Bien, aquí les traigo el capítulo número seis editado. Como siempre, solo quiero aclarar que los personajes de CCS no me pertenecen, pero si los otros personajes que vayan apareciendo al transcurrir la historia y que esta historia surgió de mi completa y entera imaginación. Comencemos…

Seré la luz que te guíe.

Capítulo 6 – Mis verdaderos sentimientos.

El sonido del piano nos rodeaba y nuevamente, había tocado el Canon sin problemas. Estaba mostrándole los avances que había tenido en los últimos días a la profesora Mitsuki y, por su expresión, sabía que estaba satisfecha.

—Estoy muy orgullosa de ti, Sakura —dijo—. Sabía que podrías hacerlo.

—En realidad, fue gracias a Shaoran.

—¿Shaoran? —Levantó una ceja y me mostró una sonrisa sagaz.

—Ahm… él me dijo que podía llamarlo por su nombre.

—Entonces todo resulto de maravilla. Me alegro mucho.

Su comentario me hizo sospechar un poco acerca de sus verdaderas intenciones de dejarnos solos, pero luego deseché la idea. Ella no se tomaría tantas molestias para ayudarme ¿o sí?

—Bien, eso es todo por hoy —dijo y me entregó una nueva asignación.

—¿Preludio?

—Te encantará. Estoy segura.

Salimos del salón y en el camino a la recepción, coincidimos con Shaoran que también iba saliendo.

—¡Shaoran! Qué bueno que te veo —dijo la profesora Mitsuki—. Quería agradecerte por haberme hecho la suplencia con Sakura. Avanzó muchísimo gracias a ti.

—Ahm… en realidad yo no hice nada —dijo apenado, rascando su nuca.

—¡Claro que hiciste! —dije—. Gracias a ti pude tocar la pieza que había estado practicando con la profesora Mitsuki.

—Lo hiciste por ti misma —dijo modesto—. Yo solo aclaré tus dudas.

—¡No es cierto! Me ayudaste mucho y también me tuviste mucha paciencia.

Negó con su cabeza y sonrió. Desde el día anterior había adquirido una nueva confianza y no pensaba retroceder nuevamente. Más que todo, porque debía averiguar cuales eran mis verdaderos sentimientos.

—Bueno. Ambos deben ir a casa —intervino la profesora—. Y recuerda repasar la nueva asignación, Sakura.

Le respondí con un tímido "Sí" y luego nos dejó solos. Se veía un poco contrariado e incomodo. Quizás todavía no se sentía del todo cómodo conmigo.

—¿Cuál pieza te asignó? —rompió el silencio.

Preludio… de Bach —dije—. Le di una ojeada a la partitura… y parece algo complicada.

—No lo es tanto. —Me sonrió y se acercó un poco más a mí—. Si quieres… podemos discutirla y comer unos helados… de camino a casa.

—¡¿En serio?! —pregunté emocionada y sin darme cuenta, acorté un poco más la distancia que nos separaba.

Shaoran asintió quedamente y me pareció un poco extraño que volviera a estar un poco introvertido, pero decidí no darle muchas vueltas. Las cosas estaban saliendo muy bien como para volver a preocuparme.

Hitomi nos esperaba en la entrada de la escuela en compañía de Tomoyo y, al buscar a Kero (ese fue el diminutivo que le puse al perrito de Shaoran), juntos emprendimos camino a la heladería. Shaoran aprovechó el trayecto para irme dando consejos para enfrentarme a mi nueva asignación, pero todavía no estaba del todo segura de poder completarla. Se veía mucho más complicada que el Canon.

Al llegar a la heladería, Tomoyo decidió que hoy invitaba ella, así que decidí acompañarla mientras Shaoran y Hitomi se quedaban en la mesa, esperándonos.

Estábamos esperando que nos entregaran nuestra orden cuando sacó a relucir lo feliz que me veía.

—No te lo puedo negar, Tomoyo. Estoy muy contenta —dije sonriendo—. Las cosas están saliendo de maravilla.

—¿Aún no admitirás que estás enamorada? —preguntó moviendo sus cejas.

«Ya se había tardado mucho». Resoplé y desvié mi mirada hacia donde estaba Shaoran.

—No te puedo negar que me gusta, pero… no se si estoy enamorada de él —respondí.

—Por lo menos ya aceptaste que te gusta y eso es un avance —dijo tomando la bandeja con los helados, sin borrar esa condenada sonrisa picara de su cara.

Hitomi se estaba riendo a carcajadas cuando nos acercamos y Shaoran estaba sonrojado ¿Qué le habría dicho esa pequeña demonio con cara de ángel?

—Vaya. Parece que se están divirtiendo —dijo Tomoyo, sentándose.

—El profesor Li es muy gracioso —dijo Hitomi al recibir su helado—. Gracias por el helado, hermanita.

—Shaoran aquí tienes el tuyo y traje algo para Kero también —dije, ofreciéndole su helado.

—Gracias Sakura.

—Por cierto, profesor Li —dijo Tomoyo, llamando nuestra atención—. No sé si se lo han comentado, pero sonrojado se ve divino.

¿Cómo se le ocurría salir con semejante comentario? Shaoran comenzó a toser y volvió a sonrojarse maravillosamente. Solo por eso… disculpaba a Tomoyo.

—Es cierto —concordó Hitomi—. Yo lo hago sonrojar a cada rato cuando estamos en clase ¿Verdad, profesor Li?

—Eso es porque eres una niña astuta. Demasiado astuta —respondió desviando su rostro hacia otro lado mientras mis primas reían.

—Es que, si somos sinceras, nosotras tenemos un doctorado en hacer sonrojar personas. Sakura ha sido nuestro sujeto de pruebas desde siempre.

«Ahora si la mato»

—¡Tomoyo!

«Juro que, si vuelve a abrir su boca, la hago tragarse el helado de un solo bocado»

—Sabes que no lo hacemos por maldad, cariño —dijo moviendo su cucharilla en el aire—. Es que te ves tan linda sonrojada.

—Como ahora —añadió Hitomi y sentí como mi cuerpo hervía de la pena.

—¡Hitomi!

Ambas se carcajearon a mi costa y desvié mi mirada hacia el otro lado. Eso había sido un error porque vi que Shaoran también estaba riendo ¿acaso se habían confabulado los tres en mi contra?

—Pero volviendo al asunto, profesor Li. No me contestó lo último que le pregunté. Vamos, vamos… res-pon-da.

Era él quien estaba sonrojado ahora. Venganza, dulce venganza.

—¿Qué le preguntaste, Hitomi? —preguntó Tomoyo.

—Le pregunté si tenía novia.

Al oírla, casi me ahogo con mi helado. Esas eran cosas privadas que no debíamos preguntar y así se lo hice saber… Aunque una parte de mí… muy pequeñita, quería saber la respuesta.

—Vamos, Sakura —dijo resoplando—. Seguro tú también quieres saber.

«No te lo discuto…» pensé y sentí mis mejillas calentarse de nuevo ¿Acaso no podían darme un descanso?

—¡Ah! ¡Te ves preciosa! —gritó Tomoyo, sacando su celular—. Nunca te habías sonrojado tanto. Esto tengo que grabarlo.

—Vamos, profesor Li —volvió a insistir Hitomi—. ¿Tiene novia? ¿Sí o no?

Shaoran parecía dudar si debía responder o no… pero, así como yo no podía escapar de mis primas, él tampoco podría. Soltó un suspiro de resignación y respondió.

—No tengo novia…

Esas palabras se repetían una y otra vez en mi cabeza. Dejé salir el aire que inconscientemente había retenido y sentí un alivio enorme en mi pecho ¿Cómo alguien tan maravilloso como él no tenía novia? No lo entendía.

—Pero que aburridos —dijo Hitomi, resoplando—. Ninguno de ustedes tiene pareja. Son un trío de solteros.

—Me da miedo preguntar, pero… ¿Tienes novio hermanita?

—Por supuesto —dijo con calma y tanto Tomoyo, como yo, abrimos la boca sorprendidas—. Se llama Koichi y va en mi salón. Es más, el otro día me trajo chocolates y me dijo que era la niña más linda. Deberían aprender de mí.

¿Qué diablos aprendían los niños de ahora? A su edad yo pensaba en muñecas… Bien, bien, aun me gustaban, pero ese era mi problema.

Luego de eso, las cosas se volvieron más interesantes y, después de dos días, era más notable la mejora que estaba dando nuestra relación. Ya habíamos adoptado la costumbre de ir por unos helados después de clases, juntos… los cuatro. No habíamos vuelto a estar a solas, pero eso era bueno. Me servía para analizar mis propios sentimientos.

Gracias a eso, había llegado a la conclusión de que quizás… lo que sentía por Shaoran iba más allá de una simple atracción, pero aun no podía darle nombre.

También, había tomado la decisión de hacer el regalo de Shaoran en vez de comprarlo y hoy, luego de las clases de piano, iría al centro comercial para comprar todo lo necesario. Tejer era lo único que se me daba de las artes manuales y lo hacia muy bien y rápido. Así que estaba segura que lo terminaría a tiempo.

—Es una buena idea prima que le regales una bufando con sus guantes —dijo Tomoyo cuando le revelé mis intenciones—. Seguramente le encantaran.

—Eso espero —dije nerviosa—. Fue lo único que se me ocurrió para darle en su cumpleaños.

—Quedara encantado. Estoy segura. Y más cuando sepa que tu misma los hiciste.

—Si es necesario, tejeré todo el domingo para terminarlos —dije decidida.

Estaba bastante animada y deseaba, desde el fondo de mi corazón, que le gustara el regalo. Debía esforzarme para que todo quedara lindo porque… aunque no pudiera verlo, podría sentir los hilos entrelazados y quería que se sintiera cómodo al usarlos.

Al salir de clases, fui por Hitomi como de costumbre. Íbamos corriendo porque se nos había hecho tarde y llegamos casi sin aliento. La profesora Mitsuki, que ya me esperaba en la recepción rio al vernos y tanto Hitomi, como yo, nos sonrojamos de la pena.

—¡Lo sentimos mucho! Pero fue Sakura quien se retraso.

«Traidora…»

—Lo siento… El profesor nos dejo demasiada tarea y se me hizo tarde copiándola —me excusé.

—Vamos a perdonarla, Hitomi —dijo la profesora riendo.

—Está bien, pero que no se repita, primita.

«Algún día me vengaré. Que no te quede la menor duda» pensé apretando el puño indignada.

—Profesor Li, ya llegué —dijo cuando vio a Shaoran aparecer por la recepción—. Disculpe la tardanza.

—No te preocupes, Hitomi —dijo tanteando hasta colocar su mano en la cabeza de mi prima para revolver su cabello—. Pero debemos empezar ya.

Me acerqué con algo de pena. A pesar de llevarnos mejor, no podía evitar sentirme así cuando él estaba cerca.

— Hola, Shaoran.

Respondió mi saludo con una sonrisa y literalmente quedé en las nubes.

—¿Cómo vas con Preludio?

—Mejorando —dije insegura—, pero aun no logro completarla.

—¿Serviría de incentivo decirte que deseo poder escucharte tocarla? Es una de mis favoritas.

¡¿Era en serio?! Pues que se preparara Preludio porque mis manos no descansarían hasta lograr completarlo.

—Pues… Creo que… creo que le pondré más ganas entonces.

—Me alegra escuchar eso.

—Por cierto, Shaoran — dije jugando nerviosa con mis dedos—. Hoy no podremos ir al parque después de clases porque… debo comprar un material en el centro comercial. Iré con Tomoyo.

—No te preocupes ¿Se trata de alguna tarea? —me preguntó curioso.

—No… pero es algo que debo hacer para el lunes. Espero me salga bien porque no soy buena con las artes manuales — dije algo apenada, no quería mentirle así que preferí decirle la verdad… a medias.

—Si te esfuerzas, estoy seguro que te quedara bien —me animé.

Le agradecí muy emocionada y mi corazón se llenó de esperanza porque muy probablemente aceptaría mi regalo de buena manera.

Cuando entré al salón, la profesora Mitsuki ya me esperaba sentada en el banco del piano.

—Las cosas con Shaoran han mejorado mucho —dijo mirándome con una sonrisa.

—En parte, se lo debo a usted —dije sentándome a su lado.

—Yo solo les di un empujón —aceptó tranquila, haciéndome ver que mis sospechas eran ciertas—. Pero eso lo dejamos para después. Debemos comenzar.

Las clases cada vez se hacían más complejas ya que la profesora Mitsuki me hacia realizar ejercicios mas complicados y tocar canciones mas complejas, pero no me rendiría. Con su apoyo y el de Shaoran aprendería y mejoraría, estaba segura.

—Debes adquirir destreza en los dedos para que puedas deslizarlos por las teclas con facilidad —dijo dándome una demostración—. Se que algún día podrás tocar lo que quieras sin problema.

—Gracias, profesora Mitsuki.

Al salir del salón, me despedí de ella y fui directo a la recepción, Hitomi y Tomoyo ya me esperaban y vi como hablaban con Shaoran.

—Disculpen la tardanza —dije cuando estuve con ellos.

—No te preocupes, prima —respondió Tomoyo sin borrar la sonrisa picara que tenía—. Este tiempo fue bastante… revelador para el profesor Li y para mi ¿Cierto?

—Totalmente —concordó él ¡Y estaba sonriendo de la misma forma que ella!

—¿Por qué pienso que ese asunto tiene que ver conmigo? —preguntó molesta Hitomi y ellos volvieron a reír.

—¿Me perdí de algo? —pregunté, tratando de ignorar el pequeño, pero a su vez molesto piquete que sentí en mi pecho.

—Luego te cuento —dijo Tomoyo colocando su mano en mi hombro.

—Bueno, no las retengo más. Vayan rápido al centro comercial para que regresen temprano a sus casas —se despidió Shaoran y mis primas le respondieron alejándose… dándome la oportunidad de estar a solas con él, aunque fueran solo unos segundos.

Quería decirle tanto, acerca de la música, acerca de lo que estaba comenzando a descubrir de mi misma… pero el nudo en mi garganta no me dejaba.

—Ahm… Hasta mañana, Shaoran —dije decepcionada y corrí detrás de mis primas.

Algunas veces, sentía envidia de Tomoyo y la profesora Mitsuki… «Quisiera poder hablarle tan tranquila con ellas lo hacen»

—Hay prima, ojalá yo consiguiera un chico tan maravilloso como Li —dijo sacándome de mi burbuja—. En el instituto hay puros idiotas.

Su cara de pocos amigos nos hizo reír. Muchos chicos estaban detrás de ella, pero, según sus propias palabras, los encontraba inmaduros y repulsivos.

Solo les interesa el sexo —me había dicho un día que le pregunté a qué se refería y recordaba perfectamente que le discutí eso… defendiendo a Ryuu.

«Pero que tonta…»

Cuando llegamos al centro comercial, fuimos directo a la mercería. Tenían una gran variedad de hilos, pero yo ya tenía en mente el color que elegiría para el obsequio de Shaoran.

—¿Los harás de color verde? —preguntó Tomoyo cuando tuve los hilos en mi mano.

—Es su color favorito —dije sonriendo—. Aunque no pueda verlo, me pareció un detalle lindo.

—Eso te dará muchos puntos con el profesor Li ¡Buen trabajo! —dijo Hitomi.

En mi mente, todo estaba planificado. Solo esperaba que las cosas me salieran bien… para variar.

Al llegar a casa, me cambié de ropa y me senté un rato en mi cama observando los hilos que había comprado. Hoy mismo empezaría a tejerlos para poder terminar antes del domingo.

—Y que la suerte este siempre de mi lado —dije y comencé a tejer.

Los días siguientes me la pase tejiendo prácticamente sin parar. En el instituto lo hacia en los descansos y luego en casa llegaba a tejer. No podía hacerlo en la academia porque no tenia tiempo y tampoco podía arriesgarme a que alguien me preguntara acerca de esto y que él estuviera presente. No, no y no.

No había cumplido con mi cometido de terminar antes del domingo, pero por lo menos ya tenía los guantes listos y la mitad de la bufanda. Debía apresurarme si quería terminar para mañana.

A medida que pasaba el tiempo, sentía una presión horrible, tanto así que en un arranque tomé mi reloj y lo saqué de mi habitación. Me dolían las manos, pero aun así no me detuve. Cuando por fin terminé, revisé la hora en mi celular y eran las dos de la madrugada. Todavía podía dormir un rato antes de ir al instituto.

Tomé la bufanda terminada y la observé, había quedado preciosa. La doblé con cuidado y la metí en la bolsa de regalo junto con los guantes.

«Por favor, Dios… que le guste mi regalo» pensé, abrazando la bolsa contra mi pecho.

Cuando volví a abrir los ojos, me senté en la cama extrañada. El día estaba muy claro y la alarma no había sonado aún. Tomé mi celular y al ver la hora, me horroricé.

—¡¿Las siete de la mañana?!

Salté de la cama corriendo hacia al baño, tomé una ducha rápida y luego me puse mi uniforme. Salí sin desayunar de casa, sin olvidar el regalo de Shaoran, por supuesto.

Solo quedaban cinco minutos para que iniciaran las clases cuando atravesé la reja. Cambié mis zapatos, corrí a toda velocidad por las escaleras y cuando llegué al salón… todos estaban muy relajados.

—El profesor llegará un poco tarde hoy —me explicó Tomoyo y el aire volvió a mis pulmones.

—¡Debiste avisarme! Pensé que me ganaría otro regaño del profesor de matemáticas —dije indignada.

—Tienes una cara de zombi horrible, Sakura —dijo Naoko, una de mis amigas—. ¿No has dormido bien?

—Mi primita no ha dormido mucho porque estaba haciendo un obsequio para alguien especial.

«Tomoyo… no le eches mas leña al fuego»

—¿De verdad? ¿Un nuevo novio, Sakura? Si volviste con el idiota de Ryuu te golpearé —dijo otra de nuestras amigas. Su nombre era Chiharu.

—No he vuelto con Ryuu —gruñí—. Pero mejor les cuento otro día chicas. Allí viene el profesor.

Y por primera vez podía decir que amaba a mi profesor de matemáticas.

Las clases transcurrían extremadamente lentas ¿Por qué cuando uno desea que llegue determinada hora del día el tiempo parece pasar con extrema lentitud? Lo único que quería era poder ver el rostro de Shaoran cuando recibiera mi obsequio. Me pasé todas las clases con cara de tonta imaginando todos los posibles escenarios, algunos agradables y otros no tanto… estaba demasiado nerviosa.

—Sakura, tranquilízate, por favor —dijo Tomoyo desde su asiento—. Me estas poniendo nerviosa a mi también.

—Lo siento… Es que no se que haré si no le gusta… ¿Y si le parezco muy atrevida por darle un regalo?

—Todo saldrá bien. Ya veras.

—¡Daidoji! ¡Kinomoto! Si no les interesa la clase, pueden salir y no regresar —nos regaño el profesor de japonés.

Ambas nos disculpamos y la clase continúo hasta que por fin la campana sonó. Salimos literalmente disparadas de la preparatoria y buscamos a Hitomi que estaba mucho más emocionada que nosotras.

—Vamos, vamos. Se nos hace tarde —decía, apurando el paso para llegar rápido a la academia.

Ella llevaba su regalo dentro de su bolso. Mi pequeña prima había decidido comprarle un pañuelo y le había pedido a Tomoyo que le ayudara a bordar las iníciales de Shaoran. Había sido un detalle muy lindo de su parte.

—Hitomi, espera —le dije—. La escuela no se va a mover de allí.

—Pero sí Shaoran —dijo y ambas la miramos interrogantes—. ¿No han pensado en que quizás tiene algo planeado para su cumpleaños?

—Pues…

—Increíble… ¡Muevan esos pies!

Hitomi iba corriendo y Tomoyo y yo la seguíamos de cerca. Ella tenia razón, lo mejor era darle los obsequios antes de las clases porque quizás terminaba temprano para ir a celebrar con… alguien.

—¡Hitomi! ¡Espéranos! —le grito Tomoyo. Nos había sacado algo de ventaja.

—¡Muévanse par de lentas! —nos grito ella ¡Esta niña no respetaba a sus mayores!

—¡Vamos a llegar todas sudadas! ¡Espéranos! —grité yo.

—¡Allí está, Sakura! ¡El profesor Li esta afuera de la escuela! —nos dijo cuando íbamos llegando y era cierto. Shaoran estaba afuera de la escuela y parecía estar esperando algo o… a alguien.

—¡Profesor… ¡—el grito de mi prima quedó ahogado en su garganta cuando una chica de cabellos negros se lanzó encima de él.

—¡Xiao Lang!

¿Por qué? ¿Por qué lo estaba abrazando con tanta familiaridad?

—Sakura… —escuché a Tomoyo a mi lado, pero realmente no le presté atención.

¿Qué estaba pasando? ¿Quién era esa mujer? Sentí una fuerte opresión en el pecho al ver que él no la rechazaba, más bien, se veía feliz. Pero… ¿Cómo no estarlo? La mujer era… preciosa y aparentaba tener su edad. Tenía un cuerpo envidiable, parecía una maldita modelo… comparada con mi cuerpo de niña… tenía todas las de perder. conmigo que aun soy una niña…

«¿Por qué me duele tanto el pecho?»

—¡Meilin! —dijo sin ocultar su emoción… y eso hizo que mi dolor se intensificara—. ¿Cuánto tiempo ha pasado?

—¡Un año entero! —dijo ella sin soltarlo—. Te extrañe muchísimo. —Volvió a abrazarlo y él recibió el abrazo… feliz.

Debería estar contenta. Él estaba feliz y al parecer esa mujer lo quería mucho. ¡Diablos! ¿Por qué no me sentía feliz? ¿Por qué sentía tanto dolor? Mis comenzaron a arder y seguramente en unos segundos las lágrimas se harían presentes. La bolsa donde llevaba el regalo que tanto trabajo me había costado hacer se deslizó de mis dedos y en ese momento opté por la salida más lógica para mí, corrí en dirección contraria a ellos.

—¡Sakura!

Escuché el grito de Tomoyo a mi espalda, pero no me detuve. Lo único que quería era correr… correr y dejar que este dolor se fuera poco a poco con la brisa que acariciaba mi cuerpo.

No sabía hacia donde iba, solo dejé que mis pies me guiaran lejos de aquello que no quería ver. Sentía como si me hubieran arrancado una parte del corazón… esa imagen iba y venia a mi mente una y otra vez. Esa chica en sus brazos, tomándole la mano, siendo su guía… y el amándola. Por fin lo había entendido, o más bien, me había cansado de negarlo. Estaba enamorada de él. Estaba enamorada de su aroma, de su cabello, de su sonrisa… de sus ojos… desde aquel choque en el parque.

¿Cómo había podido ser tan tonta? ¿Cómo pude negarlo tanto? Él era un hombre maravilloso, atento, cariñoso y, en dado caso, debería estar feliz por él, pero… no podía. Yo lo quería para mí, aunque sonara egoísta. Quería ser yo quien lo tomara de la mano y quería ser yo la luz de su vida… así como él se había vuelto la luz de la mía, porque hasta ahora me daba cuenta que había estado viviendo a oscuras todo este tiempo.

Era él quien le daba color a mi vida, quien iluminaba mi camino y me mostraba el sendero que debía seguir. Que tonta había sido.

Quizás el no podía verla, pero podía sentirla. Esa mujer era todo lo que un hombre desearía mientras que yo… apreté mis puños con fuerza y por primera vez me sentí insegura de mi apariencia. No podía competir con ella, llevaba todas las de perder. Lo único que me quedaba era… desearle lo mejor a Shaoran y verlo feliz, aunque fuera con otra que no era yo.

Bien, capitulo seis editado :) y nuevamente casi lloro con él… Nos leemos en el siguiente capi ^^