Capítulo 10
Juntos de nuevo
Anthony se sentía muy feliz, pues la promesa de su madre se había cumplido. Y era correspondido por aquella dulce pecosa. Vincent Brower pasó una semana de visita en Lakewood, y la aprovechó al máximo con su hijo. Por supuesto, el muchacho había invitado a Candy a todas las actividades. Al principio ella se opuso cortésmente, pues no quería estorbar entre él y el tiempo con su padre. Pero, ellos insistieron que aceptara. El capitán deseaba conocer bien a aquella dulce jovencita, y no tardó en notar las miradas de amor entre ella y su hijo. Habían ido a cabalgar, navegaron por el lago Michigan, y permanecieron largo rato charlando en el rosedal, contando con detalle numerosas anécdotas. Entre ellas, la razón por la que los hermanos Leagan estaban ausentes.
- Me alegra que no te haya pasado nada Candy. No entiendo cómo pudieron hacer eso.
- Ya pasó capitán… No se preocupe. – Dijo la chica tímidamente. –
- Sí papá, no pasó nada y ellos por un buen tiempo no molestarán.
- Anthony…
- ¿Sí?
- Hijo, ya sabes que debo irme mañana temprano a Francia. Tengo varios negocios pendientes.
- Lo sé papá, entiendo.
- Sé que fue solo una semana, pero volveré pronto.
- Fue una semana inolvidable papá, gracias. – Dijo el rubio gentilmente. –
- Hijo, hay algo más por hacer hoy.
- ¿Qué es?
- Iremos a visitar a tu madre. – Sonrió el capitán con melancolía. A su hijo se le nublaron los ojos. –
- Papá…
- Sí hijo, debí hacerlo contigo hace mucho tiempo. Pero sé que aún no es tarde, quiero decirle que estamos juntos nuevamente, y que estaremos bien.
- Papá, ella lo sabe. Estoy seguro, pero igual iremos. Yo también quiero hablar con ella.
- Entonces, los veré luego. – Dijo Candy dispuesta a retirase. –
- No tienes por qué irte Candy, tú también puedes venir.
- Pero Anthony…
- Sin peros Candy, ella estará contenta si la visitas con nosotros.
- Tienes razón hijo. Candy, te le pareces tanto… Ella estará encantada si vienes.
- Capitán…
Finalmente, la rubia aceptó acompañarlos. De repente, sus ojos vieron un brillo entre las hojas secas del rosedal, que florecería de nuevo en la próxima primavera. Sin embargo, aún no estaba vacío.
- ¡La última rosa que queda es una Dulce Candy! Qué hermosa es.
- ¿Esta es tu creación hijo?
- Sí papá, el nombre surgió de Candy.
- Es preciosa, y su nombre es muy acertado.
– Comentó sonriente el señor Brower, Lo cual provocó un tierno sonrojo en Candy. –
- Anthony, llevémosle a tu mamá esta rosa. Le encantará.
- Claro que sí.
El joven tomó la rosa, y agradeció a Candy ese gesto tan tierno. Los tres llegaron al cementerio al atardecer. No tardaron en encontrar la lápida donde se leía:
"Rosemary Andley"
Amada hija, hermana, sobrina, esposa, y madre. Siempre bella, cual rosa en primavera.
El primero en hablar, fue el capitán.
- Mi amada Rosemary… lamento haberme tardado tanto en venir a verte querida. Mi dolor era tan profundo cuando te fuiste, que me alejé de nuestro hijo. No quería que sufriera aún más por mi estado. Pero ahora, me doy cuenta que no fue correcto. Por eso, hoy estamos juntos de nuevo. Buscaré la forma de estar con él más tiempo. Sé que es tu deseo, te amo.
El bondadoso hombre sonrió enjugando sus lágrimas. Sentía una gran paz después de hablarle a su amada, y que la tristeza que quedaba era finalmente sanada. Su hijo lo abrazó cariñosamente, y luego se arrodilló junto con Candy. Anthony habló con gran dulzura.
- Hola mamá, aquí estoy. No dudo que estás muy feliz ahora. Gracias por todo tu amor, no fue fácil para mí estar sin ti y papá siendo tan pequeño. Pero ahora, ya no me siento solo. Gracias a ti, a tu promesa cumplida, y a alguien que quiero presentarte, Candy.
- Es un placer conocerla señora Rosemary. Con todo lo que me han contado de usted, sé que fue una gran persona. Yo no tuve mamá, pero sí recibo amor maternal, de dos gentiles maestras que me criaron. Usted tiene un hijo maravilloso, es mi mejor amigo. Hoy traemos esta rosa para usted, fue creada por él.
- Se llama Dulce Candy. Hasta pronto mamá, te amo y siempre te tengo presente, como me lo dijiste aquella vez.
El rubio sonreía con cálidas lágrimas en sus ojos como el cielo. Igual que su padre, sentía paz y alivio en su corazón. Candy lo abrazó dulcemente, conmovida y contenta. De ese modo terminaron aquella semana tan especial. Al día siguiente, Los dos rubios y los hermanos Cornwell acompañaron al capitán al puerto.
- Cuídense mucho, muchachos.
- Usted también tío.
- Anthony, volveré muy pronto hijo. Lo prometo.
- Buen viaje papá. – Le respondió sonriente, con un abrazo. –
- Candy…
- Buen viaje capitán. – Dijo la rubia dulcemente. –
En ese instante, el hombre la envolvió en sus brazos con gran cariño, y le dijo al oído:
- Mi hijo es afortunado de estar contigo.
Candy se asombró, jamás había sentido el abrazo de un padre. Y justo esa mañana, por primera vez lo sentía. Cálido, protector, y tierno. Ella le dio un dulce beso en la mejilla, y susurró:
- Es mi mejor amigo en el mundo.
Mientras tanto en Nueva York…
La compañía Dandelion progresaba favorablemente. Pues, habían sido invitados presentarse en el teatro por toda la semana, luego de que el dueño los viera actuando en una plaza. Recibieron grandes ganancias, y el domingo, una visita.
- ¡Hanako!
- ¡Hermano!
Se trataba de la hermana menor de Kennosuke. Era una hermosa y simpática joven que estudió canto. Su voz era preciosa, y hace varios años, había conocido a la compañía. Había extrañado mucho a su hermano cuando él tuvo que irse de Japón. Pero él cumplió su promesa de buscarla en cuanto fuera mayor. Quedaron huérfanos siendo pequeños, pero desde que conocieron a la compañía, se convirtieron en su nueva familia. Al crecer, Hanako se dedicó a viajar por el mundo dando hermosos conciertos. Y cada vez que podía, los visitaba. Los dos hermanos se abrazaron fuertemente.
- Hermana…
- Kennosuke, te extrañé mucho.
- Yo también a ti.
- ¡Hola Hanako!
- Hola a todos, me alegra verlos otra vez.
Por otra parte, los hermanos Leagan se encontraban llegando a Escocia, el viaje resultó agitado, e incómodo. Pues habían atravesado una fuerte tormenta, Eliza estuvo mareada casi a diario, su cara se había tornado verde pálido, las camas estaban duras y no dormían bien. Por lo que, eran más malhumorados y groseros de lo habitual. Sin embargo, aún les esperaban sorpresas más desagradables.
Pronto llegó el cumpleaños de Archie, se celebró alegremente en Lakewood. Annie fue invitada, y con una tierna y a la vez tímida sonrisa, le entregó al joven su regalo.
- Feliz cumpleaños Archie, espero que te guste.
El muchacho abrió la caja. Contenía una bufanda de color azul, y una pequeña tarjeta que decía:
"Feliz cumpleaños, la tejí con todo mi amor.
Annie"
- Muchas gracias Annie, me encanta.
- Me alegro.
- ¿Quieres bailar linda?
- Me encantaría.
Annie estaba contenta de estar con el chico que le gustaba. Y Archie, al bailar con ella en aquella ocasión, sintió algo extraño en su interior, pero también era hermoso. Sentía que quería acercarse más a Annie, un bello sentimiento por ella nacía en su corazón.
Continuará…
"¡Hola! Aquí está el nuevo capítulo. Ayer fue el cumpleaños del "Elegante Gatito" Archibald Cornwell. Por eso, se muestra también su celebración. En el próximo capítulo, verán más detalles de los hermanos Leagan. ¿Qué creen que les pase? Hanako es mencionada un par de veces por Kennosuke en Nadja del mañana. Su ocupación fue de mi imaginación. Nos leemos pronto. Espero disfruten, y comenten."
