Bien, aquí les traigo el capítulo número siete editado. Como siempre, solo quiero aclarar que los personajes de CCS no me pertenecen, pero si los otros personajes que vayan apareciendo al transcurrir la historia y que esta historia surgió de mi completa y entera imaginación. Comencemos…
Seré la luz que te guíe.
Capítulo 7 – Un día a tu lado.
Ya no podía seguir corriendo. Mis piernas no podían seguir aguantando más mi peso y caí al suelo. Levanté mi mirada vidriosa y me di cuenta que estaba en el mismo lugar donde lo había conocido ¿Acaso era masoquista o qué?
—¡Sakura! —Era Tomoyo quien me llamaba —¡Por Dios! ¿Por qué saliste corriendo de esa forma? Dejaste botado el regalo de Shaoran.
Detallé la bolsa entre sus brazos y el dolor volvió con mayor intensidad.
—Ya no importa…
—¡Claro que importa! ¡Tienes que dárselo, Sakura!
—¡¿Y para que Tomoyo?! —grité molesta—. ¿Para que él y su novia se burlen de mí? No, gracias. Prefiero guardarlo para recordarme que no debo ser tan ingenua.
La decepción y el dolor me estaban ahogando, simplemente no podía dejar de llorar.
—Sakura… Pasaste días tejiendo sin parar y lo hiciste para él ¡Son de él! Debes entregárselos.
—¡Es que tú no lo entiendes, Tomoyo! —exploté—. Ganaste ¿OK? Lo admito. Estoy enamorada de Li Shaoran y no puedo hacer nada para cambiarlo… Sin quererlo y sin notarlo… me enamoré.
No ser correspondida era horrible… era como si me estuviera ahogando en un mar de emociones y no tuviera la oportunidad de salir a flote para poder respirar por un segundo. Al notar mi estado, Tomoyo me envolvió en un abrazo y palmeó mi cabeza con cariño.
—Por eso mismo, debes darle tu obsequio —dijo—. Luego te arrepentirás de no haberlo hecho.
—¡Sakura!
Oímos la voz de Hitomi a lo lejos. Estaba no muy lejos, observando a todos lados, buscándonos.
—¡Aquí! ¡Hitomi! —gritó Tomoyo agitando su mano.
—Me… retracto —dijo tratando de recuperar el aliento—. Ustedes… no son… lentas.
—¿Qué sucede? ¿Pasó algo cuando nos fuimos? —preguntó preocupada Tomoyo.
—Es… su prima —dijo mirándome—. ¡Con un demonio! ¡Sakura, deja de llorar! ¡La mujer es su prima!
«¿Qué?»
—¿Estás segura, Hitomi? —le preguntó Tomoyo, adelantándose.
—¡Ella misma lo dijo! Y pasé la mayor vergüenza de mi vida ¡Le dije mentiroso!
—¿Ves, Sakura? Nos estábamos ahogando en un vaso con agua —dijo—. Vamos. Debemos regresar para…
—No, Tomoyo… —le interrumpí.
—¿Por qué no? —preguntó indignada—. Dijiste que lo amabas…
—Lo amo —dije segura—, pero él no siente lo mismo. Seguramente, ni siquiera nos está esperando.
Sí, estaba siendo bastante negativa, pero mi humor no estaba para pensar en ponis rosa.
—Sakura Kinomoto, no puedo creer lo que escucho —me regaño—. Eres hermosa, amable, graciosa, gentil y has trabajado muy duro para acercarte a él. Vamos, levántate de allí. Limpia tus lágrimas y volvamos para que le des tu regalo a Shaoran.
¿Acaso Tomoyo no entendía?
—Y no te atrevas a refutar a mi hermana —añadió Hitomi—. Andando, que Shaoran sí está esperando por nosotras. Se quedó muy preocupado y no te atrevas a dudar de mí —dijo jalando mi mano.
Iba lavando mi rostro con un poco de agua que me había dado Tomoyo mientras caminabamos. Mis ojos aun se veían algo rojos, pero él no lo notaria. Solo necesitaba fingir que todo estaba bien y tratar de que mi voz sonara natural. Le daría mi obsequio y me iría a casa, ni siquiera tenía ánimos de tocar el piano hoy.
A medida que nos acercábamos, comencé a sentirme nerviosa ¿Qué podía decirle? No tenía una excusa preparada para explicarle mi comportamiento… Y si Hitomi había dicho la verdad, Shaoran seguramente me preguntaría qué había pasado.
—Allí está —Levanté mi mirada al escuchar la voz de Hitomi y pude comprobar que él estaba allí, esperando por nosotras.
Estaba acompañado por la misma mujer, pero ahora también lo acompañaba otro chico de cabellos negros. Su rostro denotaba preocupación y, a pesar de no querer aceptarlo, mi interior me gritaba que esa preocupación era por mí.
—Lo siento, profesor Li —dijo Hitomi, llamando la atención de ellos—. A Sakura se le había olvidado algo muy importante y salió corriendo a buscarlo.
Le debía muchísimo a mi prima por idear una excusa tan sencilla y fácil de creer. Luego la recompensaría con algo.
—¿Estás bien? —su pregunta iba dirigida a mí.
Miraba hacia todos lados, esperando a que yo le respondiera para saber donde estaba y eso desbordó en mí un sin numero de emociones.
—Sí… Lo siento mucho —fue lo único que pude decir.
Mi voz me había traicionado al sonar llorosa.
—¿Estás segura? Porque eso no sonó del todo bien.
¿Por qué tenia que preocuparse? ¿Por qué tenia que ser tan lindo? Siendo así me la ponía muy difícil. Le respondí con un leve "Sí", rogando internamente que se lo creyera, pero al oírlo suspirar y ver la pequeña mueca en su boca, supe que no me había creído en lo más mínimo.
—Creí que… algo malo te había pasado y me preocupé bastante. —Tanteó con su mano hasta lograr colocarla sobre mi cabeza.
Dios… ¿Cómo no pude darme cuenta antes de mis sentimientos por él? No podía seguir negándolo, estaba completa e irremediablemente enamorada del hombre que estaba en frente de mí.
—Sakura… te falta algo —dijo Tomoyo.
—¿Eh? ¡Oh! ¡Cierto! ¡Feliz cumpleaños, Shaoran! —dije algo azorada y cuando vi cómo me miraron sus acompañantes, me puse más roja que un tomate —Ahm… Lo siento, profesor Li —corregí y miré al suelo avergonzada.
—Muchas gracias, Sakura.
Volví a levantar mi mirada y pude ver la sonrisa más hermosa que había visto en toda mi vida. Podía quedarme viéndolo todo el día sin aburrirme. Li Shaoran era… maravilloso y haría cualquier cosa con tal de ver más sonrisas como esa.
—Sakura… AUN falta algo —escuché la voz de Hitomi y la vi señalando la bolsa que llevaba.
—¡Es cierto! Lo había olvidado —dije ofreciéndole mi regalo—. Espero que te guste… que le guste, profesor Li —volví a corregir cuando vi a su prima sonreírme con picardía.
Tomé sus manos y coloqué la bolsa de papel en ellas. Abría la bolsa con extremo cuidado y eso me estaba comenzando a crispar de los nervios.
«Por favor… que sea de su agrado»
—Son guantes y una bufanda —dijo su prima cuando sacó el contenido—. Esta muy lindo todo.
Shaoran pasaba sus manos por la bufanda y luego tocó los guantes. Tenía una sonrisa satisfecha en su rostro que nunca olvidaría.
—Y son verdes. Tu color favorito, primo —dijo el otro chico.
Así que también eran primos.
—¿Los hiciste tú… verdad? —me preguntó y en ese momento, me sonrojé… como era natural.
—Yo… este… sí. No quedaron muy bonitos, pero…
—No seas modesta —me interrumpió su prima—. Todo quedó precioso, eres muy buena tejiendo —me felicitó y sentí mi rostro arder al máximo. No me gustaba ser el centro de atención.
—¡Ah! ¡Te ves preciosa! —gritó Tomoyo, sacando su celular—. Estás divinamente sonrojada y eso tengo que grabarlo.
«¿Por qué, Señor? ¿Por qué me diste primas tan raras?»
—Shaoran, aun no has dado las gracias —dijo el primo de Shaoran y en ese momento, sus mejillas se encendieron hermosamente.
Arrugó el ceño y su primo rió. Era cómo si tuvieran un chiste interno que solo ellos entendían. Resopló incomodo y rasco su nuca.
—Yo… muchas gracias por el obsequio, Sakura. Me gustó mucho —dijo regalándome la más hermosa de las sonrisas y me sentí completamente feliz.
— ¡Fue un placer! —dije sonriendo y nada de lo que pasara hoy podría borrar esa sonrisa, porque había sido yo quien había causado esa sonrisa en sus labios.
—Bueno, primo. Es hora de celebrar tu cumpleaños —dijo el joven—. Aunque… se me acaba de ocurrir una idea muy buena. —Se acercó y me miró como si pudiera ver más allá de mí. Esa mirada me intimidaba—. Te llamas Sakura ¿Verdad?
—Kinomoto para ti, Eriol —dijo Shaoran cruzando los brazos.
—Calma, lobo. No pienso hacerle nada —dijo y no sabía si sentirme mejor con esa respuesta—. ¿Qué tal si nos acompañan? —Y me guiñó un ojo.
—Pero… las clases…
—Vamos con ellos, Sakura. Será lindo —dijo Tomoyo—. Además, somos amigas del profesor Li. Lo más lógico sería compartir con él en su cumpleaños.
—¡Di que sí, Sakura!
Todos esperaban mi respuesta y me sentí mucho más presionada. Si quería ir, pero no estaba segura si era lo más correcto en mi situación.
—Vayan.
La voz de la profesora Mitsuki se escuchó a nuestras espaldas.
—Pero profesora Mitsuki… las clases…
—Luego recuperaremos la clase, Sakura. Es una fecha especial y la señorita Daidoji tiene razón. Vayan a divertirse.
Mis primas me observaron moviendo sus cejas. Eran un par de traidoras… y ya no podía usar las clases de piano como excusa. La parte buena de todo… era que podría el resto de la tarde con Shaoran.
—Mi auto esta estacionado cerca —dijo el chico a mi lado—. Por cierto, mi nombre es Eriol Hiragizawa. —Tomó mi mano y deposito un beso en ella, haciéndome sonrojar.
—Si está haciendo alguna de sus cursilerías inglesas con Sakura, apártalo de ella, Mei —dijo Shaoran frunciendo el ceño.
—Sí, sí… ya lo ato —dijo la otra chica negando con su cabeza y lo alejó de mí—. Mi nombre es Li Meilin, por cierto.
—Sakura Kinomoto… un placer.
—Me tratan como si fuera un maldito don Juan —dijo Hiragizawa—. Solo estoy siendo amable.
—Pero a veces te pasas de amable —dijeron ambos al mismo tiempo.
Observé al extraño trío y me parecieron muy unidos. Se notaba que se llevaban de maravilla y confiaban entre ellos.
—Ya, ya… no puedo evitarlo. Soy inglés y los ingleses somos así por naturaleza —se excusó—. ¿Nos vamos? —preguntó y todos asentimos—. Por cierto ¿Puedo decirle que sus ojos son muy hermosos? —¿Ahora Tomoyo? —. No son azules, son como las amatistas.
¡Oh por Dios! ¡Tomoyo estaba sonrojada! ¡Esto sí que era una novedad!
—¿Podría decirme su nombre? —le preguntó, ofreciéndole su brazo y ella lo tomó.
—To… Tomoyo Daidoji —¡Y hasta tartamudeaba! ¡Oh! ¡Esto era bueno!
—Hermoso nombre.
Hiragizawa era bastante atento y, probablemente, eso era demasiado para el sistema nervioso de mi pobre prima.
—Eriol es de padres japoneses, pero nació en Inglaterra —me explicó Li cuando ellos estuvieron un poco lejos de nosotros—. Por eso es tan galante.
—Creo que en exceso —acotó Hitomi y no podía estar en desacuerdo.
—Bueno, no sigamos perdiendo el tiempo. Tenemos una celebración pendiente.
Ella se adelantó y Hitomi se fue atrás de ella, dejándome sola con Shaoran.
—Muchas gracias por haber aceptado la invitación de mis primos —dijo Shaoran de repente, haciéndome dar un pequeño brinco.
Estaba sonrojado porque, seguramente, no estaba acostumbrado a tanta atención.
—La que debe agradecer soy yo —dije.
—¿Por qué me tratabas de usted hace rato?
Ya sabía que no se quedaría con la duda. Suspiré nerviosa y le di mi respuesta.
—Es que tus primos me miraron raro cuando te llamé por tu nombre —le dije—. Me dio… pena.
Shaoran comenzó a reírse, pero era una risa lenta, calmada y suave.
—No todo el mundo me llama por mi nombre, Sakura. Solo los más cercanos a mí lo hacen.
—Pero… eso no tiene sentido —dije confundida—. Yo no soy tan cercana a ti. Solo soy… una alumna más del instituto —dije mirado al suelo.
—Debo contradecirte en eso —dijo—. Porque tú sí eres… alguien importante para mí. Por eso deje que me llamaras por mi nombre.
Su confesión me tomó por sorpresa. Intenté descifrar lo que su mirada reflejaba, pero se me hacía difícil. Había demasiado conflicto en ella y no podía descubrir lo que realmente estaba pasando por su cabeza.
—Ahm… bueno… es muy importante para mi saber eso —dije arreglando un mechón de mi cabello detrás de la oreja.
Rio nuevamente y sus ojos brillaron con una intensidad tal, que por unos segundos, pensé que había recuperado su vista.
—Me gustaría poder seguir hablando a solas, pero si seguimos aquí estoy seguro que nuestros primos nos destrozaran cuando lleguemos.
Tenía razón. Quizás hasta ya estaban hablando al respecto. Shaoran extendió lo que identifiqué como un bastón para personas invidentes y comenzó a caminar. Enseguida me posicioné a su lado. Era la primera vez que usaba ese bastón al estar conmigo y eso me llevó a preguntarme ¿Dónde estaría Kero?
Los chicos nos estaban esperándonos ya montados en el auto de Hiragizawa y, apenas llegamos, todos sin excepción nos sonrieron con picardía.
«Métanse en sus propios asuntos ¡Por Dios!»
Durante el trayecto, decidimos ir a la pista de patinaje sobre hielo para que Shaoran pudiera estrenar la bufanda y los guantes que yo le había dado y él aceptó gustoso, a pesar de odiar el frío. El problema llegó cuando nos dimos cuenta que solo Tomoyo, Hitomi y Hiragizawa sabían patinar. Li y yo no las pasábamos en el suelo y Shaoran iba poco a poco con Hitomi de compañera. Bueno, de eso no podía quejarme porque yo era más un riesgo que una seguridad para él.
—Tú puedes, Sakura —me decía Tomoyo cada vez que pasaba a mi lado, pero era difícil.
Al ver a Shaoran con la bufanda y los guantes me sentí realizada. Le habían quedado perfectos y me dio las gracias otra vez cuando se los puse.
Luego de que Li y yo nos cayéramos como treinta veces, decidimos ir al departamento de Shaoran que, para mi sorpresa, no quedaba muy lejos de mi casa. Era bastante espacioso y estaba muy bien decorado.
—Lo remodelamos y decoramos a su gusto —dijo ella—. Por cierto, puedes llamarme por mi nombre. No me agrada mucho que me digan señorita Li.
En tan poco tiempo, Meilin y yo nos habíamos hecho muy amigas. Hablábamos de todo y me contaba cosas de Shaoran que en mi vida pensé que sabría. Aunque no salí bien librada de eso porque Tomoyo comenzó a contar cosas de mí y mi desastrosa infancia ¡Que me tragara la tierra de un solo bocado!
Por su lado, Eriol y Tomoyo habían congeniado perfectamente y eso se debía a que se parecían mucho. Ambos confabulaban para hacernos sonrojar a Shaoran y a mí, pero lo dejé pasar. Ya tenía armas suficientes para vengarme de ella.
Al final, con un pequeño pastel de chocolate le cantamos cumpleaños a Shaoran. Se veía radiante y eso hizo que mi corazón se esponjara de felicidad.
El haberme dado cuenta de mis sentimientos había sido como una montaña rusa. Era emocionante, pero también daba miedo. Lo que había sentido cuando creí que Meilin era su novia… no se lo deseaba ni a mi peor enemigo. Era un sentimiento horrible, pero gracias a eso había sido capaz de aceptar mis sentimientos.
Había tomado una decisión. Pasara lo que pasara, permanecería a su lado. Estaba dispuesta a apoyarlo, cuidarlo y a mostrarle la parte hermosa del mundo. Mi propósito era que Shaoran fuera capaz de verme más allá de su alumna, que me viera como mujer, y si no lo lograba, por lo menos no podría lamentarme en el futuro por no intentarlo. Si él se enamoraba de alguien más, le desearía lo mejor y lo vería partir, pero antes de eso daría todo de mi… para que Shaoran Li me diera su corazón como yo le había dado el mío sin darme cuenta.
Y… capítulo siete editado y listo ^^ Espero que haya sido de su agrado. Nos leemos en el siguiente :)
