1993. Julio, La Hilandera.

Severus no podía creerlo, por más que la imagen se moviera sobre El Profeta. "Sirius Black, la primera fuga de Azkaban de la Historia"

Sus manos temblaban mientras sostenían el papel, aquel nombre que hacía años no escuchaba pero que atormentaba sus noches.

No fue capaz de olvidarlo, pero sí de continuar con su vida. La pena y la culpa por la muerte de Lily y James Potter. la huída como aseguraba Dumbledore de Voldemort. Y la perdida del único hombre al que había amado, la traición y el abandono.

Severus siguió su vida, una vida gris y triste, rodeada de niños a los que no soportaba y encerrado en un castillo hasta que volviera a tener valor como espía. Pues el viejo sabía que el momento llegaría.

Pocos se salvaron de Azkaban, él protegido por el director. Lucius consiguió convencer al mundo mágico de operar bajo el imperio del mago oscuro más poderoso. Ellos habían continuado con su amistad, exenta de cualquier tinte sexual.

A pesar de saber que nunca más vería a Sirius, su recuerdo le acompañaba, una mezcla de odio y anhelo. Nunca más amó, nunca más lo necesitó.

La imagen en el Profeta reflejaba a un Sirius que él nunca había visto, era él y a la vez la locura personificada. Todos decían que cuando le apresaron su locura era un hecho, ahora entendía lo que decían. Aquel hombre no era nada más que un asesino demente. No importaba que lo hubiera amado como jamás hubiera pensado que podía hacerlo, no importaba que por las noches aún recordara su risa y sus labios, sus palabras de amor. No importaba porque su corazón murió aquel día.

Sabía que iría a por Harry, tantos años de confinamiento solo podrían haber trastornado más su mente. Y se prometió a sí mismo que esta vez no le fallaría al pequeño. Desde que entró en la escuela, Severus había sido su sombra, y con la confirmación desde el primer año de que su antiguo señor le merodeaba, todas las palabras del director tomaban consistencia.

El Señor Oscuro volvería y traería de vuelta a los suyos, el tiempo del espía había regresado y él no fallaría, su corazón no le traicionaría de nuevo.

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Lo había reconocido, ese ser mezquino que una vez llamó amigo, aquel que le robó todo lo que amaba, estaba vivo.

Sirius no pensaba, no sentía, él solo sobrevivía en aquellas inhumanas condiciones, su único motor: la venganza. Aquella de la que los dementores no se podían alimentar.

Su corazón muerto no tenía pensamientos para nada más, había llegado su momento. Y con las escasas energías que le quedaban se transformó de nuevo en Canuto. Flaco y lleno de pulgas como jamás había estado su forma animaga, consiguió salir de la celda mugrienta donde había pasado más de una década.

Los dementores no custodiaban criaturas, esos seres tan solo se alimentaban de las almas humanas. Pasó entre los barrotes y escapó. El siguiente mes fue una sucesión de caza de ratas, no eran un gran alimento, pero recobró sus fuerzas como perro. El instinto estaba de su lado, lo necesitaba.

Le encontró, encontró a Harry, en aquel barrio donde las casa eran idénticas. Solo y abatido, su pequeño, el niño que era una copia exacta de su mejor amigo. Un latido, diferente a todos aquellos que había sentido hasta el momento, un sentimiento que hacía tanto que no experimentaba.

Harry ya no estaba, en su lugar, Sirius tomó por primera vez desde su huída su forma humana. La locura, la venganza, estaban ahí, eran su motor, pero el amor, el amor que había sentido desde que vio aquellos verdes ojos de su pequeño ahijado entre los brazos de sus padres volvió a su cuerpo. Y aquellas lágrimas que derramó lo volvieron todo lo que no había sido durante 12 años: humano.

1993. Octubre, Hogsmeade.

Sirius llevaba meses deambulando por las inmediaciones de Hogwarts a la que aún le había sido imposible acceder.

Sabía que Peter estaba allí dentro, tranquilo y seguro, lo había visto desde el Bosque Prohibido en las manos de aquel pelirrojo amigo de Harry. Pero aún no había sido capaz de atraparlo. Necesitaba que se acercaran más, entrar en el colegio era demasiado peligroso con Dumbledore alrededor.

Debía aprovechar las visitas de los niños a Hogsmeade y allí lo cazaría, notaba como su mente había sufrido pues era incapaz de pensar con la coherencia que lo hacía antaño. No podía correr el riesgo de transformarse en humano, su rostro estaba por todos lados y pocos eran los que sabían que era un animago, su tapadera de perro era mucho más conveniente.

Disfrutaba de ver a Harry volar en sus clases, solo había podido verlo de lejos en uno de los partidos, realmente era digno hijo de su padre, y no podía evitar menear el rabo cuando lo veía. Él era la razón de todo aquello, no debía olvidarlo, ponerlo a salvo como no pudo anteriormente.

Lamía sus patas, mientras sus tripas rugían, necesitaría ir a cazar, no quería que los aldeanos comenzaran a hablar de un gran perro negro merodeando por la zona, Dumbledore lo reconocería rápidamente.

No esperaba ver a la única persona sobre la que se había prohibido pensar hasta llegar al punto de olvidar su existencia.

El negro le acompañaba como un manto de oscuridad y severidad, aquel hombre pálido y de aspecto hosco, aquel rostro que se abría paso entre la bruma de su locura. Él lo conocía, él había tocado aquella pálida piel, pero el dolor del recuerdo, el dolor de la felicidad olvidada le transpasó como un rayo.

"Severus Snape" repitió su mente una y otra vez como invocando a un fantasma.

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Dumbledore le había pedido tener más sus ojos sobre el muchacho, Potter tenía un don especial para meterse continuamente en más problemas de los que podía resolver. Aquel espíritu transgresor era clara herencia de su padre. Lily era inteligente y astuta, solo esperaba que aquel mocoso hubiera heredado al menos una mínima parte de ella, la iba a necesitar.

Ese curso estaba siendo más duro que los anteriores, tenía que soportar a Remus Lupin; le daban igual las explicaciones del director que afirmaba que mientras más fueran para retener a Black llegados el momento, mejor.

Severus dudaba que Lupin fuera a mover un músculo por detener al demente de su amigo, no lo hizo en el pasado, no lo haría ahora. Desaconsejó la contratación, pero bien conocía al viejo para saber que no cejaría en su idea.

Pero debía reconocer que no solo era su desconfianza con el licántropo, era un peligro, lo sabía. Pero era un peligro también para su memoria.

Demasiados recuerdos de un pasado, de otra vida que no parecía la suya. En aquel mismo lugar, donde unos jóvenes Sirius y Severus se habían besado, aquel escobero en el que habían descubierto sus sentimientos.

Aquellos recuerdos eran casi tan peligrosos como tener a un amigo del asesino en el castillo, ya que Severus debía negarse a ellos.

¿Sería capaz de matar al hombre que amó por proteger al hijo de su amiga?

La respuesta era y debía ser siempre: Sí.

1994. Junio, Hogwarts.

Lo tenía, por fin lo tenía, Sirius había entrado en el castillo varias veces pero la escurridiza rata se le escapaba continuamente. Pero ahora la tenía allí, en aquel lugar en el que tanto habían compartido.

La casa de los gritos sería testigo del asesinato que no había cometido hacía 12 años, ese día el traidor moriría y él lo despedazaría con sus propias manos.

Con la varita del pelirrojo lo apuntaba con la mirada desquiciada, la rata chillaba entre las manos de su dueño. Sintió por unos instantes pena por el chico, le había desgarrado la pierna en el proceso, pero más tarde se ocuparía de él.

Escuchó ruidos por las escaleras, Harry iría tras su amigo,¿no hubiera él hecho lo mismo por James?

Harry sería testigo de quién fue el verdadero traidor, él sabría la verdad.

Sirius miró a Harry, nunca lo había podido ver de tan cerca, la mirada de odio que le dirigía no era nada, le explicaría, él lo entendería, sí, lo entendería.

Todo fue tan rápido, no debería haberlo sobrevalorado, Harry era capaz de enfrentarlo. Podía ver el dolor en el niño y él era incapaz de tocarle ni uno solo de sus cabellos.

Remus apareció y los desarmó, los chicos los miraban a ambos. Los ojos dorados de su amigo eran iguales que siempre, una pequeña parte de su cordura volvió cuando éste le abrazó, Sirius estuvo a punto de llorar entre sus brazos. El lobo siempre había sido un refugio para él, siempre leal.

Remus fue el encargado de contar todo sobre ellos, la voz calma de su amigo lo tranquilizaba, siempre había sido así. Remus era un remanso de paz en mitad de la tormenta, aunque la tormenta la hubiera generado él. Así era y sería.

Estaba impaciente, no dejaba de mirar a Peter, pero Harry debía saber, debía conocer todo.

Los chicos iban asimilando la información, pero debían darse prisa, todos andarían buscándolos, y Peter había demostrado ser más astuto de lo que ninguno se había imaginado.

La aparición de Snape no la esperaban, de seguro Sirius no, allí se encontraba mirándolo embobado, lo había visto con sus ojos de perro, pero nada era parecido a lo que sintió al verlo de nuevo con sus ojos de hombre.

El moreno destilaba puro odio y rechazo; un antiguo recuerdo del muchacho que fue y amó en aquel mismo lugar.

—Tú–le gruñó el ahora profesor—. No volverás a traicionarnos.

—Severus...

La varita de Severus le apuntaba, eso era todo lo que le importó. La determinación en su mirada le dijo que aquel hombre estaba dispuesto a matarlo. No debería sentir nada, hacía años que esos sentimientos habían muerto, pero dolió ver al hombre que amó odiándolo hasta aquel punto.

Apenas pronunció las palabras que lo atacarían pero Harry fue más rápido y desmayó a su profesor.

—Quiero saber la verdad—dijo con determinación, aquel muchacho no era más un niño.

La transformación de Peter fue desagradable, tenerlo delante de él afloró todos sus instintos asesinos. Y no lo mató tomando en consideración las palabras de su ahijado. Si lo mataba jamás podría demostrar su inocencia.

Él nunca lo buscó, siempre se sintió culpable por las decisiones tomadas. La idea de hacer de guardían secreto a Peter fue suya. Pero los ojos anhelantes de Harry le habrían un futuro. Nunca lo había pensado. Nada más allá de su venganza.

El cuerpo rígido de Severus era otro motivo oculto ¿Sería capaz de volver a sentir?

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Severus estaba encerrado en el despacho del director. Sirius había escapado y aquel viejo solo decía que por fin habían enmendado aquel horrible error.

¿Error? Si era cierto, Sirius había pasado 12 años encarcelado por algo que nunca hizo. Perdiendo la humanidad y la vida por una mentira.

Y él nunca pensó que fuera inocente. Lo condenó sin cuestionárselo.

Ahora había desaparecido con el hipogrifo de Hagrid. Dumbledore no se lo dijo pero sabía que él había estado implicado en esa huída, así como los niños. No dudaba que volverían a verse y su estúpido corazón volvió a latir después de tanto tiempo.

¿Era posible que le perdonara? ¿Era posible que le volviera a amar?

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Millones de años después aquí traigo un nuevo capítulo. Ya sabéis esta historia bordea la historia original, y damos saltos hacia adelante como este.

Espero que os guste y me dejéis vuestros comentarios.

Muchos besos, Shimi.