Julio 1997
Sirius se ajustaba la túnica que había escogido para ese día, una de gala que pertenecía a cualquier antepasado Black cuyo nombre no iba a tratar ni de recordar. Kreacher lo había limpiado y adaptado para él.
Si Dumbledore estuviera vivo diría que aquello era una mala idea, pero no iba a dejar a Remus solo el día más importante de su vida.
A pesar de la oposición de los padres de Tonks, ella había decidido que quería al lobo pesara a quien pesara y Remus amaba a la chica como nunca quiso a nadie. A pesar de ello, era reticente a ceder a sus deseos. Él no creía ser la mejor opción para nadie, menos para la mujer que amaba.
Aquella trillada conversación era ya como una constante en el castaño. Sirius tan solo lo escuchaba, no había nada que decir cuando uno libra su propia batalla interna entre lo que desea y lo correcto.
Remus no se había atrevido a pedirle que fuera su padrino, en ese punto Sirius seguía muerto para el mundo. Pero no había nada que más quisiera que hacer eso por su amigo.
Una triste sonrisa en sus labios al recordar lo que diría el viejo director. Aquello era un hilo de pensamiento que no quería abrir, pues directamente le llevaba a Severus. Y entonces su corazón dolía, rabiaba y se llenaba de dudas.
El funeral fue tan desolador, todos quedaban huérfanos con la muerte del gran mago. Como si él los estuviera protegiendo con un manto de luz a todos. Aquel sentimiento de pérdida y desprotección parecía ser unánime. La ceremonia no fue larga pero sí emotiva.
Harry contenía en su joven corazón más odio y dolor del que debía haberle correspondido. Y se sintió mal por no poder apoyarle esa vez.
Sí, era incapaz de entender el por qué Severus había hecho eso, pero esta seguro de que existía un motivo.
Dejó de intentar convencerlo cuando notó que lo perdería, no era el momento de luchar esa batalla. Aún quedaba tanto por hacer, no quería darle más sufrimiento a su ahijado, pero sentía el corazón divido incapaz de reconciliar ambos trozos.
Remus se acomodaba su propia túnica, se veía realmente bien, aunque su cara era otro cantar.
—La amas, Remus, no le des más vueltas—le dijo mirándolo a través del espejo.
—Es una chica obstinada—le respondió enfocando sus ojos miel en los grises del espejo.
—Tiene sangre Black, ¿qué esperabas?—dijo Sirius sonriendo.
La sonrisa del castaño siempre era hermosa, pero pocas veces la dejaba ver.
—No la hagas esperar, creo que es lo suficientemente capaz de castrarte como no aparezcas.—Poder hacerlo reír como si no pasara nada era algo que valoraba profundamente de su relación con Remus.
—Vamos—dijo este decidido.
En una pequeña sala, un sorprendido Arthur los veía aparecer. Bien, quizás pudieron haber hecho eso antes, pero que mejor que un golpe de efecto en una boda. El padrino al que todos consideraban muerto llegando al altar junto al novio.
Los ojos abiertos de Arthur, que oficiaría la boda como empleado del Ministerio no entendían nada.
Pero cuando la novia y la madrina, Molly, aparecieron igualmente parecían que hubieran visto una aparición. En realidad eso es lo que era.
—Hablaremos de Sirius más tarde–dijo Remus—. Ahora voy a casarme con esta preciosa y loca mujer.
Tonks rió y la mirada que ambos se dirigieron dejaba bien en claro que entre ambos el amor era sincero. Un breve pensamiento para un hombre de ojos negros cruzó en su mente, ¿Habría una boda para ellos? ¿Habría esa mirada de amor en sus miradas?
La ceremonia fue corta y bonita, la magia de la unión los cubrió a todos por unos momentos. Los novios se besaron y Molly lloró, Sirius miraba con orgullo a su amigo que parecía haber olvidado todas sus dudas en ese momento.
—Ahora tú vas a explicarnos qué diablos es todo esto—dijo Arthur, mientras compartían un almuerzo en Grimmauld Place.
—Severus atravesó el velo para sacarme de allí—dijo con simpleza, imaginaba las reacciones que obtendría aquella confesión.
—¿Snape?—dijo con incredulidad Arthur.
—¿Ese traidor?—dijo asqueada Molly.
—Sí, él me salvó, por consejo de Dumbledore decidimos que lo mejor es que pocas personas lo supieran, a parte de Remus y Harry, solo nosotros lo sabíamos.
—Hijo, ¿sabes lo que sufrimos por tu muerte?—le amonestó Molly.
—Lo siento, por mí no viviría encerrado aquí, y menos sabiendo que la guerra está a punto de estallar. Es cuestión de tiempo que ataquen sin Dumbledore capitaneándonos.
Todos asintieron.
—¿Por qué lo hizo?—preguntó Tonks.
—No lo sé, siento que hay más tras la muerte de Dumbledore de lo que vemos—contestó él.
—No, no me refería a eso—movió la mano Tonks negando—¿Por qué se arriesgó a ir a por ti tras el Velo?
Sirius se quedó un momento mirándola, esperaba no tener que contestar aquello. Miró a Remus y este miró a Tonks.
—Es complicado—dijo Remus.
—Solo alguien que realmente te ame sería capaz de hacer esa proeza, además de un buen pocionista, claro—la testarudez Black se ve que estaba jugando ahora en su contra.
Los Weasley lo miraban sorprendido.
—¿Es cierto, Sirius?—preguntó serio Arthur.
—Sí.
Ya no hablaron más del tema, sobraban las palabras.
Severus era el peor traidor para todos los miembros de la Orden del Fenix, Sirius no podía defender lo indefendible, tan solo en su interior sabía que él creía en el pelinegro.
El día que tuviera que demostrarlo delante de los demás llegaría, no era momento de convencer a nadie.
Un pensamiento destinado a él cruzó su mente, ¿dónde estaría? ¿Cómo sería su vida a partir de estos momentos? ¿Le echaría tanto de menos como él lo hacía?
o0o0o0o0o0o
¡Hola! Otro miércoles más y ya vamos por el capítulo 24 de esta historia.
La boda de Tonks y Remus siempre me pareció curiosa, creo que los datos que aparecen en los libros son un poco imprecisos, más que los padres de Tonks no la apoyaron, curioso teniendo en cuenta que ellos mismo fueron rechazados por los Black por que Ted Tonks era un nacido muggle...
También quería deciros que esta historia está llegando a su final. Le calculo 6 capítulos más, y esta vez sí espero que no tomen vida propia. Pues me gustaría cerrarla en el capítulo 30.
Gracias por leer, nos vemos el miércoles que vienes.
Besos, Shimi.
