Capítulo 3

Presentación oficial

En Chicago

En una mansión perteneciente a la familia Andley, se llevaba a cabo una discusión en el despacho del patriarca de la familia.

- ¡William Andley! ¿Cuándo vas a aceptar tus responsabilidades?

- Por favor tía, ya le he dicho que me llame Albert no me gusta tanta formalidad. Y no cambiaré mi decisión, no me presentaré aún ante toda la familia. Quiero viajar y explorar. Sin embargo, sí estaré en el almuerzo del domingo.

- ¿Qué quieres decir?

- Me refiero, a que estaré un rato con Anthony y Candy, solo ellos sabrán quién soy por ahora.

- ¡Pero muchacho! ¿Cómo piensas hacer eso sin que se enteren todos?

- Ya me ha dicho donde será la reunión, y si no me equivoco cerca de ahí está un lugar que Anthony siempre visita y estoy seguro que querrá mostrárselo a ella. – Respondió el joven rubio con un giño. –

- Entiendo, solo te pediré por favor que tengas cuidado.

La matriarca hablaba firmemente y con ceño fruncido. Sin embargo, su sobrino asintió y le sonrió con indulgencia. Sabía que, a pesar de su frialdad, su tía lo quería mucho. Después de todo, se encargó de cuidarlo desde pequeño.

- Lo haré tía.

- Bien, me retiro hijo.

- Hasta luego tía Elroy.

La tía abuela regresó a Lakewood, y pasó todo el sábado mostrándole a Candy normas de etiqueta y cortesía. Candy estaba nerviosa, pero trataba de complacerla. Repetidas veces fue retada por sus errores, ciertamente la tía abuela no tenía mucha paciencia. Sin embargo, ella también se sentía nerviosa y solo quería que todo saliera bien al día siguiente.

- Suficiente Candy, ya puedes irte.

- Tía abuela, perdón por haberme equivocado tanto.

- No pienses en eso, solo recuerda mis consejos y duerme bien esta noche.

- Sí tía abuela. – Sonrió más tranquila y salió del despacho. –

Llegó el domingo, era un día fresco y lleno de colores. Toda la familia Andley estaba esperando para comenzar el almuerzo familiar, ya la mesa estaba preparada.

- Ella es la adoptada.

- Dicen que no tiene padres ni hermanos.

– Comentaban dos adultos en voz baja al ver a Candy. –

- ¡Qué hermosa! – Exclamaron alegres los tres paladines de la pecosa. –

Para aquel día, Candy tenía puesto un bello vestido azul intenso como los ojos de su Anthony, y su cabello estaba suelto y adornado con una cinta del mismo color.

Eliza y Neil Leagan la observaban con sonrisas burlonas.

- ¿Candy puede recibirnos como una dama?

- Qué interesante.

Todos estaban ya reunidos en la mesa y antes de comenzar a comer, la señora Elroy llamó la atención de todos golpeando suavemente su copa con la cuchara, Candy estaba a su lado.

- Damas y caballeros esta es Candy, adoptada por capricho del tío Williams, salúdalos Candy.

- Sí.

Después de un profundo respiro, sonrió y habló.

- Me alegro de conocerlos, me llamo Candy.

– Hizo una pequeña reverencia, y continuó. –

- Quisiera llegar a ser una buena novia, eso espero.

Los demás miembros de la familia, a excepción de los hermanos Leagan rieron de buena gana ante semejante comentario, mientras la tía abuela llevó la mano a su frente.

- ¿Qué es lo que he oído?

- ¿Es ese un saludo? – Comentaron Eliza y Neil molestos. –

- Quiero decir que me gustaría ser toda una señora y como yo no sé nada, quisiera que ustedes me enseñaran el comportamiento, gracias.

Todos aplaudieron sonrientes, ciertamente Candy les pareció encantadora. La tía abuela le indicó donde sentarse. Su asiento era justo frente a Anthony, los dos se sonrieron tiernamente, lo cual provocó que Eliza se pusiera roja de rabia.

- No lo soporto – Decía repetidas veces en su mente. –

La comida transcurrió tranquila, a pesar de que los hermanos Leagan querían hacerla pasar vergüenza no se arriesgarían a ser retados. Ya tenían planeada una maldad para después.

- Gracias a todos por venir hoy, para recibir formalmente a la señorita Candice White Andley. Ahora, regresaremos a casa y charlaremos un rato.

Los invitados fueron despejando el área, y el joven de ojos azules se acercó hasta la matriarca.

- Tía abuela, con su permiso Candy y yo los alcanzaremos en un rato.

- Bien Anthony, pero por favor no lleguen tarde. – Le respondió con firmeza antes de alejarse de ellos. –

- ¿Eh? No entiendo. ¿Qué quieren decir?

- Candy, he pedido permiso a la tía abuela para dar un paseo contigo, vamos.

- ¿En serio?

- Sí, mira.

Ahí amarrado a un árbol cercano, estaba el caballo blanco del muchacho. Luego de desatarlo, montó y le ofreció la mano a la rubia para subir también. Comenzaron a trotar suavemente, y la chica preguntó:

- ¿A dónde vamos Anthony?

- Por aquí está mi colina preferida.

- ¿Colina?

- Sí, y quiero que la conozcas. ¿Quieres ir al galope?

- Sí.

- Bien, sujétate fuerte.

No tardaron en llegar, ciertamente era precioso el paisaje de aquella colina.

- Aquí es Candy. – Los dos bajaron del caballo para contemplarla atentamente. –

- ¡Ah! Se parece mucho a…

- ¿A qué?

- La colina de Pony. – La jovencita volvía a ver en su mente aquellos días tan felices en aquel lugar. –

- Conocí la colina de Pony desde mi niñez, esa colina y la casa de Pony son mi hogar.

- Yo quiero ir.

- ¿Por qué?

- Porque allí están todos tus recuerdos Candy.

- Sí.

- ¿Iremos algún día Candy?

- Claro que sí.

- Quiero ver el lugar donde te criaste.

- ¿Lo prometes?

- Prometido. – Afirmó el rubio, y selló su promesa besando tiernamente a Candy en la mejilla. –

Anthony estaba feliz de mostrarle a Candy aquella colina. Sin embargo, no pudo evitar ponerse serio y formular aquella pregunta que desde hace meses guardaba en su mente.

- Candy…

- ¿Quién es tu príncipe de la colina?

- Ahora sí creo que lo sé Anthony.

- ¿Cómo?

- Encontré al príncipe Anthony, eres tú. Tú eres mi príncipe.

- Candy… Quería decirte algo, pero lo haré cuando vayamos a la colina de Pony.

- Anthony…

El joven quedó sorprendido ante la respuesta, sabía que era sincera. Pero aún no estaba seguro, porque recordaba que Candy le contó que era pequeña cuando vio a su príncipe. Juntos se sentaron en la hierba de color cobrizo.

- Dime una cosa Candy. ¿Ese príncipe que conociste era igual a mí?

- Así es Anthony.

- Se me ocurre una idea. Cuando era pequeño, otro chico de ojos azules estaba siempre con mi madre.

- ¿Quién es él?

- ¡Ya comprendo!

Antes de que Anthony pudiera continuar, escucharon que alguien se acercaba montando un caballo.

- Sabía que los encontraría aquí. – Habló alegremente el visitante. Candy conocía esa voz, nunca se imaginó encontrarlo precisamente aquel día. –

Los dos voltearon a ver al recién llegado, estaban realmente sorprendidos.

- ¡Tío Albert!

- ¡¿Qué!? ¡¿Albert!?

Efectivamente, se trataba de Albert, pero estaba afeitado. Anthony lo recordaba, aunque no lo había visto mucho, atesoraba esos momentos divertidos que compartió de pequeño con su tío. Ciertamente ambos eran prácticamente idénticos, y eso aclaró la sospecha de Anthony. Candy había nombrado a su tío como su príncipe. Por un instante, no pudo evitar sentir celos. Pero como era muy maduro y respetuoso, sonrió y lo saludó con un abrazo sincero .

- Tío, me alegro de verlo de nuevo.

- Anthony, ha pasado mucho tiempo, ¡Como has crecido!

- ¡Albert! ¿Tú eres…?

- Así es Candy, perdóname por no decírtelo antes. Precisamente vine para explicarles.

- ¿Qué cosa tío?

- Yo soy, el bisabuelo William Albert Andley.

Los dos quedaron boquiabiertos al escucharlo, ellos creían que el bisabuelo era alguien muy mayor. Pero realmente, apenas era mayor que Anthony.

- Lo sé chicos, no los culpo por no poder creerlo. Siéntense por favor, y escuchen.

- Está bien.

- Bien, la tía abuela Elroy, me nombró bisabuelo.

- ¿Ella lo hizo?

- Mis padres murieron cuando era muy pequeño y debía ser el sucesor de los Andley, aunque era muy joven. Y como era demasiado joven, entonces la tía abuela, hermana de mi padre se convirtió en mi guardiana para ayudarme. Pero yo prefería estar con pequeños animales y la naturaleza. Así que ella decidió nombrarme bisabuelo para proteger la dignidad de la familia, solo lo contó a unos pocos miembros y les pidió que lo mantuvieran en secreto hasta que yo creciera. Y George, se convirtió en mi guardián para cuidar de mí.

- Entonces, por eso pasó tanto tiempo que no te veía, ¿Cierto tío?

- Así es Anthony, pero siempre he estado al corriente de ustedes. ¿Recuerdas que hace casi cinco meses buscabas a Candy junto con Stear y Archie?

- Entonces, ¡Usted la salvó!

- Sí.

- Me salvaste de ahogarme. ¡Y poco después me adoptaste!

- Exacto.

- ¿Puedes explicarme por qué?

- Porque, tus tres caballeros me lo pidieron.

– Guiñó el ojo a su sobrino y ambos rieron. –

- Y, también porque tus bellos ojos verdes me recuerdan a Rosemary, mi querida hermana.

- Mamá… – Dijo Anthony con nostalgia.

- Anthony, recuerdo que me dijiste eso también.

- Sí Candy, ella era una dama muy hermosa y gentil, como tú.

- Cuando ella murió, por un tiempo estuve contigo Anthony. Pero luego me obligaron a alejarme cuando vinieron Stear y Archie para acompañarte, por eso escapé de casa. Me sentía totalmente solo y enjaulado.

- Albert… – Los ojos de Candy se nublaron al escuchar aquel relato tan triste. –

- Tranquila Candy. Me siento mejor al verlos felices, así que por favor sonríe.

Anthony le secó las lágrimas y ella volvió a mostrar su dulce sonrisa.

- Chicos, quiero pedirles un favor.

- ¿Qué es tío?

- Por favor, guarden el secreto de mi identidad. Vine a buscarlos para contarles esto con el permiso de la tía abuela. Sin embargo, el resto de la familia aún no lo sabe.

- ¿Por qué?

- Aún no estoy dispuesto a ser jefe de la familia. Quiero viajar, precisamente deseo ir a África, hay mucha gente que necesita ayuda, y estoy decidido a darla. Quiero trabajar por mi cuenta y conocer más del mundo antes de presentarme formalmente como patriarca de los Andley. Y Anthony, confío en ti y en tus primos para cuidar de Candy.

- Albert…

- ¿Qué ocurre Candy?

- Es que… Me sorprende tanto. Significa que tú eres mi…

- Legalmente te adopté como mi hija, pero si lo deseas sigue llamándome Albert pequeña.

- Gracias Albert, guardaremos tu secreto

- Lo prometemos tío, y gracias por todo lo que has hecho por Candy.

- Gracias chicos. Siempre estaré para cuidarlos y protegerlos. – Los abrazó a los dos. –

- Tío, Candy, llevaré a los caballos a tomar agua ya regreso.

- Está bien.

Una vez que Anthony se perdió de vista, Candy habló:

- Albert, se acerca el cumpleaños de Anthony. Y yo quisiera…

- ¿Sí Candy?

- Quisiera hacerle una fiesta sorpresa en El Hogar de Pony. Pero, temo que la tía abuela se oponga.

- Ya veo. Descuida Candy, te ayudaré.

- ¡Gracias Albert!

Candy dio un brinco y abrazó a Albert. De pronto, se escuchó un tintineo sobre el pasto. Se le había caído el broche de su bolsillo.

- ¡Oh!

- ¿Qué es eso? – Albert levantó el pequeño objeto, y quedó atónito al verlo bien.

- Este broche…

- Lo encontré en la Colina de Pony, Anthony me dijo que este es el símbolo de los Andley.

- Sí Candy, lo es. Y debo decirte…

- ¿Qué cosa Albert?

- Recuerdo que hace años, perdí este broche.

- ¡¿Qué!?

- Tenía la edad de Anthony, daba un paseo y llegué a una colina donde vi llorar a una niñita pecosa.

- ¿Entonces tú…?

- Candy… ¡Eras tú!

- ¡Tú eres el príncipe de la colina!

Candy quedó sin habla y empezó a temblar. Frente ella estaba aquel que la había consolado por despedirse de Annie. Y quien tanto añoraba. Sintió una mezcla de temor y confusión, Hace apenas un momento llamó a Anthony su príncipe, y al enterarse que realmente era alguien más, no estaba segura de qué sentir. No se le ocurrió más que salir corriendo, necesitaba estar sola.

- ¡Candy, espera Candy!

En ese momento, Anthony volvía, corrió tras ella.

- ¡Candy!

- ¡Anthony!

- ¡La traeré de regreso tío, lo prometo! ¡Por favor lleva los caballos a casa!

Candy corría sin fijarse hacia donde iba, corrió tan rápido que Anthony la perdió de vista. Hasta que cayó al suelo, y rompió en llanto. Repentinamente, alguien llegó y la vio.

- ¿Candy, eres tú?

La rubia levantó su rostro con la vista nublada. Restregó sus ojos, y vio quién le hablaba.

- Nadja…

- ¿Estás bien Candy? – Nadja la ayudó a levantarse. –

- ¡Nadja! – Candy volvió a llorar en brazos de Nadja. –

- ¿Qué pasa Candy? ¿Por qué lloras?

- Oh, Nadja. Me siento muy confundida.

- Tranquila amiga, ven conmigo y cuéntame que ocurrió.

Las dos rubias se sentaron a la mesa donde los miembros de la compañía comían. En ese momento ellos habían salido de compras, y Nadja se quedó para cuidar el carro y a Menta y Regaliz. Le ofreció a Candy una taza de té para calmarse, y la chica le contó detalladamente la causa de su confusión. Le mencionó como había encontrado al príncipe a los seis años y lo encantada que quedó con él, luego su encuentro con Anthony en el portal de las rosas y que lo había escuchado decir lo mismo que el príncipe, además de ser idénticos físicamente.

Le contó de su encuentro con Albert en la cascada, el regalo especial de Anthony, cómo había sido adoptada, y lo que la había hecho escapar ese día.

- Candy, yo sé lo que sientes.

- ¿En serio?

- Sí. Verás, cuando yo tenía tu edad una noche hubo un incendio en el orfanato Applefield y dos hombres trataron de robarme mi broche.

- ¿Este broche de corazón?

- Así es, siempre lo he tenido. Mi madre me lo dio.

- ¿Tu madre?

- Sí, antes creía que mis dos padres estaban en el Cielo. Pero, el día del incendio recibí un paquete con un vestido y un diario que eran de ella. Y una carta que indicaba que mi madre podía estar en alguna parte. Por eso decidí buscarla.

- ¿Y los hombres malos, no te hicieron daño?

- No, alguien me salvó.

- ¿Quién?

- Yo lo llamé "El caballero de los ojos brillantes". Era alto, rubio, y de ojos azules.

- ¡Vaya, justo como Albert y Anthony!

- Ciertamente cuando los conocí, tú y Anthony me recordaron mucho a mí misma.

- ¿Y luego qué pasó?

- Pues, dejé el orfanato porque no quería poner en peligro a los demás. Y como ya casi tenía 13 años, me uní a la compañía Dandelion como bailarina. Y una noche, había un baile de caridad en una mansión. Allí conocí a quien creí que era el caballero de ojos brillantes pues era idéntico. Su nombre es Francis Harcourt, compartíamos muchas cosas en común, pero…

- ¿No era él quien te salvó?

- No.

- ¿Entonces quién?

- Su hermano gemelo.

- ¡¿Gemelo?!

- Sí, su gemelo Keith resultó ser quien me salvó, él también tenía una identidad secreta. Se hacía llamar: "El ladrón Rosa Negra"

- ¡¿Robaba?!

- Robaba a los aristócratas crueles que habían dejado a muchos en la pobreza, para devolverles sus bienes.

- ¡Vaya!

- Yo no lo supe hasta mucho después, se había encontrado conmigo en ocasiones como Rosa Negra. Y creí que él era Francis. Los dos quedaron enamorados de mí, y yo me había enamorado sin darme cuenta. Pero estaba confundida, justo como tú ahora.

- ¿Y qué hiciste?

- Pues, una amiga me dijo, que ella también tenía dos chicos enamorados de ella y ella solo correspondía a uno. Me dijo: "No elegí al hombre que se enamoró de mí, sino al hombre que realmente amo." Decidí seguir su consejo, y a su debido tiempo elegí a quien realmente amo.

- Nadja…

- Candy, tu corazón te dará la respuesta. – Le sonrió gentilmente. –

- Gracias Nadja, ya me siento mejor. Me sorprende que seamos tan parecidas.

- Jajajajaja, a veces el destino juega de esa forma.

- ¡Candy! ¿Dónde estás, Candy?

- ¡Es Anthony! ¡Anthony, aquí estoy!

El joven escuchó a quien tanto buscaba. La había perdido de vista, pero estaba decidido a encontrarla. Siguió la voz, hasta llegar al carro.

- ¡Candy!

- ¡Anthony!

Los dos corrieron a abrazarse, con los ojos cristalinos.

- Oh, Candy. Aquí estás, me preocupaste mucho. ¿Estás bien?

- Sí Anthony, lo siento mucho.

- Tenías miedo, ¿No es así?

La chica guardó silencio, no sabía qué decir en ese momento.

- Tranquila, después lo hablaremos. Me alegra que estés a salvo.

- Es un gusto verte de nuevo Anthony.

- ¡Nadja! Gracias por acompañar a Candy.

- No fue nada, es mejor que regresen a casa.

- Sí, hasta pronto. Vámonos Candy.

- Adiós Nadja, muchas gracias.

- Hasta luego amigos.

Los dos rubios volvieron caminando a la mansión, ya casi se ocultaba el sol. Y la reunión ya había terminado. Fueron recibidos cariñosamente por Stear y Archie, estuvieron muy preocupados. Efectivamente, la tía abuela les dio un gran regaño a los dos.

- ¿No te da vergüenza? ¡Desapareciste en el día de tu presentación!

- Y tú Anthony, faltaste a tu palabra de volver temprano. Y nos angustiaron mucho, los guardias estaban buscándolos.

- Lo lamento tía.

- Y mira como quedó tu ropa, así no debe andar una dama.

- Tía abuela por favor, sentimos mucho lo que pasó. No la castigue, estaba asustada.

La tía abuela no resistió más, cambió su mirada severa a una de dolor y alivio. Súbitamente los abrazó y hablo entre lágrimas.

- Niños… Temí tanto que les hubiera pasado algo. No me asusten así.

- Tía abuela…

Los dos se conmovieron, ella podía ser muy severa, pero realmente los quería mucho.

- Perdónenos tía, no fue nuestra intención. No volverá a ocurrir.

- Eso espero Anthony. Ahora, prepárense para cenar.

- Sí.

Esa noche ya en sus camas, los rubios no lograban pegar un ojo. Cada uno estaba muy pensativo, Candy recordaba una y otra vez el consejo de Nadja. Mientras Anthony se preguntaba si ella tendría claros sus sentimientos. Decidió darle tiempo y que ella misma se animara. No soportaría lastimarla poniéndola bajo presión al respecto. Una vez tranquilos, finalmente cada uno se quedó dormido.

Continuará…

¡Hola!

Aquí les traigo este nuevo capítulo. Les quiero aclarar que en mi historia estoy combinando elementos del manga de Candy junto con el anime. (Los besos de Anthony a Candy en la mejilla, Que ella diga que vio al príncipe a los seis años) Cambié el evento de presentación de Candy, porque no me gusta la cacería, y he evitado tragedia con Anthony. Muchas gracias por sus reviews :) estoy muy contenta de que mi historia les esté gustando.

TamyWhiteRose