Esta Es Mi Familia
Por Pryre-chan
Los Personajes De Harry Potter No Me Pertenecen
Son de J.K Rowling
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Capítulo 16
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El niño rubio volteo a verlo.
-Hola mi nombre es Draco. Draco Malfoy-
Harry se removió por la emoción durante un momento ¡Al fin había podido acercarse a ese niño resplandeciente!
Y Harry no bromeaba, el niño rubio prácticamente brillaba entre el gentío que iba y venía haciendo compras de fin de año. Le respondió en voz baja.
-Soy Harry Potter-
-¿Vas a Hogwarts también?- le pregunto el rubio señalando los uniformes de Quidditch del aparador. Los colores rojos, verdes, azules y amarillos cubrían los trajes de juego, haciéndolas lucir inmensas y soñadas para ojos jóvenes.
-Si- Harry sonrió con ganas – ¿En qué casa crees que estarás?- le pregunto emocionado, el corazón galopante. Era el primer amigo que hacia sin la intervención de sus padres.
-Slytherin- respondió el pequeño Draco con seguridad. Harry bajo la vista y sonrió, una sonrisa pequeña-¿Y tú?-
Harry dudo un momento, su padre le había hablado innumerables veces del carácter y defectos de las personas que pertenecían a la casa de las serpientes, pero el rubio no parecía ser nada de eso, luego de un largo silencio decidió ser sincero.
-Mis padres son Gryffindor`s y yo…espero ser uno también-
Draco lo estudio un largo momento, el ceño fruncido adorablemente.
-Eso…está bien- el pequeño guardo silencio durante un largo momento volviendo la vista de nuevo hacia el aparador Harry empezó a ponerse más nervioso y empezó a tocarse la oreja. Indeciso se acercó un poco más al otro niño para hacerse notar.
-¡Oh mira eso!- dijo abruptamente el niño rubio. Harry dio un pequeño brinco sobre sus pies y retrocedió un paso, cuando miro al otro niño lo vio observando maravillado el otro lado de la vitrina mientras un empleado colocaba una Nimbus 2000 con un pequeño letrero.
Harry pego un brinco mientras ponía una mano en el vidrio impresionado al mismo tiempo que el niño rubio.
Algo chispeo.
Los dos niños se vieron un largo momento con dudas en los ojos. Sus pequeñas manos juntas.
Harry conocía esa sensación, algo se acento en su pequeño pecho, había sentido eso antes ¿Lo habría olvidado?
¿Quizá había conocido a aquel niño antes?
-Draco…-
Harry vio como la piel blanca se teñía de rosa y como una pequeña lagrima bajaba por la mejilla de su nuevo amigo.
-Draco querido es hora de irnos-
La voz suave de una mujer sonó acompañada del tintineo de una pequeña campana.
-¿Que pasa querido?-
-Nada madre-
Harry vio como el niño rubio se alejaba de la mano de una elegante mujer de vestido rosa. Los siguió con la vista hasta que se perdieron a la distancia.
-Harry- llamo su propia madre llegando a él desde la calle.
Draco.
Ese nombre…
Era lindo.
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-Oye D-Draco- le llamo Harry impulsivamente cuando lo vio solo en un pasillo, de inmediato se arrepintió, pero no pudo evitarlo, sintió un impulso nacerle de la nada.
El rubio lo estudio de arriba abajo y por un momento Harry pensó que lo ignoraría cuando los ojos grises se detuvieron en su corbata roja o en su camisa desfajada que arreglo de inmediato. Como ambos habían pronosticado acabaron en casas diferentes y peor aún, en casas rivales acérrimas, pero contrario a lo que pensaba el rubio se acercó a hablarle.
A Harry se le sacudió el cuerpo y se le acelero el corazón.
De nuevo.
-Hola- le dijo con un rostro enrojecido.
-Hola Potter-
Harry no sabía porque estaba tan feliz y porque la mirada de recelo de sus compañeros de casa no le molestaba en absoluto
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Draco se había desvanecido entre sus brazos.
Harry no escondió su desesperación, a gritos pidió ayuda mientras tomaba las pálidas manos entre las suyas
Un maestro llego pronto y lo llevo a la enfermería.
-Draco ¿estás bien?- le pregunto Harry en cuanto despertó. Estaba sentado a su lado mirándolo con rostro de preocupación.
-Yo...si ¿qué paso?-
-No lo sé, Madame Pomfrey lo está investigando-
Draco levanto una mano temblorosa y se limpió la frente del sudor frio que sentía.
-¿Y el profesor Snape?-
-¿Quien?-
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Draco jadeo y se derrumbó en el suelo, el aire le faltaba y sentía un bochornoso calor recorrerle el cuerpo, gimió al reconocer los raspones en sus rodillas por haber caído sobre ellas sin cuidado cuando el pelinegro lo empujo.
-¿Draco?-
-Estoy bien-
Harry ahogo una risa al ver a su compañero de juego desparramado en el suelo contrariando todas las ideas de decoro y magnificencia Malfoy que le había contado hace poco.
Lo observo hasta que los ojos grises lo miraron con incomodidad. Harry carraspeo y miro a otro lado mientras extendía una mano para ayudar a su compañero.
-Dijiste que nunca habías jugado Quidditch- le acuso el rubio cuando estuvo de pie.
-Nunca lo hice- le aseguro Harry- Yo también estoy sorprendido, quizá sea un prodigio-
Draco se carcajeo. Harry se estremeció, guardaba cada risa y sonrisa del rubio en el fondo de su memoria para recordarlo luego.
Era tan hermoso que le detenía el corazón, se preguntaba si un ángel real tendría el mismo efecto.
Le dio un último apretón a la pálida mano ahora llena de tierra y la soltó.
-¿Volvemos?-
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-¿Qué haces aquí Potter?-
La voz de Draco sonó estrangulada, viendo a ambos lados de su mesa vio con asombro que nadie les tomaba atención, ni siquiera Pansy o Blaise que estaban a sus flancos concentrados en sus comidas.
-¿Podemos comer juntos?-
El rubio aun impactado solo asintió con cuidado vigilando atentamente todo el salón, buscando una señal de animosidad. Pero no paso. Eso no era normal.
¿Lo era?
Draco supo que no, que tendría que gritar y blasfemar hasta que el Gryffindor se alejara hacia su propia mesa, pero no pudo hacerlo.
Era raro. Draco sabía que algo no cuadraba, pero luego de un minuto no encontró la forma de mantener ese sentimiento de malestar.
Está bien, estoy bien.
Pero la sensación de ardor en su pecho se mantuvo, como una comezón intratable y molesta.
Draco perdió el conciencia dos veces más.
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Como siempre despertó en la enfermería con Harry a su lado, vagamente se preguntó por qué no venían a verlo sus compañeros, porque hasta ahora no había visto a Madame Ponfrey.
Su padrino no había venido a verlo ni una vez
Su cabeza empezó a palpitarle dolorosamente y gimió adolorido. Su vientre bajo empezó a punzar.
-Tranquilo Draco, estarás bien- le susurro Harry a su lado, tocando su frente con ternura.
-¿Que me pasa?- pregunto cuando su agonía se vio reducida.
-No lo sé…quizá si…no…-
Draco se perdió entre el balbuceo del Gryffindor cuando se desmayó.
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Cuando los castigaron lo último que Draco pensaba era que lo llevaran al bosque prohibido.
¡Era prohibido!
Aunque sus miedos le atenazaban la garganta y más de un replica era ensayada en su mente para plasmarla en una carta a su padre más tarde, se mantuvo firme e incluso mantuvo un gesto desinteresado.
El enorme guardabosque los dejo solos con una triste linterna recorriendo oscuros y traicioneros pasajes.
Se abrigo aún más con su túnica echando maldiciones en voz baja.
-No tengas miedo Draco-
-¡No tengo miedo Potter!-
Las ramas de un árbol se movieron tenebrosamente y Draco salto sobre sus pies apresando aún más su túnica. Escucho el siseo de la risa que su acompañante trataba de ahogar.
-No tengo miedo Potter- le dijo en voz baja, lo que logro una carcajada del Gryffindor.
Rojo de ira se adelantó varios pasos sosteniendo la linterna, ya vería si Potter podría reírse cuando estuviera a oscuras. Pero luego un buen trecho el pulso se le congelo y el corazón le dejo de latir.
Frente a él había…algo, Draco no podía verlo con claridad, era como ver a través de un vidrio de catedral, borroso y aforme. Se froto los ojos varias veces pero no funciono.
Una mano tomo la suya.
-Vamos Draco, eso es…malo, peligroso, debemos llamar a Hagrid-
Draco solo fue consiente de cómo lo jalaban con brusquedad y que con cada paso que se alejaba podía volver a respirar.
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Draco no podía concertarse en clase, ni siquiera sabía cuál era el tema, solo miraba por la ventana a uno de los jardines de afuera, era tan tranquilizador ver el viento moviendo el pasto y estudiar el solitario árbol a la distancia. Parecía tan joven y descuidado. Draco aún no podía clasificar su tipo y eso no debería importarle, pero sentía una urgencia de hacerlo.
Algo tan insulso.
De veras que estaba aburrido.
Estudio la estancia viendo a sus demás compañeros, conocía a la mayoría de presentaciones previas antes del colegio y a otros por comentarios de sus padres, frunció el ceño hasta que noto un movimiento inusual.
Potter.
Estaba tratando de llamar su atención moviendo su pluma de manera graciosa y haciendo gestos de aburrimiento.
Draco ahogo una risa. Un puesto más allá Theo volteo a verlo con reproche, pero Draco solo levanto su nariz en un movimiento altivo. Si su padre lo viera estaría castigado durante décadas.
El tiempo paso con rapidez y al finalizar fue uno de los primeros de salir de clase.
Pero antes dio una última mirada al solitario árbol.
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¿Quién le llamaba?
Draco volteo a buscar a la persona que había gritado su nombre, pero no vio a nadie. ¿Qué pasaba con él? casi no podía dormir últimamente, ni podía parar de escuchar voces que le llamaban.
-¿Draco que haces?- le pregunto Harry apareciendo desde el fondo de un pasillo.
-Yo…nada…- Draco volteo a ver a sus espaldas de nuevo.
-¿Quieres ir a comer?-
Draco tenía clases o eso creía, iba a…no recordaba y también podría haber jurado que tenía un par de libros en las manos.
El piso empezó a girar y Draco se sostuvo de la pared más cercana. De inmediato Harry corrió en su ayuda, pero el rubio rechazo el gesto.
-¡No! No me toques Potter-
Incluso en medio de un mareo Draco vio la mirada herida del otro. Y corrió.
Draco tenía que llegar a su sala común y hablar con su padrino, no sabía lo que estaba pasando, pero no era normal, no podía ser normal.
Golpeo la puerta de las habitaciones de su padrino como diez minutos, pero no obtuvo respuesta, luego fue a ver a sus compañeros, quizá ellos podían aclarar sus dudas. Los encontró sentados frente al fuego hablando del día.
-Draco ¿qué pasa? Te ves pálido-
Pansy se puso a su lado y saco su varita para examinarlo, pero la detuvo.
-Estoy bien- le dijo y la obligo a sentarse de nuevo.
-¿Qué pasa?- le pregunto Blaise –¿Sigues molesto por lo que paso en transformaciones?-
Draco se sostuvo la cabeza, el no recordaba haber pasado esa clase. En realidad el no recordaba haber pasado ninguna clase. La cabeza empezó a doler más.
-Díganme que está pasando- pidió adolorido.
-Draco quizá sea mejor que te acompañe a la enfermería, allí podrás descansar-
Sus compañeros lo rodearon y tomaron de los brazos, pero Draco no dio el brazo a torcer. Sentía dentro de sí que algo no iba bien. Se zafo y se puso a correr rumbo a la biblioteca. Debía averiguar que pasaba, si una enfermedad lo acechaba o un hechizo malvado lo había poseído.
Cuando abrió el primer libro lo supo. La impresión fue tanta que se sentó en una silla cercana.
Draco repaso las paginas una vez más antes de tomar otro libro del estante. El resultado fue el mismo.
Las letras de los libros eran a sus ojos jeroglíficos sin forma o sentido, solo símbolos que se pierden entre las páginas. Draco lo sabe y por momentos se convence de que no es cierto, pero por más que pestañea las letras no cambian, así que junta su aplomo y se pone de pie, de inmediato el ambiente del castillo cambia y lo sabe.
Con calma que no siente sale al exterior del castillo por un pasaje conocido, el bosque prohibido desaparece al parpadeo y solo una llanura verde lo cubre todo, Draco lo reconoce de inmediato y una certeza y el enojo cubre su mente.
-¡Potter!- grita a todo pulmón
No hace falta que repita su reclamo, el pelinegro aparece cerca de él.
-¡Como te atreves!- le grita y se arroja hacia él, lo golpea todo lo que puede con sus pequeñas manos, el otro no se defiende.- ¡Que rayos hiciste!
Cuando se cansa tropieza y cae, no siente dolor pero la pesadez en su pecho se acresenta, su cuerpo ha cambiado, él sabe que no es un niño. No sabe que pasa, por su mente pasa un flash de imágenes.
Su madre le sonríe un momento y al siguiente solo puede ver su rubio pelo lleno de sangre.
Draco grita y llora. El dolor de cada recuerdo le llega de pleno.
Siente vagamente como lo toman de los hombros y lo sostienen, pero sus temblores no ceden.
-¡¿Draco que sucede?!-
La voz aniñada parece genuinamente preocupada y por un segundo lo engaña.
Se siente herido y traicionado, sus recuerdos están confusos y algo agrietados. Sabe de la guerra y sobre su estancia con la orden. El flujo de ideas es lento, como si algo las detuviera a propósito, pero logra recordar todo.
-¡Porque lo hiciste!- le dice desde el suelo- Maldito demonio-
-¡Draco!-
El rubio lo golpea con fuerza y es como algo se rompiera. Los ojos verdes se aclaran un momento y luego se oscurecen, el reconocimiento cubre su rostro, Harry parpadea, se limpia el labio y se pone a su altura.
-¡Habla!- Draco le reta tomándolo de las solapas de su uniforme.
-¡No voy a perderte!-
La frase le golpea el rostro como un golpe que lo obliga a separarse, siente un odio descomunal crecer en su pecho con la furia de la treta. Pero hay una parte de él que no quiere saber lo que eso significa.
-Recuerdas…-
-¡Sí!- Draco le interrumpe, sabe a lo que se refiere. El pecho le pica y sabe lo que eso implica. Casi puede sentir su último aliento salir de sus pulmones.
-Draco- la voz de Harry es como un bálsamo que calma su dolor, y lo odia por eso, pero no evita que lo tome de la mano y acepte su consuelo. Hay un miedo primitivo que se instala en su pecho.
-Que paso después…porque me engañaste…-
Harry lo estrecho entre sus brazos.
-Tu cuerpo estaba muriendo- le explico mientras lo apretaba aún más. Las piernas de Draco se aflojaron obligando a ambos a caer al suelo. Harry busco los ojos grises encontrándolos llenos de miedo y dolor- Te tome antes de que cayeras en la oscuridad-
Sus labios se encontraron suavemente buscando y dando consuelo.
-No quiero…Draco eres mío y yo soy tuyo- Harry pareció tropezar con las palabras, su vínculo vacilo reflejando sus verdaderos sentimientos. Espero una reacción pero no paso.
-Debiste dejarme morir- susurro Draco
-¡No!-
Los ojos de Harry se afilaron y su aspecto cambio hasta ser el de un pequeño incubo, pero Draco no reacciono.
-Eres un idiota Potter-le susurro con angustia- ¿Que no entiendes lo que hiciste?
Harry lo sabía y las consecuencias de sus actos apuñalaban su cuerpo cada vez con más frecuencia, no podía mantener la mente de Draco en la suya por mucho, lo sabía, cada respiración y cada toque estremecedor le quitaba su propia magia y esencia.
No podía alimentarse del vínculo de Draco ni podía buscar la energía de otros.
Sabía que el tiempo era un reloj en retroceso, por eso se había esforzado en hacer el mundo mutuo lo más agradable posible para Draco, incluso había omitido su propia memoria para que resultara más real. Estar juntos y ser felices mientras podían.
Vivir.
-Cuanto tiempo… ¿te queda?- el nudo en la garganta evito que la palabra "nos" saliera del sus labios.
Draco lloraba en silencio con la vista en la blanca camisa de Harry. Este lo tomo de los hombros.
-Poco, pero en este mundo pueden ser días o años- le dijo Harry con una sonrisa. Draco estallo en ira, pero dentro sabía que estaba agradecido del tiempo que le estaba regalando. Tal vez incluso ahora podría decirle lo que sentía, a estas alturas no podía, ni quería mentir o omitir, era su última oportunidad.
La ultima.
La fatalidad le dio una palmada en la espalda.
Al parecer Harry lo supo en cuanto lo pensó, o quizá lo dijo en voz alta, pero no importaba cuando el pelinegro le dirigía tal sonrisa tonta y satisfecha. Antes de que Draco reclamara algo Harry se acomodó en su regazo sonriendo.
-Draco me gusta tu cabello-
-¿Que?-
Harry se carcajeo
-Es como la de un ángel, si te vistieras de blanco y te pusieras unas alas más de uno…-susurro- Y tu pelo es como la luz del sol o el brillo de una vela en la oscuridad más negra- Harry separo un engomado mechón- siempre sabría que eres tu aunque te viera a la distancia-
-¿Que tiene que ver mi cabello con algo?-
-Nada, solo quería que lo supieras-
La mano del pelinegro cayo y su cuerpo se acomodó mejor con un suspiro satisfecho que le mando un estremecimiento a Draco, este se sonrojo y carraspeo incómodo. Los ojos verdes lo observaban fijamente con intensión picara.
La mano del pelinegro volvió a levantarse y acaricio su mejilla bajando lentamente hacia sus labios.
Draco lo alejo de un manotazo.
-Si quieres hacer eso al menos devuélveme mi cuerpo de diecinueve-
Harry carcajeo tentado a hacerlo. Pero a media celebración la respiración se le corto y un dolor invadió su pecho, obligándolo a encogerse sobre sí mismo adolorido
-Po…Harry ¿estas bien?-
El dolor menguo
-Si…-
Harry se negro a mostrar las réplicas de aquello en su rostro y mantuvo silencio hasta que los quejidos se detuvieran en su garganta.
-¿Quieres volver al colegio?-
Draco lo miro como si estuviera loco, claro que el no volvería a esa pantomima, nada era real allí.
-No…me quedare aquí…-
-¿Conmigo?- le pregunto Harry y Draco no pudo evitar darle un golpe
¿Con quien sino pensaba que quería estar?
Draco noto un rictus de dolor cuando Harry se acomodó de nuevo, él sabía que le dolería, su cuerpo y magia. Si deshacía el agarre que tenía sobre el Harry podría despertar y vivir.
-No me importa Draco, aunque sea poco tiempo…quiero estar a tu lado ¿Eso es malo?-
-Tienes familia y amigos Potter, gente que llorara tu partida. En cambio yo, lo he perdido todo-
Harry sintió la pena y la agonía como un puñal a través de su lazo, un cambio de la ira recurrente.
-Draco tú también tienes personas que te aman, tu padrino, tus amigos y los Slytherin-
Harry mando todos sus sentimientos a Draco para que sienta su cariño y su amor, su desafío.
-Harry no hagas esto más difícil-
Una lagrima.
-Quiero estar contigo Draco ¿puedes sentirlo? Es lo que me haces sentir-
Draco levanto la nariz a modo de desafío y le reclamo.
-Estas molesto-
-Me molesta que pienses que hay algo más importante para mí que tu-
Draco desvió la vista resoplando levemente.
-Sientes envidia- le dijo más suavemente.
-Siempre hubo algo de eso-suspiro- todo lo que haces es fluido y elegante, siempre te vez bien con cualquier tipo de ropa y cuando lees algo que te gusta no dejas de sonreir, en pociones te veía concentrarte de forma apasionante, lo mismo cuando montas una escoba e incluso tus lagrimas… te envidie por eso. Por ser…Draco-
-¿Estas celoso?-
-La misma razón. No creerás que fui el único en darme cuenta ¿Verdad?-
-Te confundes-
-Nunca entendí como una persona que parece un ángel a todas luces podía actuar como un demonio- respondió con humor.
Harry se llevó un golpe tras eso. Draco suspiro.
-Estas… orgulloso-
-Eres fuerte Draco, te enfréntate a Voldemortd, venciste tus miedos y saliste airoso-
-Me… ¿deseas?… ¡Qué sentimientos más aversivos son esos!-
Draco se sonrojo
Harry volvió a reír
-Desde que compartimos una misma mente he aprendido muchas palabras raras-
-¿Raras? ¡Una persona de léxico complejo es considerada intelectual!-
Harry se limpió una lágrima del ojo de tanto reír.
-Sí, mio amore lo entiendo-
Draco puso sus manos abajo el cuerpo de Harry y o levanto haciéndolo rodar de sus piernas. El pecho se arrebolaba en triste felicidad.
Era feliz por estar allí. Era triste porque no duraría.
Draco se puso sobre el cuerpo de Harry que aún no había alcanzado a incorporarse.
-¿Me dirás cuando el tiempo se acabe?-
-Draco…-
El rubio sintió el fuerte rechazo en su vínculo.
-¿Al menos serás sincero conmigo?-
Harry dudo antes de que sus lágrimas lo traicionaran. Pero Draco le robo un beso y asintió tristemente.
-Sempre, lo guiro il mio angelo-
Draco unió sus frentes.
-Lo spero, mio demone-
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Severus tomo el contenido de su copa de un trago, solo sintiendo el calor abrazante recorrer su garganta pudo aflojar un poco el nudo que se había asentado allí las ultimas angustiosas y desesperantes horas, quizá por eso sintió la necesidad de servirse una cuarta copa antes de volver a trabajar.
-Hey-
Severus ignoro el llamado y camino hasta el mueble donde tenía guardada la botella de whisky. Pero antes de quitar la tapa a la botella casi vacía una mano masculina lo detuvo.
-Basta Severus. Has bebido mucho y descansado poco-
El pocionista se sacudió el agarre y vio como detrás de Black aún se encontraba su primera copa de whisky intacta. Se preguntó qué demonios le había poseído para beber con Black. Volvió a tomar la botella.
-Basta Severus, no te comportes como un mocoso caprichoso-
El pocionista le mando una mirada feroz. Indignado dejo la botella en su lugar y se alejó con pasos largos hacia su mesa de trabajo donde estaban desparramados más de una docenas de libros de hechizos, maldiciones y pociones que podrían ayudar a su ahijado. Muchas ediciones únicas y de pertenencia privada de las familias Malfoy o Black que amablemente le habían facilitado.
Pero no había servido de nada. Severus no había encontrado una solución a la extraña situación de Draco. Ahí tendido en una cama en la enfermería bailando en una fina línea de vida y muerte por la peor de las maldiciones y arrastrando al salvador proclamado del mundo mágico con él.
Acomodo los más finos ejemplares con cuidado, atrajo una pequeña maleta y empezó a guardarlas allí.
-¿Qué haces?-
Severus no respondió.
-¡Maldita sea Snape! ¿Qué planeas ahora?- Sirius lo detuvo tomándolo del hombro y moviéndolo para encararlo. Le dolía la cabeza y los ojos se le cerraban a ratos, el trago había ayudado un poco al malestar, pero no lo había parado por completo. Los ojos negros del pocionista lo miraron como un insecto desestimando por completo su enfado.
Pero Sirius podía ser amable con ese hombre si lo intentaba. Se decía para convencerse. Al menos luego de mantenerse despierto más de setenta y dos horas junto a él, viéndolo trabajar, buscar e investigar, agitar su cabello en desesperación o acomodando los mechones salvajes detrás de sus orejas cuando la gravedad las dominaba.
Carraspeo cuando el hombre lo ignoro y siguió empacando.
-Si quieres mantenerte aquí…-trato de amenazar.
-¡Perfecto Black! Entonces me marchare a casa donde podre trabajar en paz sin sentir como me respiran en la nuca-
Sirius enfadado lo jalo con brusquedad y lo empujo de espaldas a la mesa. Gruño
-¿Maestro?-
La puerta se abrió y por ella se asomó la cabeza del medimago para luego abrirse por completo y dar paso a otras tres figuras, todas ingresaron rápidamente y sin esperar permiso.
Sirius dejo ir al pocionista mientras se alejaba y se apuraba a tomar el resto de su copa.
-¿Que sucede?- demando el jefe de Slytherin
-Hemos encontrado una solución- Lilian Banker dio un paso al frente arrastrando a Marcus de la mano.
-Señorita Banker…- empezó Sirius apretándose el puente de la nariz, frustrado.
-Sirius- le corto Lilian- Soy un demonio del sueño como Marcus. Además le explique hace poco que Harry había desarrollado ciertas habilidades de personas de mi tipo y de un mago que es un caminante de sueños.-
-Severus toma asiento- le dijo suavemente Frida acercándose al mago y tomándolo del hombro al notar que se balanceaba levemente- ¿Hace cuanto que no duermes hombre insensato?- le pregunto en un suspiro y sin reproche.
-¿Maestro se encuentra bien?-
El pocionista arrugo en rostro.
-Claro que está bien Eques ¡deja de atormentar al hombre!-
Frida empujo al medimago hacia un taburete cercano. Los demás lo imitaron, dando a entender que la conversación iba para largo.
-Harry formo un vínculo con Draco-
Lilian arrojo la noticia al aire sin más, al notar cierta vacilación en parte y enojo por parte de Marcus se dignó a explicar.
-Los demonios del sueño nos alimentamos de energía mágica. Comúnmente de varias personas o de unas pocas favoritas de las que nos agrada el "sabor". Pero también formamos vínculos por matrimonio o cuando somos padres para alimentar a los más pequeños hasta que puedan hacerlo por ellos mismos. Esto abre un canal permanente entre las dos personas haciendo de la magia un flujo continuo. Al hacerlo el demonio no tiene más necesidad de alimentarse de la energía de otros o si el flujo mágico es débil puede hacerlo ocasionalmente. Nosotros…-
Lilian estudio a Marcus que se veía indiferente a la situación, pero ella podía asegurar que estaba inquieto.
-Nosotros descubrimos que Harry formo un vínculo con Draco y que el flujo es débil pero constante, pero contrario a lo normal es la propia energía mágica de Harry la que alimenta a Draco, creemos que es la razón de que el siga vivo.-
Lilian se encontró observada por todos los ojos de la habitación.
-Entonces…-
Lilian cortó al heredero Black cuando vio el nacimiento de un brillo en su mirada.
-Significa que hay poco tiempo. La cualidad de Harry de ser un mago antes que un incubu, es la que le permite hacerlo. Pero ese método no durara mucho, si Harry no se alimenta, su magia no se reformara dentro de él, no podrá pasarlo a Draco y el flujo que lo mantiene vivo cesara-
La habitación se silenció.
-¿Cuánto tiempo les queda?- pregunto el pocionista desde la silla. El heredero Black oculto su rostro viendo a la pared, pero era claro su aflicción por los puños apretados y los hombros tensos.
-Unas doce horas-
Se escuchó un sollozo. Frida se cubrió la boca con rapidez para evitar la salida de un gemido lastimero.
Sus muchachos. Su determinación de permanecer fuerte decayó y todo el optimismo que tenía para ver de nuevo a su familia reunida vacilo. Frida sintió un pequeño abrazo de parte del medimago.
-¿Solo ha venido a decir eso súcubo?-
Lilian se estremeció con fuerza cruda de la pregunta. Marcus le apretó más la mano.
-No. Venimos a decirles algo más. Draco también formo un vínculo con alguien más en un ritual de unión- Lilian noto el espasmo de los dos hombres frente a ella-Ese vínculo está vigente y de alguna forma un poco de energía pasa por ella. Quizá si aumentamos ese flujo, podríamos expandir el tiempo de Draco y Harry-
-¿Mi Draco que?- Frida se aclaró la garganta.
-¿Cómo podemos aumentar el flujo que pasa por ese vínculo?-
Lilian dudo. Pero viendo como el maestro en pociones se ponía las manos al rostro seguro adivinando sus palabras, decidió hablar.
-En esencia deberíamos aumentar la transición de flujo mágico usando al origen del vínculo, pero para hacerla más atrayente a la magia de la cual se alimenta Harry deberíamos usar métodos sensuales al transmitirla-
-¿Están seguros que funcionara?-
-En un cincuenta por ciento, Potter puede o no asumir esa energía para alimentarse, pero nosotros queremos creer que funcionara- Marcus se encogió de hombros.
Paso un leve momento de compresión cuando el pocionista se puso en pie.
-Yo hablare con Lucius y me encargare de los detalles-
Dio fin a la discusión saliendo de la habitación con pasos seguros, rumbo a la enfermería de donde supo que el patriarca Malfoy estaría en vigilia. Desde que había despertado y luego de un periodo de confusión y muchas horas de explicaciones había asumido de nuevo su rol.
Por suerte el resto de la orden había asumido bien el cambio del mortifago, pero unos cuantos andaban con cuidado a su alrededor creyendo que era el mismo, en realidad no se equivocaban, su esencia no había cambiado, pero Severus le conocía de años y había notado la diferencia. Una abismal diferencia.
Una sombra le cortó el paso.
-¿Qué piensas hacer Snivellus?-
-Lo necesario-
Severus dio un par de pasos.
-No voy a permitir que te andes besuqueando con Malfoy en mi casa-
El pocionista continúo su camino suprimiendo una sonrisa. Atravesó las barreras de la enfermería y entro en ella, como supuso Lucius estaba allí, aun al lado de su hijo, vestido de blanco y pareciendo lejano. Pero el sabía que aquello no le era indiferente. Miraba a Draco respirar levemente con la herida mortal en su pecho vendada hábilmente y la piel pálida y trasparente.
-Lucius- le llamo. Ojos grises se voltearon a verlo.
-¿Severus que sucede?-
Por el rabillo del ojo noto otro movimiento a su diestra, el sitio donde descansaba Harry cubierto de la privacidad de los biombos de tela.
Sabía que Lupin iba a estar allí también. Y apostaría su mejor caldero a que escuchaba.
-¡Snape!- le llamaron, pero él no se giró.
-Se me ha informado de un método que puede alargar la vida de Draco y Potter. Un método que incluye usar el vínculo con tu hijo-
El rubio mayor abrió los ojos interesado y asintió, consiente del hecho del cual el pocionista lo había puesto al tanto cuando despertó.
-¿De qué se trata?-
Severus hubiera esperado un "Habla" demandante de su antiguo amigo, un cambio más que agregar a la lista.
-Potter alimenta el Cuerpo de Draco con su magia, pero esta se está acabando y necesita renovarla a través de una fuente externa "Alimentándose" y como no puede hacerlo solo una manera es usando tu lazo como un canal de alimento-
-Bien, entiendo y como…-
-Potter es en parte un incubo, la magia a la que es más afín es a la producida en situaciones sensuales o sexuales. Por eso venía a pedirte…-
Un dúo de gruñidos se escuchó.
¿Que tenían los Gryffindor para gruñir tanto? se preguntó Severus con una mueca. La figura de licano se hizo presente, erguido en toda su altura y con los brazos cruzados, en pose desafiante. Sus ojos normalmente castaños cambiaron a un dorado que incluso Severus se dio el gusto de apreciar un par de segundos a pesar de su ferocidad.
El heredero Black salió al frente.
-Escucha Malfoy eso no quiere decir…-
-Calla Black ¿acaso no quieres salvar a Potter?-
El comentario basto para silenciar al heredero, pero no evito que una de sus manos se enredara con uno de los brazos del pocionista como un grillete. Severus se sacudió.
-Lucius mejor vamos a mi habitación a hablar- le invito el pocionista, le rubio vacilo mirando a su hijo en su lecho- No estaremos lejos-
En cuanto se perdieron de vista Sirius dio un puntapié a una silla cercana. No le hacía gracia ver a Malfoy con la ropa que le había prestado pensando que se vería mal combinado con ese rostro agrio y descubrir que se veía perfecto, atractivo e incluso podía pasar por un hombre agradable y a Sirius le dolía mucho, mucho en realidad admitirlo.
Y estaba seguro que usaría esa verdad para seducir a su esbirro compañero de casa para lograr sus objetivos. ¡Incluso un tempano de hielo caería en los encantos de los malditos Malfoy!
Sirius casi no se dio cuenta que su buen amigo se había puesto a su lado.
-Paddy tenemos que hablar- le dijo con voz baja, demandante y mortal.
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Habían pasado una hora doce minutos y catorce segundos desde el patriarca Malfoy se había marchado con el pocionista. Remus agrego otro segundo más a su conteo y se cubrió el rostro con las manos tratando de tranquilizar a su lobo que apenas y se retiraba después de la luna.
Su mente rememoraba con claridad los momentos compartidos con el mayor Malfoy, su tacto recordaba la sensación de la piel suave y su aliento se embriagaba al sentir la respiración y sabor del otro, lo recordó retorciéndose bajo su toque y apresando su cuerpo al suyo. Gimió con angustia. Quizá estaría haciendo lo mismo en ese momento con otra persona.
Con furia se quitó el saco rompiéndolo a la mitad y tirándolo al piso con su inusual fuerza.
Porque se preguntaba el lobo. ¿Porque su pareja no recordaba sus momentos juntos?
Remus agradeció eso en su momento, pero ahora quería destrozar todo el camino hasta la habitación de su amigo y sacar de allí a su pareja y jalarlo a sus brazos. El rubio nunca debía probar el calor de otro el cuerpo más que el suyo.
No. No puedes, se recriminaba. Pero ese instinto dominaba en su pecho. Aún no había pasado el suficiente tiempo para acallar a su lobo lo sentía tan cerca que creía que en cualquier momento rasgaría su piel.
Se sujetó de los reposabrazos de la vieja silla con fuerza dejándola casi astillada en su totalidad. Gruño.
Unos pasos lo alertaron, su irritación disminuyo.
Era el olor de su pareja.
-Lupin- le saludo el sangre pura en cuanto se asomó detrás del biombo-¿Puedo dejarte un mensaje?-
Remus podía escuchar la cadencia de su voz y sentir como su cuerpo se estremecía con la expectación en la boca del estómago, asintió con vigor. El rubio podía dejarle un mensaje y pedirle que lo entregue a Merlín mismo y Remus buscaría la forma de complacerlo.
El rubio mayor se cruzó de brazos, se balanceo un momento sobre sus pies y suspiro antes de hablar.
-Podrías decirle a Severus cuando venga a buscarme, que subí a la habitación de mi hijo y tome un baño como me indico- el patriarca tomo un mecho de su pelo y empezó a enredarlo con un dedo- tomare una siesta ahora y si aún quiere "Hacerlo" puede despertarme y estaré dispuesto. ¿Puedes decirle eso?-
Remus se mantuvo en silencio con los ojos y la boca abiertos.
El rubio había desaparecido cuando Remus proceso esas palabras lanzando un gruñido feroz. Salió de la enfermería sintiendo el movimiento de sus garras al salir y sus colmillos crecer en su boca.
-¡Remus!- le llamo su amigo Sirius cuando lo vio en el pasillo, estaba acompañado de la medimaga Frida que ahogo un grito cuando lo vio, lo que no le importo, los paso de largo sintiendo el cosquilleo de un hechizo picándole la espalda. Subió los escalones de dos en dos con rumbo a la habitación de Harry, giro por un pasillo y se encontró de frente con una puerta semi abierta. Se adentró en ella sin pensarlo cerrándola de un portazo.
Se detuvo en seco.
Ahí tendido en la cama frente a él estaba el patriarca Malfoy vestido solamente con un albornos de color verde.
Remus inhalo buscando el aire que le faltaba, pero sus sentidos solo captaron el olor a limpio del hombre, un toque cítrico y a algo…¿que era ese increíble aroma?
Remus dio varios pasos sigilosos hasta su presa olisqueando el aire y paladeando la esencia del ambiente. Había una fragancia exquisita que venía de ese cuerpo. Remus dudo, pero al segundo ya tenía la nariz hundida en la curva blanca del cuello del patriarca.
-uhmmm-
El mayor suspiro y Remus casi se libera ahí mismo del gusto, la influencia de su pareja en él era considerable, el corazón le dio un tirón. Pero él no debía enterarse, su lobo se lamentó queriéndose acurrucar junto a su pareja por la pena.
Remus beso la pálida piel del hombre y dio una paso atrás, la ira de lado por el momento, no debía perturbar su sueño, pero Remus no abandonaría la habitación, claro que no, aún estaba la amenaza de que el pocionista viniera a buscarlo.
Remus no permitiría eso jamás.
Con cautela se sentó a los pies de la cama y mirando a la puerta de forma casi asesina estudio los sonidos alrededor asegurándose de que no hubiera interrupciones en el sueño de su compañero.
Al poco tiempo Remus se encontró mirando el rostro dormido del mayor
-Recuerdo que hacías eso- la voz sonó adormilada.
Remus dio un brinco
-No te levantes-
Remus no lo hizo
-Recuerdo verte mirándome- el rubio lo estudio conscientemente, paseando la vista por el entrecejo, las líneas de los ojos, la curva de la nariz, la figura que formaban los labios y la sombra de un bigote rasurado. Los ojos dorados los siguieron en silencio, Lucius recordaba haber visto esos ojos antes en un sueño, que quizá no fue uno.
Desde que despertó no se sentía el mismo, el adormecimiento de sus sentidos había desaparecido y sus recuerdos eran como las de un viejo pensadero, sabía que era él y lo que había hecho, pero el sentimiento era la de un tercero.
Un simple observador en los hechos cotidianos de su vida.
Se incorporó, su albornoz mal atado abriéndose en su totalidad.
Aún tenía huecos en su mente que llenar, huecos que Severus había astutamente evitado explicar y llenar. Especialmente el hecho de que lo único real y claro en su mente era la imagen de un muchacho sonriente y de un muchacho lloroso, ambos igual de castaños de piel clara y ojos dorados.
Quizá por eso y solo por eso acepto la propuesta de su amigo para salvar a su hijo y su curiosa sugerencia de compañero para el "acto". Una versión adulta de aquel muchacho. Lucius no pensó que su cuerpo colaboraría con ello, a pesar de saberse un hombre que aprecia la belleza en todas sus formas. Pero Severus le había asegurado que el licano era la mejor opción recitándole razones a diestra y siniestra que en realidad no escucho porque la verdad era que sentia curiosidad por el hombre frente a él…el hombre atractivo frente a él y que por alguna razón sentía la atracción necesaria por su persona.
No recordaba haber hablado con él o haber hecho algo en especial en su presencia en algún momento, pero no podía asegurarlo con la mente tan revuelta como la tenía en esos momentos.
El hombre de ojos dorados se sonrojo hasta teñir su pálido cuello.
Lucius adivinaba por lo poco que conocía al hombre y por lo poco que había podido ver de su comportamiento que lo trataría bien, tan bien como podría imaginarse luego de la gráfica explicación de su viejo amigo.
Como si Lucius no hubiera sido poco más que curioso en su adolescencia. Pero aun así nunca había compartido lecho con un varón.
Sin dudarlo siquiera puso una mano en el rostro del hombre licántropo, memorizando el rostro adulto y buscando las jóvenes. Esperando ansioso una reacción negativa de su cuerpo.
Nunca paso.
No noto que Remus había dejado de respirar o que de pronto su frente y las palmas de sus manos rompían a sudar.
Remus se aferró con las garras expuestas a la vieja alfombra, sin poder creer lo que le pasaba, trago saliva mientras se obligaba a no moverse, temiendo que aquel sueño o fantasía se terminara.
-Mal…- trato de decirle con voz ahogada.
-Tus colmillos son más largos- el patriarca deslizo un dedo y toco la punta agilada del canino.
Remus que sentía su corazón latir y la presión en el pecho por no respirar, no se detuvo esta vez arrancando trozos de alfombra tomo al rubio de los hombros y lo empujo de espaldas a la cama.
-¡No hagas eso!- le gruño con advertencia- ¡Si mis dientes rasgan tu piel puedo contagiarte!-
Contrario a lo que esperaba el rubio solo le sonrió arrogantemente, era la sonrisa que le dirigía a casi todo el mundo, una que decía que él sabía algo que los demás no.
Remus ni siquiera entendía porque no parecía nervioso al verse acorralado por un hombre lobo. Remus detuvo el impulso de jalarse el pelo.
-¿Planeas quedarte sobre mí?-
Remus se alejó un centímetro, pero su instinto lo obligo a reforzar su agarre sobre el mayor empujándole haciéndole rebotar levemente sobre el colchón.
Un golpe sonó en la puerta y a Remus se le pusieron los pelos de punta en alerta, su primer impulso era cubrir a su pareja con su cuerpo para que nadie lo viera desnudo.
Ahmm…el conocimiento casi noqueo al ex profesor.
Remus bajo la mirada con despacio del rostro del hombre a su pecho, salivando al notar los rosados pezones, el fino vello que se espesaba a nivel de las caderas y se ampliaba para acunar un sexo dormido.
Un estremecimiento recorrió su cuerpo con fuerza abrumadora cuando noto las largas piernas separándose lentamente.
Sin poder evitarlo Remus inclino la cabeza y hundió la nariz en los rizos rubios de la pelvis del mayor. El aroma de un principio limpio y cítrico era acompañado por otro más dulce, parecido a la vainilla. Remus siguió el olor a medida que aumentaba y llenaba sus sentidos, era tan embriagante que saco la lengua acariciando la piel a su alcance.
-¡Ah!-
El cuerpo de su compañero salto y Remus agarro las caderas inquietas para evitar que se movieran.
Lucius se cubrió la boca para ahogar sus gemidos, su cuerpo cedía y su entrepierna mandaba espasmos de placer por su cuerpo y era como hacerlo por primera vez, cada toque electrizante y vacilante, cada toque nuevo y fascinante, cada sensación tormentosamente aumentaba cien veces después de su letargo.
Severus tenía razón. Lupin se sentía atraído hacia él.
Cuando el licano metió su lengua en su ano, su cuerpo se arqueo, sus piernas lucharon por cerrarse, pero se contuvo, su cuerpo reacciono y se sintió llenarse e hincharse correspondiendo a las caricias.
Se le lleno un mal sabor de boca por sus confusos recuerdos, antes Lucius no podía sentir placer sin hacer daño a alguien, pero evito esos recuerdos no eran agradables en absoluto.
El licano eligió ese momento para levantar el rostro y verlo mientras se relamía los labios, lo que le causo a Lucius un estremecimiento de anticipación, levanto una mano temblorosa y recorrió su propio cuerpo hasta su erección. Rápidamente Remus quito su mano y la ocupo con la suya.
El patriarca dejo de morder sus labios y gimió desesperado. El placer era tan inesperado y bienvenido. Abrió la boca y la cerro despacio tratando de llamar la atención de su captor, al segundo intento lo logro, una apabullante boca se unió a la suya, casi ahogándolo en desesperación y anhelo.
Cuando el aire le falto empujo los brazos del licano hasta que se alejó, Lucius dio una bocanada de aire y fue el que tomo el rostro al otro para acercarlo en esta ocasión. Movió sus caderas buscando alivio, pero la piel rugosa del pantalón al contrario le hacía daño.
Ansioso bajo las manos a la hebilla del cinturón y la soltó con maestría, luego el botón y el cierre se abrieron para él.
Cuando sus manos lograron tocar la carne firme y suave fue cuando lo alejaron.
El licano apareció al otro lado de la habitación, con la piel roja y tocándose los labios.
-Yo…Lucius yo…-
Al patriarca le agrado que ya no sea formal con él y descubrió una nueva forma de placer.
Inhalo cuando sintió que su voz no soportaría y se rompería.
-Lo…lo siento- de pronto pálido Remus salto hacia la puerta girando la perilla para irse.
¿Que estaba haciendo? Dos partes en su interior peleaban por la respuesta y la dominación, uno quería quedarse y otra quería irse lo más lejos que pudiera para ocultar su debilidad.
¡Ese hombre no puede ser tuyo! Le recordaba a su parte salvaje con énfasis
¡El pertenece a alguien más! Además…además…
Remus vio de reojo su ropa arrugada y desgastaba, no podía siquiera imaginar a alguien de cuna noble y orgullo tal como un Malfoy aceptando a su lado a un hombre deshilachado, enfermo y que podía aportar poco o nada a su unión.
Se sentía tan humillado de tan solo haberlo tocado.
-Espera Lupin- la voz enigmática del mayor Malfoy lo detuvo -Podrías decirle a Severus que se apresure, estoy listo…-
Remus giro la cabeza con una estaca de dolor en el pecho, el rubio mayor estaba abrochándose el albornoz con la cabeza gacha, su cabello cayendo como una fina cortina hasta tocar sus rodillas.
-Si...-Remus carraspeo al notar su voz rota y lágrimas que se agolparon en sus ojos, le tomo un minuto pero giro la perilla y salió de la habitación.
Lo que vio lo dejo estupefacto.
Allí a pocos metros de él estaban Severus Snape y Sirius Black envueltos en un abrazo íntimo, el pocionista con la túnica caída hasta los hombros, mejillas rojas y labios hinchados. Remus dio un paso atrás cuando noto una mano de su mejor amigo enredado en el pelo del Slytherin, cancelo su fuga discreta cuando el maestro en pociones lo miro.
-La nobleza Gryffindor ataca de nuevo- le dijo con burla- Oye Black ya que Lupin dejo a Lucius, porque no entramos a la habitación y lo invitamos a nuestro pequeño juego- con tono seductor su pálida mano quito un pequeño flequillo de la cara del merodeador. La opuesta le tomo de la mano.
- Vamos…-
-¡Nadie va a tocar a Lucius!- la voz de Remus salió como un rugido amenazante.
Dio un par de pasos atrás entro a la habitación que había dejado cerrando de un portazo y sacando su varita para sellarla con magia.
-o-
-o-
-¿Porque estamos aquí?- le pregunto Zachary a Alvand, mientras movía un peón del tablero.
-No lo sé, pero no podemos salir- el mayor arrugo el gesto
Ambos giraron cuando escucharon la risa del otro niño que jugaba frente a la chimenea vigilado atentamente por su reencontrada tía.
Zachary vio a su hermano hacer un puchero mientras su alfil comía a su peón. Estar encerrados no era lo suyo, no soportaban las angostas paredes de la gran habitación, ni el eco de sus propias voces.
Pero al menos los tres estaban juntos. Se consolaban.
Cuando el más pequeño los tomo de las manos invitándolos a jugar con él no pudieron negarse, dejaron la partida entre quejas de las piezas y lo acompañaron a la alfombra. La mujer les sonrió y trato de tocar sus cabezas, pero ambos evitaron el contacto.
Ellos no entendían la insistencia de los adultos para hacer aquello, ellos no eran niños pequeños ni necesitaban ningún consuelo.
Los gemelos tomaron de ambas manos del más pequeño y lo guiaron lo más lejos de la mujer que pudieron. El los siguió obedientemente.
Solo necesitaban estar juntos.
-o-
-o-
Lucius estaba en verdad enfadado con Remus pero no dejo que su rostro lo mostrara, así que solo se limitó a cruzar sus brazos y perforar con la mirada al licano desde el otro lado de la habitación mientras su orgullo herido hacia una lista de hechizos que usaría para vengarse.
-¿Y?- le pregunto cuando se canso del silencio.
Cuando el castaño solo empezó a estrujar sus manos como respuesta se levantó de la cama y dejo caer su albornoz al suelo para empezar a ponerse la ropa. Estaba harto en verdad y más consigo mismo, humillado a un nivel primitivo.
¡Había sido despreciado!
Y un Malfoy nunca era despreciado y menos dos veces. Se puso el pantalón y una camisa, su meta era salir de la habitación y hablar con su viejo amigo para un nuevo plan.
Sin dirigirle ni una mirada al licano que seguía parado al lado de la puerta se dispuso a salir con la cabeza en alto, giro la perilla pero no se abrió. Una mano lo tomo de la muñeca.
-¿Qué significa esto?- pregunto con voz indignada.
-Mejor no salgas…en el pasillo…pues…- Remus se agito nervioso pero no soltó a Lucius.
-Suéltame-mando el rubio mayor- Tengo que salir y buscar a Severus.
Remus aumento su agarre.
-Severus está ocupado con Sirius en este momento- le dijo entre dientes.
Lucius lo estudio con la mirada, los ojos dorados lo observaban, eran tan llamativos y arrolladores, le exigían quedarse en silencio y obedecer.
-Entonces quizá entre los tres podremos "hablar" y llevarnos mejor-
Lucius se giró de nuevo a la puerta, y cuando noto que iba ser detenido de nuevo reclamo.
-Basta Lupin ¿qué ganas tu manteniéndome aquí? ¡Yo debo salvar a mi hijo!-
Remus se quedó estático por un momento.
-Yo lo sé, lo siento, pero yo…yo ayudare, si lo deseas-
-¿Te ofreces a calentar mi lecho Lupin? ¿Cómo sé que no te echaras atrás como hace un momento? Prefiero apostar a lo seguro o salir a buscar cualquier mujer-
Lucius lo aseguro, pero al pensamiento de salir a buscar a una cualquiera le causo repulsión.
-No. Yo no me iré-
-¿Puedo creerte?-
-Yo no…- le repitió Remus con algo de molestia.
-Me temo que tendrás que ganarte ese derecho…-
Lucius dejó escapar un gemido de sorpresa, en realidad no esperaba ese beso, era posesivo, pero tenía lo justo de cuidado y gentileza para no incomodarlo.
Sabía bien.
-Yo quiero tomarte Lucius-
El patriarca mentiría si dijera que no le temblaron las piernas, el hombre frente a él no era el tranquilo muchacho de sus recuerdos, era un hombre hecho que reclamaba su derecho tenerlo, como su salvaje naturaleza lo dictaminaba.
Apabullado Lucius retrocedió, pero fue detenido por una mano en su nuca.
-Vamos a la cama Lucius- el tono de Remus bajo un octavo dándole un oscuro timbre de promesas secretas y placenteras.
Lucius solo fue consiente de caer en una mullida superficie mientras su ropa desaparecía bajo el filo de unas uñas negras, su boca llena de deseo ajeno y su cuerpo siendo recorrido con afán y cuidado, mandando roces eléctricos y adictivos por su cuerpo.
El rubio disfrutaba de todo aquello y no lo escondió, hacía ya tanto que no sentía de esa forma, estiro los brazos y se entregó por completo, gimió hasta quedarse afónico y lágrimas salieron de sus ojos cuando el hombre lobo lo preparo con toques cuidadosos y tiernos.
Lucius se sintió apreciado mientras el castaño se empujaba dentro de su cuerpo entre gruñidos satisfechos, con los colmillos al aire y las garras extendidas.
Lucius lo llamo muchas veces para traerlo con él y evitar que se perdiera en el placer salvaje, sus embestidas eran profundas y desesperadas. Los besos sabían igual de seductores y embriagantes como un vino de siglo.
-Eres mío- gemían en su oído mientras trataba de mantener la cara lejos de la almohada en la segunda vez o cuando Remus lo puso de lado para cambiar su ángulo.
Lucius se relamió los labios satisfecho. Cuando el lobo se calmó lo suficiente, no tenía la menor idea que tiempo que paso, solo era consciente del dolor y del agotamiento, se recostó en las sabanas buscando comodidad para descansar. Pero al moverse solo logro despertar a su acompañante que empezó a besar su cuello y tomar sus caderas por debajo de las sabanas para volver a hundirse en él.
-Re…mus..Re…- le llamo entre embistes. Lucius estaba cansado, a este paso se quedaría dormido. Al poco tiempo sintió el placer de su amante en su interior y el suyo propio en su estómago. Se giró para reclamar pero solo consiguió un beso y que lo clavaran de espaldas en la cama.
Remus se empujó de nuevo.
-Bas..ta- Lucius le tomo el rostro al licano-Necesito descansar. Mi cuerpo…-
Remus pareció comprender en la bruma de su placer y se alejó de Lucius, aun sentía la firmeza de su deseo entre los muslos sin llegar a tocarlo. Así que el patriarca tomo con las manos la erección de Remus y empezó a masturbarlo con delicadeza.
El licano gimió y gruño mientras se corría en sus manos.
Con la voz acelerada Lucius lo empujo a la cama y casi de inmediato se durmió.
¿Habría sido suficiente para ayudar a su hijo?
-o-
-o-
Nuevo año
Nuevos capítulos.
Un saludo.
Pryre-chan
