Grimmauld Place, Enero 1975
Sirius había pasado todas las vacaciones de Navidad en Grimmauld Place hastiado y teniendo que soportar a su odiosa madre. Recordándole lo decepcionada que se sentía por él, no como el niño de sus ojos, Regulus.
Cada día la relación con su familia era más desagradable, y estaba deseando que comenzaran las clases. Se escapaba todos los días que podía a casa de los Potter, ellos eran mucho más su familia que la que le había tocado por nacimiento.
Por las noches, cuando estaba sólo en su cama y pensaba que nadie podría observarlo ni juzgarlo, incluido él mismo, pensaba en Snape. Sabía que su familia era pobre, y que vivía en un barrio muggle que él jamás había frecuentado.
Recordaba aquella pequeña sonrisa que le había fascinado y muy a pesar suyo, le había atraído más que la sonrisa de ninguna chica en su vida. En la oscuridad de su habitación, intentando no recordarlo por la mañana, pensaba cómo sería besar los delgados labios del chico, ¿él querría?
Quizás sólo estuviera idealizando el momento y cuando volvieran a encontrarse sólo sintiera el mismo rechazo que había sentido por él desde que lo conoció.
Estaba deseando volver a la escuela, por muchas razones, pero entre ellas por una escurridiza serpiente a la que quería besar.
Su mundo se estaba volviendo del revés.
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La Hilandera, Enero 1975
En una casa mucho más humilde otro chico tampoco podía dormir. Estaba deseando volver a la escuela, allí, aunque se burlaran de él podía practicar la magia, realizar pociones y pasar dos horas todas las semanas junto a un Gryffindor en el que no podía dejar de pensar. Bien, era un estúpido, ahora tenía su atención pero de poco le servía, no era su amigo, no le hablaba fuera de esas dos horas salvo para reírse de alguna broma que le gastara su amigo Potter. A pesar de todo, le gustaba pasar ese tiempo con él, aunque prácticamente no levantaba la vista del caldero le notaba cerca y mirándole.
"Menudo imbécil eres" se dijo a sí mismo," ¿enamorándote del enemigo? ". Eso era algo que jamás compartiría con nadie, y que jamás dejaría que saliera a la luz. Bastantes problemas tenía ya con ser el bicho raro de la escuela para que todos se rieran de su enamoramiento, el primero de todos ellos sería el propio Black.
Pero cuando no controlaba su mente esta se iba a los labios del moreno, a sentir sus delgadas manos sobre él, y allí sus pensamientos comenzaban a ser torbellinos de imágenes demasiado alocadas para darle un nombre.
Hogwarts, Enero 1975
"Bien, esto es lo que pasa cuando dejas volar libremente tu imaginación" pensó Sirius. Ahora andaba como loco buscando al de Slytherin, y lo peor no era eso, era que no lo veía por ningún sitio.
—¿A quién buscas, Romeo?—preguntó socarronamente James.
—Mejor no lo quieras saber—sentenció este de mala gana.
—Esto es lo último que esperaba ver, al señor témpano de hielo, sufriendo por una chica—por toda respuesta se llevó un capón de Remus.
—Gracias, amigo—contestó mientras seguía mirando para todos lados dentro del Gran Comedor.
Finalmente lo vio, llegando sólo y sentándose en una esquina de la mesa de su casa. Él no le había visto, y estaba gritando en silencio "mírame, mírame, mírame" algo que pareció surtir efecto, pues en ese momento Snape levantó la vista y la dirigió directamente hacia él. ¿Cómo podía pasar algo así? Un día lo odiaba y ahora sólo quería que lo mirara, esto era de locos.
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Cuando levantó la cabeza, sus ojos se dirigieron al lugar que sabía estaría Black, siempre estaba allí. Tan sólo que ahora estaba mirándolo con intensidad, eso no sabía qué podía significar. Quizás problemas para él, le estaba mirando demasiado fijamente y no podía apartar la mirada. Lo más extraño fue que le sonrió, jamás en su vida le había sonreído, quizás una sonrisa llena de malicia al lanzarle una puya, pero esa sonrisa, nunca.
Notó cómo el rubor subía a sus mejillas, él nunca solía ruborizarse, pero aquello lo había tomado por sorpresa. Sólo pudo agachar la cabeza y concentrarse en sus guisantes, no se atrevió a volver a levantarla hasta que hubo acabado. No podía dejar de pensar el porqué de que le hubiera sonreído, dudaba que realmente fuera simpatía por él, nunca la había demostrado.
¿Y si era una nueva burla contra él? Encima para colmo de males se había sonrojado, mostrando que aquello le había afectado. Estaba haciendo sus cálculos sobre cómo sobrellevar esa situación, aunque una pequeña parte de él quería pensar que el otro le había sonreído de verdad, sin más intención de la que le alegraba verlo.
"Severus, vas a acabar pagando caro tanta tontería" se dijo a sí mismo mientras salía del comedor para dirigirse a su habitación.
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Se había sonrojado y Sirius no pudo dejar de disfrutar con el rubor que tiñó el rostro del chico, eso no lo había esperado, pero decir que estaba encantado era poco. Estaba deseando que llegara el miércoles por la tarde para volver a verle. Quería volver a verle sonreír y sonrojarse, y mucho más si le pudiera tocar. ¿Realmente se atrevería a hacerlo?
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Llegó el miércoles por la tarde y para su sorpresa Black ya estaba allí. No quería volver a sonrojarse estaba seguro que lo utilizaría para burlarse de él.
—Hola—le saludó. Algo le pasaba al Gryffindor, le habrían dado un golpe en navidades.
—Hola—contestó mientras iba a por el caldero y los ingredientes.
—¿Qué tal tus vacaciones?—dijo Black cordialmente.
Le miraba desconcertado, ¿qué había pasado?
—¿Qué?—dijo—¿Por qué me miras así?
—¿Qué es lo que pretendes?—preguntó Severus desconcertado agarrando su varita fuertemente por si acaso.
—¿Saber cómo te han ido las vacaciones?—dijo este despacio, como si le estuviera hablando a un niño pequeño.
—¿Por qué?
—¿Por qué no? No veo qué hay de malo—dijo aproximándose un poco más.
—¿Hace unas semanas ni me hablabas? ¿Y ahora me sonríes y quieres saber de mis vacaciones?—dijo mirándolo con los ojos entrecerrados.
Se dio cuenta que había hablado de más pues el otro le volvía a sonreír como en el comedor y seguía aproximándose. Nuevamente no pudo evitar sonrojarse y también se sintió un estúpido.
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Estaba adorable cuando se sonrojaba, quería verle siempre así, aunque prefería que no le rehuyera mientras lo hacía.
Sin querer estaban retrocediendo por la clase, el daba un paso el otro retrocedía uno, así hasta casi llegar a la pared más próxima.
Nunca había estado tan cerca de Snape, podía ver su pelo y lo que una vez pensó que era grasiento era un brillo azulado que desprendía la oscuridad total de su cabello. Aún sonrojado sin querer levantar la mirada, llegaron hasta la pared. Y la espalda de Snape chocó contra ella, éste levantó la vista encarándole. Era algo más bajo.
—¿Por qué te sonrojas?—dijo Sirius con la voz cargada.
—¿Por qué me estas acorralando?—sonaba casi ahogado, sus ojos tan negros como su pelo estaba brillantes.
—Buena pregunta—dijo apoyando su mano contra la pared, realmente quedaba poco espacio entre ellos. No sabía que bicho le había picado ni porqué se estaba comportando así. Sólo sabía que quería estarle cerca.
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Se inclinó un poco, ¿en serio le iba a besar? Mierda, una parte de él estaba diciendo "sí, por favor" pero también su instinto de supervivencia se puso alerta.
Tenía su varita fuertemente agarrada y se la puso a Black en la garganta. Se sobresaltó de inmediato.
—¿Qué mierdas te crees que haces?—dijo Severus.
No contestó, seguía allí plantado mirándole, sin querer tenía que mirar hacia arriba pues le superaba por algunos centímetros. Algo que le hacía sentir vulnerable aunque fuera él el que tenía su varita sobre el cuello de Black.
—¿Continuamos con las pociones?—dijo algo incómodo Black.
El momento se había roto y se maldijo por ello, veía claramente que la intención del Gryffindor había sido besarle. Quería volver ahí, pegado contra la pared con Black tan pegado a él que podía sentir su calor. Pero había sentido miedo de que sólo fuera una estratagema para burlarse de él. "Quizás lo fuera" se dijo.
El moreno por primera vez fue hacia el estante de los ingredientes y tomó lo que venía en el libro.
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Se sentía tan pero tan estúpido, se había pensado que podría tenerle simplemente porque él quería tenerlo. Y seamos sinceros, tenía el orgullo herido, ninguna chica se le había resistido nunca. El rechazo en ese sentido no lo había experimentado nunca, sabía que era guapo, que tenía estilo y el gusano le había amenazado con la varita mirándolo con repugnancia.
Bien, picaba bien. Y lo peor es que tenía que seguir viéndole, pensó que podría mortificarle aún más pero por otro lado, algo había cambiado y aunque el otro le rechazara no quería herirlo.
"¿Esperanzas, Sirius?" Se dijo a sí mismo. Cuando se lo cruzaba por los pasillos intentaba no mirarlo, siempre iba solo o acompañado por Lily, realmente tampoco tenía nada que decirle y pocas veces sus miradas se encontraban.
Esta situación no le gustaba para nada, sus amigos supieron que algo no andaba bien. Por lo general Sirius era un chico alegre y divertido, y desde que volvió de las vacaciones se encontraba taciturno e irascible, algo que estaban pagando ellos sin querer. Intentaba controlar su mal humor, realmente le afectaba que el Slytherin le tuviera tan obsesionado y lo peor de todo, éste era totalmente inmune a sus encantos.
