3 meses después
El juicio de los Malfoy fue uno de los primeros en realizarse. Harry aportó datos suficientes para exculpar a Draco. Realmente el menor de los Malfoy no había cometido ningún asesinato ni había participado en más planes que el que le encargó Voldemort, la muerte de Dumbledore. Todo lo demás eran cargos menores. Su contribución a la guerra fue mayor que el daño que hubo causado.
El caso de Lucius Malfoy fue distinto, Lucius había sido un mortífago hasta que cayó en desgracia. Sus lealtades solo cambiaron en el último momento y por mucho que alguien quisiera hablar a su favor la condena era Azkaban.
Remus asistió a su juicio ya que fue llamado como testigo, en cualquier otro caso no hubiera salido de la casa que había habitado con Tonks. El dolor que sentía era tan grande que nada era más importante para él.
Estar allí le parecía una pérdida de tiempo y energía. Su suegra no le había dejado llevarse a Teddy y no podía culpar a la mujer. No era capaz ni de ocuparse de sí mismo como para poder atender al niño.
Remus se levantó de la silla de testigos para ir con el resto. Pasó al lado del acusado y por un momento se miraron.
El rubio le sonrió, una sonrisa cansada y amarga, tanto como la suya. Ese hombre había perdido a su esposa, igual que él. Obviamente no era ningún inocente, pero entendía su dolor.
Aspiró profundamente y su olor le llegó fuerte y contundente. No sabía porqué lo había hecho, pero aquel aroma que siempre le había gustado le arrancó un poco de su dolor.
—Sin más testigos a su favor, el acusado es condenado a diez años en Azkaban, su condena será reducida a siete años por su aportación durante la batalla final. ¿Votos a favor?
Las manos se levantaron con unanimidad.
Antes de que fueran bajadas Remus se levantó, y habló.
—Ese hombre tiene una deuda de vida conmigo—la sala enmudeció.
—Señor Lupin, el consejo ha votado.
—Creo que las deudas mágicas siguen estando por encima de cualquier sentencia.
—Usted podrá cobrarla una vez el condenado cumpla su sentencia.
—¿Y si no sobrevive a ella?
El tema de las deudas de vida era magia antigua, en ningún caso esperó cobrarla. Él había salvado la vida de Malfoy como la de tantos otros.
El juez parecía molesto.
—¿Qué propone?—inquirió este.
—Arresto domiciliario por el mismo tiempo de su condena—notaba los ojos platas sobre él—conmigo.
El murmullo en la sala fue sonoro, todos miraban a Remus, su demanda era extraña. Las deudas de vida eran extrañas y podían requerirse incontables cosas. Pero era algo en desuso y con bastante mala prensa ya que dejaban al endeudado en una situación vulnerable.
Malfoy lo miraba sorprendido aquello nunca lo hubiera imaginado de alguien como Remus Lupin, incluso ese tipo de deuda era algo arcaico para él.
El corto tiempo que estuvo en Azkaban fue más que suficiente, no quería volver allí, cualquier alternativa no podía ser peor.
Se enfocó en los ojos ambarinos de Lupin, ¿se estaría equivocando?
Después de un tiempo agitado y de deliberación el consejo habló.
—Como caso excepcional, admitimos el cobro de la deuda de vida a favor de Remus Lupin. El período, el mismo que antes se estipulaba, siete años.
—Remus es una buena persona, Draco—le reconfortó Harry tomándole de la mano.
—¿Estás seguro?—El rubio no tenía claro qué es lo que había visto en esa sala.
Su antiguo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras le pareció siempre un hombre simplón, pero este hombre que ahora estaba al lado de su padre parecía alguien diferente. Cuando había relatado los hechos, parecía alguien destrozado. Pero cuando había reclamado su deuda de vida, había visto algo diferente, no sabría ponerle nombre, pero no le había gustado lo más mínimo.
Su padre no era ningún inocente, lo sabía de sobra. Y verlo en Azkaban era lo más probable, nunca había estado allí ni su padre le había contado nada sobre ello, pero sí había vivido un arresto domiciliario por parte de Voldermort. Solo esperaba que le permitiera ir a visitarlo, sino a él, Harry seguro que lo conseguiría.
Había perdido a su madre, y el dolor de su pérdida era demasiado grande para permitirse perder también a su padre.
—Remus—le acorraló Sirius antes de que abandonara el Ministerio.
—No quiero hablar, Sirius—dijo este.
—¿Qué ha pasado allá adentro?—cuestionó Sirius sin dar cuartel a Remus.
—Olvídalo—dijo este zafándose.
—¿Olvidarlo?¿Cómo quieres que lo olvide? ¿Vas a llevarte al puñetero Lucius Malfoy a tu casa, durante siete años y me dices que lo olvide?
—Exactamente, olvídalo—dijo más enfadado de lo que lo había visto en mucho tiempo.
—Remus, ven con nosotros, no puedes quedarte en esa casa.—Sirius no iba a rendirse.
—Déjame, Sirius. —No le dio oportunidad de seguir pues se coló por una chimenea.
—Sirius, déjale—a su lado Severus le tomaba de la mano.
—Mi amigo está destrozado y creo que acaba de tomar una pésima decisión—dijo derrumbado.
—Eso no lo sabemos.
—Ya sabes que no soy nada fan de tu "amigo" Malfoy—la ceja alzada de Severus le decía que tuviera cuidado con lo que fuera a añadir.—Pero incluso yo veo que Remus está fuera de sí, no creo que eso sea seguro para ninguno de los dos.
—Más extrañas mezclas hemos visto y luego han resultado un éxito—intentó convencerle Severus.
—No lo sé...—cabeceó apesadumbrado Sirius, incapaz de ayudar a su amigo—. Viste lo que sucedió en la sala, el lobo estaba rayando la superficie.
—Sirius, Lucius no es ningún corderito, ambos los sabemos—zanjó serio Severus—. Son dos hombre rotos por la pérdida, con una deuda de vida más allá de la que ambos han contado. Ni tu oposición ni la mía van a cambiar que el arresto domiciliario se cumpla, solo podremos estar presentes para chequear, nada más.
—Mierda, Severus, cuando me hablas así solo quiero llevarte a la cama—le dijo completamente serio sin que Severus se lo esperara.
—Pues hazlo, a qué esperas—sonrió de una manera completamente sensual.
Severus dedicó un último pensamiento a su amigo, sin duda un arresto domiciliario era la mejor de las opciones para Lucius. Nunca hubiera esperado que fuera de la manos de Remus Lupin, pero sabía que allí había algo más.
Una idea, extraña pero no por ello imposible llegó a su mente, un recuerdo, una misión, Hogwarts y parecía asentar la primera pieza de un inmenso puzzle que parecían estar empezando a montar esos dos.
Remus podría ser un lobo, pero su amigo, como le había dicho a Sirius no era ningún corderito. Y el tiempo, como siempre, no haría más que demostrarlo.
o0o
Sirius y Severus salieron juntos del juicio que acababa de terminar en el Wizengamot. Dentro, aquel al que un día consideró un amigo había sido finalmente juzgado por sus crímenes.
Peter Pettigrew fue condenado a Azkaban, por la muerte de las trece personas en el puente en 1981. Ser un miembro activo del grupo de mortífagos y haber llevado a cabo torturas y asesinatos.
Verlo marchar maniatado hacia su destino, Azkaban, cerraba un círculo, una vida y empezaba otra.
El nombre de Sirius Black fue limpiado, y no había nadie más feliz de ello que el hombre a su lado.
En su propio juicio, Severus aportó pruebas y aquellas mismas memorias que le dio a Potter. Tanto el chico como varios miembros de la Orden testificaron a su favor.
Ambos eran héroes de guerra y sobre todo hombres libres por más de 20 años; libres para vivir aquel amor en guerra desde que se habían visto por primera vez en un andén de estación.
—¿Qué quieres hacer?—le preguntó Severus a Sirius.
—Lo que sea, contigo—dijo atrayéndolo a un beso cuando ambos dejaron el Ministerio.
—Necesito unas vacaciones—dijo Severus abrazándolo—. Unas largas vacaciones.
—Por favor, di que iremos a la playa, me muero por ver ese culo tuyo en un minibañador—dijo Sirius atrayéndolo más hacia sí.
Severus rió, una risa fresca, y Sirius la amó. Sin guerra, sin mentiras, sin nada que les limitara, solo ellos dos.
FIN
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22/6/2016 -23/7/2018
Esta fue la segunda historia que empecé a escribir en mi vida, la primera fue "Un año después", a pesar de dejarla en Hiatus durante un año, siempre me llamaba a volver a ella. Y aquí está, su final.
Gracias por leer, comentar y votar. Gracias por acompañarme este tiempo.
Nos vemos en otras historias.
Besos, Shimi.
