1998. Marzo

Severus estaba tan preocupado como agradecido, los acontecimientos de esas vacaciones de Pascua no habían sido las esperadas, pero realmente sí fueron las mejores que podrían darse.

En sus brazos malherido estaba su amigo Lucius, Severus curaba las heridas de los crucios que el Lord le había provocado, uno tras otro hasta que el rubio quedó inconsciente.

Las fibras mágicas de Lucius estaban realmente dañadas pero en ese momento su rostro reflejaba una felicidad que hacía años no le veía.

—Se lo llevó, Severus—decía una vez se quedaron solos.

Sabía que hablaba de Draco y de Potter, pues había sido el tema constante de la reunión.

Lucius y Narcisa habían resistido a las maldiciones que Voldemort había lanzado contra ellos incontables veces. Pero no se habían quebrado, algo más fuerte que el propio dolor, su hijo los hacía resistir.

Aquella debió de ser la consecuencia de la promesa inquebrantable que ambos sellaron en Hogwarts. Salvar a Draco cuando se presentara la ocasión.

—Él lo cuidará mejor de lo que yo lo hice nunca—decía Lucius delirando.

La huída de Draco, ponía a los Malfoy en un lugar muy peligroso. Si antes pensaba que no iban a durar mucho tiempo en el momento que el Ministerio cayera, ahora, con uno de ellos como un traidor, sus días estaban contados.

Ellos también deberían de haber huido con su hijo.

Probablemente los pilló tan de sorpresa como al resto. Severus no le había contado nada de los sentimientos que esos dos estaban gestando el año anterior, ni de como se aprovechó de Potter para mantener con vida a Draco.

Este, malcriado y voluble, era lo más cercano a un hijo que Severus tendría nunca. Y como tal lo amaba casi tanto como sus padres.

—Lucius, tenemos que encontrar la manera de que escapéis de aquí.

—Ya es tarde para mí, lo sabes, solo era cuestión de tiempo.—dijo su amigo débilmente.

—No...

—Solo espero que se apiaden de Narcisa, los arrastré a ambos...

—Parecía que ya no hablaba para Severus sino para sí mismo.

—Descansa—le dijo mientras le suministraba una poción para dormir sin sueños.

Dormido contemplaba a su amigo, una sombra de lo que ese hombre fue. Acomodó su pelo, tan hermoso en otro tiempo, rubio platino ahora parecía de un amarillo pajizo sucio.

Reconocía que él nunca le amó, no un amor como el que sintió por Sirius. Pero a su forma siempre le quiso, y deseó lo mejor para él y su hijo. Verlo así y no poder hacer nada por él, era frustrante.

Abandonó la habitación para dejarlo descansar. Y se dirigió a ver a Narcisa. La ira del Lord había caído sobre Lucius, ya de por sí debilitado por el tiempo en Azkaban y sin su varita.

Cuando vio a Narcisa, esta estaba entre los brazos de su hermana. Nadie podría definir a Bellatrix como alguien capacitado para cuidar amablemente de otra persona. Por lo que uno veía cuando contemplaba la escena algo del todo macabro.

Como si un cuervo sediento de sangre tuviera entre sus garras a una paloma blanca. Él no profesaba grandes simpatías por la mujer de Lucius, pero cualquiera vería que el peligro para ella era su propia sangre.

Los ojos azules de la rubia lo miraban suplicantes, pero del mismo modo resignados a su suerte.

El destino de ambos Malfoy era oscuro.

—Bellatrix, quisiera aplicar algunos hechizos en Narcisa, ¿me permites?

La mujer lo miraba ceñuda, parecía no querer aflojar su presa.

La nueva confianza del Lord en él le hacía tener más poder sobre el resto de mortífagos, y ella lo sabía, así que de mala gana se fue de la habitación.

Un suspiro salió del cuerpo que yacía en la cama.

—¿Cómo está Lucius?—preguntó Narcisa.

—Muy débil, tenéis que huir de aquí, este lugar ya no es seguro para vosotros—dijo Severus. Aquella frase podría costarle la muerte, nadie desertaba de las filas de Voldemort.

—Nunca fue un lugar seguro desde que ellos llegaron—dijo la rubia—.Y si sabemos sus planes podremos proteger a Draco.

—¿Qué pasó?—preguntó Severus.

—Los carroñeros los atraparon, pero Potter estaba desfigurado—comenzó a contar Narcisa—. Claramente los otros dos eran Granger y Weasley. Por lo que Bella le pidió a Draco que reconociera a Potter, era el que mejor le conocía de todos los que estábamos en la Mansión.

Draco no pudo confirmar que era él, aunque quizás fue más que no quiso. Eso me sorprendió, nunca hubiera pensado que Draco tuviera simpatía por Potter—Reflexionó, si ella supiera hasta donde llegaba la simpatía de su hijo, pensó Severus.

—¿Qué ocurrió después?—la incitó a hablar.

—Los encerramos en el calabozo con los demás a la espera de que el Lord llegara—su mirada fue esquiva en ese punto.

—¿Pasó algo más?—preguntó con Severus.

—Bella se ensañó con la chica—dijo ella, aquello no era algo nuevo—. La torturó por horas, podíamos oír los gritos de la niña desde cualquier punto de la casa. Fue ahí cuando Draco no pudo más y se escapó, Draco frente a Bella no tenía opción ninguna. Así que fui tras él, Lucius nos siguió.

En aquel momento un desastre se armó, los chicos encerrados subieron por la escalera con ese elfo que nos traicionó. Fue todo tan caótico, Severus. En un momento estábamos luchando contra ellos, al otro Potter le tendía la mano a Draco, al que había desarmado poco antes.

Él me miró, y solo asentí. Un leve gesto y creo que Lucius hizo lo mismo. Mejor con él que destinado a una muerte segura aquí.

Él la miraba sin decir nada, no podían predecir lo que ese movimiento hubiera podido ocasionar en el destino de todos ellos.

Solo esperaba que hubiera abierto una posibilidad, un futuro para todos.

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Nuestro poquito de Drarry diario, no sé si los que leéis este fic también leíais Gatito. Pero para los que sí, se siente raro no despertar y subir un nuevo capítulo de esa historia.

En cuanto a esta, le queda nada y menos.

Este capítulo como el siguiente son muy cortitos, por lo que he decidido que os voy a subir el siguiente hoy también. Un 2x1, ni tan mal.