Esta es Mi Familia
Por Pryre-chan
Los Personajes de Harry Potter no me pertenecen
Son de J.K Rowling
Capítulo 6
-o-
Draco cayo de rodillas sobre la alfombra una vez que Harry había desaparecido y cubrió su rostro con ambas manos tratando de opacar sus gemidos y las lágrimas de impotencia. Maldijo al lord oscuro en todos los idiomas que conocía, se recrimino más de una vez a si mismo por su debilidad más de una vez al haberse mostrado vulnerable y más aún necesitado del toque de cualquier persona y aun mas de la del héroe del mundo mágico.
Golpeo el piso con el puño un par de veces y se obligó a ponerse de pie para recobrar la compostura. Limpio sus lágrimas y se sentó en el sofá que había formado su mente, se abrazó a sí mismo y procuro calentarse en el tibio calor de la chimenea frente a él. Suspiro una y otra vez.
-Maldito Potter- dijo suavemente y en desgana sin ánimo de dejar salir su acostumbrada mordacidad. Entro en un tibio calor proporcionado por la chimenea.
Su corazón estaba revuelto de muchas maneras, Potter, sus amigos, su familia, los gemelos, Voldemort.
Todas sus malditas preocupaciones se galopaban frente a sus ojos y Draco no encontraba la fuerza necesaria para enfrentarse a todo aquello. Odiaba admitirlo, incluso considerarlo, pero quería-en verdad deseaba- un apoyo real con él, no una sombra de sueños que le hacía olvidar y adquirir cierto grato de estabilidad fugaz y olvidar sus preocupaciones por un par de horas para luego despertar y enfrentarse a su mundo revuelto y oscuro.
Un simple apretón en su mano hacía que se creyera que Voldemort perdería. Que por fin el mundo mágico se libraría de su cruenta presencia. Sonrío con ironía por sus deseos. Draco Malfoy nunca -¡Nunca!- admitiría que necesitaba a alguien, especialmente a alguien que solo le ofreciera un lugar pacífico y común, hasta el punto de lo cotidiano, en su mente.
Como había añorado secretamente el caos de las discusiones y temple de su mente buscando contestaciones rápidas e ingeniosas a insultos espontáneos. Le hacía sentir normal- sangre pura, millonario y atractivo- pero normal.
Daba la sensación de que todo en el mundo giraba e iba bien.
-Potter solo me usa por información- pensó con seguridad y su ánimo cayo aún más, el fuego de la chimenea se empezaba a extinguir dando un espectáculo de luces que brillaban con fuerza antes de desaparecer, señal de que su tiempo consiente en su inconsciente-si tenía sentido- se estaba acabando.
Y Draco de verdad solo quería ese pequeño pedazo de tranquilidad que obtenía cada que dormía, los abrazos y los besos habían estado bien y se había engañado a si mismo que aquello significaba algo más que "desahogo y experimentación" . La decisión de entregarse en el sentido físico le había causado en un principio un sentimiento de asco y obligación se había vuelto en un instante la mejor idea del mundo aun entre la bruma de placer y liberación.
Se había dejado dominar por esa parte de sí mismo que le habían enseñado a controlar desde un inicio de su vida. Podía admitirlo con sinceridad y no podría estar más contento por haberlo hecho, al menos en un rincón de su mente.
-¡Que pensamientos tan estúpidos!- Se reprendió con severidad, pero no por ello se negó a reconocer que es verdad.
La amistad.
Una vez la suya había sido rechazada de la forma más dolorosa, al menos para un niño, pero que Potter se halla disculpado era un peso menos de sus hombros, uno que no recordaba que pesara tanto, se volvió ligero aunque aquello le confundía y le hacía preguntarse con que llenaría de pronto el hueco que había dejado aquel resentimiento, el espacio vacío en su pecho le incomodaba, picaba y se revolvía buscando con que llenarse aunque eso le costara admitirlo
Su corazón confundido no le daba más que respuestas cruzadas.
Lo odio
No lo odio
Quiero besarlo
Quiero golpearlo
Además estaba el hecho de caer en manos de la orden –para salvarse ciertamente- y juntarse cara a cara al salvador del mundo mágico. El simple hecho de pensarlo le causaba el instinto de correr y esconderse en el sub suelo.
Estaba seguro de que cuando llegara el momento solo recibiría indiferencia, una burla o dos de parte de la comadreja, pena por parte de la sabelotodo. O tal vez llevado por la nobleza que regía su casa solo recibiría un breve agradecimiento y seria guiado con amabilidad hasta la puerta de su celda en Azkaban.
Respiro profundamente.
Había más cosas en juego que un corazón ya de por si con muchas fisuras. Los gemelos, su padrino y los demás Slytherins contaban con su sacrificio. Un corazón roto y la humillación podrían sanar con el tiempo.
A menos eso es lo que Draco pensaba. El fuego se extinguió y las formas oscuras lo rodearon señal inequívoca de su despertar.
o-o-o-O-O-O-o-o-o
Draco termino de falsificar cientos de pergaminos con designaciones falsas que incluían misiones de vigilancia y inspecciones a propiedades lejanas e inexistentes llenaban el contenido, un simple hechizo de copia y un par de sobres habían hecho el truco. Solo faltaba repartirlos.
Ya había hablado con los gemelos de sus planes y la situación en general sin repartir detalles, ellos se habían mostrado entusiastas y tras una larga charla habían decidido preparar un pequeño equipaje de emergencia por si las cosas no marchaban bien y tendrían que irse aprovechando la conmoción.
Le siguió Severus que lo reprendió o que trato de hacerlo a susurros cargados de enojo que casi no llegaban a sus oídos. Draco no hizo caso y preparo un mapa detallado-muy detallado- para el salvador.
Le siguieron más planes para todo tipo de contratiempos que se imaginó, todos basados en la premisa de tener que salir del castillo con los gemelos y su padrino si toda la misión de la orden para recuperar el castillo resultaba infructuosa.
Aquella noche memorizo el mapa y algunos apuntes que había hecho. Se paró frente al espejo y descubrió su hombro una marca dentada le rodeaba el hombro con tonos oscuros, lo toco con los dedos y recorrió sus contornos. Dolía. Y eso le hizo escapar una sonrisa "Si la mente lo cree el cuerpo lo manifiesta" había leído en un libro y lo comprobo.
Pasaba la medianoche cuando Draco salió de su habitación con la muy útil capa de invisibilidad puesta, se dirigió la torre que albergaba a los habitantes residentes del castillo, evito con facilidad los guardias y algunas trampas, se paró frente a una puerta de madera y metal, se quitó la capa y oculto con ella un folio que llevaba, se abrió los primeros botones de su camisa.
Inspiro y espiro para calmar su corazón temeroso y acelerado.
Toco la puerta.
Al segundo toque una rejilla de observación se abrió con un chirrido metálico unos ojos cafés envejecidos le devolvieron la vista, inspeccionándolo.
-¿Que desea a estas horas joven Malfoy?- pregunto una voz amortiguada
-Señor Sanders- saludo Draco- lamento las altas horas, pero necesito su ayuda.
Draco se pasó una mano por la nuca con gesto de preocupación, sabiendo que afectaba al encargado de asignación de esa forma.
-Vulnerable y tentador – había comentado ese hombre de Draco una vez que fingió estar demasiado ocupado para escuchar.
Draco pensaba provechar la insana fijación de ese hombre por él.
-¿Qué puedo hacer por usted?- le dijo el hombre con un tono ronco y ridículo.
¿Se supone que tendría que encontrar ese tono provocador?
Draco había escuchado palabras con tintes más profundos y ricos, se estremeció con el recuerdo y se sonrojo sin querer, pero al parecer el hombre que lo observaba pensó que se debía a su burda voz y abrió la puerta.
El hombre se apoyó sobre el marco de la puerta en pose falsamente seductora, ahogo una burla, el hombre se hizo a un lado y dejo de Draco pasara, las barreras se doblaron cuando el paso, la estancia olía a alcohol barato, Draco arrugo la nariz y se obligó a volver a su papel de chico Vulnerable. Volteo
-Señor Sanders me temo que hace poco me asignaron a ser vigilante de cierta parte del castillo- dijo y se cruzó de brazos en signo de miedo- y… sé que está en poder suyo cambiar mi asignación.
Draco prácticamente se palmeo la espalda por su actuación, aun más cuando el hombre cerró la puerta y se acercó a él tocando su hombro para reconfortarlo. Draco casi bufo del asco, pero se obligó a mantenerse estoico.
-Hablemos Joven Malfoy- dijo el hombre e hizo un gesto invitándolo a sentase.
Fue entonces que Draco observo el andar inestable del hombre y no pudo más que sonreír por su suerte. Sanders se acercó a una mesa donde descansaba una pequeña caja de madera, saco de ella un monóculo y lo acomodo en el ojo derecho, vio a Draco y sonrió.
Draco miro al hombre a los ojos profundamente tratando de transmitirle deseo y vergüenza a partes iguales, quito un mechón de pelo que cubría su ojo y sin dejar de verlo paseo lentamente por la estancia hasta un sillón alejado del fuego, se sentó delicadamente.
Luego de un momento el otro hombre se agito como despertando de un sueño, sonrió lascivamente y se apuró con pasos torpes a sentarse en su lugar.
-¿Desea algo de tomar?- pregunto sonriendo mientras servía una copa de lo que sea que quemaba la nariz de Draco .
-No gracias- dijo y un botón de su camisa se había abierto mostrando la punta de su esternón. El hombre apuro el trago de la copa que había servido y se relamió los labios. Se paró y camino hacia Draco, pero tan pronto como dio dos pasos cayó al suelo en un sonido sordo.
Maldito
Draco se puso de pie y acomodo sus botones, camino a la puerta y descubrió el folio que oculto y extrajo los sobres de asignación con algunas notas personales que había preparado para adjuntar a algunos sobres, los puso en la mesa y con un sencillo hechizo empezaron a reemplazar a los anteriores.
En la mesa un pergamino mágico mostraba la lista de habitantes del castillo, muchos nombres grabados en fina letra y tinta negra. Draco la repaso rápidamente y reconoció muchos de aquellos, su nombre incluso.
El nombre de su padre no estaba en la lista, noto, pero le restó importancia.
El hechizo había terminado.
Hecho
Draco levito el cuerpo inerte del hombre a su silla, arrojo el contenido del alcohol a la chimenea borrando evidencias. El hombre ni siquiera había notado que había deslizado unas gotas de una poción somnífera en la botella mientras lo distraía mirándolo.
Pervertido
Draco borro cualquier signo de que hubiera estado en la habitación y el hombre creería que solo había sido un "buen" e "increíble" sueño con el heredero Malfoy, como si Draco se degradaría a buscar favores de tipejos así, solo había necesitado pasar las –extrañamente- fortificadas barreras de la habitación. Draco cerró la puerta con una sonrisa y se puso la capa de invisibilidad.
o-o-o-O-O-O-o-o-o
Cuando Draco se encontró así mismo dentro de su mente se forzó a acomodar los conocidos sillones lo más lejanos posibles y a mantener un escudo invisible entre él y su "invitado" que lo mantendría alejado. Se forzó a mostrar un rostro impasible a pesar de que el pecho le palpitaba con una mezcla de dolor y ansia difícil de ignorar, respiro un par de veces profundamente una imagen formándose frente a él.
-Draco- saludo la voz de su invitado en tono familiar cuando abrió los ojos, sonriendo tímidamente.
Draco se negó a dejar que aquella imagen lo afectara, quería mantener todo aspecto emocional lo más lejos de aquella persona, uso el tono de voz plano y descorazonado que había aprendido de su padre y que solo usaba cuando hacia negocios.
-Potter- respondió y se acomodó en su propia mueble. El pelinegro lo miro con curiosidad y Draco solo se limitó a cerrar los ojos, con miedo de que aquellos ojos verdes pudieran ver dentro de su inseguridad y descubrir sus dudas, su pecho tironeo y se obligó a volver al presente con cuidado de no mostrar las emociones que se le hacían fácil que se escaparan en el mundo de su mente.
-¿Draco?-
-Potter, ¿Tienes algo que decirme?- interrumpió rápidamente
El silencio respondió, pero Draco se negó a que el insistente estudio del otro lo molestara.
-Si- dijo luego de un rato- He hablado con Sirius y se ha organizado lo necesario, mañana en la noche se llevara a cabo el ataque, no puedo contarte muchos detalles porque yo mismo los desconozco, pero hasta que termine todo, deberías esconderte en la sala de los menesteres, puedes llevar a los amigos que mencionaste, al final de la pelea iré a buscarte.-
A Draco le invadió una sensación de enojo y alivio a partes iguales, enojo por querer que se esconda como un cobarde- tenia orgullo de mago de todas formas- y alivio inequívoco porque sabía que era cierto, había programado su mente para sentir las mentiras, una habilidad avanzada que podía utilizar por ser el anfitrión y sus destrezas en la magia mental.
-¿Quieres decir que me esconda como un cobarde?- Dijo molesto.
-¿Quieres pelear?- fue la respuesta.
Draco arrugo el rostro y la respuesta fue clara, no, no quería, pero tampoco quería que Harry pensara que era un cobarde y aprovechado o que era débil y necesitaba protección. Había evitado el conflicto miles de veces y de miles de maneras en el pasado, pero sabía que tarde o temprano aquello era inevitable, frente a quien sea, se enfrentaría a un enemigo por sus amigos y por sus hermanos.
Un sentimiento cálido de cariño y orgullo floreció en su pecho uno que no había pensado sentir de manera tan honesta y asomo una sonrisa grande y sincera que no pudo contener, miro su regazo queriendo ocultar su rostro.
-¿Pasa algo?- pregunto una voz de la cual se podía distinguir una sonrisa.
Draco se obligó a ponerse serio.
-No, pero tienes razón no peleare si no es necesario. En ese caso he preparado asignaciones para las personas del castillo, la mayoría estará fuera y la guardia estará dada por magos débiles y mediocres. No logre dar con los hombres lobo, ese es un cabo suelto.-
-No importa.- dijo Harry y Draco estuvo seguro de que no se refería a sus declaraciones- Remus trabajo en eso.-
El crepitar del fuego se acrecentó y Draco sintió la perturbación de su acompañante, sentía que había algo más que quería decirle, Harry abrió la boca y Draco se levantó rápidamente.
-Bien, tengo cosas que preparar- movió sus manos y un pergamino que trazaba en el camino de las mazmorras hasta su padrino apareció frente a Harry que empezó estudiándolo lentamente y memorizándolo.
-Hasta mañana- se despidió y trato de cortar el puente pero una fuerza lo retenía. Nervioso, trato de nuevo, no quería escuchar lo que el otro quería decirle, no quería, ni permitiría que haya más interacción de la necesaria entre ellos.
Harry se puso de pie y se acercó a Draco, levanto la mano para tocarlo pero su tacto choco contra un muro invisible, lo golpeo con el puño.
-Draco levanta el muro- dijo suavemente.
No obedeció, agito una de sus pálidas manos y lo observo en silencio y a pesar de su controlada voz su mirada verde transmitía enojo y más al fondo rechazo.
El pergamino desapareció en cuanto Harry lo soltó.
-Draco…-
-No- declaro- no hay más que quiera decir…rompe el puente.-
-No- respondió el otro.- Quiero…-
-No habrá más toques ni acercamientos Potter- dijo fríamente. No quería hacerse de falsos sentimientos que sabia –que debían- se formaban por su necesidad de estabilidad y seguridad, desterró al fondo de su mente el consuelo del tacto ajeno, ya había subido lo suficiente para que le doliera para siempre cuando cayera.
Paso un momento y Harry dejo de insistir.
-Bien- dijo entre dientes y el puente tambaleo.
Draco suspiro y se preparó para su despertar y si calculaba bien seria ya de madrugada, dejo de lado su barrera y de pronto sintió el toque suave en su mejilla. Sorprendido solo alcanzo a vez unos ojos verdes que se perdieron en la bruma de su despertar.
Agitado se levantó de su cama y toco sus mejillas, el muy maldito se había atrevido a tocarlo a pesar de su advertencia, un sentimiento de alegría lo toco, sonrió tontamente.
-A pesar de todo…- de sus advertencias y rechazo, lo había tocado, eso ¿debía de significar algo? ¿No?. Algo más que terquedad y orgullo Gryffindor.
Se permitió divagar entre pesquisas y fantasías hasta que amaneció, pidió su desayuno a su elfa que había sonreído por el cambio de su estado de ánimo y comió con gusto pero lentamente aun hundido en sus pensamientos, aun en la luz tenue de su habitación rio y se sonrojo por algunos de sus ocurrencias.
-Eres tan penoso Malfoy- se recrimino más de una vez, pero no le importo.
Por hoy se permitió ser solo un adolecente normal que fantaseaba y se permitía ser positivo y soñador
Rio. No había sentido esa tranquilidad desde que tenía cinco años y imaginaba con volar por las nubes algodonadas en su primera escoba.
Antes que su padre empezara a cambiar.
Casi al medio día Jerina le informo de un visitante, tan calmo que estaba no dudo en caminar livianamente hacia la puerta y responder. Una joven mujer le sonrió.
-¿Desea algo?- dijo sin detener su tono complacido. La mujer se sonrojo y paseo la vista.
-Joven Malfoy, mi señor Voldemort ha solicitado su compañía para el almuerzo- le informo.
El alma de Draco se fue a los pies y la sangre se le helo
¡Voldemort aquí!
Al no responder la mujer lo toco del hombro sintiendo su rigidez. Draco volvió en si.
-Estaré ahí- dijo y con fuerzas que no tenía entro a su habitación y dejo caer pesadamente en la cama, el miedo susurrante en sus oídos, el miedo recorriéndole en las venas, el miedo entumeciendo su corazón, el miedo en todas partes.
Draco tomo sus cabeza entre en sus manos afligido, empezó a temblar.
¡Ha vuelto un día antes!
Se repitió más de una vez a gritos, el mundo y sus planes desmoronándose a sus pies.
Ha solicitado mi presencia.
Draco sabía el significado de aquel llamado
Me ha descubierto
Pensó de pronto y temió por todo y todos.
Debo…debo…
Tomar acciones, enfrentarse, rendirse, confesar, vivir, reir o tal vez morir.
Debo…
-Debo hacer lo posible para que Voldemort no interfiera-
¿Cómo?...Como?
-Debo sacar a los otros del castillo o ganar el suficiente tiempo para los de la orden lo hagan-
Tembló.
Debo…
-Avisar a los demás del cambio, pero…-
¿Cómo?...Debo
-Debo prepararme-
Draco se dio un baño y se puso un traje formal y fino para la ocasión, peino sus cabellos. Poco después Jerina le informo de una escolta que lo esperaba en la puerta. Draco gimió con disgusto, pero se obligó a mantenerse tranquilo y inexpresivo, respiro varias veces antes de ordenar a Jerina que se abra para salir y encontrarse con la figura dos viejos conocidos.
-Señores- los saludo con voz forzada a los padres de dos de sus compañeros de casa. Ellos solo asintieron moviendo sus anchos hombros. El camino fue guiado por ambos hombres y Draco agradeció el gesto aun así fuera inconsciente, a medida que avanzaba las palmas de sus manos sudaban fríamente y temblaban Draco sostuvo sus manos con fuerza para detenerlos y tuvo éxito hasta que ambos hombres pararon frente a una imponente puerta y volvieron a verlo. Inexpresivos abrieron las puertas para que entrara, Draco podía jurar que al pasar el dintel ambos mortifagos habían dirigido una mirada de lastima.
Con el corazón bombeándole hielo se obligó a caminar el estrecho que lo separaba de una gran mesa, donde la figura de un hombre lo esperaba sentado en la cabecera, dio un par de pasos vacilantes y sus rodillas fallaron haciéndolo trastabillar, se recompuso de inmediato, soltó el aire que había estado reteniendo sin darse cuenta.
¡Maldita sea!
Camino el resto de camino con la sensación de que unos ojos malignos y divertidos lo seguían, cuando llego frente al lord hinco una rodilla en el suelo he hizo una reverencia.
-Mi lord- saludo y el peso de la vista maligna incremento su peso.
-Draco- contesto sin formalidades- Porque no te sientas pequeño.
Draco apenas encontró la fuerza para levantarse y acomodarse en una silla que se encontraba del otro lado de la mesa y frente a lord.
Enseguida la comida apareció, una entrada de fina ensalada con algún tipo de aderezo, una copa de vino flagrante perfumo la habitación acompañada del olor de pan recién horneado, a Draco lo que en otras ocasiones le había ensalivado la boca ahora solo le causaba una sabor amargo y venenoso que inundo su boca y volteo su estómago.
-Supe que estos platillos son de tus favoritos Draco- dijo con reptileana voz desde el otro lado de la mesa- Espero lo disfrutes.
La voz del lord tenía un cadencial tono salpicado de oscuridad y malos presagios, Draco se estremeció tras la promesas de sus palabras.
-Gracias señor- contesto con voz ronca y se apuró a tomar un trago de vino que le quito un poco el mal sabor.
Una risa le helo los huesos.
Por un tiempo reino el silencio sofocado esporádicamente por el sonido de algún cubierto o siseo de la gran serpiente que se mantenía a los pies del lord, con la bilis en la garganta Draco solo logro dar unos mordiscos amargos a cada plato que se presentaba con la vista perdida y el corazón encogido.
-De seguro te preguntas la razón por la cual he solicitado tu presencia- el lord limpio su boca sin labios con una fina servilleta.
-Así es señor- respondió apenas encontrando su voz.
-Eres especial Draco, un milagro mágico-dijo - Y tienes una tarea muy importante que realizar.
El lord aguardo con rostro de satisfacción casi saboreando sus próximas palabras. En cambio Draco tembló y el frio hueco de su estómago se agito, a pesar de que ya lo sabía no pudo evitar que lo trastornara como la primera vez.
Para su sorpresa el lord se puso de pie, Nagini sobre sus pasos, se detuvo cerca de Draco, tan cerca que el pútrido olor de muerte y sangre le lleno las fosas nasales. La mirada oscura fijamente sobre él y supo que deseaba una respuesta.
Trago duramente.
-Lo que desee mi lord- Draco quiso hacer una reverencia de rigor pero se dio cuenta que chocaría con el pecho del lord, así que descarto la idea rápidamente, esperando que solo su voz sumisa y su mirada baja fuera suficiente.
El toque de una mano fría y húmeda lo tomo del mentón y rebelo sus ojos .
-Una respuesta satisfactoria Draco- el lord acaricio sus pómulos- Igual que todo de ti.
Draco sintió que su pecho se oprimía en busca de expandirse y tomar aire, pero se negó, el aire pútrido que le llegaba parecía querer infectar sus pulmones.
-Tu tienes un regalo de magia- explico y repto sus manos hacia su vientre- un regalo que te permite engendrar…- Draco salto en su sitio, las manos presionaron su vientre- engendrar a un nuevo gobernante que comparta tu sangre pura y tu ancestral magia, un gobernante que domine el mundo mágico y la libre de la peste que lo está consumiendo y la corrompe. Un gobernante que comparta nuestra sangre. Un hijo mio.
Draco supo en ese momento que estaba perdido, más perdido de que estaría nunca, cerró los ojos casi esperando que aquel ser lo tomara en ese lugar, lágrimas de impotencia y rabia le llenaron los ojos.
El toque de su bardilla cedió. Su rostro pesado cayo y se encontró mirando su regazo.
-Yo…-
-Fuiste elegido cuidadosamente Draco, tu sangre, tu magia y tu belleza, se perpetuaran a mi heredero. Lo harán grande.-
Un tenso silencio reino. Draco enderezo la cabeza.
-Sera un honor-respondió planamente
Las manos del lord acariciaron sus brazos y se alejaron
-Recientemente estuve de viaje arreglando unos asuntos- dijo calmadamente el lord- y me di la molestia de traerte un presente.
En el momento un paquete de negro terciopelo apareció frente a él, Draco dudo pero estiro las manos temblorosas para abrirlo, un colgante de oro pesado y un dije de serpiente hecho de diamante lo saludaron, se hubiera sentido sorprendido, si el colgante no viniera de la persona que más odiara y que había transmitido una esencia de su negra magia para marcar el metal que había adquirido un aura oscura.
-Póntelo- fue la orden del lord que había recuperado su puesto en la mesa. Con manos temblorosas Draco obedeció y rodeo su cuello con la pesada cadena de inmediato la magia oscura que la rodeaba apretó sofocándolo, anunciaba posesión y exclusividad.
Marcándolo como un objeto valioso y de entera posesión del lord.
Draco gimió levemente pero mantuvo el cuello erguido al igual que la mirada miro al lord que estiraba la abertura de su boca formando una tosca sonrisa que mostraba sus afilados dientes.
-Gracias mi lord- dijo Draco y se obligó a formar una sonrisa convincente.
Cuando la comida termino y cada trozo de alimento había caída como una piedra al estómago de Draco el lord anuncio el final de la merienda y cito a Draco a acompañarlo a la hora de le cena insinuándole que se arreglara y se "prepararse" para acompañarlo.
A pesar de todo Draco entendió el mensaje y tras una leve despedida salió de la habitación con aplomo que no sentía y se dirigió a su habitación donde tomo una ducha rápida. Barajo rápidamente sus opciones tanto las que tenían algún sentido como las que no. Todas descartadas en un instante con una verdad que asomaba entre la bruma de malas ideas, con una certeza que pesaba.
Pasará lo que pasara
Hiciera lo que hiciera
Debería distraer al lord o por lo menos detenerlo hasta que la orden superara las barreras del castillo
o-o-o-o-o-o-O-O-O-o-o-o-o-o-
El lord miro con hambruna insatisfecha el esbelto cuerpo que desaparecía tras la puerta de roble oscuro, relamió sus dienten afilados con dulce dolor anticipando, planeando y disfrutando cada momento.
Desde hace un par de años había tenido la vista puesta en el menor de los Malfoy y había sentido una gran lástima en aquel entonces porque aún era muy pequeño y por ende su débil cuerpo no soportaría sus "aficiones" y era- se repetía varias veces- un cuerpo que valía la pena mantener por largo tiempo. Había otros y otras claro prescindibles a lo largo de los años, solo esperando con el gusto en la garganta.
Luego la profecía – absurda basura- había revelado su "posible" derrota. Cosa que nunca ocurriría. Pero la duda "cosa" humana que casi había dejado atrás, le había estado punzando la nuca. Buscando una solución había descartado de inmediato aquellos de sus más allegados y fieles, en definitiva ningún miembro de su círculo interno merecía sustituirlo, ni su mano derecha – ese sucio traidor- había logrado convencerlo de lo contrario.
Fácilmente había decidido que nadie excepto él podía cambiar al mundo mágico, era el único ser capaz de gobernar a los magos y traerlos de nuevo a la gloria de la pureza.
Era un mestizo, información que solo conocían un par de personas, pero ya se encargaría de eso con el tiempo, el tiempo era un enemigo despiadado y la paciencia una virtud que cobraba recompensas, como heredero de Slytherin había explotado sus virtudes de muchas maneras, que no se arrepentía de utilizar más veces, astutamente había planeado crear un nuevo cuerpo para él, ya que el mero pensamiento de su propia sangre gobernara no calmaba sus ansias, debería ser él. Voldemort, ningún otro.
Su hijo, era una cuestión incompleta, había tratado formar un cuerpo nuevo para el en varias veces y de miles de maneras, ninguna exitosa, los engendros de sus intentos había perecido antes de nacer o antes de formarse, las madres habían muerto con ellos, la magia inestable había absorbido y destruido.
Casi renunciando a la idea había oído de los magos fértiles, hombres con el don de traer vida al mundo. Pero nada garantizaba que solo por ser hombres sobrevivirían, pero entonces una revelación vino a su mente cuando el más joven de los Malfoy había tenido una pelea con Harry Potter que trataba de evitar que sus mortifagos tomaran el castillo que consideraba su hogar, la magia pura de los Malfoy le había golpeado a distancia con un toque tibio y insinuante, lo estremeció, con el deseo renovado y casi olvidado hasta ese momento, su fuerza chocaba con otra que contenía una esencia más ruda y acida, ambas fuertes pero contenidas, ninguno quería matar al otro, era evidente, pero había decidido pasar esa ofensa por alto alegando a la juventud e inexperiencia. La fuerza era lo que le interesaba en ese momento, una fuerza tan ancestral y poderosa que había despertado en el la esperanza de lograr su objetivo cumplido, un cuerpo nuevo, pero que además por sus venas correría la sangre más pura y poderosa del mundo mágico.
Habían tomado el castillo de Hogwarts. De inmediato había mandado a investigar a la familia, sin resultado, nadie en generaciones había sido considerado fértil desde el su inicio hace más de mil años, pero si el desconfiaba de algo era de los archivos familiares, que se podían modificar a través de las eras para hacer parecer a la familia intachable e invencible, un pequeño obstáculo que había resuelto fácilmente.
Había interrogado al mayor de los Malfoy, su fiel vasallo y mano derecha había escondido muy bien los pensamientos relacionados íntimamente con la familia, los mostraba dócilmente cuando lo ordeno, pero había un resquicio pequeño de su mente que se resistía a sus órdenes y se mantenía cerrada, el castigo físico y mental intenso había logrado cansar las barreras revelando su secreto, el heredero e hijo único de los Malfoy era reconocido como un mago fértil desde el nacimiento.
De inmediato había puesto bajo su "tutelaje" al joven Malfoy, esperando, planificando y estudiando, conocedor de los peligros de aquellas concepciones y las extrañezas de los casos, le habían informado de una medimaga que estudiaba los casos de magos fértiles y había conseguido su "cooperación". Y más de cuidados e instalaciones que habia podido conseguir, ciertamente no sobrepasaba al riesgo de su cuerpo nuevo.
Nagini siseo a sus pies y acaricio sus tobillos.
-Lo sé, ¿tú también los notas?- hablo en parsel. No había pasado por alto, el nerviosismo de su joven- pronto- amante. Sonrió. Quizá el más joven estaba atraído hacia él. Era más que sabido que los Malfoy adoraban, buscaban y se entregaban al poder, razón por la que a medida de sus generaciones sus uniones siempre habían sido con magos y brujas poderosos e influyentes. Como el mismo.
La idea lo acariciaba como un siseo en el oído, sería un cambio que uno de sus amantes se entrega a la pasión en sus brazos y no solo se quedara quieta y asustadiza en sus toques.
Ya lo ansiaba.
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Distraídamente Draco se acomodó en su escritorio donde varios libros de diferentes títulos se agrupaban: Magia de sueños métodos para conquistar mentes, pociones avanzadas de influencia mental, maldiciones metamorfas. Puestos de manera desordenada, con sus páginas abiertas y otras marcadas sin haberse movido desde su salida de la habitación, como si el Draco que había ido con el lord hubiera sido el mismo que volvió.
Draco era otro.
Tomo el primer pergamino que tuvo en la mano y escribió una nota rápida y concisa que describía la llegada del lord, escrito en tono de advertencia. Lo doblo con cuidado y dedicación con detalle en sus formas formando las alas y el cuerpo. Un pequeño dragón de papel. Draco busco con calma la bufanda Gryffindor que había escondido cuidadosamente, encontró en sus fibras una pequeña hebra de cabello negro, lo tomo y lo acomodo en el cuerpo del pequeño dragón para que solo el dueño de la hebra lo abriera dijo un rápido hechizo llenándolo de vida y su propia magia con la esperanza de que su firma mágica ayudara a cruzar la barrera del castillo. La pequeña figura cobro vida moviendo sus alas y su pequeño cuello.
-Ve con Potter y entrega mi mensaje- le dijo y la figura abandono la estancia por la ventana. Draco la siguió con la vista, esperando que la barrera que el lord había puesto no destrozara su pequeño intento, cruzo los dedos en una señal muggle y espero, la figura llegaba hasta un árbol, el límite de la barrera del señor oscuro y la cruzo.
Draco respiro y se despidió del pequeño dragón que se perdía a la distancia, se despidió también del remitente de la nota y de la esperanza…
Draco acaricio inconscientemente su vientre.
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Harry dibujaba rápidamente sobre un pergamino todo aquello que recordaba del mapa que le había dado Draco, las diferentes sendas y breves advertencias que venían al filo de la página. Enrollo el pergamino y la guardo en su bolsillo, entre una mezcla de ansiedad y fiera determinación.
Palpo su varita en su bolsillo por tercera vez y aseguro su mochila al hombro.
Sirius lo llamo desde la entrada.
-Aquí vamos-
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Cuando por la noche Jerina le aviso que sus escoltas habían llegado, Draco sintió que su estómago caía dolorosamente a sus pies mientras daba tumbos y se retorcía de anticipación y unos cuantos temblores lo hacían tiritar como en el más crudo de los inviernos .
Se afirmó a si mismo en su puesto viéndose de reojo en el espejo admirando lastimeramente el conjunto que había elegido para la cena, negro, como le gusta al lord, pero con detalles bordados de tonos profundos en sus puños y su pecho, carraspeo tratando de que la bilis que amenazaba por su garganta retrocediera y dejara de asfixiarle, con determinación se puso su túnica negra de hilo fino y oculto en ella su varita, también un par de pociones que servirían para cualquier contingencia que su mente había imaginado durante todo el día , dos para el dolor, uno para hemorragias y una crema para sellar heridas, también había alistado el par de botellas que había sacado del laboratorios de Severus, con la esperanza de poder pasárselo a algún miembro de la orden en algún momento, si todo salía bien.
-Nada saldrá bien- recrimino su mente, iba a entregarse físicamente al ser más oscuro que conocía y sabia casi como si hubiera desarrollado dotes de adivinación que no sería agradable o placentero, dolería y lloraría de eso estaba seguro, pero mantendría su rostro impasible y ningún gimoteo dejaría sus labios, era lo menos que merecía el honor de su apellido.
Camino hasta la puerta. Paro. Metió la mano en su túnica y saco las dos pociones analgésicas y se las tomo, tal vez no tendría oportunidad de tomarlas después.
A Draco le había caído como una piedra cada bocado de los finos platos que se había forzado a comer y retener, con la mirada clavada en su plato durante la hora que había durado la cena y saltando a cada sonido de choche contra la porcelana, Draco maldijo su nerviosismo y tomo un par de copas de vino fino que no disfruto por su lengua de trapo que tenía gracias a las pociones que había tomado, pero que había arrasado con fuego sus venas.
-¿Te gusto la cena Draco?- pregunto el lord cuando terminaron.
Draco puso la servilleta en su boca para detener una arcada. Levanto la mirada.
-Deliciosa mi lord- dijo en un susurro y la figura oscura rio con ganas mientras lo evaluaba deprecatoriamente con la mirada, Draco sintió correr el miedo por sus venas pero su cuerpo adormecido no se estremeció visiblemente lo cual agradeció, luego de que parecía ser los minutos más tensos de su vida Draco termino su tercera copa de vino, de inmediato sintió la presencia oscura de su anfitrión acercársele ofreciéndole el brazo para que lo acompañase, quiso negarse y salir corriendo, ese fue su primer impulso pero se reprimió y tomo lo que le ofrecían, aun si el tacto de esa piel fría lo hacía tiritar incluso por debajo de la fina tela que lo cubría.
-Acompáñame Draco- le dijo en susurros silbantes y lo llevo a su habitación a paso tranquilo, mientras Draco dejaba su alma a cada paso.
Atravesó la puertas de roble que ya conocía, directamente hacia las escaleras que subían a la habitación, las velas estaban ya encendidas dándole un aspecto etéreo sobres las sabanas de seda negra que brillaban con las flamas y una botella de vino dispuesta con dos copas en una mesilla cercana.
Como si Draco no hubiera bebido lo suficiente ya, el lord le ofreció una copa y lo acomodo en el filo de la cama. Draco casi deseaba que lo tomara rápidamente y así poder retirarse a su propia alcoba y lanzarse a si mismo un Obliviate o beber hasta la inconciencia, cualquiera le venía bien en esos momentos estaba harto de tanto "cortejo" innecesario, simplemente tenía que abrir las piernas y … no podía pensarlo sin asquearse, pero sería necesario ya que el tiempo era oro y cada minuto y segundo que pasaba distrayendo el lord era un segundo que la orden ganaba para adentrarse a los terrenos del castillo y de salvar a su padrino y a los gemelos que consideraba ya sus hermanos.
Termino la copa y la apoyo en la mesa con un sonido que sonó en la habitación, el lord se acercó a él ya sin el saco y empezó a acariciar sus mejillas con filosa suavidad mientras esas largas uñas rasgaban su piel.
Noto entonces que era empujado para echarse encima de la cama mientras que capa tras capa de su ropa se perdía y sentía el aire frio en la piel, cerrando los ojos se acomodó en la cama ya con el torso desnudo.
-Sube los brazos Draco- ordeno la oscura voz y Draco obedeció.
De inmediato sintió el tacto metálico en sus muñecas que lo anclaban y de algo frio y húmedo sobre su pecho y aunque Draco cerraba los ojos supo que el lord estaba lamiendo su pecho con gula, las manos frías como la muerta le rodeaban el torso y acariciaban su espalda su rostro y sus piernas.
Sintió las lágrimas juntarse tras sus parpados pero se negó a derramar alguna y trago copiosamente.
Cuando las frías manos empezaron a sacarle el pantalón Draco se resignó y apretó los puños dolorosamente, su miembro flácido no pareció decepcionar al lord y continuo con su examen tocando todo y forzando a besarlo dolorosamente de vez en cuando, Draco agradeció su tacto adormecido.
El lord separo sus piernas desnudas y no pudo contener más una par de lágrimas traicioneras que resbalaban de sus ojos a la almohada, entonces perdido y sintiéndose sucio forzó a su mente a viajar a un lugar fuera de esa habitación y sus duras paredes, a un lugar como la mansión de su familia donde todo era conocido y seguro donde su madre golpeaba su puerta en las mañanas para que se levantara, donde su padre sacaba tiempo en las tardes para enseñarle de etiqueta, sociedad y de los negocios de los cuales se haría cargo en el tiempo, donde los elfos domésticos pasaban de contrabando algunos chocolates de licor que su padre guardaba en un cajón en su estudio. O en su sala común frente a la chimenea que había visualizado miles de veces, con sus amigos hablando de alguna tontería de la sociedad o chisme local mientras bebían cerveza de mantequilla, a pesar de todo no pudo evitar el torrente de lágrimas que salían silenciosas de sus ojos, ni el aire que se trancaba en el pecho ocultando sus gimoteos.
Fue el momento en que se escucharon frenéticos golpeteos en la puerta.
Draco escucho entonces una maldición y unos pasos apresurados, una puerta que se abría.
-Mi señor…-decía la voz agitada- atacan el castillo.
Entonces Draco abrió los ojos y formo una sonrisa estúpida acompañado de un gorgoteo hizo mella en su pecho, los pasos del lord se detuvieron frente a él.
-Vístete-ordeno la furia voz y sus brazos se vieron sueltos de la cabecera de la cama. Draco se levantó agarrotado pero forzando a sus músculos tomo su ropa y se forzó a vestirse, tomo sus capa y aseguro sus varita, cuando salió de la habitación un hombre lo esperaba para escoltar lejos del castillo. Draco lejano a aquel deseo, lo desmayo y corrió a la habitación de los gemelos, que se encontraban agazapados en su habitación con el sonido de explosiones de fondo, los tomo a ambos y los llevo al tercer piso con la firme intención de encontrar alguna vía de escape de aquel castillo, todo el revuelo era mala señal.
-Draco- gimió Alvand desconcertado cuando vieron correr una par de encapuchados a lo lejos.
-No se preocupen- afirmo- saldremos de aquí.
Draco los condujo a un aula vacía y se acercó al gran ventanal viendo a sus pies la función de luces de colores que advertían de hechizos imperdonables, la negra noche solo disfrazaba la identidad de los combatientes, el fuego consumía partes del bosque prohibido.
-Debemos irnos-
-Me temo que no será posible- respondió una voz a sus espaldas, rápidamente Draco volteo con el corazón batiendo en su pecho.
Entonces solo capto vestigios de su alrededor en una velocidad exorbitante, la primera era Octavius Loffer apuntándole con su varita y lazando un hechizo, el jadeo de Alvand y Zachary acompañado de un sollozo, su cuerpo atravesando el cristal y los pequeños pedazos que se le incrustaban en la piel, el ardor del maleficio quemándole el pecho, se vio de pronto contemplando las estrellas que brillaban paralelas a su vista y las admiro mientras se hacían más lejanas y su cuerpo caía y caía en la negrura con los gritos de dos niños tronándole en los oídos.
Su cuerpo choco contra la superficie dura, primero sus espalda y luego sus extremidades que rebotaron.
Las estrellas eran tan hermosas esta noche.
o-o-o-o-O-O-O-o-o-o-o
Harry jadeo y se llevó una mano al pecho por un súbito y corto dolor que de pronto lo lleno con angustia, giro sobre sus talones y observo a lo lejos el gran castillo que se alzaba entre luces de colores y humo de las explosiones.
Observo a los miembros de la orden a su alrededor dispersados en el calor de la batalla mientras avanzaban a la puerta principal rápidamente y como se le había prometido había pocos guardias y con los que se encontraban eran inexpertos y torpes en algunos casos.
Harry corrió y alcanzo al grupo principal de la avanzada que estaba dirigida por un auror, a lo lejos vio a su padrino y a Remus luchar contra unos mortifagos de forma eficiente, hasta ahora la avanzada corría bien y no había rastros de los hombres lobo que Draco le había advertido.
Dentro del castillo Harry recorrió los conocidos pasillos con una sensación pesada, la cicatriz ardiendo, fue ahí cuando se dio cuenta que Voldemort estaba en el castillo, lejos de estar asustado afirmo su varita y siguio su rastro, enfrentando a enemigos casuales, los cuales caian rápidamente, la angustia aumentaba, entre el estribillo de la lucha escucho un grito fino, corrió a su busca hacia las afueras del castillo llego justo al ver a un hombre desaparecer junto con otros dos. Harry corrió entre pasillos y escaleras buscando en habitaciones y pasadizos sin señales del Slytherin, llego al séptimo piso y en la sala de los menesteres no encontró a nadie, un par de compañeros lo llamaron y se dirigieron a las afueres donde se llevaban a cabo más de un combate, ayudo a los más cercanos y se alejó viendo a sus compañeros combatir incansablemente, su cuerpo que resentía su esfuerzo se quejó y se amilano, pero Harry continuo en medio de la refriega, persiguiendo a los que huían.
Terminando con un mortifago Harry se vio solo a las afueras del bosque prohibido con un cadáver de compañía, cayó al suelo de rodillas cansado y respirando agitadamente.
-Al fin nos vemos Harry Potter- siseo la voz
A Harry le empezó a doler la cicatriz.
o-o-o-o-O-O-O-o-o-o-o
Draco gemía y se agitaba tratando de despejar su boca del metálico sabor de su propia sangre que amenazaba con ahogarle. Sus miembros no se movían y podía deslumbrar un ángulo extraño en su brazo derecho y un dolor pungitivo cuando lo movía disminuido gracias a las pociones que se había tomado, sin ello estaba seguro de que estaría gimiendo de dolor y en agonía, trato de girarse pero el sonido crepitante de huesos rotos lo alerto y un dolor amortiguado llego desde su espalda.
¿Se habría roto también la columna?
Los pequeños cortes de la cara parecían sangrar profusamente y le nublaban la vista un tinitus sonaba en sus oídos y sentía su corazón latir lentamente bombeando con esfuerzo vida entre sus venas. Gimió. Draco no quería morir, no sin vengar a su madre, a Alvand y Zachary, a Frida y a los Slytherin.
Gimió de nuevo por el pensamiento tan...Gryffindor.
Lo intento de nuevo con toda la fuerza que pudo reunir y se giró con el pecho a tierra ignorando ciertos crujidos molestos, ya con la cara sobre la hierba se impulsó con las manos para ponerse de pie, pero las fuerza lo traicionaron y cayo dolorosamente incluso con la poción rondándole el cuerpo. No se movió ni lo intento de nuevo, el cuerpo mal trecho se lo impidió. Draco suspiro en un gorgoteo de sangre y ya resignado se dejo estar, el tiempo no le importó, el frio suelo lo recibió y le contagio calando hasta lo más profundo, se preguntó vagamente si eso significaba el inicio del invierno.
-Es…mi…fin…- dijo no muy seguro si su voz realmente había salido de su garganta, una lagrima cayo.
Eres tan débil, se retó a si mismo.
¿Ahora que será de los gemelos?
¿De Frida?
Ese hombre horrible, Octavius Loffer, lo había atacado y…¿matado?, sin grima, ni asco. Era un ejemplo de mortifago.
-Mal…dito- gimió. Casi era imposible de creer Draco Malfoy fuera derrotado por tal…basura, si no había otra definición, pero se vengaría y disfrutaría cada momento. Por lo tanto no podría quedarse ahí en medio de la noche, muriendo lentamente, tenía que levantarse encontrar a los gemelos y salir del castillo. Pero la fuerza no le daba ventaja y tenía la columna rota, trato de alcanzar su varita dentro de su túnica y noto que un par de dedos no le respondían aun así hurgo sus bolsillos con pulso tembloroso chocando con los frascos de pociones las saco cuidadosamente, la poción contra hemorragias estaba rota y su contenido se deslizaba entre los dedos, la pomada no le servía en este momento y la puso a un lado, jadeando por el esfuerzo paro un momento antes de sacar las otras dos botellas que tenía. "luz de lobo", gimió por la ironía.
A caso estaba destinado a morir allí, solo y destrozado, que dirían sus ancestros cuando lo vieran llegar vencido, su apellido por los suelos, seria repudiado por aquellos que habían vivido antes que él y habían enfrentado mayores riesgos saliendo airosos- usando triquiñuelas e influencias- pero era lo de menos, el resultado era indiscutible.
Maldijo su mal trecho cuerpo y apretó sus manos con la poción de lobo entre ellas.
Los lobos sanaban rápidamente ¿verdad?, gruño y con enfado trato de destapar la pócima, fallando estrepitosamente, al tercer intento lo movió y lo zafo, acerco a sus labios el contenido y apuro en contenido tratando de tragar y sobrepasar el sabor de su propia sangre en su garganta.
Que hice
No pudo responderse, al momento empezaron las convulsiones de la transformación, su cuerpo empezó a agitarse, el dolor lo atravesó como un millón de cuchillos que la poción para el dolor no puso contener, grito o creyó gritar hasta quedarse afónico, se agito, sus brazos y piernas rompiéndose aún más para aumentar de tamaño, sus músculos y su piel estirándose hasta lo indecible. El dolor no remitía a pesar de las horas que llevaba o eso le parecía, cuando por fin puso respirar sin dolor, se apoyó en el piso y se puso de pie sorprendiéndose por la altura y mareándose, cayendo al piso de nuevo, al nuevo intento se tambaleo pero no cayo. La cabeza le pulsaba horrores y el cuerpo le picaba y estaba seguro que la calidez de su espalda era su propia sangre tibia. Dio un par de pasos vacilantes, contento con no caer estudio sus manos ahora grandes cubiertas de pelo color de luna, tenía garras negras grandes y afiladas.
El olor de sangre pico su nariz sensible y de su pecho broto un gruñido.
Conocía el olor metálico de la sangre, el olor de piel chamuscada y del miedo.
Debía defender su territorio.
El pensamiento lo tomo por sorpresa y un nuevo mareo lo invadió, la mentalidad salvaje se hizo presente y lo rezago, peleo y peleo por cada gramo de conciencia, pero perdía en cada oportunidad.
Eres Draco Malfoy. Eres Draco Malfoy. Eres Draco Malfoy.
Se repitió miles de veces, antes de que el "lobo" decidiera caminar y buscar a los que llenaban de miedo y muerte el aire de su territorio. Salió corriendo, con los huesos crujiéndole y la sed de sangre.
o-o-o-o-O-O-O-o-o-o-o
Harry tenía ya muchas heridas en el cuerpo por esquivar maldiciones, la cabeza le dolía y no lo dejaba concentrarse. Voldemort rio con ganas y lanzo otra maldición que esquivo a penas. Su cuerpo colapso.
-Nadie va a ayudarte ahora Harry- dijo Voldemort con tono feliz- terminare con esa estúpida profecía ahora.
Voldemort se acercó lentamente a Harry que se sentía terriblemente débil, maldijo mientras dos mortifagos salidos de la nada lo tomaban de ambos brazos y lo ponían de rodillas frente al lord.
-Adiós niño-que-vivio- Voldemort levanto su varita. Un gruñido rompió el aire. Los rostros voltearon a espaldas del lord, antes de ver un zarpazo atravesar el aire y chocar contra el pecho Voldemort que aulló de dolor y retrocedió rápidamente con la ropa del pecho hecha jirones y trazos de sangre negra salir de sus heridas. Voldemort lanzo un hechizo que reboto en el pecho del hombre lobo que siguió avanzando gruñendo y mostrando sus filosos dientes bajo su gran hocico, Harry fue liberado y aprovecho para alejarse. El hombro lobo volvió a lazar zarpazos, que los mortifagos esquivaron, pronto el sonido de pasos alerto a todos y los mortifagos tomaron a Voldemort de los brazos y susurraron en su oído un par de palabras y desaparecieron, no sin antes que el lord oscuro lanzara su última mirada de furia a Harry a la distancia.
Harry respiro tranquilo unos segundos antes de que un gruñido letal lo alertara, se puso de pie y convoco su varita, tan pronto sintió el familiar toque de la madera la apunto hasta el hombre lobo, que parecía caminar directamente hacia el. Harry mantuvo un hechizo en su mente pero no lo verbalizo, casi sorprendido de lo que tenía en frente, nunca había visto un hombre lobo tan…inusual. El pelo común café o negro había sido relegado por un color blanco, que brillaba con tono plateado bajo la tenue luz de luna de la noche, era alto mas no tanto como Remus, parecía casi un adolecente en desarrollo. Sus ojos grises hasta lo impensable brillaban con ferocidad y casi locura lo cual le daban un brillo siniestro y atrayente, por lo cual Harry no podía apartar la vista de ellos.
Cuando casi se encontraban a un par de metros, mas gruñidos empezaron a formarse en la noche y más hombres lobo salieron de entre los árboles, amenazantes y mortíferos con los dientes desnudos. Harry se sintió acorralado por ambos flacos, temeroso puso atención a ambos bandos esperando el primer ataque, un mayor gruñido silencio al resto pero no al peliblanco, de entre las sombras más pesadas salió un hombre lobo de pelaje oscuro, más alto que el resto, se posiciono al frente en situación favorecida y dominante frente a los otros, dando a entender su rango superior, gruño de nuevo, pero esta iba dirigido al peliblanco que se movió ágilmente hasta quedar frente al más alto y lo confronto con una guerra de gruñidos y miradas. Al final Harry no supo como pero ya tenía a Remus a su lado mientras otros magos conjuraban hechizos para alejar a los hombre lobo.
Viéndose atacados todos corrieron al interior del bosque, fue por un momento pero Harry atisbo un reflejo casi mágico en el lóbulo de una gran oreja del lobo peliblanco, se le tranco e aire en el pecho al atar cabos. Se zafo del agarre de Remus y emprendió carrera siguiendo a la manada de hombres lobo sin escuchar los llamados y gritos a sus espaldas.
Esquivando ramas y árboles se internó más y más en el oscuro paraje, sentía un par de pisadas rápidas a sus espaldas pero no le dio importancia, siguió el rastro hasta lo profundo, cundo se detuvo detrás de un árbol, agotado, se apoyó y observo al grupo, tratando de pasar desapercibido, y lo que vio le hizo cuestionar muchas cosas. El grupo numeroso rodeaba al peliblanco y le gruñían, pero no le acercaban a él, solo el más alto lo tenía de frente, siguiendo el confronta miento, pero parecía ser más…civilizado desde la perspectiva de Harry.
-¡Harry!- grito una voz.
El grupo frente a él se dispersó rápidamente a un gruñido del más alto perdiéndose a lo lejos, dejando atrás al peliblanco que se acercó a Harry y empezó a gruñirle y a amenazarle, entonces de nuevo el brillo en la oreja puntiaguda.
Harry paso saliva y salió detrás del árbol.
-Mal…¿Malfoy?- pregunto en voz baja, el gruñido aumento. Harry vio su anillo en un tono rojizo.
El hombre lobo lanzo un zarpazo, que esquivo.
Alguien lanzo un hechizo que hizo retroceder al peliblanco y a Harry lo tomaron de los hombros.
-Harry, vamos- lo jaloneo Remus
-No espera- le dijo luchando en sus brazos- le conozco-
Se acercó nuevamente y el peliblanco gruño.
-Malfoy. Eres Draco Malfoy- le dijo- Tu padre es Lucius Malfoy, tu madre se llama Narcisa.
El hombre lobo retrocedió como si le hubieran dado un golpe.
-Debes volver a ser tu mismo Draco. Tienes que recordar.- avanzo un paso.
-Tu estudias en Hogwarts, eres de la casa de Slytherin, eres de "sangre pura" y eres insoportable y pedante por eso…-
El hombre lobo gruño. Harry rio pero no bajo la guardia
-Tus amigos se llaman Pansy Parkinson, Theodore Nott y Blaize Zabinni. – el hombro lobo agacho la cabeza y paso sus garras por su cabeza como si esta doliera. Harry por reflejo se acercó y tomo en sus manos la cabeza del más alto.
-Eres Draco Malfoy-susurro- quieres ayudar a los Slytherin después de la guerra, deseas salvar a tu padrino Severus Snape y… hace un par de semanas tu y yo…-
El hombre lobo se puso de cuclillas y apoyo su pecho en el de Harry , este lo abrazo.
-Draco…-susurro
El hombre lobo empezó a convulsionar y a cambiar de forma lentamente, de un momento a otro Harry sostenía a un rubio desnudo entre brazos, inconsciente y con un par de heridas en el cuerpo. Lo miro embelesado como si fuera la primera vez que posaba su vista en el, su piel brillaba y noto que expelía un olor suave y atrayente. Lo acomodo mejor en sus brazos.
-Es Malfoy. No puedo creerlo- dijo Remus a sus espaldas y Harry salto.
-Si, lo reconocí por el pendiente en su lóbulo- Se puso de pie y lo levanto en brazos- Voldemort está herido- anuncio- huyo y no creo que vuelva al colegio, llevare a Draco al cuartel para que lo vea un medico.
Harry empezó la marcha a un lugar más estable.
-Si vez a Sirius dilo que lo veré en el cuartel- y desapareció.
Nada más llegar fue asediado por Hermione y Ginny que se habían quedado para ayudar con los heridos, lo miraron por todas partes y parecieron no dar crédito del chico que llevaba en brazos, porque se detuvieron abruptamente al ver su rostro.
-¡Es Malfoy!- exclamo Ginny escandalizada.
-¿Harry que paso?- Hermione se acerco y examino el cuerpo del rubio tras un leve sobresalto.
-Estaba en el castillo- aclaro- está herido, pero no de gravedad-
A menos eso creía Harry.
-Lo llevare a la enfermería- Harry se giró pero vio interrumpido su paso.
-No lo harás Harry, debes llevarlo a la prisión momentánea, hasta que se lo lleven a Azkaban.- Le dijo Ginny parándose frente a el, con el gesto fruncido.
Harry trago duro ahogando un par de palabras nada amables que se "Harry "oscuro quería gritarle.
-Qui-ta-te- le dijo con voz contenida. Un florero se estrelló sobre la pared.
-¡Harry!- recrimino Hermione- ¡Basta!- se puso frente a Ginny.
Harry sintió una onda mágica reunirse en ciertos lugares de su cuerpo y salir en ondas de el. Las mujeres frente a el se estremecieron visiblemente.
-Harry- dijo Hermione suavemente- Malfoy necesita atención medica llévalo abajo.
-¡Que!. No Hermione, no puedes estar de acuerdo con que ese mortifago…-
Todos los cuadros de la habitación cayeron al suelo, se oyeron réplicas de las mismas.
-Cállate, Ginny lo estás alterando.-
-¿Alterando?, Hermione no entiendes…-
-Tu no entiendes Ginny…- replico Hermione.
La puerta se abrió.
-Oh, ¿estas todos reunidos?- dijo luna acercándose al grupo- Hola Harry, hola Draco, ¿vienen de la escuela?, escuche que los grupos mandaran a sus heridos en cualquier momento- vio a Draco.
-Harry ¿no seria mejor que lleves a Draco a tu cuarto?, no se ve muy herido y en la enfermería todo el mundo lo tratara mal, como a Pansy.-Luna se arregló el pelo.
Harry que se había calmado, escucho apariciones en la habitación contigua y luego voces.
-Subire con Dra…Malfoy a mi habitación, lo cuidare mientras se despierta, luego podrá decirnos lo que sabe.-
Ginny quiso protestar.
-Luego- interrumpió Harry- ya veremos que le sacamos en información.-
Harry cambio de rumbo hacia las escaleras y las subio de dos en dos rumbo a su habitación. La abrió de un puntapié y dejo a Draco en la cama, cansado hasta el límite, se quitó la ropa con olor a humo y se puso ropa limpia, saco un par de pantalones de tela de un cajón y trato de ponérselos al rubio, aunque eso le costó del todo por el cansancio y ni siquiera tuvo energía para avergonzarse del hecho de que el otro estaba desnudo frente a el y en persona.
Se hecho en la cama a un lado del durmiente y lo ultimo que recordó es haber cubierto sus cuerpo con un cobertor antes de caer a la nada.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
Como siempre un placer.
Gracias a Mary y a Guest por sus comentarios
Nos leemos.
Pryre-chan
