el helado.
Su falta de elocuencia me apasiona y… ¡Diablos! Ya se me quitaron las ganas de salir… además, hace mucho frío y el frío es malo ¿Cierto? Podríamos buscar otras formas para conseguir calor… y la que estoy pensando es muy buena y placentera.
—Tienes razón, si no salimos ahora nos perderemos la película —digo, en un momento de lucidez, pero mi cuerpo no se mueve.
—Si… la película… perderemos y el helado…
—Salgamos ahora porque si no, no te dejare salir de aquí en unos cuantos días —Mi voz se ha enronquecido por completo y las ganas que tengo de llevarla hasta mi habitación están que se desbordan.
Tomo su mano y, en contra de mi voluntad, salimos de mi apartamento, porque en estos momentos realmente no estoy pensando con mi cabeza… o por lo menos no con la pensante.
El sonrojo de sus mejillas es adorable e intenso y ahora que estamos en el ascensor solo pienso en acorralarla contra la pared y saborearla entera. Todavía no entiendo cómo rayos se me ocurrió llevarla al cine. Es una simple ecuación matemática, cuyo resultado se resume en yo saltándole encima apenas apaguen las malditas luces para devorarla. Lo mejor es comer el condenado helado primero y doparme de chocolate para calmar mis ganas… después veremos si estoy apto para el cine. Maldito Okami suertudo, él sí puede tener sexo en el cine con Midori y yo no.
Bueno chicos, tercer capítulo listo… Muchas gracias por todos esos maravillosos comentarios. Espero estén disfrutando mucho al leer esta historia y dejen nuevos comentarios… saben que eso es lo que me sigue inspirando.
Hasta mañana xD
