1981 Agosto II
Juraba que no lo había dicho con esa intención, se lo hubiera dicho a cualquiera en una situación similar. No, realmente no hubiera usado ese todo cargado y seductor, aunque sí el tono de burla. Casi notó como el pelinegro lo miraba con estupor al oír su frasecita. Pero había sido superior a sí mismo.
No iba a negar que dada su reacción intentaría mortificarlo lo más posible, pero era evidente que si le estaba ayudando necesitaba tenerlo de su lado, en buenos términos a ser posible.
—Si no es mucha indiscreción, ¿Por qué me ayudas?—dijo más serio.
—Cuando salgas de aquí lo sabrás, hasta entonces...—su tono era exasperado, no parecía que aquello fuera algo que estuviera haciendo de motu proprio.
Un ruido los hizo permanecer en silencio y el pelinegro no se dignó a volver a hablar. Sirius se entretuvo mirándolo, aquello era un estudio de pociones con un camastro en el que se encontraba ¿sería allí donde pasaba sus horas el pocionista? Por el lúgubre color de su piel, sería lo más probable.
Tenían años sin verse y tenerlo cerca y concentrado sobre sus calderos le hacía recordar a aquellas clases de apoyo escolar donde su concepto por el ex-Slytherin cambiaron. Más maduro, más alto y lo que parecía bajo sus ceñidas y oscuras túnicas, bien desarrollado.
Durante ese día, prácticamente ni le habló, concentrado en sus pociones Snape se había olvidado de él que entraba y salía de la consciencia continuamente.
Y cuando despertaba parecía una aparición, tenía que volver a recordar el motivo de que estuviera allí. Pero no podía negar que aunque herido, débil y a merced del enemigo, Sirius estaba encantado con la situación. Por años se había hecho a la idea de que jamás volvería a pensar en lo que "no fue" entre ellos. Que se hubiera follado a todos los tipos delgados y de pelo negro como la boca del infierno, era solo una preferencia. El tono platinado no entraba en su menú, gracias.
Tenía que aprovechar aquella oportunidad dentro del corazón de la sede del enemigo para obtener algún tipo de ventaja, algo que les ayudara contra Voldemort y sus secuaces, pues mal que le pesara no estaban haciendo avances, más bien estaban siendo aplastados como chinches.
El hilo de sus pensamientos fue interrumpido cuando un sonido de pasos se hizo escuchar por lo que parecían eran unas escaleras hasta donde ellos estaban. Snape que parecía haber estado totalmente enfrascado en su caldero y sus notas, reaccionó con celeridad. Le lanzó un hechizo desilusionador, bajo él podía ver cómo había colocado un montón de cajas de ingredientes, y tarros sobre él, para que fuera quien fuera no tuviera la tentación de ir hacia donde él estaba acostado.
Cuando la puerta se abrió Sirius tuvo que contener una maldición, Snape no le había lanzado un Silencius esta vez, y su mirada le decía que se estaba arrepintiendo de eso.
Lucius Malfoy, todo elegante y altivo, con su túnica de lujo, su bastón de plata, y su melena oxigenada, entró en la habitación. Era un mortífago, pero eso no le era una novedad, si bajaban más miembros y él salía de allí con vida, tendría una buena información que ofrecer al Ministerio.
Pero ojalá Snape le hubiera echado un hechizo cegador, no quería ver como el baboso peliteñido se lo montaba con él. Pero como si fuera incapaz de mirar a otro lado siguió al detalle toda la escena que sucedió en aquel laboratorio.
—Severus—mierda aquello había sonado casi como una súplica.
—Buenas tardes, Lucius—dijo este de una manera incluso más cortante que la que le hablaba a él. Uy uy, ¿problemas en el paraíso?
El oxigenado, parecía triste observándolo, Snape no se había ni girado a recibirlo, seguía sumido en sus pociones.
—¿Sigues con el encargo?—preguntó con un tono que a sus oídos sonó lastimero, quizás esta escenita le iba a gustar más a Sirius de lo que esperaba. Por una vez, no ser él el blanco de las ácidas palabras del pelinegro podría ser divertido.
—Sí.
—¿No piensas ni mirarme?—dijo algo enfadado Malfoy.
—No, no tengo tiempo—dijo siguiendo cortando raíces Snape.
El asqueroso peliteñido se acercó entonces a él por la espalda, pegándose totalmente a su trasero.
—Sev, por favor—solo había sido un susurro pero a Sirius lo había oído perfectamente, "que no sea una reconciliación, que no sea una reconciliación" se dijo para sí mismo.
El rubio aspiró su aroma metiendo su cara entre el oscuro cabello del pocionista, jodido cabrón, seguro que tenía su nariz sobre su cuello. El sonido de anhelo en el suspiro de Malfoy le llegó hasta dar pena a Sirius, él sabía lo que era desear al pelinegro y que este fuera infranqueable.
—Lucius, vuelve con tu mujer y tu hijo—dijo con el tono más venenoso.
Como volviendo a la realidad, Lucius se recompuso, sí le daba pena el patán, pero que le jodieran. Él tenía mujer e hijo, qué carajo hacía olisqueando el cuello de Snape y queriéndoselo follar en la mesa de su laboratorio.
Si hubiera podido aplaudir lo hubiera hecho, pero le pareció inadecuado dada su situación.
El rubio se fue alejando de la mesa rumbo a la puerta, miró el amasijo de cosas que había sobre la cama con mirada preocupada, y Sirius contuvo el aliento, no tenía su varita cerca, pero no había reconocimiento en los ojos grises de Malfoy sino una expresión de pena y preocupación importante.
—Cuídate, Severus—dijo como despedida.
—Cuídalos—contestó Snape, y girándose por una única vez, le miró a los ojos—.Cuídate, Lucius.
El rubio abandonó el cuarto y aunque Snape sabía que él estaba allí y había presenciado todo no pudo evitar suspirar. Estaba claro que aquello no había sido fácil para él, quizás sí siguiera enamorado del oxigenado, y quedar relegado a ser su amante no fuera opción para él.
No quería ahondar de nuevo en ese pozo, pero él jamás lo hubiera tenido como un amante oculto, él lo hubiera hecho su pareja, su marido si hubieran podido llegar a algo.
Y el sentimiento que creía muerto, resurgió de ese pozo negro donde lo había enterrado, no pudo hacer nada para contenerlo. Tenía que huir de allí en cuanto tuviera la oportunidad, no quería volver a ser esa persona que penaba por el desamor por alguien a quien le importaba una mierda.
Snape le lanzó un finite, sin ni siquiera mirarle y siguió trabajando.
—El oxigenado es un capullo—dijo sin darse ni cuenta.
—Métete en tus asuntos, chucho—Bien, se lo tenía merecido, pero aún así picó. Se dio la vuelta para no tener que verle más y volvió a su sueño reparador.
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Black durmió por toda la tarde, Severus hubiera preferido que el estúpido chucho no hubiera presenciado la escena, pero no tuvo tiempo de lanzar más hechizos, y realmente estaba alterado por la presencia de Lucius, hacía meses que no lo veía. Cuando se le pegó por detrás tuvo que reunir toda su fuerza de voluntad para rechazarle.
No quería ni pensar si no hubiera estado Black en la cama si hubiera tenido tanta fuerza de voluntad, se decía así mismo que sí. Él había cerrado esa puerta, y no la volvería a abrir, nunca más.
Las palabras del ex-Gryffindor en realidad le hicieron sonreír, pero no podía permitirse confraternizar con él, siempre era mejor un insulto para mantenerlos a cada uno en su sitio.
Lo curaría y en cuanto pudiera deshacerse de él, tendría un problema menos sobre el que preocuparse. Con el aliento de Voldemort en su cuello, teniendo que preparar aquella odiosa poción que ni si quiera él, un maestro en pociones, era capaz de elaborar, tenía problemas suficientes.
Estaba hastiado, nervioso y deseoso de que todo aquello terminara. Confiaba en que el trato que había hecho con Dumbledore sirviera para algo, y la información que este le pasaba consiguiera evitar un mal mayor.
No era un experto en curación, pero ahora mismo era todo lo que tenía Black para salir adelante. Pero lo que sí era es el creador del hechizo que McNair le había lanzado, una nueva modalidad de Semptu, una endiablado hechizo que no sólo cortaba la carne sino también el núcleo mágico del mago o bruja que lo sufriera. Voldemort le había dicho que tenía un talento especial para crear un gran mal, mirándolo de un modo totalmente encantado cuando lo probó, Severus se había arrepentido de inmediato.
Había calculado que al menos tendría que ocultarlo por dos o tres días más, y cada vez se le hacía más complicado tenerlo ahí.
Se iba acercando la noche y la anterior no había dormido, no se había atrevido a cerrar el ojo alerta por si alguien entraba y los descubría. Pero estaba mortalmente agotado, él dormía en la cama que actualmente ocupa el castaño. Compartirla con él era lo último que quería en ese momento, pero o descansaba o la falta de sueño jugaría traicioneramente contra ellos.
El moreno parecía dormido, le revisó con el mismo hechizo que llevaba utilizando en él desde el primer día, todo parecía estar bien pero aún se encontraba débil y la herida había drenado gran parte de su núcleo mágico. Realmente eso era lo que le preocupaba y el motivo por el que aún no podía dejarlo ir.
Decidió que lo mejor que podría hacer era ensanchar la cama, con suerte Black no volvería a despertar y el disfrutaría de unas horas de sueño.
Lanzó un hechizo avisador sobre la puerta por si alguien trataba de entrar que le diera tiempo de reaccionar; aún vestido con su ropa habitual reposó la cabeza en la mullida almohada, y se quedó completamente dormido al instante.
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Despertó desorientado, no sabía cuanto había dormido y cuando iba a lanzar un Lumus, lo sintió. No estaba solo, Black estaba agarrado a su cintura, notaba la respiración del moreno en su cuello y todo su cuerpo se tensó al instante.
¿Cuánto tiempo llevaban así? Mierda, no había sido buena idea echar aquella cabezada junto al chucho. No quería que el otro se despertara, no quería afrontar aquella situación, había olvidado lo que era sentir el olor de Black asfixiándolo, llenándolo todo. Era un olor que le intoxicaba los sentidos y le incitaba a cometer una locura. El corazón comenzó a bombearle como una locomotora, pero el maldito le tenía bien agarrado, y por si fuera poco se pegó aún más a él, clavándole una parte de su anatomía que sí parecía estar completamente despierta en su trasero.
Se recordó que hacía demasiado tiempo que no tenía sexo, no es como si cualquiera de aquellos imbéciles que tenía como compañeros le pudiera atraer en lo más mínimo, y todo contacto con Lucius era algo imposible, por mucho que el otro insistiera.
Notar la dura erección de Black contra su culo, le hizo jadear, parecía completamente dormido, respirando acompasadamente sobre su cuello, mientras él era incapaz casi de respirar; se maldijo por estar excitándose en esos momentos, pero era incapaz de moverse.
La mano que lo tenía fuertemente ceñido al otro cuerpo se fue moviendo lentamente hacía su ya hinchado pene. Cuando este fue tomado por la cálida mano de Black, Severus bufó, dudaba que el maldito Black estuviera durmiendo, todo aquello era una encerrona como las que ya le preparó hacía años en Hogwarts y él no estaba para tonterías.
Se levantó de un tirón lo que hizo que el otro ocupante de la cama se despertara de golpe, sintiendo el vacío entre sus manos lo miraba con los ojos somnolientos del que está saliendo de un estupendo sueño. Quizás y sólo quizás realmente estuviera durmiendo; hermoso como nunca lo hubiera podido ver antes, imaginó lo que sería despertar con él a su lado, o con él dentro suyo.
Severus no era un hombre de dudas, pero Black siempre tenía ese efecto sobre él, tenía que salir y tomar aire, o volvería a la cama y quizás fuera él quien lo asaltara.
—Iré por algo de comer, no te levantes—su tono era del todo desagradable, era la única manera que sabía para lidiar con aquel endiablado hombre que le miraba anhelante desde la cama.
Salió ondeando su túnica como alma que se la lleva el diablo.
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Sirius se encontraba aturdido, expulsado de un delicioso sueño donde Snape se retorcía bajo su cuerpo, fue consciente de las sábanas arrebujadas y el calor de otro cuerpo en ellas. Aspiró el olor del pelinegro en la almohada al lado de su cabeza. Habían dormido juntos y no se había dado ni cuenta. Aunque algo en su brusco despertar y el tono gélido del pocionista le hacía pensar que el sueño se había extendido a la realidad, y su entrepierna clamaba por el cálido cuerpo que había tenido hacia segundos entre sus brazos.
