Marzo 1975
—Ya sabes lo que tenemos que hacer—le dijo Sirius a Remus, este le miraba con una sonrisa socarrona en los labios.
—Esto te va a costar muy caro, perrito—le dijo, pero rodeó el cuello de su amigo como habían acordado.
—A este ritmo, te bañaras en chocolate de Honeydukes—le susurró al oído el moreno.
—Calla, ahí viene.
Un cabizbajo Snape se acercaba a ellos por el pasillo, sí, aquello había sido una emboscada pero esta era su nueva táctica, ponerle celoso con Remus. A este no había tenido que contarle mucho porque al parecer le leía como un libro abierto, ya sabía de su obsesión con el Slytherin y le prometió que le ayudaría.
Así que así se encontraban, cuerpo con cuerpo, susurrándose bobadas para que el otro los pillara "de improvisto".
Los ojos negros, brillaron como fuego al verlos así de acaramelados. Sirius se había recostado sobre la pared, a su lado, Remus, se perdía en su cuello, dejándoles la opción de separarse para mirarle.
Tras ese fuego colérico que brillaba en los ojos del pelinegro, Sirius vio también algo de pena, pasó de largo ondeando su túnica negra como ala de cuervo, decididamente aquel chico le volvía loco.
—Misión cumplida, lunático—El otro se separó y miró por donde el chico se había ido.
—Entiendo tu plan, sólo que algo me da que con Snape no te va a servir de nada, amigo—le dijo mientras le palmeaba el hombro.
—Veremos—dijo Sirius con su sonrisa perruna—. Veremos.
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No es que se sintiera cómodo con aquella situación, realmente algo se movía dentro de sus entrañas cuando veía a esos dos tan pegados. Pero era consciente que había rechazado al moreno, y este lo había sustituido por el castaño.
Por un lado tenía la tranquilidad de no recibir más acoso por parte de Black, eso era algo bueno, pues ya no tenía que estar escondiéndose. A su vez, James Potter, había dejado de gastarle sus estúpidas bromas al no tener el apoyo de Black, realmente lo mirara por donde lo mirara estaba en su mejor momento de todos aquellos años.
Ese sábado había salida a Hogsmeade, no es que tuviera con quien ir a pasar la tarde del sábado, pero al menos, sabiendo que ya podía andar libremente, no le vendría mal salir y despejarse.
Sabía por lo que habían comentado algunos chicos de su dormitorio que habría una reunión en las tres escobas con ex alumnos de Slytherin, él no había tenido trato con ninguno, pero podría pasar a ver quienes eran.
Podría ir a la librería a ojear libros que jamás podría comprarse, pero le encantaba la sensación de tenerlos en sus manos. La tienda de dulces terminantemente prohibida, ser pobre era un asco, le encantaban los chocolates pero nunca había podido comprarlos, solo había probado uno que le dio Lily hacía dos años. Los recordaba como la cosa más deliciosa que hubiera probado nunca.
Potter se hubiera muerto si se hubiera enterado que uno de sus regalos a la pelirroja había acabado en su boca, quizás eso también fue parte del motivo por el que le pareció sencillamente el mejor chocolate que había probado jamás.
Andaba con el resto de Slytherin de camino a las tres escobas cuando vio al cuarteto pasar a su lado, una mirada de Black le hizo volver a retorcerse por dentro. Realmente era hermoso, alto y elegante, y en sus ojos ya no había esa mofa que años atrás le acosaba. Lo malo es que ahora tampoco estaba ese brillo que le había destinado esos dos meses. Le había encantado sentirlos encima de sí, pero también sabía que era incapaz de lidiar con esa nueva manera de torturarlo que tenía el Gryffindor.
Siendo sincero consigo mismo era incapaz de aceptar que el chico tuviera interés en él, le parecía la cosa más absurda de todas las que le habían pasado en aquel castillo. A veces, por la noche, cuando nada era real salvo sus sueños, imaginaba lo que hubiera sido estar con el ojigris. Haber cedido a sus besos y sus caricias, y en esos instantes se dejaba llevar por la felicidad. Después cuando se recomponía de sus fantasías se le hacía imposible casar estas con lo que veía frente al espejo.
A sus 15 años, sus pensamientos sobre el amor eran tremendamente tristes, jamás había pensado en amar o ser amado por nadie. La persona más cercana que había tenido siempre fue Lily, pero para él ella era como un ángel, una luz en medio de su gris vida, pero no podía pensar en ella de ninguna manera romántica.
Era joven, pero sabía desde siempre que el amor no era una opción para él, y esos dos meses en los que Black había mostrado algún tipo de emoción por él, le habían trastocado sus esquemas, pensaba que ahora, fuera de su radar volvería a su rutina, pero se daba cuenta que una vez que uno prueba algo que ni siquiera sabía que anhelaba era difícil volver atrás.
Bueno, podía lidiar con amarlo en silencio, ese tipo de cosas se le daban muy bien, ocultar sus verdaderas emociones y sentimientos en un rincón de su mente al que nadie podría acceder jamás.
Andaba sumergido en sus pensamientos cuando escuchó su nombre, normalmente las únicas personas que se dirigían a él eran Lily y algunos profesores, ni siquiera antes los cuatro Gryffindor le habían llamado por su nombre, siempre usaban apodos para referirse a él.
Pero una voz masculina le estaba llamando, levantó la mirada, un chico demasiado parecido a Black le estaba hablando, por unos instantes no supo identificarlo.
—Snape, ¿quieres venir con nosotros?—le dijo el moreno de una manera seria.
Regulus Black, saltó a su mente, el hermano menor de Sirius Black, pudo ver a su espalda a un grupo de alumnos de diferentes cursos tras él. Algunos le eran conocidos, entre ellos antiguos alumnos de Slytherin, nadie podría no recordar al rubio de ojos plata.
Intentó no mirar hacia atrás, pensando que se dirigían a otra persona, aquello hubiera sido una muestra de debilidad, tan solo se quedó mirándolo y asintió, aquel gesto fue tomado por Regulus Black como una aceptación.
Una leve sonrisa apareció en la cara del segundo Black, no, realmente no se parecían tanto.
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Sirius, había estado pendiente de Snape todo el trayecto a Hogsmeade, muy rara vez le había visto en las salidas por el pueblo, éste no daba muestra de ir con nadie. Estúpidamente esto le alegraba, no quería verle con nadie más, aunque desde que todo este lío se había producido, se había fijado que el pelinegro siempre andaba solo. El chico no parecía tener más amigo, a decir verdad, la única persona con la que le había visto era con Lily Evans.
Sintió un pinchazo de culpabilidad, en esos cuatro años, habían aprovechado esa soledad para poder hacerle el objetivo de todas sus bromas. No es que el chico no hubiera sido odioso, pero realmente le daba pena constatar lo solo que se le veía y debía sentirse.
La voz de su conciencia, que usualmente tenía apagada, le dijo que era muy razonable que tras esos años de "bromillas" el Slytherin no iba a abrirse a los sentimientos de Sirius con facilidad, quizás él sólo lo viera como una más de ellas. No podía hacer nada por el pasado, pero ahora, si tan solo le dejara acercarse intentaría demostrarle que lo que sentía no era ninguna broma.
Algo más cálido se instauró en su corazón, algo que no había sentido nunca, pero como muchas veces pasa, el que nunca se ha enamorado no sabe identificar las señales de que esto le está ocurriendo.
Sus ojos se conectaron, y tuvo que contenerse para no ir a donde estaba y abrazarle fuertemente. Cuando se dio cuenta que alguien estaba llamando a Snape, le costó reaccionar, pero no le gustó lo que vio.
Su hermano, Regulus, ¿estaba hablando con "su" Snape? La relación entre los dos hermanos había muerto cuando su madre le había rechazado por no entrar en Slytherin, desde entonces la convivencia en la casa de los Black había sido un infierno. Sus padres sabían que había deshornado al apellido, como si a él le hubiera importado lo que pensaran esos retrógrados que había tenido por padres.
Pero Regulus había sido diferente, ellos siempre se habían querido, pero el verano que volvió a Grimmauld Place, su hermano no le dirigió la palabra, como si él nunca hubiera existido.
Aquello sí le había roto el corazón, a los pocos días de estar allí se escapó a la mansión de los Potter, ellos le acogieron sin hacer muchas preguntas imaginando cómo su familia había reaccionado a que el heredero Black estuviera en Gryffindor.
Un año más joven que ellos, Regulus iba a 3º y obviamente estaba con las serpientes, pero nunca le había visto con Snape, el círculo que frecuentaba era aquel que había compartido su niñez, primos y amigos sangrepuras de sus padres.
La técnica de ambos Black en Hogwarts había sido ignorarse, no se cruzaban, no se hablaban. Tampoco lo vio nunca defendiendo a su compañero de casa, por lo cual que esos dos estuvieran hablando ahora, no era algo común.
Mirando más allá, pudo ver ex alumnos de Slytherin, entre todos ellos al inconfundible Lucius Malfoy, heredero de la casa Malfoy, que si ya lo recordaba arrogante en Hogwarts ahora se le veía como uno más de aquellos sangrepuras que conformaban la sociedad de la que él venía. Si no fuera por su juventud podría haber sido cualquiera de los amigos de sus padres.
Recordaba cómo en el primer tren a Hogwarts él lo había saludado, convencido de que un Black iría a Slytherin, pero en el momento en que el sombrero seleccionador lo puso en Gryffindor, las serpientes sólo le miraron por encima del hombro y le ignoraron.
Ahora su pequeña viborilla estaba andando a donde todos ellos parecían haberse reunido, no le gustaba, para nada.
Miró a sus amigos, para ver si ellos comprendían que aquella reunión de serpientes era sospechosa, y todos estaban mirando lo mismo que él.
—A las tres escobas—dijo rápidamente James.
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Los Slytherin se habían ido hacia una esquina del local, eran unos diez y Severus se sentía nervioso, nunca le habían invitado a nada en su casa. Y menos a algo con alumnos mayores, años de no dejar translucir ninguna emoción le sirvieron para mantener una expresión neutral.
A su lado Regulus Black era el más joven de la reunión, sin poder evitarlo se fijó un poco más en él. Demasiado parecidos, pero a la vez, no tenían nada que ver, esa pose seductora y gamberra que tenía el mayor, no aparecía por ningún lado en el menor. Éste serio y elegante, era un claro ejemplo de la casa de los Slytherin.
Muchas veces pensaba, porqué había sido seleccionado con ellos, quizás hubiera estado mejor con los Ravenclaw, dentro de los Slytherin se sentía un intruso, había luchado para no dejar que estos lo notaran. Pero todos habían hecho como si él no existiera, aquello se le hacía más fácil. Después gracias a sus buenas notas, y a que alguna vez conseguía devolverle alguna broma pesada a los cuatro Gryffindor se había ganado algo de consideración, aún así, no se mezclaban.
Lucius Malfoy realizó un hechizo de privacidad, aún estando en un lugar rodeado de gente, nadie podría enterarse de lo que habían hablado. Muy inteligente por su parte, aunque más lo fue al lanzarle a todos un hechizo de confidencialidad, no podrían hablar de lo que allí trataran, cuando intentaran hacerlo sus lenguas se atascarían y sus manos no sabrían escribir.
Bien, aquello se ponía interesante, no podría contárselo a Lily pero eso era un precio que por una vez estaba dispuesto a pagar.
No sabía cuan equivocado había estado de haber aceptado asistir a esa reunión, no por que de allí saliera el fin mismo de aquel reclutamiento, ninguno de ellos sabría lo que en el futuro aquella reunión supondría en sus vidas.
No fue una reunión que le levantara sospechas, esos temas en su casa eran comunes, los sangresucias, los traidores a la sangre, las tradiciones que se estaban rompiendo aceptándolos, la supremacía de su clase. En ese caso, nada se dijo de los mestizos, como él, quizás lo hicieran para que él no se sintiera excluido. No era estúpido, querían que participara en algo.
Después de una hora de charla, algunos se levantaron para irse, Lucius Malfoy le indicó que se quedara, y él no se movió de su sitio. Ahora, solo ellos dos, el rubio ordenó una cerveza de mantequilla para él y un zumo de calabaza para Severus.
—¿Qué tal te están tratando en Hogwarts?—le preguntó.
—Bien—fue lo único que atinó a decir.
—¿Siguen molestándote esos cuatro?—miró arrogantemente hacia una mesa cercana, donde los cuatro Gryffindor les estaban mirando.
—No—Malfoy levantó una rubia ceja dudando de la credibilidad de sus palabras. Bien, aquello podía considerarse una tregua, pero por la mirada de dos de aquellos Gryffindor, sabía que solo sería una tregua.
—Si te unes a nosotros—dijo con una mirada penetrante, acercándose a él—No volverán a hacerlo.
Severus, no pudo más que romper su máscara y mirarlo con algo de asombro. Y desconfianza, él no había hecho mucho como Prefecto cuando el año pasado seguía en la escuela. Los Gryffindor tampoco eran tontos, y aprovechaban los momentos en los que no podían ser pillados.
Pero aquella oferta era muy tentadora, pertenecer a algo siempre había sido su gran anhelo, lo había estado negando ante sí mismo, pero viendo las posibilidades que Malfoy le estaba ofreciendo le costaba resistirse. El rubio posó su mano en uno de sus hombros, dándole un suave apretón, levantó la mirada que había tenido sobre su zumo de calabaza, y se encontró con una maravillosa sonrisa del platinado.
—Ven, Severus—fue lo único que le dijo.
El sonido de unas copas rompiéndose, y unas sillas cayendo al suelo, le sacó de sus cavilaciones.
Todo pasó muy rápido, tenía a Black a poco metros de ellos, con una cara de pura ira, Potter y Remus le estaban sujetando. Severus, no estaba comprendiendo nada, pero antes de que el moreno pudiera hablar, Malfoy le lanzó un Aguamenti, dejando a todos estupefactos.
Le tomó de un brazo, indicándole que se levantara y dejaran la taberna, ante la atenta mirada de los demás clientes del local, casi todos alumnos de Hogwarts, que aún seguían alucinando ante lo que habían visto.
Galantemente, Malfoy, le tomó de la cintura, acompañándolo a la salida.
—Severus—le dijo casi en su cabello negro—. Jamás volverás a estar solo.
El pelinegro, no pudo dejar de mirar al rubio, un par de cabezas más alto que él, le estaba ofreciendo algo que jamás nadie le había dado. No sabía cómo sentirse, miró hacia atrás durante unos momento, conectando con el más que sorprendido Gryffindor, rabia, celos, desconcierto, incluso tristeza, pudo leer en su rostro.
Estaba decidido, él se uniría a aquellos que le estaban dando la posibilidad de torturar a Black.
—Me uniré a vosotros—le dijo volviendo la mirada al platinado.
Este sonrió y le apretó un poco más a su cuerpo, a sus espalda pudo notar una explosión de magia y una sonrisa de suficiencia se instauró en sus labios.
