Esta Es Mi Familia

Por Pryre-chan

Los Personajes De Harry Potter No Me Pertenecen

Son de J.K Rowling

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Capítulo 17

-o-

El sabor de las especias en el aire hizo que Marcus empezara a salivar.

Joder.

Allá arriba sí que Malfoy padre y el licano se estaban divirtiendo, la esencia picante de la bestia le punzaba el paladar cada vez con más insistencia. Sentía un poco de curiosidad, que tal si, accidentalmente claro, entrara en el sueño de alguno y viera los recuerdos del candente encuentro.

Se escuchó un nuevo vaivén y el sonido chirriante de una cama cuando se forzaba.

¿Porque estaba durmiendo exactamente debajo de esa habitación? Quizá nunca lo sabría.

La mujer a su lado se movió entre sueños moviendo su cabeza y dándole algo de espacio a su brazo que usaba como almohada.

Marcus se cubrió el rostro con la mano que tenía libre a modo de demostrar su frustración por el olor y la ilusoria de su situación.

¡Pero espera! Le alerto su mente. Si Lilian estaba dormida, quizá podría aprovechar para…

-Ni se te ocurra- la voz de una mujer medio dormida le respondió, tenía un tinte ronco típico que había escuchado mil veces, pero por alguna razón se estremeció.

-No pensaba nada- rebatió Marcus molesto.

-Claro que si ¿crees que no siento ese aroma?-

-Entonces, solo un poco, podemos…-

-No, toda esa energía es para ayudar a Draco. ¿No es eso lo que deseas? ¿Que tu precioso Draco se salve?-

Marcus arrugo el rostro. ¿Otra vez con eso? Cuantas veces iba a contar la misma historia y darle a entender lo valioso que era Draco.

-Si. Tienes razón-

Lilian a enredo más en las sabanas y fingió dormir mientras el olor la rodeaba como un manto mandándole espasmos por el cuerpo.

¿Que no se iban a detener nunca?

Ya eran como las tres de la mañana. Apretó los muslos y renegó de no ser un mago para usar algún hechizo y cortar el sonido o el olor. Lastimosamente ella no tenía "esa" magia.

Escucho las quejas de Marcus y sonrió. Era bueno saber que no era la única que sufría, quizá ella si pudiera alimentarse esa noche…

-Ni se te ocurra- le gruño Marcus en cuanto termino el pensamiento.

El lazo, lo había olvidado. Suspiro. Las cosas que tenía que hacer para sobrevivir.

Una lágrima lucho por salir de sus ojos pero se negó a darle gusto, frustrada trato de dormir, mañana sería un nuevo día y sería un día menos en que debía pasar cerca de Marcus.

-o-

Cuando la puerta se cerró Severus se apuró a sellarla con un hechizo, se limpió el sudor que le había nacido en la frente y agito su túnica buscando que algo de calor se perdiera. Carraspeo incomodo notando un leve temblor en las manos. Maldita sea. La tensión de la pantomima le había causado una recaída.

Se quitó el pelo del rostro y camino con paso firme hacia las escaleras, cuando llego al piso de abajo, deshizo el Petrificus que le había lanzado al heredero Black.

Casi de inmediato se escuchó el grito.

-¡Snape!-

Severus acelero un poco sus pasos y se encerró en el laboratorio, tranco la puerta con un hechizo y se dejó caer pesadamente en un taburete cercano, su cabeza sobre la madera del escritorio que tenía en frente.

Gimió con angustia. Quería que la tierra se lo tragara. Pero como sabía que no iba a suceder se conformó con recriminarse por dentro.

Paso un largo momento de un intranquilo silencio, acompañado solo con el latido de su corazón ahora tranquilo. El infierno no se desato, pero aun estaba a la espera, entre pensamientos de culpa se quedó dormido.

Cuando la puerta sonó con golpes fuertes y contusos supo que aún no estaba preparado para afrontar al Gryffindor. Carraspeo.

-Severus ¿estás ahí?-

El pocionista reconoció la voz de inmediato, aliviado en su interior abrió la puerta dejando entrar a la medimaga Frida a la estancia indicándole con gestos una silla cercana.

-¿Que sucede medimaga?-

-Es Frida, Severus-

El pocionista emitió un suave suspiro recordándose la terquedad de la mujer y su mal humor.

-Frida- la insto a continuar.

La mujer lo miro largamente, pero dibujo una sonrisa en su rostro.

-Vengo de la enfermería, creí que querías saber cómo esta Draco-

Severus asintió viendo de reojo un viejo reloj que marcaba las ocho de la mañana.

-El daño producido en el sistema de conducción del corazón de Draco ha disminuido significativamente, la arritmia ha desaparecido y solo tiene cortos periodos de taquicardia, Eques y yo hemos revisado los signos vitales y no encontramos ninguna alteración, pero aun no recobra la conciencia.-

El pocionista asintió con una leve sonrisa que tembló en sus labios. La mujer lo estudio a conciencia, la piel pálida estaba perlada en sudor y el leve temblor de las manos delataban. Todas ellas síntomas.

-¿Has dejado de tomar aquella poción Severus?-

El hombre la miro y asintió.

-Ya todo ha terminado, ya no hay razón para hacerlo. Ahora debes cuidar de ti, el efecto a largo plazo de una poción con los mismos efectos que un beta bloqueante son desconocidos. Tendré…-

-No es necesario- le corto el pocionista- sé muy bien los efectos de la poción, es por demás inofensiva.-

-Disminuía los latidos de tu corazón y limitaba las reacciones normales de tu cuerpo ¿cómo puede ser inofensivo?-

-Frida…-

-Severus- le remedo- No me tomes por idiota, entiendo tus razones, tenías que fingir y la poción te ayudo, pero fueron dieciséis años. No puedes esperar que todo se vuelva normal. Tendrás que pasar por muchos cambios hasta que tu cuerpo se adapte a su ritmo normal y cosas como el bochorno que sientes ahora serán normales y muy continuas- suspiro-tomare tu caso yo misma, tendrás controles rigurosos. Por ahora necesitas descansar.-

Frida puso mala cara cuando el pocionista quiso debatir el hecho.

-Vete a casa Severus, duerme un poco, descansa. Draco y Lucius estarán bien, si sucede algo te avisare de inmediato-

El pocionista arrugo el rostro y quiso regañar a la medimaga por meterse donde no la llamaban, pero en parte tenía razón, desde que dejo de tomar la poción que ayudaba a reprimir sus emociones se había sentido diferente, muy lejano a lo que pensaba de sí mismo, momentos de calor y frio, temblores inexplicables y ciertas incomodidades físicas.

-Solo un par de horas-

Temía mucho que hacer.

-Un par de días, y no aceptare menos, aun te recuperas-

-No…-

La mujer levanto la mano para acallar sus palabras, cruzo sus brazos sobre su pecho y elevo la barbilla desafiante.

-Bien. Si sucede algo…-

-Serás el primero en saberlo-

-o-o-

-o-o-

El primer latigazo de energía viva lo sintió Harry.

La sensación fue tal que se levantó de la cama de un brinco, una sensación hormigueante le recorría la espalda con una perversa lentitud que lo obligo a arquearse.

Gimió y se cubrió el rostro con prisa, miro con rapidez a su lado notando que Draco aún no había despertado, la sabana se colaba entre las líneas de su cuerpo con precisión, su pelo sin gomina caía en la almohada y uno de sus brazos se extendía sin preocupaciones al lado de su rostro dormido.

Harry empezaba a odiar el cuerpo de trece años en el que estaba apresado. Pero pronto sus ánimos decayeron aún más al notar la leve translucidez de su cuerpo, una seña de que su mente se disolvía y desaparecía más rápido de lo que había calculado, mucho más rápido que él.

Un nuevo lengüetazo de poder lo obligo a ahogar un grito esta vez.

¿Que por Merlín estaba pasando?

Hace nada de tiempo estaba postrado en cama, con un cansancio que superaba con creces al que había sentido después del torneo de los tres magos.

Harry busco la fuente de la perturbación en su mente, recorriendo como un sonar alrededor de su territorio, pequeños chispazos lo detenían a cada paso pero soporto la tensión, sabía que aquello era un efecto de la mente retenida en la suya luchando por espacio.

Y lo encontró, justo allí, una línea muy delgada, tanto que casi pasa por desapercibida, los lengüetazos venían de allí, con cautela Harry desmonto el origen de esa línea, descubriendo una serie de enredos a travez de la psiquis de Draco y la suya. Manifestando se en tiernas líneas blancas como el más fino de los hilos alrededor de las muñecas de Draco y encima de la cinturilla de la ropa interior del rubio. Lo cual no debería ser.

Eso creía.

Cuando al fin pudo encontrar ambos cabos de la línea descubrió que se perdía en el vacío fuera de los límites. Harry supo de qué se trataba de un lazo externo, cuando la comprensión lo golpeo no supo si encontrarse enojado o alegre.

El hilo se volvió más visible adquiriendo un toque plateado, con cuidado de no despertar a su compañero Harry se acercó con cautela al hilo y lo estudio con la mente y tocándolo levemente, pero su tacto atravesaba por él y tocaba directamente la piel blanca del rubio, siguió su recorrido hasta la cadera.

-Deja de hacer eso pervertido- le dijo una voz ronca de sueño, al momento Harry se alejó al sentir un chispazo doloroso venir del lazo plateado. Draco lo sintió alejarse rápidamente- ¿Qué pasa?-

-Draco...- Harry no sabía que decirle ni cómo explicar aquello ¿era bueno?¿era malo? - Draco- volvió a llamarlo y señalo al hilo plateado alrededor de su muñeca, el rubio lo tocó pero no sucedió nada.

-¿Qué es esa sensación?-

La piel del rubio empezó a brillar levemente. Harry lo vio con asombro, la boca empezó a salivarle al sentir el sabor conocido de Draco, pero, noto de pronto no estaba en su forma pura, había otras esencias en la mezcla, incitantes y atrayentes de por sí, pero ninguna le atravesaba el cuerpo hasta el alma como la de Draco.

-Me siento raro- le dijo Draco incomodo sobre la cama- Hay algo aquí- señalo su pecho- Y aquí- señalo su vientre.

-Hay un hilo plateado que te rodea-

-¿Qué es?-

-No lo sé, antes no estaba allí ¿no puedes verlo?-

-No, pero lo siento, como un cosquilleo- Draco cerró los ojos- Es cálido y familiar.-

Harry gruño. Draco empezó a brillar un poco más. La esencia aumentaba a grandes pasos.

-Draco…-la voz de Harry había caído- Draco- Harry se sentó en la cama y acaricio su mejilla y le dio un beso. Y otro. Y otro.

Cuando los labios se volvieron más insistentes y peligrosos Draco aparto la cara.

-No, sabes que no-

Harry lo empujo de espaldas a la cama pero no avanzo más, era cierto que hasta cierto punto él también se sentía incómodo. Se recostó a su lado y los cubrió con la sabana.

-Solo déjame abrazarte- Harry junto sus frentes- Tu cuerpo emite mucha energía y se siente bien, me da ganas de tomarte-

El cuerpo de Draco se tensó con una traicionera anticipación.

-N-no puedes- le regaño en voz baja y moviendo sus caderas para alejarse. Harry lo acerco de nuevo aún más.

-No lo hare. Pero al menos esto- le dijo tocando la piel de su brazo desnudo con suavidad- al menos esto- le dijo sobre sus labios mientras la mano bajaba aún más por los muslos tentando a la ropa interior. Lo tomo del hueco de la rodilla y lo elevo uniendo aún más sus cuerpos.

-Juegas sucio- dijo con un alarido Draco para luego gemir cuando Harry empezó a moverse imitando envistes.

-Lo siento es que…no puedo…es como ver el agua fresca de un oasis en el desierto- Harry se movió mas rápido mientras Draco mordía una mano para no hacer ningún sonido. Harry sentía cada resquicio de energía pasar a el de forma desordenada y no era suficiente para su cuerpo que casi arañaba las restricciones que se había impuesto con tal de saciarse.

Lo beso sin esperar permiso dejando ver su cruda necesidad, Draco se aferró a él y gimió su nombre mientras la pasión estallaba en él. Harry no se detuvo y aumente sus estímulos sin dejarlo respirar, aumento sus empujes y sin previo aviso y casi sin ser consciente de ello mordió su cuello. La energía de aquel cuerpo se formó en un trago exquisito.

Necesitaba más.

Mucho más.

Mordió más fuerte y trago su energía, sintió ausentemente los brazos que trataban de alejarlo, pero no paro hasta que sintió un tirón placentero y doloroso en su miembro haciéndolo correrse.

Draco lo empujo.

-¡Qué diablos fue eso Potter!- Draco se tocó la marca en su cuello.

-Lo siento- se disculpó Harry y la herida desapareció con solo visualizar nuevamente la piel sin macula del rubio.

La piel había dejado de brillar.

-Tu…¿te alimentaste?-le pregunto luego de un momento- ¿Cómo? Si yo…-

Harry se dio cuenta.

-Es cierto no bebería, porque tú no tienes un lazo físico que produzca magia-

Harry acaricio de nuevo las mejillas de Draco como para saberlo real aunque en realidad no lo fuera.

-¿De dónde viene esta energía?- le pregunto Draco- no se siente como tuya…oh…-

Se sintió otra oleada.

-Viene de afuera, por ese hilo que te mencione, pero no es posible a menos…Draco…-le dijo con una amago de sonrisa temblorosa- aun tienes alguna conexión con tu cuerpo físico, pero...-

-Eso no pasaría si estuviera muerto ¿verdad?-

-Si-

-¿Eso quiere decir que sobreviví?-

Harry no quiso afirmar nada, porque había visto claramente a la maldición asesina golpear el pecho de Draco. Pero también le escarbaba la duda.

Harry tomo la cabeza del rubio y la acomodo en su pecho evitando ver su mirada esperanzada.

-Ahora puedes dejarme ir-

La frase lo golpeo.

No. La respuesta fue inmediata.

-Draco… Si es cierto…no quiero arriesgarme-

-¡¿Que dices?!- le grito tratando de salir de su abrazo- ¡¿Estás loco?! Mientras más estoy aquí más te mueres ¡imbécil!-

-Draco…-trato de explicar el otro.

-¡Que! Si tengo razón poder volver y podremos…estar juntos…Harry escucho el pensamiento y sonrió

Pero había una imagen que no podía salir de la mente de Harry una que había visto en un película hace un tiempo, una persona que era mantenida con vida por medio de máquinas de extraños pitidos que respiraban por los pulmones y latían por el corazón.

¿Era así como podría estar en el cuerpo de Draco?

-Me importa poco Potter – le dijo el rubio luego de ver aquella imagen en la mente compartida, no entendía del todo, pero era claro el concepto.

-Mi cuerpo nunca se mantendría de esa forma lamentable Potter, mi padre no lo permitiría, me daría una muerte honrosa antes de mantenerme así-

Su padre cierto.

Espera.

Harry tomo la mano de Draco y olisqueo su muñeca, realmente no podía oler, pero podía sentir y era claro que había un leve sabor que se le hacía conocido. Vainilla o algo así.

-Se siente como…ahm…-Harry dudo, le era familiar, pero era algo muy vago en su memoria.

-Mi padre. Se siente como mi padre- le dijo Draco- Solo lo sé. ¿Crees que es por el lazo?-

-Puede…- Harry renegaba aun de aquello- Pero es lo único que se me ocurre.

Harry lo abrazo

-¿Aun sientes la energía?- le pregunto Draco esperanzado-¿Puedes tomarla?

-Sí, aún está allí, es poco pero constante, no logro captarla toda, pero lo hago-

Empezó a acariciar distraídamente el pelo rubio.

-¿Crees poder recuperarte?-

-Puede, pero no pronto, así que solo tendremos que esperar para saberlo- Harry zanjo el tema antes de que saliera a flote lo de la liberación de Draco y la vuelta a su cuerpo.

-¿Crees que puedes terminar con esta conversación porque si?- le replico el rubio enojado, aún tenía muchas cosas que decir.

-Solo prefiero esperar a ver qué pasa para luego planear que hacer, no me gustaría adelantar los hechos-

Draco elevo la vista sin poder creérselo, aquello le había sonado tan…

-¿Slytherin? ¿Porque será?- Harry impregno su voz con humor- creo que estar junto a uno me está cambiando- se acercó y susurro- ¿o quizá que uno esté dentro de mí me está afectando?-

Draco que sentía la cara enrojecida lo golpeo en el pecho con fuerza, lo que le sorprendió, había empezado a notar la disminución de su fuerza, pero aprovecho y lo empujo fuera de la cama.

-Si vuelves a decir algo así, no volverás a este lecho ¿lo entiendes?- amenazo

Harry lo veía desde abajo sorprendido. Asintió quedamente.

-Bien, no diré nada "malo" – pero eso no duraría. Harry se sentía más audaz a medida que recuperaba su energía.

Pero se contuvo y regreso a los brazos de Draco a esperar, pero sentía con claridad la impaciencia del otro.

-Solo esperemos Draco-

-o-o-o-

-o-o-

Severus se dio el tiempo de bajar a la enfermería y ver a Draco antes de marchar, evidentemente se veía mejor, su color había mejorado y las sombras bajo sus ojos habían desaparecido. Dio un vistazo al salvador del mundo mágico de reojo, encontrándolo igual en la compañía del licántropo.

Curioso, Severus estaba seguro que no saldrían de la habitación en días.

-Ah Severus- le saludo el castaño cuando lo noto –Buenos días-

-Dirás tardes Lupin- le respondió tranquilamente viéndolo buscar un reloj con la mirada. Olía a rosas. Curioso detalle que noto sin querer, debía ser de la pastilla de jabón que uso para bañarse o para afeitarse, sin ese bigote se veía bien.

-Disculpa es que…-de pronto nervioso el licántropo agito las manos como si pudiera materializar un respuesta.

Severus denegó el gesto.

-No importa y ¿Potter?-

-Bien de momento, Frida dijo que solo tendríamos que esperar a que despierte-

El hombre se veía de verdad abatido.

-Entonces abra que suministrarle más energía ¿no crees?-

El castaño se atraganto y empezó a toser, con la maldad hecha Severus se giró sobre sus talones y salió de la enfermería rumbo a la chimenea, debía ir a casa.

-Severus- llamaron

-Lucius- Saludo el pocionista ocultando una sonrisa, su viejo amigo estaba a los pies en plena escalera bajando con cuidado para no hacer notar sus incomodidad.

No funciono Severus notaba su incomodo andar.

Y Lucius lo sabía porque empezó a fulminarlo con la mirada instándolo a no comentar nada.

-Nos dejas- le dijo cuando llego a su lado

-Me iré unos días a casa, por recomendación médica- le explico brevemente tomando una pequeña maleta donde tenía a resguardo varias pociones que habían rescatado de Hogwarts cuando la recuperaron. Tenía pensado investigar aquellas pociones mientras descansaba.

-Buen viaje, te avisare si algo sucede-

-Nos vemos-

Severus le dio la espalda.

-¿No fue tan malo no?- le pregunto en voz baja

-No lo fue-

El pocionista tomo los polvos flu y desapareció.

Llegar a casa no suponía ninguna mejora para el pocionista, su lóbrega manera y su oscura presencia habían hecho mella en el desde niño, se dirigió directamente a su habitación saludando ocasionalmente a su elfo domestico que le informo lo que había pasado en su ausencia.

Nada interesante.

Dejo sus maletas y se cambió de ropa a una más ligera y cómoda, de inmediato se dirigió a su laboratorio por una puerta secreta de su habitación, saludo con énfasis y con discreta satisfacción a su mascota murciélago, como la había extrañado.

Puso varios de sus diarios de pociones en la mesa y empezó a buscar similitudes con las pociones que había traído. Al par de horas le empezaron a temblar las manos obligándolo a soltar la pluma con la que escribía.

-Maldición- mascullo entre dientes, llamo a su elfo y le pidió de comer, se dio una ducha y se acomodó en su cama a descansar.

Las pesadillas lo atormentaron sin cesar, en círculos que no podía romper, se despertó agitado y con el corazón galopando, cuando quiso tomar un vaso de agua de su cómoda se le resbalo, el temblor de sus manos se acrecentó y un miedo fuera de lugar lo invadió, era como vivir sus días de mortifago todas juntas a la vez.

Se dobló sobre sí mismo agitado hasta que paso el efecto, en medio de la tenue luz de la chimenea que moría suspiro. El miedo se había ido pero una emoción nueva tomo su lugar. Apretó las piernas para evitarlo, pero no funciono.

Su erección fue inmediata y la sensación de insatisfacción le cayó como un millón de ladrillos. Malditos fueran los efectos de esa poción. Casi se sentía tentado a volver a tomarlo solo para dejar de sentir, pero no podía, era muy arriesgado para él.

Severus toco su pecho sobre el corazón sintiéndolo correr fuerte y casi dolorosamente. El sudor corrió por su frente y barajo varias ideas para hacerse cargo del problema, cada una peor que la anterior, a Severus no le gustaba tocarse, no de esa manera, lo encontraba insulso y poco interesante, siempre que lo intento le resulto poco reconfortante.

Pero había un método. Que se prometió no usar muy seguido, la sensación posterior era tan deprimente como satisfactoria.

Sus piernas se agitaron en un espasmo doloroso. Severus sabía que no podría lidiar con eso al final, ni siquiera tomando una poción o haciendo un encantamiento.

Al final se puso de pie y fue hasta su cómoda tomando dos frascos, los miro largamente hasta que al final suspiro, los mezclo y lo bebió, al poco un señuelo se materializo frente a él. Tomo al cuerpo inerte en brazos y lo empujo a la cama con facilidad y lo acomodo en el lecho.

El casi nunca usaba una fémina para su placer, no podía ni siquiera pensar en una figura que lo satisficiera de ninguna de esa manera, no desde su Lili.

Severus estudio al muñeco estando de pie, a pesar de ser una copia suya y tener las mismas características físicas que el cuándo tomo la poción había diferencias, lo que era un alivio y el motivo del segundo frasco, el cabello negro era más corto y la piel tenía un tono distinto, los ojos azules fijos en el techo. Perfecto en aspectos anatómicos, casi sentía que el muñeco se levantaría o hablaría por lo realista de su faz.

Pero el pocionista sabía que eso no pasaría, quitándose la ropa se acomodó sobre las caderas de su falso amante, notando el tibio calor que desprendía.

Dejando la pena a un lado y aún más la voz de reproche de su cabeza, se limitó a frotar un lubricante sobre la dura virilidad del muñeco para luego frotarse sobre él, al poco gemía, pero no era suficiente, era lo malo de no haber conseguido animar al muñeco.

Para ayudarse Severus tomo dos cuerdas que descolgó del techo y las amarro a sus muñecas, la cuerda se tensó y elevo los brazos del pocionista al cielo dándole un punto fijo de apoyo a sus pues mientras el solo se empalaba sobre la falsa virilidad del señuelo y se impulsaba con los talones para subir y bajar de él.

Gimió como un loco, las sensaciones le llegaban a corta reglones fuertes y vividos, como si hubiera tomado un poderoso afrodisiaco o una droga que quitaba las inhibiciones.

Se dejó llevar en las tenues sombras de su habitación mientras gemía y cabalgaba, la ansiedad y el deseo estaban lejos de acabarse, por lo que supo que la noche se extendería al máximo, pero no le importo, quería saciar su cuerpo y volver al trabajo.

Después de correrse por tercera vez lágrimas aparecieron en sus mejillas, la soledad y una tristeza le recorrieron el cuerpo desplazando a la excitación.

¿Porque hacia eso con un muñeco sin vida? ¿Porque tenía que recurrir a ese método para satisfacerse? ¿Habría alguien por allí al que le gustaría hacer eso con él? ¿Valdría la pena buscarlo y confiar en él? ¿O solo sería una búsqueda en vano?

Quería

Quería tantas cosas.

Quería un amante que lo tocara y lo calentara.

Quería jamás haber tocado esa poción que lo reprimía

Quería nunca haber sido un espía o una mortifago.

Sus piernas se impulsaron aún más y rápido, aun con lágrimas Severus se corrió por cuarta vez y su cuerpo parecía satisfecho por fin. Con un vacío en el pecho Severus se desato las muñecas y salió de encima del muñeco que iba de poco desapareciendo.

Con las piernas temblorosas tomo un pañuelo y se limpió, el vacío en su pecho menguo hasta ser tolerable.

A este paso…

Solo tenía que aguantar como siempre, su cuerpo ya dejaría esa abstinesia.

El muñeco desapareció dejando la cama vacía, Severus se acomodó y se forzó a dormir pensando en el trabajo y el porqué de su vida ahora que todo había terminado.

No noto como la puerta se cerraba.

-o—o-

-o-

Sirius había renegado y gritado, destruido y maldecido con pavor a todo ser que vistiera de negro, que adorara las pociones y fuera Slytherin de casa.

Humillación.

¡Había caído de nueva cuenta en un engaño!

Nunca debió ser amable y subir tras el pocionista cuando se lo pidió, ni dejarlo acercarse libremente, ni desbocar su corazón solo porque se había empezado a quitar la túnica, ni distraerse cuando se puso de puntillas para alcanzarlo y susurrar un petrificus en su oído.

Pateo una silla cercana para ahogar un poco su enojo y ahorco una almohada en lugar del cuello del pocionista que había huido de las represalias ocultándose en el laboratorio.

-¡Ahgr!- golpeo la almohada como un aliciente- Maldito sea el…y todos como él.

Lo golpeo hasta que se cansó imaginando la cara del Slytherin, se limpió el sudor de la frente y suspiro duramente hundiendo la cara en la almohada y dejando caer en la cama.

"Oye Black ya que Lupin dejo a Lucius, porque no entramos a la habitación y lo invitamos a nuestro pequeño juego"

Le había dicho con decadente voz tomando su congelada mano.

"Vamos"

¿Se podía sudar estando petrificado?

¡Qué demonios le habían poseído para ser tan torpe Merlín! Se sentía como un mocoso.

Pero pagaría, lo juro por sus ancestros empezando a maquinar cada vil tortura, quizá podría dejarlo fuera en una fuerte nevada o poner sal en su café o cambiar las etiquetas de sus adoradas pociones.

¿Porque todas sus ideas servirían si vivian juntos?

La puerta de su habitación sonó, con pesadez se dispuso a abrirla.

-Sirius- le saludo la médico- Los niños están inquietos, me gustaría llevarlos afuera por un tiempo, ya sabes por…- Frida señalo el piso de arriba dando a entender al caso Malfoy-Lupin

-Está bien, solo anuncia tu presencia y abriré la barrera para ti - le dijo con tono amable y pensando fugazmente si debia disminuir las defensas de la casa para dar paso a los amigos ahora que ya podían estar en paz. Ya que la mayoría podía salir sin problemas pero para ingresar debían estar en su compañía o en la de Harry.

La sanadora le sonrió y se dio la vuelta.

-Ah pero antes Eques prometió vigilar a los chicos esta noche para saber si hay alguna mejoría, prometió avisar si pasaba algo de relevancia, así que se quedara en la enfermería toda la noche. Severus se fue a casa esta tarde por un par de días para descansar, pero conociéndolo no tardará mucho en volver con algunas ideas de las suyas o un descubrimiento, si Eques descubre algo ¿podrías decirle? Así el hombre no correrá el riesgo de sufrir un infarto. Bien me voy buenas noches-

Cuando la puerta se cerró Sirius sonrió. Así que el Slytherin se había marchado. Bien.

Pues se encargaría de que no volviera a pisar su casa.

Espera.

Sirius se puso las manos en la cabeza tras pensar en los dos jóvenes del piso de abajo, en realidad no tendría el corazón para negar que viera a su ahijado y estar junto a él, en especial cuando era obvio que tras todos los acontecimientos ambos se volverían familia.

¿Porque Harry escogió a ese Slytherin en particular? ¿Con esa horrible familia a cuestas?

Pero eso estaba hecho.

Tal vez simplemente debería vetarlo del laboratorio de la casa Black. Pero Entonces simplemente volvería a la suya.

Pensó un poco más.

Quizá debería trucar su propio laboratorio. Si eso era. Podía vengarse de esa forma, no dejar que jugara libremente en su propio laboratorio.

Entonces debería ir a su casa. No sería fácil, pero tampoco era la primera vez que se metía en la casa de la serpiente.

Y esta vez no se equivocaría.

Alisto una capa y una pequeña caja de trucos que tenía desde joven, no pensó en volver a usarla, pero la expectativa le mando tirón de expectación, la casa estaba en silencio en la madrugada, sus pasos crujieron en la madera cuando se acercó a la chimenea, por suerte para el conocía la dirección secreta del pocionista que fue revelada a él casi a la fuerza y por petición de Dumbledore como también un permiso excepcional para acceder a el en caso de emergencia.

Cuidando de no decir la dirección en voz alta lanzo los polvos que ocasionaron una ráfaga que lo trago. Cuando su vista se aclaro estaba al alcance de una pequeña criatura.

-¿Quién es?-

-Soy Sirius Black y ocupo darle un comunicado urgente a tu amo.

-Titus ira a llamar…-

Black no lo dejo terminar

-¡Es de suma urgencia!- le dijo pasando sobre el- ¡De vida o muerte!-

Apurando sus pasos camino por los pasillos buscando alguna luz o alguna señal del pocionista. Pero se rindió.

-¿Cuál es la habitación de tu amo?- le pregunto al final, la pequeña criatura lo vio un momento antes de señalar escaleras abajo. Sirius fingió precipitarse por ellas con urgencia cuando estuvo seguro que la criatura había desaparecido aligero los pasos a los de un gato, vio la luz bajo una puerta al final del pasillo, con esa muestra de vida se tensó con el miedo a ser descubierto, pero luego se dio cuenta que era una luz muy tenue y ondulante que quizá perteneciera a una chimenea en agonía.

Con despacio giro el picaporte encontrándolo cerrado, con cuidado extrajo su varita y la abrió

El click posterior lo puso en guardia, pero nada paso, con cuidado abrió la puerta esperando encontrar un viejo cuarto sin ventanas, lleno de pociones de piso a techo con libros en polvorientas mesas, anímales disecados y alguno que otro pobre ser enjaulado.

Pero no vio nada de eso, lo primero que diviso fue un murciélago que descansaba colgado de una vieja barrilla, Sirius sonrió conocedor del deseo del pocionista de tener esa particular mascota de joven, pero no poder permitírsela por el mandato del padre.

Si Sirus conocía la historia del pocionista, cada detalle reunido con los años, pero por algún motivo se negaba a tratarlo con cuidado o con pena, si el mordía el otro respondía, le parecía un mejor método para lidiar con la impotencia que lo llenaba y la rabia que lo recorría cuando le jugaba una mala pasada.

Remus le había dicho un vez que era demasiado bueno con él. Luego de arrojarle una babosa gigante de jardín.

Pero esto.

Sirius se limpió el rostro varias veces y se tallo los ojos con fuerza, no creyendo lo que veía, a un par de metros estaba un hombre con la piel al aire, sin ropa alguna, de cuclillas sobre una cama, tenía los brazos sobre la cabeza haciendo que los músculos de su torso se anudaran en bultos sugerentes, las piernas poderosas se impulsaban con fuerza.

Arriba y abajo.

Un falo erguido golpeaba rítmicamente sobre el abdomen del hombre al ritmo de sus movimientos.

Sirius dio un paso atrás sorprendido al ver el perfil del rostro del hombre que con los ojos cerrados y la boca jadeante sobre su aliento en cortos intervalos como si luchara para sobrevivir. El sonido húmedo cubrió sus oídos cuando por fin su cerebro tradujo la información y fue consiente de estar viendo a un hombre en el acto íntimo del sexo.

Sirius se aferró a la perrilla como un salvavidas, mientras el pocionista gemía y se empalaba a si mismo sobre el sexo de otro varón de piel canela que no pudo reconocer por estar su rostro cubierto por una parte de la cortina de la cama.

Un gemido más fuerte salió de la boca del pocionista cuando se corrió.

Sirius se estremeció por lo poderoso del sonido

El pelinegro dejo caer la cabeza hacia adelante sin dejar de moverse lentamente, fue en ese momento que Sirius pudo ver con claridad la cicatriz del cuello del pocionista adornado con un tenue color oscuro alrededor de la mordida.

-Más…más…-

La voz rota y cansada acompañada de un nuevo movimiento. La estaca de dolor y excitación atravesó el pecho del heredero Black. Hipnotizado vio como el hombre que odiaba gemía y se complacía a sí mismo en el cuerpo masculino de su amante.

Cuando los gemidos terminaron vio las cuerdas negras zafarse limpiamente de las muñecas del otro hombre, Sirius se obligó a dar rígidos pasos hacia atrás para alejarse.

Cerró la puerta

-¿Señor encontró al amo?- le pregunto el pequeño elfo cuando llegaba a la chimenea.

-Si lo hice-

Sin despedirse Sirius tomo los polvos flu y volvió a casa.

Contrario al revoltijo en su cabeza Sirius entro a su habitación con apenas ruido, encendió la chimenea y se dio un baño, se puso cómodo sobre su cama para poder conciliar el sueño que no lo alcanzo, las ideas y pensamientos golpeaban sus sienes con fuerza abrumadora y dolorosa, pero no dio razón alguna para apaciguarlos, maldijo y renegó de todo y de todos, imagino mil escenarios e hizo más de un discurso a lengua suelta, pensó en los hechizos más negros y peligrosos como en torturas inimaginables, pero luego vino la pena y el remordimiento, frustración en la piel y la calma del conocedor y el arrepentido.

Cuando el sol y había salido y estaba en lo alto a Sirius solo le quedo algo en claro.

"Ojala que la serpiente ponzoñosa sea feliz"