Disclaimer: ©Shingeki no Kyojin/進撃の巨人, sus personajes y trama son propiedad de su autor, Hajime Isayama. Yo tan solo realizo este FanFic por diversión, sin ánimos de lucro.
Advertencia: Uso descarado del OoC| Ereri |Universo Alterno (AU) | Tree-shot | Violencia.
Criminal
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.2.
Mierda.
Para Levi, ese día, sería "el día de mierda" en que su vida se volvería nada más que eso: Mierda.
Él debió haberlo vaticinado, de la misma manera que cuando su cuerpo pescaba alguna enfermedad pasajera: Por la cadena de síntomas previos. Pero igual a como cuando esto sucedía, fue muy tarde para cuando se dio cuenta de ello. Estaba jodido.
Para cualquiera hubiera sido evidente esa extraña presión acumulándose ante cada evento, indicándole que algo —iría— estaba mal, muy mal. Sí, para cualquiera, pero no para Levi. Porque desde que Levi tenía memoria, la había pasado mal. Y por eso, para él, las cosas que debieron advertirlo del peligro, tan solo fueron otras de las más que llenaban "sus días en el paraíso" que habitaba.
Con una madre prostituta que apenas le dedicaba una mirada, un tío narcotraficante que lo usaba de saco anti estrés, y una hermanita de tan solo dos años con síndrome de Down que dependía de él a más no poder, siempre es difícil notar las nimiedades que presagian desgracias inminentes. Como el peculiar silencio previo a un cataclismo. Nadie lo nota, no hasta que ya todo ha sido arrasado por la vorágine.
Aunque en realidad, para Levi, ese mal había empezado desde meses atrás, la justa madrugada en que Kenny, lo había sacado a arrastras a él y a su hermana del cuarto que compartían, para poder follar sin tener que ensuciar su propia habitación con el aroma y presencia del enclenque muchachito adicto, que se hacía llamar Uri Reiss, y que le debía varios gramos de cocaína; por los cuales se cobró con ese culo blanco que —a palabras del mismo Kenny— parecía de niña virga.
Levi había gritado, aporreando la puerta durante mucho rato, suplicando por al menos unas mantas para Mikasa, quien era susceptible a resfríos que se complicaban con facilidad, y con lo frío de la sala —pues no tenían calefacción— era lo más probable que sucediera. Sin embargo, Kenny no abrió ni para callarlo a punta de golpes por su alboroto. Sencillamente se hizo a oídos sordos, dejándolos allí, temblando como un par de gatos bajo una nevada hasta el amanecer, mientras su boca se deshacía en vulgaridades y risotas crueles que se mezclaban con el gimoteo sollozante del otro chico dentro de la habitación.
Efectivamente Mikasa enfermó. Y Levi tuvo que soportar los manoseos del dependiente de la farmacia del vecindario, para conseguir las medicinas. Pues el dinero que su madre les dejaba, tan solo alcanzaba para comprar la escasa comida que siempre acaba llenando únicamente el estómago de Kenny.
Esto desató dentro de él un supurante malestar, tan espeso como alquitrán, que no era más que resentimiento puro. Y fue tanto, que por eso hizo aquella estupidez, que para él, en su mente se veía como la venganza perfecta, pues, de todos modos Kenny era un maldito tramposo, que siempre sacaba parte de la droga que le dejaban a guardar, para así llenarse los bolsillos y continuar con sus vicios de alcohol, tabaco y apuestas absurdas. Por eso ocultó entre las rendijas de los tabloncillos bajo su cama la mitad de los paquetes del último "producto" que le habían dejado a Kenny. Lo hizo porque sabía que con eso Kenny se metería en problemas, de uno del que no se podría librar, pues sería tan evidente el faltante que no habría excusa válida por ello. Jamás dimensionó que al fin y al cabo, cuando lanzas porquería hacia otro lado, te terminas llenando de esta de la peor manera posible.
A dos meses de esto, entre los golpes, el hambre y su desaliento, Levi se olvidó de ello; por lo que cuando la cuenta regresiva se hizo presente con sus número rojos fatídicos, no pudo ver como las alarmas se encendieron a su alrededor. Esas que se revelaron como un chillido con el incidente que sucedió la noche anterior a "su día de mierda".
Esa noche su madre y Kenny discutieron hasta irse a los golpes, pues este último había perdido en una estúpida pelea de gallos todo el dinero que ella había logrado conseguir para pagar la renta atrasada del apartamento. Kuchel estaba tan molesta que, al verse en desventaja y después de Kenny hiciera el amago de sacarla de la casa, ella estrelló con furia el teléfono de este, haciéndolo añicos, dejándolo inservible sin remido. Ni Kuchel, ni Levi que desde su habitación había presenciado todo, entendieron porque Kenny no hizo ni dijo nada por su móvil roto, sino que simplemente salió a volandas, dando de portazos, con un rostro contrariado que rayaba en la desesperación.
Ese incidente dio inicio al fin. Porque si Kuchel no hubiera roto el teléfono de Kenny, este hubiera recibido la llamada que estaba esperando, y si Levi no hubiera escondido aquella droga por despecho, la miseria de los acontecimientos posteriores no hubiera sido tan abominable.
A la mañana siguiente, Kenny apareció, siendo flanqueado por dos hombres que parecían mastodontes y seguían los pasos de otro con ojos de muerto. Levi los vio pasar cuando bajaba por las escaleras, pues su madre le había enviado a que fuera por el casero para "arreglar" el pago de la renta. Ciertamente no reconoció a los tipos, pero un extraño escalofrío subió por su columna ante su presencia.
Y el pitido de las alarmas dejó de ser un chillido, para convertirse en un sonido claro, preciso, pero que Levi obvio bajo el efecto de aún seguir asqueado por la orden que le había dado su madre.
Para cuando volvió a su piso, los hombres todavía estaban en su departamento, lo sabía pues podía escuchar sus voces tras la puerta. No queriendo lidiar con nadie más, ya que había tenido demasiado con las insinuaciones enfermas del casero de hacer un trío con su madre, decidió que era mejor quedarse afuera, esperando a que estos salieran, mientras hacía uso de ese mal hábito que le había aprendido a Kenny. Fumar.
El efecto liberador que le brindada el cigarrillo estaba saturándole tanto los pulmones, viajando por su cabeza, que cuando el pitido de las alarmas de peligro se elevaron un par de decibeles más, representado por la presencia de aquel hombre con voz apacible y profunda, para él tan solo fue como un ligero zumbido. Y por eso hizo lo que siempre hacía, aunque nunca le funciona: Pedir favor.
Extrañamente ese hombre se comportó distinto a como lo hacía todo el mundo. No le vio con desdén, ni tampoco dijo nada hiriente. Él fue gentil, e incluso pareció ligeramente preocupado por los golpes en su rostro y le dio un consejo disfrazado; que hicieron que por primera vez en toda su vida, un peculiar calor se extendiera por su cuerpo, arrancándole una sonrisa a sus labios que siempre permanecían fruncidos en una línea recta.
Este evento debió ser el que le hiciera a notar a Levi cuan mal estaban las cosas en su vida. Ya que en la vida de Levi nada bueno ocurría, pues de sucederle, era el más claro presagio de que todo se estaba jodido.
Pero estuvo tan encantando de la reconfortante sensación, que su instinto acabó por apagarse completamente. Tanto, que tan solo un par de horas después de que aquellos hombres se marcharon, en el momento en que Kenny le rompió la nariz de un puñetazo por no haberle dicho que Uri Reiss había llegado en su ausencia al departamento otras veces, la mente de Levi siguió sin poder hacer encajar los engranajes de la cadena que ya estaba terminando de enredarse su cuello cual horca. Una que cuando lo asfixióno fue contundente y rápida, sino que prolongó la tortura durante once largos y dolorosos minutos. Los mismos once minutos en que aquella tarde, el sol tardó en ocultarse en el firmamento tras gruesas nubes cargadas de lluvia, dejándole a una oscuridadgrisácea prematura el control completo del mundo.
Cinco cincuenta y cinco de la tarde, fue la hora exacta en que aquellos once minutos empezaron a correr. Cinco minutos atrás, Levi había empezado a jugar a las escondidas con Mikasa, en una búsqueda de cansarla para que su durmiera más temprano, y no tuviera que ver la escena que haría su madre cuando el casero llegará a saldar cuentas.
Escondido bajo la mesa de la cocina, fue a así como lo alcanzó en su totalidad aquel día de mierda.
El sonido de un estallido contra la cerradura de la puerta, el grito espantando de su madre recorriendo los pasillos, los pasos torpes de Kenny al fondo del departamento y la vocecita de Mikasa contando atropelladamente y a todo pulmón desde su habitación, fueron los sonidos que Levi captó; el sonido que inició una ópera cruel de gritos y sollozos, en la que las risas de los verdugos que la recreaban, era lo que más resaltaba.
Fueron seis los verdugos que entraron a su casa, seis monstros con rostros de hombre que buscaron por todos lados un algo como si fueran perros de caza, y al no encontrarlo arrastraron a su madre, a su hermana y a Kenny hasta la sala, en donde los pusieron de rodillas con una escopeta apuntándole a la cabeza a cada uno.
Levi reconoció a tres de aquellos seis hombres. Eran los que habían llegado en la mañana junto a Kenny. Por Kenny.
Levi odió a Kenny en ese instante. Porque en su mente, él era un hijo de perra que se había cagado en ellos.
Pero aquel pensamiento solo duró eso: Un instante, porque al siguiente, ese odio estuvo dirigido hacia sí mismo, cuando el hombre con ojos de muerto que le había sacado un escalofrío, y que parecía el líder del grupo, abrió la boca.
—Seis en punto, Kenny—dijo aquel hombre con voz cavernosa, golpeando rítmicamente el reloj digital en su muñeca—. ¿Ahora si tienes mi mercancía completa?
"Mercancía" "Completa"
La sangre de Levi se heló. En su cabeza hubo un sordo sonido de click y al fin todo se esclareció.
No. No había sido culpa de Kenny. Era su culpa. Ahora lo entendía. Y el pánico se mezcló con la culpabilidad.
Infinitas lágrimas ardientes bajaron escandalosas por sus mejillas.
—No—empezó con un temblor Kenny, para luego empezar a hablar con desparpajo—. No sé lo que ocurrió, Kruger. Ya te lo dije. Sabes que yo jamás tocó lo que me envías. Seguro se equivocaron, pensaron que era más lo que me habían dejado y…
—Tus mentiras colman mi paciencia, Kenny. Y sabes que la paciencia no es lo mío ¿lo sabes, verdad?—le cortó el otro con dureza.
—Kruger, tienes que…
¡Bum!
El grito de su madre y el sollozo de su hermana se mezclaron con el sonido explosivo que viajó por el aire, matando las palabras, explotando un cráneo que vertió materia cerebral sobre el piso, manchándolo de gris y rojo.
—Ups, se me resbaló—dijo todo despiadado aquel hombre que Kenny había llamado Kruger—. Anda, Kenny, levántate que no era en serio.
Y la sala se llenó de carcajadas.
—¿No te vas a levantar, Kenny?—continúo Kruger, dándole una patadita al cuerpo inmóvil de su tío—. ¿Ves como eres desobediente? Por eso no te creí. Joder, que pérdida de tiempo.
Los otros hombres volvieron a reír, divertidos de la crueldad que acaba de cometer su jefe, mientras las mujeres bajo sus manos, temblaban y sollozaban sin parar. Tal cual, desde su lugar, Levi lo hacía, sabiendo que ellos compartirían el mismo destino que Kenny había tenido. Porque ese el destino para todas las personas con vidas de mierda como ellos, personas que además de tener una vida de mierda, toman decisiones bajo malos sentimientos como lo habían hecho ellos.
No había escapatoria a ello. Y lo confirmó con lo que escuchó un minuto después.
—¿Y que hacemos con ellas, Kruger? —preguntó uno de los hombres.
—No lo sé—dijo encogiéndose de hombros aquel demonio—. Lo que ustedes quieran. Yo me largo—terminó por decir dando unos pasos, alejándose del circulo en que habían ejecutado a Kenny—. Pero ya saben…Sin testigos.
Sí, se dijo Levi. Estaban fritos.
N/A: ¡Hola! En primer lugar, mil disculpas por haber prometido una fecha y no cumplirles. Lo que sucedió es que tuve unos contratiempos de salud, que aún tengo encima, pero que estoy sorteando un poco para traerles esta continuación. Lamento haberles fallado.
Aclarado esto, quiero agradecerles infinitamente el apoyo que me han brindado. No saben lo feliz que me hacen. Estoy muy emocionada por ello. No esperaba tal aceptación. Me hacen la niña rata más feliz del mundo.
Espero este capítulo les haya gustado tanto como el primero. Si es así, por favor déjenme un review que me lo haga saber. No saben cuanto me ayuda sus palabritas.
Nos leemos en el próximo capítulo.
PD: Aclaro. Este Fic no tiene marcación de tragedia. Solo aclaro.
