¡Hola amigos! Nuevamente por acá… Cuánto tiempo desde la última vez que actualicé ¿Verdad? Antes que cualquier cosa, quiero agradecer a cada lector su infinita paciencia durante estos años, sus mensajes y sus palabras de aliento para terminar la historia, significa demasiado para mí, pues fue uno de los primeros fics que empecé a escribir y que hoy vengo a culminar con mucho orgullo.
Muchas, pero muchísimas gracias a todos. Espero sea de su agrado y sin más, con ustedes el capítulo final.

Disclaimer: Dragon Ball y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama y Toei Animation. Fanfic sin fines de lucro.


"La tristeza más grande del mundo suprime mi corazón, pero me refugio en estas pequeñas palabras que tratan de servir como anestesia a la herida echa en mi alma"


— Escucha. Izumi estará bien, todo saldrá bien ¿Entendido? —

— Así será — el hombre esbozó una alegre sonrisa y posteriormente se dirigió al vientre de su esposa. — No permitiremos que nada te pase, debes ser fuerte como tu madre, tú nos ayudarás a salvar el planeta de las terribles amenazas que siempre enfrenta. Crecerás como toda una guerrera, aprenderás a manejar tu ki y a volar por los cielos ¿No te encantaría?... — expresó con gran euforia, contándole historias de sus aventuras pasadas a la futura semi-saiya. Al día siguiente despertaría en su habitación, había perdido completamente la noción del tiempo y no recordaba el momento exacto en que quedó en brazos de Morfeo. Ese día y los siguientes pasarían rodeadas de familia y amigos, pues la hora final se aproximaba.


Capítulo 5: Ilusiones perdidas

El 12 de mayo del 767 había llegado. Los guerreros Z esperaban expectantes la aparición de los seres que llevarían a la humanidad al borde de la extinción. Empero, ya eran más de las 10:00 am y ningún movimiento o ki extraño se detectaban en la tranquila isla, lo que les causaba intriga y sobre todo preocupación. ¿Acaso se había equivocado el joven del futuro? Un auto arribó al lugar y Yajirobe descendió entregando a los salvadores del planeta algunas semillas del ermitaño en caso de cualquier eventualidad. Así como llegó se marcharía sin más, pues según él, no estaba tan demente como para perder su vida luchando contra las creaciones del científico.

Pronto, una explosión de gran magnitud procedente del occidente de la isla, llegaría a la vista de los involucrados en cambiar la historia y flotando sobre el lugar, cuatro figuras hicieron acto de presencia. Los defensores del planeta tierra se apresuraron a darles alcance ¿Cómo había sido posible que no se percataran? ¿Qué significaba todo esto? ¿Por qué no podían sentir su ki? Y aún más allá de eso ¿No eran solo dos máquinas asesinas?

Nuestros enemigos son androides, ellos no tienen ki porque no están vivos… fueron las palabras del primogénito mayor de Goku, y que si se analizaban bien, tenían todo el sentido del mundo.

Finalmente estarían frente a frente, pero sus rasgos físicos eran totalmente indefinidos para el equipo Z. Simplemente siluetas con ojos rojos los observaban detenidamente. No hubieron treguas, ni dilaciones, tampoco palabras de cortesía. En cuestión de segundos, el lugar del encuentro se convertiría en un auténtico campo de batalla. Los golpes retumbaron sobre el antes cielo azul, el cual ahora se confundía con la columna de humo que descendía desde la superficie terrestre. Los ataques de energía iban y venían en todas direcciones, siendo respondidos a cortas distancias o desviados hacia el espacio. Goku y Piccolo peleaban a la par en un duelo de uno contra uno, mientras los demás guerreros se hacían cargo del otro par restante. De Vegeta, aún no había el más mínimo rastro.

La pelea se tornaba interesante y el guerrero de cabellos azabaches alborotados, dejaría ver el super saiyajin mucho antes de lo esperado, cosa que no pasaría desapercibida por el astuto Namek y el pequeño semi-saiyan. El hombre más fuerte del universo se sentía realmente emocionado, pues la sangre de su raza hablaba por él en esos instantes. Sin embargo, algo no estaba del todo bien con sí mismo, pues empezaba a sentirse agotado a pesar del corto tiempo de lucha y por primera vez deseaba terminar el combate cuanto antes. La pelea se reanudó con una ráfaga de puñetazos y patadas sincronizadas entre ambos contendientes, esquivando y bloqueándose continuamente. El androide se precipitaría a tierra y acumulando gran parte de su energía, lanzaría un ataque directo al hombre rubio, el cual solo se limitó a protegerse cruzando los brazos, mientras se dirigía de nuevo al ataque. Apareciendo y desapareciendo constantemente, lograría atestar una poderosa patada al individuo, arrojándolo contra una meseta, la cual se destruyó inminentemente.

La agitación en sus pulmones se hizo mayor, ahora a Goku le costaba respirar. La silueta se levantó sin daño alguno y usando su máxima velocidad, realizaría una nueva arremetida. El padre de Gohan bloquearía el golpe y clavó al ser una patada que lo enviaría a varios metros sobre el nivel del suelo. Al alcanzar su punto máximo, el hombre de cabellos dorados aparecería a su espalda, propinándole un puñetazo con la mayor de sus fuerzas. La creación de Maki Gero giraría en el aire para estar frente a su adversario nuevamente y observarlo detenidamente.

A pesar de que estaba dando todo en la batalla, la máquina no mostraba signos de daño alguno. Sonrió y sus ojos destellaron maldad pura, aquella que fue claramente percibida por el esposo de Milk. El cansancio del saiyajin se intensificó de una manera abominable, cosa que se hizo evidente para los guerreros Z, quienes realizaron una pausa en sus respectivos combates para observar la situación.

Acabaré con esto de una buena vez y la posición del Kame Hame Ha apareció por acto reflejo. Pondría toda su energía en él y acabaría con una de las amenazas sin más preámbulos. Acumuló todo su ki en la palma de las manos y se precipitó a lanzarlo, fracasando en el intento. Una punzada le atravesó el pecho cortándole todo poder de tajo, provocando que cayera a tierra pesadamente, abriendo un enorme agujero al chocar con la superficie.

Negándose quedar en estado de inconsciencia, se apresuró a ponerse de rodillas, sujetándose con fuerza el lado del corazón.

No puedo respirar… ¿Qué le está pasando a mi cuerpo? sus cabellos volvieron a ser azabaches y aquel dolor se acrecentó a pasos agigantados. No podía moverse y el desespero se apoderó de su faz. Caería de bruces con su mano aferrada al lugar que lo aquejaba, empezando a dar grandes gritos que reflejaban su sufrimiento.


— ¡Goku! ¡Goku! ¡Despierta! — abrió los ojos ipso facto, sentándose de inmediato. Su acelerado ritmo cardíaco denotaba su gran angustia. Sudaba frío y su mente se encontraba completamente consternada. Tragó saliva pesadamente, mientras jadeaba completamente exhausto. Sintió dolor físico, pero en magnitud demasiado reducida en comparación. Se palpó el lado izquierdo del torso y alivio recorrió todo su ser. Inspiró el fresco aire a la máxima capacidad de su caja torácica y hasta ese momento se percataría de las manos del Namek en cada uno de sus hombros.

— Piccolo… — fue lo único que pudo pronunciar al observar la preocupada cara de su ex rival.

— ¿Te encuentras bien? Me puedes explicar ¿Qué demonios pasa contigo? — exclamó con severidad, exigiendo así una respuesta convincente.

— No… No lo sé — respondió con pesadez — Tuve una pesadilla con los androides. Lo sentí bastante real — se cubrió el rostro con ambas manos y meneó la cabeza de lado a lado, intentando con esto poner fin a su terrible alucinación. El hombre de tez color verde acentuó su mirada de pocos amigos.

— Respóndeme algo con la verdad ¿Te has sentido enfermo últimamente? — cruzando los brazos sin apartarle la mirada al de vestiduras azul y naranja.

— ¿Enfermo? — aquello retumbó en su mente. Se tomó unos cuántos segundos para dar su respuesta — No, en lo absoluto — mientras aún evocaba sus pensamientos.

— Escúchame con atención Goku. Se me hace bastante extraño que en medio de tus sueños te aferraras con fuerza descomunal el lugar del corazón — señalando con su puntudo dedo el lugar mencionado. — Trunks dijo que si empezabas a sentirte enfermo, tomaras la medicina que te trajo del futuro. Pero dados los hechos, opino que deberías empezar a tomarla de inmediato. No sabemos exactamente la evolución que tenga ese extraño virus en tu organismo justo ahora, sin embargo, no estaría mal prevenir — las palabras del guerrero, sabias como solían ser, no fueron desapercibidas por el poderoso saiyajin puro.

— Tienes mucha razón. Desde mañana la tomaré — brindando una de sus genuinas sonrisas, gesto que fue imitado por su interlocutor. — Debo estar en perfectas condiciones, Izumi nacerá muy pronto — fijando su mirada al horizonte, el cual se extendía más allá del infinito. El entrenamiento culminaría con este hecho, realmente aquella experiencia mientras permanecía en el mundo intangible de los sueños le había dejado sin energía alguna. Cenaron en el lugar de entrenamiento, una isla con extensas llanuras perfectas para continuar incrementando su poder. Habían estado alrededor de una semana en el lugar y esa última noche, era lo que le separaba de pasar el siguiente mes al cuidado de su esposa y sus hijos.

La familia Son se había mudado a la Corporación Cápsula por petición de Bulma al enterarse de la delicada situación y los riesgos que corrían las dos mujeres, pues allí podrían estar mucho más cerca del hospital y actuar de inmediato ante cualquier eventualidad. Por fortuna, nada extraordinario se había originado hasta entonces. Aquella noche en particular, Bulma y Gohan partirían a Kame House en búsqueda del anciano Roshi, Oolong y Puar, pues tenían planeada una gran bienvenida para la pequeña semi-saiya. Según los cálculos de la bella científica, los guerreros Z arribarían a su enorme hogar en eso del mediodía, tiempo suficiente para regresar temprano y completar los detalles de la celebración.

La noche era tranquila y fresca en ciudad del Oeste. Milk lo disfrutaba genuinamente desde el balcón de la empresa más importante del mundo. Los señores Briefs se habían retirado a su habitación unos minutos atrás, pues el día fue bastante agitado entre reuniones y nuevos proyectos para la compañía. El hombre alto, de barba prominente y casco vikingo dio un largo bostezo y se frotó los ojos. Pequeñas lagrimillas laterales emergieron de sus ojos.

— Anda papá, ve a descansar — intervino la mujer de cabellos oscuros atados en forma de rodete con flequillos laterales.

— Pero podrías necesitar algo — refutó Ox Satán visiblemente cansado. — No quiero perderme un segundo con mi nieta — esto último con recobrada vitalidad. La fémina sonrió con suma ternura.

— No te preocupes, en este momento ambas estamos bien — observó su abultado vientre y se llevó las manos a este — Goku regresará mañana al igual que Gohan — la emoción habló por ella. La pequeña estiró una de sus manos, siendo esto perceptible a través del movimiento de la piel de la madre. — ¡Auch! Sé que te emociona, pero pronto estarás con nosotros Izumi — padre e hija rieron de buena manera. El reloj marcaba las 10:30 pm, por lo que Morfeo llamó a sus brazos a los últimos habitantes que generaban movimiento en la casa.


No puedo respirar… ¿Qué le está pasando a mi cuerpo? sus cabellos volvieron a ser azabaches y aquel dolor se acrecentó a pasos agigantados. No podía moverse y el desespero se apoderó de su faz. Caería de bruces con su mano aferrada al lugar que lo aquejaba…

Despertó exaltado. No, no podía ser posible. Era la segunda vez que tenía el mismo sueño en un periodo de tiempo tan corto. Algo estaba definitivamente mal o algo terrible ocurriría. Su tez evocó un indiscutible gesto de confusión, temor y desesperación. Su mirada se mantuvo fija un solo punto. Inmerso en sus pensamientos, su mente comenzó a formar conjeturas desde el lado de la razón ¿Qué podría significar aquello? ¿Al final sí moriría por su enfermedad del corazón? ¿Acaso estaba teniendo premoniciones? Sonrió ante lo último. Se puso de pie y lanzó un puño al aire, seguido de uno más y otros posteriormente.

— Bueno, al menos desperté antes de sentir aquel dolor abrumador — habló para sí mismo, buscando ver el lado positivo del asunto, como siempre solía hacer. Empero, sus fuerzas se habían terminado de consumir por completo. Intentó buscar el ki de sus seres amados, encontrando el de su hijo con algo de dificultad. Haría la teletransportación y en milésimas de segundo estaría con ellos, pero con este hecho solo confirmaría sus sospechas. Se encontraba tan agotado que no le era posible realizar su técnica especial. Volvería a la cama con resignación. El distraído Saiyajin no pegaría el ojo el resto de la noche.


Su confort y tranquilidad habían cambiado radicalmente, casi al punto de haberse esfumado. Apenas unas horas atrás se sentía en completa plenitud y en ese instante Izumi se encontraba realmente inquieta. Cambió de posición incontables veces en un vano intento de lograr su comodidad. Un sonoro suspiro salió de sus pulmones. Palpó la mesa al costado de su lecho, buscando su objetivo. Una vez hallado, lo apuntó hacia la pared frente a ella y el enorme televisor iluminó toda la habitación. Buscó por varios minutos entre la escasa programación que ofrecían los canales, algo muy natural teniendo en cuenta la hora que marcaba una de las esquinas de la enorme pantalla 3:45 am.

Al fin encontraría una película que llamaría su atención. Tomó un poco de agua y se dispuso a esperar el amanecer. Habría pasado alrededor de una hora, hasta que finalmente la hija de Goku cesaría sus movimientos. La madre no tardaría mucho en seguirle el paso, quedando profundamente dormida.


— Ha llegado la hora — mencionó el eterno rival del príncipe de su raza, terminando de acomodar sus muñequeras. Los primeros rayos del sol empezaban a dar vida a la enorme llanura.

— Tu ki ha disminuido Goku. Creo que el virus está comenzando a afectarte. Debemos darnos prisa para que tomes el antídoto contra tu mal — el hombre de cabello alborotado afirmó con la cabeza.

— Me siento muy cansado. Pasaremos a la montaña Paoz y después a casa de Bulma — sin más, ambos se elevaron y partieron en dirección al sur.


— ¡Qué bien dormí este par de horas! — pensó la fémina de vientre prominente. Se encontraba feliz, pues el hombre de su vida, su amado Goku regresaría en cualquier momento. Estaría lista para el anhelado reencuentro, por lo que estiró los brazos enérgicamente. Se sentó con dificultad en el borde de la cama y al fin se pondría de pie. Visualizó su bata en una elegante silla de terciopelo con bordes dorados.

Dio el primer paso y un dolor punzante apareció instantáneamente en el abdomen bajo, el que la obligó a llevarse las manos a este. Dio otro paso y el malestar se apoderó de todo su cuerpo, por lo que se quejó sonoramente llamando la atención de su padre. Él le observó y con la mirada confirmó lo que sospechaba: El momento había llegado.

— Ya falta poco hijita, resiste... — hablaba la madre con suma ternura, aún si el dolor era insoportable. Respiraba entrecortadamente por intervalos y pensaba en tratar de mantener la mayor calma posible. Sin embargo, cada vez que lo intentaba solamente sentía que empeoraba. Su progenitor había corrido a auxiliarla y debido al repentino suceso, salió de casa vestido con lo primero que encontró a su alcance. Agradeció mentalmente que se encontrara con ella. Los minutos se hicieron eternos dentro del vehículo, pues el tráfico de la ciudad Oeste era terrible. Las 7:00 am, hora en donde todos los habitantes del lugar se dirigían a sus trabajos y lugares de estudio. La angustia realizó acto de presencia debido al ambiente circundante. Una nueva dolencia atacó sin tregua, obligándola a doblarse y hacer uso de las tres sillas de la parte de atrás. El hombre que conducía hacia lo posible para llegar rápidamente al hospital más cercano, que en este caso era el que quedaba a las afueras de la ciudad. Hurgó su estómago en busca de movimiento de la menor de los Son, aquel que no llegó. Eso la pondría en sobreaviso.

Pasó saliva pensando en lo peor. Desasosiego tomó su nombre, pues nunca sintió eso cuando fue a tener a su primer hijo, lo cual le causó un mal presentimiento. El automóvil permanecía estático. Una punzada más. Deseó salir corriendo al temer por la vida de su hija.

— ¡Papa! ¡Por favor haz algo! — gritó con toda la fuerza que poseía, mientras se inclinaba con las manos en el vientre. — ¡No resistiré más! — soltó finalmente con lágrimas en los ojos.


Detuvo su vuelo abruptamente reflejando legítimo horror en su rostro. Dirigió sus pupilas en dirección al Oeste.

— Mi… Milk… Su… Su ki ha desaparecido — apretó los dientes en señal de frustración y todo su cansancio se esfumó en milésimas de segundo. Los orbes del saiyajin se tiñeron de verde intenso y el poder perdido, brotó de lo más profundo de sus entrañas. — ¡Maldición! — instintivamente se llevó los dedos corazón e índice a la frente y localizó el ki de su hijo, quien sin duda también había percibido la ausencia de energía de su madre y ahora se dirigía a toda velocidad a la capital. Apareció frente a él, le tomó del hombro, se concentró en Ox Satán y juntos desaparecieron del lugar.


— ¡Goku! ¡Al fin! ¡No hay tiempo, date prisa! — vociferó su suegro dando las gracias al mismísimo Kamisama.

Sin dudarlo un segundo a pedir explicaciones, destruyó la puerta del auto, tomó a su esposa en brazos y voló lo más rápido que pudo sin llegar a lastimarla. Aterrizó ante la mirada atónita de los presentes en el hospital y la adentró de inmediato. Los doctores no tardaron en llegar, pues se veía en un estado realmente delicado. Aun si odiaba los hospitales más que a cualquier poderoso enemigo, decidió permanecer en el lugar donde vio a su esposa e hija por última vez, en aquella sala de espera. La adrenalina le golpeaba las entrañas. No comprendía el por qué a pesar de la cercanía, le era completamente imposible detectar a su esposa y su hija, en especial esta última. Izumi tenía herencia Saiyajin y desde el inicio se caracterizó por demostrar un gran poder, aquel que la convertiría en toda una guerrera. Optó por sentarse para tranquilizar un poco su mente. Todo saldría bien, seguro así sería. Cerró los párpados un par de segundos.

No puedo respirar… ¿Qué le está pasando a mi cuerpo? sus cabellos volvieron a ser azabaches y aquel dolor se acrecentó a pasos agigantados…

Imposible. No podía estarle pasando de nuevo. Tembló hasta lo más profundo de sus cimientos y el estado de guerrero dorado le abandonó de inmediato. Apretó los puños completamente desesperado ¿Se estaba volviendo loco? Este era el peor momento para que sucediera.

Gohan y su suegro llegarían un par de minutos después. Solo quedaba esperar las noticias y que pronto las mujeres Son volverían a estar con ellos. No querían pensar en lo peor, aunque un sentimiento de extrañeza se apoderó de sus seres. Las expectativas sobre las féminas se hicieron perpetuas. Un doctor se acercó a la sala, el hombre de vestidura naranja se apresuraría hasta él.

— Doctor… ¿Cómo esta Milk?... ¿Ya nació mi hija? — el silencio reinó por unos momentos. Su corazón saltó en señal de alerta y un solo pensamiento acaparó su mente.

No puedo respirar… ¿Qué le está pasando a mi cuerpo? sus cabellos volvieron a ser azabaches y aquel dolor se acrecentó a pasos agigantados…

— Lo siento mucho señor… —

Sus cabellos volvieron a ser azabaches y aquel dolor se acrecentó a pasos agigantados

— Su hija ha muerto —

Aquel dolor se acrecentó a pasos agigantados


Dormía, como solía hacerlo desde hacía tres días. El día en que Izumi murió. Goku se negaba a retirarse de su lado a pesar de las constantes súplicas de sus familiares y amigos para que descansara un poco. Un torbellino de devastación hacía mella en su alma y el inexplicable vacío le arrancaba toda motivación de tajo. Había reunido las esferas del Dragón inútilmente, pues el Dios le informaría que su querida guerrera semi-saiyan jamás volvería a la vida. La causa de su fallecimiento: La enfermedad que las había afectado meses atrás.

De acuerdo al parte médico, el padecimiento no había podido ser superado por la pequeña a pesar de todos los estrictos cuidados de su madre. El alimento se había interrumpido por completo, lo que ocasionó una reacción en cadena, haciendo que al final su corazón se detuviera antes de arribar al hospital. La devastada madre negaba los hechos fieramente. Juraba y apostaba su propia existencia a que su hija continuaba con vida al llegar, pues al ser monitoreada por los médicos, observó a través del monitor de ecografías los movimientos de su pequeña. Y si no fuera suficiente, también la había sentido.

Al confirmarse los hechos, lo siguiente era actuar de inmediato y retirar a la criatura de las entrañas de la pelinegra, de lo contrario, ella correría la misma suerte. Siendo la decisión más difícil que hubiera tomado en sus años en este y en el otro mundo, firmó los papeles que permitirían salvar a su esposa.

Su hijo había llorado demasiado, su suegro aún no salía de su estado de catarsis y él… él deseaba haber dado su vida por ella.

La pesadilla que lo aquejaba desapareció por completo. Ahora comprendía que no era el virus destruyéndolo desde adentro, aquel sueño recurrente gritaba solo un nombre: Izumi.
Observó fijamente a Milk, quien solo se encontraba inmersa en su mundo intangible, aquel que al parecer no quería abandonar. Tomó su mano y se sentó a su lado a hacer lo único que se sentía en la capacidad de hacer: Esperar. Permaneció en silencio aferrado a ella, deseando muy en el fondo de su esencia, destruir todo a su paso. Su vista se nubló y el líquido salino anhelaba recorrer sus mejillas.

El crujido de la puerta lo sacaría de su ensimismamiento. Se tragó las lágrimas y mostraría la cara de guerrero que siempre le había caracterizado.

— Buenos días señor Goku —

— Buenos días doctor — contestó sin muchas ganas. Le siguió con la mirada mientras se acercaba a los aparatos conectados a la madre de su hijo.

— La evolución ha sido muy buena, mañana seguramente le daremos de alta — pronunció acomodándose los lentes — Quería decirle que mañana también les entregaremos el cuerpo de su niña para que puedan sepultarla — un abismo sin final se abrió en el torso del saiyajin puro. Las palabras se le atoraron en la garganta, cosa que fue percibida por el de bata blanca — Bueno, le pido un permiso y… señor, nuevamente lamento mucho su pérdida — expresó con total honestidad poniendo una de las manos en el hombro del hombre de peinado extravagante.

— Gracias… — soltó completamente acongojado.

Los familiares y amigos más cercanos se habían reunido en las montañas, llevando un lazo negro en el brazo izquierdo como señal de luto. Dos autos aterrizaron al tiempo frente a la casa Son. Del primero, un hombre joven alto, delgado y de tez blanca, bajó del automotor dirigiéndose a la parte trasera de este. Lucía un impecable traje negro con camisa de cuello blanca, zapatos, corbata y lentes oscuros que complementaban armoniosamente la indumentaria. A su vez, del segundo auto descendía lentamente la familia residente del monte Paoz.

Saludaron a los presentes, quienes expresaron abiertamente sus condolencias, brindando sus más claras intenciones de aliento. El saiyajin puro se retiró unos segundos y tomó en sus manos un pequeño cofre de color blanco, donde residían los restos de su guerrera. El viento dejó de soplar y el silencio se apoderó del lugar. Iniciaron marcha lenta adentrándose un par de metros al bosque aledaño a su hogar, llegando a un agujero cavado junto a una lápida antigua, donde solo se distinguían las palabras: "Mi querido abuelo… "

Se reunieron en torno a él, mientras Milk, Gohan y Ox Satán se reunían con Goku, para darle el adiós a su anhelada hija, hermana y nieta. Concordaron que su último deseo era conocerla. El abuelo ahora sostenía el cajón. Madre e hijo se tomaron de las manos con fuerza, a la vez que el poderoso guerrero abría la tapa de ese ataúd.

La desolación los golpeo con la fuerza de una explosión solar al observar el interior. El tiempo se detuvo por completo. Una hermosa niña de tez perfectamente blanca, cabellos oscuros como la noche y largas pestañas del mismo color se reflejó en cada una de sus pupilas. Sus ojos cerrados al igual que sus pequeñas manos, reflejaron la inocencia de ese ser que jamás tuvieron la oportunidad de sostener en brazos. La fémina cayó de rodillas envuelta en un mar de llanto, gritando y maldiciendo al destino, aquel que le había arrebatado la existencia a su amado retoño. Su hijo se apresuró a acobijarla en sus brazos y juntos compartieron el sufrimiento que les invadía. El hombre que tantas batallas había librado, sintió el mundo derrumbarse a sus pies. Los sollozos dieron paso a gruesas lágrimas, que empaparon el cristal que lo separaba de su primogénita. Por primera vez en su vida odiaba todo, a todos pero sobre todo, se odiaba a si mismo más que a nada. Era su deber protegerla y cuando ella lo necesitó, no estuvo ahí.

La amargura le llenó por completo consumiendo su alma, como el veneno más letal que creado por la humanidad. En el sitio donde solía residir su corazón, solo se encontraba la nada.

Fue depositada en aquel lugar junto al que fue el abuelo de su padre y llevaba el mismo nombre de su hermano: Son Gohan.

Mientras la tierra caía sobre su cuerpo, la que fue su familia se aferraba entre sí. Con total seguridad, este golpe no lograrían superarlo con facilidad, pero sería mucho más llevadero si permanecían unidos.

El ciclo natural de la vida era que los hijos enterraran a sus padres, pero no siempre tenía que ser así y el saiyajin puro logró comprenderlo a cabalidad.

La labor había culminado y finalmente los restos de su hija descansaban al lado de la persona que lo había adoptado desde su llegada al planeta tierra: su querido abuelo. Una lápida fue colocada en la cabecera de su cuerpo con los kanjis correspondientes al nombre que habían elegido desde el momento que se enteraron de su venida al mundo.

Permanecieron estáticos en el lugar observando fijamente la que ahora era su tumba. La brisa meneó sus cabellos. Pensaron en silencio en todos aquellos momentos de felicidad, su imponente presencia, las enseñanzas que deseaban impartirle, los planes futuros… Todo aquello ahora se veía reducido a un montón de ilusiones perdidas.

Fin.


Nota de la autora:

Termino esta historia con la mano en el corazón, pues narrar los hechos no fue una tarea sencilla. Agradezco nuevamente a cada uno de ustedes por su apoyo durante estos 4 años, significa demasiado para mí. Mil y mil gracias a todos. De antemano me excuso por los errores que pueda tener.
Me despido deseando siempre los mejores éxitos para sus vidas.
Hasta que nos volvamos a encontrar.