Disclaimer: ©Shingeki no Kyojin/進撃の巨人, sus personajes y trama son propiedad de su autor, Hajime Isayama. Yo tan solo realizo este FanFic por diversión, sin ánimos de lucro.
Advertencia: Uso descarado del OoC| Ereri |Universo Alterno (AU) | Violencia.
Criminal
—
.4.
Al carajo.
Eren sabe que quizás todo se esté yendo al carajo mientras sus ojos permanecen fijos en la figura del niño de sus tribulaciones a sus pies, tan húmedo de sangre y agua, tanto como el cuerpo inmóvil que sostiene entre sus pálidos brazos con la clara intención de crear un escudo con su cuerpo a pesar de que eso es algo tonto. Porque aquella criatura más pequeña ya está muerta.
"Muerta, igual como él pronto lo estará."
Una vocecilla maliciosa de su interior desliza aquella verdad y algo vuelve a pinchar en su corazón. Un dolor viejo con sabor a amarga culpabilidad.
Si, acepta. Él está muriendo ante sus ojos, despacio y silente. Igual que todas las escazas personas por las que él ha llegado a sentir algo. Que le han hecho desear más. "Pero es lo mejor" Le repite su lógica "Así no lo lastimarás tú".
Eren hubiera atendido esas palabras, de verdad lo hubiera hecho, pero entonces le escuchó. A penas un farfullo distante que lo extirpa de sus cavilaciones como si hubiera si de un trueno se tratase. La voz moribunda y poderosa (sobre él) del niño.
«Gracias»
¿Qué? ¿Él acaba de agradecerle? Tiene que ser broma.
Eren parpadea tres veces de manera lenta, meneando la cabeza para terminar de despabilarse mientras una extraña mueca curva sus labios. Espesa contradicción.
Realmente aquello no puede ponerse más patético ¿verdad?, se dice, sin embargo, se deja caer de rodillas al lado del chiquillo y sin mediar palabras posa su mano en la curvatura del cuello en donde el ritmo cardíaco empieza a decaer. Sus miradas se conectan intensamente durante escasos segundos y luego, en un parpadeo el niño queda laxo, desmadejado y Eren le separa del otro cuerpo con cuidado.
Eren es un limpiador, alguien que arrebata vidas, acostumbrado a ser maldecido, temido y odiado, ahora, aquel niño le ha prodigado todo lo contrario en menos de un parpadeo; y por ello, Eren también hará lo opuesto a su rutina. Le salvará la vida.
Ilógicamente patético.
(...)
A Levi, una vez hace algún tiempo, exactamente unos días después de que su padre los abandonara sin explicación alguna, con diminutas maletas pegaditas a la madera del banco en el solitario parque en que estaban, con el sol crepuscular bañándoles los cabellos, su madre con la voz compungida le había dicho que cuando se muere lo primero que llega es la oscuridad y luego un frío tan sofocante que termina por acabar contigo.
«El frío del despojo»
Ella le murmuró eso, porque así era como se sentía en ese momento, terminó confesándole. Levi solo tenía seis años, y no podía entender muchas cosas, pero el tono en la voz de su madre le hizo sentir que aquello era algo malo. Que morir era algo malo.
Luego descubriría que aquello no era tan cierto, solo que, lo que sucedía es que en ese entonces Levi no sabía que se podía morir de diferentes maneras, y que años después acabaría deseando la física, tratando de escapar de la emocional (como su madre lo había intentado sin lograrlo) que abrió sus fauces ante él amenazando con arrastrarlo a su interior sin misericordia.
Ahora; sin embargo, está oscuro y tiene frío, pero hay suavidad bajo su espalda, dolor en su estómago y el retumbo de los latidos de su corazón estallando cada segundo en sus tímpanos.
No está muerto.
Un nudo se forma en su garganta y en sus pestañas se quedan unas lágrimas que él no permite liberar. De todos modos, de nadan sirven ya.
Vive. Alguien lo ha arrebatado de la muerte. De su deseo. Y la asimilación de la realidad le hace sentirse realmente patético. Porque ni siquiera eso pudo alcanzar, aunque dejó todo sí por ello.
Los recuerdos vuelven a él como un torbellino que cierran más el nudo en su garganta y él se sigue repitiendo que no importa. Que lo hecho, hecho está.
Intenta incorporarse y el dolor sordo —de la herida que él sabe está allí— en su estómago se vuelve tan grande que un quejido lastimero brota de sus labios sin que él pueda detenerle. Una mano emerge de la oscuridad y se posa en su hombro derecho incitándolo a que se recueste; y Levi confirma sus sospechas al escuchar aquella voz.
—Quieto—dice la voz, toda calma. Levi la reconoce, algo se agria en su paladar y sacude de un manotazo el contacto, tan brusco que acaba otra vez acostado, rebotando, provocando más dolor en su herida.
¡Así que ha sido él! Él lo salvó. Por su culpa aún vive.
—¿Por qué?—le pregunta, pero ese par de palabras encierran mil preguntas.
—No te le merecías—le responde, y Levi en verdad quisiera reírse por esa respuesta que le parece ridícula aplicada así mismo, pero la risa está muerta para Levi desde hace mucho, así que simplemente masculla un «Pero era lo que quería».
—No siempre se tiene lo que se quiere—acaba por decirle el otro.
«Ya lo sabré yo» Quiere replicarle, pero no lo hace, tan solo se permite un respiro hondo antes de que un pensamiento repentino y estremecedor vuele como un pájaro Vestahasta él.
¡Mikasa!
Como ha podido olvidarla, se regaña duramente. Su Mikasa. Ella estaba con él, si él está vivo, ella también ¿verdad? Por un instante deja de sentirse agraviado por aquel hombre. Por un instante siente que le debe todo.
La esperanza enzarzando velozmente en su corazón.
—¡Mikasa!—casi un chillido mientras a intentar levantarse nuevamente, pero otra vez la mano grande e incluso tosca le sale al encuentro.
—Quieto—le repite.
—¿Dónde está?—le cuestiona con voz trémula y esta vez no se permite ceder a él, intenta zafarse, lograr incorporarse pero él presiona más fuerte sobre su hombro hacia abajo.
—A tu lado—le responde.
Y Levi se deja llevar mientras estira su mano a su costado. La encuentra. El corazón se le detiene. Todo se derrumba.
Ella está tan fría.
Ella si está muerta.
Levi se traga su llanto. Otra vez.
El silencio se instala entre ellos y solo se rompe cuando el mayor carraspea.
—Mañana—empieza, Levi le ignora porque está más concentrado en permitir que el frío en la piel Mikasa se transfiera a sí en una despedida silenciosa—. Te ayudaré a salir de aquí y te irás. Esos tipos estuvieron rondando un buen rato por los pasillos, creo que sospechan que aún debes estar aquí. Entre más lejos te vayas será mejor para ti.
—No tengo a donde ir—su voz brota amortiguada y algo distante, pero tiene una entonación definitiva, brusca que haría callar a cualquiera, más no a su interlocutor.
—Algún pariente debes tener o al menos ¿un amigo?
—No se me da eso de las amistades. Y con respecto a lo otro, creo que mi padre está vivo, pero ni puta idea donde esté. Así que no, no tengo a nadie—levanta los hombros restando importancia a todo ese asunto, aunque es un gesto que el otro no puede ver.
—No digas malas palabras—le regaña él con suavidad y luego cambia el tono de su voz a uno más áspero—. Bueno, a donde irás ya lo solucionarás tú. Yo ya he hecho mucho por ti, ayudarte a salir de aquí será lo último ¿entiendes?
Levi frunce el ceño. ¿Ese tipo de qué va? Seguro debe estar de coña.
—Tú me salvaste—casi le ladra aquel reclamo.
—Tú me lo pediste—le regresa el otro, sin cambiar un ápice el tono de su voz, y Levi se empieza a exasperar.
—No, yo te pedí que me dejarás entrar, no que me salvarás. Yo si quería morir y tú no me dejaste. Ahora hazte cargo.
—No tengo porque hacerlo.
—¿Entonces para esto me salvaste? ¿Para esto me separaste de mi hermana? ¿Para luego echarme así nada más? Dijiste que esos tipos están buscándome ¡Ellos me van a encontrar y me mataran! ¡Hazte cargo, maldita sea! —sabe que no tiene derecho a exigir; sin embargo, está dispuesto a sujetarse de un chantaje barato para lograr su cometido. Ese que ha empezado a germinar desde que sus dedos alcanzaran la piel de Mikasa: Vengarse. Matar a todos esos desgraciados que habían arrancado todo de sí.
—Te dije que no dijeras malas palabras—y el entrecejo de Levi se frunció más. Menudo tipo aquel—. Siento lo que pasaste—continua él—. Pero yo no puedo hacerme cargo de ti. Además, ni siquiera sé tu nombre y...
—Levi, solo Levi—le cortó antes de que el otro siguiera con su perorata de sacudirse de él.
Levi le escucha soltar un largo suspiro y sabe que ha ganado esa contienda. O al menos así lo siente.
Después sabe que no.
—Mira Levi, has tenido una mala noche y todo eso. Sé que perder a tu familia no es nada fácil pero ya mañana sabrás que hacer. Vuelve a dormir, nadie te molestará hasta el amanecer. Es todo lo que tengo que ofrecer.
Esta vez es Levi quien suelta un suspiro. No quiere dejarse vencer, pero el dolor en su estómago empieza a equipararse al que le atenaza el corazón, y su cuerpo se lo está reclamando. Sus ojos están pesados.
—Odiaba a Kenny—Levi no sabe por qué, pero debe ser que quizás mañana empezaría un nuevo calvario para él, así que esa noche quiere acabar por desahogarse, permitir que el nudo en su garganta se afloje y respirar la última bocanada de aire con deleite agridulce—. Tal vez, si ellos no lo hubieran matado, en unos años lo habría hecho yo—su corazón late despacio, acompasándose a cada segundo—. A mi madre—se muerde los labios—desde hace mucho deje de verla como tal, viviera o muriese me daba igual, pero Mikasa, mi hermanita...—le tiembla la voz, y las lágrimas hacen un camino silencioso en sus mejillas. Lágrimas ocultas por la oscuridad—...ella era la única que me ha querido de verdad. Era mi todo y ellos me la arrebataron—calla, porque no revelará sus deseos oscuros, pues posiblemente, igual que siempre le sucede, no llegará a cumplirlos nunca.
No recibe respuesta y piensa que es mejor así. No le gusta sentirse compadecido. Al cabo de unos minutos cierra los ojos. Un segundo aún es consciente de sí mismo, al otro está dormido.
Esa noche no hay pesadillas, ni sueños tontos. Solo hay nada, oscuridad, un lejano dolor y vacío.
(...)
Eren termina de confirmar que aquel niño es —será— su irremediable perdición y que contra él no puede más que rendirse mientras camina calles abajo cargando el cuerpo inerte envuelto en una sábana blanca de Mikasa, la hermanita de Levi, quien a su lado le sigue el paso en silencio llevando su estuche de "trabajo" en una mano y en la otra apoyado de su cadera, la caja de Lola con ella dentro.
Aún está un poco oscuro, pero pronto amanecerá y la ciudad despertará con ello, pero por ahora solo unos cuantos transeúntes van y vienen, pasando junto a ellos. Estas son personas que en su mayoría tienen obligatoriamente una vida nocturna, tan cansados que no les dirigen una mirada más de un segundo en su camino hacia la parada de buses que los llevará hasta ese lugar que Levi le ha pedido —exigido— ir como parte de la compensación de haberle salvado en contra de su voluntad.
Él es un adulto, más fuerte y con mayor experiencia en la vida, bien sabe que podría sacarse de encima a aquel niño en cualquier momento y acabar con la pantomima que han montado, pero no lo hará, porque en el fondo su mayor deseo es que eso se dé de largas, muy largas.
En su fuero interno sonríe habiendo perdido una batalla en la que desde inicio él había presentado la rendición.
No esperan mucho en la banqueta cuando el autobús se estaciona frente a ellos. Al entrar el conductor les dedica una intensa mirada, pero Eren no ha estado en una vida como la suya durante tanto tiempo, saliendo ileso casi (hasta hace poco tuvo que agregar ese "casi" y el culpable está a su lado, conteniendo la respiración) siempre por nada.
—Sube Levi, que tú, tu hermana y yo debemos apresurarnos para estar en nuestras camas antes de que llegue mamá del hospital y nos descubra en nuestra travesura de noche de pinta con el abuelo. Anda, anda—le anima con una fingida sonrisa tonta a la vez que hace malabares buscando dinero en los bolsillos de su oscuro y pesado abrigo para pagar sus boletos.
Hay dudas en los ojos de Levi un instante y al otro le está sonriendo de igual manera.
—Si papá—responde con dulzura antes de subir a trotes encantadores los escaloncillos e irse hasta los lugares del fondo.
El conductor sonríe ante la escena y menea la cabeza en un gesto de ternura.
El autobús a penas recoge unos cuantos pasajeros durante su trayecto, así que a los asientos traseros nadie llega después de ellos. El amanecer rompe el horizonte y baña sus pieles poco antes de llegar a su destino.
Es un vecindario modesto con una extensa arboleda a su alrededor, y Levi dice que es un bosque, que si acampas en las noches allí es como si estuvieras en otro mundo, todo verde, estrellado y vivo, que por eso no puedes dormir porque es tan fantástico que no quieres perderte nada, nadita, y que también en primavera se llena de flores, muchas flores, tantas que son un manto que hacen perfecto juego con el río que divide el bosque y lo llena de música fluida, que allí es donde están los mejores (y quizás los únicos) recuerdos de su previa infancia, antes de que su padre les abandonará y su madre le llevará a vivir con Kenny. Antes de que todo fuera tan mal.
No hay nadie a la vista más que una vieja apostada en una mecedora en el porche de una de las casas, que les sonríe misteriosa cuando pasan de ella deslizándose calle abajo para alcanzar el límite inferior y adentrarse en la arboleda.
"Es la tía Patche. No voltees que te echa mal de ojo" Dice bajito Levi, con la vista pegadita en el pavimento "¿En serio?" Le sigue la corriente y Levi levanta los hombros como si nada "Es lo que siempre decían" responde sin más "Va. Algo de cierto ha de tener ¿verdad?" Levi sigue siendo un niño, se dice. Es bueno que aún crea cosas así "Creo que sí. Porque solo las brujas viven como mil años" Eren suelta una risita y niega con suavidad "Eso si ya no es creíble" los ojitos grises de Levi están apagados, pero en sus labios hay una sonrisa "Pero es cierto. Todos sabían que ella ya estaba aquí cuando estás casas se construyeron y eso fue en 1800 y tantos" y allí Levi se echa a reír. Es una risa extraña, una que saborea el pasado como tal. Como algo que no volverá jamás y es doloroso porque fue bueno.
No está muy seguro, pero cree que han pasado al menos un par de horas desde que entraron en el bosque. Sus brazos empiezan a entumecerse y sus pies a protestar mientras crean un gracioso chasquido al pisar los cientos de hojas que han tapizado el terreno de aquel lugar. El bosque es espeso y la luz del sol apenas se filtra como un reflejo. Cualquiera podría desorientarse debido a ello; sin embargo, Levi no muestra señales de estarlo, casi como si tuviera un mapa mental, cosa que resulta ser cierto, porque entonces escucha el sonido del río y Levi dice que han llegado a la vez que se deja caer de rodillas frente a un ramilletero árbol; y liberando sus brazos de las cargas empieza a apartar las hojas amarillentas y húmedas por la lluvia de la noche anterior.
Ve el sudor deslizarse por las sienes y el cuello de Levi muchas veces mientras siente el ambiente hacer el paso de las horas, caldeándose y enfriándose, escurriéndose como la luz del sol entre las copas de los árboles. Eren quiere ayudar a Levi en su faena de abrir aquella fosa, pero presiente que si él no abrió la boca desde que comenzó y ni siquiera le ha dedicado una mirada es porqué quiero esto como suyo. Todo lo íntimo de su corazón roto.
Las primeras sombras del anochecer se pegan en sus pestañas cuando Levi coloca a Mikasa dentro de la fosa que ha abierto a mano limpia, y las estrellas pueden verse cada vez que el viento mueve las ramas cuando él termina de cubrirle de tierra oscura enteramente.
—Mikasa adoraba las flores—le oye empezar y él le deja estar—. Cuando el momento llegue, las raíces de las flores tendrán su nido en su piel y ella será una de ellas.
El silencio los envuelve durante un largo minuto, luego Levi se pone de pie, voltea y sus ojos se encuentran con los suyos en ese espacio que se está formando para ellos dos. Su lugar especial, tal cual el de Levi para Mikasa es ese donde están.
—No quiero morir—continua—. Ni está noche ni ninguna otra ya. Si me abandonas, moriré.
A Eren aquellas palabras le agarran con la guardia baja, pero le gusta eso. El chantaje y el descaro de Levi le fascina de una manera curiosa. Cierto es que quiere alejarlo de algún mal venidero, por eso le ha seguido el juego, pero no significa que vaya a quedárselo. Porque a su lado las cosas empeoraran, tanto para Levi como para él.
Estar juntos es imposible. Así de simple.
—Ya te dije que no puedo hacerme cargo de ti. No soy bueno para ti.
—Ya lo sé—dice Levi y en tres zancadas ya está a un palmo de él, con sus ojos traspasándole el alma—. Vi lo que había en tu estuche. Eres un gatillero—y sonríe de manera maliciosa—. No eres bueno para mí, eres lo que necesito.
Eren da dos pasos atrás volviendo a ampliar la distancia entre ellos.
Ese niño es una araña, y ha tejido bien su red.
A Eren le gusta un poquito más por eso, pero su consciencia grita más alto que se aleje de él. Porque ese niño es peligroso en esencia. Criminal.
—No, Levi. No.
—Si. Puedes. Que ese sea el pago por la afrenta que cometiste contra mí.
—¿Por qué eres así conmigo? Yo solo quería ser bueno contigo.
—Por eso lo hago. Aparte de Mikasa eres el único que ha sido lindo conmigo. Por favor, di que sí.
—No—insiste, pero Levi vuelve a cerrar distancias, acorralándolo.
—Bien. Entonces no lo hagas de a gratis, hagamos un trato, aunque lo único que tengo que dar es a mí mismo—parece dudar ante esto último, luego se enciende como un farol estelar—. Pero no te preocupes, puedes usarme a como quieras, soy bastante resistente y no me quejo, te lo puedo asegurar. O bueno, si es que tomo en cuenta lo que me decían todos los otros.
Las cejas de Eren se juntan hasta casi ser una. Aquello no le ha gustado ni un poquito.
—Basta Levi. Eres solo un niño pequeño, te han pasado cosas malas, pero no debes dejar que estas te llenen el corazón. Deja pasar esto, trata de continuar. En unos años verás que fue lo mejor hacer esto así.
—Ya lo perdí todo—lo calla Levi—. No hay "más" después de esto para mí—sigue insistiendo—. Además, no pido mucho, si no quieres hacerte cargo de mí, bien, si no quieres llevar a acabo mi venganza, bien, pero entonces enséñame, hazlo y te desharás de mí, fácil y sin remordimiento.
—No vas a dejarme en paz ¿verdad?—y no es una pregunta en realidad, es más bien una afirmación.
—Nop—le responde el chiquillo, manteniendo su sonrisa, sabiéndose ganador—. Tú decidiste salvarme, ahora asume las consecuencias.
—Que mierda—es todo lo que puede decir. Su destino queda sellado con ella.
—No digas malas palabras—canturrea Levi y la expresión de Eren se suaviza, sus hombros caen en rendición y libera el aire de sus pulmones que no sabía había estado conteniendo.
Definitivamente su vida es una mierda y él está muy jodido. Ahora, todo está dispuesto para que a él se lo lleve el carajo.
Lola croa fuertísimo desde su caja, burlándose de él.
Puta Lola.
Puta vida.
(...)
Kruger ve como Grice tiembla ante su presencia y eso le da cierto placer, pero está demasiado enojado como para regodearse en ello. Desde el otro lado de la puerta le llega el sonido suave del bullicio del departamento policíaco que le indica que aún hay gente trabajando por allí y él tiene que moderar su voz para que ningún entrometido escuche lo que está suscitando en su oficina.
—Un niño, un jodido mocoso que seguramente ni siquiera les llega al ombligo pudo con todos ustedes ¿En serio? —sus manos están hechas puños, tan apretados que sus uñas casi están rompiendo la piel de sus palmas—. Más mediocres no pueden ser.
—Es que era muy escurridizo—trata de justificarse Grice—. Además, su madre...
—Cierra la puta boca. No quiero justificaciones baratas—sisea venenoso causando que Grice se encoja sobre sí mismo y Gross, quien le ha acompañado para enfrentarle, tiemble como una hoja. Kruger quiere meterles un balazo en la cabeza a los dos por su ineptitud, por ponerlo en ese aprieto, pero ya mucho revuelo se ha formado alrededor del asunto. Willy Tybur del FBI, de quien se ha estado cuidando desde hace años, ahora está metido en la investigación. Kruger sabe que él quiere joderlo y esta oportunidad se le está sirviendo en bandeja de plata. Tiene que arreglar este problema cuanto antes. No puede permitir que se le salga de las manos.
Ese niño debe ser eliminado.
—No me importa cuánto les cuestes o lo que tengan que hacer, quiero que encuentren a esa pequeña rata y me lo traigan, yo mismo me encargaré de él. Les doy una semana. Ni un día más. Si me fallan, si eso pasa, sépanlo, antes de caer me las cobraré con ustedes; y les pudo asegurar que la muerte se les antojará como el agua a un sediento en el peor de los desiertos—sus palabras más que una amenaza, son una sentencia oscura y sanguinolenta—. Ahora largo—les termina por escupir, pero el par ni se mosquea, presa del temor que mantiene sus cuerpos agarrotados—. ¡Dije largo! —acaba por explotar y ve como Grice y Gross salen en desbandada, tropezando con sus propios pies. Antes de que la puerta vuelva a cerrarse tras ellos, Kruger alcanza a ver los rostros aturdidos de sus otros compañeros en el departamento. Él los ignora y se gira en el mismo instante en que la puerta hace un débil click, cerrándose completamente.
Respira hondo durante varios segundos, buscando matar la ira que está bullendo en sus venas, volver a su actitud serena e indescifrable que lo caracteriza.
Él es un detective, uno de los agentes antinarcóticos más respetado y admirado de aquella ciudad, quien mantiene el orden y aleja de las calles la porquería que envicia a los buenos ciudadanos, el héroe que el gobierno luce de vez en vez, o esa es la fachada que se ha creado para ganar las influencias necesarias para poder llevar a cabo su verdadera objetivo: Mantener un monopolio de distribución de las más potentes drogas y armas de la red de traficantes del país en el que él es jefe medio, y del cual aspira llegar a ser su líder absoluto.
Kruger adora el sabor dulce del poder que ambos rostros le brindan. Son su droga, y él es un adicto perdido de ello.
Espera que esos imbéciles esta vez hagan bien el trabajo, y que lo hagan en menos tiempo del que les ha dicho, porque entre más tiempo corra, más existe la probabilidad que ese chiquillo hable, y con ello todo lo que tanto le ha costado construir se vaya a la reverenda mierda. Y eso es algo que jamás permitirá que suceda.
La visión nocturna de la ciudad que se revela a través de los cristales de la ventana en su oficina acaban por apagar su caldeo y él se promete que utilizará el método más rápido e indoloro para acabar con el puñetero niño, tan solo para sentir que no se ha convertido en un total mounstro.
Aunque eso, no es más que otra de sus mentiras.
Kruger ríe.
(...)
Levi ve de soslayo al tipo que sereno camina a su lado, guiándolo por entre las calles iluminadas del corazón de la ciudad, repletas de personas que chocan contra ellos de vez en cuando. Van hacia un hotel, un lugar lo suficiente discreto en el que refugiarse, palabras textuales del mayor, y Levi solo puede pensar que lleva casi veinticuatro horas con él, que él le salvó la vida y que por ello ahora están unidos de una manera retorcida e indeleble, además de que seguro lo conoce desnudo —porque la ropa que trae es algo que el otro le puso mientras estaba inconsciente—, pero aún no conoce su nombre.
Se para en seco y dispuesto a acabar con eso.
—Oye—le llama y el otro detiene su andar también, voltea hacia sí.
Se miran. Tres pasos de distancia.
—¿Qué?
—Tu nombre. Dime tu nombre.
—Ah, eso—él parece reparar también en ese detalle hasta ahora y sonríe apenado—. Eren.
—Eren—repite Levi, liberando cada letra con suavidad como acariciándolas—. Lindo nombre—complementa, y ve como Eren pasa da un respingo y sus mejillas se colorean. Levi sonríe, sin saber por qué, complacido.
Eren se gira, evita su mirada, menea la cabeza repetidas veces, agitando esa su castaña cabellera que besa sus sienes, se enreda en una coleta en su cuello y desfallece en su espalda, y empieza a andar dejándolo atrás. Levi da unos trotecitos apurados, lo alcanza, alza la mirada y la sonrisa se vuelve más amplia, dientitos blancos asomándose.
Retomando su camino, ninguno se da cuenta que ese ha sido el preciso instante en que empiezan a enamorarse perdidamente el uno del otro. Aunque eso es algo que solo descubrirán cuando ya sea demasiado tarde, en el preciso momento en que la muerte se pose en sus hombros. Más por ahora se permiten disfrutar de ese lapso mágico sin ser consciente de ello, Eren con el corazón tontamente acelerado, tragando nervioso cada dos segundos, y Levi repitiendo mentalmente el nombre de Eren un millón de veces, soñando despierto de que ese nombre le ha sabido al de un príncipe, pero no al del clásico príncipe con corcel blanco y brillante armadura plateada de los cuentos de niñitas, no, sino a uno que puede transformarse en dragón, batallar cien guerras a piel desnuda y llamaradas, el villano de la historia que libera al peligroso esclavo de guerra de algún reino olvidado (Levi se imagina como ese esclavo que ha logrado llamar la atención del príncipe dragón) y su sonrisa muta a una risilla boba, inconsciente y cortísima. Una que enciende en sus ojos apagados una chispa, una que Eren nota, que lo contagia. Él también sonríe, grande, tranquilo.
Por ese efímero momento incluso de sus vidas de mierdas parecen olvidarse. Las mandan al carajo.
N/A: ¡Hola mis nenas hermosas! Bien, aquí está el final de la historia, que a como les había dicho sería abierto. Creo que lo logré (?)
No tengo más que decir que agradecerles por haberme seguido esta historia, por sus bonitos reviews y el tiempo dedicado. De verdad gracias.
Espero les haya gustado este capítulo. Por fa, decidme en un comentario su opinión. Recuerden que los reviews son gratis y hacen muy, muy felices a las locas Fickers como yo.
Las quiero mucho.
Besos cósmicos.
