1996. Enero

Sirius llevaba encerrado en aquella casa demasiado tiempo.

En un principio estar en Londres le había alegrado, aquella casa aunque fuera una pesadilla cumplía su misión. Pero cada día el ambiente opresivo de la mansión, los viejos recuerdos y el sentimiento de inutilidad cuando el resto de miembros de la orden realizaban sus trabajos lo tenían sumido en una depresión.

—Sirius—escuchó la voz de Remus, no lo había escuchado llegar. Hacía días que no veía a nadie.

—¿Qué tal Lunático?—su voz sonaba pastosa.

—Muy cansado.

—Descansa, amigo. Te lo has ganado.— Y levantó la copa de la que llevaba bebiendo toda la noche.

—Sirius...—dijo Remus, realmente esa conversación ya la tenían más que hablada.

—No empieces, no hago daño a nadie.

—Te haces daño a ti mismo—dijo este acariciando su hombro.

¿Daño? Realmente no tenía claro qué era ese daño al que se refería. Dolían muchas cosas, dolía estar encerrado en una nueva prisión. Dolía no poder ayudar a Harry con esos sueños que le conectaban con Voldemort. Dolía no tener más propósito que estar allí encerrado, esperando, ¿esperando a qué?

Dolía seguir soñando con él cuando sabía que no iba a poder tenerle.

Si al menos no tuviera tanto tiempo sin hacer nada, le había suplicado a Dumbledore que le dejara ir a alguna misión, con poción multijugo o como perro.

Pero el anciano siempre le argumentaba lo único contra lo que Sirius no podía luchar. Harry.

El alcohol al menos desdibujaba sus pensamientos y lo dejaba K.O.

o0o

Severus se había resistido a ir a la sede de la Orden.

Muchos miembros de la orden no confiaban en él. Y en parte era lógico, su doble juego tenía que ser creíble mientras más personas supieran de él más arriesgada era su misión.

Y por último, no quería verle. Llevaba demasiados años de ese modo, y sabía que estar delante de él tan solo le traería problemas.

Siempre supo que no había un futuro para ellos.

Desde la última vez que lo vio, mugriento y consumido habían pasado dos años. Dos años en los que una buena alimentación habían mejorado su aspecto físico. Pero su mirada estaba hundida.

Se notaba que Sirius llevaba tiempo bebiendo, las marcas bajo sus ojos, la mirada vidriosa. Aunque lucía más como aquel Sirius que conoció, aquel hombre que lo miraba no era del todo él.

¿Qué esperaba encontrar?

Tenía sus ojos grises clavados en él. Y le quemaban, Severus nunca fue un cobarde. Pero no quiso enfrentar su mirada, no estaba seguro de que no pudiera leerle.

—¿Cuál es su papel aquí?—dijo Sirius.

—Sirius, ya os lo he dicho. Severus tiene toda mi confianza—dijo rápidamente Dumbledore dando por zanjada la conversación.

Algunos murmullos poco conformes se oyeron de los otros miembros.

Severus intentó adoptar su gesto impasible tan ensayado.

—Estoy tan contento como tú de estar aquí, Black—le miró, su mirada no era aquella limpia que tantos años atrás le dirigió. ¿Por qué debió de haberlo sido?

A pesar de la tensión Sirius no dijo nada más, pero no dejó de notar sus ojos sobre él.

Estaba deseando salir de allí, tener el aliento de Voldemort en el cogote no era plato de buen gusto. Pero tener la mirada de alguien a quien has amado y al que has fallado sobre ti, podría decirse que tampoco lo era.

Dumbledore le pidió que se quedara para hablar a solas, el colegio ya no parecía un lugar seguro para determinadas conversaciones. Pero Severus no quería permanecer ni un minuto más del necesario en aquella morada.

A punto de salir fue detenido por Sirius a su espalda.

—No piensas hablar conmigo—no fue una pregunta.

No, estaba claro que Severus no quería hablar con él. Aunque se lo debía, pero ¿qué podía decir?

—No es el momento—le dijo.

—Creo que ha pasado suficiente tiempo.—Estaba detrás de él. Podía oler el alcohol en él pero también la amargura.

Había sufrido torturas menos dolorosas que esa.

—Mírame—su tono era bajo, pero furioso.

Severus tomó aire y lo encaró. Nuevamente solos en un oscuro pasillo, tan típico.

—Has cambiado—le dijo Sirius.

—Han pasado 14 años—aunque en ese momento sintiera que no. Que eran los mismos que se devoraban el uno al otro en una carrera contrareloj.

Sirius estaba demasiado cerca, pero él siempre había tenido algo que lo dejaba clavado en el sitio. Y esta vez, a pesar del tiempo, no fue diferente.

Sus labios lo atacaron con rabia, y aunque lo prudente hubiera sido rechazarlo, le fue imposible.

Su cuerpo lo reconocía, tanto tiempo después, nunca se permitió el anhelo, no creyó merecerlo. Pero anhelaba todo lo que era Sirius. Su boca contestó a sus besos, el regusto a alcohol no le asqueó, debajo de todo aquello esta él. Y por un momento olvidó el tiempo y la culpa. Por un momento se dejó sentir. Y eran tantos los sentimientos que guardaba dentro de sí, encerrados y olvidados.

—Severus...

Sus manos le recorrían, su piel ardía con su toque. Sus manos no eran suaves, Sirius siempre lo tomó con fuerza y Merlín si Severus no disfrutaba de ello.

Hacía tanto tiempo que no se dejaba ir, con su vida monacal la fuerza arrolladora que siempre fue el moreno le llevaba lejos. A un tiempo que ya casi era un mito, una leyenda de lo que fue.

Algo dentro de su mente le decía que debían hablar, que debía disculparse. Que debía decirle que le amó durante todos esos años, pero que también le odió.

Pero sus manos se apretaban a Sirius, le estaría haciendo daño con sus dedos. Sirius lo volteó con rapidez, su cara y su pecho contra la oscura pared polvorienta. Y el cuerpo del moreno recargado contra su espalda. Sentía la erección de Sirius clavándose contra su trasero. Y se sorprendió a sí mismo deseando que lo penetrara allí mismo.

Bajó sus pantalones sin más consideraciones dejándolo expuesto, las manos de Sirius le quemaban la piel de sus nalgas mientras él se las separaba amasándolas.

Cuando uno de los dedos de Sirius se clavó en su entrada, a pesar de su falta de práctica y lo cerrado que estaba, gimió. La preparación fue rápida, sabía que no estaba lo suficientemente dilatado para tomarlo, pero cuando este entró arrasando en su interior, tan solo lo sintió real. Sirius dentro de él taladrándolo incansablemente, y tomando su pene con la otra mano.

La respiración sobre su oído, los jadeos y mordidas en su cuello. Su cadera marcada y la sensación de estallar inminentemente era demasiado.

—Voy a borrarle de tu piel...—le dijo de un modo vehemente.

Se corrió contra la mano de Sirius mientras este no dejó de penetrarlo, Severus aún estaba ido llevado por el orgasmo.

—Nunca tuve tu corazón—le dijo Sirius aún a un ritmo desenfrenado—. Pero tu cuerpo siempre fue mío.

Severus trató de separase, pero Sirius lo placó aún más contra la pared. El pene de Sirius quemaba su interior, pero no tanto como sus palabras.

El semen de Sirius corría por su muslo cuando se subió con prisas el pantalón. No fue más que sexo, pero se sentía tan sucio, como si hubiera corrompido un recuerdo feliz.

—Ese Malfoy debe ser una mierda en la cama si te abriste de piernas tan fácilmente para mí, Snape.—Intentó atrapar su cara, pero Severus se separó del toque.

Severus no tenía nada que decir a aquello, por algún motivo Sirius pensaba que andaba de nuevo con Malfoy. ¿Aquello solo era una demostración de hombría? Que se fuera al infierno.

La puerta del 12 de Grimmauld place se cerró de un portazo, pero no fue solo nieve lo que cayó del dintel de la puerta. Algo se hizo añicos de nuevo dentro de él.

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Actualización antes de lo que pensaba, pero el viernes no voy a estar y estoy a tope con esta historia de nuevo ^^

Aunque he ido bastante literal a la obra original en este fic, a partir de este momento quizás no concuerde del todo. Sirius y Severus en el libro se ven por primera vez en Navidades y Sirius amenaza a Severus para que no se sobrepase en sus sesiones de Oclumancia con Harry. Pero en esta historia me apetecía que este fuera su primer encuentro. ¿Qué os parece?

Hasta la semana que viene.

Besos, Shimi.