Hogwarts, Marzo 1975

Aula de pociones

Sirius estaba que echaba humo, salió del aula de pociones casi arrollando a sus compañeros, el profesor Slughorn le acaba de decir lo contento que estaba porque sus avances en pociones le estaban situando entre los alumnos que podrían superar al año siguiente los TIMOS, y que ya no parecía necesitar la ayuda de Snape.

Él intentó encontrar al pelinegro, pero se había escabullido del aula antes de que el profesor hablara con él.

—No creo que pueda terminar el curso con el mismo nivel si no cuento con la ayuda de Snape, profesor—intentó convencerle con su mejor cara de perro abandonado.

—Creo que usted es perfectamente capaz de realizar todas las pociones que llevaremos a cabo—le dijo con su característica voz melosa—. Ánimo muchacho, todos hemos necesitado ayuda en algún momento, pero ahora es el momento de andar solo—concluyó con unas palmaditas en su hombro.

Estúpido viejo chocho, no entendía nada, él necesitaba esas clases con Snape, la serpiente le rehuía desde la noche del baile, y había sido prácticamente imposible poder hablar con él.

Sabía que detrás de aquel "cese" estaba el Slytherin, intentando evitarle a toda costa.

Necesitaba estar a solas con él, necesitaba repetir todo lo que había pasado en el pasillo y prolongarlo durante horas y aún así querría más.

—Ey, amigo—dijo James agarrándolo por el hombro—¿Qué pasa?

—¿Has visto por dónde se ha ido Snape?—dijo este cortantemente.

James levantó una ceja, y bajó el tono.

—¿Qué le tenemos reservado esta vez a Snivellius?—dijo—Lo que sea ya sabes que me apunto.

Mierda, ahora no tenía tiempo, no había pensado en que sus amigos no habían cambiado su actitud con él. Bueno, mejor dicho, James, que le tenía un odio al muchacho desde el primer momento en el que se encontraron en el tren hacia Hogwarts. Sirius sabía que era más debido a su amistad con Evans que a otra cosa. Hasta él mismo había disfrutado mortificando al chico, ahora quería hacerlo pero de otras formas mucho más placenteras.

—¿Lo has visto o no?

—No, no lo he visto.

Bufó desesperado, le iba a abordar en el comedor, le gustara o no, no le estaba dejando más opciones.

—¿Todo bien, Canuto?—escuchó a su espalda a Remus.

—Sí.—Mierda, acabaría desembuchando si con el que hablaba de ello era con Remus, así que prefirió excusarse y decir que se había dejado algo en el aula y que les alcanzaría en la próxima clase.

Gran Comedor

Podía notar unos ojos fijos sobre él, sabía perfecta que ese brillo gris era de un Gryffindor por el que sentía una obsesión que rayaba lo enfermizo.

Había tratado de evitarlo, al menos ya no tendrían que compartir las clases de apoyo en pociones. Su plan con Slughorn había funcionado y este había entendido que era el momento de dejar volar al Gryffindor solo.

Sabía que Black quería hablar con él, había evitado de momento todos sus intentos, y lo seguiría haciendo todo el tiempo que pudiera. No quería estar ni un segundo a solas, principalmente porque no confiaba en sí mismo.

Le vio salir echando humos del comedor ante la sorprendida mirada de sus amigos, en parte se sentía bien por saberse motivo de la perturbación del moreno, al menos sentía que no era el único.

Creyendo que el campo estaría despejado, terminó de comer, aún quedaba tiempo para la próxima clase, aprovecharía para ir a la Biblioteca y continuar redactando su trabajo para Historia de la Magia.

Pero antes de poder tomar el camino hacia la Biblioteca, fue interceptado por un sumamente atractivo moreno de ojos grises el cual lucía también realmente enfadado.

Le agarró de un brazo y tiró de él hasta abrir una puerta y metiéndolo a los dos dentro. ¿Un escobero, en serio?

—Tú y yo vamos a tener una palabras–le dijo apuntándole con su varita, esta vez no iba a poder lanzarle un "silencio".

—Soy todo oídos—dijo con el tono más desagradable que pudo encontrar.

—¿Has cancelado las clases de apoyo de pociones?—fue su primera pregunta.

—Slughorn piensa que ya estás capacitado—su tono y su gesto le indicaban que el difícilmente pensaba que estuviera capacitado.

—Qué conveniente–intentó mantener la calma—. Llevo días intentando hablar contigo, y ahora, curiosamente Slughorn me ve capacitado, sin haberle influido tú a ello, claro.—Seguía apuntándole con su varita.

—Curioso, sí.

—¿Por qué me evitas?—soltó sin ganas de seguir bordeando el tema.

—¿Por qué no debería de hacerlo?—levantó una ceja Snape al preguntarlo—¿Acaso hemos sido alguna vez amigos, acaso alguna vez, tú y tus amigos os habéis acercado a mí para algo bueno?—Cada vez hablaba más furioso—. Eres más estúpido de lo que había imaginado.

Parecía que daba por concluida la conversación empujándole hacia la puerta, pero Sirius aún no había acabado.

—¿Y lo que pasó el otro día?—al intentar salir, Snape estaba más cerca de él—. En el pasillo.

–Un error—sentenció.

—Para mi no fue un error—intentó agarrarle del hombro, pero se zafó, no es que hubiera mucho donde ir.

Siguió avanzando hasta que el pelinegro tocó la pared con la espalda, sintió que lo tenía acorralado, y la sensación le resultó excitante.

—Por lo que yo pude comprobar, estabas tan excitado como yo—su voz era cada vez más ronca y más cargada de intención—. Tus labios me devolvieron todos los besos que te di—estaba prácticamente sobre él, un paso más y volverían a estar piel con piel.

—Seguro que me hechizaste—respondió con los ojos oscuros relampagueando de rabia.

—Yo podría decir lo mismo—levantó su ceja, cansado de tenerle que ir detrás del Slytherin—. Aquí el que sabe realizar mejor las pociones eres tú.

—Esto es absurdo—dijo Snape—. Terminemos ya de una vez con esta estúpida situación.

—Al menos reconoces que hay una "situación"—dijo triunfante.

—Una situación para nada buscada por mí—le dijo, y no podía negar que había mucho de verdad en ello, Sirius se había obsesionado con él, simple y llanamente, y no concebía que Snape no correspondiera a su obsesión.

—¿En serio tú no notas nada?—preguntó sinceramente, lo cierto es que se estaba cansado de perseguirlo por los pasillos y que este le hechizara, le rechazara y le tuviera tan obsesionado. Quizás su negativa ayudaría en algo.

Miraba fijamente a los ojos negros de Snape, intentando descifrar qué estaba pasando por su mente en esos momentos, su corazón zumbaba a mil por hora.

¿Se lo estaba pensado? Demasiado tiempo para no haber dicho nada, y menos tratándose del Slytherin que siempre tenía una palabra hiriente para él. Podía agarrarse a su duda, con esa duda podía trabajar, le decía que solo era cuestión de tiempo, y que finalmente el pelinegro sería suyo. Estaba casi saboreándolo y sonriéndose.

—¿Sirius?—aquella voz los sacó del trance en el que se encontraban.

Remus los miraba sorprendido tras abrir la puerta, dándose cuenta de la posición en la que se encontraban, resultaba más que obvio que estaban en un momento íntimo.

Sintió una corriente de aire tibio en su rostro.

—Vete con tu novia, Black y a mí déjame tranquilo de una vez—dijo Snape. El tono era bajo y casi venenoso, podría asegurar que si algo de sus palabra hubieran tocado su piel, ahora mismo estaría en la enfermería.

Le daba igual quien los mirara en aquel punto, aquello era algo, uno no siente rabia por algo o alguien que no le interesa, tomó aquella frase envenenada como un "Sí, hazme tuyo" al modo Slytherin.

El pelinegro se fue rápido de allí, ondeando sus cabellos negros como ala de cuervo, la sonrisa no había desaparecido del rostro de Sirius, aquella viborilla iba a ser suya, y su amigo le había dado la clave de cómo conseguirlo.

Él ya había notado esos celos antes, en el lago, y si no era por los acercamientos que tuviera con Snape, serían los celos los que le harían ir a Sirius.

—Lunático, siempre en el momento justo—le dijo al lupino que no estaba claro de entender a que se refería su amigo, todo lo que sabía es que pobre de Snape, Sirius nunca dejaba escapar una presa.